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sábado, 20 de septiembre de 2014

Un Día Especial



A propósito del homenaje que le ha organizado nuestro país -bueno, en realidad Carlos Slim- a Sophia Loren, se ha programado en la Cineteca Nacional Un Día Especial (Una giornata particolare, Italia-Canadá, 77), la película número 13 del veterano maestro italiano Etore Scola (Sucios, Feos y Malos/1976, Pasión de Amor/1981, La Noche de Varennes/1982, Splendor/1988). Ganadora en su momento del Globo de Oro y del César francés a la Mejor Película Extranjera y nominada a dos Oscares (Mejor Película Extranjera y Mejor Actor para Mastroianni), Un Día Especial es una absorbente alegoría histórico-política ambientada en 1938, el día que Adolf Hitler visitó a la Italia fascista de Musolini.
En ese día “tan especial”, la perpetuamente cansada ama de casa Antonietta (prodigiosa Sophia Loren) conoce casualmente a un vecino que vive en el apartamento de enfrente de su piso, el locutor de radio homosexual Gabriel (Marcelo Mastroianni). Durante más de hora y media, la elegante y funcional cámara de Pasqualino De Santis no hace otra cosa que tomar a estos dos personajes en los interiores de sus respectivos departamentos y en los estrechos exteriores de sus edificios, acercándonos a sus rostros, sus cuerpos, sus pensamientos, sus temores, sus deseos. La cámara de De Santis se mueve con seguridad entre los dos, sin estorbar y sin llamar la atención, como un testigo que se encuentra de casualidad por ahí.
El filme propone una clara lectura alegórica. Gabriel es un atormentado homosexual que ha sido despedido de su trabajo y que está a punto de ser deportado por sus tendencias “depravadas”. Antonietta, en contraste, es una sencilla ama de casa que no tiene más universo que su enorme familia (seis hijos y su machista marido “camisa negra”) y su álbum con decenas de fotos del Duce. Por supuesto, a través del efímero contacto con el “antifascista” y “antipatriota” Gabriel, Antonietta cambiará y empezará a ver el mundo de otra manera, aunque este cambio sólo se vea reflejado en la secreta lectura de “Los 3 Mosqueteros”.
Además de la ya mencionada cámara de De Santis y el inteligente guión del mismo Scola (escrito con la ayuda de Ruggero Maccari y Maurizio Constanza), el filme se sostiene, sobre todo, gracias al “rapport” de sus dos estrellas/actores. Es que es todo un espectáculo ver a Loren y Mastroianni transmitir una enorme variedad de emociones a través de gestos nimios como una sonrisa, una inflexión en la voz, un ceño fruncido, una mirada desviada, una carcajada liberadora. Imposible dejar de ver la pantalla cuando están en ella dos de las más grandes figuras fílmicas del siglo XX. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLIV



Las Historias que Contamos (Stories We Tell, Canadá, 2012), de Sarah Polley. Shame-on-me... No vi esta cinta el año pasado cuando se presentó en Ambulante 2013. Estrenada modestamente en el circuito cultural -entiéndase Cineteca Nacional-, se trata de una de las cintas del año. Mi crítica, por acá.

Líbranos del Mal (Deliver Us from Evil, EU, 2014), de Scott Derrickson. Un churrito de horror que se redime, a ratos, por su elección musical. Parece que el chamuco gusta de The Doors. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Cantinflas (México, 2014), de Sebastián del Amo. En realidad, el estreno oficial de la cinta enviada por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas al Oscar 2015 (pero, ¿en qué estaban pensando nuestros señores académicos, diosito santo?) es hasta el próximo jueves, pero mañana, en el mero día de la patria, habrá pre-estreno nacional del segundo largometraje bio-cinematográfico de Sebastián del Amo, después de su simpática opera prima El Fantástico Mundo de Juan Orol (2012). 
Cantinflas, por desgracia, ni siquiera se merece el adjetivo de "simpática" porque, si exceptuamos los minutos iniciales, el filme es un desastre. Eso sí, la actuación de Óscar Jaenada merece un aplauso de pie. Es más, de una vez denle el Ariel 2015, ya que anda por estos lares promocionando la película. ¿Para qué lo hacen dar otra vuelta el año que viene? Mi crítica, en el Primera Fila del viernes pasado.

domingo, 14 de septiembre de 2014

MICGénero 2014... en un vistazo



La Muestra Internacional de Cine con Perspectiva de Género (MICGénero 2014) inició el pasado jueves en una decena de sedes en la Ciudad de México -y luego continuará en otras ciudades, al estilo de Ambulante o FICUNAM- con el estreno nacional de Party Girl (2014), ganadora de la Cámara de Oro en Cannes 2014. De mi parte, va una lista de lo que he visto del MIGGénero 2014 en orden de preferencia, con alguna que otra crítica incluida. Como siempre, la calificación positiva va de uno a cuatro asteriscos; la negativa, de una a dos cruces.

Pelo Malo (Venezuela, 2013), de Mariana Rondón: ***

Final Cut (Final Cut - Holgyem és uraim., Hungría, 2012), de György Pálfi: ***

Tom en el Granero (Tom à la Farme, Canadá-Francia, 2013), de Xavier Dolan: ***

Los Hámsters (México, 2013), de Gilberto González Penilla: ** 1/2

Quebranto (México, 2013), de Roberto Fiesco: ** 1/2

Somos lo Mejor (Suecia-Dinamarca, 2013), de Lukas Moodysson: ** 1/2

Gabrielle (Ídem, Canadá, 2013), de Louise Archambault: **

Los Años de Fierro (México, 2013), de Santiago Esteinou: **

Oasis (México, 2013, duración: 52 minutos), de Alejandro Cárdenas: **

La Tirisia (México, 2014), de Jorge Pérez Solano: * 3/4

Estocolmo (España, 2013), de Rodrigo Sorogoyen.

Carmita (México, 2013), de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas: * 1/2

Seguir Viviendo (México, 2014), de Alejandra Sánchez: * 1/2

Purgatorio: un Viaje al Corazón de la Frontera (México-EU, 2013), de Rodrigo Reyes: *

Atempa: Sueños a Orillas del Río (México, 2013), de Edson Caballero Trujillo: *

Viento Aparte (México, 2014), de Alejandro Gerber Bicecci: *

Porcelana (México, 2013; duración: 12 minutos), de Betzabé García: *

sábado, 13 de septiembre de 2014

Las Historias que Contamos



Siempre me ha parecido que Sarah Polley tiene cara de ser inteligente. Sea en sus primeras apariciones juveniles en cintas de Atom Egoyan (Exótica/1994, Dulce Porvenir/1997) y David Cronenberg (eXistenZ/1999), en el buen melodrama feminista Mi Vida Sin Mi (Coixet, 2003) o en la única película decente que ha hecho el churrerro de Zack Snyder (El Amanecer de los Muertos/2004), hay algo en la personalidad de Polley que me ha llevado a pensar que la actriz canadiense es una mujer que siempre está reflexionando lo que va a hacer, pero que no tiene miedo a la hora de tomar decisiones. Piensa y actúa. 
Cuando Polley debutó como directora con el espléndido melodrama de la tercera edad Lejos de Ella (2006) -que le valió una nominación al Oscar a Mejor Guión Original- y a esto le siguió el sólido woman's film Triste Canción de Amor (2011), quedó confirmado que la actriz convertida en cineasta no solo parecía inteligente sino que lo es. Y que, por supuesto, también tiene mucho talento. Después de mi tardía revisión de su tercer largometraje, Las Historias que Contamos (Stories We Tell, Canadá, 2012), hay que agregarle una tercera característica. Es "una directora malvada", como le dice alguien en algún momento clave de la película. En efecto, Polley tiene algo de malvada. Como lo tienen, de hecho, muchos de los grandes creadores fílmicos.
Las Historias que Contamos inicia como un documental más o menos tradicional: Polley aparece dirigiendo a su anciano padre Michael, quien empieza a grabar en audio la voz en off narrativa del mismo filme que estamos viendo. Luego, vemos los preparativos que Polley y su equipo llevan a cabo para entrevistar a sus cuatro hermanos mayores. El tema es la propia familia Polley, de la cual Sarah es la hija menor.
Así, inicia esta suerte de relato y exorcismo familiar, centrado en los recuerdos de los cuatro hermanos de Polley, su viejo padre muy articulado y una colección de amigos y familiares, quienes van construyendo la historia matrimonial de Michael y Diane Polley. Él, un actor de origen británico de quien la joven Diane, también actriz, quedó prendida cuando lo vio interpretar en Toronto cierta obra teatral de Harold Pinter. El propio Michael, frente a cámara, reflexiona sobre ese flechazo amoroso: acaso Diane no se enamoró de él sino de enérgico y carismático personaje que encarnaba en la obra de teatro. Lo cierto es que, pasada la pasión, el matrimonio empezó a decaer hasta que ella se tomó un tiempo para viajar a Montreal y participar en una obra de teatro. Michael la sigue, el matrimonio vuelve a despegar y Diane, de 42 años, queda embarazada. Desesperada por la situación, decide abortar, siempre apoyada por el omnicomprensivo Michael, pero de último minuto desiste y decide tener al bebé. Así fue como nació Sarah Polley un 8 de enero de 1979.
Si usted cree que le estoy contando demasiado, despreocúpese. El nacimiento de Sarah Polley es apenas un hilito en la fascinante madeja de recuerdos y contradicciones que vamos atestiguando en la medida que avanza el filme. Como la madre falleció hace tiempo, cuando Polley tenía apenas 11 años de edad, la abierta personalidad, natural coquetería e indudable belleza de Diane Polley aparecen en películas caseras en Super 8 y como meros reflejos añorantes/críticos de quienes la trataron: su marido, sus amigos, sus hermanos, sus hijos. 
El sentido último de la cinta de Polley se va revelando hacia el final. Estamos muy lejos del ego-trip personal -la actriz/directora es un personaje secundario en una historia que vaya que le concierne-, sino de una seria exploración del amor, la pasión, la familia y el matrimonio. Y, luego, cuando menos lo esperamos, Polley ha agregado otra capa reflexiva más, pues Las Historias que Contamos trata también del cine mismo, del sentido que tiene una narración y de cómo la construimos. 
Hacia el desenlace de este notable filme, alguien puede llamarse a engaño y quejarse de que ha sido manipulado. En efecto, Polley nos ha manipulado de principio a fin. Pero eso es lo que hacen los buenos contadores de historias.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Amor de Mis Amores



Amor de mis Amores (México, 2014), tercer largometraje –segundo de ficción- de Manolo Caro (No Sé Si Cortarme las Venas o Dejármelas Largas/2013, documental La Fabulosa y Patética Historia de un Montaje I Love Romeo y Julieta/2014 en codirección con Rodrigo Mendoza Walker) continúa en el mismo tenor e idéntico tono de su exitosa opera prima.
Es decir, nuevamente estamos en los terrenos cómico-dramáticos en el que una cuarteta de treinteañeros chilangos intercambia broncas, reclamos y pasiones, formando y disolviendo parejas, tríos y/o polígonos amorosos hasta que llega la última escena de la película.
En esta ocasión no es un edificio de departamentos en el que los personajes se cruzan y entrecruzan –en más de un sentido-, sino Madrid y la Ciudad de México. Dos parejas están a punto de casarse en menos de una semana, en un sábado inminente que, acaso, nunca llegará. Mejor dicho: el día sí llega; las dos bodas, ya veremos.
En la Ciudad de México, Lucía y Carlos (Sandra Echeverría y Juan Pablo Medina), con la boda a la vuelta de la esquina, se separan porque él viaja a Madrid a convencer a su amigo del alma Javier (Erick Elías) que asista a su boda. También en Madrid, la artista plástica Ana (Marimar Vega) se compra su vestido de novia, pues se casará ese mismo sábado en México con León (Sebastián Zurita), quien es atropellado en chilangolandia por Lucía. Ese accidente acercará a Lucía y León, lo que hará peligrar las dos ceremonias matrimoniales.
Caro tiene una sólida experiencia en el teatro y eso se nota en el manejo de sus actores. Si exceptuamos al tiesísimo Zurita, el resto del reparto interpreta con gusto y soltura a sus respectivos personajes, incluyendo a esa maravilla cómica en la que se ha convertido Mariana Treviño, quien encarna al transexual Shaila (antes Fernando), el paño de lágrimas y confidencias de la conflictuada Lucía, que no sabe si de plano debe cancelar la boda con el buenazo de su prometido, el omnicomprensivo Carlos.
Otro punto a favor del filme es su atractiva banda sonora, formada por melodías o covers de temas famosos estratégicamente colocados para lograr el mejor impacto posible. Así pues, si en No Sé Si Cortarme las Venas… Ludwika Paleta se reventaba, ya bien tequileada, el clásico de Juan Gabriel vía Lupita D’Alessio “Inocente Pobre Amiga”, esta vez Marimar Vega –siguiendo los pasos de tantas chicas Almodóvar, como Carmen Maura o Marisa Paredes-, sale a la calle después de cierta crisis amorosa para encontrarse con Astrid Hadad cantando otro clásico populachero mexicano, en este caso “Como Tu Mujer”, de Marco Antonio Solís.
También es imposible negar la fluidez visual de la cinta, la limpieza de su puesta en imágenes y hasta la elegancia de algunas tomas en las que los personajes comparten digitalmente el mismo encuadre. Pero -y aquí va el pero final y personalísimo- con todo y esas virtudes, debo confesar que no me pudo interesar menos lo que vi ni, mucho menos, el destino de los personajes. 
Caro es un director que tiene un innegable oficio pero, acaso, le hace falta dirigir otros guiones que no sean los suyos, historias diferentes y alejadas de estos ires y venires de unos  personajes que, al final de cuentas, no resultan ser lo suficientemente atractivos como para que sus cuitas queden en la memoria. O, bueno, en mi memoria, en todo caso. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLIII




Filosofía Natural del Amor (México, 2013), de Sebastián Hiriart. Con su segundo largometraje, Hiriart reafirma que los logros de su opera prima, A Tiro de Piedra (2010), no fueron casualidad. Volveremos a esta película en los próximos días.

Un Toque de Pecado (Tian zhu Ding, China, 2013), de Zhang-ké Jia. De lo mejor que vi el año pasado. Mi crítica, in extenso, por acá.

En el Tornado (Into the Storm, EU, 2014), de Steven Quale. Un churro irredento que podría haberse beneficiado con la presencia de algunos tiburones en los tornados que asolan algún pueblito del medio-oeste americano. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Amor de Mis Amores (México, 2014), de Manolo Caro. El tercer largometraje de Caro presume más o menos las mismas virtudes de su exitosa opera prima -No Sé Si Cortarme las Venas o Dejármelas Largas (2013)- pero, también, las mismas insuficiencias. Una crítica extensa mañana mismo en este blog.

Vic y Flo Vieron un Oso (Vic + Flo ont Vu un Ours, Canadá, 2013), de Denis Côté. El séptimo largometraje de  Côté es, seguramente, el más accesible que ha hecho hasta le momento, aunque el espectador no debe esperar demasiados convencionalismos ni una narración fílmica que deje cada elemento aclarado. 
Vic (Pierrette Robitaille) tiene 61 años y acaba de salir de prisión. Su delito nunca es conocido por los espectadores, aunque es de suponer que fue algo grave, pues la mujer fue sentenciada a cadena perpetua. Vic ha decidido vivir en el bosque, en una suerte de antiguo trapiche cuyo dueño es su anciano tío Emile (Geroges Molnar), quien ha quedado sin habla y en una silla de ruedas.En ese alejado sitio Vic empezará a recibir visitas: su joven amante iletrada Flo (Romane Bohringer), quien también acaba de salir de la cárcel después de una condena de 10 años; el joven y amable oficial policiaco Guillaume (Marc-André Grondin), quien es el encargado de vigilar que todo marche bien alrededor de la recién liberada bajo palabras; y una jovial mujer madura, Marina St. Jean (Marie Brassard), quien hace migas con Vic de inmediato, aunque luego sabremos que tiene otros intereses.
Côté va cambiando el registro del filme en la medida que este avanza: al inicio pareciera que estamos en una suerte de contemplativo melodrama femenino; después, hay algo de comedia excéntrica en la medida que vamos conociendo a Vic y a los demás personajes; al final, la cinta se adentra en los terrenos del thriller sólo para desembocar en un epílogo sobrenatural y amoroso. Un filme notable. 
 

lunes, 8 de septiembre de 2014

25 de 25 en 25: los resultados




Como anoté por acá hace un par de meses, me invitaron a formar parte de un grupo de críticos que elegirían las 25 mejores películas de los últimos 25 años en 25 países del centro y este europeo, una cinta por cada país. Yo elegí solamente quince títulos, de los cuales terminaron, en la lista final, ocho. Los resultados, a continuación, con algunas críticas: 


Albania: Amnistía (Buyar Alimani, 2011)



Armenia: Calendario (Atom Egoyan, 1993)




Azerbaiján: Yarasa (Ayaz Salayev, 1995)




Bielorrusia: En la Niebla (Sergey Loznitsa, 2012)




Bosnia y Herzegovina: Tierra de Nadie (Danis Tanović, 2001)




Bulgaria: Ave (Konstantin Bojanov, 2011)




Croacia: Fine mrtve djevojke (Dalibor Matanić, 2002)




República Checa: Kolya (Jan Svěrák, 1996)




Estonia: Puha tonu kiusamine (Veiko Õunpuu, 2009)




Georgia: Calle 13 Tzameti: El Club del Suicidio (Géla Babluani, 2005)




Hungría: Satantango (Béla Tarr, 1994)




Kazajastán: Tulpan (Sergei Dvortsevoy, 2008)




Kosovo: Kukumi (Isa Qosja, 2005)




Letonia: Mammu, es Tevi milu (Jānis Nords, 2013)




Lituania: Freedom (Sharunas Bartas, 2000)




Macedonia: Antes de la Lluvia (Milcho Manchevski, 1994)




Moldavia: La Limita de jos a cerului (Igor Cobileanski, 2013)




Montenegro: Mali ljubavni bog (Željko Sošić, 2011)




Polonia: La Doble Vida de Verónica (Krzysztof Kieślowski, 1991)




Rumania: La Muerte del Señor Lazarescu (Cristi Puiu, 2005)




Rusia: El Regreso (Andrey Zvyagintsev, 2003)




Serbia: Underground: Había una Vez un País (Emir Kusturica, 1995)




Eslovaquia: Moj pes Killer (Mira Fornay, 2013)




Eslovenia: Reservni deli (Damjan Kozole, 2003)




Ucrania: Mi Felicidad (Sergey Loznitsa, 2010)