martes, 24 de enero de 2017

Oscar 2017... en un vistazo




Hoy se dieron a conocer las nominaciones al Oscar 2017 y, como de costumbre, aquí está la lista de lo que he visto, en orden de preferencia y con ligas a críticas, cuando hay disponibles. ¿Qué significan las estrellitas o las crucecitas? A la derecha está la explicación.


La La Land: una historia de amor (La La Land, EU, 2016), de Damian Chazelle: *** 1/2

Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, EU-Australia, 2016), de Mel Gibson: *** 1/4

La llegada (Arrival, EU, 2016), de Denis Villeneuve: *** 1/4

Enemigo de todos (Hell or High Water, EU, 2016), de David Mackenzie: *** 1/4

¡Salve, César! (Hail, Caesar, EU, 2016), de Joel y Ethan Coen: ***

Manchester junto al mar (Manchester by the Sea, EU, 2016), de Kenneth Lonnergan. Mi crítica, próximamente en Reforma: ***

Luz de luna (Moonlight, EU, 2016), de Barry Jenkins. Mi crítica, este viernes en Reforma: ***

Kubo y la búsqueda samurái (Kubo and the Two String, EU, 2016), de Travis Knight: ***

Elle (Francia-Alemania-Bélgica, 2016), de Paul Verhoeven: ***

Animales nocturnos (Nocturnal Animals, EU, 2016), de Tom Ford. Mi crítica publicada en Reforma: ***

El libro de la selva (The Jungle Book, EU, 2016), de Jon Favreau: ***

Timecode (España, 2016; duración: 15 minutos), de Juanjo Giménez Peña: ***

Sully: Hazaña en el Hudson (Sully, EU, 2016), de Clint Eastwood. Mi crítica publicada en Reforma: ** 1/2

La langosta (The Lobster, GB-Irlanda-Grecia-Francia-Holanda, 2015), de Yorgo Lanthimos: ** 1/2

La tortue rouge (Japón-Francia-Bélgica, 2016), de Michael Dudok de Wit: ** 1/2

Zootopia (Ídem, EU, 2016), de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush: ** 1/2

Star Trek: sin límites (Star Trek Beyond, EU, 2016), de Justin Lin: ** 1/2

Fuego en el mar (Fuocoammare, Italia-Francia, 2016), de Gianfranco Rosi. Mi crítica publicada en Reforma: **

Enmienda XIII (13th, EU, 2016), de Ava Duvernay: **

Horizonte profundo (Deepwater Horizon, EU-Hong Kong, 2016), de Peter Berg: **

Doctor Strange: Hechicero supremo (Doctor Strange, EU, 2016), de Scott Derrickson: **

Jackie (EU-Francia-Chile, 2016), de Pablo Larraín: **

Life, Animated (EU, 2016), de Roger Ross Williams: **

Rogue One: una historia de Star Wars (Rogue One, EU, 2016), de Gareth Edwards: **

Blind Vaysha (Canadá, 2016; duración: 8 minutos): **

Toni Erdmann (Alemania-Austria-Rumania, 2016), de Maren Ade: * 3/4

Moana, un mar de aventuras (Moana, EU, 2016), de Ron Clements, John Hall, John Musker y Chris Williams: * 1/2

Florence, la mejor peor de todas (Florence Foster Jenkins, GB, 2016), de Stephen Frears. Mi crítica publicada en Reforma: * 1/2

Talentos ocultos (Hidden figures, EU, 2016), de Theodore Melfi: * 1/2

Piper (EU, 2016; duración: 6 minutos), de Alan Barillaro: * 

lunes, 23 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXVI



Perdidos (México, 2014), de Diego Cohen. El segundo largometraje de Cohen -curiosamente estrenado después del tercero, Luna de miel (2015), una torture-porn movie que se pudo ver hacia el final del año pasado- es un convencional pero muy efectivo filme de horror de la fórmula del found-footage. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma. (* 1/2)

Un monstruo viene a verme (A Monster Calls, EU-España, 2016), de J. A. Bayona. El tercer largometraje del catalán hollywoodizado Bayona es un inteligente y sensible filme de crecimiento y maduración infantil basado en la espléndida novela homónima de Patrick Ness. En la semana, mi crítica in extenso en este blog. (** 1/2)

La caridad (México, 2016), de Marcelino Islas Hernández. El segundo largometraje de Marcelino Islas -meritoria opera prima Martha (2010)- inicia con un accidente automovilístico que cambia radicalmente la vida de José Luis (reaparecido Jaime Garza) y Angélica (intachable Verónica Langer), que han estados casados durante 30 años. José Luis pierde una pierna y tiene que estar recluido en su casa, cuidado por una guapa enfermera (Adriana Paz, bienvenida como siempre), mientras Angélica se da cuenta que más allá del accidente y la amputación de la pierna de su marido, el matrimonio entre ambos está a la deriva... y ha estado así desde hace tiempo.
Islas vuelve a demostrar, como en Martha, que tiene una enorme capacidad de observación y de empatía: los guiños de buen humor -¡ese programa televisivo hipnotizante que ve José Luis todas las mañanas!- se alternan con una discreta sensualidad -las platicas entre la enfermera y el convaleciente- y con la mirada solidaria, comprensiva, hacia la mujer madura, Angélica, que de repente tiene la curiosidad de vivir de otra manera. De entre lo mejor del cine nacional del año pasado. (Un último detalle: ojo al homenaje a Los caifanes/Ibáñez/1967). (** 1/2)


viernes, 20 de enero de 2017

El evangelio del 2016... según ustedes/XIV y última



Pues como dijo el clásico, haiga sido como haiga sido, después de un centenar de votos de los lectores asiduos de este blog -mucho más distribuidos que en años anterioress-, el top-5 del 2016 fue:

1. Estación Zombie: Tren a Busán: 26 votos

2. La bruja: 22 votos

3. Revenant: el Renacido: 19 votos.

4. Anomalisa: 10 votos

5. Café Society: 7 votos

Ora sí que la nación se los demande. A ustedes, digo. 

martes, 17 de enero de 2017

Shin Godzilla



Hacia la mitad de Shin Godzilla (Shin Gojira, Japón, 2016), trigésima-primera película japonesa del inmortal monstruo de origen radioactivo, uno ya ha visto como el “Dios encarnado” “Gojira” le ha pasado por encima a buena parte de la ciudad de Tokio ante la estupefacción de la clase política japonesa que, por supuesto, ya ha preparado las armas, los aviones, los misiles, para detenerlo. En ese momento uno se acuerda de un detalle fundamental: ¿y por qué este nuevo Godzilla no echa fuego, como solía hacerlo? En ese instante, como si hubiera estado esperando nuestra pregunta, el monstruo de marras no solo incendia todo lo que tiene a su alrededor sino que después echa hartos rayos radiactivos por su lomo y hasta por la cola.
Se trata de una escena particularmente inspirada en esta película dirigida a cuatro manos por Hideki Anno (responsable de la teleserie Neon Genesis Evangelion y varias versiones cinematográficas) y Shinji Higuchi (especialista en cine de género en Japón), acaso el mejor momento de todo el filme, por lo menos en cuanto a Godzilla se refiere. Dan ganas de levantarse del asiento a aplaudir.
Los directores Anno y Higuchi no gastan mucho tiempo en el planteamiento: la película inicia con algo que parece una erupción volcánica subterránea en la bahía de Tokio. A los cinco minutos vemos que del mar sale una cola enorme y antes de que lleguemos a los diez minutos Godzilla ya está chiroteando en Tokio, destruyendo todo a su paso. Estos primeros minutos son especialmente divertidos: el guion escrito por el codirector Anno se ríe de la franca ineptitud de los políticos nipones –deberían de ver a los nuestros- que no aciertan a hacer otra cosa que tener reuniones en el despacho del primer ministro, en la sala de juntas, de vuelta a la oficina del primero ministro y así sucesivamente, sin tomar una sola decisión trascendente.
Sin embargo, no todo está perdido: el joven y comprometido burócrata Rando Yaguchi (Hiroki Hasegawa) y la enviada de origen japonés del gobierno estadounidense, Miss Patterson (Satomi Ishihara), harán equipo –junto a un grupo de “nerds” y desplazados- para detener al monstruo sin destruir a Japón –y al planeta entero- de pasada.
Es curioso atestiguar la mirada benigna que tiene el filme sobre las instituciones y los políticos de su propio país: si bien es cierto que al inicio se muestra con filoso sarcasmo su pasmo y su falta de iniciativa, también es cierto que posteriormente se muestra cómo todos ellos tratan de hacer todo lo que está en sus manos para salvar a Japón. Puede que los políticos nipones sean torpes, pero no son malvados, corruptos o cobardes. De hecho, la cinta le apuesta a una nueva generación de gobernantes como Yaguchi, ese joven y talentoso burócrata que no teme decir lo que piensa.
Otro elemento curioso del filme: su orgulloso discurso nacionalista y la relación de colaboración y, al mismo tiempo, desconfianza con Estados Unidos, representados por la guapa Miss Paterson, nieta de una japonesa que sobrevivió al ataque nuclear en la Segunda Guerra Mundial. El Japón de Shin Godzilla es, pues, un país seguro de sí mismo –lo cual, por cierto, no sé si sea una buena señal.
Por lo demás, Godzilla sigue siendo el Godzilla de siempre: surge de la estupidez humana –en este caso, de la contaminación de las aguas del Pacífico por desechos nucleares- y no puede ser destruido sino, cuando mucho, congelado. Es decir, quedó listo para volver a dar lata cuando la casa Toho lo necesite.

lunes, 16 de enero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXV




Fuocoammare: Fuego en el mar (Fuocoammare, Italia-Francia, 2016), de Gianfranco Rossi. La vida simple de un adolescente italiano que vive en la pequeña isla de Lampedusa se alterna con el desastre humanitario causado por la inmigración proveniente de la guerra y la miseria. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (**)

Juanicas (México-Canadá, 2014), de Karina García Casanova. Vista en Guadalajara 2015 en donde ganó una mención en la sección de Largometraje Documental Iberoamericano, la opera prima de García Casanova se ha estrenado, finalmente, en el circuito cultural chilango. Escribí de ella por acá. (**)

Shin Godzilla (Shin Gojira, Japón, 2016), de Hideaki Anno y Shinji Higuchi. El más reciente filme sobre el inmortal monstruo de origen radioactivo Gojira es una muy entretenida entrada en el esta interminable saga nipona. Además del buen humor, hay que notar algunos curiosos apuntes políticos que hablan de cómo es el Japón del siglo XXI. Escribo in extenso mañana mismo. (**)

Rara (Chile-Argentina, 2016), de Pepa San Martín. La premiada opera prima de San Martín está basada en un caso real: en el 2014, una jueza chilena perdió la custodia de sus hijos debido a su abierta homosexualidad. El capcioso guion escrito por la propia cineasta debutante -en colaboración con la también cineasta Alicia Scherson- está muy lejos del mero panfleto militante pro-LGBT: estamos ante un sensible híbrido, entre el melodrama familiar y la cinta de crecimiento juvenil. 
Sara (Julia Lübbert) es una niña de 12 años a punto de entrar a la adolescencia, con todo lo que ello implica. Además de los retos "normales" -que si le van quitar los frenos, que si  va a saber cómo dar su primer beso, que si se fuma su primer cigarillo- Sara tiene que lidiar con el divorcio de sus padres, con un agregado no muy común: su mamá Paula (Mariana Loyola) tiene como nueva pareja a otra mujer, la veterinaria Lía (Agustina Muñoz). De cualquier manera, la relación de Sara y de su hermanita Cata (Emilia Ossandon) no es mala con su ¿otra mamá? ni, mucho menos, con la amable esposa de su papá (Daniel Muñoz).
Sin embargo, Sara está creciendo, la adolescencia empieza a ganar terreno y las tensiones entre Paula y Víctor alimentan más los arranques de la jovencita que, a decir verdad, no parece molestarle la relación lésbica de su madre. Sara es una adolescente normal, en el más amplio sentido del término: molesta, volátil, berrinchuda. Por supuesto, los exabruptos de Sara -después de un pleito con la madre, la muchacha se va a la casa del papá- son el pasto perfecto para todos quienes rodean a Paula y Lía: ¿es natural que dos mujeres críen a dos niñas? La homofobia que ahoga a estas mujeres -y, sin darse cuenta, a las dos niñas- es, acaso, aún más dañina porque, por supuesto, no se expresa abiertamente.
San Martín logra un notable trabajo de todos sus actores -especialmente de las dos niñas- en una puesta en imágenes muy funcional que, curiosamente, inicia con una elegante toma extendida de casi tres minutos de duración. La excepción estilística que confirma la regla de una realización discreta pero efectiva. (** 1/2)

sábado, 14 de enero de 2017

Juanicas



Presentada hace casi dos años en Guadalajara 2015 -en donde ganó una mención especial en la sección de Largometraje Documental Iberoamericano- Juanicas (México-Canadá, 2014), opera prima de Karina García Casanova, tuvo su periplo festivalero nacional/internacional -estuvo en Morelia 2015, Riviera Maya 2015 y Atlanta 2015, donde ganó el Premio Especial del Jurado- hasta que, finalmente, ha llegado a estrenarse en la Cineteca Nacional y, supongo, salas afines.
El documental de García Casanova inicia con la revisión de una cajas que contienen los objetos de Juan -el "Juanicas" del título-, hermano mayor de la cineasta. La madre de ambos, de la directora y de Juan, es la alegre y rechoncha Victoria. No sabemos bien a bien qué ha pasado con Juan -¿murió?, ¿se fue?-, así que, letrero de por medio, viajamos ocho años atrás, cuando el citado Juan llegó a Montreal a vivir con su mamá y su hermana. 
Karina, desde entonces, tomó su cámara -estaba haciendo un ejercicio para su escuela- y filma el re-encuentro con el hermano a lo largo de varias semanas. Al principio, todo parece ir perfecto -el inquieto Juan comparte sus "sueños guajiros" frente a la cámara- pero poco a poco, a través del regreso al pasado remoto mediante fotos y películas caseras y a través del retorno al presente, con madre e hija revisando las cajas y platicando, nos damos cuenta que la familia García Casanova ha vivido un infierno durante muchos años.
La madre, diagnosticada como maníaco-depresiva y bipolar, nos parece una mujer alegre, articulada, hechona, pero los testimonios del pasado nos entregan un retrato muy diferente. Su discapacidad mental le ha sido heredada a Juan, quien desde adolescente, le hizo la vida imposible a la madre y a la hermana. Ese retorno a Montreal, señalado por letreros en los que se nos indica las constantes recaídas del muchacho -seis meses encerrado sin salir de su cuarto, tres años sin salir de la casa, ataques constantes a la madre, intentos de suicidio, detención en la cárcel para llevarlo a juicio- forman el centro de un duro documental sobre la depresión y la bipolaridad y de qué manera se puede sobrevivir -o no- a ella. Porque si vemos a Victoria salir adelante, siempre contenta, siempre cantando, ¿no podrán los demás hacer lo mismo? 
Hacia el final de la película, la propia cineasta, en off, menciona que en estos casos hay que separar la enfermedad del enfermo. Es decir, hay que odiar a la enfermedad, pero no a la persona. Por supuesto, es lo recomendable, es lo justo, es lo humano. Pero, ¿qué pasa cuando la enfermedad es indistinguible de la persona, de los recuerdos infantiles, de la vida misma?

viernes, 13 de enero de 2017

Y la película del 2016 es...



Ahora les toca a los lectores de este blog. Me refiero a elegir a la película del año entre las treces votadas -en agosto hubo empate-, a saber: Revenant: el renacido, Anomalisa, Nuestra pequeña hermana, El libro de la selva, La bruja, El nuevo Nuevo Testamento, El último turno, Te prometo anarquía, El Buen Amigo Gigante, 7:19 la hora del temblor, Justo ahora mal entonces, Café Society, Estación Zombie: Tren a Busán.
Es decir, los lectores de este blog eligieron a lo largo del año un par de notables espectáculos hollywoodenses, tres filmes de autores americanos fundamentales, dos cintas mexicanas, un filme de horror, una meritoria B-movie, una cinta de autor japonesa, dos coreanas (una de género, otra de autor) y solo un filme europeo -ni modo: así votaron.
Abajo, a la derecha, pueden votar por su cinta preferida. En una semana, los resultados.