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miércoles, 29 de octubre de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLIX y CCLX



Dos por uno de nuevo. Ustedes disculparán pero, estando en Morelia 2014, la cartelera comercial fue la menor de mis preocupaciones. En todo caso, va mi revisión de la cartelera de las últimas dos semanas:

La Dictadura Perfecta (México, 2014), de Luis Estrada. El séptimo largometraje de Estrada es, acaso, la más débil de su interminable saga sobre la endémica corrupción política en México y, sin embargo, dificilmente podría haber llegado a la cartelera en el mejor momento. O sea, en el peor en nuestro país en muchos años. Mi crítica, in extenso, por acá.

Gabrielle: sin Miedo a Vivir (Gabrielle, Canadá, 2013), de Louise Archambault. Insólitamente, la cinta inaugural de Guadalajara 2014 mereció estreno comercial hace dos fines de semana. Se trata de un sensible melodrama de amor entre una pareja con discapacidad intelectual (ella, de verdad; él, un actor). Una historia que se puede prestar al chantaje sentimental más elemental está manejada por la cineasta Archambault con bastante prudencia. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma de hace dos fines de semana.

El Médico Alemán (Wakolda, Argentina-España-Noruega-Francia, 2013), de Lucía Puenzo. Entre el thriller y el melodrama de crecimiento juvenil, he aquí al mismísimo Josef Mengele (Álex Brendemülh, muy bien) llegando a la Argentina de los años 60 para "adoptar" a una niñita (Florencia Bado) que sería perfectamente aria... si no fuera por su baja estatura. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Borgman (Ídem, Bélgica-Holanda-Dinamarca, 2013), de Alex van Warmerdam. Un auténtica extravagancia que toma elementos de Buñuel, Pasolini, Haneke y Wheatley. El resultado nunca deja de ser intrigante. Espero tener tiempo para escribir de esta película en los próximos días.

Las Búsquedas (México, 2013), de José Luis Valle. El caso de José Luis Valle es, por lo menos, curioso. Debutó con un documental interesante pero cuestionable, El Milagro del Papa (2009), pero nadie podría haber previsto que en sus dos siguientes cintas -las dos de ficción- diera un salto cuántico de tal magnitud. Primero fue Workers (2013), una de las mejores películas mexicanas del año pasado y, en el mismo 2013, Las Búsquedas, una pequeña cinta realizada al estilo de la legendaria guerilla-filmmaking. La película, en blanco y negro, fue realizada en siete días por un equipo de cinco personas, con grabadoras de sonido prestadas, con iluminación natural y un presupuesto de 1,500 dólares. El resultado, más allá de esta numeralia, es muy meritorio.
Elvira (Arcelia Ramírez) es una reciente viuda -su marido se suicidó fuera de cuadro en la primera escena de la cinta- que se encuentra con Ulises (Gustavo Sánchez Parra), el tipo que le surte de agua potable en su casa y que, también, arrastra sus propias broncas, sus propias tragedias. UIises perdió a su mujer y a su hija tiempo atrás y lo único que conserva de ellas es una foto que guarda en su cartera. Cierto día, en el metro Pantitlán, un malandrín cualquiera (Gabino Rodríguez) le baja la cartera, por lo que Ulises iniciará la búsqueda de ese ladrón que le robó el único objeto que lo conecta con su pasada vida que, uno supone, era mucho más feliz.
El minimalismo de la historia se conecta con la sencillez de la puesta en imágenes, construida a través de tomas extendidas, sea en tomas fijas o en planos secuencia, y protagonizada por un par de espléndidos actores incapaces de dar una nota falsa. La morosidad que permea en todo el filme se rompe hacia la última parte, en la que Valle es capaz de crear una secuencia de auténtico suspenso con una muy pequeña cantidad de elementos.
Déjenme enmendar la plana: el caso de Valle no es curioso. Es, más bien, esperanzador. El tipo sabe hacer cine. Y con apenas 1,500 dólares. 

martes, 28 de octubre de 2014

La Dictadura Perfecta





La Dictadura Perfecta (México, 2014), séptimo largometraje de Luis Estrada -y cuarta cinta de su ¿interminable? saga sobre la endémica corrupción política nacional que inició con los orígenes institucionales de La Ley de Herodes (1999) hasta llegar a la crónica del narco-Estado mexicano con El Infierno (2010) pasando por los estragos causados por el neoliberalismo prianista con Un Mundo Maravilloso (2006)-, se ha estrenado en el peor momento posible. Es decir, en el mejor momento posible: cuando el México real es aún más terrible que el México retratado en la pantalla grande. 
Estamos en un país en el que aparecen fosas clandestinas un día sí y otro también, en el que por el capricho de una pareja narco-municipal desaparecen a 43 estudiantes, en el que los miembros de un partido político en un estado mandan matar a su propio secretario general, en el que los más cínicos dentro de la clase política se dan baños de pureza confiando en que nadie se acuerde de las trapacerías que hicieron antier, en el que los dueños de la televisión marcan agenda o crean la suya propia, al cabo que para eso tienen a una población pasiva, lerda y crédula, dispuesta a tragarse las más grandes mentiras posibles, sea en el noticiero de la noche, sea en la telenovela de mayor rating.
El pesimismo de Estrada –que, al inicio, podía haberse confundido con la equívoca glorificación de la corrupción política en la persona del pinchurriento presidente municipal Juan Vargas (Damián Alcázar) de La Ley de Herodes- se ha vuelto, con cada nueva película, más oscuro, más cerrado. El cínico final de La Ley de Herodes se convirtió en el negrísimo desenlace homicida de Un Mundo Maravilloso que se transformó en el nihilismo desatado de la interminable masacre final de El Infierno que ha aterrizado en el pesadillesco desenlace premonitorio de La Dictadura Perfecta, cuando vemos que, como sociedad, estamos destinados a repetir una y otra vez las mismas tarugadas. En el cine de Luis Estrada, México no tiene remedio. 
El guión escrito por el propio cineasta en colaboración con Jaime Sampietro parte de una premisa similar a la sátira política hollywoodense Escándalo en la Casa Blanca (Levinson, 1997): luego de que el balbuceante Presidente (Sergio Mayer, cual perfecta caricatura de Peña Nieto) mete la pata al estilo de Fox en cierto encuentro con el embajador gringo (Roger Cudney), los Pinos le encargan a Pepe Hartmann (Tony Dalton), un poderoso ejecutivo de Televisa -digo, Televisión Mexicana-, que distraiga la atención del respetable, por lo que con ese fin, el hábil productor Carlos Rojo (Alfonso Herrera) destapa el video-escándalo bejaranesco del gobernador norteño Carmelo -¿nieto de Juan?- Vargas  (Damián Alcázar). Sin embargo, cuando el propio Vargas viaje a Televisa –oh, pues, quise decir Televisión Mexicana- con los millones por delante para contratar los servicios de esa compañía, Rojo y su periodista estrella Ricardo Díaz (Osvaldo Benavides con chalequito de Carlos Loret de Mola) montarán un show mediático tipo Paulette por el cual Vargas terminará convertido en héroe nacional.
La cinta tiene un problema grave –la historia se estanca peligrosamente hacia la mitad porque se entretiene demasiado en la subtrama de la desaparición de “las gemelitas”-, pero esto se compensa con creces por el convencimiento que el ecléctico reparto le inyecta a todos sus personajes y, más aún, porque estamos ante una película que, más allá de sus defectos, tiene la  virtud de buscar la comunicación -o la complicidad- con los espectadores y con ese país (más o menos real, más o menos distorsionado) en el que viven. 
La Dictadura Perfecta es, pues, la película del momento, en el mejor sentido del término: una cinta hecha para ser discutida, criticada, alabada, vilipendiada. Un filme que habla, parcial pero lúcidamente, del México que todos conocemos: un país perdido en su laberinto de corruptelas sin fin y sin remedio.
Lo anoté al inicio: Estrada no es el más optimista de los cineastas nacionales. Pero, la verdad, luego de lo que hemos visto en las últimas semanas, ¿alguien podría reprochárselo?

domingo, 26 de octubre de 2014

Morelia 2014... en un vistazo




Terminó Morelia y así quedó mi lista, en orden de preferencia, de lo que vi en el Festival. Como de costumbre, las calificaciones positivas van de una a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces.


Distinto Amanecer (México, 1943), de Julio Bracho. Cine Negro Mexicano: ****

Cléo de 5 a 7 (Cléo de 5 à 7, Francia, 1962), de Agnès Varda. Función Especial: ****

Whiplash: Música y Obsesión (Whiplas, EU, 2013), de Damien Chazelle. Estrenos Internacionales: ****

Las Horas del Verano (L'heure d'été, Francia, 2008), de Olivier Assayas. The Criterion Collection Presenta: *** 1/2

La Noche Avanza (México, 1951), de Roberto Gavaldón. Cine Negro Mexicano: *** 1/2

Birdman (o la Inesperada Virtud de la Ignorancia) (Birdman (or the Unexpected Virtue of Ignorance), EU, 2014), de Alejandro González Iñárritu. Película Inaugural: *** 1/4

Cuatro Contra el Mundo (México, 1949), de Alejandro Galindo. Cine Negro Mexicano: ***

Ida (Ídem, Polonia, 2013), de Pawel Pawlikowski. Invitado de Honor: ***

The Homesman (EU-Francia, 2014), de Tommy Lee Jones. Estrenos Internacionales: ***

Nubes de María (Sils Maria, Francia-Suiza-Alemania, 2014). Estrenos Internacionales: ***

Güeros (México, 2014), de Alonso Ruizpalacios. Largometraje Mexicano: ***

Eco de la Montaña (México, 2014), de Nicolás Echevarría. Foro de los Pueblos Indígenas: ** 1/2

Hilda (México, 2014), de Andrés Clariond Rangel. Largometraje Mexicano: ** 1/2

El Silencio de la Princesa (México, 2014), de Manuel Cañibe. Documental Mexicano: ** 1/2

La Danza del Hipocampo (México, 2014), de Gabriela D. Ruvalcaba. Documental Mexicano: ** 1/2

Relatos Salvajes (Argentina-España, 2014), de Damián Szifrón. Estrenos Internacionales: ** 1/2

Adiós al Lenguaje (Adieu au Language, Francia, 2014), de Jean-Luc Godard. Estrenos Internacionales: **

Las Oscuras Primaveras (México, 2014), de Ernesto Contreras. Largometraje Mexicano: **

Gente de Bien (Colombia-Francia, 2014), de Franco Lolli. Semana de la Crítica: **

La Hora de la Siesta (México, 2014), de Carolina Platt Soberanes. Documental Mexicano: **

Chuy, el Hombre Lobo (México, 2014), de Eva Aridjis. Documental Mexicano: **

Historia del Miedo (Argentina-Uruguay-Francia-Alemania, 2014), de Benjamín Naishtat. Morelia Lab: **

Hope (Francia, 2013), de Boris Lojkine. Semana de la Crítica: **

El Hogar al Revés (México, 2014), de Itzel Martínez del Cañizo. Documental Mexicano: **

Retratos de una Búsqueda (México, 2014), de Alicia Calderón Torres. Documental Mexicano: **

El Corazón del Sastre (México, 2014; 12 minutos), de Sofía Carrillo. Cortometraje mexicano. Animación: ** 

La Diosa Arrodillada (México, 1947), de Roberto Gavaldón. Cine Negro Mexicano: * 3/4

Yo Soy la Felicidad de Este Mundo (México, 2014), de Julián Hernández. Largometraje Mexicano: * 3/4

El Palacio (México-Canadá, 2013; 36 minutos), de Nicolás Pereda. Documental Mexicano: * 3/4

Sporen: Huellas (México-Holanda, 2014; 58 minutos), de Diego Gutiérrez. Documental Mexicano: * 3/4

En la Estancia (México, 2014), de Carlos Armella. Largometraje Mexicano: * 3/4

Plan Sexenal (México, 2014), de Santiago Cendejas. Largometraje Mexicano: * 3/4

Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero (México, 2014), de Gustavo Moheno. Largometraje Mexicano: *1/2

Gloria (México, 2014), de Christian Keller. Estrenos Nacionales Fuera de Competencia: * 1/2

Remedios Varo: Misterio y Revelación (México-Francia, 2013), de Tufic Makhlouf Aki. Función Especial: * 1/2

Café: Cantos de Humo (México, 2014), de Hatuey Viveros. Documental Mexicano: * 1/2

Dólares de Arena (México-República Dominicana-Argentina), de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán. Largometraje Mexicano: * 

Puerto Padre (México-Costa Rica, 2014), de Gustavo Fallas. Morelia Lab: *

Cuatro Lunas (México, 2014), de Sergio Tovar Velarde. Morelia Lab: *

Bering. Equilibrio y Resistencia (México, 2013), de Lourdes Grobert. Documental Mexicano: *

Los Ausentes (México-España-Francia, 2014), de Nicolás Pereda. Largometraje Mexicano: +

Navajazo (México, 2014), de Ricardo Silva. Cine sin Fronteras: +

Elvira, Te Daría Mi Vida pero la Estoy Usando (México, 2014), de Manolo Caro. Estrenos Nacionales Fuera de Competencia: +

El Comienzo del Tiempo (México, 2014), de Bernardo Arellano. Largometraje Mexicano: +

Muerte en Arizona (México-Bolivia-Alemania, 2014), de Tin Dirdamal y Christina Haglund. Documental Mexicano: ++

sábado, 25 de octubre de 2014

Morelia 2014/VIII y última



El 12do. Festival de Morelia terminó ayer viernes. A diferencia del año pasado -que tuvo la mejor competencia de ficción en la historia del Festival-, en el 2014 no solo bajó, en general, la calidad de lo seleccionado sino que, de hecho, hubo algunas películas que no entiendo cómo terminaron en la competencia oficial.  En el terreno del largometraje documental, como suele suceder, la selección fue má sensata -o, vaya, acaso tuvieron mejores películas que elegir. 
No hay mucho qué reclamarle a los jurados en cuanto a sus decisiones. Bueno, solo un reclamo:  ¿mención para Dólares de Arena en lugar de Hilda o Las Oscuras Primaveras? ¿Les cae? Por lo demás, Güeros se merece todos los premios que se ganó y aunque no pude ver Carmín Tropical, todos los reportes coinciden que se trata de una dignísima triunfadora como Mejor Largometraje Mexicano.
Morelia se sigue consolidando como el mejor festival de cine nacional, no solo por el nivel de la competencia -incluso con una sección más bien floja como la de este año, aún así fue superior a las cintas mexicanas que buscaron el Premio Mezcal en Guadalajara 2014 o la selección mexicana del FICUNAM- sino porque, además, el festival presume la exhibición de la Semana de la Crítica de Cannes completa y, para amarrar, una espléndida selección de pre-estrenos que ningún otro festival mexicano puede tener. Claro que, por supuesto, ningún otro festival mexicano tiene a Cinépolis como sostén... Pequeño detalle.
El Palmarés oficial quedó como sigue: 

  • Aprendiz, de David Sánchez Zacarías ganó el Concurso Michoacano de Guión de Cortometraje.
  • Nunca regreses, de  José Leonardo Díaz Vega ganó el Premio a Mejor Trabajo de la Sección Michoacana.
  • Historias, de Ana Ireri Campos Estrada ganó el Premio a Mejor Cortometraje Mexicano en Línea.
  • 9:30 am, de Alfonso de la Cruz ganó el Premio a Mejor Cortometraje de Animación.
  • El sudor de la agonía, de Mariano Rentería Garnica ganó el Premio a Mejor Cortometraje Documental.
  • Ramona, de Giovanna Zacarías ganó el Premio a Mejor Cortometraje de Ficción.
  • Matria, de Fernando Llanos ganó el Premio a Mejor Largometraje Documental.
  • Güeros de Alonso Ruizpalacios ganó el Premio del Público y a su vez el Premio a Mejor Primer o Segundo Largometraje Mexicano. Además, ganó el Premio a Mejor Actor, otorgado a sus tres protagonistas: Tenoch Huerta, Sebastián Aguirre y Leonardo Ortizgris.
  • Hilda, de Andrés Clariond Rangel ganó el Premio a la Mejor Actriz: Verónica Langer.
  • Dólares de Arena, de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán, ganó una Mención Especial del Jurado.
  • Carmín Tropical, de Rigoberto Perezcano ganó el Premio a Mejor Largometraje Mexicano.

viernes, 24 de octubre de 2014

Morelia 2014/VII


Al presentar su cuarto largometraje fuera de competencia en Morelia 2014, Manolo Caro comentó, palabras más, palabras menos, que su nuevo filme, Elvira, Te Daría Mi Vida pero la Estoy Usando (México, 2014) es otro paso para convertirse en el tipo de cineasta que quiere llegar a ser. Esperemos por su bien que no sea así, porque esta cinta es un claro retroceso en su carrera.
Más allá de lo que podamos decir de sus anteriores comedias, No Sé Si Cortarme las Venas o Dejármelas Largas (2013) y Amor de Mis Amores (2014), estas dos películas tenían un tono consistente y una realización funcional. Elvira... es, en contraste, un desastre irredimible. Partiendo de una premisa similar a Las Hadas Ignorantes (Ozpetek, 2001), he aquí que la guapa treintona ama de casa Elvira (Cecilia Suárez, tan irregular como su acento norteño que aparece y desaparece de escena a escena) descubre que su marido desaparecido Gustavo (Carlos Bardem, con perfecto acento mexicano) la engaña con un tal Adrián (Luis Gerardo Méndez), un joven compañero de trabajo. Desesperada, Elvira se da a la tarea de rastrear al marido y a su joven amante, quienes al parecer se fueron a Acapulco.
Además de los problemas de tono que tiene la cinta, que se tropieza entre la comedia desaforada y el melodrama telenovelero, el guión del propio Caro es una retahíla de inconsistencias y arbitrariedades. Un ejemplo entre tantos: Angélica Aragón aparece por ahí como la mamá de la tal Elvira, pero no tiene nada que hacer en todo el filme, a no ser dejar que su desesperada hija la deje colgada varias veces por teléfono. Vamos, ni siquiera Mariana Treviño es tan graciosa como acostumbra ser. 
Pasando a mejores cosas, una de las logradas cintas de ficción de la sección oficial fue Hilda (México, 2014), opera prima de Andrés Clariond. Aunque el guión, escrito por el propio cineasta debutante, está basado en una pieza teatral homónima de la autora francesa Marie N'Diaye, Clariond deja caer por ahí una traviesa referencia cinefílica: la Hilda del título (notable Adriana Paz), la recién contratada nana del nieto de la ricachona Susana Le Marchand (Verónica Langer, extraordinaria), ve en la televisión Escuela de Vagabundos (González, 1955), aquella inolvidable comedia protagonizada por Pedro Infante en la que brilla especialmente Blanca de Castejón en el papel de la excéntrica -o de plano, medio loca- señora de la casa, que tiene la manía de recoger vagabundos para "rehabilitarlos".
La señora Le Marchand de Hilda no recoge vagabundos, pero su condescendiente bondad y su cualidad de "radical chic" del 68 -en su momento, estuvo en las manifestaciones estudiantiles- la emparentan con aquel personaje encarnado por de Castejón. Más aún, por la curiosa manera en la que habla -"Ay, nunca tuve había tenido Hilda"- pareciera que más que contratar, colecciona sirvientes. Así pues, cuando su único hijo Beto (David Gaitán) regresa de Estados Unidos con su esposa gringa (Anna Cetti) y su bebé de brazos, la señora Le Marchand contrata a Hilda, la esposa de su antiguo jardinero Francisco (Eduardo Mendizábal), para que se haga cargo del niño, aunque poco a poco queda claro que quien necesita de cuidado y atención es la señora y no el bebé.
No agregaré más en este comentario, porque parte del éxito de la opera prima de Clariond radica en ir descubriendo el tipo de relación que desea tener la señora con su criada, más allá de las clásicas tensiones tan bien retratadas en la reciete obra mayor La Nana (Silva, 2009). Es cierto que en la última parte de la cinta Clariond le exige al espectador cierto grado de suspensión de la credulidad, pero creo que el director y guionista se ha ganado con creces su derecho. El delirio hacia el que se desplaza la cinta, junto con su protagonista, la señora Le Marchand, apenas si puede creerse.

jueves, 23 de octubre de 2014

Morelia 2014/VI



Los últimos dos documentales en competencia que pude ver en Morelia 2014 cumplieron con creces con algunos de los objetivos básicos de esa forma de producción cinematográfica. En el caso de Chuy, el Hombre Lobo (México, 2014), el más reciente largometraje documental de Eva Aridjis (Niños de la Calle/2004, La Santa Muerte/2007), la cineasta se encarga de dar a conocer una extraña enfermedad llamada hipertricosis, que tiene solamente medio centenar de casos documentados en toda la historia.
Las personas que padecen esta condición nacen con una cantidad exagerada de vellos, especialmente en la cara, de tal forma que para el común de los mortales se parecen a los legendarios hombres lobo. El Chuy del título, en efecto, eso parece. Y también varios de sus primos, sobrinos, sus dos hijas y muchos otros más: según las cuentas, en la familia de Jesús Aceves, entre vivos y muertos, ha habido 30 casos de hipertricosis.
Aridjis acompaña a Chuy en su trabajo "artístico" -lo vemos formar parte de un acto en un "Circo de Horror" en Inglaterra- y en su chamba más terrenal, como carpintero, en el Estado de México. También vemos a Chuy regresar a su pueblo natal, en Loreto, Zacatecas, en donde el resto de su familia testimonia frente a cámara sus frustraciones -es difícil conseguir trabajo cuando tu rostro asusta a algunas personas- pero también sus logros -los primos de Chuy no parecen pasarla tan mal: uno vive feliz de la vida trabajando en un circo, el otro emigró a California en donde ha montado un próspero negocio de brincolines, una prima trabaja de policía en Loreto...
En algún momento, un especialista en "fenómenos" hace un recuento histórico sobre los casos conocidos de hipertricosis y la explotación que sufrieron en su momento algunas de esas personas, especialmente la sinaloense Julia Pastrana, que terminó siendo disecada con su hijito muerto al nacer -y también "lobito"- para luego ser exhibidos como atracción de feria después de haber muerto.
Y, por cierto, ¿hay explotación de Chuy y su familia por la directora Aridjis en este documental? No lo veo así: aun con la discriminación, burlas y ataques que tienen que enfrentar estos "hombres/mujeres lobo", la verdad es que Chuy y todos los demás han aprendido -acaso a la mala, pero lo han hecho- a aceptarse a sí mismos y a sentirse orgullosos de su extraña condición. Acaso el final dizque poético -que ilustra cierto sueño que tiene el propio Chuy- esté de más, pero eso no echa a perder un sensible e informativo documental que ojalá encuentre la distribución debida.
La Hora de la Siesta (México, 2014), opera prima documental de Carolina Platt Soberanes, cumple con otro de los objetivos del cine documental. Dar a conocer -o revisar, porque el caso bien conocido- un acontecimiento trágico-histórico: la muerte de 49 niños, quemados en un incendio en la guardería ABC de Hermosillo el 5 de junio de 2009.
No estamos ante un documental militante de denuncia -aunque la indignación igual aflora si uno tiene sangre en las venas- sino ante un ensayo sobre la memoria, los recuerdos y la (re)construcción de la vida después que sucede una tragedia de este tipo. La directora se centra en dos de los niños fallecidos: en Julio César -que insistía en que lo llamaran Yeyé- y en Emilia, los dos muertos a los tres años de edad.
A través de vídeos caseros conocemos a los dos niños, mientras la propia cineasta -que tiene a su propia hija, Alicia, más o menos de la misma edad- se pregunta si es posible conocer a alguien que ha muerto a través de las fotos, los vídeos y los recuerdos de quienes lo quisieron. Así pues, no solamente vemos a los niños en el pasado sino a las familias que dejaron en el presente, especialmente a los papás, el de Yeyé, que es el grandote y alegre Julio César; y el de Emilia, el delgado y anguloso Abraham. 
Platt ofrece la novedad de enfocarse en los padres y no en las madres -la esposa de Julio César sí aparece por ahí, pero no está presente, pues entra y sale de hospitales psiquiátricos-, por lo que vemos algo más o menos insólito: a un hombrón de cara amable ser papá y mamá de sus dos hijos restantes, y a un melancólico tipo que, de manera muy articulada, explica de qué forma está tratando de recobrar su vida.
Platt tiene el buen gusto de no explotar morbosamente el sufrimiento de las dos familias a las que seguimos. La directora se mantiene en un medio tono reflexivo, deja hablar largo y tendido a Abraham y a Julio César y nos deja ver cómo, a la manera de cada uno de ellos, ellos han podido seguir viviendo, por más que el recuerdo de esos niños y de esa tragedia sea -y deba ser- imborrable. 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Morelia 2014/V



Si la sección de largometraje mexicano de ficción ha sido más bien floja, el documental nacional puede presumir, por lo menos en mi experiencia, un mejor promedio de bateo. Curiosamente, tres de los varios documentales mexicanos vistos recientemente en Morelia, tratan sobre la memoria y los recuerdos. 
En Sporen: Huellas (México-Holanda, 2014), mediometraje documental dirigido a cuatro manos por el mexicano Diego Gutiérrez (espléndido largometraje documental Partes de una Familia/2012) y el israelí avecindado en Holanda Danniel Danniel, la muerte de un fotógrafo, Peter Kieft, le sirve de pretexto al par de cineastas para explorar la vida de ese hombre a través de los objetos que dejó en su departamento y que, en algunos días, serán recogidos por el municipio, pues al parecer Kieft no tiene un solo familiar que reclame esas posesiones. Media docena de personas hurgan en fotos, vídeos, objetos y comparten sus reflexiones sobre la vida y la muerte -la de Kieft, la de ellos mismos- frente a cámara. En la banda sonora se escucha de principio a fin el ominoso tic-tac de un reloj, marcando el implacable paso del tiempo. 
Mucho más logrado me parece el ensayo fílmico sobre los recuerdos, la memoria y el paso del tiempo que es La Danza del Hipocampo (México, 2014), de Gabriela Domínguez Ruvalcaba. A través de fotografías y películas caseras de distintos formatos (de Súper 8 a digital pasando por VHS), la directora explora no solo sus propios recuerdos, sino el pasado familiar, antes de que ella naciera, en San Cristóbal de la Casas.
Así pues, examina los orígenes de la mitad de su familia, en Durango, desde los antiquísimos Súper 8 tomados o rescatadados por su "alma gemela", el obseso por la imagen Tío Beto, hasta llegar a los propios vídeos que ella misma tomó en los primeros días de enero de 1994, en pleno levantamiento zapatista. Las preguntas planteadas en off por Domínguez al inicio de su filme (¿Pasa el pasado? ¿A dónde se va lo que se fue? ¿Por qué recordamos?) le sirve de pretexto a la directora para construir un fascinante ensayo verbal/visual sobre el funcionamiento del cerebro y de lo (poco) que sabemos acerca del proceso de recordar.
La cineasta elige siete momentos claves de su vida y se sumerge en esos recuerdos -que si un legendario columpio hecho por su papá, que si el trabajo en los estudios de cine de Durango del Tío Beto, que si el primer beso que le supo a fresa- aunque, al final de cuentas, no sabrá si todo esos son recuerdos reales o construidos en su imaginación. Un ensayo que termina con el mejor dictum vitalista posible: para poder recordar, hay que vivir. Solo viviendo se mantiene la memoria. Y no todos los recuerdos tienen que pasar por el lente de una cámara.
Otro documental sobre los recuerdos es El Silencio de la Princesa (México, 2014), opera prima documental del michoacano Manuel Cañibe. La cinta está centrada en Diana Mariscal (1949-2013), una actriz y cantante que tuvo sus momentos de fama en los años 60, al actuar en algunas cintas juveniles al lado de Enrique Guzmán y al presentarse en algunos programas de televisión, aunque su "inmortalidad" -las comillas son mías, que conste- llegaría al convertirse en la protagonista de Fando y Lis (1968), la opera prima de culto de Alejandro Jodorowsky.
Una docena de amigos, familiares y colegas de esa época -desde su extrovertido hermano Héctor hasta Ignacio López Tarso, pasando por el especialista Oscar Sarquiz, Ella Laboriel o Sergio Kleiner- nos comparten sus recuerdos de Mariscal, una guapisima mujer con cara, voz y modales de niña que desde muy pequeña mostró que era diferente, no solo por la influencia de su madre pintora/bohemia, sino por los inicios de una enfermedad mental que la llevaría a retirarse tempranamente, poco después del estreno de Fando y Lis
A través de una capciosa selección de imágenes de archivo, bien alternadas con las muy articuladas cabezas parlantes -edición del propio cineasta en colaboración con otras tres personas-, Cañibe nos entrega no solo el retrato indirecto de esa fugaz estrella del cine, la televisión y el teatro mexicanos, sino también la crónica de una época y, especialmente, las huellas que Diana Mariscal dejó en todos aquellos que conoció, especialmente en su fiel y dedicado hermano Héctor. El mejor documental que he visto hasta el momento en Morelia 2014.