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lunes, 28 de julio de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVII



El Viento se Levanta (Kaze tachinu, Japón, 2013), de Hayao Miyazaki. El director de Mi Vecino Totoro (1988) se ha retirado con una cinta muy personal y hasta, se podría alegar, semi-autobiográfica. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

El Planeta de los Simios: Confrontación (Dawn of the Planet of the Apes, EU, 2014), de Matt Reeves. Aunque inferior a la primera película del reboot, estamos frente a una sólida secuela. Mi crítica in extenso, por acá.

Polissía (Polisse, Francia, 2011), de Maïwenn. Un buen policial francés del cual escribí hace dos años por aquí. 

domingo, 27 de julio de 2014

El cine que no vimos/LX



Le Week-End (GB-Francia, 2013) tuvo un buen paso festivalero a fines del 2013 -estuvo, entre otros, en Toronto, Vancouver, Nueva York, Río de Janeiro y San Sebastián, donde obtuvo el premio a Mejor Actor para Jim Broadbent-, fue nominada a cinco premios del Cine Independiente Británico -ganó el de Mejor Actriz para Lindsay Duncan-, inició su corrida comercial en octubre del año pasado en la Gran Bretaña y se estrenó en Estados Unidos en marzo pasado con una muy buena recepción crítica -no tuvo una sola reseña negativa, de hecho. De todas formas, estamos a fines de julio y la cinta no tiene para cuando estrenarse en México. Pero despreocúpese usted: nunca llegará.
El décimo-primer largometraje del sudafricano vuelto inglés Roger Michell no tiene las suficientes características para merecer distribución nacional: no es dirigida por un autor reconocido, no tiene estrellas en su reparto, no hay explosiones de ninguna especie y, ¡horror!, no hay ningún super-héroe a la vista. No, pues así como pretenden que la gente vaya al cine.
Nick Burrows (Broadbent) y su esposa Meg (Duncan) han llegado a París desde Birmingham a celebrar su trigésimo aniversario de bodas. Él es un profesor universitario de filosofía, ella es maestra de biología en alguna preparatoria. Desde que los vemos sentados, en un vagón del Eurostar, podemos reconocer (y reconocernos en ellos, si tenemos la edad suficiente) los estragos de un matrimonio con sus altas y sus bajas. Y en este momento, por cierto, los Burrows tienen más bajas que altas: ella sigue resentida por un affaire que él tuvo con una alumna hace 15 años, él no le ha dicho que ha sido obligado a jubilarse anticipadamente, tienen un hijo mantenido que él quiere seguir ayudando pero ella no y, además, hace tiempo que no cogen, como queda claro en cierto brutal y vulgarsísimo diálogo.
A propósito de los diálogos: la cinta es la cuarta colaboración de Michel con el escritor y guionista Hanif Kureishi después de la teleserie inglesa The Buddha of Suburbia (1993) -no vista por mí- y las buenas películas medio cochinotas La Madre (2003) y Venus (2006), que comparten con Le Week-End el mismo tono anti-sentimental. Kureishi es un creador de personajes complejos y diálogos brillantes -fue el guionista del primer Stephen Frears en Mi Bella Lavandería (1985) y Sam and Rosie Get Laid (1987)-, por lo que las interminables invectivas que se lanzan Nick y Meg a lo largo del filme tienen la gracia de ser no solo genuinamente hilarantes sino que, además, provocan que a través de ellas conozcamos a los dos personajes y entendamos por qué, a pesar de todo, siguen juntos.
Por el hecho de que los protagonistas son una pareja emproblemada, que el guión está centrado en el peso que tienen sus diálogos bien ejecutados por dos espléndidos actores y que la cinta está ubicada en una ciudad de la Europa continental, hay momentos que Le Week-End parece la secuela adelantada y no oficial de Antes de la Medianoche (Linklater, 2013). En efecto, es como si Nick y Meg fueran versiones más avejentadas, más escépticas y, al mismo tiempo, menos fúricas que Jesse y Celine. Después de todo ya tienen 30 años juntos: saben cómo dañarse profundamente pero también conservan la capacidad de entenderse y amarse, como queda claro en cierta cena ofrecida por el pesado excompañero universitario de Nick, Morgan (un perfecto Jeff Goldblum en su gustado papel de Jeff Goldblum), quien se ha convertido en todo aquello que Nick nunca pudo ser.
Al final de cuentas, como dijera el clásico, siempre les quedará París, con sus buenos recuerdos anclados en el pasado y un vigoroso presente que los empuja a echarse cierto gozoso y famoso bailecito los tres juntos -Nick, Meg y Morgan- porque, que caray, hay que festejar que uno sigue vivo y de pie.

sábado, 26 de julio de 2014

La Casa del Verdugo




La Casa del Verdugo (The Hangman's House, EU, 1928) es la opus 64 de John Ford y, según Lindsay Anderson (Sobre John Ford, Ed. Paidós, 2001), su largometraje número 24.
Realizada inmediatamente después de la obra maestra Cuatro Hermanos (1928), se trata de una cinta (relativamente) menor en la obra fordiana, aunque de todas formas resulta notable por una muy dinámica puesta en imágenes, por las bien asumidas influencias del cine de Murnau y del expresionismo alemán -ya visibles en la mencionada Cuatro Hermanos- y, anecdóticamente, porque por ahí aparece como extra, en un par de escenas, un hombrón alto y delgado llamado Marion Robert Morrison que, gracias al mismo John Ford, sería conocido mundialmente pocos años después con el nombre de John Wayne. 
La cinta está ubicada en el segundo lugar favorito de Ford después del oeste americano, la "Madre Patria" Irlanda. La trama avanza en dos historias paralelas que en algún momento se entrecruzarán: por un lado, un soldado irlandés de la Legión Extranjera, Hogan (Victor McLaglen), regresa a su patria porque tiene que matar a un hombre; por el otro, la idílica historia de amor entre Conn (bellísima June Collyer) y Dermot (Larry Kent), dos jóvenes que viven en el valle de Glenmalure, se ve interrumpida cuando el agonizante padre de ella, el verdugo del título, el implacable Juez O'Brien (Hobart Bosworth), obliga a la muchacha a casarse con el alcohólico y mantenido D'Arcy (Earle Fox). 
La Casa del Verdugo toca varios elementos caros a Ford -el amor al terruño, el honor que reclama venganza-, tiene una postura gozosamente populista -otra constante básica del cine de Ford- y presume un dinamismo visual que, casi 90 años después, entusiasma genuinamente. Es cierto que la historia no es más que un melodrama bastante convencional, pero la forma en la que Ford construye visualmente el relato demuestra que el director de El Caballo de Hierro (1924) había entrado a su madurez creativa. 
Si lo duda, vea cómo se cierra la primera secuencia del filme, con ese dolly-back alejándose de la mesa compartida por los legionarios, esa chimenea convertida en encuadre expresionista en el que se muestran las alucinaciones del atormentado Juez O'Brien, esa emocionante carrera de caballos bien cubierta con una enorme variedad de emplazamientos de cámara o esa imagen final de la maldita "casa del verdugo" reflejada en el lago.
Un último detalle que conecta La Casa del Verdugo con la obra posterior de Ford: el héroe, el patriota perseguido "Ciudadano Hogan" encarnado por el enorme Victor McLaglen -inolvidable como el rival de John Wayne en El Hombre Quieto (1952)-, es un hombre de una sola pieza que, llegado el momento, cuando todo se haya solucionado, quedará completamente solo. 
La última imagen del filme es la del rostro de Hogan, alguien que ha triunfado pero que, amargamente, tiene que seguir su camino. Y en plena soledad. Como lo hará, muchos años después, Ethan Edwards (John Wayne) en la obra maestra Más Corazón que Odio (1957). 

Y por si quiere constatar todo esto que he escrito, por acá está la película, completita: 


jueves, 24 de julio de 2014

El cliché que yo ya vi/CXXIII

-"¡Juar, juar, juar, yo sí era mala, no mamadas!"


El lector José Antonio Gaitán Richkarday ataca de nuevo y propone el siguiente cliché:


Ni tan oscuras ni tan atrevidas: ¿Recuerdan las historias para niños? Ya saben: Blanca Nieves, Hansel y Gretel, Caperucita Roja, La Bella Durmiente, etc. La industria del cine sabe que ustedes se acuerdan… y se las re-venden con un giro supuestamente más serio, para atraer espectadores no tan niños. Sólo hay que echarle un ojo a Blanca Nieves y el Cazador (2012), Hansel y Gretel: Cazadores de Brujas (2013), La Chica con la Caperuza Roja (2011), Jack: El Caza Gigantes (2013) y, más recientemente, Maléfica (2014). Irónicamente, las historias originales en las que están basadas estas blandas películas, son aun más oscuras, atrevidas y, por supuesto, mucho más interesantes.

lunes, 21 de julio de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVI



No hubo mucho que ver en la cartelera comercial este fin de semana, más allá del pre-estreno en 3D de la nueva secuela de El Planeta de los Simios, que ya revisé por acá. No puder ver la nueva cinta de Clint Eastwood, pero sí el trabajo de otro destacado cineasta (casi) octogenario, Woody Allen, esta vez como actor coprotagónico de Casi un Gigoló (Fading Gigolo, EU, 2013), quinto largometraje del también actor y ocasional cineasta John Turturro. 
Casi un Gigoló es una comedia muy menor, palomera, elevada y lastrada a la vez por la presencia de Allen, perfecto en un personaje que no solo parece haber sido creado pensando en él sino que, incluso, uno podría apostar que él mismo escribió sus escenas y sus diálogos. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

sábado, 19 de julio de 2014

El Planeta de los Simios: Confrontación



La primera secuencia de El Planeta de los Simios: Confrontación (Dawn of the Planet of the Apes, EU, 2014) se conecta de manera directa con El Planeta de los Simios (R)Evolución (Wyatt, 2011), el primer episodio en esta nueva saga. 
Después de una ágil secuencia de créditos en las que se nos informa que durante el segundo periodo de Obama se desató la gripe simia -la enfermedad propiciada por los efectos secundarios provocados por el ALZ-113, la sustancia que convirtió a César en un simio inteligente-, vemos que han pasado diez años de esos acontecimientos, que buena parte de la población humana ha desaparecido -¿de plano se ha extinguido?- y que César y su colonia de cientos de changos -chimpances, bonobos, orangutanes, gorilas- viven en los bosques de San Francisco. Ahí, en ese bello escenario natural, vemos a César y a sus huestes simiescas organizar una actividad milenariamente humana: cazar. 
Así pues, las secuencias iniciales de las dos primeras cintas de la nueva saga, resultan perversamente especulares. (R)Evolución inicia con un grupo de seres humanos cazando y capturando a un grupo de simios, entre los que se encuentra la madre de César. En Confrontación, los cazadores son ahora los changos: César (Andy Serkis, convertido ya en el actor protagónico), su resentida mano derecha Koba (Toby Kebbell) y su fiel compañero Rocket (Terry Notary), entre muchos otros. En pocas palabras: César y sus simios son ya demasiado humanos para ser buenos.
Aunque la cacería tiene éxito -logran matan a un ciervo-, César y compañía se enfrentan a un enorme depredador, un oso grizzly que deja marcado en el pecho a Ojos Azules (Nick Thurston), el hijo adolescente de César, para luego toparse con otro depredador mucho más peligroso, un ser humano, quien le dispara al hijo de Rocket. Este será el inicio de la inevitable e interminable confrontación del título en español. 
Los también guionistas de (R)Evolución, Rick Jaffa y Amanda Silver, más el recién llegado Mark Bomback, han creado en esta segunda parte de la nueva saga simiesca una fatalista y pesimista historia de confrontaciones sin fin. Aunque al inicio parece que los bandos están bien definidos -humanos vs. simios- la realidad es que el asunto, como en cualquier guerra que uno analice, es mucho más complejo. Hay enfrentamientos inter-especies, por supuesto, pero también en el interior de las mismas, pues mientras hay humanos razonables y pacificistas como Malcolm y su mujer Ellie (Jason Clarke y Keri Russell), hay otros cuyo temor, desprecio y odio por los simios es tal que están dispuestos a la auto-inmolación con tal de vencer a su enemigo (Gary Oldman). Entre los simios el panorama no es mejor: aunque nadie osa desafiar de frente el liderazgo de César, el maquiavélico Koba -no por nada el apodo de Stalin- planea cuidadosamente un gope de Estado, usando además el nombre del propio César para iniciar el ataque.
Todo este polígono de enfrentamientos en el interior y exterior de los dos grupos sostiene el interés en el filme de principio a fin, por más que los personajes humanos salgan tan mal parados, pues no hay nadie entre ellos que logre crear una relación tan genuinamente emotiva con César como la que vimos en (R)Evolución entre él y su "padre" (James Franco) y "abuelo" (John Lithgow) humanos. Incluso, da la sensación que el personaje interpretado por Oldman fue recortado en la sala de edición o, en todo caso, fue escrito de forma tan torpe que el actor no tiene una sola oportunidad de lucimiento en toda la cinta. Tal vez era inevitable: frente al extraordinario trabajo actoral de Serkis y Kebbell filtrado a través de la teconología de la captura de movimiento, Clarke y Oldman -y ni hablar de Russell, que está de mero adorno-, no tenían manera de competir.
Pero si el guión falla con los personajes humanos y los actores no-digitalmente-capturados tampoco dan el ancho, en el aspecto visual, el director Matt Reeves y su equipo -el diseñador de producción James Chinlund, su cinefotógrafo Michael Seresin, los encargados de F/X, et al- no merecen más que elogios. La creación de la ciudad de simios -empotrada entre las montañas, las cañadas y los árboles de los bosques de Marin County- es un triunfo de la imaginación, la secuencia de la batalla final -con todo y una virtuosa toma extendida en el centro del caos- es tan horrorosa como emocionante, y el enfrentamiento climático entre César y Koba es un inmejorable ejemplo de que no todos los cineastas hollywoodenses han olvidado cómo usar el espacio en una pelea (¿te fijas cómo se hace, Nolan?). 
En suma, al lado de Al Filo del Mañana (Liman, 2014), El Planeta de los Simios: Confrontación nos hace mantener la esperanza de que, después de todo, Hollywood todavía sabe hacer blockbusters inteligentes... cuando quiere hacerlos.

lunes, 14 de julio de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLV



El Rey del Erotismo (The Look of Love, EU-GB, 2013), de Michael Winterbottom. Una convencional biopic sobre el rey del sexo en la Gran Bretaña, Paul Raymond, quien murió siendo el hombre más rico de ese país. El tema es interesante, pero la ejecución de Winterbottom es atípicamente blanda. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Naomi Campbel (Chile, 2013), de Camila José Donoso y Nicolás Videla. Ganadora de una mención especial en Valdivia 2013, ha llegado a la Cineteca Nacional y a su cadena de salas de arte la opera prima a cuatro manos de Donoso y Videla, una meritoria fusión de ficción y documental (¿docuficción?) en la que seguimos a Yermén (Paula Dinamarca), un joven transgénero que que busca participar en un reality-show con el fin de operarse y convertirse en la mujer que siempre ha soñado ser -no, no en la Naomi Campbell del título: ese es el sueño de otra de las concursantes.
El filme es, por un lado, la crónica de la vida cotidiana de Yermén -su trabajo como tarotista telefónica, sus pláticas con una amiga, sus encuentros/desencuentros con su novio- y, por el otro, una suerte de diario personal construido por el propio Yermén, pues la cinta es invadida por segmentos en los que él mismo toma una cámara para ver y comentar la triste realidad que lo rodea en esos barrios bajos de Santiago de Chile. Dificilmente una película como Naomi Campbel podrá ser vista fuera de la Cineteca Nacional.

Klip (Ídem, Serbia, 2012), de Maja Milos. De lo peor que vi en el 2012. Escribí largo y tendido de este churrazo por acá.