miércoles, 28 de septiembre de 2016

Premios Fénix 2016... en un vistazo




El día de hoy se dieron a conocer los filmes nominados a los premios Fénix 2016, que serán entregados el 7 de diciembre en la Ciudad de México. Como soy parte del comité de selección y nominación -aunque no de votación: esa parte le corresponde solamente a los creadores-, va una somera explicación de cómo se eligen a los nominados.
De un total de 790 largometrajes de ficción y documentales iberoamericanos estrenados entre mayo de 2015 y mayo de 2016, el comité de selección y nominación de cada país -en México lo conformamos una veintena de críticos, historiadores y programadores de cine que vimos casi un centenar de filmes nacionales- escoge primero un puñado de películas. Este mecanismo se repite en cada uno de los 22 países iberoamericanos, así que al final, quedaron seleccionadas 57 cintas de ficción y 23 documentales. 
Luego, en el segundo proceso -el de nominación- el mismo comité que eligió las cintas de cada país elige ahora los filmes de los demás países, en las 13 categorías correspondientes. 
La tercera parte del proceso, la elección de los ganadores, es responsabilidad de otro comité, conformado ahora por creadores: cineastas, guionistas, productores, actores, fotógrafos, músicos, etcétera. Dicho de otra manera, los nominados a los Fénix los seleccionan los críticos, pero los ganadores los eligen los creadores.
Acá está la lista de los nominados por categoría y, continuación, la lista de todas las nominadas en orden de preferencia. Si tiene duda de qué significan las "estrellitas", a la derecha está la explicación:

Aquarius (Brasil-Francia, 2016), de Kleber Mendonca Filho: *** 1/2

La academia de las musas (España, 2015), de José Luis Guerín: ***

Tempestad (México, 2016), de Tatiana Huezo: ***

El clan (Argentina-España, 2015), de Pablo Trapero: ***

Todo comenzó por el fin (Colombia, 2015), de Luis Ospina: ***

Desde allá (Venezuela-México, 2015), de Lorenzo Vigas: ** 1/2

Desierto (México-Francia, 2015), de Jonás Cuarón: ** 1/2

Un monstruo de mil cabezas (México, 2015), de Rodrigo Plá: **

La luz incidente (Argentina-Uruguay-Francia, 2015), de Ariel Rotter: **

Te prometo anarquía (México-Alemania, 2015), de Julio Hernández Cordón: **

Oscuro animal (Colombia-Argentina-Holanda-Alemania-Grecia, 2016), de Felipe Guerrero: **

Treblinka (Portugal-Rusia, 2016), de Sérgio Tréfaut: **

El viento sabe que vuelvo a casa (Chile, 2016), de José Luis Torres Leiva: ** 

327 cuadernos (Argentina-Francia, 2015), de Andrés Di Tella: **

Truman (España-Argentina, 2015), de Cesc Gay: **

Magallanes (Perú-Argentina-España-Colombia, 2015), de Salvador del Solar: **

Boi Neon (Brasil-Uruguay-Holanda, 2015), de Gabriel Mascaro: * 3/4

Eva no duerme (Argentina-España-Francia, 2015), de Pablo Agüero: * 3/4

Cartas da guerra (Portugal, 2016), de Ivo Ferreira: * 3/4

Cinema novo (Brasil, 2016), de Eryk Rocha: * 1/2

Anna (Colombia-Francia, 2015), de Jacques Toulemonde Vidal: * 1/2

La mort de Louis XIV (Portugal-Francia, 2016), de Albert Serra: -

John From (Portugal-Francia, 2015), de Joao Nicolau: -

Neruda (Chile-Argentina-España-Francia-EU, 2016), de Pablo Larraín: -

Oleg y las raras artes (España, 2016), de Andrés Duque: H

Eldorado XXI (Portugal-Francia, 2015), de Salomé Lamas: H

domingo, 25 de septiembre de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLIX



Sing Street: Este es tu momento (Sing Street, Irlanda-GB-EU, 2016), de John Carney. El octavo largometraje de Carney -apenas segundo que se estrena comercialmente en México- es, de nuevo, otro filme musical, como su anterior cinta Empezar otra vez (2013) y como la película con la que se dio a conocer hace casi una década, la encantadora Once (2007). Al igual que estos dos filmes, Sing Street está centrada en el poder transformador de la música: su protagonista es un adolescente en el Dublín de 1985 que, nomás por apantallar a una jovencita, le dice que la quiere como protagonista de su próximo vídeo musical. El asunto es que el chamaco en cuestión no tiene cámara, grupo musical ni canción que cantar. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma. (***)

7:19. La hora del temblor (México, 2016), de Jorge Michel Grau. El tercer largometraje de Grau (opera prima gore Somos lo que hay/2010, segundo largometraje gringo Blue Sky/2015 no visto por mí) inicia con un plano secuencia de siete minutos de duración, en el que vemos llegar, muy temprano, a todos los burócratas de cierto edificio gubernamental, incluyendo a uno de los jefes, un tal Lic. Pellicer (Demián Bichir). 
El día es el 19 de septiembre de 1985, el lugar es la Ciudad de México y la hora en la que termina el mencionado plano secuencia son las 7:19 de la mañana. La cámara de Juan Pablo Ramírez Ibáñez, que se había estado moviendo todo el tiempo, se ha quedado fija en la pequeña televisión portátil del velador, Don Martín (Héctor Bonilla) y en la pantalla está una sonriente Lourdes Guerrero tratando de tranquilizar a sus compañeros y, de pasada, a todo el país: "Está temblando un poquitito...". En este momento, la pantalla se va a negros y, por supuesto, nosotros sabemos que no tembló "un poquitito".
Durante el resto del filme, a través de una pantalla que se va ensanchando lentamente -después del temblor, inicia en formato académico 4:3 hasta que termina en el widescreen del plano secuencia inicial- veremos a dos sobrevivientes entre los escombros -Pellicer y Don Martín- y escucharemos a otros más, que se encontraban en algún otro piso del enorme edificio derrumbado. La cámara de Ramírez Ibáñez no volverá a salir, encerrada con estos hombres que representan la pirámide social mexicana de antes y de ahora: el modesto trabajador a punto de jubilarse y el encumbrado burócrata corrupto. 
Más allá del planteamiento argumental tan elemental, 7:19 se sostiene sobre todo por su puesta en imágenes -la ya mencionada cámara de Ramírez, la eficaz edición de Miguel Schverdfinger, el espléndido diseño de producción de Alejandro García- y por el impecable diseño sonoro de Christian Giraud, que logra convertir cada ruido -cada crujido, cada eco, cada grito, cada llanto, cada resuello- en el ominoso preámbulo de la muerte. (**)

jueves, 22 de septiembre de 2016

No respires



Al inicio de No respires (Don’t Breathe, EU, 2016), segundo largometraje del uruguayo hollywoodizado Fede Álvarez (opera prima Posesión infernal/2013, remake no visto por mí del clásico gore El despertar del diablo/Raimi/1981), un ladrón le dice a otro que robarle a un pobre ciego “está muy jodido”. El otro ladrón contesta, simplemente, que por el hecho de que la víctima sea ciega, no significa que sea una santa. (Buñuel, por cierto, estaría completamente de acuerdo en esta afirmación).
El hecho es que este diálogo resultará profético, pues cuando el trío de jóvenes ladrones Money (Daniel Zovatto), su novia Rocky (Jane Levy) y el apocado amigo de ambos –más de ella- Alex (Dylan Minnette) entren a la casa del cieguito en cuestión (Stephen Lang), habrán caído en una trampa mortal, pues el invidente resultará un correoso veterano de la Guerra del Golfo que, además de guardar varios cientos de miles de dólares en algún lugar de su casa, también esconde algún otro secreto más. O sea, no es ninguna blanca paloma.
El escenario social que plantean Álvarez y su coguionista Rodo Sayagues es la de un barrio –más bien una ciudad entera, Detroit- en estado crítico: casas semi-derruidas, cuadras abandonadas, desempleo rampante. El sueño americano hecho trizas, protegido por alguna agencia de seguridad y un feroz perro rottweiler para lo que se necesite.
Álvarez ha dirigido un buen thriller con el mínimo de recursos dramáticos. Hay básicamente cuatro personajes –los tres ladrones y el ciego-, un escenario –el laberíntico hogar del invidente sin nombre-, un McGuffin –el dinero escondido en algún lado- y una motivación sencilla que enfrenta a los dos bandos: de parte de los ladrones –especialmente de Rocky, que terminará siendo, cliché obliga, la protagonista-, quedarse con los cientos de miles de dólares; de parte del Ciego, evitarlo.
La simpleza del planteamiento está compensada por la espléndida ejecución de Álvarez y su equipo: un diseño de producción que dota de genuina y ominosa personalidad a la casa del veterano de guerra, un perfecto manejo del sonido en el que cada pequeño ruido puede detonar el siguiente ataque, una edición eficaz que nunca deja que perdamos la orientación de lo que está pasando y, por supuesto, la presencia de Stephen Lang como ese implacable ciego que no está dispuesto a que le quiten lo único que le queda… y que no necesariamente es el dinero.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

El cliché que yo ya vi/CXLIV




Joel Meza propone:

Si mi película tuviera ruedas, sería bicicleta ochentera: En las películas, cuando los protagonistas son niños que viven la aventura de sus vidas a fines de los '70s/principios de los '80s, es inevitable la escena en que se trepan en sus bicicletas para moverse en bola por las calles del pueblo. 
El cliché, sin duda, lo inauguraron Elliot y compañía en E.T. El Extraterrestre, para ser revivido y reciclado en este siglo, nostálgico por los '80s. Lo podemos ver en Super 8, en la mini serie Stranger Things (en netflix) y esta semana, sin venir al caso pero, pues hay que honrar el cliché, en Mi amigo el dragón, de Disney.

martes, 20 de septiembre de 2016

El cliché que yo ya vi/CXLIII




El lector Miguel Ángel Ruiz propone:

Cuando naces pa' malosa, del cielo te cae la naveEn Prometheus (2012) de Ridley Scott, el personaje femenino antagónico (protagonizado por Charlize Theron) es aplastada por una nave espacial circular, por supuesto después de infructuosos intentos de escapar a su destino. 

Lo mismo sucede con Kalara, personaje femenino que ejecuta una traición a la tripulación del U.S.S Enterprise durante la trama de Star Trek Beyond (2016) de Justin Lin. Las mismas peripecias, pero no son suficientes para evitar que su circular destino, literalmente caiga sobre ella. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVIII




Matria (México, 2014), de Fernando Llanos. El mejor largometraje documental en Morelia 2014 es la exploración de un curioso nieto -el propio cineasta debutante Llanos- por la vida de un abuelo al que no conoció. Lo que encuentra Llanos es un abuelito que, a ratos, parece protagonista de alguna olvidada película del "Indio" Fernández (Soy puro mexicano, 1942). Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (**)

Ante la naturaleza (Mot naturen, Noruega, 2014), de Ole Giaever y Marte Vold. Martin (el director/guionista/protagonista Ole Giaever) deja a su mujer y pequeño hijo un fin de semana -esposa e hijo en la vida real- para irse a acampar al cercano bosque de Stavassgarden. Lo que sigue no es un viaje a ese idílico lugar en la montaña sino una suerte de odisea hacia el interior de Martin, como si estuviéramos ante la adaptación fílmica de algún relato de la corriente de la conciencia -¿un Mrs. Dalloway en versión patéticamente masculina?
La realidad es que Giaver no trata a su personaje -¿a sí mismo?- muy bien que digamos. El treintañero aburrido Martin vive agobiado por pequeñeces y mezquindades, sueña con divorciarse de su esposa, piensa que sería mejor si ella muriese -o si él quedara inválido para siempre: así tendría asegurada la simpatía de todos hasta morir-, recuerda su inexistente relación con su distante papá y, eso sí, faltaba más, piensa cada rato en el sexo, imaginándose felaciones con la empleada de un supermercado o algún coito espontáneo con su propia mujer y, cuando ya no aguanta, de plano se masturba en medio del bosque porque ¿quién está viéndolo?
El retrato de este aburrido clasemediero nunca es condescendiente aunque, al final, el grado de patetismo al que llega Martin exige algo de nuestra solidaridad... ¿o de nuestra inconfesada identificación?  (** 1/2)

No respires (Don't Breathe, EU, 2016), de Fede Álvarez. El segundo largometraje del uruguayo hollywoodizado Fede Álvarez (opera prima Posesión infernal/2013) es un eficaz thriller en el que una jovencita que quiere huir hacia Los Ángeles, su ojete novio malandrín y el apocado amigo de ambos -más de ella, en realidad-, se meten a la casa de un veterano de guerra ciego (Stephen Lang) pues creen que por ahí tiene guardados varios cientos de miles de dólares.
Por supuesto, se supone que robarle a un ciego debería ser muy fácil, pero ya se imaginará usted que no es así. Además, resulta que el cieguito de marras no esconde nada más dinero, sino algo más. Aunque hacia el final la película termina saliéndose de madre, Álvarez demuestra que tiene la suficiente capacidad para sostener la emoción y el suspenso, por más que exija demasiada suspensión de incredulidad por parte del espectador. Mi crítica in extenso, próximamente aquí. (**1/2)

jueves, 15 de septiembre de 2016

Star Trek: sin límites



Al inicio de Star Trek: sin límítes (Star Trek Beyond, EU, 2016), tercer filme del reboot trekkie iniciado con StarTrek (Abrams, 2009) y décimo tercer largometraje sobre la tripulación del USS Enterprise desde la ya lejana Viaje a las Estrella: la Película (Wise, 1979), el otrora ingobernable Capitán James Tiberius Kirk (Chris Pine) graba en su bitácora que, la verdad, está medio aburrido. Tiene 966 días en el espacio, le quedan más o menos 600 más para que su misión termine y empieza a sentir que lo que hace –que lo que es- no tiene mucho sentido.
Interesante la premisa planteada en el guion escrito por el actor y comediante Simon Pegg en colaboración con Doug Joung: si tomamos en cuenta las doce cintas anteriores y las decenas de episodios de las series televisivas, ¿no será tiempo de jubilar al USS Enterprise y a toda su tripulación?
Por supuesto, a pesar de las dudas de Kirk –y también del Comandante Spock (Zachary Quinto), que tiene sus propias razones para querer colgar los bártulos-, el logro de Star Trek: sin límites radica en que, al final, uno queda convencido, al igual que los protagonistas, que hay USS Enterprise y tripulación para rato.
El McGuffin es elemental, como suele suceder en este tipo cintas. Sucede que hay un pequeño chunche llamado Abronath que el malvado de este episodio –un Idris Elba escondido detrás de kilos de maquillaje- desea con el único y cansino fin de destruir el mundo. ¿La razón?: quesque hay mucha paz en el Universo desde que la Federación es la mandona y él, un antiguo militar, se ha quedado sin chamba. Nomás por eso.
El nuevo realizador Justin Lin –mejor conocido por dirigir cuatro episodios de la exitosa saga Pelones y Homoeróticos (2006-2009-2011-2013)- le imprime su estilo visual a la cinta, que puede resumirse con dos adjetivos: vistosa pero confusa. Es decir, sin duda la puesta en imágenes es atractiva –en especial, el diseño de la ciudad espacial Yorktown-, pero basta que se suelten la acción para que Lin demuestre que lo suyo no es el manejo adecuado de los espacios cinematográficos. De hecho, cuando se da el ataque al USS Enterprise –sí, otra vez vuelven a destruir la nave- es difícil mantener la claridad de lo que está pasando en pantalla, quién está disparando a quién, qué se está destruyendo, para dónde está corriendo aquél, qué está pasando allá…
Por fortuna, la película se sostiene más bien por la química existente entre la tripulación del Enterprise y, por supuesto, entre los actores que la encarnan. La mano del Pegg guionista –que además, interpreta al ingeniero Scotty- se nota en un constante y consistente sentido del humor. De hecho, los mejores momentos del filme no están marcados por la solemnidad de las reflexiones iniciales de Kirk o Spock, sino por la eterna rivalidad entre el perpetuamente exasperado Dr. McCoy (excelente Karl Urban) y el siempre imperturbable Mr. Spock, quienes están obligados a convivir –y discutir- durante buena parte de la película. 
¿No habrá manera de que hagan un spin-off trekkie protagonizado por ellos dos? Conste que a mí se me ocurrió primero.