sábado, 22 de julio de 2017

37 Foro de la Cineteca... en unas líneas



Hace unos días inició el 37 Foro de la Cineteca y por acá estaré listando las películas programadas que ya vi, en orden de preferencia. ¿Que qué significan los astericos y las crucecitas? A la derecha la explicación...

La libertad del diablo (México, 2017), de Everardo González. ¿La mejor película de Everardo González hasta el momento? No lo sé: en todo caso, la más necesaria en el México en el que vivimos. Mi crítica in extenso, por acá. (***)

Paterson (Ídem, EU-Alemania-Francia, 2016), de Jim Jarmush. ¿Cómo trabaja un poeta? ¿Qué hace para escribir? ¿De dónde le llega la inspiración? De esto trata el más reciente largometraje de Jim Jarmush,centrado en el Paterson del título (Adam Driver), un chofer de autobús que vive, precisamente, en Paterson, Nueva Jersey, lugar de nacimiento del gran poeta William Carlos Williams.
Paterson vive la vida con serenidad, siguiendo sus rutinas diarias, lidiando con su "dañoso" bulldog inglés, su inquieta mujer emprendedora (Golshifteh Farahani) y visitando cada noche un bar cercano. Paterson camina por la vida con todos los sentidos abiertos, esperando que la vida le dé la oportunidad de crear poesía. Y si un día no se puede, mañana será otro día. Y mañana otro. Y siempre habrá un cuaderno que llenar de garabatos. En una de esas, esos garabatos son poesía. (***)

El discípulo ((M)uchenik, Rusia, 2016), de Kiril Serebrennikov. Un joven preparatoriano, Venya (Petr Skvortsov), desafía a su trabajadora madre divorciada (Julia Aug), a su profesora de biología Elena (Victoria Isakova) y a todos sus compañeros de escuela a través de una feroz e incansable evangelización cristiana-conservadora. Así, logra que se prohíban los bikinis en las clases de natación, le dice a su madre que es una adúltera porque se divorció de su padre, le echa en cara al cura de la escuela su falta de compromiso con el Señor y cuestiona las enseñanzas científicas de Elena.
Una de las películas más exasperantes que he visto en mucho tiempo. La sátira social hinca sus dientes a través de los personajes que rodean a los rivales Venya y Elena -esa directora de escuela borracha que le gana la risa, esa profesora de historia nostálgica del stalinismo, esa madre desconcertada que sin embargo no deja de proteger a su hijito- y a través de las acciones del fanatizado jovencito que a ratos parece buscar el martirio pero que, en realidad, añora convertirse en un implacable victimario. (***)

Kaili Blues (Ídem, China, 2015), de Bi Gan. Aunque demasiado enamorado de sí mismo y de sus recursos fílmico-visuales, el debutante Bi Gan demuestra aquí ser un cineasta listo para grandes proyectos. Estamos ante una suerte de relato de raigambre borgiana -mitad sueño, mitad recuerdos- en el que un médico de la Kaili del título, Sheng Chen (Yongzhong Chen) viaja a otro lugar de China -por tren, por moto, por moto, a pata- para rescatar a su pequeño sobrino, que fue mandando allá por su desobligado padre, hermano de Chen. 
El dominio de Gan de sus recursos cinematográficos es total: elegantes paneos todoabarcadores, manejo del impecable del encuadre con aparición de espejos fassbinderianos y un plano secuencia perfectamente coreografiado de más de 40 minutos que sería la envidia de Lubezki e Iñárritu. Acaso la cinta es demasiado elusiva en su historia, pero esto es más una característica que un defecto. Incluso con sus vaguedades narrativas, Kaili Blues es, acaso, el descubrimiento de este 37 Foro. (**)

Casa Roshell (México-Chile, 2017), de Camila José Donoso. La casa Roshell del título es un bar gay que es regenteado por la indómita Roshell Terranova, una soberana mujer trans (o travesti, pues) que, ni modo, tiene la voz del Víctor Trujillo de la Beba Galván pero un swing genuinamente arrobador -si lo duda, vea cómo interpreta el clásico "Soy lo prohibido".
Se trata de un meritorio documental -¿o una ficción documentalizada o una docuficción o...?- en el que conocemos tanto a las mujeres trans que atienden en la casa Roshell como a sus marchantes, hombres que que buscan "otro tipo de mujer" -eso dicen-, bisexuales o, de plano, abiertamente homosexuales. La música que acompaña a este filme ("Arráncame la vida", Julio Jaramillo) no podría haber sido elegida con mayor tino. (**)

Yo, Olga. Historia de una asesina (Já, Olga Hepranová, República Checa-Polonia-Francia-Eslovaquia, 2016), de Petr Kazda y Tomás Weinreb. Un 10 de julio de 1973, la alienada veinteañera lesbiana Olga Hepranová (Michalina Olszanska) tomó un automóvil, se dirigió al centro de Praga y atropelló a una veintena de personas que esperaban el camión, asesinando a ocho. 
Este filme, dirigido a cuatro manos por Kazda y Weinreb, nos entrega la desdamatrizada crónica de la vida de la última mujer condenada a muerte en la entonces Checoslovaquia. Impecablemente fotografiada por Adam Sikoria, que privilegia las tomas estáticas y sostenidas, con algunos paneos mínimos, la cinta termina resultando tan alienada de su personaje como la propia Olga de la opresiva y burocrática sociedad en la que creció, mató y murió. Olszanska tiene grandes momentos, pero tengo la sensación que fue dejada al garete por sus directores. (* 3/4)

Swagger: Gente con estilo (Swagger, Francia, 2016), de Olivier Babinet. Once adolescentes que viven en el barrio marginado de Aulnay, en los suburbios parisinos, hablan frente a cámara de sus sueños y pesadillas, de Dios y su religión (o su falta de ella), de política (o de su desinterés por ella), del amor, de las drogas, de su familia, de su orgullo de sentirse franceses, de su posición como inmigrantes (o hijos o nietos de ellos). 
Los muchachos son bastante articulados y algunos de ellos -como el gordito que sueña con ser diseñador- hasta simpáticos, pero el documental no descubre nada que no supiéramos o imagináramos. Visualmente, eso sí, el realizador Babinet se da vuelo con algunas escenas que abandonan con toda claridad el documental para acercarse al musical o hasta el cine de ciencia ficción. (*)

El limonero real (Argentina, 2016), de Gustavo Fontán. En algún lugar del interior rural argentino, un hombre (el siempre bienvenido Germán de Silva, que le da verosimilitud a cualquier personaje que interpreta) deja a su mujer en su casa y, por el río, se dirige a festejar el Año Nuevo con la familia de ella. La mujer sigue de luto -el hijo de ambos murió hace seis años en Buenos Aires- y desde entonces no ha podido sobrepasar el dolor. El hombre, por su parte, parece haber encontrado una suerte de paz a partir de algo que le sucedió en el árbol de limones reales del título. La cinta está impecablemente realizada, sin duda, pero la anécdota es mínima y no logra sostener el interés durante todo el filme.  (-)

Viejo calavera (Bolivia-Qatar, 2016), de Kiro Russo. Elder (Julio Cézar Ticona) es un joven alcohólico y malandro que, después de que muere su padre, es regresado de La Paz hacia la precaria casa familiar en el interior de Bolivia, para trabajar en las minas, bajo el cuidado de su tío-nino Francisco (Narciso Choquecallata).
La película, interpretada por mineros de verdad, ha ganado varios premios en el circuito festivalero latinoamericano y europeo -BAFICI, Cartagena, Río de Janeiro, IndieLisboa, Locarno- pero debo confesar que no comparto las razones para ello, aunque las entiendo: hay algo morbosamente fascinante en acercarse a un modo de vida -el de los explotados mineros bolivianos- que nunca conoceremos en la realidad. 
Un cine hecho, pues, para el morbo festivalero, parafraseando al implacable mayordomo de Por meterse a redentor (Sturges, 1941). Eso sí, el trabajo fotográfico de Pablo Paniagua es notable. (-)

Nocturno (2016),  de Luis Ayhllón. Oliverio (Juan Carlos Colombo) un hombre muy enfermo, agonizante, es dejado por su mujer en manos de Ana (Irela de Villers), una correosa enfermera profesional. Muy pronto queda claro que Ana está ahí, en realidad, por otras razones. No voy a revelar la vuelta de tuerca -demasiado arbitraria para mi gusto-, pero baste decir que los pocos aciertos del filme -por ejemplo, algunos diálogos bastante agudos, cierta escena en la que uno de los hijos (Ari Brickman) visita a Oliverio- terminan ahogados en una segunda parte de pura sordidez pseudo-ripsteniana en el que aparecen -mediante animación del también cinefotógrafo Alex Argüelles- una violación infantil, un asesinato, un incesto y otras linduras de este tipo. (+)

martes, 18 de julio de 2017

Melanie: Apocalipsis zombie



Según cuenta Robert Graves (“Los mitos griegos”, tomo I, pp.177-178, Alianza Editorial, 1985), Pandora fue mandada hacer por Zeus para vengarse de Prometeo, que se había robado el fuego del Olimpo para dárselo a los humanos. Esta mujer hecha de arcilla, “la más bella jamás creada”, fue enviada como regalo a Epimeteo, quien se casó con ella contra el consejo de su hermano Prometeo, castigado y torturado cruelmente por Zeus.
Pandora era tan “tonta, malévola y perezosa como bella, la primera de una larga casta de mujeres como ella”. Por lo mismo, a pesar de que se le había advertido no abrir cierta caja, la primera mujer según los griegos la abrió, liberando todos los males que Prometeo había mantenido alejados de la humanidad: “la Vejez, la Fatiga, la Enfermedad, la Locura, el Vicio y la Pasión”. Sin embargo, al fondo de la caja se encontraba también “la Esperanza Engañosa” que disuadió a los humanos “con sus mentiras de que cometieran un suicidio general”.
Este celebérrimo y misógino mito del origen de todos los males de la humanidad –primo hermano de su similar judío, con la curiosa y desobediente Eva como protagonista- se cuenta, en versión un poco más positiva, al inicio de Melanie: Apocalipsis zombie (The Girl of All the Gifts, GB-EU, 2016). 
El escenario es un salón de clases, la maestra es la empática profesora Helen Justineau (Gemma Atterton) y los pupilos son una veintena de niños que asisten muy bien portaditos a la sesión. En realidad, no les queda de otra: los chamacos están amarrados a una silla de ruedas, no tienen movilidad en ninguna de sus extremidades y hasta su cabeza está sujeta a la silla para evitar que puedan hacer algún movimiento brusco.
El guion original de Mike Carey –y sí, es original, porque este guion y una novela homónima fueron escritos simultáneamente- nos instala así, in media res, en una situación sin precedentes. ¿Por qué los niños son tratados de esa manera? ¿Por qué están prisioneros en una especia de cárcel militar? ¿Por qué los soldados que los llevan y traen de sus celdas les apuntan con sus armas directamente a la cabeza?
El título en español le quita todo el misterio a estas primeras escenas: estamos en un escenario post-apocalíptico, hay zombis por donde sea –aunque en realidad, se trata más bien de “infectados” al estilo de Exterminio (Boyle, 2002) y no de los lentos zombis tradicionales de los filmes del ya extrañado George A. Romero- y los niños están ahí porque una tal doctora Caldwell (Glenn Close, cerebral y ñacañaquesca) está experimentando con ellos para fabricar una vacuna.
Melanie (extraordinaria Sennia Nanua), la niña protagonista del título en español –y todos los demás chamacos en esa cárcel digna de Día de los muertos vivientes (Romero, 1985)- son una suerte de mutantes zombis que adquirieron la infección directamente de sus madres, a través del útero. Son, pues, una especie de “infectados de segunda generación”, como dice en algún momento Caldwell. Son también, se entiende, la última esperanza para salvar a la humanidad.
El segundo largometraje dirigido por el prolífico realizador televisivo británico Colm McCarthy sigue, en general, los convencionalismos del género con bastante fidelidad. Es decir, el guion de Carey termina centrándose en un grupo de sobrevivientes que van de un lugar a otro para cumplir con un objetivo, solo que esta vez hay un zombi –o una niña medio-zombi- en el equipo. En el aspecto formal, McCarthy se muestra, además, suficientemente capaz para montar las varias escenas de acción y de horror gore que la fórmula exige.
Lo que separa al filme del resto de reciclados zombis de nuestra época es, por un lado, el espléndido reparto que rodea a la casi debutante Nanua y, por el otro, la capciosa relación que tiene la historia de Carey con el mito griego ya señalado. Melanie es, en efecto, una suerte de nueva Pandora –aunque no es nada tonta ni perezosa- que puede que sea la portadora de todos los males habidos y por haber pero, también, representa la última esperanza de la humanidad. Aunque, ¿de qué humanidad estamos hablando? 

domingo, 16 de julio de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLI




La danza del hipocampo (México, 2014), de Gabriela Domínguez Ruvalcaba. A través de fotografías y películas caseras de distintos formatos (de Súper 8 a digital pasando por VHS), la directora novel Domínguez explora no solo sus propios recuerdos, sino el pasado familiar, antes de que ella naciera, en San Cristóbal de la Casas.
Así pues, examina los orígenes de la mitad de su familia, en Durango, desde los antiquísimos Súper 8 tomados o rescatados por su "alma gemela", el obseso por la imagen Tío Beto, hasta llegar a los propios vídeos que ella misma tomó en los primeros días de enero de 1994, en pleno levantamiento zapatista. Las preguntas planteadas en off por Domínguez al inicio de su filme (¿Pasa el pasado? ¿A dónde se va lo que se fue? ¿Por qué recordamos?) le sirve de pretexto a la directora para construir un fascinante ensayo verbal/visual sobre el funcionamiento del cerebro y de lo (poco) que sabemos acerca del proceso de recordar.
La cineasta elige siete momentos claves de su vida y se sumerge en esos recuerdos -que si un legendario columpio hecho por su papá, que si el trabajo en los estudios de cine de Durango del Tío Beto, que si el primer beso que le supo a fresa- aunque, al final de cuentas, no sabrá si todo esos son recuerdos reales o construidos en su imaginación. 
Un ensayo documental que termina con el mejor dictum vitalista posible: para poder recordar, hay que vivir. Solo viviendo se mantiene la memoria. Y no todos los recuerdos tienen que pasar por el lente de una cámara. Un buen filme criminalmente ninguneado en su momento. (** 1/2)

Un don excepcional (Gifted, EU, 2017), de Marc Webb. Muy competente melodrama dirigido por el otrora realizador indie Webb (500 días con ella, 2009) en el que un devoto tío soltero (Chris Evans, sin uniforme de Capitán América) se sacrifica para criar a su sobrinita genia matemática (simpática McKenna Grace) en contra de los deseos de la maléfica abuela (Lindsay Duncan). Todo lo convencional que usted puede esperar, pero bastante visible por el reparto y la vivacidad de los diálogos. Mi crítica en la sección Primera Fila del diario Reforma del viernes pasado. (* 1/2) 

Melanie: Apocalipsis zombie (The Girl of All Gifts, GB-EU, 2016), de Colm McCarthy. El título en español le quita todo el misterio a esta sólida cinta de género: estamos en un escenario post-apocalíptico zombiesco en el que la Melanie del título en español (Sennia Nanua, extraordinaria), una niña medio zombie, representa la última esperanza para la humanidad. Mi crítica, in extenso, en los próximos días. (** 1/2)

miércoles, 12 de julio de 2017

Spider-Man: De regreso a casa


-"Michael, muéstrale a este chamaco cómo actuar, a ver si aprende algo"



Y aquí vamos de nuevo. En 15 años, Peter Parker aka “el amistoso vecino Hombre Araña” ha sido lanzado en tres ocasiones. La primera –y más memorable- en el tríptico dirigido por Sam Raimi y protagonizado por Tobey Maguire en 2002-2004-2007, la segunda –de forma bastante aceptable- en el díptico de 2012-2014 dirigido por Marc Webb y con Andrew Garfield como el súper-héroe arácnido y, la tercera –y seguramente no la última- con el desconocido Jon Watts dirigiendo al veinteañero inglés Tom Holland como Parker. En otras palabras, he aquí Spider Man: De regreso a casa (Spider Man: Homecoming, EU, 2017).
Esta nueve iteración arácnida tiene un objetivo claro –además de ganar todo el dinero posible, por supuesto-: unir al héroe “terrenal” Peter Parker con el resto de los personajes de la casa Marvel, como lo prometía el cameo de Spidey en el bodriazo Capitán América: GuerraCivil (Hermanos Russo, 2016). Así pues, en esta ocasión, Tony Stark/Iron Man (Robert Downey Jr.) es un personaje secundario clave en el desarrollo del Hombre Araña, el Capitán América (Chris Evans) aparece en más de una ocasión en unos paródicos vídeos instruccionales, y la cinta está llena de referencias a otros personajes del Universo Cinematográfico de la Marvel –que si la Viuda Negra, que si Hulk, que si Thorito…
Lo cierto es que, a pesar de todo lo anterior, en Spider Man: De regreso a casa la historia de Peter Parker sigue siendo, por fortuna, la historia de Peter Parker: la de un adolescente clasemediero del Queens criado por su –en este caso- guapísima tía May (Marisa Tomei, desperdiciada), que sufre los inevitables problemas para encajar en la compleja fauna preparatoriana y que empieza a descubrir, con más entusiasmo que efectividad, cómo usar sus súper-poderes. La media docena de guionistas responsables de la historia parecen haber tenido muy claro cuál debería ser el corazón cómico/dramático de la cinta: el de una película que funciona, desde el inicio y hasta su desenlace, como una simpática historia de crecimiento juvenil al estilo de John Hughes cuyo cine, de hecho, se homenajea directamente en alguna escena.
El director Watts se muestra lo suficientemente apto para manejar tanto a su extenso reparto juvenil –el rapport entre Peter y su camarada nerd Ned (Jacob Batalon) es intachable, Zendaya se roba cada escena en la que aparece como la hosca y rebelde Michelle (¿futura novia de Parker?)-, así como al veterano de prestigio a quien le fue encargado interpretar al villano del filme. En este sentido, el siempre bienvenido Michael Keaton encarna a un maloso razonablemente humanizado, un constructor que, echado a un lado por los poderosos de siempre –es decir, los ricachones como Tony Stark y los despóticos burócratas federales-, decide iniciar su propio negocio de venta de armas, aprovechándose de la chatarra dejada por los aliens de alguna cinta anterior de los Avengers. El Adrian Toomes de Keaton es el villano perfecto para nuestra desencantada época: un tipo serio y trabajador que termina inclinándose a lo peor de sí mismo por un genuino resentimiento de clase –si no fuera porque está casado con una mujer afroamericana, sería el perfecto votante trumpista.
Por supuesto, la película no funciona bien todo el tiempo: la duración es francamente excesiva (¿133 minutos, en serio?) y la pelea final es la monserga de siempre –confusa y sin genuino sentido cinematográfico-, pero estos defectos terminan siendo menores ante el consistente buen humor de la cinta -con todo y una hilarante escena postcréditos- y un reparto que, en general, logra trascender las limitaciones de la fórmula.
La verdad, mientras Spidey siga siendo el “amistoso vecino” clasemediero de siempre, será bienvenido desde esta trinchera. Lo malo es que, probablemente, no tarda en convertirse en ooootro personaje más del interminable Universo Cinematográfico de la Marvel y todo se irá al caño. Mark my words.

lunes, 10 de julio de 2017

Ariel 2017: preferencias




Mañana martes se entrega el Ariel y acá está la lista de mis preferencias y no de mis predicciones, porque no tengo idea cómo votaron los miembros de la Academias de Artes y Ciencias Cinematográficas de México. En cada categoría, me gustaría que ganaran...

Película: Tempestad.

Actor: José Carlos Ruiz, por Almacenados. (O Gael García Bernal por Me estás matando, Susana).

Actriz: Claudia Saint-Luce, por La caja vacía. (O Verónica Langer, por La caridad).

Actor de cuadro: Gerardo Taracena, por La carga.

Actriz de cuadro: Martha Claudia Moreno, por Distancias cortas.

Coactuación femenina: Carmen Beato, por Los parecidos. (O Adriana Paz, por La caridad).

Coactuación masculina: Hoze Alberto Meléndez, por Almacenados. (O Mauricio Isaac González, por Distancias cortas).

Revelación femenina: Camila Robertson Glennie, por Las tinieblas.

Revelación masculina: Luis Silva, por Desde allá (aunque si ganara cualquiera de los otros cuatro nominados estaría bien: acaso la más fuerte de las categorías).

Largometraje documental: Tempestad.

Opera prima: Desde allá.

Película iberoamericana: Una segunda madre.

Cortometraje animado: Los gatos o Elena y las sombras.

Cortometraje documental: Club Amazonas o Memorias del table dance.

Cortometraje de ficción: Australia o Verde.

Dirección: Tatiana Huezo, por Tempestad.

Fotografía: Ernesto Pardo, por La tempestad.

Guion adaptado: Luis Cámara y Roberto Sneider, por Me estás matando, Susana.

Guion original: Tatiana Huezo, por La tempestad.

Diseño de arte: Alisarine Dulocomb, por Las tinieblas.

Edición: Jonás Cuarón, por Desierto.

Efectos especiales: José Manuel Martínez (por Desierto o 7:19)

Efectos visuales: Las tinieblas.

Maquillaje: Los parecidos.

Música: Tempestad o Desierto o Las tinieblas (una categoría muy fuerte).

Sonido: 7:19.

Vestuario: Alisarien Dulocomb, por Epitafio (o Mariana Gandía, por El sueño del Mara'akame).


domingo, 9 de julio de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXL




Graduación (Bacalaureat, Rumania-Francia-Bélgica, 2016), de Cristian Mungiu. Esta cinta, ganadora del premio a Mejor Director en Cannes 2016, está centrada en las tribulaciones de un médico que busca por todos los medios posibles -los buenos y los malos- que su hija no pierda la beca que le han dado en Cambridge. Un drama absorbente que pudo haber sido realizado en México. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (***)

Spider-Man: De regreso a Casa (Spider-Man: Homecoming, EU, 2017), de Jon Watts. Un reboot sorprendentemente efectivo. Estamos ante una cinta de súper-héroes que, al mismo tiempo, funciona como un divertida comedia de crecimiento juvenil con un nuevo Hombre Araña (simpático Tom Holland) y un villano (Michael Keaton) tan resentido como carismático. Es probable que cuando Peter Parker salga rodeado de los demás Avengers, todas las virtudes de esta película se vayan a la goma, como suele suceder con las aventuras sucesivas de la Casa Marvel. Por lo pronto, este episodio arácnido es de lo mejor -sino es que lo mejor, a secas- del Marvel Cinematic Universe. Mi crítica, in extenso, en los próximos días. (** 1/2)

sábado, 8 de julio de 2017

Arielómetro




El próximo martes se llevará a cabo la 59 ceremonia del Ariel y por acá está una lista, en orden cronológico, de mis 15 cintas favoritas ganadoras del premio a la Mejor Película, como sigue:

1. Enamorada (1946), de Emilio Fernández.

2. Una familia de tantas (1948), de Alejandro Galindo.

3. Los olvidados (1950), de Luis Buñuel.

4. Los Fernandez de Peralvillo (1953), de Alejandro Galindo.

5. Robinson Crusoe (1952), de Luis Buñuel.

6. El lugar sin límites (1977), de Arturo Ripstein.

7. Cadena perpetua (1978), de Arturo Ripstein.

8. Veneno para las hadas (1984), de Carlos Enrique Taboada.

9. El callejón de los milagros (1995), de Jorge Fons.

10. La ley de Herodes (1999), de Luis Estrada.

11. Temporada de patos (2004), de Fernando Eimbcke.

12. El laberinto del fauno (2006), de Guillermo del Toro.

13. Luz silenciosa (2007), de Carlos Reygadas.

14. Lake Tahoe (2008), de Fernando Eimbcke.

15. Güeros (2014), de Alonso Ruizpalacios.