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lunes, 21 de julio de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVI



No hubo mucho que ver en la cartelera comercial este fin de semana, más allá del pre-estreno en 3D de la nueva secuela de El Planeta de los Simios, que ya revisé por acá. No puder ver la nueva cinta de Clint Eastwood, pero sí el trabajo de otro destacado cineasta (casi) octogenario, Woody Allen, esta vez como actor coprotagónico de Casi un Gigoló (Fading Gigolo, EU, 2013), quinto largometraje del también actor y ocasional cineasta John Turturro. 
Casi un Gigoló es una comedia muy menor, palomera, elevada y lastrada a la vez por la presencia de Allen, perfecto en un personaje que no solo parece haber sido creado pensando en él sino que, incluso, uno podría apostar que él mismo escribió sus escenas y sus diálogos. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

sábado, 19 de julio de 2014

El Planeta de los Simios: Confrontación



La primera secuencia de El Planeta de los Simios: Confrontación (Dawn of the Planet of the Apes, EU, 2014) se conecta de manera directa con El Planeta de los Simios (R)Evolución (Wyatt, 2011), el primer episodio en esta nueva saga. 
Después de una ágil secuencia de créditos en las que se nos informa que durante el segundo periodo de Obama se desató la gripe simia -la enfermedad propiciada por los efectos secundarios provocados por el ALZ-113, la sustancia que convirtió a César en un simio inteligente-, vemos que han pasado diez años de esos acontecimientos, que buena parte de la población humana ha desaparecido -¿de plano se ha extinguido?- y que César y su colonia de cientos de changos -chimpances, bonobos, orangutanes, gorilas- viven en los bosques de San Francisco. Ahí, en ese bello escenario natural, vemos a César y a sus huestes simiescas organizar una actividad milenariamente humana: cazar. 
Así pues, las secuencias iniciales de las dos primeras cintas de la nueva saga, resultan perversamente especulares. (R)Evolución inicia con un grupo de seres humanos cazando y capturando a un grupo de simios, entre los que se encuentra la madre de César. En Confrontación, los cazadores son ahora los changos: César (Andy Serkis, convertido ya en el actor protagónico), su resentida mano derecha Koba (Toby Kebbell) y su fiel compañero Rocket (Terry Notary), entre muchos otros. En pocas palabras: César y sus simios son ya demasiado humanos para ser buenos.
Aunque la cacería tiene éxito -logran matan a un ciervo-, César y compañía se enfrentan a un enorme depredador, un oso grizzly que deja marcado en el pecho a Ojos Azules (Nick Thurston), el hijo adolescente de César, para luego toparse con otro depredador mucho más peligroso, un ser humano, quien le dispara al hijo de Rocket. Este será el inicio de la inevitable e interminable confrontación del título en español. 
Los también guionistas de (R)Evolución, Rick Jaffa y Amanda Silver, más el recién llegado Mark Bomback, han creado en esta segunda parte de la nueva saga simiesca una fatalista y pesimista historia de confrontaciones sin fin. Aunque al inicio parece que los bandos están bien definidos -humanos vs. simios- la realidad es que el asunto, como en cualquier guerra que uno analice, es mucho más complejo. Hay enfrentamientos inter-especies, por supuesto, pero también en el interior de las mismas, pues mientras hay humanos razonables y pacificistas como Malcolm y su mujer Ellie (Jason Clarke y Keri Russell), hay otros cuyo temor, desprecio y odio por los simios es tal que están dispuestos a la auto-inmolación con tal de vencer a su enemigo (Gary Oldman). Entre los simios el panorama no es mejor: aunque nadie osa desafiar de frente el liderazgo de César, el maquiavélico Koba -no por nada el apodo de Stalin- planea cuidadosamente un gope de Estado, usando además el nombre del propio César para iniciar el ataque.
Todo este polígono de enfrentamientos en el interior y exterior de los dos grupos sostiene el interés en el filme de principio a fin, por más que los personajes humanos salgan tan mal parados, pues no hay nadie entre ellos que logre crear una relación tan genuinamente emotiva con César como la que vimos en (R)Evolución entre él y su "padre" (James Franco) y "abuelo" (John Lithgow) humanos. Incluso, da la sensación que el personaje interpretado por Oldman fue recortado en la sala de edición o, en todo caso, fue escrito de forma tan torpe que el actor no tiene una sola oportunidad de lucimiento en toda la cinta. Tal vez era inevitable: frente al extraordinario trabajo actoral de Serkis y Kebbell filtrado a través de la teconología de la captura de movimiento, Clarke y Oldman -y ni hablar de Russell, que está de mero adorno-, no tenían manera de competir.
Pero si el guión falla con los personajes humanos y los actores no-digitalmente-capturados tampoco dan el ancho, en el aspecto visual, el director Matt Reeves y su equipo -el diseñador de producción James Chinlund, su cinefotógrafo Michael Seresin, los encargados de F/X, et al- no merecen más que elogios. La creación de la ciudad de simios -empotrada entre las montañas, las cañadas y los árboles de los bosques de Marin County- es un triunfo de la imaginación, la secuencia de la batalla final -con todo y una virtuosa toma extendida en el centro del caos- es tan horrorosa como emocionante, y el enfrentamiento climático entre César y Koba es un inmejorable ejemplo de que no todos los cineastas hollywoodenses han olvidado cómo usar el espacio en una pelea (¿te fijas cómo se hace, Nolan?). 
En suma, al lado de Al Filo del Mañana (Liman, 2014), El Planeta de los Simios: Confrontación nos hace mantener la esperanza de que, después de todo, Hollywood todavía sabe hacer blockbusters inteligentes... cuando quiere hacerlos.

lunes, 14 de julio de 2014

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLV



El Rey del Erotismo (The Look of Love, EU-GB, 2013), de Michael Winterbottom. Una convencional biopic sobre el rey del sexo en la Gran Bretaña, Paul Raymond, quien murió siendo el hombre más rico de ese país. El tema es interesante, pero la ejecución de Winterbottom es atípicamente blanda. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Naomi Campbel (Chile, 2013), de Camila José Donoso y Nicolás Videla. Ganadora de una mención especial en Valdivia 2013, ha llegado a la Cineteca Nacional y a su cadena de salas de arte la opera prima a cuatro manos de Donoso y Videla, una meritoria fusión de ficción y documental (¿docuficción?) en la que seguimos a Yermén (Paula Dinamarca), un joven transgénero que que busca participar en un reality-show con el fin de operarse y convertirse en la mujer que siempre ha soñado ser -no, no en la Naomi Campbell del título: ese es el sueño de otra de las concursantes.
El filme es, por un lado, la crónica de la vida cotidiana de Yermén -su trabajo como tarotista telefónica, sus pláticas con una amiga, sus encuentros/desencuentros con su novio- y, por el otro, una suerte de diario personal construido por el propio Yermén, pues la cinta es invadida por segmentos en los que él mismo toma una cámara para ver y comentar la triste realidad que lo rodea en esos barrios bajos de Santiago de Chile. Dificilmente una película como Naomi Campbel podrá ser vista fuera de la Cineteca Nacional.

Klip (Ídem, Serbia, 2012), de Maja Milos. De lo peor que vi en el 2012. Escribí largo y tendido de este churrazo por acá. 

sábado, 12 de julio de 2014

34 Foro de la Cineteca... en un vistazo



Hoy inicia el 34 Foro de la Cineteca Nacional y, como de costumbre, he aquí una lista de lo que he visto hasta el momento, en orden de preferencia. Las calificaciones positivas van de uno a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces. 


Ilo Ilo (Ídem, Singapur, 2013), de Anthony Chen: ***

El Hombre de las Multitudes (O homem das multidoes, Brasil, 2013), de Marcelo Gomes y Cao Guimaraes: ***

Eco de la Montaña (México, 2013), de Nicolás Echevarría: ** 1/2 

Ninfomanía (Nymphomaniac, Dinamarca-Alemania-Francia-Bélgica, 2013), de Lars von Trier: ** 1/2

Ciencias Naturales (Argentina, 2014), de Matías Lucchesi: **

Los Niños del Cura (Svecenikova djeca, Croacia, 2013), de Vinko Bresan: **  

Estocolmo (España, 2013), de Rodrigo Sorogoyen: * 3/4

El Mudo (Perú-Francia-México, 2013), de Daniel y Diego Vega: *1/2

Manto Acuífero (México, 2013), de Michel Rowe: * 1/2

La Paz (Argentina, 2013), de Santiago Loza: +

viernes, 11 de julio de 2014

34 Foro de la Cineteca/III



Realizado en un par de semanas, con un presupuesto de 60 mil euros obtenido a partir del cada vez más popular esquema de financiamiento del crowdfunding, Estocolmo (Stockholm, España, 2013) es el multipremiado segundo largometraje del realizador televisivo Rodrigo Saragoyen, nominado al Goya 2014 a Mejor Director Novel -a pesar de que ya había codirigido con Peris Romano el filme 8 Citas (2008) aunque, supongo, dirigir a cuatro manos no debe contar para las reglas del Goya.
Estamos en una ciudad española, por la noche. En un piso cualquiera, hay una pachanga y un hombre -solo identificado en los créditos como Él- trata de ligar con una mujer, también identificada solamente como Ella. Él (Javier Pereira, Mejor Actor Revelación en el Goya 2014) le dice a Ella (guapa Aura Garrido) que se ha enamorado a primera vista. Ella lo manda por un tubo. Él la sigue hasta la calle, donde Ella se encuentra con sus amigas. Ella lo vuelve a mandar por un tubo. Él la sigue de cerca, caminando al lado de Ella, hablándole, diciéndole que perderá la oportunidad de conocerlo. Él tiene su encanto: es articulado, despierto, con la mejor respuesta a bote pronto. Ella empieza a sonreír. Uno intuye que está empezando a ceder. Él está ganando pero, ¿exactamente qué?
Durante la primera parte de la película, la influencia de Richard Linklater (me refiero a la trilogía de Jesse/Celine, especialmente Antes del Amanecer/1995), es imposible de soslayar, en la forma y en el fondo: he aquí dos agradables y atractivos veinteañeros que se conocen casualmente, empiezan a platicar y luego caminan por las calles desiertas de una ciudad europea, todo ello filmado en tomas extendidas, siempre en primeros planos o planos medios. En esta primera parte, el ejercicio de estilo de Saragoyen se deja ver con simpatía, tanto por la fluidez de la puesta en imágenes como por el par de jóvenes actores protagónicos.
La segunda sección del filme, que ocurre en el departamento de Él, tiene otro tono muy diferente. Siguen dominando las tomas extendidas, pero ahora la cámara es fija, casi rigurosa en estos impecables interiores del piso donde vive Él. La gracia del cortejo de la primera parte se diluye y se dejan entrever elementos  narrativos graves, en más de un sentido. Sabemos que Ella ha "estado mal" durante año y medio y la fruición con que se empina un vaso de ginebra no augura nada bueno. ¿Es alcohólica, depresiva, perturbada o todas las anteriores? En todo caso, después de que Él ha ejecutado la conquista de Ella -con Rossini y su obertura de La Urraca Ladrona en la banda sonora-, el día siguiente será otro día, pues "de noche (todo) es distinto".
La última escena del filme es problemática y, de alguna manera, echa a perder buena parte de lo que hemos visto. Para entonces, ya sabemos que hay algo que no está bien con Ella y, por lo tanto, el final resulta más que previsible, especialmente por el escenario en el que se lleva a cabo. Queda la sensación que Saragoyen y su coguionista Isabel Peña quisieron imprimirle a su notable ejercicio de estilo una dosis de gravedad moral que termina convertida en tremendismo puro. La verdad, nada de eso era necesario. 

jueves, 10 de julio de 2014

34 Foro de la Cineteca/II


Ganadora de la Cámara de Oro a la Mejor Opera Prima en Cannes 2013, finalmente ha llegado a las pantallas nacionales, vía el 34 Foro de la Cineteca Nacional. Ilo Ilo (Ídem, Singapur, 2013), multipremiado debut de Anthony Chen, un hábil melodrama familiar/social semi-autobiográfico escrito por el propio cineasta.
Estamos en Singapur, en 1997. El clasemediero matrimonio Lim recibe en su pequeño departamento a Teresa o "Terry" (Angeli Bayami), una joven filipina de 28 años de edad proveniente de Ilo Ilo, a quien han contratado como criada de la familia y nana de su ingobernable chamaco de 10 años, Jiale (Jialer Koh), a quien un día sí y otro también, los profesores o el director lo reportan por mal comportamiento, por pelearse con sus compañeros o por no soltar el méndigo tamagotchi. Los Lim no están pasando por el mejor momento, como es evidente que sucede en todo Singapur: la mujer, Hwe-Leng (Yann Yann Yeo), embarazada de un segundo hijo, trabaja en alguna oficina y es la encargada de escribir las cartas de despido de varios de sus compañeros; el marido, Teck (Tian Wen Chen), se ha quedado sin chamba desde hace dos meses y apenas si puede llevar algo de dinero al hogar trabajando como velador. Para acabarla de gozar, Jiale no recibe de buen modo que haya una desconocida en su casa como Teresa y mucho menos que tenga que compartir su cuarto ella, así que le hace la vida de cuadritos sin descuidar, claro, a sus papás, quienes responden violentamente -la mamá lo agarra a sopapos en algún momento, el papá le arrebata el tamagotchi y lo avienta a la calle-, ni a sus maestros que, como ya no saben qué hacer con él, le dan de varazos públicamente y en pleno auditorio.
La convención obliga que Teresa se gane, poco a poco, al insoportable Jiale y eso, en efecto, sucede hacia el desenlace Sin embargo, en la descripción de la evolución moral del chamaco no hay sentimentalismo alguno de parte de Chen. Teresa no es nunca la criada inmigrante sufrida y sacrificada, sino una mujer práctica que ha dejado a su propio hijo en Filipina con tal ganar algo de dinero. Jiale, por su parte, sigue siendo bastante ingobernable al final, aunque algo en él haya cambiado, pues ha aprendido a reconocer los intereses de otros, en especial de esa madre sustituta que cocina mejor que su mamá real y que tiene el humor y el tiempo de jugar con él. Los padres, por cierto, distan mucho de ser unos monstruos: pueden ser insensatos -la tontería de la mujer en tirar su lana con un felizólogo-, ridículos -la borrachera familiar del marido- o patéticos -la mujer celosa de la criada, el marido fumando a escondidas-, pero estas características los hacen también más cercanos y reales. 
Chen dirige con fluidez y funcionalidad, bien servido por la cámara de Benoit Soler, que sostiene algunas tomas durante más de un minuto, re-haciendo el encuadre en la medida que los personajes se mueven, pasan de una habitación a otra, salen del ojo de la cámara, vuelven a aparecer enfrente de él. Una puesta en imágenes ágil que no pierde un solo momento para captar, con notable generosidad narrativa, los ires y venires de todas estas criaturas. Todas ellas merecen atención, por más que no porten de la mejor manera posible. Mejor dicho: merecen nuestra atención porque, precisamente, no se comportan de la mejor manera. 

lunes, 7 de julio de 2014

34 Foro de la Cineteca/I



Los Niños del Cura (Svecenikova djeca, Croacia-Serbia, 2013), quinto largometraje del cineasta desconocido en México Vinko Bresan, ha sido la película croata más exitosa en este siglo en ese aún joven país, formado y reconocido apena hace apenas un par de décadas. 
Es fácil de explicar la razón del trancazo taquillero: la cinta es una especie de amable farsa costumbrista que cuenta con un reparto uniformemente competente, recursos de producción profesionales y una música -de Mate Matisic- alegre, contagiosa. Durante buena parte de su duración, Bresan y su equipo no parecen tener otro objetivo que hacerle pasar un buen rato al respetable y, sin embargo, en la medida que nos acercamos al desenlace, la comedia va adquiriendo otros caminos, mucho menos agradables, incluso ominosos.
La cinta tiene la estructura narrativa circular de una confesión in extremis: Don Fabijan (Kresimir Mikic), un sacerdote recluido y enfermo, se confiesa ante el joven cura Don Simun (Filip Crizan) por los pecados que cometió al dejarse llevar por su buenos deseos y su insensatez. Decía mi general Obregón que nada hay más peligroso que un pendejo con iniciativa y sí, ese célebre apotegma podría haber sido pensado especialmente para señalar los actos de Don Fabijan.
Nuestro bienintencionado protagonista llega a trabajar a la parroquia de una pequeña isla del Adriático. El sacerdote del lugar, el anciano Don Jakov (Sdenko Botic), está a punto de ser movido de la isla, por lo que Don Fabijan llega a sustituirlo, tarea complicada pues el viejo sacerdote es un hombre carismático que sabe cantar, juega deportes, mantiene un coro infantil y conoce el teje-maneje de todos los habitantes de la isla. Don Fabijan, por su parte, es más bien tímido, no sabe cantar, no hace ningún deporte y no tiene un carácter agradable. Peor aún: ¿qué futuro puede tener cuando el índice de natalidad en la isla es tan pequeño, nadie se casa y muere más gente de la que nace?
Tras una confesión del muy católico Petar (Niksa Butijer), el dueño de un kiosco que vende condones de todos los tamaños -y sabores- a todos los habitantes de la islita, Don Fabijan toma la decisión de perforar cada condón para dejar que la naturaleza -mejor dicho: la voluntad de Dios- siga su curso. Poco después, el boticario del pueblo, Marin (Drazen Kuhn), cerrará la pinza con las mujeres, pues sustituye las píldoras anticonceptivas que vende con pastillas de vitaminas y minerales. El complot de Don Fabijan tiene éxito: nacen chamacos de manera inesperada, hay los consiguientes bautizos, hay muchos matrimonios -a la fuerza, pero los hay-, la población católica empieza a crecer y esa pequeña isla del Adriáticos se convierte en un lugar famoso por su fertilidad, a tal grado que empieza a llegar gente de todas partes a vivir ahí, con la sola idea de tener hijos.
Apunté que las acciones de Don Fabijan tienen éxito y, sí, lo tienen... hasta que dejan de tenerlo. Una muchacha embarazada sale de la isla a abortar, un bebé aparece a las puertas de la iglesia, uno de los casados a fuerza ya no puede con ese matrimonio arreglado, un bebé cambia de manos cual si fuera un objeto de gran toxicidad... La cadena de mentiras, engaños y abusos, además de la sombra de la guerra -a que se alude en ciertos diálogos claves a través de los exabruptos del boticario supremacista- empiezan a anegar todas las buenas intenciones de Don Fabijan. 
Así, la comedia costumbrista del inicio va adquiriendo tintes amargos, en la medida en la que vemos cómo las acciones del ingenuo cura terminan mostrando el grosero poder económico de la iglesia, el pacto de silencio que la une y la perversidad que pasa de boca a boca, de confesión a confesión, por los siglos de los siglos y amén.