martes, 24 de mayo de 2016

Ariel 2016: preferencias



El próximo sábado se entrega el Ariel 2016 y acá está la lista no de mis predicciones -porque no tengo idea cómo van a votar los miembros de la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas-, pero sí de mis preferencias, en casi todas las categorías -menos una: nomás vi un solo corto animado, la ingeniosa Los ases del corral- y como sigue:

Actor: Krystian Ferrer, por 600 millas.

Actriz: Sofía Espinosa, por Gloria (o Verónica Langer, por Hilda).

Coactuación femenina: Adriana Paz, por Hilda.

Coactuación masculina: Noé Hernández, por 600 Millas.

Cortometraje documental: Muchacho en la barra se masturba con rabia y osadía, de Julián Hernández.

Cortometraje de ficción: 24°51' Latitud norte, de Carlos Lenin.

Dirección: Gabriel Ripstein, por 600 millas.

Edición: Adriana Martínez y Patricia Rommel, por Gloria.

Efectos especiales: Alejandro Vázquez por Mexican Gangster. La leyenda del charro misterioso.

Efectos visuales: Raúl Prado, Edgar Piña y Juan Carlos Lepe, por Gloria.

Fotografía: Martín Boege, por Gloria (o Carolina Costa, por Las elegidas).

Guión adaptado: Andrés Clariond Rangel, por Hilda.

Guión original: Gabriel Ripstein e Issa López, por 600 millas.

Largometraje de animación: El americano. The Movie, de Ricardo Arnaiz y Mike Kunkel.

Largometraje documental: Los reyes del pueblo que no existe, de Betzabé García.

Maquillaje: David Gameros, por Gloria.

Música: Jacobo Lieberman, por El hombre que vio demasiado.

Opera prima: Hilda, de Andrés Clariond Rangel.

Película iberoamericana: El lobo detrás de la puerta, de Fernando Coimbra, de Brasil.

Revelación femenina: Nancy Talamantes, por Las elegidas.

Revelación masculina: Martín Castro, por El Jeremías.

Sonido: Alejandro de Icaza y Federico González Jordán, por 600 millas.

Vestuario: Gilda Navarro, por Gloria.

Película: 600 millas, de Gabriel Ripstein. 

lunes, 23 de mayo de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXXI






La bruja (The VVitch: a New England Folktale, EU-GB-Canadá-Brasil, 2015), de Robert Eggers. La opera prima de Eggers con la que el cineasta ganó el premio a mejor director en Sundance 2015 finalmente ha llegado a México -el mismo fin de semana cuando ya se podía comprar en BD original, eso sí. Más vale tarde que nunca. Mi crítica, in extenso, por acá. (***)

La conspiración del silencio (Im Labyrinth des Schweigens, Alemania, 2014), de Giulio Ricciarelli. Un tema interesante -el primer juicio efectuado en Alemania a los criminales de guerra nazis, realizado de 1963 a 1965 en Frankfurt- termina diluido por una realización apenas correcta. De cualquier manera, el filme es indudablemente valioso, aunque sea porque descubre un hecho histórico desconocido para el gran público. Mi crítica, en el suplemento Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (* 1/2)

viernes, 20 de mayo de 2016

La Bruja



¿Quién es La bruja (The VVitch: a New England Folktale, EU-GB-Canadá-Brasil, 2015) del título? A bote pronto, se trata de una anciana horrenda y deforme que, en las primeras escenas, vemos robar a un precioso bebé para luego hacer con él algo que no describiré aquí. Sin embargo, la bruja de la opera prima de Robert Eggers no es exactamente esa. En todo caso, no será la bruja principal, tal como Vito Corleone no era, en realidad, el protagonista de El padrino (Coppola, 1972).
Estamos en Nueva Inglaterra, pocos años después de que los primeros peregrinos llegaron a esa tierra, a inicios del siglo XVII. El tozudo puritano William (Ralph Ineson), su enjuta mujer Katherine (Kate Dicke, de Game of Thrones) y sus cinco hijos -la adolescente Thomasina (Anya Taylor-Joy), el serio infante Caleb (Harvey Crimshaw), el par de ingobernables cuates Jonas y Mercy (Lucas Dawson y Ellie Grainger) y un bebé llamado Sam-  son expulsados de la colonia por alguna razón que desconocemos, aunque uno puede suponer que se debe al orgullo irrefrenable de William, que no puede aceptar opiniones religiosas distintas a las suyas.
El hombre instala su granja cerca de un impenetrable bosque, pero todos sus esfuerzos resultarán en vano: el maíz que siembra no crece lo suficiente, las trampas que coloca no atrapan a ningún conejo y una innombrable maldición parece haber caído sobre él y toda su familia. Cierto día que Thomasin se encuentra jugando con Sam, el bebé desaparece frente a ella, literalmente, en un parpadeo. William les dice a todos que un lobo se robó al bebé pero nosotros sabemos -y los niños también- que eso no es así. 
Eggers nos muestra objetivamente quién se llevó a Sam y que las brujas -o, vaya, esa bruja por lo menos- sí existen. Pero también existen la culpa -Thomasin confiesa ante Dios sus faltas-, el miedo y el deseo por el pecado -Caleb espía el cuerpo en desarrollo de su hermana mayor-, la maldad pura alojada en la más tierna infancia -los insoportables Jonas y Mercy que dicen hablar con "el negro Phillip", el macho cabrío de la granja-, los secretos que el marido le oculta a la mujer -él vendió una copa de plata que era de ella-, los reproches que la mujer le espeta al marido -él no es capaz de cuidar y mantener a la familia como es su obligación- y hasta las tensiones ¿naturales? entre madre e hija -Katherine quiere deshacerse de Thomasina porque ya está crecidita... Es decir, claro que existe la maldad y no solamente está escondida en ese tupido bosque, sino también acecha en esa oscura y fría cabaña en donde sobrevive esa familia.
El tema de la brujería ha servido, en el terreno narrativo, para la alegoría social -los célebres juicios de Salem ocurrieron a fines del siglo XVII y siguen siendo hasta el día de hoy ejemplo de la histeria colectiva convertida en, literalmente, cacería de brujas- y como pretexto para explorar la opresión/liberación de las mujeres de esa época, acusadas muy oportunamente de tener pacto con el diablo si mostraban algún viso de independencia o si presentaban algún otro deseo que no fuera servir a los hombres a su alrededor. El guion de La bruja -escrito por el propio cineasta debutante- no se desentiende por completo de estas posibles lecturas alegóricas, pero termina presentándonos una historia alejada de cualquier racionalismo contemporáneo. Lo que vemos en la película es lo que es... y algo más. 
Eggers ha creado un notable filme cuyo universo visual no solo aparece como profundamente verosímil -su experiencia como diseñador de arte, de producción y de vestuario se nota- sino que, además, dirige por nota a su reducido reparto, en especial a la adolescente Taylor-Joy y al infante Crimshaw, quienes tienen sendos momentos de lucimiento personal que están entre los mejores momentos de la cinta. La música de cuerdas de Mark Korven, basada en el constante "abuso de un cello" -según palabras del compositor- y acompañada por unos ominosos coros de gemidos, apuntalan una atmósfera de tensión constante que no se liberará hasta ese inolvidable final, acaso feliz, digno de Don Francisco de Goya y Lucientes. 

martes, 17 de mayo de 2016

Ariel 2016... en un vistazo



Hace unas semanas se dieron a conocer las cintas nominadas al premio Ariel que otorga cada año la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas a lo mejor del cine mexicano -e iberoamericano- en cada una de las 26 categorías. 
Como de costumbre, acá está la lista, en orden de preferencia, de todas las cintas que he visto hasta el momento, con algunas ligas a críticas o comentarios. ¿Qué significan las estrellitas/crucecitas? Aquí, a la derecha.


El lobo detrás de la puerta (O lobo atrás da porta, Brasil, 2013), de Fernando Coimbra. Escribí por acá de ella. (***)

El club (Chile, 2015), de Pablo Larraín. Mi crítica por acá. (***)

El clan (Argentina-España, 2015), de Pablo Trapero. (***)

24°51' Latitud norte (México, 2015; 27 minutos), de Carlos Lenin. (***)

Hilda (México, 2014), de Andrés Clariond. Mi crítica en Reforma. (** 1/2)

Los reyes del pueblo que no existe (México, 2015), de Betzabé García. (** 1/2)

600 millas (México-EU, 2015), de Gabriel Ripstein. Mi crítica, en Reforma. (** 1/2)

El hombre que vio demasiado (México, 2015), de Trisha Ziff. Escribí de ella por acá. (** 1/2)

Las elegidas (México-Francia, 2015), de David Pablos. Mi crítica en Reforma. (** 1/2)

Los ases del corral (México, 2015; 10 minutos), de Irving Sevilla. (** 1/2)

Trémulo (México, 2015; 20 minutos), de Roberto Fiesco. (** 1/2).

Ausencias (México-El Salvador, 2015; 28 minutos), de Tatiana Huezo. (** 1/2)

Muchacho en la barra se masturba con rabia y osadía (México, 2015; 22 minutos), de Julián Hernández. (** 1/2) 

Gloria (México, 2014), de Christian Keller.  Mi crítica, en Reforma. (**)

El abrazo de la serpiente (Colombia-Argentina-Venezuela, 2015), de Ciro Guerra. Escribí de ella acá. (**)

Un monstruo de mil cabezas (México, 2015), de Rodrigo Plá. Unas líneas, acá. (**)

El Paso (México, 2015), de Everardo González. (**)

Tiempo suspendido (México, 2015), de Natalia Bruchstein. Escribí unas líneas aquí(**)

Te prometo anarquía (México-Alemania, 2015), de Julio Hernández Cordón. Escribí por acá de ella. (**)

Una sonrisa a la vida (Truman, España-Argentina, 2015), de Cesc Gay. Acabo de escribir unas líneas por acá(**)

El buzo (México, 2015; 16 minutos), de Esteban Arrangoiz. (**)

3 variaciones de Ofelia (México, 2015; 15 minutos), de Paulo César Riquer. (**)

Dólares de arena (México-República Dominicana-Argentina), de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán. Mi comentario acá. (* 3/4) 

El Jeremías (México, 2015), de Anwar Safa. Mi crítica, acá. (* 1/2)

Sopladora de Hojas (México, 2015), de Alejandro Iglesias Mendizábal. Escribí unas líneas por acá. (* 1/2)

La delgada línea amarilla (México, 2015), de Celso García. (* 1/2).

La teta de Botero (México, 2014; 16 minutos), de Humberto Bustos. (* 1/2)

Made in Bangkok (México-Alemania, 2015), de Flavio Florencio. (* 1/2) 

Malva (México, 2015; 31 minutos), de Lucero Sánchez Novaro. (* 1/2)

Tobías (México, 2015; 44 minutos), de Francisca D'Acosta. (* 1/2)

Esclava (México, 2014; 13 minutos), de Amat Escalante. (*)

La increíble historia del niño de piedra (México, 2015), de Pablo Aldrete, Miguel Bonilla, Jaime Romandía y Miguel Ángel Uriegas. Mi crítica, en Reforma. (*)

Ella es Ramona (México, 2015), de Hugo Rodríguez. Unas líneas, por acá. (*)

Tiempos felices (México, 2014), de Luis Javer Henaine. (*)

El americano: The movie (México-EU, 2016), de Ricardo Arnaiz, Mike Kunkel y Raúl García. Mi comentario, acá. (*)

Conejo en la luna (México, 2013; 4 minutos), de Melissa Ballesteros. (*)

Mexican gangster: La leyenda del charro misterioso, de José Manuel Cravioto. (-)

Familia gang (México, 2014), de Armando Casas. Escribí de ella acá. (+)

Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando (México, 2014), de Manolo Caro. Mi comentario, acá. (+)

Yo (México-Suiza-Canadá-República Dominicana-Holanda, 2015), de Matías Meyer. Escribí de ella por acá. (+)

El placer es mío (México, 2015), de Elisa Miller. Unas líneas, acá. (+)

Alicia en el país de María (México, 2014), de Jesús Magaña Vázquez. De lo peor que vi el año pasado. Escribí de ella acá. (++)

lunes, 16 de mayo de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXX




El rascacielos (High-Rise, GB-Irlanda-Bélgica, 2015), de Ben Wheatley. Da grima que la primera cinta estrenada en forma en México de Ben Wheatley sea tan fallida. Para los que no conocen su obra anterior: espero que el desastre que es El rascacielos no los haga desistir de ver sus primeros tres filmes, especialmente Kill List (2011) y Excursionistas (2013). Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (-)

Me quedo contigo (México, 2014), de Artemio Narro. La opera prima del artista plástico Narro es una provocación que golpea en plena línea de flotación de la cultura cinematográfica nacional. O en la cultura nacional a secas. Mi crítica in extenso por acá. (** 1/2)

¿Qué culpa tiene el niño? (México, 2016), de Gustavo Loza. Al momento de escribir estas líneas se confirma que el quinto largometraje de Loza, protagonizado y producido por Karla Souza, es un trancazo taquillero. Mi crítica in extenso por acá. (+)

domingo, 15 de mayo de 2016

¿Qué culpa tiene el niño?



Desde que apareció en la red el tráiler de ¿Qué culpa tiene el niño? (México, 2016), a fines de 2015, el atractivo avance prometía una suerte de remake del clásico de la comedia nacional El Inocente (González, 1955), con Karla Souza suplantando –brincos diera- a la extraordinaria Silvia Pinal de la cinta original.
Por desgracia, todo se quedó en promesa. El quinto largometraje de Gustavo Loza (Atlético San Pancho/2001, Al otro lado/2004, Paradas continuas/2009) no solo se queda años luz de la película protagonizada por Pedro Infante y la Pinal sino que, incluso, es menos lograda que la exitosísima Nosotros los Nobles (Alazraki, 2013), cinta con la que inevitablemente demanda ser comparada, no solo por la presencia de Karla Souza sino por la apuesta del rescate de las viejas fórmulas del cine nacional de la época de oro.
La premisa es similar a la de la cinta dirigida por Rogelio A. González: después de embriagarse por despecho en la boda de una amiga, la ricachona hija de diputado gritón (Jesús en su gustado papel de Ochoa), la postgraduada ejecutiva Maru (Souza, productora también del filme) termina encamándose con un tal Renato “la rana” (el debutante en cine Ricardo Abarca), un bueno-para-nada y “jodido” de 21 años que no ha terminado la prepa ni tiene trabajo. Como el señor diputado Ochoa está en campaña para el senado, obliga a su hija a casarse con el pobretón de marras y ya sabrá lo que sigue usted: la fórmula de la remarriage-comedy de origen hollywoodense de principio a fin. Es decir, lo que en un inicio es un matrimonio a fuerzas, se convertirá en amor puro y desinteresado, en más de un sentido.
Voy a desentenderme de los aspectos formales, que son los menos interesantes –la edición interruptus de Camilo Abadía que corta las escenas antes de que el gag termine de funcionar o después que se cebó, el apenas funcional manejo del espacio de parte del cinefotógrafo Carlos Hidalgo que después de la toma aérea de Maru parada en el balcón del hotel no tiene nada más que mostrar-, para concentrarme en la historia escrita por el propio director Loza y en su ideología. (Ah, va un spoiler fundamental, así que sobre aviso no hay engaño).
Al final de cuentas, cuando Maru ha medio doblado las manitas y ha aceptado a Renato como lo que es –un pobre pero honrado que le está echando ganas: quiere terminar la prepa, consigue trabajo como repartidor de pizzas-, finalmente la muchacha pare al chamaquito, al tan anhelado “ranita".
Para sorpresa de todos, los rasgos del recién nacido dejan claro que su papá no es Renato, sino un honorable miembro del país del Sol naciente. A través de los flash-back espásticos de rigor, el misterio queda resuelto: Maru se encamó en realidad con algún oriental solovino y Renato, pobre pero noble como es (ya ni Pedrito, me cae), de todas formas acepta ser el papá del japonesito.
Esta vuelta de tuerca podría haber servido para un agudo comentario socarrón sobre la dizque santidad de la familia mexicana –al estilo de la inalcanzable Matrimonio a la italiana (De Sica, 1964)-, pero cualquier tentación subversiva de ¿Qué culpa termina el niño? termina ahogada por una lamentable complacencia cómico-dramática. 
Las screwball-comedies y su variante ya mencionada, la remarriage-comedy, nacieron en Hollywood para mostrar una versión real –o deseada- de la guerra de los sexos, en la que la mujer ocupaba un papel central. Las mujeres en este tipo de cintas tomaban decisiones, eran fuertes y decididas, no se dejaban mangonear por los hombres que las rodeaban y, al final de cuentas, terminaban convertidas en auténticas parejas de sus enamorados. En sus iguales, pues.
En contraste, en ¿Qué culpa tiene el niño? el guion de Loza termina traicionando a Maru, a esa reventada mujer independiente, trabajadora y con postgrado. Al final de cuentas, resultará que ella no es la protagonista de la película, sino el noble jovencito machín Renato. Él será pobre, pero es honrado, sincero y no le importa darle su nombre a un hijo que claramente no es suyo. ¡Esos son hombres, carajo! ¡Qué harían las mujeres sin nosotros!

lunes, 9 de mayo de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXIX



El club (Chile, 2015), de Pablo Larrain. La cinta más reciente de Pablo Larrain finalmente se ha estrenado en México, por lo menos en el circuito cultural de la Chilangópolis. Ojalá pronto esté disponible en servicio streaming para el resto del país. Mi crítica in extenso, por acá. (***)

La primera sonrisa (México, 2014), de Guadalupe Sánchez Sosa. Naolí Vinaver, partera  mexicana, reúne a otras mujeres que comparten su ancestral oficio en un "Taller internacional de parteras". Este documental -que cuenta con espléndidas animaciones, por cierto- sigue la labor de este grupo de mujeres en una sociedad que cada vez más privilegia la cesárea sobre el parto normal. (*)

Amor mío (Mon Roi, Francia, 2015), de Maïwenn. Una mujer (Emmanuelle Bercot) es conquistada por un ojete (Vincent Cassel) y el tipo en cuestión le hace la vida de cuadritos a la citada fémina durante una década. Pero no se preocupe: la mujer en cuestión quiere que la maltrate más. Inevitablemente repetitiva. Por cierto, Bercot ganó el premio a Mejor Actriz por este papel en Cannes 2015, exaqueo con Rooney Mara por Carol (Haynes, 2015). Cosas de jurados. (* 1/2)