martes, 21 de febrero de 2017

Oscar 2017... en un vistazo




El mes pasado se dieron a conocer las nominaciones al Oscar 2017 y, como de costumbre, aquí está la lista de lo que he visto, en orden de preferencia y con ligas a críticas, cuando hay disponibles. ¿Qué significan las estrellitas o las crucecitas? A la derecha está la explicación.


La La Land: una historia de amor (La La Land, EU, 2016), de Damian Chazelle: *** 1/2

Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, EU-Australia, 2016), de Mel Gibson: *** 1/4

La llegada (Arrival, EU, 2016), de Denis Villeneuve: *** 1/4

Enemigo de todos (Hell or High Water, EU, 2016), de David Mackenzie: *** 1/4

¡Salve, César! (Hail, Caesar, EU, 2016), de Joel y Ethan Coen: ***

Silencio (Silence, EU-Taiwán-México, 2016), de Martin Scorsese: ***

Manchester junto al mar (Manchester by the Sea, EU, 2016), de Kenneth Lonnergan. Mi crítica en Reforma: ***

Luz de luna (Moonlight, EU, 2016), de Barry Jenkins. Mi crítica publicada en Reforma: ***

Kubo y la búsqueda samurái (Kubo and the Two String, EU, 2016), de Travis Knight: ***

Elle, abuso y seducción (Elle, Francia-Alemania-Bélgica, 2016), de Paul Verhoeven: ***

O. J.: Made in America (EU, 2016), de Ezra Edelman: ***

Animales nocturnos (Nocturnal Animals, EU, 2016), de Tom Ford. Mi crítica publicada en Reforma: ***

El libro de la selva (The Jungle Book, EU, 2016), de Jon Favreau: ***

Pearl (EU, 2016, duración: 6 minutos), de Patrick Osborne: ***

Timecode (España, 2016; duración: 15 minutos), de Juanjo Giménez Peña: ***

Sully: Hazaña en el Hudson (Sully, EU, 2016), de Clint Eastwood. Mi crítica publicada en Reforma: ** 1/2

La langosta (The Lobster, GB-Irlanda-Grecia-Francia-Holanda, 2015), de Yorgo Lanthimos: ** 1/2

La tortue rouge (Japón-Francia-Bélgica, 2016), de Michael Dudok de Wit: ** 1/2

Zootopia (Ídem, EU, 2016), de Byron Howard, Rich Moore y Jared Bush: ** 1/2

Star Trek: sin límites (Star Trek Beyond, EU, 2016), de Justin Lin: ** 1/2

Los cascos blancos (The White Helmets, GB, 2016; 40 minutos), de Orlando von Einsiedel: ** 1/2

Pear Cider and Cigarettes (Canadá, GB, 2016; 35 minutos), de Robert Valley: ** 1/2

Mindenki (Hungría, 2015; duración: 25 minutos), de Kristóf Déak: ** 1/2

Fuego en el mar (Fuocoammare, Italia-Francia, 2016), de Gianfranco Rosi. Mi crítica publicada en Reforma: **

Under sandet (Dinamarca-Alemania, 2015), de Martin Zandvliet: **

El cliente (Forushande, Irán-Francia, 2016), de Asghar Farhadi: **

Enmienda XIII (13th, EU, 2016), de Ava Duvernay: **

20th Century Women (EU, 2016), de Mike Mills: **

El matrimonio Loving (Loving, EU-GB, 2016), de Jeff Nichols: **

Tanna (Australia-Vanuatu, 2015), de Martin Butler y Bentley Dean: **

Fences (EU, 2016), de Denzel Washington: **

Horizonte profundo (Deepwater Horizon, EU-Hong Kong, 2016), de Peter Berg: **

Doctor Strange: Hechicero supremo (Doctor Strange, EU, 2016), de Scott Derrickson: **

Jackie (EU-Francia-Chile, 2016), de Pablo Larraín: **

Life, Animated (EU, 2016), de Roger Ross Williams: **

Rogue One: una historia de Star Wars (Rogue One, EU, 2016), de Gareth Edwards: **

Blind Vaysha (Canadá, 2016; duración: 8 minutos): **

4.1 Miles (EU, 2016; duración: 26 minutos), de Daphne Matziaraki: **

Extremis (Ídem, EU, 2016; duración: 24 minutos), de Dan Krauss: **

Toni Erdmann (Alemania-Austria-Rumania, 2016), de Maren Ade: * 3/4

Moana, un mar de aventuras (Moana, EU, 2016), de Ron Clements, John Hall, John Musker y Chris Williams: * 1/2

Florence, la mejor peor de todas (Florence Foster Jenkins, GB, 2016), de Stephen Frears. Mi crítica publicada en Reforma: * 1/2

Talentos ocultos (Hidden figures, EU, 2016), de Theodore Melfi: * 1/2

Capitán fantástico (Captain Fantastic, EU, 2016), de Matt Ross: * 1/2

Un hombre gruñón (En man som heter Ove, Suecia, 2015), de Hannes Holm: * 1/2

Piper (EU, 2016; duración: 6 minutos), de Alan Barillaro: * 1/2

Ennemis intérieurs (Francia, 2016; 28 minutos), de Selim Azzazi: * 1/2

La femme et le TGV (Suiza, 2016, 30 minutos), de Timo von Gunten: *1/2

Joe's Violin (EU, 2016; duración: 24 minutos), de Kahane Cooperman: * 1/2

Un camino a casa (Lion, EU-Australia-GB, 2016),  de Garth Davis: *

Borrowed Time (EU, 2015; 7 minutos), de Andrew Coats y Lou Hamou-Lhadj: *

Silent Nights (Dinamarca, 2015; 30 minutos), de Aske Bang: +

lunes, 20 de febrero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXX



Manchester junto al mar (Manchester by the Sea, EU, 2016), de Kenneth Lonergan. El tercer largometraje de Lonergan puede provocar las mayores carcajadas para luego golpear al espectador más desprevenido con una fuerza dramática apabullante. Acaso la cinta más redonda hasta el momento de Lonergan. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (***)

Un camino a casa (Lion, EU-Australia-GB, 2016), de Garth Davis. Un chantajista melodrama de Hallmark Entertainment elevado por la producción de The Weinstein Company y por un reparto bastante lucidor. 
La historia no podría haber sido más elemental: un empobrecido niño indio llamado Saroo (notable Sunny Pawar) termina por accidente subiéndose a un tren que lo lleva muy lejos de su hogar, por lo que termina viviendo en la calle hasta que es llevado a un orfanato. Ahí es adoptado por una amable pareja australiana (Nicole Kidman y David Wenham) que lo lleva a vivir al quinto continente. Veinticinco años después, Saroo (Dev Patel) sufre una crisis de identidad y empieza a buscar a su verdadera familia. Lo bueno es que existe Google Earth, que si no... 
Que esta cinta haya sido nominada a Mejor Película en el Oscar 2017 y no los filmes de, digamos, los Coen, Scorsese o Allen (¡o La Bruja, caray!) sería un escándalo si no recordáramos el famoso apotegma robado de Chinatown: "Forget it, Jake. It's the Oscar". (*)

Fragmentado (Split, EU, 2016), de M. Night Shyamalan. No veía una cinta de Shyamalan desde hace casi una década: la fallida El fin de los tiempos (2008). Así debí haberme quedado.
Estamos en alguna ciudad estadounidense, ¿en Filadelfia?, cuando tres adolescentes son secuestradas por un siniestro tipo que las encierra, por supuesto, en algo que parece un sótano. Una de ellas, Casey (Anya Taylor-Joy, la inolvidable jovencita de La bruja/Eggers/2015), es claramente la protagonista, la que enfrentará (¿para terminar salvándose?) al monstruo encarnado por un esforzado James McAvoy.
Pero, ¿quién es el villano? Más bien, ¿quiénes son? Sucede que el tipo de marras sufre de Trastorno de Identidad Disociativa -antes conocido como Trastorno de Personalidad Múltiple-, lo que significa que es habitado por 23 personalidades, que van desde un fanático de la moda hasta un obsesivo compulsivo de la limpieza pasando por un niño de nueve años o una doñita con acento inglés. Aparentemente, el hombre se llama Kevin, pero cada una de sus 23 personalidades no solo tiene nombre propio, sino un carácter específico y -he aquí la propuesta del Shyamalan guionista- hasta una química sanguínea individual. Es decir, siguiendo la discutida tesis de su psiquiatra personal (Betty Buckley), Kevin no solo cambia de acento o de personalidad en cada una de sus 23 encarnaciones sino, incluso, de enfermedades -una de sus identidades es diabética, por lo que tiene que inyectarse insulina- y hasta de fuerza corporal -cuando es niño, puede ser echado a un lado de un empujón, no así cuando es Dennis, el obsesivo compulsivo que además le gusta ver a muchachas bailar en paños menores.
La realidad es que McAvoy hace un trabajo loable para mantener a flote la película, especialmente cuando Kevin -o "la horda", como es llamado el grupo de personalidades que viven en él- tiene a las tres muchachas encerradas y ellas tratan, infructuosamente, de escapar. La funcional cámara de Mike Gioulakis mantiene el encuadre cerrado -close-ups, planos medios- para transmitir la sensación de claustrofobia pero, en el camino, también logra que el filme se vuelva monótono estéticamente hablando.
El final es un poco mejor -los flash-backs en los que vemos la infancia de Casey finalmente tienen algún sentido, especialmente en la última escena en la que aparece Miss Taylor-Joy-, y una última vuelta de tuerca de raigambre marveliana señala que esta película bien podría conectarse en el futuro con la obra maestra de Shyamalan El protegido (2000). Se trata de un guiño que demuestra la franca desesperación del cineasta: con tal de provocar emoción, es capaz de recordarnos que alguna vez hizo buen cine. Y sí, pero fue hace mucho tiempo. (-)

lunes, 13 de febrero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXIX




Magallanes (Perú-Argentina-Colombia-España, 2015), de Salvador del Solar. Un taxista (Damián Alcázar) -que, además, es chófer/asistente de un anciano militar (Federico Luppi)- toma una pasajera (Magaly Solier) que le hace recordar su pasada vida en la milicia. Un drama social muy convencional elevado por las actuaciones de Alcázar y, especialmente, de Magaly Solier. (**)

Todos queremos a alguien (México, 2016), de Catalina Aguilar Mastretta. El segundo largometraje de Aguilar Mastretta es una comedia romántica bastante convencional que destaca por sus magníficos diálogos -evidente marca de fábrica de Aguilar Mastretta si uno recuerda su opera prima Las horas contigo (2014)- y su competente manejo del reparto. Karla Souza vuelve a demostrar su impecable vis cómica. Ojalá el cine comercial -y taquillero- mexicano presumiera estas cualidades. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma. (* 1/2)

Elle, abuso y seducción (Elle, Francia-Alemania-Bélgica, 2016), de Paul Verhoeven. Una poderosa ejecutiva (Isabelle Huppert) es atacada y violada en su propia casa por un misterioso enmascarado. Lo que parece al inicio un thriller se transforma en un provocador retrato de un personaje tan fascinante como repelente: la ella del titulo, una mujer que puede ser todo, menos una víctima. Escribí de ella por acá (***)

Enemigo de todos (Hell or High Water, EU, 2016), de David Mackenzie. Un western contemporáneo que, cumpliendo las reglas básicas del género, invita a una lectura social que resultó profética. El oeste gringo del siglo XXI retratado en este filme es el caldo de cultivo perfecto para la frustración y el resentimiento que eligieron a Donald Trump. Jeff Bridges, en el papel del correoso y verboso sheriff, debería ganar otro Oscar. Por desgracia, no ganará. Espero escribir de esta obra mayor in extenso en los próximos días. (*** 1/4)

domingo, 12 de febrero de 2017

Elle, abuso y seducción




Elle, abuso y seducción (Elle, Francia-Alemania-Bélgica, 2016), décimo-quinto largometraje del veterano cineasta holandés internacionalizado e incansable provocador Paul Verhoeven (obras mayores Conquista sangrienta/1985, El vengador del futuro/1990, Bajos instintos/1992, Invasión/1997, La lista negra/2006) inicia bruscamente, con una escena in media res
Sin conocer todavía a ningún personaje, salimos de la pantalla en negros para ver cómo un hombre enmascarado entra a la elegante mansión de una mujer madura para violarla y atacarla violentamente ante la mirada impasible de un gato negro, la "inútil" mascota de ella. Cuando el violador se va, dejándola a ella golpeada y tundida en el suelo, Michèle (Isabelle Huppert, nominada al Oscar 2017 y al César 2017) se levanta, alza el cochinero, se da un baño... y continúa con su vida, sin presentar ninguna denuncia. Y qué vida, por cierto.
La mujer es la directora de una compañía de videojuegos que no tiene empacho en exigirle a sus empleados más sexo y violencia en sus propuestas, tiene de amante al marido (Christian Berkel) de su socia y mejor amiga (Anne Consigny), le soba el pie debajo de la mesa a su atractivo vecino financiero (Laurent Lafitte), le reprocha a su anciana madre decadente (Judith Magre) su constante ridículo al mantener una relación con un atlético y joven gigoló, y regaña a su hijo cero-a-la-izquierda (Jonas Bloquet) por haberse casado con una muchachita exigente y manipuladora (Alice Isaaz)... De hecho, lo más amable que se le ocurre a Michèle es, por ejemplo, chocarle el carro nomás porque sí a su buenazo exmarido (Charles Berling).
La realidad es que Ella, Michèle, tiene control de todo lo que la rodea y de todos quienes le rodean. El ataque y la violación -y los episodios que seguirán, porque el misterioso enmascarado la seguirá amenazando vía mensajes de texto y luego cumplirá esas amenazas- es un contratiempo, sin duda, pero no tanto como para interrumpir sus rutinas. De alguna manera, ese ataque provoca que la mujer destile con mayor fuerza sus rasgos de personalidad: su afán de control, su amoralidad desafiante, su lúcida crueldad.
Aunque Elle inicia como una suerte de thriller, el género es un mero excipiente para Verhoeven. Como en la obra cumbre hitchockiana De entre los muertos (1958), lo que menos importa aquí es el whodunit. De hecho, mucho antes de que termine la película sabemos la identidad del atacante. En realidad, lo que le interesa al cineasta -trabajando aquí con un guion de David Birke basado en una novela de Philippe Djian- es centrarse en la personalidad de su protagonista, esta mujer segura de sí misma que nunca se ve como víctima, no en las constantes violaciones que sufre, no en el universo laboral en el que ella da las órdenes, no en su complicada vida cotidiana, no en sus traumáticos recuerdos infantiles (pero, ¿qué tan traumáticos serán de verdad?).
La Michèle de Madame Huppert es un personaje fascinante y repelente en partes iguales, pero no es la única de la cinta. Si uno analiza al resto de los personajes -empezando por el enfermizo violador serial y siguiendo con todos los demás-, veremos que las demás criaturas verhovianas comparten infinidad de patologías: se engañan a sí mismos o engañan a otros, permanecen en relaciones enfermizas, transitan con máscaras que esconden lo que realmente son. Una de las escenas finales lo dice todo: incluso el más puro de los personajes, cierta vecina católica, bienintencionada y santurrona, se descubrirá que sabía más de lo que todo mundo imaginaba. En el cine de Verhoeven nadie es inocente. Ni los espectadores, por supuesto. 

lunes, 6 de febrero de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXVIII




Nostalgia de luz (Chile-Francia-Alemania, 2010), de Patricio Guzmán. Vista en Guadalajara 2011 -una de las mejores películas que vi ese año, como puede verse en esta lista-, Nostalgia de la luz se ha estrenado finalmente en México, pero de manera limitadísima, es decir, en la Cineteca Nacional y salas afines.
Guzmán inicia su filme al estilo de la maestra Agnès Varda: el documental como una suerte de diario personal que, en la medida que avanza, se convierte en otra cosa. En este caso, en una reflexión sobre la ciencia, el origen del universo, el presente y el pasado, la arqueología, la historia, la dictadura, los desaparecidos... 
Sucede que Guzmán, aficionado a la astronomía desde un infante, ha viajado al inmenso desierto chileno de Atacama, en el que un puñado de astrónomos tratan de descifrar los misterios del universo. Sin embargo, ahí mismo, en ese enorme y seco desierto, hay unas mujeres tratado de descifrar otros secretos: dónde están los cuerpos de sus familiares que estuvieron prisioneros en un campo de concentración en ese sitio y que, después, fueron asesinados y enterrados en ese mismo desierto inabarcable.
Pocas veces un documental ofrece un grupo de cabezas parlantes tan fascinante. Pocas veces, también, se encuentra alguien como Patricio Guzmán haciendo preguntas, matizando respuestas, dirigiendo la conversación. (*** 1/2)

La La Land: una historia de amor (La La Land, EU, 2016), de Damian Chazelle. El segundo -y ahora resulta que polémico- segundo largometraje de Chazelle es un encantador y complejo homenaje al cine musical hollywoodense/francés clásico. Mi crítica in extenso por acá. (*** 1/2)

Talentos ocultos (Hidden Figures, EU, 2016), de Theodore Melfi. La historia real de un grupo de empleadas afroamericanas trabajando para la NASA a fines de los años 50 en el segregacionista estado de Virginia merecía una mejor película. En todo caso, mucho más compleja. El hecho de que la cinta haya tenido tanto éxito en USA -en nominaciones, premios y taquilla- se debe a que estamos ante un filme que busca más "inspirar" que confrontar. Eso sí, Kevin Costner se roba la película en cada escena en la que aparece. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (* 1/2)

viernes, 3 de febrero de 2017

La La Land: una historia de amor




Vista en Morelia 2016, cuando ya se hablaba de la posibilidad de que sería una de las cintas oscareables unos meses después, especialmente por el premio a Mejor Actriz a Emma Stone en Venecia 2016, La la land: una historia de amor (La la land, EU, 2016), ha merecido su estreno (dizque) nacional después de un par de semanas de pre-estreno en la Ciudad de México y otros lugares. 
Estamos en Los Ángeles, en un freeway, en un horrendo embotellamiento. No importa: aun en esas condiciones, los angelinos quieren vivir, soñar, ser felices, como lo demuestran al empezar a cantar y bailar entre los automóviles, siempre seguidos por la cámara de Linus Sandgren en un ¿hechizo? pero soberbio plano-secuencia ("Another Day of Sun"). 
Después de este primer número -un auténtico show stopper que, además, ¡es el primero de la película!-, el director Damien Chazelle (temprana obra mayor Whiplash: Música y obsesión/2014) nos presenta la historia del amor del subtítulo en español entre la aspirante a actriz Mia (prodigiosa Emma Stone, ganadora del premio a Mejor Actriz también entre el Sindicato de Actores gringos) y el fracasado jazzista Sebastian (Ryan Gosling). 
Ella sufre en cada audición en la que fracasa, por más que sus amigas le tratan de elevarle el ánimo invitándola a salir ("Someone in the Crowd"), mientras que él vive por su propio sueño de tener un bar en el que se toque un jazz verdadero, un jazz puro, música de verdad ("City of Stars"). Por supuesto, de acuerdo con los cánones de la comedia romántica, Mia y Sebastian se conocerán, se caerán mal, chocarán en más de una ocasión pero, qué remedio, terminarán enamorándose ("A Lovely Night").
Chazelle se ha apoderado no solo de la estructura y los tics del musical clásico -la cinta descansa, básicamente, en dos de las fuentes más venerables del género a los dos lados del Atlántico, Cantando bajo la lluvia (Donen y Kelly, 1952) y Los paraguas de Cheburgo (Demy, 1964)- sino, también, de su vitalidad e inventiva visual y formal. Por un lado, estamos ante una película energética que no deja descansar un momento la vista ni el oído. Cada número está montado con ingenio, gracia y humor. Si bien es cierto que Gosling no es Gene Kelly -brincos diera, pero nadie lo es- y que Miss Stone no es tan buena bailarina como Debbie Reynolds, la verdad es que sí es (¡herejía!) mejor actriz. Si no lo cree, vea el número más sencillo de la película, "Audition (The Fools Who Dream"), con Emma Stone, sola y su alma, cantando, bajo una mancha de luz. Ella nada más, con su voz y su mirada, vuelve a detener la película, sin necesidad de los fuegos artificiales del primer número "Another Day of Sun".
Pero si por un lado tenemos esa energía desbordada, por el otro tenemos una corriente melancólica, subterránea pero implacable, que empieza a correr en paralelo a la alegría que se muestra desde el inicio, en un muy complejo tono narrativo que proviene del mejor cine de Jacques Demy.  
A estas alturas del juego, es más que probable que ya sepa usted en qué sentido va esta historia de amor que presume, por si fuera poco, una secuencia final que resulta tan devastadora como, paradójicamente, esperanzadora. Los sueños se pueden lograr a veces, claro que sí, pero hay que recordar que todo, incluso los sueños más deseados, tienen un costo. Se llama vida. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

El matrimonio Loving



El sureño Jeff Nichols (Little Rock, Arkansas, 1978) se ha convertido en el más importante cronista fílmico del sur americano. En sus cinco largometrajes dirigidos hasta el momento -todos, en mayor o en menor medida, filmes logrados-, Nichols se ha preocupado por mostrar las costumbres, las tensiones, las formas de vida de los habitantes del sur gringo, alejándose tanto de la caricaturización ofensiva como de la condescendencia que, a veces, puede ser incluso más ofensiva.
En sus primeros dos filmes, las notables Shotgun Stories (2007) y Atormentado (2011), Nichols se movió en los escenarios del cine indie de bajo presupuesto, casi minimalista; en sus siguientes dos cintas, El niño y el fugitivo (2013) y Midnight Special (2016), el cineasta se ha movido hacia espacios más cercanos al mainstream, con estrellas reconocidas y mayores presupuestos. Su quinto largometraje, El matrimonio Loving (Loving, EU-GB, 2016), es su filme más convencional en la forma y en el fondo, su primera cinta hecha por encargo -los productores llegaron con él para proponerle la historia- y su primer trabajo "oscareable".
La historia, escrita por el propio cineasta, está ubicada en el Virginia de 1958. El filme inicia cuando Mildred (la nominada al Oscar Ruth Negga) le informa a su novio, el silencioso Richard Loving (Joel Edgerton) que está embarazada. "Bien", es lo único que alcanza a murmurar, sonriente, Richard. El tipo compra un terreno, planea construirle una casa a Mildred y finalmente la feliz pareja se casa... pero lejecitos, en Washington, D.C. 
El "problemita" es que Mildred es negra y Richard es blanco y, por supuesto, en la Virginia segregacionista de los 50's el matrimonio interracial está prohibido so pena de prisión para quien desafíe la ley. Y, claro, como están en un condado pequeñito, no falta quien le avise a la autoridad que por ahí hay una nigger y un redneck que violaron la ley. A mitad de la noche, Richard y Mildred son detenidos, condenados a un año de cárcel pero como su abogado no es tan inepto, logra un arreglo salomónico: condena suspendida con la condición de que los dos no vuelvan a entrar a Virginia, juntos, en 25 años. El chiste es que no den mal ejemplo a los demás con su sola presencia.
La historia está basada en un hecho real -hay por ahí un documental y un telefilme anteriores a esta cinta- y terminó bien: el caso terminó llegando a la Suprema Corte nueve años después gracias a la heroica y siempre bienvenida ACLU (la Unión Americana de Libertades Civiles, que le está dando lata a Trump). Así, en Loving vs. Virginia, la Suprema Corte falló a favor de los Loving -que gran apellido para esta historia- y, de paso, declaró inconstitucional toda prohibición de matrimonio interracial.
La paradoja de la historia -y de la película, de hecho- es que este crucial momento en la historia de Estados Unidos fue protagonizada por una pareja completamente apolítica. Richard es presentado aquí como un hombrón noble y silencioso, que no quiere broncas con nadie. Ruth es una encantadora mujer que lo único que desea es vivir su vida en el pueblo en el que nació. Los Loving no son militantes de nada, no desean cambiar el mundo, no tienen claro por qué alguien se molesta por su amor. Es ella, en su exilio en Washington, y solo porque deseaba criar a sus tres hijos en los campos de Virginia, quien inicia la demanda, vía la ACLU, sin pensar un solo momento en las consecuencias de lo que iba a provocar. No estaba en su sangre la confrontación sino el más simple, puro y cotidiano amor, como la legendaria fotografía de ellos que apareció en la portada de la revista Life. 
La película es, por todo ello, genuinamente conmovedora aunque, dramáticamente hablando, nunca termina de despegar por completo. En gran medida esto se debe, sospecho, a la decisión de Nichols de centrarse en ellos como pareja y rechazar la estructura tradicional del drama liberal de juzgado, como, acaso, demandaba la historia. De hecho, nunca vemos la discusión que se dio en la Suprema Corte de Justicia, los Loving no asisten a ella y la única declaración que los abogados de la ACLU le sacan con tirabuzón a Richard es: "Díganles a los jueces que la amo". Eso nos queda muy claro, Richard. Muy claro.