martes, 9 de febrero de 2016

Oscar 2016... en un vistazo



Hace unos días se dieron a conocer las nominaciones para la entrega del Oscar 2016. Como siempre, he aquí la lista de las cintas nominadas que ya he visto, en orden de preferencia y con las ligas a las críticas respectivas. En cuanto a las calificaciones, de uno a cuatro asteriscos, es positiva; de una a dos cruces, negativa. Por supuesto, esta lista irá creciendo en la medida que voy viendo las películas que aún no he revisado.


Anomalisa (Ídem, EU, 2015), de Duke Johnson y Charlie Kaufman: ****

45 Años (45 Years, GB, 2015), de Andrew Haigh: *** 1/2

Intensa-Mente (Inside Out, EU, 2015), de Pete Docter y Ronnie Del Carmen: *** 1/2

Puente de Espías (Bridge of Spies, EU-Alemania-India, 2015), de Steven Spielberg: *** 1/4

Carol (Ídem, EU-GB, 2015), de Todd Haynes: *** 1/4 (Mi crítica próximamente en el Primera Fila de Reforma).

Shaun el Cordero (Shaun the Sheep Movie, GB-Francia, 2015), de Mark Burton y Richard Starzak: *** 1/4

Revenant: El Renacido (The Revenant, EU, 2015), de Alejandro González Iñárritu: ***1/4

Mad Max: Furia en el Camino (Mad Max: Fury Road, Australia-EU, 2015), de George Miller: ***

La Mirada del Silencio (The Look of Silence, Dinamarca-Indonesia-Finlandia-Noruega-GB-Israel-Francia-EU-Alemania-Holanda, 2015), de Joshua Opphenheimer: ***

El Niño y el Mundo (O Menino e o Mundo, Brasil, 2013), de Alê Abreu: ***

El Recuerdo de Marnie (Omoide no Mâni, Japón, 2014), de Hiromasa Yonebayahi: ***. Escribí unos párrafos por acá en el momento del estreno. 

En Primera Plana (Spotlight, EU, 2015), de Todd McCarthy: ***

Krigen (Dinamarca, 2015), de Tobias Lindholm: ***

Brooklyn (Ídem, Irlanda-GB-Canadá, 2105), de John Crowley: ***

Alles wird gut (Austria-Alemania, 2015; 30 minutos), de Patrick Vollrath: ***

Letras Explícitas (Straight Outta Compton, EU, 2015), de F. Gary Gray: ** 1/2

Ex-Machina (GB, 2015), de Alex Garland: ** 1/2

Mustang (Turquía-Francia-Qatar-Alemania, 2015), de Deniz Gamze Ergüven: ** 1/2

Theeb (Jordania-EAU-Qatar-GB, 2014), de Naki Abu Nowar: ** 1/2

Creed: Corazón de Campeón (Creed, EU, 2015), de Ryan Coogler: ** 1/2

La Gran Apuesta (The Big Short, EU, 2015), de Adam McKay: ** 1/2

Los 8 Más Odiados (The Hateful Eight, EU, 2015), de Quentin Tarantino: ** (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

El Abrazo de la Serpiente (Colombia-Argentina-Venezuela, 2015), de Ciro Guerra: **

007 Spectre (Spectre, GB-EU, 2015), de Sam Mendes: **

Misión Rescate (The Martian, EU-GB, 2015), de Ridley Scott: **

Cenicienta (Cinderella, EU, 2015), de Kenneth Branagh: **

La Habitación (Canadá-Irlanda, 2015), de Lenny Abrahamson: * 3/4

Cartel Land (Ídem, EU-México, 2015), de Matthew Heineman: *3/4. (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

Tierra de Nadie: Sicario (Sicario, EU, 2015), de Denis Villeneuve: * 3/4

Trumbo (EU, 2015), de Jay Roach: * 1/2

Sanjay's Super Team (EU, 2015; duración: 7 minutos): * 1/2

Star Wars: El Despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens, EU, 2015), de J. J. Abrams: *1/2

Steve Jobs (Ídem, EU-GB, 2015), de Danny Boyle: *

Youth (Italia-Francia-GB-Suiza, 2015), de Paolo Sorrentino: +

Joy: el Nombre del Éxito (Joy, EU, 2015), de David O. Russell: +. (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

La Chica Danesa (The Danish Girl, GB-EU-Bélgica, 2015), de Tom Hooper: +. (Mi crítica en el Primera Fila de Reforma).

lunes, 8 de febrero de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXVI




Los 8 Más Odiados (The Hateful Eight, EU, 2015), de Quentin Tarantino. Acaso el más disparejo filme de Tarantino pero, por lo menos desde esta esquina, no el más fallido. Perversamente, el cineasta revive el formato de 65 mm para terminar haciendo una cinta claustrofóbica, cuyo gran paisaje no son los nevados espacios abiertos sino los rostros de sus actores. Mi crítica en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma.

Anomalisa (Ídem, EU, 2015), de Duke Johnson y Charlie Kaufman. Mi cinta favorita del 2015, de la cual escribí largo y tendido por acá, cuando la vi en Morelia 2015. 

Brooklyn: un Nuevo Hogar (Brooklyn, Irlanda-GB-Canadá, 2015), de John Crowley. El quinto largometraje del cineasta irlandés Crowley -debo confesar que no he visto una sola de sus cuatro cintas anteriores- es una superior "película de papá" -o "de mamá", pues- como dirían los originales críticos cahieristas
Ubicada en los dos lados del Atlántico -en Enniscorthy, un pueblito irlandés; y en el Brooklyn del título-,  he aquí la historia de la seria y determinada jovencita Eilis Lacey (Saoirse Ronan, nominada al Oscar 2016 como Mejor Actriz) que, un buen día de 1951, cruza el océano para ir a trabajar como empleada en alguna tienda departamental neoyorkina, dejando a su hermana mayor Rose (Fiona Glascott) y a su mamá Mary (Jane Brennan) detrás. 
Sobre una popular novela homónima de Colm Tóibín adaptada por el especialista Nick Hornby -nominado también al Oscar a Mejor Guion Adaptado-, Brooklyn... es un woman's film de estructura clásica, en el cual nuestra protagonista tendrá que elegir no solo entre dos galanes perfectos -el amable y atractivo plomero de origen italiano Tony (Emory Cohen) que conoce en Brooklyn, y el no menos amable, atractivo y hasta de buena familia Jim (ubicuo Domnhall Gleeson) al que se encuentra cuando ella regresa a Enniscorthy-, sino entre dos sitios tan distintos -su idílico pueblito, la gran urbe neoyorkina- y, al final de cuentas, entre dos formas de vida. 
La historia es muy convencional, pero está dirigida con supremo control por Crowley, el reparto extendido no desentona en lo absoluto -Julie Walters como la sarcástica dueña de la casa de residencia donde vive Eilis en Brooklyn está fantástica, el chamaquito James DiGiacomo es todo un descubrimiento como el precoz hermanito menor de Tony, Brid Brennan está espléndida en una sola escena como la detestable chismosa del pueblo- y Miss Ronan es una de esas raras actrices que pueden sostener toda una película con la cámara muy cerca de ella, escrutando su rostro. 
No me refiero solo a que la mujer es realmente atractiva -que, en un modo casi patricio, claro que lo es-, sino que logra algo extraño: su rostro transmite inteligencia y serenidad. El crecimiento de Eilis a lo largo del filme se vuelve dramáticamente verosímil gracias a que presenciamos la evolución del personaje a través de la creciente seguridad que va adquiriendo la muchacha, desde que sale del pueblo hasta que regresa a él, transformada por la sofisticación neoyorkina. Pero, ahí, en Enniscorthy, le espera una transformación más. La definitiva.

Mustang: Belleza Salvaje (Mustang, Francia-Alemania-Turquía-Qatar, 2015), de Denis Gamze Ergüven. La opera prima de la turca Ergüven está ubicada en un pequeño pueblo turco en las orillas del Mar Negro. Cinco hermanas de de distintas edades -la mayor tendrá unos 18 años, la menor unos 12- salen de la escuela en el último día de clases de la temporada y van a la playa a echarse un chapuzón con algunos de sus compañeros. Esta pequeña travesura provoca que su anciana abuela (Nihal Koldas) que es quien las cuidad y educa -las muchachas son huérfanas de madre y padre- ponga el grito en el cielo: una vecina le fue con el chisme, así que la pureza del quinteto de hermanitas está en entredicho. El estricto tío de las muchachas (Ayberk Pekcan) -que, aparentemente, ayuda a mantenerlas- le echa la culpa a su madre y decreta que las cinco jovencitas se queden encerradas a piedra y lodo, les manda hacer pruebas de virginidad  y ordena conseguirles marido -por lo menos a las mayores- lo más pronto posible.
La cinta, escrita por la propia cineasta debutante en colaboración con la también cineasta/guionista francesa Anne Winocour, tiene como narradora a la menor de las hermanas, la despierta y energética Lale (Günes Nezihe Sensoy), quien ve cómo su casa se convierte, de la noche a la mañana, en una "fábrica de esposas". Vestidas con ropa "color de mierda", alejadas de los ojos masculinos, entrenadas para ser "buenas mujeres", las muchachas responderán de distinta manera la opresión de la abuela y el tío: alguna de ellas aceptará con gusto casarse, otra sufrirá alguna humillación tradicional/matrimonial en plena noche de bodas, alguna más tomará medidas radicales para evitar ese infierno... 
A pesar del tema, a la película no le falta momentos de buen humor -la chispeante narración en off de la rebelde Lale, la secuencia del escape de las muchachas para ver un juego de fut-, como si se buscara compensar el oscuro destino de sus protagonistas. En la última parte siento que la película pierde algo de su fuerza al sobre-explotar algunos elementos dramáticos -la vuelta de tuerca que convierte al estricto tío en un auténtico monstruo no era necesaria-, y el desenlace se dirige hacia un clímax que, al final de cuentas, termina en meros puntos suspensivos. Pareciera como si la cinta que acabamos de ver fuera el prólogo de otra historia que apena inicia: el crecimiento y la maduración de Lale. 

Oasis (México-Finlandia, 2013), de Alejandro Cárdenas. Mediometraje documental de 52 minutos que nos muestra la vida de tres homosexuales de origen indígena maya -Reynaldo López, Gerardo Chan Chan y el travesti "Deborah" Sansorez- que, portadores del VIH, han luchado contra su padecimiento físico, al mismo tiempo que han soportado discriminación y rechazo, incluso dentro de sus familias. 
El documental es bastante convencional en la forma -testimonios frente a cámara, a veces en off, uso de fotos fijas preciosistas- y hay por ahí una montaje shocking completamente innecesario -el deseo de uno de los protagonistas de "morir joven, bella y hermosa" se contrasta con la imagen del estragado cadáver de una víctima del SIDA-, pero de todas formas este filme de Alejandro Cárdenas logra con creces el objetivo mínimo de cualquier documental: que nos interesemos por la vida de las personas a las que estamos siguiendo y que conozcamos el éthos que los rodea.



martes, 2 de febrero de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXV



La Maestra de Kínder (Haganenet, Israel, 2014), de Nadav Lapid. Una de las mejores películas que vi el 2014 finalmente ha llegado a las salas comerciales/culturales chilangas. Se trata del segundo largometraje del cineasta israeli Nadad Lapid, tan imprevisible como su espléndida opera prima inédita en México Ha-Shoter (2011). La historia está centrada en un precoz niño poeta de cinco años y la relación que tiene con su "descubridora", la maestra del kínder del título. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

Lucifer (México-Bélgica, 2014), de Gust van den Berghe. Después de la muy llevada y traída polémica -cualquier cosa es llamada así en las redes sociales- se ha estrenado el tercer largometraje de van den Berghe en la Cineteca Nacional. Escribí de ella hace unos días por acá, cuando se presentó como parte de la sección de estrenos mexicanos de Distrital 2016.

Creed: Corazón de Campeón (Creed, EU, 2015), de Ryan Coogler. Básicamente esta Rocky VII es un reboot del Rocky (Avilden, 1976) original, con raza y origen del protagonista cambiado (carismático Michael B. Jordan en ascenso), una presencia sabiamente secundaria de Stallone y una puesta en imágenes tan energética que nos hace olvidar -por un momento- que esta historia ya la vimos antes. De cualquier manera, una experiencia cinefílica muy disfrutable. 

Entre Cuba y México, Todo es Bonito y Sabroso (Cuba-México, 2015), de Idalmis del Risco. Un amable documental que traza y explora las extendidas relaciones de Cuba y México, desde el momento de la conquista -Cortés llegó a lo que sería Veracruz desde la isla de Cuba- hasta nuestros días. 
El aspecto político-histórico es tratado anecdóticamente, sin demasiada profundidad -que Guadalupe Victoria tenía un consejero cubano; que si otro cubano, Pedro Santilicia, fue secretario, confidente y yerno de Juárez; que la bien conocida presencia de José Martí en nuestro país, que el entrenamiento de Fidel, Raúl y el Che en México en los años 50-, sacándole la vuelta a los asuntos más polemicos. Por ejemplo, se menciona la relación privilegiada entre Cuba y México cuando la isla fue expulsada de la OEA, pero no se explora el trato tácito entre los dos gobiernos de que el régimen de Castro nunca apoyaría ningún movimiento revolucionario en este país como, en efecto sucedió, para no hablar del apoyo claro del castrismo al fraude electoral de 1988, cuando Fidel asistió a la toma posesión de Salinas de Gortari. Pero bueno, política es política y amor (del PRI a Fidel) con amor (de Fidel al PRI) se paga. Y se pagó.
Por fortuna, la parte política no es el fuerte de este documental, sino la relación cultural -musical, cinematográfica, dancística, deportiva y hasta religiosa- que ha existido desde siempre entre Cuba y México, a tal grado que en la isla algunos creen que ciertas canciones del mexicano Álvaro Curiel son cubanas y, por supuesto, muchísimos boleros cubanos han sido adoptados como mexicanos desde siempre, para no hablar del ciertos ritmos como el danzón -más veracruzano que cubano en estos tiempos-, el mambo o el chachachá, que el cine mexicano popularizó en todo el mundo. 
El documental es rico en testimonios, imágenes de archivo -suponemos que muchas de ellas provenientes del ICAIC-, fragmentos musicales y cinematográficos. Por más convencional que sea el formato, es difícil resistir ciertas anécdotas -la que dice un cubano sobre una frase atribuida a Juan Rulfo-, la emoción de las que nos contagian ciertos artistas -Eugenia León, Armando Manzanero- y los fragmentos de cierta plática (¿o conferencia?) del mismísimo Alejo Carpentier, hablando de tal cantidad de cosas -que si el uso del término campechano, que un amenaza de duelo que terminó en nada- que solo por verlo y escucharlo ya vale la pena el documental. 

jueves, 28 de enero de 2016

Distrital 2016: Estrenos mexicanos/III



Mañana Psicotrópica (México, 2015), segundo largometraje del regiomontano Alexandro Aldrete (opera prima no vista por mí Oliendo a Perro/2011, productor ejecutivo de la meritoria cinta regia Cumbres/Nuncio/2013), ha sido presentado en sociedad chilanga en la sección de estrenos nacionales de Distrital 2016.
No he visto aún toda la selección mexicana de Distrital -me faltan un par de cintas por ver- pero esta película de Aldrete ha sido, para mí, la más grata sorpresa del festival. Aunque el guion, escrito por el propio director autodidacta, no plantea nada realmente fuera de lo común -estamos frente a la crónica de un fin de semana de un grupo de chamacos indolentes en Querétaro-, la ejecución impecable de la historia -incluyendo su atractiva musicalización- y esa mirada abierta, sin moralina alguna, hacia sus personajes, me terminó ganando por completo. 
En las antípodas de cierto cine mexicano de esta década (Los Muertos/Mohar Volkow/2014, Los Herederos/Hernández Aldana/2015, el cortometraje Princesa/Zonana/2014) y más cercana en el espíritu a la pequeña película también "provinciana" Somos Mari Pepa (Kishi, 2013), el retrato de la juventud que aparece en Mañana Psicotrópica -su êthos: lo que hacen, lo que dicen, lo que bailan y lo que se meten (y se meten de todo)- no le sirve a Aldrete para expresar una visión depresiva y deprimente del mundo que les tocó vivir a estos chavos, sino todo lo contrario. 
Cierto, uno como espectador de cierta edad y cierta ñoñez puede tener muchas dudas si la forma de vida de estos muchachos puede sostenerse mucho tiempo -vaya, ¿no van a estudiar nunca?, ¿algún momento van a dejar de pistear?, ¿de verdad creen que meterse tanta cochinada es algo bueno?-, pero es difícil no compartir su entusiasmo, su alegría, su generosidad y hasta no terminar contagiado por su dicha inicua de perder el tiempo.
Dividido en cinco ágiles viñetas ("Hongo gigante", "Los Difuntos", "Home Alone", "Mañana Psicotrópica", "Candyflip") y con una espléndida banda sonora en la que se combina música electrónica nacional con piezas de Chopin, Offfenbach o Elgar, he aquí, pues, el fin de semana que viven el joven recién salvado del suicidio Lito (Marcelo Galán) y su ocioso primo Koko (Esteban Velasco), cuando el primero llega a Querétaro desde Monterrey a visitar al segundo. A partir de ese momento y en los siguientes 90 minutos veremos al par de chavos consumir hongos, fumar mota, entrarle al aerosol, beber harta cerveza, inyectarse alguna cochinada y hasta entrarle a algo llamado ketamina -lo tuve que googlear para saber qué es eso: todos los días se aprende algo-, mientras se encuentran con amigos mutuos, participan en una ceremonia para despedir a un par de mascotas (un gato y un pescadito), se topan con una exnovia que se descubrió lesbiana y hasta organizan un "evento de beneficencia" para alivianar a un camarada a la que "la tira" lo trae de puerquito.
Aldrete apela a la solidaridad, más que al juicio. Es claro que este grupo de muchachos no tiene futuro no porque no lo tenga en realidad, sino porque todos ellos viven en el momento, en un presente siempre efímero, sostenidos en una red de camaradería a toda prueba, idealizada por los honguitos que consumen con singular alegría. Si el espectador ve con desconfianza a los personajes, es porque él los quiere ver así; Aldrete no solamente los abraza incondicionalmente sino que, incluso, llega a proponer (¿provocadoramente?, ¿irresponsablemente?: usted decida) que Lito ha recuperado su gusto por la vida no a pesar de las drogas sino gracias a ellas. Ora sí que el verde (y los psicotrópicos) es vida. 

martes, 26 de enero de 2016

Distrital 2016: Estrenos Mexicanos/II



¿No es muy pronto para afirmar que Isaac Ezban es un autor? Después de todo, el cineasta defeño -o capitalino o traficalino o como quieran llamarse ahora los chilangos- tiene menos de 30 años de edad y no tiene más que dos largometrajes en su haber. Sin embargo, es imposible negar las similitudes temáticas y estilísticas entre su opera prima El Incidente (2014) y su segundo largometraje, Los Parecidos (2015), presentado en la sección de Estrenos Mexicanos en Distrital 2016. Es más: Los Parecidos tiene una conexión más que clara con una obra anterior de Ezban: su extraordinario mediometraje humorístico-fantástico Cosas Feas (2010). En todo caso, para evitar que alguien levante demasiado las cejas con incredulidad, anotemos que la obra fílmica de Ezban tiene elementos autorales. Dejémoslo así. Por lo pronto.
Los Parecidos, mejor largometraje latinoamericano en Sitges 2015 es, como El Incidente y Cosas Feas, una historia que se mueve entre entre ese espacio discutido y discutible que separa y une al cine fantástico con la ciencia ficción. 
Estamos un 2 de octubre de 1968, en una estación de autobuses en algún pueblito perdido del interior mexicano. La noche es oscura, la lluvia es torrencial, los autobuses no llegan y un tipo barbado llamado Ulises (Gustavo Sánchez Parra) está desesperado porque no puede viajar a la Ciudad de México donde está su mujer a punto de parir. En la casi desierta estación de autobuses está un boletero (Federico Becerril) que no sirve de mucho, una anciana indígena monolingüe (María Elena Olivares)  y una mujer en el baño (Catalina Salas). La histeria creciente de Ulises no mejora cuando llegan más personas a la estación: una joven mujer embarazada (Cassandra Cianguerotti), un médico (Humberto Busto) y otra mujer (Carmen Beato) con su hijito muy enfermo (Santiago Torres). Algo provoca que la desconfianza y la paranoia vaya aumentando progresivamente entre todos ellos: el comportamiento de los personajes se vuelve cada vez más extraño, errático, incluso violento.
Como en El Incidente, Ezban demuestra mucho aplomo en el manejo de su puesta de imágenes: diseño de producción intachable, fotografía en colores deslavados que nos ubican en una atmósfera opresiva, cámara ágil de Isi Sarfati, música ad-hoc de Edy Lan...  Y, sin embargo, en la medida que la película avanza, esta se vuelve reiterativa, irritante, tan histérica como esos personajes encerrados en esa desesperante noche de diluvio. La historia, escrita por el propio Ezban, parece no ir a ningún lado. Y cuando uno -yo, pues- daba por perdido el segundo largometraje de Ezban, llega cierta vuelta de tuerca argumental y todo cobra sentido.
Más cercana en su estructura a Cosas Feas que a El Incidente -de hecho, comparte la misma voz en off narrativa de Carlos Aragón-, Los Parecidos está planteada en cierto terreno temático y genérico para luego transformarse, de improviso, en otra cosa. En sus últimos minutos, todos los elementos excesivos y repetitivos de la historia y hasta el registro histérico de todo el reparto tienen una explicación lógica... por lo menos en el universo fantástico de la cinta. Por supuesto, no voy a revelar cuál es esa famosa vuelta de tuerca, aunque puedo adelantar que nos remite no solo a la teleserie de culto La Dimensión Desconocida sino, en particular, a cierto episodio de la dispareja pero interesante versión fílmica, aquella dirigida por Steven Spielberg, Joe Dante, John Landis y George Miller en 1983.
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Ezban es ya un autor fílmico o no? Yo diría que dejemos esa discusión para cuando aparezca su siguiente película. Porque si Ezban no lo es, está en el camino de serlo. Y uno que puede ser importante. 

lunes, 25 de enero de 2016

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXIV



Revenant: el Renacido (The Revenant, EU, 2015), de Alejandro González Iñárritu. Escribí largo y tendido de ella por acá.

Eisenstein en Guanajuato (México-Holanda-Finlandia-Bélgica-Francia, 2015), de Peter Greenaway. Hubo un tiempo en el que quien esto escribe se emocionaba al saber que alguien apellidado Greenaway había realizado otra película. Esa época pasó hace mucho tiempo... unos veinte años, por lo menos. Desde entonces, cada nueva cinta de Greenaway ha resultado ser un suplicio, más aún que sus cansinas declaraciones sobre la muerte del cine -ahora, en forma de gerundio: "el cine no está muerto... pero se está muriendo". 
En esta ocasión, el estilo sobrecargado de Greenaway -corregido y aumentado por el contagio del folclor nacional- se aplica a la ocasión en el que el cineasta ruso Serguei Eisenstein visitó nuestro país a inicios de los 30 para realizar la que sería su obra mayor inconclusa, ¡Que Viva México! Así, las dificultades para levantar el proyecto se entrecruzan con la intoxicación cultural/sexual que sufre Eisenstein (Elmer Back) quien, según el guión escrito por el propio Greenaway, pierde la virginidad en manos de su muy servicial guía mexicano (Luis Alberti). 
Encuadres en gran angular, pantalla dividida cual tríptico a la Abel Gance, diseño de producción vistoso, edición brusca, pantalla verde con imágenes digitalizadas, la puesta en escena es tan excesiva como inútil para sostener todo el filme. Poco sabemos de la truncada filmación de ¡Que Viva México! y menos aún de Eisenstein como artista cinematográfico. Eso sí, lo que sabemos es que el director de El Acorazado Potemkin (1925) se la pasó muy bien en Guanajuato, esa bravía tierra en la que los hombres se dan.

El Profeta (Khalil Gibran's The Prophet, EU-Francia-Canadá-Líbano-Qatar, 2014), de Roger Allers, Michal Sosa, Joann Sfar, Bill Plympton, Nina Paley, Tom Moore, Mohammed Saeed Harib, Joan C. Gratz, y Gaëtan y Paul Brizzi. Esta cinta producida por la actriz mexicana de origen libanés Salma Hayek rescata el celebérrimo libro homónimo del poeta libanés Khalil Gibrán para entregar un meritorio filme animado en el que todos los cineastas arriba listados dirigieron un segmento basado en algún fragmento del texto de Gibrán. Como suele suceder con este tipo de proyectos, el resultado es disparejo pero hay por lo menos tres segmentos notables: "Sobre los niños", de Nina Paley; "Sobre el matrimonio", de Joann Sfar; y "Sobre el trabajo", de Joan Gratz. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

El Americano: The Movie (México-EU, 2016), de Ricardo Arnaiz, Mike Kunkel y Raúl García. La casa Animex, responsable de las cintas animadas nacionales La Leyenda de la Nahuala (2007), Nikté (2009) y La Revolución de Juan Escopeta (2011), y Ricardo Arnaiz, guionista y/o productor de la trilogía de Las Leyendas -de la Nahuala, de la Llorona (2011) y de las Momias de Guanajuato (2014)- han realizado la primera coproducción animada entre México y Estados Unidos.
Más allá de la trivia, la película es un asunto menor pero consistentemente simpático: un periquito que vive en un arbolote poblano se niega a seguir la tradición de su papá cirquero (voz del productor y actor americano Edward James Olmos), pero cuando un carpintero maloso (voz de Paul Rodríguez) desafíe a su papá, el pajarito de marras llamado Cuco (Alex Syntek en la versión en español) decidirá ir a Hollywood para pedirle ayuda a su héroe favorito, El Americano (Héctor Suárez). Por supuesto, formulita obliga, en el camino, Cuco descubrirá que no necesita de la ayuda de nadie, pues ha crecido lo suficiente.
Esta road-movie animada -o sky-movie, porque los pájaros vuelan- tiene más de una conexión con El Rey León (Allers y Minkoff, 1994) en su historia del jovencito que tiene que madurar para reclamar la herencia del padre y en esos achichincles chistosones que ayudan al malvado (eco de las hienas de la cinta de Disney), pero su mejor momento -el más gracioso, en todo caso- sucede cuando Cuco y sus acompañantes llegan a Tijuana, en donde se encuentran con Trueno, un armadillo cegatón y dizque ídolo de la lucha libre. La voz de Trueno es de Adal Ramones y, ni modo, esa secuencia es genuinamente chistosa.

sábado, 23 de enero de 2016

Distrital 2016: Estrenos mexicanos/I



La sexta edición de Distrital inició el pasado jueves por la noche con la presentación del clásico restaurado En Viaje a Italia (Rossellini, 1953) y continuará hasta el próximo 11 de febrero en distintas sedes físicas -Cine Diana, Cineteca Nacional, Cine Tonalá y otras más-, además de varias sedes digitales, pues por vez primera -por lo menos en México- buena parte de su programación estará disponible de forma gratuita en Mubi, Cinema Uno, Cinepolis Clik y Festival Scope.
De hecho, en esta última plataforma estará disponible parte de su programación nacional, pues una de las cartas fuertes -en su extensa selección de más de 160 películas- es, precisamente, la sección titulada como "estrenos mexicanos", conformada por 8 filmes nacionales recientes.
Para ser estrictos, no todos ellos son "estrenos", pues alguno que otro ya pudo ser visto en otros festivales nacionales aunque, eso sí, la selección del festival dirigido por Paula Astorga es un muy poco más afortunada -¿acaso por ser más rigurosa?
En fin: pude ver Plan Sexenal (México, 2014), opera prima del hombre orquesta Santiago Cendejas -director/guionista/editor/músico/coproductor- en Morelia 2014.
Estamos en el DF -cuando todavía se llamaba así- y se viven tiempos de caos. Hay golpe de Estado, levantamiento popular, toque de queda, el Corona Capital o todos los anteriores. No hay energía eléctrica tampoco, así que la gente se esconde en sus casas y se duerme temprano. Menos Juan y Mercedes (Harold Torres y Edwarda Gurrola), que gracias a "un inventito", no solo tienen luz en su casa sino que, además, organizan una pachanga que, de todas formas, tienen que cancelar cuando un policía (Noé Hernández) llega a su puerta a advertirles que están molestando a los vecinos. 
La noche se torna ominosa por las amenazas apenas embozadas del susodicho cuico, porque hay un misterioso vagabundo que se aparece frente a la casa y no se quiere ir, porque alguien rompe el cristal de la ventana con un tabique y porque, además, parece que hay bronquitas no resueltas entre Juan y Mercedes. Sin embargo, cuando uno cree que está viendo la versión nacional de algún thriller paranoico del tipo de La Noche de la Expiación (De Monaco, 2013) o algo por el estilo, el filme toma un camino claramente dostoiveskiano. Una cinta no del todo redonda, pero siempre interesante.
Por su parte, Lucifer (Bélgica-México,2014), tercer largometraje de Gust van den Berghe, pude verlo en el Riviera Maya 2015. 
El Lucifer del título (Gabino Rodríguez, en película sabática lejos de Nicolás Pereda) llega a un pueblo mexicano a jugar con la vida y el destino de una familia formada por la anciana Lupita (María Acosta), su transa hermano borrachales Emanuel (Jerónimo Soto Bravo) y la nieta de ella, la crédula jovencita María (Norma Pablo).
El guión, escrito por el propio cineasta, está basado en una pieza homónima del siglo XVII escrita por el poeta y dramaturgo Joost van den Vondel. Así pues, en los tres actos en el que está dividido el filme -Paraíso, Pecado y Milagro- vemos lo que provoca Lucifer al empujar a estos inocentes e ingenuos seres humanos a seguir sus deseos, sus impulsos, sus creencias. A seguir, qué remedio, su naturaleza humana.
Sin embargo, si la película merece la revisión -y vaya que la merece- no es tanto por la historia, sino por su muy curiosa puesta en imágenes. El director y su fotógrafo Hans Bruch Jr. usaron  un filtro circular creado específicamente para esta película, de tal forma que más que encuadres, lo que vemos son -permítame el neologismo- "enredondos". Así pues, la circularidad de la imagen en movimiento del tondoscopio -así fue bautizado este formato por el propio director- nos remite, inevitablemente, a las imágenes medievales boschianas, lo que resulta perfecto para el tipo de historia que estamos viendo.
Por supuesto, cuando pasa la novedad y uno se ha acostumbrado al formato -al tondoscopio, como fue bautizado por van den Berghe-, lo que queda es la historia que, con todo y su carga filosófica y alegórica, debo confesar que no me entusiasmó tanto como la curiosa puesta en imágenes.