domingo 26 de febrero de 2012

FICUNAM 2012: Impresiones estrelladas



Apenas acabo de cerrar la lista de mis impresiones estrelladas de Ambulante 2012 y ya estoy iniciando el mismo ejercicio con lo que veré del FICUNAM 2012. Como de costumbre, esta entrada irá creciendo hasta que el festival termine, el próximo 1 de marzo, cuando ya estaremos moviéndonos rumbo a Guadalajara 2012. Como ya se sabe, el puntaje positivo va de uno a cuatro asteriscos; negativo, de una a dos cruces.

1. Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, GB, 2011), de Andrea Arnold. Cinta inaugural: *** 1/2

2. El Sueño de Lu (México, 2011), de Hari Sama. Sección Ahora México: **

3. De Jueves a Domingo (Chile-Holanda, 2012), de Dominga Sotomayor. Competencia Internacional de Largometraje: **

4. Territorio Perdido (Territoire Perdu, Francia-Bélgica, 2012), de Pierre-Yves Vandeweerd. Sección Cámara Lúcida: * 1/2

5. La Montaña de los Solteros (Guanggun, China, 2011), de Guangyi Yu. Sección Cámara Lúcida: * 1/2

6. Malaventura (México, 2011), de Michel Lipkes. Sección Ahora México: *

7. Los Últimos Cristeros (México, 2011), de Matías Meyer: (+). Sección Ahora México: +

FICUNAM 2012/IV



El Sueño de Lu (México, 2011), segundo largometraje de Hari (antes Carlos) Sama, fue presentado en Morelia 2011 en donde obtuvo una "mención especial" por parte del jurado. No pude verla entonces pero ahora, programada en la sección "Ahora México" del FICUNAM, tuve el pretexto perfecto para solucionar esa omisión. 
Muy diferente en tono y resultados a su opera prima Sin Ton Ni Sonia (2003) -ganadora del Premio del Público en la lejana Guadalajara 2003-, El Sueño de Lu es una honesta, sentida y meritoria exploración por el dolor provocado por la pérdida de un hijo. Como bien lo señalan en una de las escenas que suceden en el interior de un grupo de padres que han perdido a sus retoños, es tan anti-natural esta situación -uno se acostumbra a la idea de enterrar a los padres, nunca a los hijos- que ni siquiera existe una palabra para nombrarla. Es decir, uno sabe lo que es un huérfano, pero ¿cómo llamar a quien pierde un hijo?
La Lu del título (interpretada por una sobria Úrsula Pruneda) es una concertista de guitarra que acaba de perder a su pequeño hijo de cinco años llamado Sebastián debido a un aneurisma cerebral. Dividida claramente en tres secciones -cada una de ellas de más o menos media hora- con sus respectivos intertítulos: "Momento Primero", "Momento Segundo", "Momento Tercero"-, la cinta escrita y dirigida por Sama sigue a Lu desde que sale del hospital (¿depresión?, ¿intento de suicidio?) hasta que empieza a volver a armar los pedazos de su vida, pasando por los amorosos cuidados de su madre (María del Carmen Farías), la reconciliación con su avejentado papá antes distante (Emilio Echevarría notable en los pocos minutos que aparece en pantalla), su encuentro con el padre del niño que no sabía de su paternidad (Gerardo Trejoluna), el inevitable viaje al mar que no pudo hacer con el niño y su aceptación final de que Sebastián estará siempre con ella, ahí, en su vida; ahí, en sus sueños.
La primera parte del filme es la mejor. La cámara de Emilio Villanueva capta funcionalmente el estado de desconcierto constante y dolor apenas reprimido en el que (sobre)vive Lu. Cuando aparece Malik (Trejoluna), el amigo con el que en alguna noche y en algún desliz hizo a Sebastián, la cinta se tambalea unos instantes -ese monólogo que le hacen decir a Trejoluna es demasiado literario- y parece que todo terminará mal cuando lo que sigue, en el "Momento Tercero", es el consabido cliché del viaje al mar. Sin embargo, cuando la cinta llega a la Bahía Isla Magdalena en Baja California Sur, Sama, su cinefotógrafo y todos sus actores -Pruneda pero también los auténticos habitantes de ese sitio- logran transmitir un genuino sentido de comunidad gracias al cual Lu encuentra el suficiente valor para tomar la guitarra y cantar "La Bruja", mientras la cámara se aleja, respetuosa, de ese momento clave de comunión/aceptación final. No hay que solazarse en el dolor de nadie; hay que respetarlo, sentirlo y (tratar de) entenderlo. Para luego, qué remedio, seguir viviendo. 

El Sueño de Lu se exhibe hoy a las 17:30 en la sala José Revueltas. 

sábado 25 de febrero de 2012

FICUNAM 2012/III



Seguramente usted se acuerda. Nuestros padres hablaban "en clave" para, según ellos, ocultarnos algo. Un ejercicio un tanto cuanto inútil: uno sabía, de niño, que nos estaban escondiendo algo y tarde o temprano averiguábamos qué estaba pasando. En De Jueves a Domingo (Chile-Holanda, 2012), opera prima de Dominga Sotomayor -cinta recién ganadora al premio a la Mejor Película en Rotterdam 2012-, la niña protagonista, Lucía (Santi Ahumada), ve a sus papás (Francisco Pérez Bannen y Paola Giannini) manotear a lo lejos, discutir sin escuchar lo que están diciendo, hablar en inglés para que ella y su hermanito Manuel (Emiliano Freifeld) no los entiendan y, en cierto momento, es testigo de alguna ominosa conversación fragmentada ("Voy a rentar ese departamento", "¿A qué venimos?") que indica con dolorosa claridad que esta familia en vacaciones está en una crisis irremediable.
Papá, mamá y los dos niños viajan en un pequeño y maltratado Mazda hacia el norte de Chile, a pasar unos cuantos días -del jueves al domingo del título- de vacaciones. En la medida que la familia avanza por la carretera, nos vamos dando cuenta de las tensiones matrimoniales: algún reproche por ahí, un tono de exasperación por allá, un gesto de enfado por acá... Los niños hacen lo cualquier niño haría en esas circunstancias, encerrados en un auto: juegan, molestan, cantan, pelean, hacen un berrinche pero, por lo menos en el caso de Lucía, la mayor, también se dan cuenta de esa tensión que se respira dentro del Mazda o fuera de él, como cuando se detienen a la orilla de un río para pasar la noche con un antiguo amigo de la mamá.
La debutante Sotomayor privilegia la toma fija, sea en planos generales o el interior del auto en carretera, pero uno siente que no se trata de jugar al minimalismo cinefotográfico tan de moda. La elección de la puesta en imágenes tiene que ver con la perspectiva con la cual la cineasta quiere mostrarnos la crisis de esta familia. En este sentido, no tenemos acceso a las razones de ellos, de los adultos, sino a la mirada y la sensibilidad de la niña -aparentemente el alter ego de la propia cineasta- que ve de lejos y acaso intuye que su vida está a punto de cambiar después de que termine ese viaje. No les quedará más que los recuerdos, como esa rescatada canción de Manuel Alejandro, "Quiero Dormir Cansado", que se escucha, insidiosamente, en los créditos finales.

De Jueves a Domingo se exhibe hoy sábado a las 20 horas en la sala Julio Bracho. 

viernes 24 de febrero de 2012

FICUNAM 2012/II



En el catálogo del FICUNAM 2012, el crítico y programador Roger Korza trae a colación la sólida opera prima de Tatiana Huezo El Lugar Más Pequeño (2011) al escribir de Territorio Perdido (Territoire Perdu, Francia-Bélgica, 2011), el más reciente documental de Pierre-Yves Vandeweerd.
La comparación no es gratuita. Como la más lograda película de Huezo, Territorio Perdido es un rompecabezas visual/auditivo/testimonial que da cuenta de los estragos causados por la guerra, la represión, la muerte. Filmada en blanco y negro y en Súper 8, con imágenes en exceso granuladas, con un audio en off que no corresponde con lo que vemos en pantalla, Venderweerd nos muestra cómo viven, sufren y recuerdan los refugiados saharauis quienes, desde que lograron su independencia de España en 1976, vieron su país partido en dos, dividido por El Hisam, una muralla de 2400 kilómetros de largo. De un lado, el territorio ocupado por las tropas marroquíes, del otro, el desierto que, como dice un anciano nómada en un momento del filme, será quien derrote al final de cuentas a los invasores.
Los testimonios se suceden pero nunca vemos hablar a nadie: la cámara, manejada por el propio cineasta, ve a la gente caminar, toma sus rostros, sus manos, las arenas del desierto. Las voces acompañan estas imágenes, que parece sombras provenientes de otra época, de otra guerra que es más o menos la misma: una hija recuerda a su padre desaparecido, alguien habla por teléfono de las torturas sufridas en manos de la inteligencia marroquí y otro más recuerda a "la gente del vacío", un eufemismo acaso demasiado poético para referirse a los muertos y desaparecidos desde que inició el conflicto.
No se trata de una cinta fácil de digerir por el rigor estilístico con el que el cineasta se acerca al tema, pero encaja a la perfeccción con el tipo de cine que defiende un festival como el FICUNAM. En este contexto, un poco más convencional resulta La Montaña de los Solteros (Guanggun, China, 2011), tercer largometraje documental del especialista Guangyi Yu.
Yu -de quien por desgracia no he visto ninguna de sus anteriores cintas- es nativo del lugar en donde se ubica la acción de su documental: una pequeña población ubicada en la provincia nororiental china de Heilongjiang. Se trata de un pueblo maderero cuyos habitantes,  debido a los cambios en las leyes ambientales, se han ido quedando sin trabajo. Las mujeres, por su lado, se han ido a vivir a las grandes ciudades -de ahí el título de la película- y los hombres que quedan han "importado" mujeres norcoreanas que, con el paso del tiempo, los han ido abandonando.
La cámara manejada por el propio cineasta sigue al amable y regordete Liangzi San, un leñador divorciado de 46 años de edad que ha vivido enamorado la última decada de la voluntariosa mujer de 29 años Meizi Wang, que tiene un pequeño hotel en el que atiende a los turistas "ecológicos" que vienen de las grandes ciudades a pasar unos días en ese remoto lugar. Liangzi es un tipo agradable, acaso algo ingenuo, que dice haber elegido vivir en celibato hasta que Meizi le dé el sí, algo que, al parecer, ella no está dispuesta a dar. Acaso porque es una mujer ambiciosa que sólo le interesa el dinero; acaso porque, como le dicen sus amigos a Liangzi, ella tiene otro tipo de razones.
Estamos, pues, ante una notable crónica de la dificil y solitaria vida de un hombre común en ese remoto sitio, pero también ante una conmovedora y frustrante historia de amor no correspondido. A Yu no le interesa juzgar a sus personajes -Meizi no es mostrada como una ingrata o una pérfida-, sino mostrarlos en lo que son: las dos caras de una China cambiante y contrastante en la que caben lo mismo la ambición de Meizi, el estoicismo de Liangzi y unos turistas alcoholizados que bailan al ritmo de "Salta y salta y salta sin parar..". Dios: hasta allá ha llegado esa tonadita.


Territorio Perdido se exhibe hoy en el Cinematógrafo del Chopo a las 13:30 horas. 

La Montaña de los Solteros se exhibe hoy en la Sala José Revueltas a las 18 horas. 

jueves 23 de febrero de 2012

FICUNAM 2012/I



Va la pregunta retórica de la semana: ¿es posible revitalizar el llamado cine de papá, es decir, el cine de época basado en obras literarias clásicas? Ante la evidencia de Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, GB, 2011), tercer largometraje de Andrea Arnold (inédita en México Red Road/2003, Fish Tank/2006), hay que responder que sí.
El reto no era sencillo. No sólo porque se trata de una de las novelas inglesas más importantes del siglo XIX sino porque la historia de sus adaptaciones cinematográficas está llena de grandes nombres: la clásica de William Wyler de 1939 con un magnético Laurence Olivier como Heathcliff, la dispareja versión buñueliana de 1954 con un memorable monólogo de amour-fou y un violento desenlace a escopetazo limpio, además de otra revisión -no vista por mí- filmada por Jacques Rivette en 1985. Hay, por supuesto, muchas otras adaptaciones: una de 1992 con Juliette Binoche y Ralph Fiennes -que sí vi pero de la cual he olvidado todo-, un reciente filme televisivo con el ascendente Tom Hardy como Heathcliff y hasta alguna telenovela mexicana de la cual no recuerdo su nombre.
Sin haber visto la película de Rivette, creo que la nueva versión realizada por la señora Arnold y su cinefotógrafo Robbie Ryan -quien mereció la Osella de Oro en Venecia 2011 por este trabajo- merece, por derecho propio, ser colocada al lado de las adaptaciones dirigidas por Wyler y Buñuel. Por supuesto, es imposible olvidar la cinta de Wyler, con la oscareada fotografía del gran Gregg Toland y la intensidad interpretativa de Olivier; y menos aún la tambaleante lectura de Luis Buñuel, quien logró vencer sus problemas de reparto a través de una visión febril de la pasión que consume a los amantes malditos. El éxito de Arnold radica, de hecho, en deshacerse de esta tradición, sin dejar de ser fiel al espíritu de la única novela de la poeta Emily Brontë.
La puesta en imágenes tiene poco qué ver con el académico cine-de-papá. La cámara siempre en mano, siempre en movimiento de Robbie Ryan, permanece muy cerca del cuerpo, las manos, el rostro de sus actores. En muchas ocasiones, la cercanía con las acciones y la brusquedad del movimiento hace que se pierda el foco. Los diálogos son escasos, en especial en la primera hora de la cinta: sabemos del interés que sienten mutuamente Heathcliff y Catherine (los jovencitos Solomon Glave y Shannon Beer respectivamente) por sus miradas, por sus juegos, por esa lucha en el barro que termina entre sonrisas y jadeos. 
La puesta en imágenes de Arnold carece de música de cualquier especie -sólo en la secuencia de créditos finales se escucha la canción "The Enemy", del grupo de folk-rock Mumford and Sons-, pero el sonido del viento es un personaje central de la cinta. Buscando capturar la esencia profundamente romántica de la novela, ambientada en los páramos del norte de Inglaterra, el viento no deja de ulular, la lluvia no deja de caer, la tierra  lodosa se pega a la piel de los personajes y todos ellos se ven obligados a sobrevivir en esas condiciones dificiles en las que la muerte llega en cualquier momento, acompañada del arribo de una nueva vida. En este contexto, no son extrañas las continuas digresiones casi buñuelianas en las que vemos insectos caminar entre la hierba o volar de un lugar a otro. La naturaleza sirve, al final de cuentas, como una extensión de los propios personajes y sus pasiones. 
La adaptación firmada por la propia cineasta en colaboración con Olivia Hetreed permanece fiel, en líneas generales, a la novela de Brontë, con un cambio clave y significativo: el Heathcliff imaginado por Arnold es un joven afrocaribeño que, aparentemente, nació esclavo. El dueño de Wuthering Heights, la remota granjita decandente donde ocurre casi toda la acción, lleva a Heathcliff a vivir con él y con sus hijos, la imprevisible Catherine y el violento y racista Hindley (Lee Shaw cual proto-skinhead), quien trata de "nigger" a su hermano adoptivo. Heathcliff, por su parte, indomable y montaraz, contesta a estos insultos con un "fuck-off, you cunts!", línea que bien pudo haber pronunciado la irreprimible protagonista juvenil de Fish Tank. Sin embargo, más allá de la rudeza (¿anacrónica?) del lenguaje, lo que llama la atención es la elección de convertir a Heathcliff en negro. Arnold ha dicho que la idea surgió leyendo con cuidado la novela: que en Cumbres Borrascosas, el libro, Brontë describe a Heathcliff como "un gitano de piel oscura", de tal manera que, además de la diferencia de clases que aleja a los dos enamorados, Arnold agrega un elemento adicional: la raza.
La cinta tiene sus mejores momentos cuando seguimos a Heathcliff y Catherine como adolescentes. Arnold logra transmitir el deseo carnal, el resentimiento, la exaltación, la alegría, la tristeza, de sus dos jóvenes apasionados. La segunda parte del filme, cuando Heathcliff regresa por venganza y por amor a Wuthering Heights, tiene un tono más oscuro pero ya sabemos por qué. Heathcliff y Catherine están condenados de antemano y lo saben. No tienen otra salida. No la han tenido nunca. 

Cumbres Borrascosas se exhibe hoy a las 19 horas en la sala Miguel Covarrubias.

Ambulante 2012: impresiones estrelladas



Como lo he hecho ya en Morelia 2011 y antes en Guadalajara 2011, he aquí mis impresiones estrelladas de lo que pude ver de Ambulante 2012. Las calificaciones positivas asignadas van de uno a cuatro asteriscos; las negativas, de una a dos cruces.

1. Los Cosechadores y Yo (2002), de Agnes Varda. Sección Enfoque: ****

2. Exit Through the Gift Shop (2010), de Banksy: Sección Imperdibles: *** 1/2

3. The Arbor (2010), de Clio Barnard. Sección Dedazo: ***

4. Esta No Es una Película (2011), de Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb. Sección Dictator's Cut: ***

5. Mundo Remoto, Salvaje y Azul (2005), de Werner Herzog. Sección Enfoque: ** 1/2

6. Tabloide (2010), de Errol Morris. Sección Observatorio: ** 1/2

7. Ríos de Hombres (2011), de Tim Dirdamal. Sección Pulsos: ** 1/2

8. Cuates de Australia (2011), de Everardo González. Sección Pulsos: ** 1/2

9. Silvestre Pantaleón (2010), de Roberto Olivares. Sección Pulsos: **

10. Tiroteo (2011), de Barbara Kopple.Sección Dedazo: **

11. Sobreviviendo al Progreso (2011), de Mathieu Roy y Harold Crooks. Sección Dictator's Cut: **

12. Reportero (2012), de Bernardo Ruiz.Sección Director's Cut: **

13. Bombay Beach (2011), de Alma Har'el. Sección Dedazo: **

14. ¡Vivan las Antípodas! (2011), de Victor Kossakovsky. Sección Observatorio: * 1/2

15. Florería y Edecanes (2010), de Jaiziel Hernández Máynez. Sección Pulsos: * 1/2

16. El Velador (2011), de Natalia Almada. Sección Pulsos: +

17. Acción Lenta (2011), de Ben Rivers. Sección Observatorio: +

18. La Gente vs. George Lucas (2010), de Alexander O. Philippe y Michael Ramova: Sección Dedazo: +

Ambulante 2012/XI y último



Nunca estrenada comercialmente en México, aunque exhibida en una retrospectiva documental de Werner Herzog hace un año en la Cineteca Nacional, la extravagancia titulada Mundo Remoto, Salvaje y Azul (The Wild Blue Yonder, GB-Alemania-Francia-2005) ha sido rescatada y programada en Ambulante 2012. Y qué bueno que así haya sido.
Mundo Remoto... es, en efecto, re-moto. Pero dirigiendo Werner Herzog y con Brad Dourif como protagonista y único actor de esta "fantasía de ciencia ficción" apoyada por la "sensibilidad poética" de la NASA, ¿podíamos realmente esperar otra cosa?
Herzog retoma la estrategia de montaje documental del británico Adam Curtis. Si exceptuamos los maravillosos monólogos locochones de Brad Dourif, toda la cinta está formada por imágenes de archivo o filmadas por alguien más -pietaje tomado en el transbordador espacial STS 34 por los propios astronautas, imágenes submarinas bajo el hielo captadas por el explorador Henry Kaiser-, además de los excéntricos testimonios de matemáticos y astronautas que hablan de fórmulas y teorías initelegibles. 
La trama de este falso documental realizado con imágenes verdaderas está centrada en el testimonio de un alien que llegó de Andrómeda (Dourif, but of course) que, a través de diez episodios bien delimitados por sendos intertítulos, nos cuenta cómo llegó a la Tierra, qué pasó con su planeta (el "mundo remoto, salvaje y azul" del título en español), las distintas interacciones que han tenido los extraterrestres con nosotros -habla de Roswell, por supuesto- y muestra su indignación por el hecho de que el ser humano haya viajado a su lejano planeta y que no haya aprendido la lección. Así como aquel lejano lugar azul quedó despoblado y destruido, ese es el camino que ha seguido (o seguirá o siguió) la Tierra, tan manoseada por esa plaga llamada ser humano.
"Los aliens somos patéticos", dice en algún momento de su perorata el extraterrestre encarnado por Brad Dourif. Pero muy divertidos, agregaría yo. Por lo menos cuando son interpretados por un desatado Dourif que resulta hilarante cuando se suelta divagando loqueras -por ejemplo, sobre el primer pecado cometido por el hombre: la domesticación del puerco- o cuando detalla al derrota que tuvo su propia civilización, que quería construir la comunidad ideal -un gigantesco "mall", nada menos-, lo que terminó en un rotundo fracaso: "todavía nos queda mercancía sin vender", confiesa el desafortunado alien compungido.
La cinta dista de ser la más lograda de Herzog: a pesar de su corta duración de 81 minutos, se extiende en demasía en las tomas tanto del espacio como de las profundidades del mar -estas últimas pasan como la filmación de la llegada y exploración del "mundo remoto salvaje y azul" - pero no nos alcanza a exasperar -o por lo menos, no mucho- porque el cineasta sabe terminar cuando es necesario hacerlo: cuando esta extravagancia de "ciencia ficción y fantasía" se está quedando sin gas.

Mundo Remoto Salvaje y Azul se exhibe hoy jueves en el Teatro Carlos Lazo a las 12 horas. 

miércoles 22 de febrero de 2012

El cliché que yo ya vi/XCIX



El lector frecuente y buen amigo Christian Guisa (aka Tyler) propone: 

 
La Maldición de la Estación de Trenes: En realidad este cliché puede aplicar para casi cualquier estación de transporte, como podría ser un aeropuerto o una estación de camiones y va más o menos así:
Casi siempre que usted esté viendo una película donde un par de personajes queden de verse o de alguna manera tengan que hacer algo crítico en una estación de trenes, esto no sucederá. Ya sea que se queden de ver porque son dos amantes y tienen que huir o sea el caso de dos tipos que tienen que hacer un negocio súper importante y decidieron llevarlo a cabo ahí, el chiste es que si esto va ocurrir en una estación, apuéstele al de al lado a que esto no se concretará y seguro se ganará un dinerito.
El ejemplo más claro lo podemos ver en esa última gran película de Brian De Palma ¿y de Pacino también? llamada 'Carlito's Way' (De Palma, 1993), donde los dos amantes se quedan de ver justo en la mítica Grand Central Station de Nueva York y al final, nos quedamos con las ganas. Lo mismo ocurre en esa maravilla de Fatih Akin conocida como 'Contra la Pared' (Akin, 2004), donde luego de sufrir junto con los personajes veinte mil vicisitudes, estos se quedan de ver en una estación de camiones y en una toma verdaderamente notable, sólo vemos como se aleja el camión y una vez más, nos quedamos con las ganas. Asimismo, en 'Antes del Amanecer' (Linklater, 1995), cuando luego de horas y horas de platicar, vemos como Ethan Hawke y Julie Delpy llegan a la estación de trenes, y aunque las reglas están muy claras desde el inicio de la película, uno por un breve instante desea que se queden juntos, pero pues no, el cliché nos vuelve a dejar con las ganas.
También vemos esta situación en aquella película de David Lean llamada 'Brief Encounter' (Lean,1945), donde todos quisiéramos que Celia Johnson y Trevor Howard se quedaran juntos, pero ¿qué cree usted? El encuentro final es en una estación de tren. ¡Maldita estación de tren!
Para ya no hacerle el cuento largo, sólo le menciono que esto también lo podemos ver en cintas tan disímiles como 'Pearl Harbor' (Bay, 2001), 'Realmente Amor' (Curtis, 2003), 'La Boda de Mi Mejor Amigo' (Hogan, 1997), y en esa joyita conocida como 'El Secreto de sus Ojos' (Campanella, 2009). En esta última, los personajes, no son amantes y no se quedaron de ver ahí para huir. De hecho, van de común acuerdo a despedirse, pero el cliché aplica porque uno como espectador quisiera que se quedaran juntos, pero no, está el maldito tren ahí. ¡Es imposible!

martes 21 de febrero de 2012

Ambulante 2012/X



Ríos de Hombres (México-Bolivia, 2011), segundo largometraje documental de Tim Dirdamal (multipremiada opera prima también documental De Nadie/2005 que, mea culpa, no he visto), inicia con una sincera/desvergonzada confesión de parte. El cineasta regiomontano ha llegado a Cochabamba, Bolivia, porque -él mismo lo confiesa en voz en off- le dijeron que acá hubo una guerra en la que ganó el pueblo bueno y él quiere formar parte de ese triunfo. Quiere apropiárselo, pues.
La historia es más o menos conocida: en el año 2000, bajo los auspicios del gobierno de Hugo Banzer, se privatizó el suministro de agua en Cochabamba, una de las ciudades más grandes de Bolivia. Luego que la empresa Aguas del Tunari subiera las cuotas del agua desproporcionalmente y que, incluso, pretendieran cobrar una cuota por el agua recolectada de la lluvia, se desataron iracundas propuestas callejeras que terminaron con la muerte de un jovencito de 17 años. Después de que la crisis política y social se hizo inmanejable, el gobierno de Banzer se echó para atrás y el pueblo bueno ganó la batalla, faltaba más.
Dirdamal, emocionado, empieza contando la historia a través de los testimonios de la madre del muchachito sacrificado, del general ya retirado que dirigió a las fuerzas del orden en ese momento, de especialistas del problema del agua, de activistas que participaron en las protestas y hasta del escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano que, por supuesto, subraya el sinsentido absurdo y neoliberal de que una compañía privatizara el agua de la lluvia. Apenas se puede creer. En ese momento, uno está listo para dejarse crecer la barba, tomar el morral que hace 20 años se dejó arrumbado en alguna esquina y salir a protestar contra el neoliberalismo, la privatización, los ricos, el mal gobierno y, entrados en gastos, en contra de la mucha calor (o el mucho frío) que está arreciando.
Pero he aquí que, hacia la mitad del documental, la propia voz de Dirdama muestra cierto desencanto. "Quería creer en esta lucha", nos dice. Pero a estas alturas ya sabe que el problema es más complejo y que hay más de un mito por derrumbar y uno que otro gato encerrado que dejar salir. A través de más o menos las mismas cabezas parlantes, nos enteramos que eso del supuesto pago por el agua de lluvia nunca fue cierto, que el aumento de los precios del agua -hasta un 300%- fue para las clases acomodadas, que los niños de la calle que sirvieron como carne de cañón en las protestas siguen olvidados por la sociedad de Cochabamba y que muchos de los que salieron a protestar lo hacían obligados, pues sus líderes políticos les podían negar el agua para regar sus parcelas. 
Es decir, el asunto se vuelve más complicado porque, en efecto, el gobierno sí privatizó el agua y la malévola compañía transnacional sí subió demasiado el precio -aunque a las empresas y clases privilegiadas-, pero también es cierto que "la guerra del agua" se convirtió en un botín nacionalista de donde emergieron líderes sociales y políticos que, por otra parte, no han contribuido en gran medida para resolver el problema del agua. Más de una década después de esa (dizque) heroica guerra, Dirdamal subraya que las cosas siguen más o menos donde mismo: los pobres no tienen agua o la que tiene es poca, el conciente general Gil ya retirado se duele de no haber manejado mejor la situación -aunque todos los testimonios apuntan a que el militar salvó a Cochabamba de un baño de sangre- y un joven de 17 años, muerto en las protestas, es recordado por su devota madre y una lápida da cuenta de su valentía al caer valientemente en esa guerra. 
¿"El agua es nuestra"? Dirdamal se pregunta sobre el sentido de ese grito de guerra. Por lo pronto, tendrá que ir a buscar a otro lado si quiere encontrar un sitio en el que pueda formar parte de un triunfo. Aquí, en Cochabamba, no se puede. 

Ríos de Hombres se exhibe hoy martes en el Teatro Carlos Lazio a las 16 horas.

El Artista




Es fácil saber qué cinta ganará la mayor cantidad de estatuillas doradas el próximo domingo, en el Oscar 2012 y por qué sucederá eso. El Artista (The Artist, Francia-Bélgica, 2011), cuarto largometraje del cineasta galo Michel Hazanavicius (par de divertidos pastiches del agente OSS 117 -2006 y 2009- inéditos en México) es, en primera instancia, una cinta para cinéfilos  que homenajea el cine como medio y como fin en sí mismo. En segunda instancia, está impecablemente realizada en cada departamento técnico y/o artístico. Y, finalmente, hace reír y sufrir de manera equilibrada, antes de llegar a un happy-end que, por cierto y para mi gusto, se quedó muy corto.
¿La mejor cinta del año? Por supuesto que no –ni siquiera es la mejor entre las restantes ocho nominadas al Oscar 2012-, pero de eso no estamos hablando. Lo que digo es que El Artista tiene los suficientes argumentos para ganar la estatuilla dorada –sin contar la sombra del todopoderoso Harvey Weinstein- y eso sucederá el próximo domingo. Y, por cierto, eso a mí no me molesta en lo absoluto. Han ganado el Oscar cosas mucho peores.
La trama no es más que un agradable repaso/fusión de Cantando Bajo la Lluvia (Donen y Kelly, 1952) y las dos primeras versiones de Nace una Estrella (Wellman/1937, Cukor/1954). Estamos en Hollywood, en 1927. El cine sonoro está a punto de arribar y la superestrella silente George Valentin (Jean Dujardin, con el rostro de Douglas Fairbanks y la apostura viril de Gene Kelly interpretando una versión del auténtico John Gilbert) se niega a hablar, por lo que en poco tiempo pierde todo: mujer, fama, dinero y autoestima. Sólo le quedan su fiel chofer Clifton (James Cromwell), su aún más fiel Jack Russell “Uggy” y la secreta devoción de la joven actriz en ascenso Peppy Miller (encantadora y expresiva Bérénice Bejo, esposa del director Hazanavicius), quien entró al cine gracias a una ayudadita del ególatra Valentin. Así, mientras el actor olvidado cae en el agujero del alcoholismo, Peppy, la nueva estrella que sí puede y quiere hablar, se eleva por los cielos.
Desde los créditos iniciales, hechos al estilo del Hollywood de los años 20/30/40, Hazanavicius deja claro cuál es juego. Si el espectador no quiere o no le interesa jugarlo, está en su derecho, pero el director de las dos películas del OSS 117 no está engañando a nadie: he aquí un pastiche que no tiene empacho (¿ni desvergüenza?) de serlo. Así, además del discutido y discutible robo en despoblado de cierto pasaje musical escrito por Bernard Herrmann para De entre los Muertos (Hitchcock, 1958), he aquí las anacrónicas transiciones usando el iris, el uso del formato 1.37:1 llamado también académico, la aparición tipo Zelig (Allen, 1983) del George Valentin de Dujardin en una película protagonizada por el auténtico Douglas Fairbanks (nada menos que La Marca del Zorro/Niblo/1920), las bien realizadas secuencias en las que vemos pasar el tiempo a través de fragmentos de películas o noticias periodísticas y, por supuesto, el hecho (¿no lo había anotado ya?) de que estamos ante una cinta muda, aunque no silente, pues hay una pertinente banda sonora musical de Ludovic Burce y uno que otro efecto sonoro que escuchamos en algún momento clave del filme.
Habría que anotar, sin embargo, que Hazanavicius no sólo es capaz del mero plagio juguetón. Hay un uso inteligente de la cámara a lo largo de toda la cinta –incluso hay una toma notable en la que Valentin, alcoholizado, baña su propia imagen reflejada en el crista de una mesa- y una escena que, como bien ha escrito David Thomson, podría haber sido escrita por el mismísimo Ernst Lubitsch: el momento en el que, a través de una filmación que se repite una y otra vez, vemos cómo Valentin empieza a enamorarse de Peppy. Todo funciona a la perfección: la actuación de Dujardin como Valentin que, a su vez, está actuando en una película; la encantadora presencia de Madame Bejo; y la sencilla pero eficaz puesta en imágenes de Hazanavicius. ¿Hazanavicius-touch?: nah, no es para tanto. Pero sí lo suficiente para ganar el Oscar.

lunes 20 de febrero de 2012

El cliché que yo ya vi/XCVIII



Es un honor tenerlo de invitado en el blog. Alonso Ruvalcaba, crítico de cine, de teleseries, de comida y de Medianoche en París, propone el cliché:

¿Buscabas esto?: Digamos que el bueno o buena de la película tiene, precavido, un arma escondida. Digamos que se distrae en su interacción con el malo –de preferencia porque su interacción ha implicado quitarse la ropa o al menos enseñar un poco de escote– y baja la guardia. Cuando el bueno vuelve a subir la guardia, sea por una mala palabra, por desconfianza o porque le han herido el corazoncito, y estira la mano o corre en busca de su arma, el malo –siempre un paso adelante– ya se ha hecho de ésta o de las municiones. El malo entonces hará la pregunta inevitable, sosteniendo el arma: “Looking for this?” –subtítulo: “¿Buscabas esto?” (Puede funcionar con los papeles invertidos.) Visto, por ejemplo, en Duro de matar –el arquetipo de decenas de clichés de acción actuales–, en Lost –lo dice Linus en Dead is dead–, en El cuervo: salvación –ahí le toca decirlo al propio Cuervo–, en Casino Royale –el gran Bond sostiene el cartucho en la mano, igual que McClane… En “Modern Warfare”, uno de los mejores episodios de Community, está la parodia de la parodia (“No paintballs, Hans?” pregunta Jeff). Recientemente, en el extraordinario episodio “The weekend” de Homeland, la sensata actuación de Damian Lewis como el sargento Brody, que puede o no ser terrorista, demostró que, colocado en un momento perfecto, incluso un clichezote de este tamaño puede sentirse vivito y coleando. Ahí, sorprendentemente, el lugar común es pura tensión.

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXIX



Historias Cruzadas (The Help, EU-India-Emiratos Árabes Unidos, 2011), de Tate Taylor. Ya tengo mi placer culpable del año. Se trata de un melodrama femenino y racial que no es más que una telenovela bien realizada y mejor interpretada con brío, dedicación y humor por un impecable cuerpo de actrices. Viola Davis y Octavia Spencer ganarán sus respectivos Oscar encarnando a un par de clichés parlantes, pero quien se ganó mi admiración es Jessica Chastain en una bien modulada interpretación cómico-melodrámatica. Me siento sucio al escribir esto, pero ni modo: disfruté más la telenovelera Historias Cruzadas que la muy mediana Los Descendientes (Payne, 2011). Por lo menos la cinta dirigida por Taylor abraza sin verguenza alguna su condición sentimental. 

El Artista (The Artist, Francia-Bélgica, 2011), de Michel Hazanavicius. Como mañana mismo publico aquí mi crítica, no tiene sentido abundar mucho. En todo caso, adelanto: no, no la odié; no es la mejor película del año -ni siquiera la mejor entre las nominadas, creo yo-; y no me molestará que gane todo lo que tenga que ganar el próximo domingo, incluyendo el Oscar a Mejor Película. 

Contrabando (Contraband, EU-GB-Francia, 2012), de Baltasar Kormákur. Palomero remake inflado -más duración, más personajes, más subtramas, más prespuesto- del mejor thriller islandés Reykjavík Rotterdam (Jónasson, 2008) en el que el director de este refrito, el cineasta/guionista/actor Kormákur, fungió como productor y protagonista. Este remake se deja ver sin mayor problema y Mark Wahlberg se luce en el papel del rudo defensor de su familia amenazada por el excéntrico Giovanni Ribisi. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.