jueves, 29 de noviembre de 2007

Pídala cantando: Ciudad en Tinieblas/I


Hace unas entradas (no sé cuantas; llevo más de cien en menos de dos meses) se discutía las virtudes de Ciudad en Tinieblas vis-a-vis Matrix y alguien me pidió que escribiera sobre las dos películas. Bueno, no llegué a tanto de volver a verlas para escribir la reseña comparativa que me propusieron. Pero sí rescaté de mi archivo muerto lo que escribí en el momento del estreno de Ciudad en Tinieblas. Recuerdo que me gustó bastante, por cierto. Va la complacencia, pues (luego publico la reseña de Matrix).


Ciudad en Tinieblas (Dark City, EU, 1998), segundo largometraje del australiano hollywoodizado Alex Proyas (El Cuervo/1994), sorprende de forma muy grata. Es una película madura, tanto en el estilo -deudor en el buen sentido de la palabra de lo mejor del cine de ciencia ficción desde Metropolis (Lang, 1926) hasta Brazil (Gilliam, 1985), pasando por Blade Runner (Scott, 1982)-, como en su historia -aunque parezca increíble, basada en un argumento original escrito por el propio director.
En una oscura ciudad sin nombre, un hombre llamado John Murdoch (el virtualmente debutante Rufus Sewell) despierta en la habitación de un pequeño hotel junto al cadáver de una prostituta. Murdoch no recuerda nada de su pasado pero de cualquier forma es perseguido por el tenaz detective Frank Bumstead (William Hurt adecuadamente gélido, como de costumbre) y por un grupo de extravagantes seres largiluchos enfundados en largos abrigos negros, quienes parecen poseer extraños poderes telequinéticos que el mismo Murdoch comparte. La verdad se le irá revelando a Murdoch poco a poco: los tipos forman parte de una raza extraterrestre en vías de extinción quienes se dedican a jugar con la memoria y los recuerdos de los seres humanos, pues buscan sobrevivir a través del conocimiento de la inasible "alma humana".
El diseño de producción del filme -responsabilidad de George Liddle- es perfectamente coherente con la trama y la progresión dramática de la cinta, lo que resulta un acierto difícil de minimizar -en otras palabras, aunque estilísticamente apabullante, el diseño de la cinta resulta, al final de cuentas, más funcional que otra cosa. Lo mejor de todo es que la compleja historia sobre este hombre perdido en una ciudad artificial, construida en base a los retazos de la memoria humana, nunca se vuelve confusa y permanece fiel a la demencial lógica construida por la propia trama.
Y aunque a primera vista las similitudes con el clásico Blade Runner son las más evidentes (ambiente estilístico de film-noir, héroe solitario, mundo artificial, reflexión sobre la memoria y lo que significar SER humano), en realidad Ciudad en Tinieblas se hermana mejor con El Truman Show en la creación de este asfixiante mundo autosuficiente en el cual se mueve nuestro desconcertado protagonista. Sólo que, a diferencia del happy-end del filme de Peter Weir, aquí el final no encierra escape alguno sino, más bien, el refinamiento del mencionado mundo artificial. Es decir, si no hay salida posible de la trampa, por lo menos volvámosla más habitable.

4 comentarios:

El Duende Callejero dijo...

Fe-de-Ratas... ¿William? Es Gilliam... ¿No?

Diezmartinez dijo...

Méndigo word...

Joel Meza dijo...

Pos pícale que no te corrija. A poco va a saber más Bill Gates que tú...

Joel Meza dijo...

Ahora recuerdo que en alguno de los documentales de The Matrix, Joel Silver (productor) comenta que la filmaron justo después de Dark City en los estudios Fox en Sydney y usaron varios de los sets construidos para Dark City. Así que a'i tienen, para quien comentó en la otra discusión que los Wachowski se piratearon el trabajo de Proyas.