martes, 8 de enero de 2008

El cliché que yo ya vi.../XIV


"El Síndrome Cabo de Miedo". Cuando los miembros de toda una familia -o, en su defecto, una heroína- esten acosados por un psicópata, un serial-killer o, por lo menos, un vulgar maloso, se irán dizque a esconder en un apartadísimo lugar (un velero en medio del oceáno, un bote atracado en un río desconocido, un cabaña perdida en el bosque, una granja alejada de la gran ciudad) de tal manera que nadie pueda ayudarlos cuando el villano llegue a tratar de escabechárselos por babosos. Cliché propuesto por Charles Boos -traducido y adaptado por un servidor- que se encuentra en el Ebert's Little Movie Glossary.

7 comentarios:

Daniela dijo...

Yo propongo un cliché: en cualquier película donde haya una escena en un supermercado, invariablemente las bolsas del o la protagonista son de papel y por lo general siempre sale una baguette de una de ellas.

Joel Meza dijo...

Muy cierto lo de la baguette. Lo chistoso es que nunca se muestra a nadie haciéndose una tortota con ese pan. Si alguien se hace un sandwich en las películas, siempre usa pan de barra.

Una variante al síndrome de Cabo de Miedo es la falacia del escape hacia arriba: si una persona es perseguida por un sicópata (o por la policía, o por etc.) en un edificio, siempre "escapará" hacia el techo, desde donde, por supuesto no hay salida posible.

Tyler dijo...

Si no fuera por esos escapes hacia arriba no hubieramos tenido gloriosos escapes como el de Bruce Willis en Die Hard 1 cuando se amarra a la manguera de bomberos y se avienta de la azotea!

Karla dijo...

También está el cliché de las películas de acción en las que si el heróe tiene las manos atadas no importa si es a otra persona, a la silla como sea, siempre encuentra a su alcance un objeto suficientemente filoso para escapar, y los guardias nunca se enteran.

El Duende Callejero dijo...

Falta uno, de saltito: una persona, mujer u hombre, va al baño. Quizá se sienta mal, quizá sólo vaya a lavarse los dientes... En fin, el caso es que llega al lavabo, y sobre él, claro: la cajita de las medicinas. Si se siente mal, está claro... Lo abrirá. Si no se siente mal, igual lo abrirá. Y cuando lo abra... La verá una acomodada pila de cajitas, tubos y envases con pastillitas de colores. Quizá agarre uno, lo abra con el pulgar y se aviente el contenido sin contar o respirar. Quizá sólo lea una jodida etiquetita... El chiste es que, la acción no consume más que unos seguinditos... Entonces, el buen (o la buena) en cuestión, cerrará la puertita (que siempre de los siempres tendrá un chungo espejito), y ¡Moles! Un aparecido que lo hará voltear... Nos hará saltar...

Y nada. Estaba en su cabeza...

Aunque, claro, la música sirve... Nos prepara. Y de un tiempo a la fecha, dicho cliché está cambiando a que el amigo (o amiga), cierre y no pase nada (el monstruo o aparecido), lo está esperando allá afuerita. Igual le dará un sustote marca diablo y quizá nos haga saltar un poco gracias a una buena pista de sonido.

Joel Meza dijo...

Ebert acaba de sacar un nuevo cliché, que incluye lo que dice el Duende sobre los gabinetes de medicinas en los baños de las películas:
http://rogerebert.suntimes.com/apps/pbcs.dll/article?AID=/20080110/GLOSSARY/136659993/1003/ANSWERMAN

Daniela dijo...

otra cosa que siempre hace todo mundo que entra a un baño en una película es remojarse la cara en el lavabo.