sábado, 19 de abril de 2008

Oaxaca 2008/II


El comité organizador de Oaxaca 2008, con infinitas sabiduría y generosidad, ha programado por la tarde la exhibición de las películas en tres salas del complejo de MMCinemas que se encuentra en Plaza del Valle. Así, después de la comida uno puede irse a encerrar en el cine y ver tres, cuatro o cinco películas consecutivas, dependiendo de la elección y los horarios.
Esto nos deja la mañana completamente libre para ir a caminar por la ciudad, darse una vuelta por Mitla o Monte Albán, o irse a comer unos chapulines y a beberse un mezcal sin preocupación de ninguna especie. Eso sí, a las dos de la tarde a encerrarse y a trabajar, que a eso venimos. Como sigue:

El Diablo y la Nota Roja (México-GB, 2007), de John Dickie. La sinopsis prometía mucho: la realidad diluyó la promesa. Se trata de un documental sobre un hablantín periodista -"el diablo" del título- que trabaja en la sección policiaca del diario El Imparcial, de Oaxaca. El filme planea sobre muchos de los temas -la relación de él con la policía, las condiciones de trabajo de este tipo de periodismo amarillista, las reaciones de los familiares de las personas que aparecen en esta sección, la información usada como chantaje o arma comercial- pero no desarrolla en realidad ninguno. Una decepción, porque el tema y "el diablo" daban para más.

Fiesta Patria (Chile-Perú, 2007), de Luis R. Vera. Una película cuya premisa, con todo y ser muy convencional, no deja de ser interesante. Un par de jóvenes a punto de comprometerse en matrimonio se reúnen en una casa de campo con las extendidas familias de ambos, que estaban en bandos distintos en 1973. Los papás de la novia, de hecho, esconden un secreto que han podido ocultar durante mucho tiempo, y la citada reunión -y las eternas discusiones sobre el pasado, la dictadura, Allende, el comunismo, Pinochet- sólo servirá para colocar a cada quien en donde le corresponde. Y nadie sale bien parado. Tampoco la cinta, que se pasa de estridente, melodramática y sexosa. En competencia.

El Hombre de las Dos Habanas (The Man of the Two Havanas, EU, 2007), de Vivien Lesnik Weisman. El mejor filme que he visto en el festival es este divertido, absorbente y, al final, muy conmovedor documental sobre un hombre, Max Lesnik, quien fue un participante clave de la Revolución Cubana y que, en desacuerdo con Castro por su acercamiento hacia la Unión Soviética, se exilió en Miami desde 1961. El problema es que Lesnik permaneció durante mucho tiempo equidistante de Castro como de la mafia cubano-americana, lo que lo convirtió en un blanco de ataques, hostigamiento y hasta atentados terroristas. El retrato de este hombre terco, rebelde, insensato, incansable, es un acto de amor: la cineasta es su hija quien, desde el inicio, confiesa que se siente resentida porque su papá amá más a Cuba que a nadie. Exhibida fuera de concurso.

Orlando Vargas (Uruguay, 2005), de Juan Pittaluga. Impecablemente dirigida, estamos ante una cinta sobre un hombre -el Orlando Vargas del título- que abandona Montevideo con su mujer e hijo para irse a ocultar a una casa de playa. Alguien lo sigue, aparentemente la policía. Por qué huye, qué hizo, por qué se siente tan alejado de todos, es un misterio. Así como su posterior desaparición. La cinta abreva de la misma tendencia opaca, elíptica, minimalista, que ha cundido en el cine conosureño en los últimos años. El filme nunca deja de ser intrigante, y más con la contínua aparición de la voz de Cuco Sánchez ("Fallaste Corazón") en la banda sonora.

2 comentarios:

Josafat M. dijo...

Suena a que el Hombre de las dos Habanas es una cinta muy sincera, me atrae eso.

Diezmartinez dijo...

Creo que es buen adjetivo, Josafat. Se siente, en efecto, una cinta sincera. Al final, hasta conmueve genuinamente. Como para programarse el día del padre.