sábado, 26 de julio de 2008

A 50 Años de la Nueva Ola Francesa/X y último


Alphaville (Alphaville, une Étrange Aventure de Lemmy Caution, Francia-Italia, 1965), de Jean Luc Godard. Nada hay más anacrónico que el futuro. Y en especial, el futuro imaginado en los años 50/60: sociedades alienadas y des-individualizadas, regidas por un stalinismo computarizado/deshumanizado. Por supuesto esta distopia era pertinente en 1965 –y, por desgracia, lo sigue siendo a fines de la primera década del siglo XXI- pero tengo la sensación que eso no le interesa demasiado al Godard de Alphaville.
Lo más cercano a una pop-movie que ha realizado Godard en toda su carrera, Alphaville nace de la fascinación del excinecrítico por las B-pictures americanas y los cómics de ciencia-ficción. De las primeras, toma el personaje principal –un solitario detective de pocas pulgas y palabras- y de los segundos toma el escenario futurista y una esquemática progresión narrativa.
Sobre un argumento escrito por el propio Godard, he aquí que estamos en algún momento del futuro, en Alphaville, una ciudad dominada por una computadora que ha convertido a todos los seres humanos en zombies que tienen prohibido cualquier actividad irracional, como llorar, amar o dudar. Ahí, a la tierra de los alienados, llegará en su Ford Galaxy el duro detective Lemmy Caution (un personaje que ya había aparecido en media docena de baratonas cintas detectivescas francesas, encarnado por Eddie Constatine), quien tendrá como misión eliminar al cerebro que maneja la citada computadora y vencer al mismo armatoste. Otros detectives antes que él –incluso un tal Dick Tracy- han fracasado, así que la misión no parece fácil para Caution, y menos cuando por ahí aparece Anna Karina, la musa de esos tiempos de monsieur Godard.
La cinta ha envejecido mal –cada vez que la veo me gusta menos: debo dejar de verla- y en su segunda parte se vuelve insufrible: los personajes dejan de actuar y empiezan a hablar en demasía. Lo que sigue siendo interesante son los esfuerzos de Godard, su fotógrafo Raoul Coutard y el diseñador de producción Pierre Guffroy por convertir al París de 1965 en esa domesticada metrópolis de ciudadanos adormecidos/tecnificados.
Alphaville se exhibe hoy en la Cineteca Nacional.

10 comentarios:

El Duende Callejero dijo...

De hecho, lo que vale de la cinta es, precisamente, ese esfuerzo por hacer del pasado (presente en su momento), un futuro que ni aún ahora vivimos.

De mis favoritas, aunque es cierto: como otras tantas cintas de ciencia ficción sesenteras-setenteras (y hasta cincuenteras y ochenteras), ha envejecido mal. Muy mal.

En eso la emparento con Jubilee de Jarman. Distopía pura.

Diezmartinez dijo...

Sin embargo, pasa algo curioso, Duende (o, por lo menos, eso me pasa a mí), con el cine de ciencia ficción de los 50/60 (no tanto con el de los 70 u 80): su visión del futuro me parece conmovedora por lo envejecida que resulta ahora. Pero no sucede lo mismo con Metrópolis, realizada varias décadas anteriores. Vamos: siento a Metrópolis más contemporánea que Alphaville.

El Duende Callejero dijo...

¿La influencia de la Guerra Fría quizá? En los 20's y los 30's no había bombas atómicas (no había la certeza de un fin de todo, para ser claros). El futuro, como decía Dick, era no dentro de cientos de años, sino próximamente: a lo más, cinco años. Vamos, los 50's y 60's jugaban al vidente, pero casi en caricatura. Autos voladores, viajes en el tiempo, colonizar otros mundos e inteligencia artificial. Todo al extremo. Llegamos a los días en los que vemos que la tecnología sirve no para llegar a Europa en cinco segundos, sí para cargar con una discoteca y cientos de películas en un aparatito que llevamos en el cinto... Y qué decir de los celulares... ¡No había en esas películas!

Por eso la visión de antes de los 50's es más "centrada". Metropolis de Lang es como el Tokio de la Coppola ¿no?

Diezmartinez dijo...

Algo más, Duende: en Tiempos Modernos el patrón puede espiar a sus escla... perdón, trabajadores, hasta en el baño. En ese momento, parecía una exageración chaplinesca, una sátira llevada al extremo. Ahora, si haces ver la cinta a un grupo de estudiantes, eso lo les causa gracia: es demasiado cercano (más bien, idéntico) a nuestra realidad. La sátira chaplinesca le atinó en eso y a mucho más en su retrato de un cercanísimo futuro.

Y a propósito de Dick. Yo sé que eres un especialista en él y sé que no quedaste muy conforme con la adaptación de A Scanner's Darkly, pero la adaptación que hizo Linklater de la novela me pareció muy justa y la visión de ese mundo de paranoia y drogadicción no lo vi nada ciencia-ficcional. Más bien, me pareció casi costumbrista.

Diezmartinez dijo...

Ah, y por supuesto, por ese argumento que mencionas, acaso Tiempos Modernos, que no es exactamente de ciencia-ficción, resulta ser más "centrada" que algunos filmes del género.

Paxton Hernandez dijo...

Tampoco de mis favoritas de Godard, Ernesto.

Pero no deja de ser interesante. Y de acuerdísimo, qué mal ha envejecido.

Por cierto, hablando de sci fi de los 50s... ¿Qué opinión te merece The Day The Earth Stood Still, de Wise?

Diezmartinez dijo...

Hace muchos años que no la veo, Paxton, pero la recuerdo demasiado seria y pomposa para mi gusto. Debería volver a verla. Hay por ahí un DVD de colección.

El Duende Callejero dijo...

Lo que me molestó de la película de Linklater no fue tanto su tratamiento de la historia, sino su puesta en escena. Sí, sé que defiende la rotoscopia empleada diciéndo que sólo así sería cercana a lo propuesto por Dick... Pero nada más lejano que la realidad. De hecho, en parte eso es precisamente lo que la aleja de la realidad siendo que, si uno lee tanto esa novela, como mi favorita: The Man in The High Castle... El caso era decirte... Mira, esto es el futuro ¿Verdad que no?

y listo... A sentir ese cosquilleo nervioso que Linklater, al ponernoslo con tan bonita envoltura, sólo jodió.

Mi opinión.

aaron dijo...

Claro que la película se mira envejecida cuando uno centra su atención exclusivamente en si la suposición de lo que sería el futuro efectivamente es...
Admito, no estamos "dominados" por una computadora central que impide las actividades irracionales, pero creo que la apuesta de Godard no va hacia la predicción del futuro, es mas bien un discurso en contra del futuro que se estaba construyendo (que no en contra de la tecnología). ¿Qué destruye a la máquina en Alphaville? La poesía. Al fin y al cabo Godard no realizo construcciones de set o empleo efectos especiales, filmo con una película hipersensible (de hecho se desarrollo una asa especial para que Godard pudiera filmar de noche utilizando solo iluminación disponible), por lo que pienso, no le interesan ni los coches voladores, ni acertar en el "futuro". Desde aquí Alphaville sigue vigente.

Diezmartinez dijo...

Buen apunte, Aarón. Gracias.