domingo, 26 de octubre de 2008

Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México/VII y última


Hoy termina, con la exhibición de las ganadoras (en el foro Ana María Hernández, ubicado en la calle de Pacífico No. 181 esquina Asia, a una calle de Miguel Ángel de Quevedo, en Coyoacán) la Primera Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México.

Como un servidor fue jurado de la sección documental, he aquí mis impresiones de esta parte del festival, la única que, por razones obvias, tuve la oportunidad de revisar. Antes que nada, tendría que empezar felicitando a quien hizo la elección de las cinco películas en competencia, pues todas y cada una de ellas fueron, en mayor o en menor medida, bastante interesantes. Las cinco cumplieron con uno de los clásicos objetivos del cine documental desde siempre: el descubrirnos un mundo nuevo o, en todo caso, el darnos una nueva mirada a un mundo ya conocido. Curiosamente, los cinco filmes programados tuvieron un común denominador: en todos ellos se mostró una reflexión/análisis/exploración de lo que significa representar algo, representar a alguien.

En Mundo Tributo (Argentina, 2007), de Adrián Fares y Leo Rosales, por ejemplo, se nos muestra el fenómeno de las “bandas tributo”, formadas para imitar/homenajear/explotar grupos legendarios como The Beatles, Kiss, The Doors, Genesis, Pink Floyd o Queen. Aunque tal vez demasiado extenso para cubrir un tema que empieza a resultar repetitivo después de una hora de duración, el documental de Fares y Rosales nos da a conocer una forma de trabajo, de vida y de nostalgia por bandas que ya no existen, pero que quieren ser disfrutadas por cuarentones y cincuentones que, faltaba más, quieren sacar juventud de su pasado. El personaje más interesante de todos es un tal Dr. Queen, médico de profesión, que imita muy seriamente –y con mucho éxito, al parecer- al extinto vocalista de Queen, Freddy Mercury.

En Tres Caídas (España, 2007), del hombre-orquesta Nacho Cabana (director/productor/guionista/editor…), vemos un escenario bastante más conocido y reconocible: la lucha libre mexicana, que tiene mucho de circo, maroma y teatro. De representación, pues. Las tres caías del título son las tres partes en las que está dividido el documental, en el que se entrevista lo mismo a auténtica leyendas del pancracio (Huracán Ramírez, El Cavernario Galindo, Fray Tormenta, El Tinieblas) que a sus jilgueros, a sus empresarios y a su público. A lo largo de hora y media, Cabana explora la riquísima subcultura construida alrededor de la lucha, los luchadores y sus adláteres: los “mini” como Mascarita Sagrada o la Parquita, los luchadores exóticos y/o gays, la lucha libre femenina y hasta la bárbara lucha extrema, en donde se vale prácticamente todo.

Otro tipo de representación podemos ver en Talsi (Italia, 2007), de Corso Salani, un documental que forma parte de una serie de seis episodios creada por el propio cineasta. En esta serie, Salani se fue a los confines de Europa –al oeste, al este, a Ceuta, a Finlandia- a contar y encontrar historias sobre gente viviendo en los límites geográficos –y de todo tipo- europeos. Talsi es un pequeño pueblo de Letonia que se encuentra prácticamente a unos pasos de Rusia. Ahí, la actriz Liga viaja desde la capital letona Riga a encontrar la manera en la que viven, piensan y sobreviven las mujeres de ese lugar para construir unos monólogos que representará en el teatro. Así, la construcción de una pieza teatral se funde con las entrevistas de un puñado de mujeres. Un documental sobre interpretación y, de nuevo, representación.

Aún mejor resultó Imatra (Italia, 2007), también de Salani. El cineasta ahora viaja a la Imatra del título, un pueblito finés que se encuentra, también, muy cerca de Rusia. Se supone que va a hacer un documental sobre la vida y el trabajo en ese alejado sitio, pero en realidad va a buscar a Blanca (Paloma Calle, guapa), su examante, con quien rompió tiempo atrás. Blanca sabe muy bien el bicho que es Salani –en todo caso, el bicho que representa Salani en el filme-, así que en cuanto lo ve, parece que ha visto al mismísimo chamuco.

Pero el director/actor Salani es aferrado como sólo lo puede ser un auténtico enamorado: le propone a la desconfiada Blanca que le sirva de intérprete/entrevistadora en su documental. Así, mientras Blanca es seguida por la cámara en la fábrica de tetrapak (una de las más grandes del mundo) o en las oficinas de los políticos de Finlandia y Rusia, es claro que lo que menos le interesa al director/Salani es el documental que está haciendo. Lo que quiere es reconquistar a la evasiva Blanca. El asunto llega a ser conmovedor aunque, por supuesto, ¿realmente Imatra es un documental? ¿No está Salani representando una amarga comedia romántica?

Finalmente, la ganadora sin mucha discusión fue Yo No Soy un Moderado (Italia, 2007), de Andrea Nobile, que sigue la fallida campaña política del premionobel Darío Fo por ganar la elección interna dentro del PSD izquierdista italiano en 2005 para la alcaldía de Milán. Fo, dramaturgo, actor, hombre público, anarquista confeso, no es ningún moderado. Él quiere cambios y los quiere ya. Está harto –como lo estamos muchos, en Italia, México, Estados Unidos, Argentina o Francia- de una izquierda tan pasteurizada que ha dejado de ser izquierda. Una izquierda que, con tal de no pisar callos, se pone corbata, habla con sensatez y se codea con los poderosos.

El documental de Nobile es muy convencional: en el fondo, no es más que la crónica de una campaña política. Pero qué campaña política. Y qué candidato. El filme inicia a 60 días de las elecciones internas en las que Fo sería derrotado y finaliza el mismo día de la elección. En el ínter, vemos a Fo planear su campaña, discutir con su bravera mujer Franca Rame, ir por la calle pidiendo el voto, discutir con quien se deje, indignarse y hacer rabietas. Es decir, lo vemos represéntandose a sí mismo para los demás y para la cámara. Por supuesto, también vemos fragmentos de muchas de sus obras teatrales en las que criticaba precisamente todos esos personajes a los que ahora se está enfrentando. Esos politiqueros corruptos e impotentes que, en realidad, no ejercen un verdadero poder, pues los que mandan están en otro lado. Y para ellos, alguien como Fo es peligroso. Como quien dice, un peligro para Italia.

En la misma conferencia de prensa en la que tuve la responsabilidad de anunciar que Yo No Soy un Moderado fue el documental ganador, la directora del festival, la Dra. Leonor Magentíes, dio a conocer también a la triunfadora de la sección de ficción (Japón Japón/Israel/2007, de Lior Shamriz), al mejor cortometraje (Quizás, Quizás, Quizás/España/2007, de Enrique Recuenco) y el Premio del Público (La Clase/Estonia/2007, de Ilmar Raag, que se exhibió fuera de concurso).

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