Envíos gratis a México

viernes, 31 de octubre de 2008

El cine que no vimos/V


Benny’s Video (Austria-Suiza, 1992), tercer largometraje de Michael Haneke –y segundo en su trilogía de alienación y crimen después de El Séptimo Continente (1989) y antes de 71 Fragmentos de una Cronología de la Suerte (1994)- nunca mereció estreno comercial en nuestro país, aunque pudo ser visto, seguramente, en algunas salas del circuito cineblubero mexicano. En todo caso, la cinta está disponible en un sencillo DVD de Región 1 editado por Kino que ofrece la imagen en formato widescreen (1.85:1) y como único extra una entrevista exclusiva con el discutido cineasta austriaco.

En esta temprana obra, Haneke explora también un tema que luego se volvería marca de fábrica en su filmografía por venir: la deshumanización causada y/o puesta en evidencia por la mirada de la cámara de vídeo. Nada es significativo si no se ve a través de las imágenes codificadas que aparecen en un encuadre pero, al final de cuentas, tampoco lo que vemos realmente trasciende. La muerte real de un cerdo por una pistola de ganadero está en el mismo nivel que una violenta cinta de acción de Hollywood.

Por lo menos así ve el mundo que le rodea el Benny del título (Arno Frisch), un adolescente vienés que vive con sus acomodados padres (Ulrich Mühe y Angela Winkler) en un amplio departamento. Benny ve todo a través de la cámara. O mejor dicho, de las cámaras, pues en su habitación tiene varias, apuntando hacia sí mismo, hacia la calle, hacia la propia televisión que permanece perpetuamente encendida, al mismo tiempo que escucha la música metalera más estridente. No hay nada realmente fuera de lo común en el comportamiento de Benny. Ni siquiera su pasivo distanciamiento frente a sus padres, síntoma “normal”, si los hay, de cualquier adolescente.

Sin embargo, en cierto fin de semana cuando sus papás se van a una granja familiar y él se queda en la ciudad alegando que tiene mucha tarea, la rutinaria vida de Benny dará un giro no del todo inesperado. Benny invita a una anónima muchachita (Ingrid Stassner) a pasar la tarde con él en el solitario departamento. No parece haber nada planeado en el comportamiento de Benny, aunque la tragedia que veremos –o, mejor dicho, que NO veremos, pues prácticamente todo sucede off-camera- parece extrañamente natural, lógica, casi normal.

Más aún porque la fría puesta en imágenes funcionalista de Haneke no enfatiza dramáticamente lo que vemos o dejamos de ver. El espectador es dejado en libertad para que tome sus propias conclusiones, por más que algunos han querido ver en el desenlace una súbita toma de conciencia por parte del muchacho. Yo no creo que sea así. Cuando Benny decide, inexplicablemente, dar el último paso que da, el quinceañero sigue siendo un enigma para sus padres y para nosotros mismos. Y como de costumbre con Haneke, no habrá al final respuestas fáciles porque, acaso, no puede haberlas.

miércoles, 29 de octubre de 2008

El cliché que yo ya vi/XXXVIII


El niño oportuno. Siempre que un matrimonio más o menos joven empiece a hacerse piojito, arrumacos o cuchi-cuchi, aparecerá el niño o la niña en la puerta de la alcoba llorando, pidiendo agua, diciendo que está asustado/asustada o cualquier monserga similar. El chiste es interrumpir a los papás cuando la cosa (no pun intended) está poniéndose buena. ¿Ejemplos?: incontables. Desde Ustedes los Ricos ("el torito" interrumpe la reconciliación de Infante y Pavón al aparecer comiéndose unas flores) hasta la reciente versión de Deathrace, en donde Jason Statham y su esposa se quedan con las ganas porque la chilpayatita empieza a chillar en su cuna. Le hubieran puesto un esparadrapo y ya.

martes, 28 de octubre de 2008

Cine en televisión para el martes 28 de octubre


Romanzo Criminale (Italia-Francia-GB, 2005), de Michele Placido. Exhibido en México en el Giro del Cine Italiano hace un par de años y con el nombre de Romance Criminal, el séptimo largometraje del veterano actor y ocasional cineasta Placido no mereció estreno comercial en nuestro país.

Hasta donde intuyo, la traducción al español de esta cinta tendría que haber sido “Una Novela Criminal” –de hecho, en inglés la película se ha exhibido como “A Crime Novel”-, pues la historia de la elevación y la caída de un trío de mafiosos italianos, desde los años 70 hasta inicios de los 90, tienen poco que ver con la palabra “romance”.

El filme, adaptado de una novela de Giancarlo De Cataldo adaptada por el propio Placido en colaboración con el escritor y los invaluables Sandro Petraglia y Stefano Rulli (guionistas de la extraordinaria La Meglio Gioventú/Giordana/2003), está centrado en tres jóvenes delincuentes que, al salir de la correccional por haber robado un auto en su adolescencia, se re-encuentran para planear y ejecutar un secuestro. Con el dinero reunido de ese golpe, el megalomaníaco “Libanés” (Pierfrancesco Favino), el serio Pietro (Kim Rossi Stuart) y el galanesco “Dandy” (Claudio Santamaría) forzarán su entrada a los más altos niveles del crimen organizado en Roma, acaparando la distribución de heroína en las calles de la ciudad eterna. Sin embargo, como bien sabemos los mexicanos, los mafiosos muy pronto estarán luchando entre sí, traicionándose mutuamente, matando o siendo asesinados por tonterías y, peor aún, terminarán como oscuros peones del propio Estado italiano, que los usa para hacer el trabajo sucio que legalmente no puede hacer.

De hecho, si no fuera porque la historia de este trío de gángsteres se entrelaza provocadoramente con el desarrollo político de la Italia de los 70/80/90 –el secuestro de Aldo Moro, el combate a las Brigadas Rojas, el atentado terrorista de 1980 en Bolonia-, Romanzo Criminale no sería más que un entretenido pastiche scorsesiano, pues las referencias visuales/musicales al cine de mafiosos al estilo americano es evidente: cámara fluida de Luca Bigazzi, con su paleta deslavada en los años 70 y cada vez más colorida en la medida que avanza la historia con derramamiento de sangre incluido; y espléndida banda sonora con música de la época desde Creedence hasta Queen pasando por The Pretenders.

Es el desnudamiento de los juegos criminales del Estado italiano y su manipulación de la mafia (a veces combate frontal, a veces franca tolerancia) lo que hace extrañamente pertinente esta película en nuestro contexto nacional: ¿cuánto de lo que vemos en Romanzo Criminale no lo hemos atestiguado en las calles de Sinaloa, de Jalisco, de Tamaulipas, de Baja California, de Michoacán, de Chihuahua... de todo México?


Cinemax oeste; martes 28, 23:45 horas, tiempo del centro de México.

domingo, 26 de octubre de 2008

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LVII


Espérame en Otro Mundo (México, 2007), de Juan Pablor Villaseñor. No fue la peor película mexicana que vi en Guadalajara 2007 porque, por desgracia, me tocó sufrir Cementerio de Papel (Hernández, 2007). No me da gusto escribir esto, pero este tardío segundo largometraje de ficción de Villaseñor (agradable debut Por Si No Te Vuelvo a Ver/1997) es un desastre. El asunto inicia más o menos de forma interesante -el viejo matrimonio de Margarita Sanz y Fernando Becerril se derrumba cuando ella se extravía en una realidad alterna o en la franca locura- pero muy pronto el interés se va a la goma y más con ese tremendista desenlace que me dejó con cara de what. Mi reseña en REFORMA.


Juntos, Nada Más (Ensemble, c'est Tout, Francia, 2007), de Claude Berri. Un filme bonito y bienintencionado con cuatro personajes que sufren mucho -en realidad, ni tanto- pero que, al final, cumplirán todos sus anhelos y sueños. El veterano Berri dirige con eficacia una cinta indoloramente palomera que tuvo un gran éxito comercial en el hexágono francés. Mi reseña en REFORMA.


Quémese después de Leerse (Burn After Reading, EU, 2008), de Joel y Ethan Coen. Escrita al mismo tiempo que la oscura y oscareada Sin Lugar para los Débiles (2007), esta irritante farsa de torpísimos espías es su perfecta pieza de compañía. Aparentemente, las dos cintas son muy distintas, pero creo que no es así: en las dos los Coen más nihilistas y desesperanzados vuelven a hacer de las suyas. Es más: por lo menos en Sin Lugar para los Débiles podíamos estar del lado de alguien -del lacónico sheriff Tommy Lee Jones-; en Quémese Después de Leerse queremos estar lo más lejos posible de esta runfla de imbéciles y egoístas. Acaso la cinta más terrible y deprimente que hayan realizado los Coen en toda su carrera. Mi reseña en REFORMA.

Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México/VII y última


Hoy termina, con la exhibición de las ganadoras (en el foro Ana María Hernández, ubicado en la calle de Pacífico No. 181 esquina Asia, a una calle de Miguel Ángel de Quevedo, en Coyoacán) la Primera Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México.

Como un servidor fue jurado de la sección documental, he aquí mis impresiones de esta parte del festival, la única que, por razones obvias, tuve la oportunidad de revisar. Antes que nada, tendría que empezar felicitando a quien hizo la elección de las cinco películas en competencia, pues todas y cada una de ellas fueron, en mayor o en menor medida, bastante interesantes. Las cinco cumplieron con uno de los clásicos objetivos del cine documental desde siempre: el descubrirnos un mundo nuevo o, en todo caso, el darnos una nueva mirada a un mundo ya conocido. Curiosamente, los cinco filmes programados tuvieron un común denominador: en todos ellos se mostró una reflexión/análisis/exploración de lo que significa representar algo, representar a alguien.

En Mundo Tributo (Argentina, 2007), de Adrián Fares y Leo Rosales, por ejemplo, se nos muestra el fenómeno de las “bandas tributo”, formadas para imitar/homenajear/explotar grupos legendarios como The Beatles, Kiss, The Doors, Genesis, Pink Floyd o Queen. Aunque tal vez demasiado extenso para cubrir un tema que empieza a resultar repetitivo después de una hora de duración, el documental de Fares y Rosales nos da a conocer una forma de trabajo, de vida y de nostalgia por bandas que ya no existen, pero que quieren ser disfrutadas por cuarentones y cincuentones que, faltaba más, quieren sacar juventud de su pasado. El personaje más interesante de todos es un tal Dr. Queen, médico de profesión, que imita muy seriamente –y con mucho éxito, al parecer- al extinto vocalista de Queen, Freddy Mercury.

En Tres Caídas (España, 2007), del hombre-orquesta Nacho Cabana (director/productor/guionista/editor…), vemos un escenario bastante más conocido y reconocible: la lucha libre mexicana, que tiene mucho de circo, maroma y teatro. De representación, pues. Las tres caías del título son las tres partes en las que está dividido el documental, en el que se entrevista lo mismo a auténtica leyendas del pancracio (Huracán Ramírez, El Cavernario Galindo, Fray Tormenta, El Tinieblas) que a sus jilgueros, a sus empresarios y a su público. A lo largo de hora y media, Cabana explora la riquísima subcultura construida alrededor de la lucha, los luchadores y sus adláteres: los “mini” como Mascarita Sagrada o la Parquita, los luchadores exóticos y/o gays, la lucha libre femenina y hasta la bárbara lucha extrema, en donde se vale prácticamente todo.

Otro tipo de representación podemos ver en Talsi (Italia, 2007), de Corso Salani, un documental que forma parte de una serie de seis episodios creada por el propio cineasta. En esta serie, Salani se fue a los confines de Europa –al oeste, al este, a Ceuta, a Finlandia- a contar y encontrar historias sobre gente viviendo en los límites geográficos –y de todo tipo- europeos. Talsi es un pequeño pueblo de Letonia que se encuentra prácticamente a unos pasos de Rusia. Ahí, la actriz Liga viaja desde la capital letona Riga a encontrar la manera en la que viven, piensan y sobreviven las mujeres de ese lugar para construir unos monólogos que representará en el teatro. Así, la construcción de una pieza teatral se funde con las entrevistas de un puñado de mujeres. Un documental sobre interpretación y, de nuevo, representación.

Aún mejor resultó Imatra (Italia, 2007), también de Salani. El cineasta ahora viaja a la Imatra del título, un pueblito finés que se encuentra, también, muy cerca de Rusia. Se supone que va a hacer un documental sobre la vida y el trabajo en ese alejado sitio, pero en realidad va a buscar a Blanca (Paloma Calle, guapa), su examante, con quien rompió tiempo atrás. Blanca sabe muy bien el bicho que es Salani –en todo caso, el bicho que representa Salani en el filme-, así que en cuanto lo ve, parece que ha visto al mismísimo chamuco.

Pero el director/actor Salani es aferrado como sólo lo puede ser un auténtico enamorado: le propone a la desconfiada Blanca que le sirva de intérprete/entrevistadora en su documental. Así, mientras Blanca es seguida por la cámara en la fábrica de tetrapak (una de las más grandes del mundo) o en las oficinas de los políticos de Finlandia y Rusia, es claro que lo que menos le interesa al director/Salani es el documental que está haciendo. Lo que quiere es reconquistar a la evasiva Blanca. El asunto llega a ser conmovedor aunque, por supuesto, ¿realmente Imatra es un documental? ¿No está Salani representando una amarga comedia romántica?

Finalmente, la ganadora sin mucha discusión fue Yo No Soy un Moderado (Italia, 2007), de Andrea Nobile, que sigue la fallida campaña política del premionobel Darío Fo por ganar la elección interna dentro del PSD izquierdista italiano en 2005 para la alcaldía de Milán. Fo, dramaturgo, actor, hombre público, anarquista confeso, no es ningún moderado. Él quiere cambios y los quiere ya. Está harto –como lo estamos muchos, en Italia, México, Estados Unidos, Argentina o Francia- de una izquierda tan pasteurizada que ha dejado de ser izquierda. Una izquierda que, con tal de no pisar callos, se pone corbata, habla con sensatez y se codea con los poderosos.

El documental de Nobile es muy convencional: en el fondo, no es más que la crónica de una campaña política. Pero qué campaña política. Y qué candidato. El filme inicia a 60 días de las elecciones internas en las que Fo sería derrotado y finaliza el mismo día de la elección. En el ínter, vemos a Fo planear su campaña, discutir con su bravera mujer Franca Rame, ir por la calle pidiendo el voto, discutir con quien se deje, indignarse y hacer rabietas. Es decir, lo vemos represéntandose a sí mismo para los demás y para la cámara. Por supuesto, también vemos fragmentos de muchas de sus obras teatrales en las que criticaba precisamente todos esos personajes a los que ahora se está enfrentando. Esos politiqueros corruptos e impotentes que, en realidad, no ejercen un verdadero poder, pues los que mandan están en otro lado. Y para ellos, alguien como Fo es peligroso. Como quien dice, un peligro para Italia.

En la misma conferencia de prensa en la que tuve la responsabilidad de anunciar que Yo No Soy un Moderado fue el documental ganador, la directora del festival, la Dra. Leonor Magentíes, dio a conocer también a la triunfadora de la sección de ficción (Japón Japón/Israel/2007, de Lior Shamriz), al mejor cortometraje (Quizás, Quizás, Quizás/España/2007, de Enrique Recuenco) y el Premio del Público (La Clase/Estonia/2007, de Ilmar Raag, que se exhibió fuera de concurso).

sábado, 25 de octubre de 2008

Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México/VI


Está a punto de finalizar la Primera Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México con el anuncio, el día de hoy a las siete de la tarde y en el Instituto Italiano de Cultura, de las cintas ganadoras en el terreno de la ficción, el documental y el cortometraje. La sección competitiva que pude revisar por completo por obvias y necesarias razones -me invitaron a fungir como jurado- fue la documental y debo decir que las cinco películas elegidas valen, en mayor o en menor medida, mucho la pena. Espero, por esta misma vía, dar a conocer a los ganadores de cada sección.

La exhibición de los filmes triunfadores será a partir de las 12 horas de mañana domingo (primero la cinta de ficción, luego el documental, después el cortometraje y finalmente la ganadora del Premio del Público) en el foro Ana María Hernández, que está ubicado en la calle de Pacífico No. 181 esquina Asia, a una calle de Miguel Ángel de Quevedo, en Coyoacán.

viernes, 24 de octubre de 2008

El Gran Maestro


Pues volvió a pasar. El cine Lido del Centro Cultural Bella Época (Tamaulipas 202, Colonia Condesa) programó el estreno defeño de una cinta que no alcancé a meter en la encuesta de la semana. En desagravio, rescato una reseña que publiqué hace poco menos de un año en REFORMA, cuando El Gran Maestro se presentó en la Muestra Internacional de Cine.



Tian Zhuangzhuang (o Zhuangzhuang Tian, si se escribe su nombre al estilo occidental), Zhang Yimou (o Yimou Zhang) y Chen Kaige (o Kaige Chen) son los tres cineastas chinos más importantes de su generación, la quinta en número egresada de la Academia de Cine de Beijing, la primera que terminó sus estudios después de la catastrófica Revolución Cultural maoísta (1966-1976). Los tres, Tian, Zhang y Chen, vivieron, sufrieron y fueron víctimas directas de la “Gran Catástrofe Nacional” –como se le llama de manera eufemística a esa década de caos político, económico y social- y en sus primeras obras fílmicas realizadas en los ochenta, dieron cuenta de ello, para escándalo de la gerontocracia china que congeló o, de plano, prohibió la distribución de algunas de sus cintas en China.

Así, los tres han tenido que lidiar con brutales censuras, enfrentamientos directos y cooptaciones más o menos sutiles por parte del gobierno. Por ejemplo, el enfant terrible Zhang hace tiempo que entró al redil, al grado de que se ha convertido en el cineasta favorito del gobierno chino y, usted lo recordará, fue el responsable de dirigir la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008; Chen, por su parte, después de los problemas políticos que enfrentó por su obra maestra Adiós, Mi Concubina (1993), ha dejado de lado toda crítica directa para centrarse en la dirección de suntuosas épicas históricas.

Tian, desde el inicio, fue el menos políticamente “peligroso” de los tres maestros de la Quinta Generación. De hecho, su primera obra mayor, El Ladrón de Caballos (1986), no sólo se alejaba de temas sociopolíticos escabrosos, sino que está ubicada miles de kilómetros lejos de Beijing en las enormes estepas chinas. En contraste, su segunda obra maestra, El Papalote Azul (1993), no sólo fue prohibida por el gobierno chino sino que Tian fue castigado y no pudo dirigir ninguna otra cinta durante casi una década. Eso explica que en sus siguientes filmes, La Primavera de una Infidelidad (2002) y el documental Delamu (2004), Tian no sugiera, de ninguna forma, la más leve crítica al totalitarismo capitalista rapaz que gobierna en la China contemporánea.

Eso explica, también, el tono decididamente apolítico de su más reciente filme, El Gran Maestro (Wu Qingyuan, China-Japón, 2006). A pesar de que la cinta podía servir como pretexto para que Tian tratara temas histórica y políticamente complicados como las traumáticas relaciones entre China y Japón, o la castrante política cultural de las administraciones chinas del siglo pasado -tanto del Kuomingtang nacionalista como del maoísmo comunista-, Tian optó por sacarle la vuelta a todo análisis de este tipo para, en su lugar, entregarnos una contemplativa, elíptica y morosa biopic -extraordinariamente fotografiada por Wang Yu- de uno de los más grandes jugadores de Go de todos los tiempos, el chino “ajaponesado” Wu Qingyuan (el astro chino Chen Chang) quien, incluso, aparece, vivito, coleando y con 92 años encima, en el brevísimo prólogo del filme.

El Go es un juego chino de estrategia en el que dos oponentes colocan pequeñas cuentas o piedras en un pequeño tablero cuadriculado. Cada jugador tiene piedras de diferente color (blancas o negras) y gana el partido –que puede durar horas o días- el que logra dominar más territorio. Para ser francos, en mi vida he jugado el susodicho Go y la explicación del jueguito de marras tuve que obtenerla leyendo por aquí y por allá, pues en El Gran Maestro Tian da por un hecho que todo mundo sabe de qué trata “el ajedrez oriental” y, perversamente, no muestra más que mínimos fragmentos de los innumerables juegos y de las decenas de torneos que Wu ganó desde que era un niño en su natal China. Asombrados por su genio natural para el juego, patrocinadores japoneses se lo llevaron al archipiélago nipón en donde se convirtió en un maestro imbatible. Lidió con la guerra sino-japonesa sin comprometerse políticamente –su vida parece la de un monje dedicado a su fe en el Go- y, de hecho, el mayor de sus escándalos ocurrió cuando formó parte de una secta de fanáticos religiosos que explotaron su fama y popularidad.

El Gran Maestro es, sin duda, la cinta más difícil de Tian porque está hecha claramente para un público que conoce no sólo el sentido del juego sino el contexto histórico de la larga vida de Wu. Por lo mismo, se antoja como un proyecto personalísimo por parte del perseguido Tian Zhuangzhuang: como el tributo a un artista que logró superar todas las dificultades políticas de su tiempo para sobrevivir de pie, sonriente, y a pesar de todo. ¿Tian se estará viendo en ese espejo?

miércoles, 22 de octubre de 2008

Cumbia Callera


Curiosa ha resultado la distribución comercial de Cumbia Callera (México, 2007), la notable opera prima del veterano trabajador fílmico regiomontano René Villarreal, quien ha sido asistente de director o encargado de la segunda unidad en una veintena de cintas desde 1989 hasta el 2007, cuando debutó como director de largometrajes a través de este insólito filme musical/sexoso que revela/devela la guapachosa subcultura cumbiera que, al parecer, reina en algún sector popular de Monterrey, con todo y su indisputado monarca, Celso Piña.

Y apunto que resulta curiosa la ruta que ha seguido la distribución de esta cinta porque, después de su paso por varios festivales internacionales y su estreno comercial en Monterrey, llegó a la ciudad de México el pasado 3 de octubre. Sin embargo, la película ya podía verse en la televisión de paga de Estados Unidos desde hace varios meses e, incluso, está disponible en un DVD de Región 1 desde fines de septiembre, días antes de su estreno oficial/comercial.

Un buen día, el videoasta barbudo “el Neto” (Oliver Cantú Lozano), que se la pasa baboseando y tomando regios traseros femeninos con su camarita digital, se topa con la imagen, el cuerpo y el porte de la atlética morenaza “la Cori” (Fernanda García Castañeda), quien después de robarse unos fetichizados tenis converse color rosita, irá a su precaria casa ubicada en la populosa colonia Independencia de Monterrey para encamarse frenéticamente con el obrero/graffitero “el Güipirí” (Andul Zambrano). La trama –firmada por el propio cineasta y Ana Rebuelta- se convertirá, pues, en un descarado triángulo amoroso/sexual enmarcado en una docena de cumbias que se escuchan casi sin interrupción y de principio a fin, con apenas alguna que otra frase que se deja oír por no dejar (“Pinche príncipe rabón”) o alguna pregunta que era necesaria para subrayar algún obvio giro argumental (“¿Cómo chingados no sabes de quién es?”).

Aunque no todo en Cumbia Callera funciona –las dos secuencias oníricas me parecieron innecesarias y la actuación de Zambrano es, por decir lo menos, defectuosa-, habría que aceptar que estamos, de todas maneras, ante una cinta felizmente arriesgada tanto en su propuesta narrativa/musical como en el uso de sus norteños escenarios populares y, sobre todo, en la aparición de una insólita protagonista que, sonriente, feliz y en paz, termina abrazando a su Jules y Jim particulares y en medio de ellos… Zapata como un Dios.

martes, 21 de octubre de 2008

El cliché que yo ya vi/XXXVII


Joel Meza propone:


La clásica negación. Cuando el protagonista es un personaje "buena onda" y aparece una escena donde se permite un momento de disfrute de música clásica, académica o formal, la pieza musical será cambiada por algo de corte completamente popular -generalmente un rock- para demostrar a quien pueda estarlo escuchando, incluido el público en el cine, que aunque le guste la música "seria", sigue siendo buena onda. En El Padrecito, Cantinflas cambia el éxtasis del Ave María de Schubert por un terrenal rock, interpretado en el órgano de la parroquia, para sorpresa de los feligreses presentes. Esto no es exclusivo de personajes religiosos: Whoopie Goldberg hace lo propio en Cambio de Hábito, arrastrando, además, a un coro completo de monjas.

lunes, 20 de octubre de 2008

Revisando a Chaplin/VII

Twenty Minutes of Love (EU, 1914), de Charles Chaplin. El décimo-primer filme en el que actuó Chaplin para la casa Sennett fue también el primero que dirigió (aunque, al parecer, contó con la codirección del propio Mack Sennett y de John Maddern, otro de los muchos cineastas bajo contrato de la Keystone). No hay nada extraordinario en el filme: se trata de un one-reel (es decir, de un filme de un solo rollo) en donde Charlot es un vagabundo impertinente, malora y hasta ladrón, que le echa a perder el romance a dos parejitas besuconas en un parque público, uno de los escenarios favoritos de la casa Sennett. Un reloj robado cambia de manos varias veces, aparece el policía de rigor y el climax se resuelve a patadas, empujones y corretizas, como es común en este tipo de filmes. Aparentemente, Chaplin dirigió este one-reel en una sola tarde e improvisando continuamente, algo que iba a cambiar en la medida que el comediante inglés tuviera más conocimientos y control de lo que estaba haciendo. La película, aquí mero.

domingo, 19 de octubre de 2008

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LVI


Pues esta vez también sé poco. Una semana complicada: sólo puede revisar, de la cartelera comercial, este par de cintas. No necesariamente las más interesantes.


Traidor (Traitor, EU, 2008), de Jeffrey Nachmanoff. Sobre un argumento del comediante Steve Martin, este buen thriller de espionaje se echa a perder en su último tercio, en una de serie de vueltas de tuerca que terminan rozando la autoparodia. De todas maneras, la intachable actuación de Don Cheadle como el traidor de título logra sostener la cinta incluso en su desastroso final. Mi reseña en REFORMA.


Fragmentos del Destino (The Air I Breathe, EU-México, 2007), de Jieho Lee. Filmada en la Ciudad de México -la cinta es producida por Nala Films, del joven empreario del clan Azcárraga, Emilio Diez Barroso-, esta melodramática película amorperresca -otra vez un puñado de vidas se encuentran, otra vez los relatos se entrecruzan- está formada por cuatro historias basadas en los pilares de la vida según un proverbio chino: la felicidad, el placer, la pena y el amor. El primer episodio, con Forest Whitaker en plena forma, es el mejor. El segundo, con Brendan Fraser, no está nada mal. Los otros dos, apestan. (Este fue, por cierto, el primer filme de Nala Films de Diez Barroso. El tercero que produjo fue En el Valle de las Sombras/Haggis/2007, uno de los mejores del año). Mi reseña en REFORMA.


Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México/V


Barcelona (un Mapa) (España, 2007), de Ventura Pons. El sentido de la Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México es mostrar películas que no han merecido estreno comercial en nuestro país. Por supuesto, la mayoría merecen genuinamente ser revisadas -como Lo Bueno de Llorar (Bize, 2006), que comentábamos ayer-, pero otras, de plano, no: lo que merecen es ser, de plano, ninguneadas. Este es el caso de Barcelona (un Mapa), el más reciente largometraje del cineasta catalán Ventura Pons.

Estamos en un amplio piso de Barcelona, tiempo presente. Un viejo matrimonio, Rosa y Ramón (Núria Espert y Josep Maria Pou, extraordinarios), les avisan a sus tres inquilinos que deben abandonar sus cuartos en los próximos días. Ramón está muriendo de cáncer y quiere pasar sus últimos meses en compañía de su esposa. A través de cuatro largas conversaciones -a las que tienen Rosa o Ramón con sus inquilinos se suma una más, de Rosa con su hermano menor, Santi (Jordi Bosch)- seremos testigos de las patéticas vidas y soledades de los dos viejos y de la gente que vive con ellos: una vieja profesora de frances (Rosa María Sardà), un joven futbolista frustrado que trabaja con vigilante (Pablo Derqui) y una inmigrante madre soltera conosureña (María Botto).

Las conversaciones son intermitentemente interesantes, aunque muy pronto se deslizan hacia situaciones truculentas, gratuitas y hasta risibles. Es cierto que, tal vez, no toda la culpa recaiga en Pons, sino en la obra teatral homónima de Lluïsa Cunillé, que es de donde salió esta disparatada trama, pero sea de quien sea la responsabilidad, el resultado está ahí, en pantalla. Tampoco ayuda, por cierto, que Pons, tratando de dotar de cierto dinamismo a esta cinta eminentemente teatral, nos agobie con una serie de relampagueantes flash-backs que chocan con el mesurado estilo visual de este decepcionante filme.


Barcelona (un Mapa), en competencia, se exhibe hoy domingo a las siete de la tarde en la Casa del Lago.

sábado, 18 de octubre de 2008

Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México/IV


Vista en Oaxaca 2008, en donde me causó esta impresión, se exhibe hoy, fuera de concurso, en la Semana Internacional de Cine, el tercer largometraje del cineasta chileno Matías Bize Lo Bueno de Llorar (Chile, 2006), filmada en gran medida en las calles de Cataluña. La función será en la Casa España (Guatemala 18, Centro Histórico) a las 17:20 horas. A esta cinta le seguirá, en ese mismo sitio, El Niño de Barro (Algora, 2007), que no he podido revisar todavía pero que, me dicen, es un thriller más que interesante.

viernes, 17 de octubre de 2008

Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México/III


Hoy inicia -aunque las funciones, en realidad, empiezan mañana- la Semana Internacional de Cine de la Ciudad de México. Una decena de sedes, funciones gratuitas y prácticamente todas las cintas inéditas en este país, a no ser su exhibición en algún otro festival -como el Oaxaca 2008. Secciones competitivas (largo de ficción, largo de documental, cortometrajes), una sección no competitiva y una retrospectiva de Antonioni. Sedes, programación, fichas técnicas de lo programado, aquí. Por supuesto, trataremos de dar cuenta de algunos de los materiales que podamos ver. Si es que alcanza el tiempo.

miércoles, 15 de octubre de 2008

El cliché que yo ya vi.../XXXVI


Joel Meza, sobreviviendo a La Academia -realmente en Mexicali no hay nada que hacer- propone:


Malos bigotes: En una película de vaqueros, los malos usan bigote y los buenos son lampiños, posiblemente como símbolo de salvajismo versus civilización. En Los Siete Magníficos, Eli Wallach y su tropa no han conocido una navaja en meses, mientras Yul Brynner, Steve McQueen et al son asiduos clientes de Mr. Gillette (por supuesto, Yul Brynner lleva el cliché al extremo...). Como corolario, el estatus de bondad de los mexicanos en una película de vaqueros no es fácil de definir a primera vista por sus bigotes. Siguiendo con Los Siete Magníficos, Jorge Martínez de Hoyos y sus sombrerudos básicamente lucen sendos bigotes aguamieleros un poquito mejor cuidados que los de Eli Wallach y compañía.

martes, 14 de octubre de 2008

Documentales cubanos en la red

Por medio de un correo electrónico anónimo, me entero de una página web en donde se pueden revisar algunos documentales cubanos completos -y los trailers de algunos otros. Se trata de CanalDocumental TV, "la mirada online al documental cubano". Por lo pronte, revisé Perra Vida (2008), de 11 minutos de duración, dirigido por Csilla Szigeti, una cineasta húngara que ha vivido varios años en Cuba. El filme, con música del gran Paquito de Rivera, no es más que una serie de imágenes de perros callejeros -y de otros que parece que sí tienen dueño- en las calles de La Habana. En lo particular me llamó la atención un plácido chucho que dormita en la puerta de una oficina. Le pasa todo mundo por un lado, por el otro, por encima, y él ni se inmuta. Bien podrían haber pasado los juveniles hermanitos Castro y él ni en cuenta. Ah, el corto documental sobre los chuchos cubanos, aquí abajo.

lunes, 13 de octubre de 2008

Bastardos en los dos lados del Atlántico


Apenas me enteraba que Los Bastardos (México-Francia-EU, 2008), de Amat Escalante, había ganado en Morelia 2008, cuando recibo un correo informándome que también, casi de manera simultánea, el segundo largometraje de Escalante había ganado en Sitges 2008 en la sección Noves Visions. Esperamos verla pronto. De perdida, en Guadalajara 2009.

domingo, 12 de octubre de 2008

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LV


Sueños de Rock and Roll (Honeydripper, EU, 2007), de John Sayles. Después de un largo tiempo de permanecer inédito en la cartelera comercial mexicana, regresa Sayles con este espléndido retrato micro-histórico sobre la evolución del blues al rock en un pequeño pueblito ficiticio del sur estadounidense. Como de costumbre en Sayles, su dirección es elegante, clásica, sin dejar de ser funcional, dándole todo el espacio necesario a sus actores para que se luzcan y digan con plena convicción los diálogos y/o monólogos escritos por el propio cineasta. Mi reseña en REFORMA.


Buscando Amar (Dedication, EU, 2008), de Justin Theroux. Una comedia romántica sin tacha alguna pero tampoco sin nada extraordinario que ofrecer. Billy Cudrup es un escritor de libros infatiles cuyo trabajo se va a pique por la muerte de su ilustrador/colaborador/casi-papá Tom Wilkinson. Aparece Mandy Moore como la ilustradora sustituta y lo que sigue es lo que usted ya se imagina. Wilkinson y un memorable Bob Balaban como el pequeñín pero imponente editor ayudan a que los clichés se vuelvan soportables. Mi reseña en REFORMA.


El Viaje de Teo (México, 2007), de Walter Doehner. Vista en Guadalajara 2008, se ha estrenado con inexplicable retraso este buen melodrama infantil sobre el Teo del título (Erick Cañete), un niño oaxaqueño que se queda en la frontera norte cuando su papá (Damián Alcázar) desaparece en un intento de cruce hacia Estados Unidos. La interacción entre Cañete y el simpático gordito "Shuy" (espléndido Andrés Márquez) es lo mejor de este filme que, esperemos, le vaya bien en taquilla. Mi primera impresión, cuando lo vi en Guadalajara 2008, aquí.


Piña Express (Pineapple Express, EU, 2008), de David Gordon Green. Sólo porque aparece su nombre en los crédito, doy ídem al hecho de que esta comedia de la prolífica fábrica Apatow ha sido dirigida por el cineasta independiente de culto Gordon Green (George Washington/2000, Tu y Yo/2003, Legado de Violencia/2004). Por lo demás, esta comedia mariguana de acción es lo mejor que ha salido de la casa Apatow en el año... lo cual tampoco es decir mucho. Mi reseña en REFORMA.


Y con una semana de retraso:


Cumbia Callera (México, 2007), de René U. Villarreal. La refrescante opera prima musical y regio-cumbiera-montana de Villarreal no carece de algunos defectos, pero sus virtudes rebasan con mucho las deficiencias. Con una pegajosa banda sonora 100% cumbiera -sin faltar, but of course, el acordeón de Celso Piña-, he aquí un desenfadado triángulo amoroso y sexual/sensual entre la proletaria ladronzuela "la Cori" (Fernanda García Casteñeda), el videoasta de bodas y primeras comuniones "el Neto" (Oliver Cantú) y el grafittero/obrero "el Guipirí" (Andul Zambrano) en un Monterrey desconocido para el gran público clasemediero nacional. Habrá que extenderse sobre ella en los próximos días.

sábado, 11 de octubre de 2008

Revisando a Chaplin/VI

The New Janitor (EU, 1914), de Charles Chaplin. El décimo-tercer filme dirigido por Chaplin -y el número 27 en el que actúa- para la casa Keystone tiene su interés porque en él aparecen algunos rasgos de su personaje emblemático que años después explotaría el cineasta con mayor profundidad. Charlot no es aquí el vagabundo sin oficio ni beneficio sino que tiene la chamba de ser "el nuevo afanador" de unas oficinas. Casi por casualidad, Charlot se convertirá en héroe, evitando que un contador ladrón se lleve el dinero de la caja fuerte. Por supuesto, como luego será costumbre, Charlot necesitará la ayuda de alguien más -en este caso, una secretaria- para que el malhumorado patrón y la policía le crean que él no es el ratero. Ojo a las buenas rutinas cómicas/corporales de Chaplin y ojo también al anuncio que aparece al final de la cinta. Se demuestra que la gente era igual de cochina en 1914 que ahora. (Ah, otra cosa: esta copia tiene una banda sonora francamente estorbosa. Aconsejo ver el filme sin sonido).

viernes, 10 de octubre de 2008

El cine que siempre sí vimos


Hace apenas unos días publicamos aquí la reseña de la original Bangkok Dangerous (1999), de los hermanos Oxide y Danny Pang, apuntando que permanecía inédita en México. No más: este fin de semana, con casi una década de retraso, se ha estrenado comercialmente en nuestro país con el nombre de Infierno en Bangkok, exhibiéndose en una sola sala de la Ciudad de México. En concreto, en el Cine Lido, en el Centro Cultural Bella Época. Mi reseña, de hace un par de semanas, aquí.

Hablando en el cine


Joel Meza me informa de una pregunta enviada a Roger Ebert por parte de un lector californiano y la respuesta del veterano cinecrítico. Vale la pena compartirla con ustedes.


Q. My sister-in-law just informed me of a movie theater in Boston that people go to because talking is allowed and encouraged. It is the best place to see a stupid movie because the comments are often the best part. It is awesome she says. Should these kinds of theaters be set up everywhere? They would (1) give us a reason to potentially enjoy bad movies, and more important (2) provide a place for all the rude, inconsiderate folk to go. Justin Francis, San Jose, CA.


A. I am especially in favor of option No 2. I hope they also encourage cell phone use.


¿No sería buena idea abrir esos cines en México? En la época porfiriana, había varias funciones de la misma película, diferenciadas únicamente por el costo del boleto. Al subir el costo al entonces estratosférico precio de un peso por función, los lagartijos porfirianos se aseguraban de que no entraran "pelados" junto a la "gente decente". La bronca es que en el México de hoy, la (dizque) gente decente es, muchas veces, la más grosera, la más "pelada".

A lo mejor funciona como una especie de curiosa promoción: "para poder disfrutar de este churro, es necesario traer amigos para echar relajo y agarrar cotorreo. Se permite tirar palomitas a la pantalla".

jueves, 9 de octubre de 2008

Revisando a Chaplin/V

The Fatal Mallet (EU, 1914), de Mack Sennett. El décimo-quinto filme en el que Charles Chaplin actuaría para la casa Sennett en 1914 -¡de un total de 35 sólo en ese año!- es toda una curiosidad, pues en él alterna Charlot con el propio Mack Sennett, quien encarna a uno de sus rivales por el amor de Mabel Normand. Dirigido también por Sennett, este filme de un solo rollo estuvo dominado por la improvisación. Sennett y Chaplin pelean a ladrillazos y patadas por Mabel hasta que aparece el grandote Mack Swain, a quien los otros dos no pueden vencer tan fácilmente. Entra en acción el mazo del título en inglés, que es usado por Chaplin para quitarse de encima no sólo a Swain sino al propio Sennett. Al final, acaso porque él era el mandamás, quien se queda con Mabel será el director/productor/estrella. Aquí, abajo, la cinta.



miércoles, 8 de octubre de 2008

Cine en televisión para el miércoles 8 de octubre


EL SEÑOR DE LAS MOSCAS (Lord of the Flies, EU, 1990), de Harry Hook. Muy decente adaptación de la célebre novela homónima de William Golding, la segunda que se realiza después de dirigida por Peter Brook en 1963. La trama ya la conoce usted (de hecho, ha sido hasta parodiada en Los Simpson): un grupo de niños naufragan y van a parar a una isla desierta. De inmediato, los instintos salvajes innatos en todo ser humano se hacen presentes en algunos de los infantes. La cinta, dirigida con solvencia artesanal por parte de Hook, mantiene el interés en todo momento y los niños actores no lo hacen nada mal. Por supuesto, la propuesta filosófica/antropológica de la novela y de la cinta no deja de provocar desazón: ante la falta de autoridad, los seres humanos nos convertimos en animales feroces listos a saltar sobre la yugular del menos protegido. Hobbes para principiantes, pero en cine, con aventuras exóticas y a todo color.

The Film Zone este; miércoles 8, 23:11 horas, tiempo del centro de México.

martes, 7 de octubre de 2008

El cine que no vimos/IV


Es inevitable -y acaso triste- que el discutido cineasta austriaco Michael Haneke empiece a ser conocido comercialmente en México a raíz del estreno de su cinta hollywoodense Juegos Sádicos (2007), remake de su propio filme realizado en Austria, Juegos Divertidos (1997). Y digo que es triste, porque Haneke merece pleno reconocimiento por lo menos desde su primera cinta conocida internacionalmente, El Séptimo Continente (Der Siebente Kontinent, Austria, 1989), ganadora en Locarno 1989 y presentada en Cannes fuera de concurso.

Aunque Haneke ya había realizado un primer largometraje –Tres Caminos al Lago (1976), desconocido por mí- y media docena de trabajos televisivos, no sería hasta El Séptimo Continente cuando su nombre empezaría a ser escuchado y su obra ferozmente discutida en todas partes. El filme terminaría formando parte de una deprimente trilogía sobre la alienación postcapitalista, pues a El Séptimo Continente le seguirían Benny’s Video (1992) y 71 Fragmentos de una Cronología de la Suerte (1994), que tocarían prácticamente los mismos temas.

Nunca estrenada comercialmente en México, El Séptimo Continente ha salido a la venta en un magnífico DVD de Región 1 (formato widescreen, sonido estéreo) que cuenta como único extra una interesante entrevista de Haneke realizada en francés por el cinecrítico del Cahiers du Cinema Serge Toubiana.

La primera secuencia de la cinta –una que será recurrente en todo el filme- es el lavado mecánico de un auto: el agua baña la placa que nos ubica en Linz, los rodillos que pasan por los costados del automóvil, la brisa que cae en los cristales… Este ritual será uno de muchos que lleva a cabo la familia nuclear formada por el técnico Georg (Dieter Berner), la optometrista Anna (Birgit Doll) y su pequeña hija casi muda Eva (Leni Tanzer). Prisioneros todos de la rutina, se levantan a las seis, se bañan, se visten, preparan café, desayunan en silencio y se van a sus tareas: la niña a la escuela, la madre a atender clientes, el papá a ir subiendo en el organigrama de un lugar que parece ser una planta de energía.

Las primeras secuencia están formadas por una serie de encuadres en la que no vemos los rostros de los personajes. No hace falta: podríamos ser nosotros, nuestra familia, nuestra esposa, nuestra hija. La rutina se rompe ocasionalmente: alguna vez Georg y Anna hacen el amor antes de que suene el despertador, en alguna ocasión Eva finge ceguera en la escuela quién sabe por qué, una noche reciben la llorosa visita del depresivo hermano de Anna… La precisión con la que la cámara de Anton Peschke toma estas rutinas, estos rituales, se va tornando cada vez más opresiva. Los personajes poco se hablan, no sonríen, apenas si se comunican.

La primera sonrisa en ellos la veremos cuando Georg y Anna toman la decisión de viajar al séptimo continente del título y eligen llevarse a Eva con ellos. Por vez primera vemos al matrimonio y a su pequeña hija rubia mirarse entre ellos con algo parecido a la esperanza. Pero cuidado: es en este momento –en el tercer acto del filme- cuando la historia se tornará más terrible, más insoportable, más desoladora. Una película hipnóticamente depresiva que es imposible dejar de ver.

lunes, 6 de octubre de 2008

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LIV


40 Días (México, 2008), de Juan Carlos Martín. Creo que ya dije lo que tenía que decir sobre el segundo largometraje de Martín. Ver la entrada de ayer.


¿Quién es Charlie? (Charlie Bartlett, EU, 2007), de Jon Poll. Una muy visible comedia de crecimiento juvenil sobre el incomprendido Charlie Bartlett del título en inglés (Anton Yelchin), un muchacho genio -y, además, milloneta- que llega a una high-school pública a moverle el tapete al director, encarnado por un espléndido Robert Downey Jr. La fórmula proviene de la obra mayor de Wes Anderson, Rushmore (1998), así que el placer que puede ofrecer esta cinta tiene que ver con presenciar las pequeñas variaciones propuestas por el cineasta debutante Poll. Mi reseña en REFORMA.


Espejos Siniestros (Mirrors, EU, 2008), de Alexandre Aja. Básicamente, Jack Bauer contra unos fantasmas (o entes o espíritus o demonios o qué se yo) que viven en los espejos. Fuera de alguna buena escena de horror gore, este remake de una cinta coreana de 2003 es una pérdida de tiempo. Para lo único que puede servir es para ver a Kiefer Sutherland entrenándose para volver a la nueva temporada de 24. Mi reseña en REFORMA.


domingo, 5 de octubre de 2008

Solo ante el peligro/IV


Los personajes de 40 Días (México, 2008), no conocen arroyos sino riachuelos, no se escapan sino que se escabullen, temen que “algo” les haya “devorado el alma” y a la primera provocación hablan lo mismo de Easy Rider (Hopper, 1969) que de Tablada. O sea, hablan raro. No parecen gente normal. Yo lo sé porque los conozco: se llaman artistas, citan a Monsiváis y hablan de los Estados Unidos como la nueva Roma (sí, de ese tamaño es la originalidad de sus interminables conversaciones).

En algún momento, el poeta gay “Pato” (Andrés Almeida), la actriz sin chamba Ecuador (Luisa Sáenz) y un tercer personaje que no sé qué hace (Héctor Arredondo), comen peyote en Real de Catorce y, así nada más deciden tomar el descapotable de uno de ellos e irse por todo Estados Unidos a compartir “profundeces”. El asunto no me podría haber interesado menos, por más que el director Juan Carlos Martín -extraordinario debut Gabriel Orozco (2002)- presume su pericia en el montaje de imágenes y sonidos, en especial en la secuencia en la que los tres dejan la ciudad de México en pleno 16 de septiembre.

Claro, puedo estar equivocado -no sería la primera vez ni será la última- porque a mi compañero de Primera Fila de REFORMA, Rafael Aviña, le gustó el filme al que calificó como "extremo y arriesgado"; Fernanda Solórzano escribió aquí, en Letras Libres, que la cinta se salva de caer en clichés; y Luis Tovar, hoy en La Jornada Semanal, ha escrito una bien argumentada defensa de la película. De cualquier forma, le deseamos la mejor suerte en taquilla a 40 Días, como se la deseamos a toda cinta mexicana que llega finalmente a la cartelera.

viernes, 3 de octubre de 2008

Confesiones Verdaderas/XIX

Robert Benton y Paul Newman


"Creo que he conocido dos santos en mi vida, tal vez tres... Y uno de ellos fue Paul Newman. Él fue, creo, uno de los mejores seres humanos que he conocido... Uno de los más decentes, de los más honorables. Era extraordinario...

Cuando leí la novela de Richard Russo, Nobody's Fool, apenas había avanzado unas 30 páginas cuando me di cuenta que la única persona que podía hacer ese papel era Paul Newman. Escribí el guión pensando en él... No sé si alguna vez lo dirigí. Lo elegí para el papel. Y después, me callé la boca...

Era extraordinariamente generoso, no sólo con su dinero, sino con su tiempo. Alguna vez tuvimos un problema en el set de Nobody's Fool. Paul no era parte del problema; no tenía nada que ver con él. Era su aniversario de bodas ese día y toda su familia lo estaba esperando afuera. Pero él se quedó con nosotros hasta que el problema se resolvió...

Dustin Hoffman dijo alguna vez que hay cosas que puedes actuar y cosas que no puedes actuar. Tú no puedes actuar para ser sexy. La sensualidad es algo que inherente a tu ser, a tu personalidad. Como la viveza, el ingenio. Y Paul era extraordinariamente ingenioso... Uno vez me platicó que, cuando hizo Hud (1963), estaba realmente emocionado. Era un personaje muy oscuro. Un auténtico hijo de la chingada. Él pensaba: 'Me van a odiar en esta película' y estaba feliz por ello. Y sucedió que cuando el filme se estrenó, todo mundo adoró a Paul. Él no podía entenderlo. Pero era su ingenio, su inteligencia, su personalidad... Todo eso provocaba que lo quisiéramos aunque hiciera cosas terribles".


Robert Benton, quien dirigió a Paul Newman en Nobody's Fool (1994) y Twilight (1998). La entrevista completa y en inglés, en el The New York Observer de esta semana.

jueves, 2 de octubre de 2008

Las Vacas Sagradas: Mack Sennet


El primer largometraje cómico realizado en Hollywood y el primer –y a la postre, único- largometraje dirigido por Mack Sennet, El Idilio Roto de Tillie (Tillie’s Punctured Romance, EU, 1914), está protagonizado por Charles Chaplin, pero él no es la figura principal del filme. Pero vayamos por partes.

Estamos en 1914. Para entonces, el canadiense Mack Sennet era una de las figuras centrales de lo que luego sería llamado Hollywood, al lado de su primero jefe y luego compañero D. W. Griffith, con quien había trabajado en la Biograph durante tres años como actor, guionista y director, de 1908 a 1911. Ya aprendido el oficio, Sennet fundaría su propia compañía, la celebérrima Keystone, en donde iniciaron su carrera todos los comediantes hollywoodenses importantes de la época, a excepción de Keaton, Laurel y Hardy, y en donde produciría varios centenares de filmes de uno o dos rollos (es decir, de 10 a 20 minutos de duración). El número de cintas realizadas bajo los auspicios de Sennet en la época de la Keystone Company se cuentan por miles, aunque se sabe que “sólo” dirigió unas doscientas y sólo un largometraje: El Idilio Roto de Tillie.

La película, que puede ser vista en dos ediciones –una de 73 minutos y otra, restaurada, de 9 minutos más-, muestra a un Sennet muy depurado en sus temas, personajes y escenarios y, al mismo tiempo, a un cineasta a veces torpe, a veces limitado, en sus recursos narrativos. Unos pocos años después, el más aventajado de sus alumnos, Chaplin, superaría con creces al maestro.

El gran cinecrítico James Agee dividió los filmes de Sennet en dos tipos: parodias mezcladas con slapstick y comedias alocadas de slapstick puro. El Idilio Roto de Tillie es de la primera clase. Se trata de la adaptación fílmica de una pieza teatral muy exitosa que había sido escrita especialmente para la actriz de vaudeville Marie Dressler (esta mujer había sido, por cierto, la primera persona que ayudó a Sennet en el ambiente artístico: en 1900 el joven canadiense llegó a Nueva York a pedirle chamba al célebre empresario teatral David Belasco y lo único que traía en la mano era, precisamente, una carta de recomendación de Miss Dressler).

La trama de la obra musical era simple: una ingenua mujer de campo, Tillie, es engañada por un timador citadino, quien se la lleva a la gran ciudad en donde sufrirá las de Caín por ser tan crédula, pues su dizque fiel enamorado tiene una amante. En el filme, la pueblerina Tillie es, por supuesto, la voluminosa Marie Dressler –quien se acercaba a los 50 años en esta cinta-, el estafador es Chaplin –que no es ningún vagabundo y que no lleva su característico mostacho- y la bella amante de éste es interpretada por la infalible Mabel Normand. El papá de Tillie es el viejo conocido Mack Swain y otro habitual en las cintas de Sennet, Chester Conklin, aparece interpretando tres papeles.

Sennet decidió, pues, rodear de sus actores más confiables a la veterana teatral Dressler, quien con este filme debutaría en la pantalla grande, iniciando así una destacada carrera fílmica que la llevaría, incluso, a ganar el Oscar años después. En la película, Dressler da muestras de lo que era una buena actriz de vaudeville en ese tiempo, en especial en la extensa secuencia en la que, sonsacada por Chaplin, se emborracha, y empieza a bailar con quien se deje. Así llegará a la comisaría –su “fiel” amante la dejó en un restaurante sin pagar la cuenta- en donde se pondrá a bailar con los torpísimos Keystone Cops, quienes nada pueden hacer por controlar tamaña mujerona.

La cinta se siente mal hilvanada: Sennet, decíamos arriba, era experto en el slapstick y cuando éste se desataba (es decir, cuando la gente corría, chocaba, se golpeaba, caía al mar o en una zanja…) no había quien pudiera ganarle. El problema es que El Idilio Roto… no dura los 10 ó 20 minutos de rigor sino más de una hora y, por supuesto, es imposible sostener una acción tan frenética durante tanto tiempo. Es aquí donde adquiere sentido los choques que empezarían a tener Sennet como productor y Chaplin como estrella y director poco tiempo después: mientras que el primero privilegiaba el corte rápido y constante -a tal grado que había ocasiones en que uno dudaba si dos personajes estaban ocupando el mismo espacio-, el segundo quería hacer las cosas con más cuidado, montando gags visuales más complejos en los que interactuaban los personajes con el entorno y con otros personajes. El primer enfoque, el de Sennet, funcionaba, por supuesto, a fuerza de yuxtaponer imágenes y acciones, pero Chaplin demostraría que tenía razón cuando, con el paso del tiempo, los más grandes comediantes siguieran el camino trazado por el cineasta inglés y no el del canadiense.

El Idilio Roto de Tillie está formado por varios cuadros sucesivos: la conquista de Tillie por parte de Charlie, la llegada de los dos a la ciudad, la traición de él cuando Mabel entra a escena, la caída en el arroyo por parte de Tillie, el súbito cambio de su fortuna cuando un tío millonario muere dejándole todo su dinero a ella, el regreso de Charlie al redil de Tillie para aprovecharse de los millones de su “amada esposa”, el descubrimiento de Tillie que Charlie sigue engañándola con Mabel, la aparición del tío que no estaba muerto sino andaba de parranda y, finalmente, la típica persecución por las calles de California hasta llegar a las playas de Santa Mónica, en donde los Keystone Cops –tan ineptos como nuestros cuicos nacionales, pero nunca igual de graciosos- caen al agua con todo y autos. El final feliz tiene un insólito regusto feminista: convencidas que el timador Charlie no sirve para nada, Mabel y Tillie se hacen amigas, mientras Chaplin es llevado a la cárcel.

El filme tiene una importancia histórica inobjetable, y no sólo por ser, repito, el primer largometraje cómico realizado en Hollywood, sino porque representa un espléndido caso de estudio de las virtudes y las limitaciones del estilo Sennet, además de un ejemplo perfecto de sus intereses como cineasta, productor y hombre de negocios. Que la apuesta de Sennet por el largometraje no le satisfizo fue claro –esta fue la única película de largometraje que dirigió y no produjo muchas más después-, pero que estaba en el camino correcto es más claro aún: unos meses después se estrenaría El Nacimiento de una Nación (Griffith, 1914), un largometraje de tres horas, que cambiaría la historia del cine no sólo como arte sino como industria.

Hay otra razón más para revisar esta película: en este largo texto he señalado a Sennet como un artesano fílmico rudo y hasta poco sofisticado, pero creo que he sido injusto. Es cierto, el mejor Sennet es inferior a un regular Chaplin, pero en El Idilio Roto de Tillie hay una escena notable que prefigura algunos grandes momentos del propio Chaplin o, incluso del más arriesgado Keaton: se trata de la escena en la que Charlie y Mabel, habiéndole robado el dinero a la ingenua Tillie, entran al cine a ver una película llamada El Destino de un Ladrón. En la cinta, unos crecientemente inquietos Charlie y Mabel ven como unos inescrupulosos timadores, hombre y mujer como ellos, le quitan todo su dinero a una pobre pueblerina, como Tillie.

Así, de repente, la trama que acabamos de ver en la pantalla fílmica es vista por los dos personajes en su propia pantalla fílmica. Más aún: los transas que ven Charlie y Mabel en la película son detenidos por un detective y, cuando voltea Mabel hacia a un lado, su vecino de asiento en el cine… ¡es un detective!

Y eso que dicen que el cine de Sennet era poco sofisticado.


El Idilio Roto de Tillie está disponible en DVD y en youtube, dividido en varias partes.

miércoles, 1 de octubre de 2008

El mal chiste del año...

Calderón por Helguera

Inicia cine otra época de oro.- FCH


Ciudad de México (1 de octubre de 2008).- En compañía de los Príncipes de Asturias, el Presidente Felipe Calderón inauguró esta mañana el Primer Congreso de la Cultura Iberoamericana, dedicado al cine y a la producción audiovisual.

En su discurso, el Mandatario se congratuló del hecho y dijo que el cine mexicano "está iniciando otra época de oro, y trabajaremos para que se consolide"...


El mal chiste, completo, en REFORMA.

El cine que no vimos/III


En el Festival Toronto 2000 los hermanos gemelos nacidos en Hong Kong –pero avecindados en Tailandia- Oxide y Danny Pang presentaron su opera prima como pareja fílmica, Bangkok Dangerous (Tailandia, 1999), que terminaría ganando el premio FIPRESCI por –estoy parafraseando al jurado- la belleza de su construcción, por la aguda transmisión de las vistas y sonidos de Bangkok, y por el amor mostrado a la poética cinematográfica y a su violencia.


A partir de ese triunfo crítico, los hermanos Pang iniciaron una prolífica filmografía que pasa de la docena de cintas, algunas dirigidas en pareja, otras realizadas cada quien por su lado. Eso sí, los dos permaneces prácticamente desconocidos en México, pues hasta donde sé, las únicas películas estrenadas comercialmente en nuestro país antes del remake hollywoodense Peligro en Bangkok (2008) –exhibida en estos días- fue el buen filme de horror El Ojo (2002) y la apenas visible cinta también de horror Los Mensajeros (2007). Bangkok Dangerous, la original, está disponible en un DVD de Región 1 que no ofrece ni un solo extra, a no ser el trailer en inglés, además de castigar la cinta con un inexplicable “full-screen” y el sonido estéreo.


En cuanto a la cinta en sí, se trata de un saqueo referencial del mucho mejor cine de Wong Kar-wai (especialmente de Fallen Angels/1995) y del viejo cliché del matón-a-sueldo en busca de redención, premisa que puede encontrarse en el cine de Jean-Pierre Melville (El Samurai, 1967).


Estamos en el Bangkok, del título, una violenta y caótica ciudad, en donde el sicario sordomudo Kong (Pavarit Mongkolpisit) se enamora de una inocente y bella empleada de una farmacia (Premsinee Ratanasopha). El amor que siente por la muchacha hace que por vez primera Kong se cuestione la forma en la que vive y en la que se gana la chuleta. Sin embargo, como sucede con cualquier matón con súbitos escrúpulos, el destino acorralará a Kong cuando se vea obligado a buscar venganza por el asesinato de su mentor (Pisek Intarakanchit), quien le había enseñado cómo darle cuello a quien se le pusiera enfrente.


Si uno lo piensa, Kong es un mero pretexto para la acción y/o la cursilería y no tanto un personaje hecho y derecho. No dudo que la incapacidad para hablar sea una ventaja para un sicario pero ¿la sordera? ¿Cómo puede un matón sordo lidiar con la policía o los sicarios rivales? Y luego, ¿de verdad nunca se había planteado Kong lo que estaba haciendo? ¿La vuelta a un carrusel y la vista de unas películas de Chaplin son más que suficientes para el súbito despertar de la conciencia del eficaz matarife?


Por supuesto, no estoy diciendo que un thriller modernista como éste tiene que estar atado a una realidad más allá de lo estrictamente cinematográfico. Después de todo, estas mismas preguntas -u otras similares- podría haberlas hecho frente al cine de Wong, Hitchcock o Spierberg. El asunto es que aquí estas disonancias argumentales sí se notan porque los hermanos Pang no son tan buenos cineastas para hacernos olvidar las múltiples inconsistencias de la trama.


De cualquier manera, el filme se deja ver por su impecable puesta en imágenes, con todo y su inevitable galería de recursos fílmicos ad-hoc: el ralenti usado a discreción, la fotografía en time-lapse, el encuadre insólito, el freeze-frame… No está de más revisarla, aunque sólo sea para sacarle la vuelta al peluquín de Nicolas Cage.