miércoles, 18 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/II


Paralelo a las decenas de películas en competencia, a las funciones de gala, a las de cine de culto instantáneo, el FICCO siempre encuentra espacio para recordar a algún maestro del cine. Esta vez le tocó a uno de los más grandes, F. W. Murnau, y hoy, en doble función en la Cineteca Nacional, la que es, acaso, su obra visual y técnicamente más interesante: El Último de los Hombres (Der Letzte Mann, Alemania, 1924). Es cierto, Nosferatu (1922) es más famosa y, de lejos, más influyente. Pero El Último de los Hombres es más contemporánea: si exceptuamos la ausencia de sonido, esta película podría haber sido realizada el año pasado. Mejor dicho: ya quisiéramos que un filme tan audaz, intenso e imaginativo fuera realizado en esta época.

Sobre un guión de Carl Mayer -el cuarto de siete que escribiría para Murnau- y con la inestimable ayuda del gran fotógrafo Karl Freund en su novena de diez colaboraciones con el cineasta, El Último de los Hombres es el filme emblemático de una fórmula del cine alemán de los años 20 que Siegfried Kracauer bautizó, en el canónico texto De Caligari a Hitler: Una Historia Psicológica del Cine Aleman (Paidos, 1995), como "cine de los instintos", una serie de cintas que tratan sobre "la irrupción de los impulsos y apetitos desordenados en un mundo caótico". En este tipo de filmes se nos muestran mundos sociales en colisión de los cuales surge el caos, la destrucción, la decadencia. Cuando el frágil equilibrio se rompe, la ilusión de la paz se derrumba y lo peor del ser humano aflora. Los personajes principales de los también llamados kammerspiel films -o películas "de cámara", para diferenciarlas del cine expresionista, visualmente más sobrecargado- son trabajadores o clasemedieros cuyos conflictos psicológicos ocupan el centro dramático de estas cintas.

El Último de los Hombres está ubicada en dos escenarios paralelos encontrados: un suntuoso y céntrico hotel, el Atlantic, en donde un soberbio Emil Jannings funge como el orgulloso portero avejentado; y la vecindad populachera en donde vive el mismo portero y en donde es admirado por el exclusivo trabajo que tiene, por la destacada posición que ocupa, por el ostentoso uniforme que porta. En su barrio, pues, el portero es la figura más respetada, especialmente por las vecinas, quienes saludan y señalan al hombrón de bigotes y barbas prominentes. El equilibrio psicológico -y, luego entenderemos, social- de este pequeño mundo creado por Mayer/Murnau se vendrá abajo cuando el portero sea degradado a trabajar en el baño. Así, el dignísimo tipo -que en las primeras escenas lo vemos a través de la cámara de Freund en ligeros contrapicados, de tal modo que su figura se ve siempre imponente- se transforma después en una patética piltrafa que no encuentra su sitio en el baño, que siente cómo los edificios caen sobre él, que pierde toda la consideración de su familia y de sus vecinos. En la secuencia más desgarradora de la película -y más genuinamente terrorífica, por más que el filme no sea una cinta de horror- vemos que las amables vecinas que saludaban con admiración al portero un día antes, se transforman en unas siniestras brujas en aquelarre cuando se enteran de la destitución del pobre hombre: al faltar su símbolo de autoridad, al carecer del uniforme elegantemente abotonado, la comunidad se degrada a extremos insoportables.

El asunto suena banalmente melodramático: ¿tanto relajo por perder un uniforme? Lotte Eisner, acaso el más importante especialista en Murnau, escribió que El Último de los Hombres es básicamente una "tragedia alemana" que "sólo puede ser entendida en un país en donde el uniforme es el Rey, sino es que Dios". Las palabras de Eisner tienen mayor resonancia cuando pensamos que una década después de este filme, todo un país endiosaría a un grupo de criminales impecablemente uniformados. De cualquier manera, esta "tragedia alemana" traspasó las fronteras de inmediato -el éxito internacional de esta cinta llevaría a Murnau a Hollywood- y las sigue traspasando hoy en día, pues su fuerza dramática no ha perdido un ápice.

Desprovista casi por completo de intertítulos explicativos -las únicas palabras que leemos en el filme provienen de la carta de degradación del portero, de una noticia leída en el periódico y de un irónico comentario en el que Murnau nos aclara que nos va a entregar un final irreal pero feliz-, El Último de los Hombres depende única y exclusivamente de las imágenes mostradas en el encuadre. La cámara de Freund adquirió en esta cinta una movilidad inusitada pero plenamente justificada: ningún movimiento, ningún emplazamiento, ningún ingenioso corte, ningún encuadre, está de más. Filmado por completo en estudio -todo lo que vemos es construcción, incluyendo el hotel, las calles, la vecindad, los interiores-, en este filme la cámara de Freund se libera del tripié y atestigua la acción a través de puertas giratorias, de cristales limpísimos, de ventanas a media luz... Se mueve siguiendo la acción de los personajes, se acerca de improviso al rostro patético del portero, se aleja de la boca del trombón que es tocado por un vecino borrachín, cambia de interés cuando ve a las mujeres chismeando sobre el desafortunado portero, baja por el elevador y atraviesa las puertas giratorias hacia la calle lluviosa, viaja por los aires para "traspasar" mágicamente (¿pre-hitchcockianamente?) el cristal de una oficina, se emborracha para transmitir la embriaguez del protagonista, barre con un preciso dolly paralelo con una fila de catrines que se carcajean por cierta noticia fantástica que desencadena un absurdo happy-end en el que no cree nadie... empezando por Mayer y Murnau.

El Último de los Hombres se exhibe hoy en la sala 2 de la Cineteca Nacional, a las 18 y 20:30 horas.

23 comentarios:

Tyler dijo...

Maravilloso análisis Ernesto, ojalá te dejaran escribir así de extensamente en Reforma.

Jossy Meza dijo...

Coincido.

Saludos.

Tyler dijo...

off topic,

Ayer alcance a pescar una película donde sale la Winslet, la Connely y un tal Patrick Wilson, creo que le pusieron 'Secretos Íntimos' y todo iba muy bien, me estaba gustando bastante, una impecable fotografía, muy buenos movimientos de la cámara, un ritmo pausado pero muy bien logrado, un aumento de la tensión magnífico... hasta que llegó ese final más bobo que un payaso de circo! yo me imaginé lo peor, no se, que el wilson se quedaba paralítico o el pervertido mataba a la winslet o ya de pérdida la connely le decía sus cosas a su esposo bueno para nada, pero no, todos somos felices y tan tan!

A ti te gusto esa película Ernesto? Más allá de la escena donde la connely se da cuenta del engaño claro está, eso sí es "breathtaking" como dicen los gringos...

Paxton Hernandez dijo...

Ya sé que este no es un espacio para departamento de quejas...pero...el nuevo FICCO está bien chafa. ¿Ya vieron los horarios programados de las secciones? Caray, qué manera de echar por la borda lo conseguido en 5 años.

Tyler dijo...

No sé Paxton yo ayer no podía ni entrar a la página, pero bueno, me doy de santos porque ya conseguí boletos para 'Dejame Entrar'

Y a ver si consigo para esa de 'El Bueno, el Malo y el Raro' o algo así...

Tyler dijo...

Ok, ya busqué tu reseña en el Reforma sobre esa cinta e infiero que si te gustó Ernesto.

Pero difiero en tu apreciación sobre el final, siento que le faltó algo más contundente, algo más dramático, te digo, cuando menos que la Connely le hubiera dado unos buenos guamazos al pelmazo que tenía por esposo jeje

Diezmartinez dijo...

Ah, Tyler: Esa película sí me gustó mucho. El final ridículo, como dices, tiene sentido, por lo menos para mí. Los personajes están atrapados en su mediocridad y estupidez. Un ataque más a las clases medias suburbanas americanas, dirán muchos. Y tendrán razón. Pero está realmente bien realizada y el manejo de actores de Field es impecable. Esa escena que mencionas -en la que Connelly se da cuenta que le están poniendo los cuernos- quedó, si mal no recuerdo, en mis Fotogramas de ese año. Y Wilson está perfecto en el papel de pelmazo. Un mediocre que nunca ha querido crecer.

Tyler dijo...

Sí, se quedan sumidos en su mediocridad pero si recuerdas la voz en off dice algo así como: "el pasado no se puede componer, pero el futuro, esa es otra historia y puede empezar en cualquier momento..."

No sé, lo sentí como muy optimista, como muy "ay si la regamos pero ya nos dimos cuenta de nuestro error ahora seamos todos felices, el futuro brilla delante nuestro"

Pero en lo demás coincido totalmente, una manufactura impecable en todo aspecto y la Connely wow! luce arrebatadora...

Paxton Hernandez dijo...

¿¿¿No querrás decir que luce luminosa???

Paxton Hernandez dijo...

Un ataque más a las clases medias suburbanas americanas, dirán muchos.

Cuéntenme entre esos muchos. zzzz...

El Duende Callejero dijo...

Mmmm... Esta película es una maravilla. Pero... Mmmm... O sea que para verla como Dios manda (en cine, pues), debo ir al DeFe y pescarla en el FICCO nada más (¿?). Lo dicho, la vida es cruel.

Hermoso texto master, me hizo salivar por volverla a ver... Esos años del cine, cuando los cineastas comenzaban a "explorar" las posibilidades plásticas y narrativas, es, me atrevo a decir, el mejor momento en la historia del medio. Lo propuesto, dispuesto y hasta aventurado por ellos sólo fue perfeccionado, actualizado o de plano recreado con nuevas tecnologías en los tiempos por venir.

Joel Meza dijo...

Todd Field es la onda.

Joel Meza dijo...

Y también babeo por esa de Murnau, que no he visto.

Tyler dijo...

Pues deberías darte una vuelta Duende, se pone bien el FICCO

Diezmartinez dijo...

Joel: Está en DVD, por supuesto. Y a precios muy bajos (claro que con el dólar a 15 pesos...).

el ojo en la cerradura dijo...

La verdad es una envidia que la puedan ver - o hayan podido ver- en pantalla grande...Una gran favorita personal. El último gran hombre es perfecta.

Saludos

El Duende Callejero dijo...

Y Todd Field sí es la onda. Ese final de "Little Children" es impresionante. Que le diga "Secretos Íntimos" (por cierto ¿Qué p..o secreto no es íntimo, o hay secretos públicos, duh?) Joel y los del MMCinemas de su rancho que sí se comportan como cadenas de cine...

Àlex Frias dijo...

Una obra maestra, también titulada The Last Laugh en Estados Unidos. Coincido con el Duende, y además la actuación de Emil Jannings es portentosa, con toda esa gran capacidad expresiva, necesaria en una película muda. Lo que más se te queda grabado son toda la gama de expresiones y emociones que puede lograr aquí. Para ser estudiada en una clase de actuación.

Tyler dijo...

Prosiguiendo con el off-topic de ayer Ernesto,

Me parece que Kate Winslet ha encontrado su personaje insignia o personaje-nicho y es gracias a ese tipo de personaje que va ganar el Oscar este año, el de mujer madura, atormentada por algún tipo de "issue" ya sea mental o de su ambiente y que lucha o intenta luchar contra el,

la hemos visto así en Eterno Resplandor de no me acuerdo que, mmmhh que mas? Sense And Sensibility, Little Children, Revolutionary Road y The Reader

vaya hasta en Titanic era una mujer insatisfecha con su entorno, solo que ahí se supone que era una "chamaquita" jeje

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Hablando de personajes insignia, creo, que mañana estrenan El Transportador 3, que, habiendo tanto FICCO y tantas películas importantes que ver, parecería ser totalmente inconspicua pero me vale, yo la voy a ver, soy fan!

Saludos

Anónimo dijo...

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Diezmartinez dijo...

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