lunes, 27 de abril de 2009

Distinto Amanecer


Es curioso como, con el paso del tiempo, la reputación de una película, de un cineasta, crece, se pone en duda, se difumina, se "re-descubre"... Tómese el caso de Distinto Amanecer (México, 1943), cuarto largometraje del duranguense Julio Bracho (1909-1978). Aunque la cinta tuvo un discreto paso por la taquilla en el momento de su estreno, fue, en contraste, muy elogiada por la crítica, tanto en nuestro país como en Estados Unidos -el poeta y cinecrítico Efraín Huerta escribió en Esto (7/01/1944) que la película merecía "la admiración de propios y extraños" mientras que Variety (28/06/1944) la llamó una obra "aceptablemente hábil" y tachó de "excelente" la fotografía de Gabriel Figueroa y de "acertada" la dirección de actores de Bracho.

Una generación después, el péndulo se mueve y los dos cinecríticos más influyentes de esos años -y de muchos años más- le caerían encima a Bracho, en general, y a Distinto Amanecer, en particular. Jorge Ayala Blanco, en su canónico La Aventura del Cine Mexicano, afirma que "la película ha envejecido mucho" y califica de "tedioso formalismo" el estilo de Bracho, aunque hace notar, acertadamente, el retrato inquietante de una nocturna y peligrosa Ciudad de México. Don Emilio García Riera, en su no menos canónico Historia Documental del Cine Mexicano, es todavía más duro que Ayala Blanco. En la primera -y mejor- edición de su Historia Documental..., García Riera dice de Bracho que la suya es "una visión pequeñoburguesa", "indiferente y prejuiciada" y afirma que la película cae "en el peor melodrama". En su segunda edición, Don Emilio matiza su aversión a la cinta y escribe muy bien de su atmósfera realista y el logrado ambiente cabaretil que retrata. De todas formas, sigue diciendo que el filme es "superficial" y que Bracho cae en una "pedantería" a la que el cineasta era, según García Riera, muy proclive.

Por esos mismos años, sin embargo, Bracho no carece de buenos defensores: Salvador Elizondo, con todo y que reniega del desenlace del filme, escribe positivamente de Distinto Amanecer en la revista Nuevo Cine (1/04/1961), a raíz de que la cinta fue exhibida en el Museo de Arte de Moderno de Nueva York. Y una década después, David Ramón, en Diorama de la Cultura de Excelsior (14/11/1971), escribe de ella mencionándola, justicieramente, como "uno de nuestros pocos clásicos". Esta es la opinión, por cierto, con la que más me identifico: no cierro los ojos ante los defectos señalados por García Riera y otros más. Sólo que esos defectos se empequeñecen, creo yo, ante la magnitud de los aciertos logrados.

Distinto Amanecer inicia con la sucesión de imágenes de una dinámica Ciudad de México de 1943: calles, edificios, estatuas, tranvías... En uno de ellos, el honesto lider sindical Octavio (Pedro Armendáriz) es seguido por un esbirro de lentes negros y bigotes de aguacero que luego sabremos que se apellida Ruiz(Octavio Martínez). Octavio se esconde en un cine donde están exhibiendo nada menos que ¡Ay, qué Tiempos Señor Don Simón! (1941), la añorante opera prima del propio Julio Bracho. Ahí, a un lado de su butaca, se da el encuentro de Octavio con una elegante, guapa mujer, Julieta (Andrea Palma, hermana del director). Como escena salida de una comedia mundana, Octavio y Julieta discuten sobre la pertinencia de prender o no un cigarrillo dentro del cine. Ya en el baño de las damas, Julieta verá el rostro de su impertinente compañero cinéfilo: se trata, nada menos, de su condíscipulo universitario, de su entrañable amigo, de su antiguo enamorado Octavio. Él le explica la situación: en ese momento es seguido porque tiene que recoger unos papeles comprometedores que se encuentran en un apartado postal en la oficina de correos. Esos documentos probarán que el gobernador robolucionario (de esos que nomás había en el México de 1943 porque en el paraíso panista ya no existen) y lider sindical charro Vidal (Enrique Uthoff) ha vendido una huelga a una empresa extranjera. Ya ha sido asesinado un opositor de Vidal y eso mismo le podría suceder a Octavio, que necesita tener en sus manos esos papeles para darlos a conocer a la opinión pública. Julieta y Octavio le dan el esquinazo al perseguidor y ambos llegan al pinchurriento apartamento de vecindad donde ella vive, casada, con Ignacio (Alberto Galán), otro antiguo compañero universitario de Octavio y de ella misma. Después de algunos farragosos intercambios verbales -sí, sin duda: el único defecto de la cinta escrita por el propio Bracho y Xavier Villaurrutia-, tenemos el cuadro existencial completo: Octavio, Ignacio y Julieta fueron unos idealistas estudiantes que lucharon por la autonomía universitaria -¿ecos del propio pasado vasconcelista de Bracho?- y que, ahora, diez, quince años después, se encuentran sumidos no en el sueño que tenían sino en la pesadillesca realidad que habitan: un México en donde domina "la politiquería" y en donde "un chofer gana más que un maestro" (¿Nico en 1943?).

Honestamente, no puedo entender el ninguneo ya descrito a esta cinta. Estoy conciente de los problemas de la película: los personajes hablan demasiado, sus diálogos resultan a veces ampulosos y, es cierto, ¿de verdad los líderes sindicales de 1943 vestían como lo hace un exageradamente elegante Pedro Armendáriz? No me hago eco de la crítica sobre el final de la película: ¿por qué tendría que ser más audaz en su planteamiento moral Bracho en 1943, cuando antes (Casablanca/Curtiz/1942) y después (Breve Encuentro/Lean/1945) otros cineastas, otras industrias, harían exactamente lo mismo frente a un triángulo amoroso similar?

En todo caso, lo que me interesa subrayar aquí es la narrativa estrictamente cinematográfica que logra Julio Bracho, bien apoyado por los elegantísimos claroscuros y la atmosférica iluminación de Gabriel Figueroa. Me refiero, por ejemplo, a la forma en la que resuelve el asesinato de uno de los personajes con un organillero tocando en el fondo, a la manera experta en la que usa la elipsis para ocultarnos una información que luego entenderemos perfectamente, al montaje -de la gran Gloria Schoemann en apenas su segunda cinta editada de un total de más de 200- que construye un genuino suspenso hitchcockiano que nos remite a Sabotaje (1936), al papel que juega una bolsita de bisquets que serán mordisqueados por una esposa preocupada y, por supuesto, a la extendida, magistral, secuencia en el cabaret, en donde bailes, música, vestimenta, son retratados con una verosimilitud que ni los más fieros críticos de Bracho (García Riera, por ejemplo) se atreven a negar. Esos minutos precisos y preciosos forman parte, desde hace mucho tiempo, de los grandes momentos del cine mexicano: cuando Octavio y Julieta, Armendáriz y Palma, bailan muy apretados mientras escuchan cantar a Ana María González el clásico de Agustín Lara Cada Noche un Amor... Una de mis escenas románticas favoritas del cine mexicano. Del cine a secas.

9 comentarios:

El Duende Callejero dijo...

Siempre me ha parecido interesante el título de la película, que no deja mucho a la imaginación sobre esos "ecos del propio pasado vasconcelista de Bracho"... Distinto Amanecer, quizá una plegaria de un pueblo que, vaya, desde 1943 intentaba, al menos en sus materiales de ficción, encontrarle sentido a todo este embrollo. Estamos en el 2009... Y una película con esa fuerza se extraña. Interesante que una propuesta tan arriesgada, surgida en el mismo vientre de la bestia-robolucionaria, no sea posible en estos tiempos de libertad y gracia, donde todo va hacia el mejor de todos los mejores Méxicos posibles.

Genial escrito mi estimado. Salud.

Diezmartinez dijo...

Bueno, el título viene del bolero de Agustín Lara que bailan los dos personajes centrales:

Cada noche un amor,
distinto amanecer,
diferente visión...

Pero lo que dices es cierto: hay una ambición en esta cinta -y en otras de Bracho- que se extraña en el cine mexicano de hoy.

El Pobresor Gafapasta dijo...

La primera vez que leí sobre esta película fue en una revista cultural en inglés que editaban los gringos residentes en Mérida, Yucatán. La colocaban entre las diez mejores películas de la historia del cine mexicano e incluso decían de ella que era una especie de "Casablanca" rodada aquí.

Desde entonces la busco sin éxito. La he rebuscado también en Amazon, Ghandi, en Emule y similares, pero nada. Si alguien tiene idea de dónde hallarla, se agradecerá, aunque supongo que uno de estos días aparecerá ahora que están reeditando tanto cine clásico a buen precio.

El criterio de las vacas sagradas de la crítica es interesante, pero como sabemos, la crítica se hace vieja, no sólo las películas, y hoy día, en pleno furor de tanta reivindicación de cine chatarra y/o bizarro, los planteamientos de percepción del cine y otras artes no pueden ser los mismos. Con mayor razón para películas más que estimables como ésta que nos comenta.

Excelente reseña, señor
Díezmartinez.

Diezmartinez dijo...

Profesor: la pasan de vez en cuando en la tele de paga mexicana. En De Película, para ser exactos. Tengo entendido que está en DVD, pero yo la tengo en un VHS, copiado de la televisión.

El Duende Callejero dijo...

Oh... Tenemos un muy buen reseñador de películas viejitas pidata.

Champy dijo...

Momento culminante de nuestra historia cinematográfica. Independientemente de la visión de los gurús que ancumbran y acaban con carreras, lo conseguido conseguido está.
Cine político del mejor.

Champy dijo...

Que tal Ernesto.

Nada que ver con el tema, pero hace algunas semanas me pareció ver que felicitaste al antiguo autor de Profilmico por su nuevo espacio....

Te juro que me he matado buscandolo en la red y no he dado con él, ni con su nuevo espacio.

Me das mas datos?

Saludos.

Diezmartinez dijo...

Hola, Champy. Ambriz escribe en Revista Cinefagia (la liga está en este blog, en la parte derecha) y en profilmico.com, pero aún no lo echa a andar como se debe. Saludos.

Verlaine dijo...

Hoy vi la película y la escena que más me gustó fue, precisamente, la de la muerte del espía. Coincido en que tiene un tono hitchcockiano. Cuando llega el policía y le dice a Don Santos que después de las diez ya no se pueden hacer entregas, y Don Santos le responde que el Señor Diputado así lo ha dispuesto, y el policía se cuadra y abre, él mismo, las puertas para que el cadáver salga de la tienda, ahí está toda la crítica, todo el trasfondo político de la película. Es una escena de antología. Bracho anticipa y resume aquí toda la "Sombra del Caudillo", que sería su propia ruina.