jueves, 30 de abril de 2009

Sensualidad


Sensualidad (México, 1951), décimo-sexto largometraje de Alberto Gout -y segundo de cuatro que realizaría para Ninón Sevilla con argumento de Álvaro Custodio, después de la obra maestra Aventurera (1950) y antes de No Niego Mi Pasado (1952) y Aventura en Río (1953)-, no pretende nunca ocultar el saqueo/homenaje a la premisa central de El Ángel Azul (von Sternberg, 1930), esa inmortal historia del hombre maduro e intachable que es arrastrado al arroyo por la otoñal pasión que siente por una joven y malvada mujer.

La malosa es, por supuesto, Ninón, mientras el hombre "recto e irrevocable" es Fernando Soler, el estricto pater-familias del cine nacional. Él interpreta al juez Alejandro Luque, honesto y aplicado, moralista implacable, maniático de la puntualidad. Ella es Aurora Ruiz, una deliciosa cinicaza de piernas de concurso que, capturada por volarle 10 mil pesos a un "panzón idiota" (Juan Pulido), es enviada a la cárcel por el juez Luque a purgar una pena de "dos años y un día". Ya fuera del botiquín, Aurora cae nuevamente bajo la férula de su socio/regenteador, el vividor cinturita apodado "el Rizos" (Rodolfo Acosta, nacido para interpretar estos papeles). Cierta noche en la que "el Rizos" está golpeándola violentamente en plena calle, Aurora es defendida por el serio juez, quien no reconoce a esa mujer a la que envió a la sombra durante un par de años. Ella, por supuesto, sí sabe quién es el adusto señorón y, a partir de ese momento, hará todo lo posible por vengarse de él y de todo lo que representa.

En Sensualidad, Ninón hace un recorrido similar, aunque en sentido contrario, al que realizó en Aventurera. En esta última cinta, ella inicia como una muchachita inocente que, presa del infortunio, es convertida en prostituta por una madrota que luego resultará ser su suegra. La venganza de Ninón contra esta "respetable mujer" y la hipócrita sociedad conservadora de la que forma parte será devastadora, brutal.

En Sensualidad, el motor de esa fuerza natural que es Ninón será, de nuevo, la venganza. Sólo que ahora Ninón está atada a ciertas convenciones genéricas de las que se libró por completo en Aventurera. Y así, de malvada devora-hombres, pasará a (tratar de) ser una mujer sufrida y enamorada. Me explico: la Aurora Ruiz de Sensualidad es, desde el inicio, una vulgar y desafiante mujerzuela que masca chicle ruidosamente, coquetea con el que se le pone delante y hasta enseña detrás de los barrotes sus muslotes para que vean su cuerpazo del delito. Cuando se le presenta la oportunidad, va tras el juez Luque con todos los encantos y malas artes de la que es capaz. Hasta este momento, Aurora es una desfachatada cualquiera que afirma, sin parpadear, "yo he nacido para bailar y ganar dinero". Sin embargo, esta fuerza destructora de todo lo que llaman decencia, moral, buenas costumbres, se domestica de manera poco creíble ante la posibilidad de un amor puro y juvenil encarnado por el siempre blando Rubén Rojo, quien interpreta a Raúl, el hijo del juez Luque. El asunto, aclaro, no es sólo que Ninón se enamore sino de quién se enamora y cómo lo hace. El argumento de Custodio cede, pues, a las convenciones y, sin que venga a cuento, la Aurora Ruiz de Ninón, una mujer de retorcidísimo colmillo, es engañada por un barbilindo estudiante de Derecho que sólo le hace el amor a la suculenta rumbera para poder conseguir los 300 mil pesos que el papá de él, Don Alejandro Luque, desfalcó de la caja fuerte del juzgado. Vamos, mi punto es el siguiente: Ninón no podría haber sido engañada y menos por Rubén Rojo.

Por lo demás, estilísticamente hablando, Sensualidad es mejor película que Aventurera. Las claves del film-noir son manejadas a la perfección por el gran cinefotógrafo Alex Phillips, el manejo del encuadre (tan elegante como funcional) es admirable y los números musicales -otra vez montados por Ninón con el apoyo de Jorge Harrison- son mejores que en Aventurera (¡esa secuencia fílmico-musical de La Media Naranja, por Dios!).

Y algo más que, por obvio, a veces se olvida: el extraordinario desempeño de todo el reparto. Si exceptuamos mi objeción hacia Rubén Rojo -que es atribuible, más que nada, a un mal casting-, el resto de los actores -Don Fernando, su hermano Domingo en el papel de un honesto comandante policial, el mencionado Rodolfo Acosta- cumple con creces su trabajo. En especial, hay que mencionar al otro hermano Soler, Andrés, quien interpreta a un tal Martínez, un hombrecillo que ha trabajado durante 30 años como secretario del juez Luque y que un buen día se desaparece durante una semana. Llevado borrachísimo ante la presencia de Luque por el comandante Santos de Domingo Soler, Martínez se destrampa y suelta todas sus verdades. Ya está harto de la rutina, de verle la cara durante 30 años a su mujer ("que horror", dice) y también a Luque, de ganar mugres 700 pesos mensuales... No cambiaría nada de esos cinco días que se pasó en el arroyo y si Luque lo vuelve a aceptar en el trabajo, en la próxima quincena se vuelve a perder y quién sabe si lo encuentran. Don Andres, tambaleante, desarticulado, con una bachicha colgándole en los labios, le grita, feliz, a un desconcertado Luque: "¡Que viva la libertad!, ¡Que se mueran mi vieja, el comandante y usted!". Esa misma noche, con los ecos etílicos de Martínez, Don Fernando caerá en las redes de Ninón.

Y ahora sí, ya por último: antes describí mi decepción por la servidumbre en la que tuvo que caer el argumento escrito por Custodio, que no le permitió a Ninón permanecer fiel a sí misma hasta el final. Sin embargo, en el desenlace, hay algo de inquietante y delirante subversión, una especie de dulce venganza de parte de Custodio: ese beso final, postrero, de Don Fernando Soler a Ninón. La pasión fundida con la muerte.

14 comentarios:

cinecdoque dijo...

qué decir? obra maestra absoluta. delirio de lo cruel y personal favorita de la historia del cine mexicano.

saludos | alón

Anónimo dijo...

A mí se me figura un tanto cómico y tierno cómo los que decían que "el cine mexicano apesta" y los que decían que hay apoyar al cine mexicano a como dé lugar, no importando qué porquerías se hagan, no den acto de presencia ante estos rotundos textos.

De los primeros lo entiendo, pero de los segundos, ¿qué nada más conocen de Amores perros en adelante o qué hubo?

Que sigan estas entregas, un rescate único e invaluable de nuestro gran acervo fílmico. Felicidades y la historia te juzgará para bien, sin duda alguna.

Tito.

Diezmartinez dijo...

Bienvenido a los comentarios, Tito.

el ojo en la cerradura dijo...

De acuerdo contigo. Siempre he pensado que Sensualidad es mejor película que Aventurera (aunque ambas me encantan), y es que ésta (Sensualidad) tiene menos vocación de escándalo y más materia cinemátográfica que aquella (Aventurera), esa sí abiertamente provocadora, en el límite de la parodia de sí misma y no precisamente involuntaria.

Con Susana,una película, creo, más o menos en la misma frecuencia Buñuel ni siquiera logró aproximarse a lo que este trio (actriz, director, guionista) habían conseguido.

Saludos

Joel dijo...

(A'i va el material para el libro, Ernesto... propongo que la portada sea estilo portada de Rubí en Lágrimas y Risas, o de perdis esta ilustrativa foto de Ninón Sevilla que pusiste aquí.)

Joel Meza dijo...

Por cierto, alguna vez de adolescente ví una película con Ninón Sevilla donde la hacía de buena y le pasaban mil problemas por ser pobre, creo recordar. No me acuerdo el título pero sí que nunca me tragué el cuento. Toda la película me la pasé esperando que Ninón se bichara y se fuera de rumbera para salir de broncas.

Joel dijo...

(¿No le ibas a poner la misma etiqueta a estas reseñas para seguir toda la serie? Creí que iba a ser "Vacas Sagradas".)

Diezmartinez dijo...

Joel: Ya está. Gracias. Y de esa película que mencionas, no la recuerdo. Porque no es Víctimas del Pecado, por lo que dices.

Don José: Sí, es más película, en el sentido estético y estilístico del término, Sensualidad. Es una cinta más madura y Gout se nota en pleno dominio técnico del medio. Yo prefiero, de cualquier forma, Aventurera porque, con todo y sus desafueros, creo que es más fiel al monstruo femenino que es Ninón. No hay disculpas ni moralizaciones: sólo una mujer que destruye todo por la venganza y que, al final, no le interesa el reguero que deja detrás de ella porque ya consiguió todo lo que quiso, incluyendo su happy-end. Pero, bueno, las dos son películas extraordinarias.

Joel Meza dijo...

Y ahora que mencionas a Rubén Rojo, debo decir que no recuerdo ningún trabajo de él ni de Gustavo Rojo en donde haya creído lo que se suponía que representaban. Uno de esos casos en que yo, como público, tengo que poner mucho de mi parte para que el personaje funcione dentro de la historia. Lo malo es que en ese momento se rompe la ilusión porque me hago conciente de sus mecanismos.

Como aquella película que me contó un amigo de acá del rancho, con Pedro Infante Jr. (RIP), donde en una escena le cae una pesada viga de madera en la cabeza... excepto que la viga rebota evidenciando que era de hulespuma y de todos modos Pedro Infante Jr. se desmaya (o algo así). Me dice mi compa que cuando la vio, tuvo qué decir para sí mismo "uta, qué madrazo se dió" y poder seguir viéndola.

El Duende Callejero dijo...

Esa película que dice Joel ¿No es Mujeres Sacrificadas del '52? Dirección de Alberto Gout, que tiene la historia de unas mujeres que intentan hacer el bien, pero, psss... Son mujeres, así que acaban teniéndose que dedicar "a lo que todos ya sabemos"... Y con eso se empatan irremediablemente a esa otra película en donde se pone lo humanas que son las prostis mexicanas: Mujeres sin Mañana, del '51. Dirección de Tito Davison (por cierto, pa' los que le interese: venden paquetes de diez películas de esta época, con estos títulos, en diez u once dólares en el otro laredo. La colección se llama: ¡Qué Dramas! y las copias son de muy buena calidad).

Diezmartinez dijo...

Duende: Al rato subo la reseña de Mujeres Sacrificadas. Puede ser que sea esa, porque Ninón no es prostituta, nomás bailarina. La prosti es su máma, Anita Blanch.

El Pobresor Gafapasta dijo...

¡Divertidísima película! Parodiando el doblaje al español de My Fair Lady: el drama en Sevilla es una pura maravilla. En lo personal me quedo con Rosa Carmina como icono sexual, pero hay que reconocer que Ninón hizo mejores películas en este registro de rumba y rasga.

¡Que no decaiga la serie de reseñas!
Un saludote.

Joel Meza dijo...

A ver, leo la reseña de la otra y les digo.
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¿The rain in Spain stays mainly in the plain, Pobresor?

El Pobresor Gafapasta dijo...

Efectivamente, Joel.
Saludos.