martes, 26 de mayo de 2009

Cuéntamela otra vez.../III

Curioso cómo se reciclan las historias. Lo que en su forma original era una balada popular sueca del Medievo, se transformó, cinematográficamente hablando, en una obra maestra de reflexión religiosa para luego mutar en una provocadora gore-movie y terminar, hasta el momento, en una mediocre película revanchista y ultraconservadora. Dicho de otra forma, Venganza en la Casa del Lago (The Last House on the Left, EU, 2009) es un remake de La Última Casa a la Izquierda (The Last House on the Left, EU, 1972) que, a su vez, está basada, aunque en los créditos no lo admite, en el serio filme bergmaniano El Manantial de la Doncella (Jungfrukällan, Suecia, 1960), ganador de una Mención Especial en Cannes 1960 y Mejor Película en Idioma Extranjero en el Oscar 1961.

El Manantial de la Doncella tiene su origen en una antiquísima balada medieval: una bellísima y virginal jovencita es enviada por sus amorosos padres a una iglesia cercana con las veladoras que ella debe prender para la Virgen. En el camino, tres pastores la encuentran, la violan y la matan. Esa misma noche, los pastores llegan a pedir refugio a la casa de la muchacha asesinada. Cuando el padre se da cuenta de quiénes son los vagabundos, decide matarlos con sus propias manos. Luego que consuma su venganza, el padre va a buscar el cadáver de su hija. Abrumado por la culpa, el hombre le promete a Dios levantar una iglesia de piedra con esas mismas manos que cometió su iracundo crimen. Al levantar el cuerpo de la muchacha, de la tierra surge un manantial de agua pura, cristalina.

La película de Bergman sigue fielmente la historia tradicional: estamos en la época medieval, en un caserío en el que vive el orgulloso y señorial Töre (Max von Sydow) con su devota esposa cristiana Märetta (Birgitta Valbert), la virginal hija de ambos, la diecisieteañera rubita Karin (Birgitta Peterson), y la hija mayor de Töre, la embarazada trigueña Ingeri (Gunnel Lindblom). Töre y Märetta envían a Karin e Ingeri a la iglesia con las veladoras para la Virgen y, en el camino, un par de cabreros viola y asesina a Karin, frente a una Ingeri que no hace nada por evitarlo porque, de hecho, eso mismo ha deseado la envidiosa hermanastra, quien la ha pedido al dios pagano Odín que haga algo en contra de la hermana preferida. Esa misma noche, el par de cabreros –más su asustado hermanito menor- son recibidos como huéspedes por un imponente Töre. Cuando Märetta identifica el vestido manchado de sangre de Karin, Töre decide cobrar venganza: después de un baño de purificación, el implacable señor feudal espera al amanecer para matar a cada uno de los cabreros, incluyendo al traumatizado niño, que es estrellado violentamente contra la pared. Töre, Märeta, una arrepentida Ingeri –que le ha confesado sus deseos criminales a su padre- y los criados de lugar van a buscar el cuerpo de Karin, que yace en un claro del bosque. Desesperado, Töre impreca a Dios. No entiende cómo Él dejó que mataran a su Karin y menos aún por qué permitió que él, Töre, ultimara a dos hombre y un niño. “No te entiendo, Dios… pero te pido perdón porque no sé otro modo de vivir”, dice el lloroso señor y ahí mismo se asigna a sí mismo su penitencia: construir él solo una iglesia de piedra, como esas que existen en la gran ciudad. Al cargar el cuerpo de Karin, surge de la tierra el manantial en el que todos expiarán sus culpas, sus pecados, sus dolores.

La puesta en imágenes de Bergman es de un clasicismo funcional admirable. Mueve la cámara siguiendo los personajes sin darse a notar (los fluidos travelling en el bosque), construye una serie de encuadres sintéticos diríase wellesianos (la familia y los criados en distintos planos ante el cadáver de Karin) y combina a la perfección los planos alejados con los acercamientos a los rostros en momentos claves (cuando Töre se enfrenta, con el rictus de la ira en su faz, a los asesinos de su hija).

Y aunque el guión de Ulla Isaksson contiene en los diálogos muchos de los elementos dramáticos más interesantes de la cinta (la envida de Ingeri, la coquetería de Karin, la dinámica matrimonial entre Töre y su esposa, el grito de Töre en busca de expiación), otros son creados a través de las imágenes creadas por Bergman y su fotógrafo Sven Nykvist. Tómese la secuencia en la que Töre se prepara para cumplir su venganza: va en busca de un largo abedul que se mece plácidamente por el aire de la mañana. El hombre, fúrico, embiste el árbol al que termina derribando. Con su espada bien afilada, corta las ramas con las que se flagelará en el baño de agua caliente que le ha preparado una contrita Ingeri.

La escena del árbol, vista en plano general, es intensamente dramática, intensamente pictórica: el hombre, solo contra una creación movida por Dios, tumba el abedul que le servirá para seguir su rito de venganza. Aunque Robin Wood (citado por Peter Cowie en su canónico El Cine Sueco/Era/1970) habla de símbolos erótico-incestuosos en esta secuencia, en lo personal encuentro otra interpretación diferente: Töre se enfrenta a la naturaleza y la usa para alimentar su ira pero, al final, sólo le quedará el vacío de la revancha. Por ello, su rendición postrera: no tiene sentido su rebelión ante Dios como no tuvo sentido su rito de venganza. Por supuesto, esta escena ya descrita estaba en el guión de Issakson, pero la puesta en imágenes de Bergman hace posible la decantación/interpretación de su significado (o significados, en todo caso).

El Manantial de la Doncella forma parte de la batería de filmes que Bergman realizó entre 1957 y 1963 –de El Séptimo Sello (1957) a El Silencio (1963)- cuyo tema central era la presencia/ausencia/silencio de Dios. Aquí, en El Manantial… la reflexión bergmaniana no llega a los abismos metafísicos de la llamada "trilogía del silencio" (A Través de un Vidrio Oscuro/1961, Luz de Invierno/1963 y El Silencio), pues estamos, de alguna manera frente a una alegoría histórica en la que la fe en los antiguos dioses (Odín, la divinidad pagana que invoca Ingeri) se confronta a la fe cristiana que no se ha terminado de enraizar en esas alejadas comunidades suecas medievales.


Más de dos lustros después, Wes Craven debutó como cineasta con una singular adaptación de esta seria historia bergmaniana: La Última Casa a la Izquierda. Estamos en las afueras de una gran ciudad y, ahora, la virginal Mari (Sandra Peabody) va a un concierto de rock, acompañada de la reventada Phyllis (Lucy Grantham). Buscando alguna motita que fumar, las dos muchachas son llevadas con engaño a la guarida de un cuarteto de malandrines –un asesino sádico, su adolescente hijo heroinómano, una acompañante femenina y un violador serial- que torturarán, violarán y asesinarán a las dos muchachas nada más porque sí.

En la misma línea de la cinta bergmaniana, los tres asesinos y el adolescente drogadicto llegarán a la casa de los padres de Mari. Cuando el amable matrimonio formado por el doctor Collingwood y su esposa Estelle (Richard Towers y Cynthia Carr) se den cuenta a quiénes han alojado en su casa, planearán la más sangrienta y sádica de las venganzas: le cortarán la garganta a una, cortarán en pedacitos a otro y le harán la vasectomía sin bisturí a otro más. Aquí no hay arrepentimiento ni expiación ni nada que se le parezca. Sólo violencia, sangre, mutilaciones: nihilismo puro.

El tono de Craven en esta, su opera prima, es fatalmente disparejo. La violencia se fusiona con la gracejada más chambona –la subtrama del sheriff y su torpe asistente- mientras la realización es pobre, amateur, malhechota, y el montaje es un auténtico desastre. Con todo, la película emite una enfermiza fascinación: la venganza de los padres clasemedieros es llevada a los extremos más tortuosos, con todo y felación castrante ejecutada por la modosa mamá-de-casa.

Este afán de provocación está ausente, por cierto, en la mediocre Venganza en la Casa del Lago, remake de La Última Casa a la Izquierda. La trama, mutatis mutandi, es más o menos la misma: hija virginal, secuestro, tortura, venganza… Sólo que aquí no hay muerte de la muchachita, mientras que el niño inocente que es asesinado en la película de Bergman y que, en el filme de Craven, es obligado al suicidio, aquí, en contraste, termina adoptado por los papás de la nueva Mari (Sara Paxton) que, eso sí, despachan a los criminales de la manera más sádica posible.

Lo más significativo es que en Venganza en la Casa del Lago todos los actos violentos de la heroica familia nuclear son mostrados como justos, proporcionados, necesarios, sin ironía, crítica, ni distancia alguna. Sólo así, pues, convirtiéndose en animales sedientos de sangre, se pueden mantener los valores más tradicionales: la tranquilidad, el orden, el equilibrio. Y además, con la ganancia extra de un hijo solovino para acrecentar los más rancios valores familiares americanos. Faltaba más.

28 comentarios:

El Duende Callejero dijo...

By the way...

En el 2005 se estrenó algo llamado Chaos. Escrita y dirigida por David DeFalco (a como están las cosas, algún día ganará la Palma de Oro, saludará al Presidente de México en su despacho y quizá hasta de clases en la Ibero... De momento su mamá y su papá lo quieren mucho y a veces lo miman), que originalmente se llamaba: The Last House on the Left... Y que acá entre nos, era el remake de la película de Craven, versión 1.

Lo que pasó es que aquello salió tan garra, y el director se sintió tan bien, tan inspirado, que acabó peleándose con todos, sin presupuesto, con una desbandada de actores y con un estreno inmediato a DVD (dicen por ahí que ni lo iban a dejar que la editara, ya tenían que pagar cuentas, pues). Por tanto, los que tenían la sana intención de llamarla de esa forma, la abandonaron... El director-guionista dijo: joder, que es una obra maestra... Y moles, la estrenó con el nombre de Chaos... ¡El mismo año que otra película también se llamó Chaos! Eso es tener mente empresarial...

Pero bueno. Se estrenó en DVD en México. El nombre del subproducto: La Casa del Lago.

Jo.

el ojo en la cerradura dijo...

Cosas del azar: primero vi la de Bergman, que me gustó bastante, después me llegó la de Craven; cuando la vi pensé: este Craven hizo un plagio; pero la película me golpeó (en el buen sentido de la palabra) porque, primero, a pesar de su evidente amateurismo la película es intensa a rabiar (como ya lo habías señalado), incómoda en un sentido físico y moral; segundo, me agradó ese atrevimiento, por parte de Craven, por versionar tosca y visceralmente, plenamente "trash", una película de un autor que a esas alturas era ya apreciado como alguien digno de una reverencia casi beata, Creo que Craven hizo deliberadamente su muy particular homenaje de una manera política y estéticamente incorrecta. La´nueva versión, no la he visto. Esperemos que nos llegue pronto a estos lados.
(y esa "Trilogía del silencio" que señalas es de lo mejor de Bergman, casi casi películas de terror - a su manera- en estado puro)

Paxton Hernandez dijo...

La película de la que habla el Duende fue motivo de un deschongamiento completo entre DeFalco y el gordo Ebert. Se puso color de hormiga el asunto.

Paxton Hernandez dijo...

Ah, y tiene años que ví la de Bergman, Ernesto. No la pienso comprar; como siempre, Criterion te pide un ojo de la cara.

Joel Meza dijo...

En el 2005 Ebert ya no estaba gordo...
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Definitivamente las voy a ver en orden, empezando por Bergman.

Joel Meza dijo...

¿En qué momento el cine gringo perdió los destos? ¿En los 90s? Todavía en los 80s ví películas provocadoras, que no se detenían a disculparse como ahora es la norma.

El Duende Callejero dijo...

Pero la de Bergman no está solamente en Criterion Paxton. Creo que por ahí anda la versión nacional que es la versión Criterion con subtítulos en español y sin las toneladas de extra. Pero ahí está la película y como a 50 ó 60 pesos (o menos).

Paxton Hernandez dijo...

Sicierto. El otro sábado ví la edición R4 de Fanny y Alexander a 40 pesos.

:)

Joel Meza dijo...

Yo tengo un par (La Hora del Lobo y Vergüenza) R4 que compré en promoción de distribuidor (creo que son de Paramount video) en Sanborn's, muy buenas transferencias y si mal no recuerdo a unos $50 c/u. Así que hay esperanza.

Pe-ro... la R4 que tengo de El Séptimo Sello, de Zima o Videomax, la verdad del coraje ya ni me acuerdo, tiene un zumbido en la banda sonora que hacen insoportable verla. ¿Alguien sabe si las ediciones R4 de las demás se oyen bien?

El Duende Callejero dijo...

Joel: Dios no te quiere... Mi R-4 Zima del Séptimo Sello es igualito al R-1 Criterion del Séptimo Sello. La tengo dos veces por pura enfermedad (y porque la versión Zima la vi como a 20 pesos un día y dije, pos la compro, qué la fregada).

Paxton Hernandez dijo...

Completamente de acuerdo con El Duende. La que renté R4 de El séptimo...se veía impecable.

Joel Meza dijo...

¡Ch*(&%^@%@#$#%@dre!

El Duende Callejero dijo...

Yo no tengo La Hora del Lobo. Sniff...

Paxton Hernandez dijo...

Yo menos. Doble sniff.

Joel Meza dijo...

Pos está muy fregona. Terror, terror.

Paxton Hernandez dijo...

%^@%@#$#%!!!

El Duende Callejero dijo...

La vi hace años... No la tengo. Sniff...

Paxton Hernandez dijo...

Triple sniff. Y está fuera de catálogo en Amazon.

:(

Paxton Hernandez dijo...

Orales...

http://www.amazon.com/Bergman-Special-Collection-Persona-Serpents/dp/B0001MIK6I/ref=sr_1_2?ie=UTF8&s=dvd&qid=1243531113&sr=1-2

Joel Meza dijo...

Vaigan al sanbors, a'i la'n de tener.

Paxton Hernandez dijo...

Puagh. Cada vez que voy a un Sanborn's nunca pasan de "Una propuesta indecorosa", "El color de la noche", "Sliver" etc.

Joel Meza dijo...

Hay que escarbarle abajo de los estantes, así las encontré yo, Paxton. En la parte de arriba, donde los ve la gente, ponen porquerías que se venden por kilo, como Sex and the City, Top Gun y La Risa en Vacaciones; para encontrar a Bergman hay que arrastrarse (literalmente).

Paxton Hernandez dijo...

Lávate la boca antes de hablar mal de La risa en vacaciones.

Ok, la buscaré.

:)

El Duende Callejero dijo...

Acá sólo hay Liverpool... Y no es parte de mi vida. Es rosa, hay gente que no quiere vender nada "trabajando" ahí... Los tenis de Black Sabbath de Converse los vendían para nenes, no para adultos. Les pido libros y nunca los traen. Apestan.

adayin dijo...

Pero Bergman siempre tuvo esa ideologia, ¿no? De "Dios te salva o Dios te condena" Las pruebas de fe para alcanzar la redención, que siempre son pruebas más brutales que si solo uno se deja llevar, sin buscar salvación.

A mi me gusta mucho el cine de Bergman y sus planos que acercan (e involucran) o alejan al personaje con la cámara, o con nosotros. El completo control que tenía del espacio a cuadro y como cierra ese espacio, para sofocar y adquirir un compromiso con la emoción (o la falta de) del personaje.

Je... igual ni se, esta no la he visto y no la tengo. Voy a hacerle como con The Chaser y no me voy a dormir hoy hasta conseguirla.

Lastima del remake, porque la de Craven me durmio la primera vez que la vi y la disfrute años cuando la volvi a revisar.

¿Y en esa de Chaos no salia el hijo de Stallone? ¿Y el DeFalco no es un luchador o uno de la MMA? ¿Retando a todos al ring si no les gustaba su pelicula? Jejeje, si la empece a ver y que hueva, la neta. Con razón tiene sus 3 puntotes en el metacritic

El Duende Callejero dijo...

Iep... Esa es y ese es. Y hasta el hijo de Stallone salió corriendo.

Joel Meza dijo...

¿El hijo de Stallone? ¿El plebe tonto que sale en Rocky 4?

El Duende Callejero dijo...

Ese... Y productor de cine amigazo de su vidaza del Tontolino... Perdón, Tarantino. Tanto que le había conseguido el papel principal en esa mugre llamada Hostal, pero el otro no pudo, creo que porque tenía que estar filmando no sé qué cosa...