domingo, 10 de mayo de 2009

¡Hijo de... Bush!


Hay una escena clave en ¡Hijo de… Bush! (W., EU-GB-Hong Kong-Alemania-Australia, 2008), décimo-octavo largometraje del eterno rebelde Oliver Stone, que podría haber sido el corazón de esta visible pero decepcionante biopic de George W. Bush, el presidente de Estados Unidos más odiado desde… ¿siempre?

La escena de marras ocurre en la segunda parte del filme, cuando “Dubya” –el apodo de origen fonético con el que era conocido Bush debido a la inicial de su segundo nombre, W- está siendo aleccionado por el siniestro gnomo Karl Rove (Toby Jones), su inseparable asesor de campañas políticas, sobre lo que debe contestar a la prensa sobre los más diversos temas. Bush hijo ha decidido, en contra de la opinión de su enérgico y distante padre, el entonces ya expresidente George H. W. Bush (James Cromwell), lanzarse por el gobierno del estado de Texas. Bush padre no cree que su hijo pueda ganar, pero Rove piensa muy diferente. Palabras más, palabras menos, Rove le dice a "W": “La gente vota por la persona con quien le gustaría tomarse una cerveza, no se te olvide”. Esa será la clave para que “Dubya” gane no sólo Texas en 1994 sino que seis años después –con una pequeña ayuda en Florida, claro está- llegue a la Casa Blanca para permanecer ocho años dando órdenes y rezando, los años más oscuros en la historia reciente de los Estados Unidos.

Esta afirmación de Rove, cínicamente precisa, explica mejor que ninguna otra teoría, la elección de Bush hijo –o, en este mismo sentido, de su hermano gemelo baboso al sur del Río Bravo, Vicente Fox-: no importa la verdad, la información, la preparación, los datos… En política, la percepción es lo importante y Bush fue percibido por muchos americanos como uno más de ellos: el joven desmadroso, el mediocre estudiante, el tipo que no sabe gran cosa de nada, el bobalicón que se toma una cerveza viendo en la tele un partido de beis, el hombre de familia que ha “renacido” para servir a Dios… Por ese hombre votaron y así les fue a los gringos (y al resto del mundo).

El filme avanza en dos líneas narrativa paralelas. En la primera, vemos a un juvenil “Dubya” (Josh Brolin) echar relajo en Yale, emborracharse y agarrarse a madrazos en algún estadio de futbol, bailar briago en algún bar, enfrentarse a su seco papá político-héroe-de-guerra, dejar un trabajo para iniciar otro que luego dejará y así una y otra vez, hasta que, ya casado con la encantadora bibliotecaria Laura (Elizabeth Banks), en plena caminata de sus cinco kilómetros diarios y cargando chica crudota, Bush hijo se desvanezca a un lado de su camino (¿a Damasco?) para re-nacer como fundamentalista cristiano. A partir de ese momento, “Dubya” dejará el trago, se irá a Washington a participar en la campaña presidencial de su padre y, después del triunfo paterno, se dedicará a administrar su equipo de beis (los Rangers de Texas), preparándose para cosas mayores.

En la segunda línea narrativa, Bush está ya instalado en la Casa Blanca. El escenario temporal son los meses posteriores al ataque del 11 de septiembre de 2001 y los preparativos para la invasión a Irak. En tortuosas juntas interminables, el equipo compacto bushista buscará todas las justificaciones morales, militares, económicas y geopolíticas para iniciar una invasión que ya estaba decidida de antemano. La única voz discordante, la del General Colin Powell (Jeffrey Wright), será poco a poco apagada por la de los halcones Dick Cheney (Richard Dreyfuss), Donald Rumsfeld (Scott Glenn) y Condoleeza Rice (Thandie Newton). Esta segunda parte finaliza cuando el fiasco iraquí es más que claro: no hay –nunca hubo- armas de destrucción masiva, las muertes de soldados americanos aumentan, los ataques terroristas en Irak se van extendiendo…

Después de que termina uno de revisar este filme de Stone –insólitamente sencillo y sobrio para los estándares del realizador de Pelotón (1986), Nacido el 4 de Julio (1989), JFK (1991) o Asesinos por Naturaleza (1994)- uno se pregunta: ¿para qué lo hizo? Stone se acercó a su odiado Presidente no con el ánimo de caricaturizarlo o ridiculizarlo, sino de entenderlo: de saber quién es, cuál es su origen y cuáles son sus motivaciones. Este evidente fair-play por parte de Stone –y del guión de Stanley Weiser, por supuesto- no deja de ser meritorio, pero el asunto es que, por lo menos ante la vista de esta película, “Dubya” no es un personaje tan interesante. Vamos: Bush hijo no es el brillante, tortuoso y torcido Nixon (Stone, 1995), el otro gran villano presidencial estadounidense, y eso se nota.

Por más que el guión de Weiser –y la correcta realización de Stone y la espléndida caracterización de Josh Brolin- nos indique que en la familia Bush anida un auténtico drama shakespeariano (Bush hijo se mete a la política para competir/opacar a su padre, “W” invade Irak para demostrarle a “H. W.” que él estuvo equivocado por no haber tumbado a Saddam), lo cierto es que ¡Hijo de… Bush! –un título ridículo pero pertinente de acuerdo con el discurso del filme- no funciona ni como ariete militante antibushista ni como absorbente análisis de la administración más nefasta que haya sufrido los Estados Unidos –y el resto del mundo- ¿en toda su historia?

21 comentarios:

Taquero Narcosatánico dijo...

A mí la falta de marometas filmicas por parte del director me pareció acertada. En general me pareció una película interesante, que logra atrapar, aunque como bien dices, no termina de despegar.

Diezmartinez dijo...

Interesante, sí, sin duda. Digamos que no me aburrió. Pero tampoco es la obra mayor que uno podría haber esperado. Tal vez -y digo tal vez porque no conozco la vida de Bush- el tipo simple y llanamente no es muy interesante como protagonista. Acaso lo realmente valioso habría sido concentrarse en el equipo que estaba detrás de él, en los intereses ecónomico-político-religiosos que lo impulsaron a la presidencia... No sé: hay algo profundamente decepcionante en "W". Además, el aspecto freudiano está subrayado de más: el sueño ese en la Oficia Oval roza con la autoparodia.

El Duende Callejero dijo...

La escena final, en el campo de beisbol, ilustra perfectamente lo que le pasó a Stone con esta película. Jo.

Paxton Hernandez dijo...

¿Cómo lo ridículo puede ser pertinente?

Joel Meza dijo...

A ver si al rato voy por ella al bb. O la del niño que se avienta en la cuacha en la India. Por cierto, historia verídica: ayer que fui al cinépolis, en una de las cápsulas de entretenimiento que ponen en el sonido ambiental ("la radio en el cine", creo) el locutor aclara que para esa escena el niño en realidad no se metió a la porquería, sino que era una mezcla de chocolate y mantequilla de cacahuate.
Chin, sólo falta que en una de esas me aclaren que a Jiu Yakman no le salen picos de las manos, en realidad se los pegan con colaloca para hacerla de Guolverín.

Diezmartinez dijo...

Mi estimado Paxton: En muchas ocasiones, lo ridículo es lo pertinente. Joaquín Pardavé en, por ejemplo, ¡Ay que tiempos Señor Don Simón! o en México de mis Recuerdos es ridículo pero su interpretación es la pertinente, la adecuada.
El título en español de "W", ¡Hijo de... Bush!, es realmente ridículo pero, curiosamente, resulta adecuado para lo que plantea la cinta: Bush hijo quiso la presidencia e invadió Irak sólo porque era el rechazado hijo de su papá. Es decir, sólo porque deseaba superar a su padre. No digo que esta lectura pseudofreudiana sea cierta, pero es lo que plantea la cinta.

Salles dijo...

Pese a los desaciertos de la película que ya has anotado, hay que reconocerle a los estadounidenses la capacidad que tienen para proyectarse, y a veces autocriticarse.

¿Crees que algún día salga el equivalente mexicano de W.? ¿Quién sería el presidente mas "atractivo" para hacer el drama (o de plano la tragicomedia)?

Diezmartinez dijo...

Ah, claro, Salles: Eso no se discute. Lo he dicho siempre: los más eficaces críticos del american-way-of-life, de la democracia americana, de sus instituciones, de su clase política, de sus deportes, etcétera..., son los propios gringos. Eso es lo que hace tan vital a su cine, en efecto. Qué daría por la ver una biopic (tipo Nixon, en tono de film-noir) de Salinas de Gortari o en tono de farsa de Fox/Martita o en tono de tragedia de un tipo que tenía todo para ganar y que por complós y megalomanías, dejó que todo se le fuera de las manos (AMLO). La política mexicana daría para grandes cintas... Pero nadie las hace. Bienvenido a los comentarios, Salles.

Joel Meza dijo...

En esa mítica biopic de Salinas no podría faltar la escena donde le dan la terrible noticia:
- "Sr. Presidente, acaban de matar a Colosio en Tijuana."
- "Acabrón, ¿ya son las cinco...?"

El Duende Callejero dijo...

Yo tengo el título para esa hipotética cinta mexicana, pero no es mío... Sniff:

Política Ficción.

¿O sería mejor el género de la cinta?

Juan Carlos Romero dijo...

En total desacuerdo, querido Ernesto. Stone le da a la gente lo que quiere: un villano ridiculizado que dice cosas estúpidas para reafirmar que era un pobre diablo. No vi la audacia por ningún lado ni el más mínimo reconocimiento a las fortalezas que el tipo seguramente tiene... ¿Quién de los otros personajes proyecta de veras a una figura real? Yo vi un sketch alargado que además ahora nos sale con esa baratura de que los errores de esos ocho años son debido a un trauma freudiano de W. con su padre. La odié.

Diezmartinez dijo...

Juan Carlos: Como de costumbre, el cine de Stone divide a todo mundo... Alguna virtud tendrá por ello.
Yo nunca escribí de audacia con respecto a esta cinta: me parece, y así lo dije, una película decepcionante. Sin embargo, yo no veo esa caricatura que mencionas. La actuación de Brolin, de hecho, está muy matizada: los manierismos, la mirada cruzada, el acento exageradamente tejano, fueron dejados de lado por la descripción de un pobre diablo emproblemado con su padre. (Y, por supuesto, creo que la historia de Bush es mucho más compleja que un trauma freudiano nunca resuelto).
Pero, bueno, otros han visto esa caricatura que tú señalas -Bonfil en su reseña de La Jornada de ayer- y otros hemos visto un intento más o menos logrado -Fernanda Solórzano en Letras Libres- o más o menos fallido -un servidor- de acercarse a entender a un tipo que, es evidente, Stone odia de verdad. Yo no odié la película: sólo me pareció una oportunidad perdida. En ese sentido, Nixon es mucho mejor filme. Pero, repito, creo que Nixon es un personaje, por sí, mucho más interesante.

Paxton Hernandez dijo...

Duende: Es género. Lo acuñaron Diezmartinez y Ayala Blanco, por primera vez para describir la cinta Death of a President, sobre el "asesinato" de W.

Diezmartinez dijo...

Ah, sí, es cierto. Ya se me había olvidado. Cosa extraña que pensáramos Don Jorge y yo en el mismo título de la reseña para la misma película.

Paxton Hernandez dijo...

O a lo mejor leyó tu reseña y te lo plagió, jeje.

Diezmartinez dijo...

Ah, la historia de los plagios en este negocio es larga. Pero Don Jorge no creo que forme parte de esa historia.

Tyler dijo...

Hubiera estado bien que saliera Tina Fey caracterizando a Sarah Palin...

Diezmartinez dijo...

Pues sí, claro, Tyler, pero la cinta sólo cubre el primer periodo y sólo dos años, 2002-2004. Y con Tina Fey hubiera sido una buena comedia. Acaso el Dr. Insólito del nuevo siglo. Pero ya no fue. Ni modo.

El Duende Callejero dijo...

Psss... Stone quería hacer con esta W. el Doctor Insólito del nuevo siglo. Pero se le perdió la bola en estadio vacío.

Jo.

El Duende Callejero dijo...

Estaba pensando las posibles razones por las que aquí en México jamás se podría hacer una película similar a esta W. (si se quiere, hasta en lo fallida), con la crema y la nata de los actores políticos no presentados al estilo esa burrada cómico-musical que transmitió Televisa en las pasadas elecciones presidenciales (y que vende en DVD, por si alguien lo quiere), sino que fuera más en un estilo mockumental... Bio-pic o lo que fuera...

Primero... Porque de hacerlo, seguramente se tendría problemas con todos los gremios que se necesitan para producir una película en México (desde los actores, músicos, jaladores de cables y demás), y dichos problemas serían "misteriosos", sin ninguna razón aparente, pues.

Luego... Está la bronca con el IMCINE, también misteriosa (sólo porque toda la cultura y el arte debe ser soportado por el Estado), para darnos la lana, que se acepte el proyecto, que nos den fecha de distribución, respaldo. Lo que fuera.

Entonces saltaría la polémica de los medios. Que si de qué trata, de que si con quién se acuesta el director, productor, guionista, con quién se acostó... En qué momento... También muy misterioso.

Luego el IFE que nos querrá, instruido por los partidos políticos, poner una multa o de plano aplazar no sólo el estreno sino la pre-producción hasta tiempos no electorales...

Y ya sí pasamos todo eso, correremos otro riesgo: que un pseudopolítico, achichincle, político o consorte oficial o espuria vea la película y le salga la inspiración para hace "su velda'"... en libro, ya sea para contradecirnos o darnos la dizque razón. Ya ven que con Ahumada queda claro que ahora cualquier imbécil puede hacer un libro (y venderlo).

Jo.

Por eso no hay películas así.

Joel Meza dijo...

Supongo que lo más cercano, por el uso de medios masivos de comunicación, serían los ocasionales "corridos" como ese que pasaban en el radio, de Los Tigres del Norte, sobre Salinas y Raúl.