sábado, 11 de julio de 2009

Enemigos Públicos


Hay mucho qué admirar en Enemigos Públicos (Public Enemies, EU, 2009), el más reciente largometraje del especialista en policías y ladrones Michael Mann (productor de la teleserie Miami Vice/1984-1990, director de Fuego contra Fuego/1995, Colateral/2004 y la muy menor adaptación fílmica de Miami Vice/2006). Lo admirable es la impecable ambientación de época con todo y banda sonora ad-hoc, el montaje visual y sonoro de las muchas escenas de acción que presume la cinta, y el trabajo de algunos de sus actores -aunque no tanto de los protagónicos, por cierto. Sin embargo, también me topé con varios elementos que nunca me terminaron de convencer. El resultado, desde mi perspectiva, es el de una película indudablemente valiosa -de hecho, es probable que se cuele en mi lista de lo mejor del 2009- pero que se quedó a un buen trecho de tocar la auténtica grandeza.

La cinta es la trepidante crónica de los 14 meses, de mayo de 1933 a julio de 1934, en los que el célebre asaltabancos John Dillinger (Johnny Depp) puso en jaque y en ridículo al gobierno de Estados Unidos y a al recién creado FBI, pues no sólo robó todo banco que quiso y cuando quiso sino que, cuando llegó a ser capturado, se escapó de la cárcel -dice la leyenda, no corroborada aquí, que con una pistola de madera-, llevándose, además, el auto de la alcaidesa. Más aún: Dillinger, aficionado al beisbol, a las mujeres, al whiskey y al cine (hombre, ¿qué hay de malo en todo esto?), se convirtió en una auténtica celebridad que sonreía a la primera provocación, daba declaraciones cínicas, posaba despreocupado en las fotos y -por lo menos eso también dice la leyenda- no le robaba el dinero que llevaban en las manos los cuenta-habientes, sino solamente lo que se encontraba en las bóvedas de los bancos. Y algo más: se sabe que Dillinger odiaba el uso exagerado de la violencia y no le gustaba matar "civiles", a diferencia del psicopático Baby Face Nelson (Stephen Graham) que asesinaba por gusto. Si a este cuadro le agregamos que Dillinger hizo todas sus gracias en plena Depresión, cuando los bancos no eran exactamente bien vistos (¿y cuándo lo son, por cierto?), entonces podemos entender la fuerza mítica de su nombre y sus acciones. No extraña, por lo tanto, que Dillinger haya merecido, antes de Enemigos Públicos, por lo menos dos filmes en los que él es el personaje protagónico -uno de 1945 y otro de 1973- además de aparecer en casi una veintena de películas desde que lo encarnó Lawrence Tierney en la ya mencionada cinta de 1945.

Al llevar a la pantalla grande, en casi dos horas y media, esta emblemática historia de ladrones carismáticos, huídas imposibles, robos audaces y rudos agentes de la ley, Mann creó varias secuencias extraordinarias -todas los momentos de acción hacen que fijemos la mirada en la pantalla- y, por lo menos, una imagen que es no sólo de lo mejor que veremos en el año sino de los mejor que ha hecho el cineasta en toda su carrera: el éxtasis de balas que dispara y que recibe, al morir, un orgiástico Baby Face Nelson. Pero, escribí arriba, Mann tomó algunas decisiones desconcertantes que, en mi opinión, terminan por minar este, de todas maneras, espléndido filme.

El más importante es el casting de Johnny Depp y, por añadidura, la definición del John Dillinger imaginado por Mann y sus coguionistas. Para acabar pronto, Depp nos entrega un gángster demasiado cool para ser cierto: en ningún momento creí que estaba viendo la historia de John Dillinger sino, por el contrario, que estaba atestiguando la gozosa actuación de Johnny Depp como Dillinger. Nunca pude comprar la idea que Depp era capaz ya no digo de robar un banco, sino de quitarle un dulce a un niño. Es cierto, Depp se ve muy bien empuñando su tommy-gun, dando órdenes terminantes al asaltar, golpeando a uno que otro de vez en cuando, pero su presencia no transmite ningún tipo de amenaza. Compare usted el Dillinger de Mann/Depp con el mejor que me ha tocado ver, el interpretado por Warren Oates en el subvalorado filme de John Milius, y entenderá las diferencias: el Dillinger de Oates también tiene carisma, es adicto a la fama, disfruta su chamba de asaltar bancos, pero en ningún momento nos hace olvidar que puede empuñar un arma. El tipo puede ser atractivo, sí, pero también peligroso.

La actuación de Christian Bale como el Némesis de Dillinger, el obsesivo -y dueño de su propia leyenda- agente federal Melvin Purvis ha sido muy criticada en casi todas partes. No acostumbro ser un contreras, pero creo que Bale sale mejor librado que Depp al encarnar al famoso G-Man Purvis que hizo caer no sólo a Dillinger sino al ya mencionado Baby Face Nelson y a Pretty Boy Floyd (Channing Tatum). Es cierto, Bale está inexpresivo, concentrado, se diría que casi aburrido, pero no podía ser de otra manera: es el seco rostro de la Ley, el brazo implacable y profesonal del todopoderoso Edgar J. Hoover (Billy Crudup). Sin embargo, cuando él mismo no puede con el paquete, pedirá los debidos refuerzos, entre ellos al experimentado ranger Charles Winstead (Stephen Lang, memorable) que, poco a poco, impondrá su inteligencia y jerarquía, a tal grado de ser él -y no Purvis- quien recibe el recado postrero que Dillinger le envía a su amada india-francesita (Marion Cotillard cumplidora). Dicho de otra manera, es muy claro de qué lado está Mann: de su carismático Dillinger, de su estrella Depp.

El otro asunto que me ha hecho dudar es el vídeo en alta definición en el que está realizado el filme. David Edelstein, del New York Magazine, ha escrito que a través de la cámara de Dante Spinotti, Mann nos entrega una cinta que tiene un look "fascinantemente raro". En efecto: en lo personal, todavía no sé si la imagen general de la película terminó por gustarme. Hay momentos en donde la inmediatez estilística del vídeo se justifica con creces (los asaltos bancarios, las muchas huidas, la nocturna balacera climática), pero hay otros en donde, la verdad, no tiene sentido: por ejemplo, ¿para qué hacer un brusquísimo paneo en interiores, cuando lo único que provoca es que no veamos nada, a no ser manchas e imágenes barridas?

En todo caso, más allá de mis dudas y mis peros, Mann demuestra nuevamente ser uno de los más grandes autores contemporáneos del cine estadounidense. Qué tan grande, qué tan importante, que lugar ocupa frente -o al lado- de otros, puede ser discutido. Pero nadie puede poner en duda que el hombre sabe hacer cine. Y lo hace bien.

17 comentarios:

Joel Meza dijo...

A mí sí me molestó la baja definición de la imagen por el video. Precisamente en los paneos se ve de la jodida.
Porquería de tecnología y peor que el público lo acepte.
(Beisbol, mujeres, whiskey y cine... ¡buen fin de semana!)

Diezmartinez dijo...

A mí me gustó la imagen de la película en esas secciones violentas... El sonido del ratatatata de las metralletas, las imágenes borrosas de los tipos disparándose... Todo eso tiene un aire perturbadoramente realista. Y ya sabes por qué apunto esto. Pero cuando la cinta esta, digamos, en reposo, no se justifica esta opción. Aunque, claro, ni modo que filmara unas secuencias en video y otras en 35 mm. No sé... No me termina de convencer pero tampoco de molestar por completo.

Taquero Narcosatánico dijo...

Yo la disfruté mucho, pero soy más o menos facil cuando se trata de películas de mafiosos, policías y ladrones. Yo hubiera preferido que fuera filmada en 35 mm, la imagen siempre estuvo borrosa, cosa que no pasa en las otras películas de Mann.

marichuy dijo...

Ernesto

Lo que son las cosas, pero a mí me pareció que visualmente la película es muy buena. Uff, esas tomas de la balacera nocturna, la oscuridad azulina en medio del bosque... Wow

Lo que sí creo es que la historia es algo débil; lo digo porque, considerandos que Mr. Dillinger fue tan célebre ladrón, el filme deja ver muy poco de su genialidad, más diría que lo exhibe como lo opuesto. Y caray , se fue a morir de forma tan boba; habiéndose salvado de aquella matazón venirse a morir así... por una chivata, pero también porque él se fue a poner en charola de plata.

Ah... y qué mal, pero malo en serio, actor es Christian Bale; está más tieso que en “El caballero oscuro”… lo que ya es decir.

Saludos

PS Ya vi "Gomorra"; ayer leí tu reseña en Reforma y me gustó bastante... ambas, película y reseña; mañana, si escribes algo aquí, vendré a meter mi cucharita.

Diezmartinez dijo...

Marichuy: Esa parte que mencionas es magnífica (de hecho, toda esa secuencia). Pero luego, en otras instancias, la textura del vídeo me distrajo. Y, bueno, así se murió (o más bien, lo mataron), lo que también resulta una ironía: por más que Hoover y Purvis se llenaban la boca con la "ciencia" del FBI, lograron agarrar a Dillinger por su afición al cine y por una chivata (que, por cierto, no se ganó la permanencia en USA, pues terminaron deportándola de todas formas). Y en cuanto a Bale... Creo que esa tiesura le iba bien al personaje. Su anticarisma era el adecuado, según creo.

PS. Pues aquí te esperamos, como de costumbre, Marichuy.

Tyler dijo...

o sea como? Se ve borrosa la imagen? Como en '28 días después'? Que se veía todo espantoso por el mentado formato de video??

Diezmartinez dijo...

Pues no exactamente borrosa. Pero con el vídeo, algunos bruscos paneos hacen que la imagen se pierda. Es adrede, por supuesto, lo que no sé si sea esto necesario. David Thomson, uno de los críticos de la vieja escuela, echó pestes de la película en The New Republic precisamente por el uso del vídeo. Insisto: en lo que a mí respecta, en el aspecto visual, hay partes que me parecieron fascinantes y otras que de plano me chocaron, me distrajeron, me sacaron de la película, de la trama...

Tyler dijo...

es que recuerdo que cuando fui a ver '28 días después' de danny boyle por primera vez al cine, se veía asquerosamente borrosa, de por sí la película era difícil y luego con esa imagen termine odiandola...

ya luego la vi en dvd y me gusto, pero tuvieron que pasar como 3 años jeje

Christian Cueva dijo...

Pues a mí, sin saber nada de John Dillinger (además de las reseñas que tú hiciste en días pasados), me parece que Mann se aventó otra gran película de acción y suspenso (como bien sabe hacerlo), pero no apostó por hacer un retrato de los personajes emblemáticos que utilizó. O sea, podrías quitar a Dillinger y a los otros, sustituirlos por cualquiera, y no pasa nada, la película sigue siendo igual de buena.

Y en cuanto a la imagen digital, pues bueno... yo casi lloraba cuando el look del video se apoderaba de la pantalla, me encantó en todo momento, aún con los barridos y el graneado nocturno... Para mí, Mann es admirable por tener el valor de aplicar estas nuevas tecnologías

Diezmartinez dijo...

Hasta donde entiendo, Mann se mantiene muy cercano a la historia real de Dillinger -más que la versión de 1973, incluso. Mi problema es que nunca compré a Depp como Dillinger... O, mejor dicho, como ladrón de bancos, así, en general. Demasiado suave, demasiado cool... No se me escapa que puede ser un simple prejuicio, aunque Depp es un actor cuyo trabajo siempre he admirado.

Joel Meza dijo...

Justamente lo que le decía a Mari cuando vimos la película, Ernesto, por lo que conocemos: No sé cómo sonaba realmente una Tommy gun pero en todas las escenas de balazos el sonido es muy real. Perturbador, justamente.

El Duende Callejero dijo...

No la he visto. Supongo que no la veré en el cine... La veré en blu-ray (¿Para eso se hizo, no?).

Jo.

Mauricio/ mauroforever dijo...

La verdad es que he tenido mucho trabajo y compromisos y voy atrasadísimo en mis visitas al cine (apenas acabo de ver Happy go lucky, vaya), así que no he visto Public enemies. Sin embargo, no creo que importe para lo que voy a decir. Estoy de acuerdo con tu evaluación: Michael Mann no es un arquitecto de obras perfectas, pero también, como tú bien dices para molestia de sus detractores, no creo que eso sea argumento como para descartarlo como uno de los grandes directores actuales. Como señala Olivier Assayas, su gran fan, lo central en Mann es la inmersión estilística que provoca en el espectador gracias al pretexto de historias convencionales o incluso un tanto pubertas como apunta acertadamente Ayala Blanco en su crítica de Public Enemies (¡curiosamente ésta sí le encantó!). Si definimos a una obra perfecta como una pieza sin fallas –es decir, una obra redonda que no te torne consciente con sus malas notas de que estás siendo manipulado en un espectáculo--, te diría que sus films esenciales serían Manhunter, Thief y The insider; sin embargo, con la excepción de The Insider (que sí encuentro muy emotiva y cuyo guión y actuaciones son enormes), no creo que ésas sean sus mejores películas. Heat tiene varios momentos hiperobvios donde uno siente la nota falsa (el choro de Al Pacino con su vieja donde le dice que “the edge” es donde necesita estar es bien menso, acepto), pero las epifanías que alcanza no sólo te hacen olvidar las notas falsas, sino que te obligan a reconsiderar toda la pieza como una ópera donde la obviedad no sólo no estorba, sino que se torna necesaria. Los hoyos de credibilidad en Colateral, basados en los parámetros que la misma peli establece, son especialmente exasperantes: que Cruise nunca se moleste en correr el archivo entero de su lap para ver a quiénes iba a matar es un giro particularmente estúpido que redunda en una secuencia aún más estúpida donde se desperdicia a lo bestia a Javier Bardem (quien públicamente expresó su decepción por el asunto). No obstante, las notas altas de la cinta (la balacera en la discoteca, el hit en el jazz club, el coyote que refleja la soledad de Tom, la muerte en el metro) la hacen imprescindible. Miami vice es más clara en esta dinámica: sin ninguna clase de química entre los dos actores principales de lo que a fin de cuentas debería ser una buddy movie, resulta un tanto ridícula en todo su pedo serio. Pero, y vaya pero, la secuencia donde los dos amantes escapan y le hacen el amor al mar con One of this mornings de fondo es casi impresionista: los colores se derriten y la sensación es majestuosa. En síntesis: Mann es genérico y obvio, pero no creo que eso sea un defecto, sino un requerimiento para poder explotar sus obsesiones estilísticas y alcanzar una abstracción sensorial que lo eleva al gran arte.
P.D. Algo que siempre me ha llamado la atención de Mann es su seriedad. De alguna manera equipara el compromiso total con el trabajo (sea uno policía, asesino, o el último de los mohicanos) con una carencia total de sentido del humor. De nuevo, esto en apariencia podría ser una falla, pero lo cierto es que las películas no funcionarían como experiencias tan inmersivas si se apareciera un chisteo algo brillantemente naturalista onda The wire.
P.D. 2 Assayas, director de esa masterpiece llamada Demonlover: The last movie I really liked was Miami Vice. I like Michael Mann a lot, and I'm very fond of the film. It has uneven things in it but I'm pretty impressed by the film

Diezmartinez dijo...

Curiosamente, Mauricio, Colateral, con todo y sus agujeros lógicos y el desperdicio de Bardem, me pareció un poco más lograda que Enemigos Públicos. El duelo existencial/profesional entre el taxista y el sicario, más alla de todo lo implausible que mencionas, me atrapó de inmediato.
Aquí, en Enemigos Públicos, hay algunos pequeños elementos de humor, algo insólito, como bien señalas, en la obra de Mann, que tiende a rozar no tanto lo serio sino lo solemne.

Joel Meza dijo...

Colateral (Lugar y Tiempo Equivocado, como se llamó en México, así, con el adjetivo en singular). Sólo la ví una vez en su estreno pero recuerdo más humor que en Enemigos Públicos, vía Jamie Foxx. Pero concuerdo, me tardé en entender la seriedad de Mann en sus películas.

Champy dijo...

Pocas veces me atengo a un tercero, pero esta vez veré Enemigos Públicos, apelo a tu criterio.

2046

Anónimo dijo...

Esta pelìcula sì la vi el fin de semana de su estreno, Mann es una garantìa y las espectativas eran altas...

Desafortunadamente la fotografìa en formato digital terminò arruinandome la experiencia. Me distrajo mucho, unas veces sacàndome de concentraciòn y otras de plano molestandome. Creo que es un estilo visual demasiado intrusivo que resta credibilidad y desconecta literalmente al espectador...

De los actores no tengo queja, excepto que la edad real de Johnny Depp ya no cuadra muy bien con la del treintañero Dillinger...

En fin, làstima que el espectàculo cinematogràfico quedò atrapado -incluso secuestrado- por un estilo visual muy controvertido...

Saludos
FABIO