viernes, 17 de julio de 2009

Harry Potter y la Cámara de los Secretos


Mientras termino de digerir el más reciente Harry Potter para escribir la reseña respectiva, sigue la revisión de lo que he escrito acerca del universo cinematográfico creado a partir de los best-sellers de la señora Rowling. Lo que sigue es la reseña de Harry Potter y la Cámara de los Secretos tal y como la publiqué en su momento. Al re-leerla, recordé que, de hecho, esta segunda cinta me gustó más que la primera.



Chris Columbus ha hecho con Harry Potter y la Cámara de los Secretos (Harry Potter and the Chamber of Secrets, EU, 2002) su mejor película hasta la fecha. El director de Mi Pobre Angelito (1990) y Papá por Siempre (1993) nunca ha sido un cineasta de mucha inventiva pero en esta, la segunda entrega de las aventuras de Potter y amigos, Columbus se nota más suelto con sus personajes, logra varias secuencias muy bien ejecutadas y nos entrega un desenlace que resulta, debo confesar, hasta moderadamente conmovedor.

Pero cuidado: decir que Columbus ha hecho su mejor filme no significa que La Cámara de los Secretos es la obra maestra de fantasía que ¿esperábamos? (en realidad, un servidor no esperaba gran cosa). Hay dos servidumbres que el filme de la Warner no puede (¿o no quiere?) evitar: un desarrollo demasiado episódico de la historia y una excesiva fidelidad al libro de J.K. Rowling, situaciones que provocan que la cinta se extienda, sin muchas justificaciones, a casi 3 horas de duración.

Un año ha pasado y Harry (Daniel Radcliffe) vuelve al exclusivo colegio Hogwarts con todo y sus inseparables amigos Ron (Rupert Grint) y Hermione (Emma Watson) y su malévolo enemigo Draco Malfoy (Tom Felton). Harry tendrá varios retos por enfrentar: evitar que Hogwarts sea cerrado, salvar a Hermione de un hechizo que la tiene paralizada por completo, limpiar su propio nombre pues ha sido acusado injustamente y, para variar, enfrentarse al que-no-debe-ser-nombrado, Lord Voldemort, quien resulta estar detrás de todo el mitote.

Sería injusto desechar este segundo episodio potteriano por redundante. Por supuesto, claro que lo es, pero el logro de Columbus, su guionista Steve Kloves, su espléndido reparto sin tache y su notable equipo técnico estriba precisamente en la calidad de esa redundancia. Es decir, tomando en cuenta que la libertad creativa en este tipo de filme es cercana a cero, no puede negarse que La Cámara de los Secretos ofrece no pocos placeres cinematográficos, algunos de ellos asociados a la desbordada imaginación de las cinco compañías de efectos especiales que trabajaron para el filme, otros debidos a un grupo de grandes actores que encarnan con vigor y dignidad impresionantes a sus encantadores personajes unidimensionales.

Así, lo mismo vemos a un delicado fénix naciendo de entre sus propias cenizas que a Kenneth Brannagh y Alan Rickman enfrentarse con pasmosa seriedad en un duelo de hechizos y conjuros; nos asustamos con un árbol malhumorado con vida propia o con un santuario de enormes arañas gigantes, al mismo tiempo que disfrutamos la última interpretación del fallecido Richard Harris o caemos redondos ante el carisma de Robbie Coltrane; vemos cómo Jason Isaacs se sobreactúa gozosamente en el papel del malvado Lucius Malfoy para luego asistir con asombro a una clase de botánica con todo y gritonas raíces de mandrágora; atestiguamos el crecimiento físico e interpretativo del reparto (ya no tan) infantil y después reímos de buena gana con la aparición de una carta materna genialmente regañona…

En cuanto al aspecto temático, La Piedra Filosofal trataba del descubrimiento de la propia personalidad y de aceptarse como uno es; ahora, en La Cámara de los Secretos, Harry tendrá que reflexionar sobre las responsabilidades que tiene, al mismo tiempo que ve cómo su colegio se divide por una serie de tensiones racistas/clasistas entre magos “de pura sangre” y magos “medio-muggles”. Claro, el espectador dirá que el tratamiento que se le da a estos problemas es muy esquemático y simple pero, ¿qué esperaba? Esta es una película dirigida a niños de 10 a12 años. Si se tiene esa edad –o se puede fingir durante tres horas que se tiene—Harry Potter y la Cámara de los Secretos no va a decepcionar mucho… o, de plano, nada.

3 comentarios:

Joel Meza dijo...

Recuerdo ya muy poco de esta segunda película pero, si la memoria no me falla, me gustó menos que la primera. O digamos que esa redundancia me había empezado a aburrir. Tal vez por eso me gustó tanto la tercera. Ni siquiera recuerdo haber reseñado la segunda pero por la fecha creo que sí. La voy a buscar a ver qué dije en su momento.

DarkJam dijo...

Despues de ver las 2 primeras de harry el potter, decidi que no toy preparado para soportar otras 3 o 5 o vaya usted a saber cuantas mas salgan mientras deje lana la franquicia.

no se si ya lo hayan hecho pero propongo en la seccio de Pidalas cantando hacer las peores adaptaciones al cine de un libro no se que les parezca empiezo con El codigo da vinci y benjamin button creo que tarde menos en leer el libro que lo que duro la pelicula.. y usted cual escogeria..

saludos Ernesto y que siga con el blog que es muy valioso para los cinefilos...

Anónimo dijo...

Yo creo que los personajes ni siquiera llegan a ser unidimensionales, con suerte son fracciodimensionales...

FABIO