jueves, 20 de agosto de 2009

Brideshead Revisited


Supongo que es una impresión mía basada en mi gran desconocimiento sobre la literatura católica (o que trata temas católicos, mejor dicho), pero las mejores novelas de este tipo que me ha tocado leer -si exceptuamos Nudo de Víboras (1932), del francés premionobel Francois Mauriac-provienen, paradójicamente, de un país protestante. O, para ser exactos, anglicano. Me refiero a las obras de los británicos Graham Greene -especialmente El Fin de la Aventura (1951), con un Dios omnipotente metido en un triángulo amoroso-, G. K. Chesterton -las varias aventuras detectivescas del Padre Brown-, C. S. Lewis -su saga fantástico/crística de Narnia- y Evelyn Waugh, cuya novela Retorno a Brideshead (1945) fue convertida en serie televisiva en 1981 y, más recientemente (2008), en una película británica que no he visto y que permanece inédita en México, aunque ya puede conseguirse en el respectivo DVD de Región 1.


Tampoco he leído -shame-on-me- la novela, aunque desde ya se encuentra en mi infinita lista de pendientes literarios, más aún después de terminar de ver la extraordinaria serie televisiva basada en el mencionado libro de Waugh: Brideshead Revisited (GB, 1981), una mini-serie de 11 capítulos que se encuentra disponible en una modesta edición en DVD de Región 1. Cada programa -exceptuando y el primero y el último, cuyas duraciones son de 9o minutos cada uno- es de una hora, por lo que estamos hablando de 12 horas en total. Doce horas que merecen estar entre lo mejor de la teleseries que me ha tocado ver en toda mi vida.


Originalmente planeada para adaptarse en seis episodios, la casa productora Granada TV decidió de último minuto doblar prácticamente el número de capítulos, con todo y que la la realización de Brideshead Revisited estuvo marcada por una huelga de técnicos, retrasos, en la producción cambios en el casting y demás problemas menores y mayores. Viendo el resultado en pantalla, es evidente que los directores Charles Sturridge y Michael Lindsay-Hog vencieron con largueza cualquier contrariedad que hayan vivido en la realización de la serie televisiva.


Brideshead Revisited inicia en 1943. El cuarentón capitán Charles Ryder (Jeremy Irons) dirige a su pelotón de reserva a cierto sitio secreto en la campiña inglesa. El lugar resulta ser Brideshead Castle, un sitio que el serio oficial que ya peina canas conoce demasiado bien. Ese primer episodio finaliza cuando Charles -que, al igual que en la novela, es el narrador de la historia- nos lleva de la mano por sus recuerdos juveniles. Matriculado en Oxford a inicios de los años veinte, huérfano de madre e hijo de un distante padre intelectual (genial John Gielgud), Charles conoce en la Universidad al millonario joven Lord Sebastian Flyte (Anthony Andrews), quien se supone que estudia también en el mismo sitio, aunque más bien se lleva de francachela en francachela, escandalizando por ahí y por allá y, de pasada, vomitando su borrachera a la primera provocación. Así, de hecho, es cómo se conocen Charles y Sebastian: el segundo abre la ventana del cuarto en donde vive el primero y descarga todo el alcohol que llevaba en su organismo. A pesar de tan asquerosa presentación, Charles y Sebastian se prenderán, platónicamente, uno del otro. Una amistad que es claramente más que eso, aunque sea dificil precisar qué es: ¿pasión homoerótica reprimida?, ¿auténtico encuentro de almas gemelas?, ¿amor fraternal que va más allá de las convenciones sociales? Por lo que he leído, en la novela de Waugh hay espacio, también, para muchas lecturas de esta relación que será la parte central de la primera parte de la teleserie.


La amista de Charles y Sebastian hará que, contra los deseos del segundo, Charles visite Brideshead Castle y conozca al resto de su familia: el estirado hermano mayor Bridey (Simon Jones), la enigmática y bellísima hermana Julia (Diana Quick), la otra hermana menor, la vivaz Cordelia (Phoebe Nicholls), y la dulcemente dominante madre de todos, Lady Marchmain (Claire Bloom), quien con su inflexible carácter católico ha hecho huir a su coscolino marido, Lord Marchmain (Laurence Olivier, nada menos), quien vive en Venecia con su joven amante italiana Cara (Stéphane Audran).


En los siguientes episodios -hasta llegar de nuevo, al presente de 1943, hacia el final del capítulo once- veremos crecer la intensa relación de Charles y Sebastian hasta que se ésta se empieza a desvanecer ante el imparable alcoholismo del joven Lord. En un momento dado, Sebastian desaparece del mapa -se va a vivir al norte de África-, pero la relación de Charles con los dueños de Brideshead no desaparecerá. Al contrario: un fortuito encuentro de él y de Julia, en el Queen Elizabeth, en medio del Atlántico, hará que los contactos se estrechen aún más, aunque de otra manera.


Desde el principio, en Brideshead Revisited hay otro personaje presente. No visible, pero presente. Me refiero, por supuesto, al Dios católico que, fervientemente, adoran/traicionan/temen/aman Sebastian, Julia, Cordelia, Bridey, Lady Marchmain e, incluso, el propio Lord Marchmain que, en el episodio final, regresará a su posesión inglesa ante los acontecimientos en Italia que anticipan una cruenta guerra mundial. Charles, educado en el protestantismo, pero agnóstico al final de cuentas, desdeña esas "supersticiones" católicas y no puede entender como el borrachales hedonista de Sebastian o la rebelde oveja negra Julia pueden creer realmente en tales "supercherías" romanas. Lo extraordinario de la historia, adaptada a la pantalla chica por John Mortimer, es que cuando llega el desenlace, uno entiende perfectamente que no hay contradicción alguna entre esos personajes y esa fe que ellos siguen fielmente, esa gracia divina vivida, sentida, sufrida, a pesar de todo.


Filmada en locaciones auténticas de la Universidad de Oxford y de la campiña inglesa -además de Marruecos, Venecia, el trasatlántico Queen Elizabeth y otros muchos sitios más-, con un suntuoso diseño de producción y una espléndida banda sonora muy ad-hoc de Geoffrey Burgon, Brideshead Revisited es, además de todo lo ya señalado, un mentís para todos aquellos que menosprecian el trabajo de los actores. En gran medida, el éxito de esta teleserie -que algunos señalan como la más lograda adaptación literaria en la historia de la televisión: yo, de todas formas, votaría por otra- radica en el perfecto casting.

Anthony Edwards parece, al inicio, demasiado afectado en el papel del joven Lord Flyte. Sin embargo, en la medida que avanza la trama, esta supuesta sobreactuación se antoja necesaria para transmitir el dificil equilibrio en el que vive el alcoholizado Sebastian. Irons, por su parte, en el papel central del narrador, aparece, en los primeros episodios, grisáceo, sin vida, sin personalidad. Algo que cambiará también, sutilmente, en la medida que Charles se involucre en los conflictos internos y externos de los aristócratas a los que tanto frecuenta. En cuanto a los veteranos -Claire Bloom, Sir Laurence Olivier, Sir John Gielgud-, lo que uno lamenta es que no aparezcan más tiempo: Bloom está inolvidable, Olivier se roba buena parte del capítulo final y Gielgud tiene los mejores momentos cómicos de toda la serie. De hecho, es impresionante darse cuenta lo que Gielgud puede lograr con una mirada por encima de sus anteojos, con un gesto despectivo, con un exasperado tono de voz... Una actuación terroríficamente hilarante. Ya lo he dicho en otras ocasiones y lo repito: el mejor efecto especial que puede tener una película es la presencia de un actor, de una actriz, de un auténtico animal fílmico que, con su mera aparición, transforma todo lo que le rodea. Como Sir John Gielgud.

2 comentarios:

El Pobresor Gafapasta dijo...

Obra maestra. Para muchos que la vimos en su día fue la confirmación de que la televisión no era una caja tonta que producía tonterías sólo por ser el electrodoméstico rey de todas las casas y el dueño de la sensibilidad del común de los mortales. Superada la época del rodaje en video (Yo,Claudio), Brideshead es una película de cine de doce horas, y mejor si puede verse en pantalla grande.

La vi por última vez esta navidad, ya que hay series y pelis que son "estacionales" y que yo, en lo personal, no podría ver en verano o primavera (aunque con estos calores podría ser muy refrescante). Brideshead, con su melancolía y su exquisitez (¡a veces un poco exhasperante!) es una serie/film otoñal/invernal. Muy buena recomendación para cuando se vaya el verano. Me complació ver que la serie no había envejecido casi nada, aunque a veces algunas interpretaciones estén un pelín afectadas.

Qué demonios. Muy buena recomendación para cualquier época del año. Y por cierto, tampoco yo he visto la nueva versión en cine. Miedo me da, sinceramente. Tengo miedo de descubrir que la vieja serie es una gran película, y la nueva película una mediana telepelícula con ínfulas de calidad. Le tocará a usted abrir la veda, señor Diazmartínez.

Un saludote.

Diezmartinez dijo...

Caray, debe ser extraordinaria verla en pantalla grande. Aunque con un vinito y unos quesos a un lado. Como que se antoja. Tiene razón, profesor: se antoja verla de nuevo por ahí en otoño, en invierno. Un saludo.

PS. Y cuando vea la versión fílmica reciente, aquí la reseño.