martes, 11 de agosto de 2009

Diario de una recamarera


Luis Buñuel construyó su riquísima filmografía a la sombra del surrealismo. Por lo mismo, el lugar común le atribuye al cineasta aragonés una obra completa y absolutamente surrealista. Nada más falso. Buñuel dirigió sólo dos cintas radicalmente surrealistas –Un Perro Andaluz (1929)y La Edad de Oro (1930)-, realizó algunos filmes con fuerte carga surreal –El Ángel Exterminador (1962), La Vía Láctea (1969), El Discreto Encanto de la Burguesía (1972)—y, es cierto, muchas de sus otras cintas tienen momentos, escenas y secuencias enteras que bien podríamos calificar como surrealistas. Sin embargo, tanto en Los Olvidados (1950)como en Nazarín (1959), Bella de Día (1967) o Ese Obscuro Objeto del Deseo (1977), así como en prácticamente el resto de sus películas, uno puede encontrar una narrativa clásica y sencilla, es decir, una progresión dramática más o menos convencional, relaciones causa-efecto oscuras y ambiguas si se quiere pero relaciones causa-efecto de todas formas, actuaciones más bien sobrias, una puesta en imágenes más funcional que otra cosa...

Véase, por ejemplo, El Diario de una Recamarera (Le Journal d’une Femme de Chambre, Francia-Italia, 1963), la película número 25 de su filmografía y una de las menos conocidas y más subvaloradas. El Diario de una Recamarera es la primera de la seis colaboraciones de Buñuel con quien sería su guionista de cabecera en su última etapa, Jean-Claude Carrierre (quien, por cierto, actúa en la película en el papel de un joven sacerdote que maldice al no poder abrir una puerta a patadas). En todo caso, desde el inicio, la dupla Buñuel-Carriere funcionó a la perfección: la película tiene excelentes diálogos y está centrada –como buena parte de la obra del aragonés- en la observación de los personajes más que en la trama en sí, que sirve como mero pretexto para hacer una aguda reflexión sobre los más caros valores burgueses y el peso de las convenciones, mientras de fondo podemos intuir el nacimiento del fascismo francés a finales de los años 20 del siglo pasado.

La cinta está basada en una novela homónima de Octave Mirbeau que ya había sido llevada al cine en una adaptación hollywoodense dirigida por Jean Renoir en 1946 -y que, por cierto, todavía no he logrado ver. Buñuel y Carriere movieron la trama de la Francia del siglo XIX a la campiña gala del 28, época en la que el mismo Buñuel llegó a Francia. Como de costumbre, Don Luis tomó las ideas generales del libro y las condensó en unos cuantos episodios que cuentan la llegada de Celestine (Jeanne Moreau preciosa), una recamarera parisina, a la casa del matrimonio burgués Monteil. Él (Michel Piccoli) es un lascivo e inútil hombre que usa su tiempo exclusivamente en la caza; ella (Francoise Lugagne), una reprimida y frígida mujer que tiene la mínima comunicación con su esposo. El cuadro lo completa el anciano padre de ella, Rabour (Jean Ozenne antológico), un fetichista empedernido que le suplica a Celestine calzarse unos viejos botines de mujer. El vecino de los Monteil, el viejo capitán Mauzer (Daniel Ivernal), se divierte echando basura en el jardín de ellos y molestando a Monteil en todo momento.

La cinta es una fascinante visión del pequeño y mezquino mundo de unos burgueses más anodinos que crueles o terribles. Por supuesto, el filme está muy lejos de ser una crítica militante de los "decadentes valores de la perversa burguesía" o algo por el estilo. El aragonés ve con un dejo de sorna los diálogos entre los sirvientes –que son insolidarios, reaccionarios, racistas y hasta un violador de niñas puede haber entre ellos- al mismo tiempo que describe los vicios y perversiones de unos ricos tan detestables como aburridos –con la excepción hecha del vejete Rabour, eso sí, una suerte de torcido alter-ego del propio Buñuel.

3 comentarios:

Josafat M. dijo...

La escena del ¿sueño? con las gallinas en Los Olvidados es un tripsón.

Champy dijo...

Orale.

Que agradable sorpresa ver que le otorgas tiempo a mi pieza favorita (de su etapa francesa) del genio de Aragón.

Hace un par de semanas comentabamos sobres este título en el espacio de mi COMADRE, coincidentemente hoy lo rescatas.

A mi juicio, junto con Susana, los títulos mas incomprendidos de la filmografía de Buñuel, y es precisamente su sencillez y naturalidad lo que la hacen valiosa, alejada por completo de surrealidades y complejidades me parece que da en el blanco de manera contundente.

Estas entradas se agradecen.

2046

kolinazo dijo...

Totalmente de acuerdo Ernesto, de los mas infravalorado del gran maestro, por ahi en el blog puse alguna resenia cuando la vi por primera vez, que bueno que se le este dando mas atencion, es probablemente de las cintas mas social-politicos de Bunuel.