jueves, 24 de septiembre de 2009

El cine que no vimos/XVI


Exhibida en el FICCO 2007 pero luego desaparecida del mapa -no llegó a las salas comerciales ni a DVD de Región 4, aunque se ha exhibido en la televisión de paga-, Día Noche Día Noche (Day Night Day Night, EU, 2006), primer largometraje de ficción de Julia Loktev (anterior cinta documental no vista por mí Moment of Impact/1998, premiada en Sundance 1998), está disponible en un modesto DVD de Región 1.

Tampoco le fue muy bien que digamos, en el resto del mundo, a la opera prima de ficción de Miss Loktev: el filme fue visto en innumerables festivales, pero no tuvo corrida comercial -por lo menos según la Internet Movie Database- más que en Francia, Bélgica, Alemania y, de forma muy limitada, en Estados Unidos. La película no merecía, de ninguna manera, tal universal ninguneo, aunque se entiende la decisión de los distribuidores y exhibidores comerciales: un año antes habían sucedido los atentados terroristas en el metro londinense y dos años atrás los de la estación de Atocha, en Madrid. Por lo tanto, un filme que sigue, casi clínicamente, la preparación de una joven terrorista suicida que está a punto de hacer estallar una bomba en pleno Times Square neoyorkino, no podía provocar demasiado entusiasmo comercial, sobre todo porque en el filme no aparece ningún Bruce Willis, ningún Vin Diesel, que salve el día.

Sin pretender ser exhaustivo, de todas las películas que tienen como trama una bomba que está a punto de estallar, no ha habido otro filme que resuelva mejor el problema que el temprano clásico hitchcockiano Sabotaje (1936). Como no quiero echarle a perder el sádico goce a quienes aún no han revisado esa cinta de Hitch, no discutiré de qué provocadora manera terminó el cineasta británico aquella memorable secuencia en la que un niño, sin saberlo, lleva una bomba en el regazo mientras viaja en un tranvía londinense. Pero digamos que, por lo menos en ciertos momentos de Día Noche Día Noche, Miss Loktev logra rozar algo de ese insoportable suspenso hitchcockiano. Honestamente, no se me ocurre un mejor elogio para esta cinta ganadora en La Quincena de los Realizadores en Cannes 2006.

Nunca sabemos quién es, qué busca, a qué grupo pertenece la joven terrorista sin nombre, interpretada magistralmente por Luisa Williams. La que conocemos de ella es lo que vemos y lo que escuchamos cuando se encuentra con su encapuchado jefe y su par de acompañantes: es una delgada muchacha morena de grandes ojos y pómulos salientes, atractiva aunque no llame mucho la atención, sin acento distinguible aunque parece provenir del otro extremo del país (¿California?), sin papás aunque en algún momento se comunica con quienes parecen ser sus padres... Se sobre-entiende que el acto terrorista -hacer estallar una bomba que ella lleva en su mochila en alguna poblada esquina de Times Square- se hace bajo inspiración religiosa, pero no está claro si la muchacha es una fundamentalista islámica o cristiana.

A la cineasta no le interesa el contexto social, político, religioso. En todo caso, se centra en el contexto cotidiano que vive esta muchacha antes de cumplir su misión: en su esmerado cuidado personal -se baña en la tina, se corta las uñas, se cepilla los dientes, se lava el cabello, todo ello en un pequeñísimo cuarto de un motel de Nueva Jersey-; en la dedicación para seguir las instrucciones que le da su anónimo comandante -qué debe hacer, cuando estallar la bomba, qué identidad falsa debe memorizar por si las moscas-; y en la aparente tranquilidad con la que muchacha, ya en Times Square, con su bomba cargada en la mochila y su detonador en la mano disfrazado como un iPod, se detiene a comprar un par de pretzels con mucha mostaza.

La cámara digital de Benoît Debie se mantiene sobre el rostro de Miss Williams durante buena parte del filme y ella sostiene no la mirada -porque no voltea a mirarnos a nosotros- pero sí la tensión, sí la postura. Filmada -o, más bien, grabada- en exteriores reconocibles, a mitad de la calle, con un puñado de extras pero con centenares o miles de auténticos neoyorkinos pasando al lado de la terrorista, Día Noche Día Noche va alcanzando, poco a poco, una intensidad insoportable.

Miss Loktev ha logrado una pequeña pero notable película que bien puede calificarse de irresponsable o de lúcida: el caos del orden existente no sólo es posible sino inevitable. Cualquiera puede llevar una bomba en la mochila en Nueva York (o en Londres, París, Madrid, Berlín...), así como cualquiera puede cargar con una pistola en el metro mexicano.

5 comentarios:

Paxton Hernandez dijo...

whooooot?! ¿Irresponsable? ¿Cómo, cuándo, dónde?

Una obra maestra de cine puro.

Diezmartinez dijo...

Algunos leyeron esta cinta como una especie de mero ejercicio casi abstracto acerca del terrorismo. Al quitarle el contexto a la muchacha -quién es, por qué lo hace, qué religión profesa, qué ideas políticas tiene- no humanizas al terrorista sino que lo conviertes en un arquetipo: una mujer de etnicidad indefinida pero definitivamente no WASP que es la enemiga que tenemos dentro. La muchacha puede ser árabe, mexicana, asiática, y está junto a nosotros. No es mi lectura del filme, por cierto, pero entiendo que así fue interpretada por algunos. En todo caso, lástima que no haya merecido mayor distribución.

Paxton Hernandez dijo...

Por cierto, hay una especie de crueldad y mala leche en el hecho de que los actores que interpretan a los "líderes" son completamente WASP y estrellitas del cine indie gringo.

Joel Meza dijo...

Precisamente comentaba el otro día con unos compañeros, acerca de lo del metro en el DF; contra los locos, no hay nada que puedas hacer.

El Duende Callejero dijo...

Ah... En los pasados dos años, he sido testigo de tres balaceras. Una afuera de mi casa, nada menos. Y luego uno tiene que chutarse el jodido spot de que todo va bien. Por algo películas como estas no tiene distribución, pero marranadas como "otras"... Ahí están, tapizando marquesinas.