jueves, 10 de septiembre de 2009

Grandes Maestros del Cine Japonés/VI


Kaji (Tatsuya Nakadai) no tiene remedio. Como vimo en la primera parte de La Condición Humana (1959), después de desafíar las políticas de explotación y de esclavitud de los trabajadores (dizque) libres y de 600 prisioneros de guerra chinos en cierta compañía minera en la Manchuria ocupada por Japón, he aquí que, como castigo a su proceder antipatriótico y comunistoide, Kaji es enviado a una guerra que está sufriendo ya los últimos estertores, pues en Europa Alemania se ha rendido. Así pues, en La Condición Humana II (Ningen no jôken, Japón, 1959) -estrenada en noviembre de 1959 en Japón, diez meses después de la exhibición de la primera parte, en enero de ese mismo año- vemos a Kaji, en un campamento de entrenamiento muy cerca de la frontera soviética, convertido en un recluta serio, concentrado, profesional... pero también profundamente humano, lo que le ocasionará un problema tras otro con sus compañeros y superiores.

Aunque los oficiales no tienen queja de él -es un francotirador nato, cumple con sus entrenamientos sin chistar-, basta que alguien empiece a abusar de un débil -por ejemplo, del anteojudo soldado raso Obara (Kunie Tanaka)- para que Kaji muestre su indignación, se solidarice con el humillado y trate de parar la brutalidad militar que, por otra parte, siempre es festejada -o, por lo menoa, justificada- por iguales y superiores. Kaji comparte la barraca con otro soldado "rojo", Shinjo (Kei Sato) quien, ese sí auténtico militante comunista, sueña con desertar del ejército imperial nipón para irse a vivir a "la tierra prometida", a ese lugar en donde todos son iguales: a la Unión Soviética.

Kaji es más escéptico. El ancla de este idealista soldado universitario -alter ego del propio director, Masaki Kobayashi- es, por un lado, su fiel y sufrida esposa Michiko (Michiyo Aratama) -quien lo visitará en el campamento en una larga y sentida secuencia amorosa- y, por el otro, su sólida convicción personal de que, al final de cuentas y más allá de ideologías, "al lado de un hombre siempre habrá otro".

Sin embargo, como le sucedió en su enfrentamiento con las brutales/brutalizantes inercias en la minera de Manchuria, Kaji tendrá aquí, también, otra prueba de fuego. Desesperado por las constantes humillaciones, por los persistentes abusos, por la crueldad con la que es tratado, por su quebrada vida familiar que no puede arreglar mientras está ahí en el campamento, el frágil soldado Obara termina suicidándose en una letrina, una escena no exenta de un impávido humor negro. Kaji no sólo no podrá evitar que Obara se suicide sino que, de alguna manera, él mismo se sentirá culpable de ello: cansado de ayudarlo, de cargar con él, de apoyarlo y defenderlo delante de todos, Kaji terminará dándole la espalda en cierto momento clave. Esa misma noche el desdichado Obara se meterá un tiro en la cabeza. (Por cierto, ¿habrá visto Kubrick La Condición Humana?: esta subtrama del recluta abusado es casi idéntica a la que vemos en la primera parte de Cara de Guerra/1987).

Finalmente, Kaji llegará al frente, a combatir con el enemigo soviético que ya está tocando la puerta de entrada. Ascendido a asistente, Kaji tendrá bajo su cargo a varias decenas de nuevos reclutas, la mayoría civiles, algunos demasiado jóvenes o demasiado viejos para combatir. Kaji aceptará el cargo de entrenador de esos reclutas sólo para evitar que caigan en manos de sus sádicos compañeros. Este rasgo de humanidad le costará, para variar, golpizas, humillaciones, burlas, empujones: pareciera que todo lo que sea humano es un anatema para estos brutales soldados y oficiales nipones. Y si hay alguien conciente de la inutilidad de todo -como el joven subteniente Kageyama (Keiji Sada), un antigo amigo de Kaji-, nada podrá hacer para cambiar las cosas.

En esta segunda parte de La Condición Humana la puesta en imágenes ha cambiado un poco. Aunque no está exenta de grandes momentos visuales -el escape de Shinjo entre una espesa nube de humo, saltando entre un peligroso pantano- y el cinefotógrafo Yoshio Miyajima sigue usando con sabiduría y precisión la profundidad de campo, esta vez Kobayashi ha privilegiado los planos medios, los primeros planos y hasta el close-up sobre las tomas de conjunto. En esta ocasión, seguimos con mayor cuidado el rostro de Kaji y de sus reacciones frente a la creciente desesperanza por los horrores de la guerra que tiene que presenciar. Así, por ejemplo, el momento más emocionante -es decir, que provoca más emoción- no es la climática batalla final (mejor dicho: la climática masacre final en la que los japoneses son devastados por los soviéticos), sino el estoicismo con el que Kaji reacciona ante los abusos de sus compañeros asistentes o superiores, que no pueden ni quieren entender el comportamiento humano del rebelde y tozudo soldado.

En el desenlace, sobreviviendo al exterminio de su pelotón por los soviéticos, Kaji grita, buscando algo, alguien. Quiere encontrar a quien esté vivo. Su figura se pierde entre la niebla y los humos de la guerra. Su búsqueda continará en la tercera y última parte de La Condición Humana.

La segunda parte de La Condición Humana se ha exhibido esta semana en la Cineteca Nacional. Hoy se está exhibiendo, de hecho, la última parte.


2 comentarios:

Joel Meza dijo...

Ernesto, recordando rápidamente los ciclos que has reseñado este año y revisando la lista de las películas elegidas por los lectores en lo que va del año... qué pobreza de cartelera comercial en el país.
Ante la inminente catástrofe, hasta me dan ganas de agarrar dos latas de jumex, echarles tierrita, subirme a un camión del ADO y exigir hablar con jelipe.
(Como dicen esos bonitos y ya casi inmortales versos:
"... Estoy esperando mi camión
en la terminal del ADO,
quiero que me lleve muy lejos
y a la...")

Tyler dijo...

Si, ha estado medio este año en cuanto a cine

bueno en cuanto a lo demás también...

jo