lunes, 7 de septiembre de 2009

La Clase


Todos los que están leyendo estas líneas han estado ahí. Me refiero al salón de clases. Como alumno o como maestro. Y cuando se es maestro, también se es alumno, pues el ser humano, inacabado como lo es, está condenado (bendita condena) a educarse siempre, hasta el final, en una condición o en otra. Si usted rememora sus días escolares -y si está usted aún en ellos, con más razón-, seguramente recordará el aula como el espacio del aprendizaje pero también de la socialización, del relajo desenfrenado pero también del descarado bostezo, del desafío a la autoridad representada por ciertos maestros y de la admiración sin límites por algunos otros profesores... Al final, el salón de clases es un espacio de negociación continua, eterna, en donde puede pasar todo y en donde, a veces, ni modo, no pasa nada.
Todo lo anterior sucede (y deja de suceder) en La Clase (Entre les Murs, Francia, 2008), quinto largometraje del versátil Laurent Cantet (Al Filo del Tiempo-Los Sanguinarios/1997, Recursos Humanos/1999, Tiempo de Mentir/2001, Bienvenidas al Paraíso/2005), un fascinante, irritante y extenuante docudrama escolar que ganó la Palma de Oro en Cannes 2008 y que finalmente ha merecido un limitadísimo estreno comercial en nuestro país.
Sobre un libro semiautobiográfico del profesor de secundaria convertido en novelista François Begaudeau, Cantet se centra en un año escolar completo que sucede en cierto salón de clases en una escuela pública parisina y en la clase de francés dirigida por el liberal profesor Marin, (el propio Bégaudeau interpretándose a sí mismo) un tipo enérgico, tolerante, idealista pero, qué remedio, falible.
La Clase no es un documental, pero se trata de algo parecido: la trama está centrada en las dificultades diarias, cotidianas, insalvables, imposibles, derrotables, de un profesor de francés en un salón multicultural galo poblado de adolescentes de 13 a 15 años, lo que sería el equivalente a nuestro tercero de secundaria. La cinta fue realizada en una auténcia escuela parisina, los actores juveniles son verdaderos estudiantes de ese y otros liceos, los profesores -incluyendo el protagonista- son o fueron maestros de profesión y hasta los padres de los alumnos son los papás de ellos y ellas. Las clases de Begaudeau son también de verdad y las reacciones de los estudiantes muy cercanas a las propias experiencias vividas/sufridas por el profesor/guionista/actor: el resultado en pantalla, de poco más de dos horas de duración, fue editado por Cantet y su montajista Robin Campillo de más de 170 horas de filmación. Por eso mismo, la cámara nerviosa pero siempre despierta de Pierre Milon no pierde un solo momento de la acción: voltea hacia el maestro, hace un rápido paneo hacia uno de los alumnos, cambia de posición en el montaje para ver algún otro baboseando en su libreta, captura a otro más dormido, ve a aquel realmente interesado... La cámara capta miradas de burla, ironía, desafío, pero también de esperanza, alegría y hasta, de vez en cuando, respeto. En este maremagnum de muchachos, muchachas, blancos, negros, árabes, chinos, voces, miradas, ademanes, Monsieur Marin reina a cada instante y en ese mismo instante su precario reinado es puesto en duda por sus estudiantes: la desafiante Esmeralda (Esmeralda Ouertani), la silenciosa Khoumba (Rachel Regulier), el confundido y violento Souleymane (Franck Keïta)...
A lo largo de la película vemos cómo Marin logra sostenerse en equilibrio una y otra vez: a cada conducta disruptiva le sigue una ingeniosa respuesta irónica que pone las cosas en su lugar, de tal forma que parece que el profesor de francés no sólo tiene la paciencia bíblica de Job sino un ingenio inagotable, infinito. Pronto descubriremos que no es así: Marin también se desespera ante el inexplicable cambio de comportamiento de una estudiante, se queda pasmado ante los reclamos de una madre de familia y pierde la cabeza en un terreno en donde no debería de perderla. Maestro de francés, obsesionado porque sus alumnos aprendan a usar el subjuntivo, se le va una palabra de más y con las alumnas equivocadas (les dice que hablan como si fueran unas pétasses, o sea, pirujas) y el mundo se le viene encima. No es que su puesto de trabajo -su plaza, diría Elba Esther- esté en peligro: La Clase no es una película tan simple. Lo que pone en peligro Marin es el sentido mismo de lo que hace: de por qué y para qué educa. Las consecuencias que se desatan por esa palabra se le escaparán al maestro de manera inevitable. Aunque, al final de cuentas, queda la sensación de que el caos se hubiera desatado tarde o temprano, en esas u otras circuntancias, con una petasse de más o de menos.
Lo que propone La Clase es que la educación, por más talento que tenga el maestro -como lo tiene, indudablemente, el monsieur Marin de François Bégaudeau- y por mejores intenciones que tenga el sistema educativo, sólo tiene sentido cuando se estudia el resultado que se obtiene con los estudiantes: qué aprenden, cómo, cuándo, de qué manera. Y ese resultado es impredecible, como lo podrá constatar cualquiera que haya dado clases o cualquiera que las haya recibido.
Por eso, al final, el último día de clases, Marin verá que esa pesadilla convertida en alumna, Esmeralda, habrá aprendido mucho más fuera del salón de clases que dentro de él (y leyendo La República de Platon, nada menos); que otros, en contraste, recitarán lo que recuerdan haber aprendido en la escuela (que si los volcanes, que si la química); y que una alumna, solitaria, confundida, que nunca habíamos visto en todo el filme, le dice a él, a Marin, así, sin más, que ella no aprendió nada. Nada de nada. Marin le contesta que eso no puede ser posible, que algo habrá aprendido sólo que ahorita no se acuerda. Pero el rostro de la muchachita no da lugar a otra interpretación. Pero, bueno, el año escolar ha terminado: ya veremos si en el próximo año ella -y otros- aprenden algo. Mientras, en el patio, maestros y alumnos juegan una cascarita de fut. El salón de clases está vacío. No ha terminado nada: sólo se ha llamado a una tregua.

24 comentarios:

El Duende Callejero dijo...

No pos hasta que la "saquen" en DVD... Que en cine ranchero, ni con conjuros shamanes o sacrificios pseudo-humanos.

Tyler dijo...

No sé porque, pero como que me recuerda a Poppy de Happy Go Lucky...

si no da el semanazo, la veré el próximo fin.

por cierto, se me había pasado felicitarte Ernesto, estas últimas entradas (ésta y todas las de los Grandes Maestros de Cine Japonés) han estado maravillosas.

Saludos

Diezmartinez dijo...

Tyler: es una cinta muy diferente a la de Happy Go-Lucky. No tan optimista, creo yo.

Miguel dijo...

Hablando de francés, ¿alguien tiene alguna recomendación de websites en frances sobre cine? Aparte de cahiers du cinéma, of course. Es que estoy aprendiendo...

Joel Meza dijo...

Lo mismo que el Duende. Merde.

marichuy dijo...

Ernesto

Humildemente opino que este film... deberíamos pasárselo a Elba Esther, Alfonso Lujambio y Felipito... p'a ver si aprenden algo.

Saludos

Paxton Hernandez dijo...

Con todo respeto para todos los involucrados, qué hueva los filmes hechos para "aprender algo". Como me dijo alguien, no recuerdo quién, para mensajes están el correo o la contestadora.

Joel Meza dijo...

... o las canciones de Arjona.

Diezmartinez dijo...

Es una cita muy vieja, Paxton: "si quieres mandar un mensaje, usa el telégrafo". Atribuida a John Ford, por cierto.

Y, bueno, La Clase no transmite una lección o un mensaje, por más que se trate de lo que sucede en un salón de clases. Es una examinación (un ensayo dramático-visual, diría yo) de lo que significa educar, en toda la complejidad del término. Nada que ver con Al Maestro con Cariño o algo por el estilo.

Miguel: Aquí está Marichuy, una amante de todo lo galo. Seguramente ella te podrá dar algunos nortes al respecto.

Diezmartinez dijo...

Arjona...

Con rodo respeto a los fans de ese señor, este blog entra en pausa unos minutos. El regenteador va a guacarear...

Joel Meza dijo...

Pa' que te inspires:
"También es mi primera vez,
pondré el concierto de Aranjuez
para relajarnos juntos..."

¡TUUUMBLE!
(Onomatopeya de Joaquín Rodrigo revolcándose en su tumba a todo lo que da.)

Diezmartinez dijo...

Deja vuelvo y guacareo la comida de antier...


PS. Por cierto, qué bueno que ya quité ese gadget de amazon que ponía discos, libros o DVDs de acuerdo a los "intereses" y "temas" tratados en el blog. Imagínate: sin hablar de Juanga salía un disco de él en Bellas Artes, con esta vomitada arjoniana hubieran salido las obras (en el sentido de obrar) del susodicho. Me cae que cierro el blog.

Joel Meza dijo...

Aunque a veces salen combinaciones muy... interesantes. Una vez en el sitio del Ebert, abajo de la reseña de House of Wax, esa película donde se echan a Paris Hilton (no, ésa no, la otra), en los anuncios contextualizados de Google salió uno de un proveedor de cera para velas al mayoreo. Torciditos, los de Google.

Tyler dijo...

Ernesto,

si pudieras resumirlo así muy brevemente y sin muchas complicaciones, cuales dirías tú que son las principales características del cine francés y cuales las del cine inglés? (de Inglaterra pues)

y ya si no es mucho abusar, tu con cual te quedas? cual te gusta mas?

es que como esos pueblos siempre han tenido rivalidad se me figuró interesante hacer esa pregunta.

Tyler dijo...

Y estoy de acuerdo, Arjona apesta.

Diezmartinez dijo...

Híjole, Tyler. Buena tarea. Lo dejo para una entrada próxima, a ver si la puedo responder de manera más o menos decente sin caer demasiado en el ridículo. No prometo nada.

Joel Meza dijo...

Por alguna extraña razón se me vino a la mente ese sketch de Tin-Tán y su Carnal Marcelo donde explican las diferencias entre las varias formas musicales latinoamericanas:
"... y abajo de la cama
aúúúúúúúúúúúúlla un perro..."

Anónimo dijo...

muy buena la pelicula, de lo mejor del año y sorpresa de cantent que le he visto todo y nada me habia parecido extraordinario. Y la pelicula no tiene mensaje, el comentario creo fue para que los susodichos conocieran un salon de clases, a lo mejor si la doblan al español.
De arjona me gusta -y mucho- su slogan: el serrat de las chachas.

Anónimo dijo...

leo

Diezmartinez dijo...

Alguna dije que ese tal Arjona era el Serrat de los pobres pero me arrepentí de inmediato. No se lo merece Serrat. Ni mucho menos los pobres. Bueno, y tampoco las chachas.

Joel Meza dijo...

El Serrat de los pobres y el de las chachas debería ser, simplemente, Serrat.
Salud.

Diezmartinez dijo...

Claro. Serrat, ese sí, es para todos. Me incluyo con los pobres y las chachas.

Paxton Hernandez dijo...

Y la pelicula no tiene mensaje, el comentario creo fue para que los susodichos conocieran un salon de clases, a lo mejor si la doblan al español.

Jajajajajajajaja!

Joel Meza dijo...

La siguiente vez que oigan a un político en campaña prometer "Inglés y Computación" recuerden gritar en respuesta: "¡ESPAÑOL Y MATEMATICAS!"