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sábado, 28 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/XI y último


Debo confesar mi ignorancia. Yo creía que la legendaria revista Alarma! había desaparecido hace años. Tal vez lo pensé porque la sangre, los crímenes, los ejecutados, los descabezados, los empozolados, ya están en todas partes: en los matutinos de la radio, en los noticieros televisivos nocturnos, en las primeras planas de los diarios "serios". Los crímenes más atroces son ya los más comunes y podría uno pensar que en este clima violento en el que vivimos en México un semanario como Alarma! es, de plano, obsoleto. Pero no es así. La revista sigue apareciendo religiosamente, como hace casi 46 años -su primer número data del 1 de abril de 1963- y este es el tema del mediometraje documental en vídeo Alarma! (México, 2007), de Bernardo Loyola y Santiago Stelley.

En apretados 49 minutos de duración, la cámara de Loyola sigue al fotógrafo nocturno de Alarma! David Alvarado Hernández cruzando las calles de la ciudad de México buscando algún Z1 (léase: homicidio) con el cual ilustrar algunos de los diez casos que presenta la revista cada semana. No encuentra pocos: algún indigente muerto en un camellón o en algún hoyo del drenaje, un "sancho" desnudo y baleado por el ofendido marido cornudo, un puchador ejecutado por vender droga donde no debía...

El amable y sonriente director de Alarma!, Miguel Ángel Rodríguez Vázques, explica el contexto de la revista, su historia, sus secciones (la clásica del póster con alguna modelo en paños menores, la insólita del "rincón cubano" en el que muchachas de la isla mandan su foto para ser contactadas por mexicanos o latinos viviendo en Estados Unidos), el tipo de lectores que la atesoran (y que, según Rodríguez, no todos son pobres ni de baja educación) y hasta los números de mayor impacto y tiraje en casi medio siglo: el dedicado a San Juanico, el que hizo la crónica fotográfica del terremoto de 1985, el que llevó la noticia del asesinato de Paco Stanley.

Loyola y Stelley siguen, pues, a Alvarado, por su incansable periplo nocturno y en la medida que pasan los minutos y escuchamos lo que significa para este fotógrafo su trabajo, una especie de êthos laboral empieza a emerger: el de un calmo profesional casi hawksiano que está ahí para hacer lo que le pagan y hacerlo bien. Tomar fotos, mostrar la sangre, fotografiar la muerte... Hasta que la edad o la propia muerte lo alcance.

Alarma! se exhibe hoy a las 21:30 horas en Cinemex WTC.

viernes, 27 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/X


Día de Fiesta (Jour de Fête, Francia, 1949), primer largometraje del cineasta, actor, mimo y acróbata Jacques Tatischeff -Jacques Tati, pa' los que lo conocen- es una sencilla pero nunca simple incursión en la plácida vida campirana de la Francia de la segunda posguerra. El día de fiesta del título ocurre cuando una pequeña feria ambulante -tiovivo, cine, puestos de tiro al blanco- llega al pueblito de Follainville -en realidad, Sainte-Sévère, en el centro de Francia. Toda la comunidad se prepara: el dueño del bar pinta sus sillas, el alcalde manda colocar la bandera francesa en el centro de la plaza, todos se visten lo mejor que pueden, los niños se pelean por ser los primeros que suben a los "caballitos"... mientras el muy profesional -pero muy inepto- cartero, François (Monsieur Tati antes de convertirse en Monsieur Hulot), sigue haciendo su trabajo. Después de ver un documental sobre los avances del servicio postal americano -los carteros ¡andan en moto!, ¡se suben a helicópteros!, ¡van en avión!- y después de aguantar las bromas que todos hacen a costa suya por la lentitud de su trabajo, François decide, al día siguiente, entregar las cartas al "estilo americano".

Con poco más de 70 minutos de duración y filmada en un fallido proceso a colores -más bien, una especie de blanco y negro coloreado-, Día de Fiesta es un ensayo de lo que poco tiempo después lograría Tati su primera obra mayor, Las Vacaciones de Monsieur Hulot (1953). Por lo pronto, en esta modesta película sobre este entrañable cartero renegón y bienintencionado, aparecen ya la calidez y el cariño que Tati sentía por sus muy humanos personajes, sin que esto signifique que el director/guionista/actor renuncie nunca a la sátira. El comportamiento pomposo de François provoca risa, sí, pero también invita a la solidaridad. Después de todo, no es más que un niño vestido de cartero... exactamente como el que termina persiguiendo a los caballitos de feria que dejan el pueblo al día siguiente.


Día de Fiesta se exhibe hoy en Cinemex Antara, a las 12 horas, dentro de la sección Europa Europa del FICCO 2009. En el mismo cine y en la misma sala (la número 3) se presentará, un poco más tarde, a las 15 horas, esa obra maestra que es Las Vacaciones de Monsieur Hulot.

jueves, 26 de febrero de 2009

Zapeando/III


Un lector habitual de este blog, Vidal Mendoza, colabora con la descuidada sección del "zapeo" y, de pasada, con la del cliché que yo ya vi:


A lo mejor un poco tarde, pero apenas ayer por la noche me topé con la perla de la cinematografía mexicana "Amar te Duele" (¡Ay, estos dramas adolescentes!). Una buena y una mala. La mala: por designios del Dios del zapping, el control del cable se quedó sin baterías y no pude cambiar de canal. La buena: estaba a punto de terminar, además de que alcancé una escena donde la jovensísisma protagonista posa frente al espejo con pechugas a granel (espero que sea mayor de edad, pa' no sentirme tan mal).

Pero bueno, el cliché que yo ya vi: siempre que la historía trata de un amor imposible, en que impenetrables fuerzas (unos padres burgueses que se oponen al encuentro sensual de castas más caducas que el formato Beta) frustran el democrático y poco prometedor idilio, un personaje intenta matar a punta de pistola al plebe; sin embargo, sin razón física aparente ni justificable, el proyectil termina hiriendo fatalmente a la doncella protegida de los demonios, lo que significa una vida libre de cirugías apresuradas. Luego pasa lo de siempre: a) el slow motion, b) la cara con la quijada floja y ojos de borreguito del mercenario del amor, c) el gesto de estreñido por garnachas de chicharrón del pobretón y prieto enamorado, d) el instante de plena conciencia de la doncella, quien con los ojos apretados y una mano sobre la herida (que en un segundo ya provocó mayor hemorragia que en un videojuego) voltea hacia su Romeo de la Agrícola Oriental apuntando con el pensamiento "sé feliz, la vida sigue, amor mío, no me olvides jamás"; e) el que más disfruto: el grito estereofónico del Romeo: ¡¡¡¡¡¡¡JULIEEEEETTTAAAAAA!!!!!

Corte y después el sepelio de la doncella, con lo que llegamos a otro cliché repetido por la cultura popular: "para la muerte, m'ija chula, todos somos iguales".

Propongo un contracliché: una histora en que la oposición venga de la familia del jodido: "pero como con esa güerilla millonaria... qué quieres tener unos hijos de revista y vivir como nunca lo creiste posible, píensalo bien, hijito...eso sería horrible".

miércoles, 25 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/IX


El Perseguidor (Chugyeogja, Corea del Sur, 2008), de Hong-jin Na. ¿Cómo empezar? Diría, en principio, que cuando uno ve una película como esta y, además, dirigida por un debutante, la envidia empieza a corroer mi alma cinefílica. ¿De verdad es mucho pedir una cinta nacional como El Perseguidor?

Un expolicía que dejó la corporación acusado de ser corrupto, Joon-ho Eom (Yun-seok Kim) maneja ahora su propia compañía de masajes -léase: prostitución. Cuando una de sus muchachas, Mi-jim (Yeong-hie Seo), no aparece -y no es la primera vez que sucede en las últimas semanas: otras también han desaparecido-, Joon-ho se da a la tarea de buscar al tipo que, según él, se las está "pirateando". La realidad es un poquito peor: nadie le está robando a sus muchachas. Más bien, las está matando.

Thriller con serial-killer suelto, sátira policial, crítica política, melodrama de redención personal, El Perseguidor cambia de piel constantemente. Sorprende, irrita, emociona, hace reír, hace llorar... ¿Qué les dan a los cineastas coreanos para que hagan películas como esta? Lo que sea que les den, es obvio que hace falta en el cine nacional.


El Perseguidor se exhibe hoy en Cinemex Plaza Insurgentes, a las 21 horas.

martes, 24 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/VIII


Elegida para concursar en la Sección Oficial de Ficción del FICCO 2009, Alicia en el País (Chile, 2008), cuarto largometraje de Esteban Larraín -documentales inéditos en México Patio 29: Historias del Silencio (1998), Ralco (1999) y El Velo de Berta (2004)-, bien podría haber sido inscrita, también, en la Sección Oficial Documental. De hecho, estamos ante una representación de algo que sucedió realmente hace varios años. Más aún: los que aparecen en pantalla no son actores profesionales sino los auténticos protagonistas de la historia, entre ellos la estoica Alicia del título.
Al final, en un letrero explicativo, se nos informa de todo el contexto: Alicia Esquivel Ramos, de 13 años de edad, salió de su pueblo natal boliviano, Soniquera, en diciembre de 2004, para recorrer a pie 130 kilómetros hasta llegar a San Pedro de Atacama, la ciudad turística más importante del norte de Chile, en donde trabajará como empleada doméstica...


El resto de la reseña de Alicia en el País está publicada hoy en la sección cultural de REFORMA. La película se exhibe hoy a las 14:30 horas en la sala 3 de Cinemex WTC.

lunes, 23 de febrero de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LXXIII

CARTELERA COMERCIAL AL 20DE FEBRERO



Quisiera Ser Millonario (Slumdog Milloinaire, EU-GB, 2008), de Danny Boyle. Puede que no sea la mejor película de Boyle y acaso tampoco sea la mejor cinta entre las nominadas al Oscar 2009 -no he visto aún The Reader (Daldry, 2008)-, pero Quisiera Ser Millonario ganó todo lo que tenía que ganar por su energía inagotable, la oportunidad (¿o será oportunismo?) para empatar a la perfección con el clima económico global en el que vivimos y por su optimismo indestructible, inmune hasta a los baños de mierda... Ah, y también por su exultante baile final, como de que no. Mi reseña en REFORMA.


La Duda (The Doubt, EU, 2008), de John Patrick Shanley. Sobre su multipremiada pieza teatral, el oscareado guionista Shanley dirige apenas su segundo largometraje (la primera fue la olvidada Joe contra el Volcán/1990), que resulta ser un intenso drama religioso/intelectual en el que una estricta monja (Meryl Streep, intachable) sospecha que el liberal sacerdote de su diócesis (Philip Seymour Hoffman) tiene relaciones más que sospechosas con uno de sus estudiantes. ¿Teatro filmado?: para nada. Es cierto que la cinta depende en gran medida de la palabra y de cómo la interpretan los actores, pero la cámara y los encuadres de Roger Deakins no permite que olvidemos que estamos viendo una película, no una pieza teatral. Mi reseña en REFORMA.


El Traspatio/Backyard (México, 2008), de Carlos Carrera. Tengo la impresión que la fecha del estreno del más reciente filme de Carrera no fue muy oportuno que digamos. Aunque, la verdad, tratándose de películas mexicanas, ¿hay alguna fecha que sea propicia? En todo caso, la cinta se exhibe cuando los cinéfilos capitalinos se empachan con el FICCO 2009 y el resto del país está pendiente de los óscares. Sería una pena que la cinta fracasara comercialmente: se trata de un sólido thriller policial/político sobre esa tragedia nacional llamada "Las Muertas de Juárez". El guión de Sabina Berman opta por una salida que no es salida, pero se entiende su desesperanza: frente a lo que somos -o a lo que parecemos: un Estado fallido- no parece que haya otro camino más que el de Tropa de Élite (Padilha, 2008)... o el del Caballero de la Noche. Volveré a esta película en cuanto termine el FICCO. Es promesa.

El Oscar 2009 a bote pronto



1. Hugh Jackman, simpático, desenvuelto, cantando y bailando. No es Gene Kelly, claro. Pero nadie es Gene Kelly.

2. La producción de Bill Condon y Laurence Mark logró sacudir la modorra de otros años. La idea de agrupar varios óscares con un solo prensentador fue muy buena. Los números musicales, aceptables. Los cortos, más que visibles, sobre todo el del cine de acción y el dirigido por Apatow.

3. La idea de que cinco actores y actrices presentaran a los cinco nominados/nominadas fue novedosa, aunque al principio parecía que algunas de las nominadas -Viola Davis, Amy Adams- se iban a soltar llorando o alguna de las presentadoras -Sophia Loren- parecía que no podía leer ni jota.

4. Era apenas lógico que en plena crisis económica Hollywood premiara el energético melodramada dickensiano/bollywoodense de Danny Boyle. En otro contexto político/económico podía haber ganado Milk o hasta Frost/Nixon. El Curioso Caso de Benjamin Button nunca tuvo la menor oportunidad.

5. ¿Qué carajos es Okubirito (2008), la película que ganó el Oscar al Mejor Filme en Idioma Extranjero?

Hoy en el FICCO 2009/VII


No sé qué tanto de verdad exista en Corazón de Fábrica (Argentina, 2008), segundo largometraje documental de la pareja -en más de un sentido- formada por Ernesto Ardito y Virna Molina (opera prima también documental Raymundo/2002, desconocida por mí). Es decir, no sé qué tantas libertades se tomaron estos treintañeros cineastas argentinos con la historia que narran en poco más de dos horas. Para ser francos, ni quiero saber: prefiero quedarme con la (¿utópica?) idea de que un grupo de trabajadores puede organizarse por sí mismo, con generosidad, sin corrupción, con humanidad, sin egoísmo.

En plena crisis -una de tantas- en la Argentina, la tradicional fábrica de cerámicas Zanón, de la Provincia de Neuquén, decide cerrar sus puertas. En lugar de que los obreros tomaran sus cheques de liquidación, un grupo de ellos, los más combativos, los que ya habían organizado huelgas y protestas por la falta de seguridad en el trabajo, toman la factoría y deciden seguir operando en ella. La presión no se hace esperar, por vías legales que se dirimen en los tribunales, por vías políticas que terminan en trágicos intentos de desalojo con dos muertos por ahí y otro por allá, y por vías gangsteriles, pues aparecen la intimidación, la tortura y hasta el secuestro de los familiares de los obreros. A ver si así aprenden. No es tanto el valor económico de la fábrica, se entiende, sino el "mal ejemplo" que están dando a los trabajadores de todo el país. Habrase visto: un puñado de proletarios que le dan una patada a sus líderes charros, que se organizan ellos mismos, que deciden tomar la fábrica en sus propias manos, que no conocen de jefes sino de responsabilidades, que destinan los excedentes que ganan a la propia comunidad, que se autogestionan durante cuatro años no sin problemas internos, que resisten convertirse en un botín de la izquierda organizada...

Todo el asunto parece idílico y de alguna manera lo es, por más que los cineastas no dejan de dar cuenta de innumerables contradicciones: juntas sindicales en las que algunos no ponen mucha atención, reclamos y resentimientos que afloran porque aquél no cumplió con sus obligaciones, resabios de machismo obrero cuando algunas mujeres quieren hacerse escuchar, puestos de trabajo que son heredados de padre a hija o de hermano a hermano con aprobación de la "gestión obrera" (¿dónde he escuchado eso antes?).

Según el documental de Ardito y Molina, la heroica lucha de los obreros de Zanón -cuyas cajas de cerámica llevan la leyenda FASINPAT: Fábrica sin Patrones- forma parte de la larga historia de la clase trabajadora argentina por sus derechos. Los testimonios de los actuales trabajadores se mezclan con la reconstrucción de los orígenes de estas batallas ideológicas y políticas, desde inicios del siglo pasado hasta nuestros días, con huelgas, paros, crisis, represiones y muertos. Por supuesto que el hambre y los cadáveres los ponen nada más los obreros.

Corazón de Fábrica se exhibe hoy en Cinemex Altavista a las 15:30 horas.

domingo, 22 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/VI


"Y advino el Crítico Iluminado y dijo: he aquí que todos los demás, ciegos, mezquinos o ambas cosas a la vez, no han sabido ver al Gran Cineasta por mí ahora revelado, y que resulta ser quien menos hubiese creído, porque mientras tanto todos se dedicaban a adorar a los falsos ídolos. Y cayó la venda de otros Críticos Iluminables, y vieron la Verdad Revelada: el Mesías ya estaba entre nosotros desde hacía tiempo, y se llamaba -por ejemplo- Roberto Gavaldón".

Así empezaba, hace un cuarto de siglo, su columna Cine y Dicine Don Emilio García Riera en DICINE No. 9 (octubre-noviembre de 1984), ridiculizando la restauración del prestigio de Roberto Gavaldón (1909-1986) que, en esa época, era realizada por los cinecríticos del bando rival, liderados por Don Jorge Ayala Blanco. A decir verdad, los dardos de García Riera estaban dirigidos a Ayala Blanco más que a Gavaldón, aunque también es cierto que el cineasta chihuahuense nunca fue del agrado de Don Emilio, quien siempre consideró al director de Macario (1960) como un cineasta correcto pero frío, dotado de cierta eficacia formal pero sin auténtica inspiración. Durante esos años Gavaldón fue, pues, uno de los campos de batalla del pleito entre los dos bandos de crítica fílmica que existían en México -una década antes el motivo de la pelea fue el cine de Alberto Mariscal y luego lo fue Arturo Ripstein- pero ahora, a más de dos décadas de esa diatriba publicada en la revista DICINE, es evidente que la batalla fue ganada por Ayala Blanco y compañía. Es claro que el consenso actual está del lado de Gavaldón y para muestra, un botón: en el magnífico libro Roberto Gavaldón, Director de Cine (CONACULTA/Océano, 2005), los ensayos que analizan y ensalzan la obra del cineasta son escritos por Eduardo de la Vega Alfaro y José María Espinasa, que pertenecieron, en su momento, a los dos bandos en pugna.

Valga todo el preámbulo anterior para valorar a plenitud que el FICCO 2009 haya dedicado una de sus retrospectivas a la obra fílmica de Gavaldón que, a 23 años de su fallecimiento, ya nadie duda que pertenece al cánon de los mejor del cine nacional. Y, precisamente, una de sus cintas más logradas es la que hoy se ha programado en el FICCO: Rosauro Castro (1950), su largometraje número 15.

Como en La Noche Avanza (1951) -mi favorita personal, que también se ha programado en el FICCO-, he aquí la crónica precisa de la caída anunciada de un macho topoderoso. El Rosauro del título (infaltable Pedro Armendáriz) es el cacique de un pueblo no identificado por la voz narrativa de Arturo de Córdova. Cual Elba Esther en el sindicato de maestros, no se mueve una hoja sin que lo sepa -sin que lo decida- Rosauro Castro. Manda asesinar a Pedro Cardozo, un hombre recto e incorruptible, porque se atreve a lanzarse como candidato independiente a la Presidencia Municipal, ocupada por don Antonio (Carlos López Moctezuma), que no es más uno de sus muchos achichincles. Pero la muerte que arrastra consigo Rosauro Castro lo alcanzará finalmente, en su único punto débil.

Como de costumbre, Gavaldón cuenta esta fatalista historia con su consabida solvencia. El reloj del pueblo -leit-motiv argumental y visual- marcará implacable el tiempo, que se irá acortando más y más hasta que el temido cacique encuentre su destino. Más que la ley de los hombres, encarnada por el poco agraciado y menos simpático Arturo Martínez, parece que la justicia viene de la Ley de Dios o, si se quiere, del Destino -así, con mayúsculas. En un momento clave, Rosauro le dice a su sufrida madre (Mimí Derba) que eso de Dios y lo demás es cosa "de ellas", no de hombres como él. La blasfemia, por supuesto, la pagará caro.

Hay mucho de admiración por parte de Gavaldón y de su escritor, José Revueltas, hacia este maléfico cacique. Con todo y ser lo que es y de hacer lo que hace, acompaña siempre que puede a su pequeño hijo al que adora, se divierte genuinamente viendo una representación de títeres, celebra cual charro cantarín que sus enemigos solamente lo hirieron y afronta con dignidad, valentía y hasta una media sonrisa, su ineluctable fin. El filme nos entrega, pues, un villano más rico y complejo de lo que uno hubiera podido suponer. Por eso, en el desenlace, contra nuestras mejores intenciones, uno termina sintiendo la caída del malvado.

Rosauro Castro se exhibe hoy en la sala 4 de Cinemex Mararyk, a las 20:30 horas.

sábado, 21 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/V


En Caminando Aún (Aruitemo aruitemo, Japón, 2008), octavo largometraje del maestro nipón casi desconocido en México Hirokazu Koreeda (sólo se han visto en este país, limitadamente, Maborosi/1995 y Nadie Sabe/2004), se nos muestran, de manera precisa, las más atroces dinámicas del más cercano y entrañable infierno que todos conocemos muy bien desde pequeños: la familia.
Retomando la fórmula del melodrama contemporáneo japonés (conocido como gendai-geki) y la clásica premisa del encuentro de los hijos mayores con sus padres ancianos (al modo de la insuperable Una Historia de Tokyo/Ozu/1953), he aquí que a la casa familiar del hosco doctor retirado Shohei (Yoshio Harada) y su claridosa mujer ama-de-casa Toshiko (Kiki Kirin), llegan de visita sus dos hijos, con sus respectivas familias, a conmemorar un aniversario más de la muerte del hijo mayor, Junei, quien perdió la vida años atrás, salvando a un niño de morir ahogado...


La reseña completa de Caminando Aún se publica ahora en la sección cultural de REFORMA. Caminando..., la mejor película de Koreeda que he visto hasta la fecha -me falta revisar sus documentales y una de sus cintas de ficción- se exhibe hoy en Cinemex Altavista, a las 22:15 horas.

viernes, 20 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/IV


Léolo (Ídem, Canadá, 1992), de Jean-Claude Lauzon. Buena oportunidad para ver en la pantalla grande el segundo y último largometraje del trágicamente fallecido Lauzon, uno de los cineastas más prometedores de inicios de los 90, homenajeado justamente en el FICCO 2009.
En Léolo no hay nada -ni nadie- convencional. Más que una historia propiamente dicha, he aquí una serie de extrañas viñetas mitad farsa, mitad gran guiñol, con algo de Fellini (Amarcord, 1973) y algo más de Scola (Sucios, Feos y Malos, 1976).
Lauzon mostraba aquí, en su postrer obra maestra, una clara inclinación por el humor escatológico que es el motor que hace avanzar la historia del Léolo del título (Maxime Collin), un niño que trata de huir de la demencia congénita de su familia inventándose un mundo distinto y hasta un origen diferente, mítico.
La agresividad temática y visual de la historia, el contrapunteo musical de una banda sonora originalísima (música tibetana, española, italiana...), la provocadora narrativa surreal y un reparto tan extravagente como inspirado, hicieron de Léolo en uno de los filmes fundamentales de inicios de la década pasada. No hay que dejar de revisarlo.


Léolo se exhibe hoy en la sala 2 de Cinemex Antara, a las 18 horas. También se exhibe hoy mismo El Castillo de Vogelod, de Murnau, en la Cineteca Nacional, a las 18:30 y a las 20:30 horas. Una reseña mía de El Castillo..., aquí.

jueves, 19 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/III


Wendy y Lucy (EU, 2008), tercer largometraje de la veterana cineasta indie Kelly Reichardt (River of Grass, 1994; Old Joy, 2006, ambas inéditas comercialmente en México), trata de una joven mujer, la Wendy del título (Michelle Williams, magnífica), que pierde a su perra labradora Lucy -la misma perra que acompaña al par de amigos posthippies en Old Joy- en algún pueblito de Oregon, en camino a buscar trabajo, dinero, un hogar, en Alaska.
La trama, escrita por la propia cineasta y Jonathan Raymond, suena simple, casi banal: un filme sobre una mujer y su perra extraviada. Pero si alguien se anima a calificar de esta manera a Wendy y Lucy, tendría que decir lo mismo de Ladrón de Bicicletas (De Sica, 1948)...


El resto de la reseña está publicada el día de hoy en la sección cultural de REFORMA. Wendy y Lucy se exhibe hoy en Casa de Arte a las 22:00 horas.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/II


Paralelo a las decenas de películas en competencia, a las funciones de gala, a las de cine de culto instantáneo, el FICCO siempre encuentra espacio para recordar a algún maestro del cine. Esta vez le tocó a uno de los más grandes, F. W. Murnau, y hoy, en doble función en la Cineteca Nacional, la que es, acaso, su obra visual y técnicamente más interesante: El Último de los Hombres (Der Letzte Mann, Alemania, 1924). Es cierto, Nosferatu (1922) es más famosa y, de lejos, más influyente. Pero El Último de los Hombres es más contemporánea: si exceptuamos la ausencia de sonido, esta película podría haber sido realizada el año pasado. Mejor dicho: ya quisiéramos que un filme tan audaz, intenso e imaginativo fuera realizado en esta época.

Sobre un guión de Carl Mayer -el cuarto de siete que escribiría para Murnau- y con la inestimable ayuda del gran fotógrafo Karl Freund en su novena de diez colaboraciones con el cineasta, El Último de los Hombres es el filme emblemático de una fórmula del cine alemán de los años 20 que Siegfried Kracauer bautizó, en el canónico texto De Caligari a Hitler: Una Historia Psicológica del Cine Aleman (Paidos, 1995), como "cine de los instintos", una serie de cintas que tratan sobre "la irrupción de los impulsos y apetitos desordenados en un mundo caótico". En este tipo de filmes se nos muestran mundos sociales en colisión de los cuales surge el caos, la destrucción, la decadencia. Cuando el frágil equilibrio se rompe, la ilusión de la paz se derrumba y lo peor del ser humano aflora. Los personajes principales de los también llamados kammerspiel films -o películas "de cámara", para diferenciarlas del cine expresionista, visualmente más sobrecargado- son trabajadores o clasemedieros cuyos conflictos psicológicos ocupan el centro dramático de estas cintas.

El Último de los Hombres está ubicada en dos escenarios paralelos encontrados: un suntuoso y céntrico hotel, el Atlantic, en donde un soberbio Emil Jannings funge como el orgulloso portero avejentado; y la vecindad populachera en donde vive el mismo portero y en donde es admirado por el exclusivo trabajo que tiene, por la destacada posición que ocupa, por el ostentoso uniforme que porta. En su barrio, pues, el portero es la figura más respetada, especialmente por las vecinas, quienes saludan y señalan al hombrón de bigotes y barbas prominentes. El equilibrio psicológico -y, luego entenderemos, social- de este pequeño mundo creado por Mayer/Murnau se vendrá abajo cuando el portero sea degradado a trabajar en el baño. Así, el dignísimo tipo -que en las primeras escenas lo vemos a través de la cámara de Freund en ligeros contrapicados, de tal modo que su figura se ve siempre imponente- se transforma después en una patética piltrafa que no encuentra su sitio en el baño, que siente cómo los edificios caen sobre él, que pierde toda la consideración de su familia y de sus vecinos. En la secuencia más desgarradora de la película -y más genuinamente terrorífica, por más que el filme no sea una cinta de horror- vemos que las amables vecinas que saludaban con admiración al portero un día antes, se transforman en unas siniestras brujas en aquelarre cuando se enteran de la destitución del pobre hombre: al faltar su símbolo de autoridad, al carecer del uniforme elegantemente abotonado, la comunidad se degrada a extremos insoportables.

El asunto suena banalmente melodramático: ¿tanto relajo por perder un uniforme? Lotte Eisner, acaso el más importante especialista en Murnau, escribió que El Último de los Hombres es básicamente una "tragedia alemana" que "sólo puede ser entendida en un país en donde el uniforme es el Rey, sino es que Dios". Las palabras de Eisner tienen mayor resonancia cuando pensamos que una década después de este filme, todo un país endiosaría a un grupo de criminales impecablemente uniformados. De cualquier manera, esta "tragedia alemana" traspasó las fronteras de inmediato -el éxito internacional de esta cinta llevaría a Murnau a Hollywood- y las sigue traspasando hoy en día, pues su fuerza dramática no ha perdido un ápice.

Desprovista casi por completo de intertítulos explicativos -las únicas palabras que leemos en el filme provienen de la carta de degradación del portero, de una noticia leída en el periódico y de un irónico comentario en el que Murnau nos aclara que nos va a entregar un final irreal pero feliz-, El Último de los Hombres depende única y exclusivamente de las imágenes mostradas en el encuadre. La cámara de Freund adquirió en esta cinta una movilidad inusitada pero plenamente justificada: ningún movimiento, ningún emplazamiento, ningún ingenioso corte, ningún encuadre, está de más. Filmado por completo en estudio -todo lo que vemos es construcción, incluyendo el hotel, las calles, la vecindad, los interiores-, en este filme la cámara de Freund se libera del tripié y atestigua la acción a través de puertas giratorias, de cristales limpísimos, de ventanas a media luz... Se mueve siguiendo la acción de los personajes, se acerca de improviso al rostro patético del portero, se aleja de la boca del trombón que es tocado por un vecino borrachín, cambia de interés cuando ve a las mujeres chismeando sobre el desafortunado portero, baja por el elevador y atraviesa las puertas giratorias hacia la calle lluviosa, viaja por los aires para "traspasar" mágicamente (¿pre-hitchcockianamente?) el cristal de una oficina, se emborracha para transmitir la embriaguez del protagonista, barre con un preciso dolly paralelo con una fila de catrines que se carcajean por cierta noticia fantástica que desencadena un absurdo happy-end en el que no cree nadie... empezando por Mayer y Murnau.

El Último de los Hombres se exhibe hoy en la sala 2 de la Cineteca Nacional, a las 18 y 20:30 horas.

martes, 17 de febrero de 2009

Hoy en el FICCO 2009/I


Milk (Milk, EU, 2008) es la película más convencional que ha dirigido el cineasta indie (y ocasionalmente hollywoodense) Gus van Sant desde el amable melodrama de crecimiento juvenil Descubriendo a Forrester (2000).
No hay nada en la trama escrita por Dustin Lance Black que se desvíe de cualquier biopic tradicional con personaje admirable en ristre. Es decir, somos testigos del despertar de nuestro héroe, de su terca y decidida lucha, de su apoteósico triunfo y de su fatalista martirio, que hasta él mismo esperaba.
El biografiado ejemplar es Harvey Milk, el primer ciudadano gay salido del closet que fue electo como funcionario público en Estados Unidos, en concreto como uno de los “supervisores” –el equivalente del regidor de nuestros ayuntamientos mexicanos- de la ciudad de San Francisco...



El resto de la reseña se publica hoy en la sección Cultural de REFORMA. Milk se exhibe hoy, en la función inaugural, en Cinemex Antara a las 19 horas.

lunes, 16 de febrero de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LXXII

CARTELERA COMERCIAL AL 13 DE FEBRERO


Operación Valquiria (Valkyrie, EU-Alemania, 2008), Bryan Singer. De ninguna manera el desastre que algunos dijeron que iba a ser, el más reciente largometraje del especialista en súper-héroes Singer es un entretenido vehículo de lucimiento de Tom Cruise. Muy serio -demasiado, tal vez-, el actor encarna al coronel Claus von Stauffenberg, un aristocrático militar alemán que intentó asesinar a Hitler en julio de 1944. El complot falló y más de 200 implicados fueron asesinados. La cinta se apega en general a los hechos, pero no es mucho más que un bien hechecito thriller histórico-político con Tom Cruise vestido de nazi. Mi reseña en REFORMA.


El Último Infierno (The Last Winter, EU, 2006), de Larry Fessenden. La Verdad Incómoda (Guggenhei, 2006) en clave de dispareja película de horror, esta cinta del cineasta/guionista/actor indie Larry Fessenden se preocupa mucho más en echarnos rollos ecológicos que en montar una genuina cinta de horror. En el pecado lleva la penitencia. Mi reseña en REFORMA.

domingo, 15 de febrero de 2009

El cine que no vimos/XI


Prácticamente desconocida en México, la obra del multipremiado maestro japonés Hirokazu Koreeda ha podido ser revisada en este país en la televisión cultural, en los circuitos culturales de siempre y, por supuesto, en los festivales de cine. En los próximos días veremos, de hecho, Caminando Aún (2008), programada en la sección de Galas del FICCO 2009. Así que preparándonos para ver esta película -que apareció en varios top-ten del año pasado, entre ellos el de Fernanda Solórzano- nos dimos a la revisión/re-visión de la obra anterior de Koreeda que teníamos arrumbada por ahí en DVD.

Su primer largometraje de ficción, Maborosi (Maboroshi no Hikari, Japón, 1995), sólo ha podido verse en México, hasta donde sé, en la televisión cultural -en concreto, recuerdo haberlo visto listado varias veces en el Canal 11 del Politécnico- aunque está disponible en un modesto DVD de Región 1 (widescreen, subtítulos en inglés, algunos extras sin traducción).

Ganador ex-aqueo (con Kenneth Branagh y Abolfazi Jalili) de la Osella de Oro al Mejor Director en Venecia 1995, Koreeda debutó en la ficción -su primer largometraje, desconocido por mí, es el documental Kare no inai hachigatsu ga (1994)- con Maborosi, un contemplativo y minimalista drama sobre una joven mujer, Yumiko (la modelo Makiko Esumi), quien vive felizmente casada con Ikuo (Tadanobu Asano), con quien tiene un hijo recién nacido, Yuichi. La única sombra que se yergue sobre la perfecta vida de Yumiko, además de la estrechez económica en la que viven en un barrio popular de Osaka, es un sueño recurrente en el que la muchacha recuerda cuando, a los 12 años de edad, no pudo retener a su anciana abuela que salió de su casa, así nada más, para no volver.
De repente, la tragedia, tan inesperada como absurda, tan inexplicable como contundente, llega al matrimonio de Yumiko. Nadie puede justificarlo, menos ella. Unos años después, vemos a Yumiko y a su pequeño hijo de 5 años Yuichi (Gohki Kashiyama) llegar a un pequeño pueblo pesquero. Yumiko se casará con el amable viudo Tamio (Takashi Naitô), que tiene una hija propia. Ahora, somos testigos de la lenta incorporación a la normalidad por parte de Yumiko. A su adaptación a una nueva vida en donde la naturaleza, la nieve, el viento, la lluvia, el "imponente mar" dominan el escenario. Todo parece ir, otra vez, muy bien: Tamio es un buen hombre, el suegro es un hombre mayor de pocas palabras pero amigable, los vecinos la aceptan de inmediato, los pequeños hermanastros congenian a la perfección... Sin embargo, hay algo que gravita sobre Yumiko, como una sombra permanente: la desaparición de su abuela, la extraña tragedia de su primer matrimonio, la posible muerte en el mar de una anciana vecina... El brillo de la muerte -el maborosi del título original- no la deja vivir.

Es inevitable hacer referencia a la puesta en imágenes a la Ozu: emplazamientos de cámara típicos (en posición de tatami), movimientos más que escasos (se pueden contar con los dedos de las manos los paneos y los travellings), tomas largas maniáticamente perfectas (puede pausarse el DVD y es probable que no haya un solo elemento visual fuera de lugar), negativa a grandes acercamientos o primeros planos (podría jurar que no hay un solo close-up en todo el filme) y un experto uso del sonido, tanto en la ruidosa Osaka como en la (falsamente) silenciosa villa de pescadores a la que se va a vivir Yumiko. El resultado es un filme extraño, hipnótico, absorbente, en el que no pasa nada... Sólo lo más importante. La vida misma.

sábado, 14 de febrero de 2009

And the Teddy goes to...


... Julián Hernández. En efecto. Me entero que el cineasta mexicano Julián Hernández (notable Mil Nubes Cercan el Cielo, Amor, Jamás Dejarás de Ser Amor/2003, El Cielo Dividido/2006) acaba de ganar el Teddy Award en Berlín 2009 con su tercer largometraje, Rabioso Sol, Rabioso Cielo (2009). Como se sabe, el susodicho premio se otorga a la mejor cinta de temática gay exhibida en el Festival. Es la segunda vez que Hernández recibe el galardón -la vez primera fue con Mil Nubes...- y esto significa que, por lo menos, veremos el filme en Guadalajara 2009, en la Muestra, en el Foro, en el circuito cineclubero. ¿Exhibición comercial?: más complicado. No tanto por la temática gay sino por la duración de la cinta: 190 minutos. En todo caso, felicitaciones a Julián y a su equipo.

jueves, 12 de febrero de 2009

El cine que no vimos/X


Presentada en Sundance 2006 fuera de concurso en donde fue unánimemente aclamada, ganadora posteriormente en Rotterdam 2006, calificada con un sólido 84 en el metacritic y reseñada elogiosamente por algunos de los cinecríticos estadounidenses que, en lo personal, más respeto (Stanley Kauffman, David Edelsten, J. Hoberman, Scott Foundas), Old Joy (EU, 2006) no mereció estreno comercial en México, no ha llegado -hasta donde sé- en DVD de Región 4 y, aunque podría jurar que ya fue programada en la televisión de paga, no pude encontrar la fecha exacta de su presentación, así que, en una de esas, nomás lo soñé. En todo caso, Old Joy se convirtió, por mera referencia, en una cinta de obligada revisión y más aún cuando Wendy and Lucy (2008), el siguiente filme de su directora, Kelly Reichdart, apareció en varias listas de lo mejor del año pasado. Ante la inminente presentación de Wendy and Lucy en el FICCO 2009 me di a la tarea, pues, de buscar Old Joy, disponible en un DVD de Región 1.

Era casi inevitable que, después de tanta espera y expectación, la película terminara por decepcionarme. Estamos ante un pequeño filme contemplativo que apenas pasa los 70 minutos de duración sobre dos viejos amigos que se encuentran para visitar unas aguas termales en los bosques de Oregon. Mark (Daniel London) es un apacible clasemediero que vive en Portland con su esposa (Tanya Smith) a punto de parir el primer hijo de ambos y con una perra llamada Lucy -como el can de su siguiente filme, Wendy and Lucy, precisamente. Kurt (Will Odham), el camarada que le habla por teléfono para ir a hacer camping, vive por aquí y por allá, no se ha casado y no quiere tener hijos, pues tiene la filosofía de que no se mete en ningún lugar de donde no pueda salir.

A pesar de que la mujer de Mark no está muy convencida del viajecito de marras, acepta resignadamente perder de vista al marido por unas horas. Así, los dos viejos amigos de la universidad toman la carretera, cargan con la juguetona Lucy, se pierden en el bosque, acampan alrededor del fuego en la noche y llegan al día siguiente a las aguas termales en donde pasaran unas horas apacibles, tranquilas, sumergidos en el agua y rodeados de una arrobadora belleza natural, perfectamente capturada por la cámara de Peter Sillen.

No pasa mucho más que eso. Aunque en algún momento Kurt sale de su tina para masajear el cuello de su tenso camarada casado y futuro padre-de-familia Mark, no hay en esta escena el mínimo guiño homoerótico. No estamos, pues, ante Secreto en la Montaña (Lee, 2005) reloaded. El tema que desarrolla -o, mejor dicho, sugiere- Reichardt es el de la contemplación de dos vidas encontradas (en la doble acepción: que se encuentran y que se enfrentan) de un par de amigos que pudieron haber compartido un pasado entrañable pero que ya comparten muy poco más.

Sin embargo, aunque estilísticamente hablando la cinta es impecable, el tema me parece, por decirlo amablemente, muy menor. Los dos amigos han pasado ya de la treintena de años. Acaso arañan los 40, si es que no los han pasado ya. Uno de ellos ha decidido "sentar cabeza" y el otro no. Uno vive tenso por sus crecientes responsabilidades mientra el otro -con una calvicie ya pronunciada- aún lleva sus piercing en las orejas, fuma su motita con singular fruición y se derrumba emocionalmente porque entiende que su amigo, ya casado, no será el mismo. Hay mucho de verdad en todo ello, sin duda, pero no me sentí especialmente involucrado con el dilema que los dos hombres enfrentan.

Tengo la impresión que la historia hubiera tenido más sentido en un contexto histórico diferente: un par de amigos universitarios que compartieron los rebeldes años 70 se encuentran una década después, en los conformistas reaganianos años 80, para ver cómo están, qué decisiones han tomado, si han entrado al redil o se han negado a entrar a él... Al ubicar esta trama a inicios del siglo XXI, el dilema puede ser el mismo, pero la historia, siento, tiene menos resonancia.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Hoy en Ambulante 2009/III y última


Trazando Aleida (México, 2008), ganador del Mayahuel a Mejor Documental en Guadalajara 2008, es el primer solo en el terreno del largometraje documental de la alemana avecindada en México Christiane Burkhard. La cinta es la sentida crónica de la búsqueda que hace de su hermano menor la Aleida del título, una joven mujer que, después de leer un reportaje publicado en la revista Día 7 de El Universal, descubre que es hija de padres arrestados y desaparecidos en la Guerra Sucia y que, además, tiene un hermanito, Antonio, al que no ha visto en 29 años.
La cinta alterna la tenaz búsqueda que hace Aleida de su hermano Antonio -quien vive en alguna parte de Washington, sin sospechar nada de su origen- y el encuentro de la misma Aleida con las familias materna y paterna, abuela llorosa pero indómita incluida. El encuentro de Aleida y Antonio representa una suerte de amargo clímax, pues aunque el joven termina aceptando a su nueva hermana –y, de alguna manera, su nueva identidad- el cambio para él no resulta nada fácil.
Trazando Aleida se hubiera visto beneficiada de una edición más rigurosa –vemos testimonios de acciones que acabamos de ver y eso torna al filme repetitivo hacia el final- pero el caso de los primeros hermanos mexicanos re-encontrados, casi 30 años después de la Guerra Sucia nacional, termina siendo entrañable de todas maneras.


Trazando Aleida se exhibe hoy en el Cinépolis Diana a las 20 horas.

martes, 10 de febrero de 2009

Your Movie Sucks!/XIII (con perdón de Roger Ebert)


Cementerio de Papel (México, 2007), el más reciente largometraje del churrero con ambiciones artísticas/históricas Mario Hernández (La Muerte de Pancho Villa/1974, Peregrina/1974, Zapata en Chinameca/1987, todas con Antonio Aguilar en modo actoral de "engarróteseme ahí"), retoma el doloroso tema de los desaparecidos políticos en el echeverriato para entregar un ineptísimo -en la forma- y timorato -en el fondo- thriller político fatalista. Los blancos de la infantil trama escrita por el veterano guionista Xavier Robles son un expresidente maléfico identificado como "el Patrón" (Carlos Bracho), oscuros policías-políticos que nunca son nombrados directamente (¿"Don Fernando" es Gutiérrez Barrio?, ¿"El turco" es Nazar Haro o De la Barreda?) y, sin deberla ni temerla, hasta el periódico en el que escribo ("Menos mal que no lees el REFORMA") porque, como usted ya lo sabe, el diario REFORMA es un irredento nido de connotados yunquistas como Carmen Aristegui, Lorenzo Meyer, Sergio Aguayo y Miguel Ángel Granados Chapa, entre otros.

Si dan ternurita los apotegmas simplones que se sueltan por ahí ("La Suprema Corte está en manos de la derecha") y son de risa loca algunos de los diálogos ("Son inconcebibles los contrastes del capitalismo", dice alguien ante la magnificiencia -ajá- del Hotel Sheraton), es de pena ajena que, después de tantos años en el negocio, el señor Hernández no sea capaz de armar un relato mínimamente coherente, y que el señor Robles no pueda hacer otra cosa que una trama didáctica, elemental y repleta de inconsistencias: hojas archivadas que deberían estar amarillentas están nuevas y blanquísimas, nuestros héroes quieren salvar documentos comprometedores pero nunca se les ocurre sacar unas viles copias, quieren "mostrarle todo a la prensa" pero si uno de ellos es periodista, ¡¿por qué fregados no va a la redacción de su propio periódico?!... y así hasta la ignominia. Ah, y la última raya al tigre: el uso de Doña Rosario Ibarra de Piedra, de todos mis respetos, para dignificar este churro cobarde y malhechote.

lunes, 9 de febrero de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LXXI

CARTELERA COMERCIAL AL 6 DE FEBRERO



Frost/Nixon: la Entrevista del Escándalo (Frost/Nixon, EU, 2008), de Ron Howard. En la que es, acaso, su mejor película hasta el momento, Howard estorba lo mínimo posible para darle pleno espacio a sus actores y a la historia, basada en una obra teatral de Peter Morgan adaptada por él mismo a la pantalla grande. Un trivial entrevistador televisivo, David Frost (Michael Sheen), logra que "Tricky Dick" Nixon (hipnotizante Frank Langella) acepte sus trácalas en la pantalla chica frente a millones de televidentes. Salinas, de seguro, vio la entrevista verdadera en la tele, porque cuando Denise Maerker le preguntaba cualquier cosa comprometedora, nomás respondía "política ficción". Mi reseña, en REFORMA.


Cementerio de Papel (México, 2007), de Mario Hernández. El veterano churrero Hernández toma la herida abierta de los desaparecidos políticos en el echeverriato y la convierte en un ineptísimo thriller político de pena ajena. O más bien, de risa loca. Casi casi de ternura. Como dirían las jovencitas hoy en día: "ayyyy, cositas". El primer bodrio nacional del año. La reseña, en la semana.


Coraline y la Puerta Secreta (Coraline, EU, 2009), de Henry Selick. Sobre un texto de Neil Gaiman que no he leído, he aquí la primera película animada cuadro-por-cuadro en tercera dimensión. El 3D funciona bastante bien, pero lo mejor está en la siniestra historia y en la maniática animación del especialista en provocar ñáñaras infantiles (y adultas) Henry Selick. Esa secuencia del circo ratonil ya está anotada, de una vez, para los Fotogramas de este año. La reseña, más adelante.


The Rolling Stones: Shine a Light (Shine a Light, EU, 2008), de Martin Scorsese. No sé, la verdad, si The Band hizo mejor música que la que ha hecho The Rolling Stones en su larga carrera. Si no sé mucho de cine, menos sé de rock. En todo caso, lo que sí sé -o estoy dispuesto a defender- es que El Último Vals (1978) es, de lejos, una película-concierto mucho más interesante, más apasionante, más lograda. No tengo nada en contra de Jagger y compañía, y la mayoría de los 18 número interpretados por los Stones valen mucho la pena, pero Shine a Light, como película, no sólo es un Scorsese menor. Es un no-Scorsese.


Rewind/Los Cronocrímenes (España, 2007), de Nacho Vigalondo. La opera prima del guionista Vigalondo es un irresoluble filme de ciencia-ficción rompe-cocos. La cinta está realizada con cuatro actores, ocho euros, una buena dosis de imaginación y otra más de cósmica mala leche. Voy a volver a ella más adelante. Sin falta.


domingo, 8 de febrero de 2009

Hoy en Ambulante 2009/II


Encuentros en el Fin del Mundo (Encounters at the End of the World, EU, 2007), de Werner Herzog. Para realizar su más reciente largometraje, el obsesivo cineasta obsesionado por sus obsesivos personajes reales o fictios fue invitado por la National Science Foundation de Estados Unidos a hacer un documental sobre la última frontera humana: la Antártida. "Ok", dijo Herzog", "nada más no esperen que haga otra pinche película de pingüinos".

En efecto, no la hizo, aunque sí aparece un pingüino en una escena clave de este espléndido filme documental. Pero, bueno, se trata de un pingüino típico de Herzog: una pequeña ave enloquecida que va en dirección contraria a su comunidad y que tampoco se dirige al agua, a buscar comida. El pingüinito de marras va directo al continente, a tierra firme, a donde no hay otros de su especie ni tampoco alimento. En pocas palabras, va hacia su propia muerte y nadie puede explicar por qué lo hace: sólo Klaus Kinski podría haber interpretado mejor a este orate animal vestido de frac.

Herzog llega a la estación científica americana de McMurdo, en el Polo Sur, habitada por mil personas, y anque no duda en mostrarnos las impresionantes imágenes turísticas de rigor -una de ellas es la que aperece arriba-, el cineasta alemán está interesado en otras cosas. En otros seres. Tratándose de Herzog, en los mismos de siempre.

McMurdo está lleno de personajes herzogianos: un exbanquero de Colorado que ahora maneja un enorme camión, un filósofo que opera maquinaria pesada, un cocinero que también es cineasta, un lingüista que mantiene un vivero, un buzo que toca música de rock, un biólogo fanático de la ciencia ficción, un plomero que presume ser descendiente de la realeza azteca, una parlanchina especialista en computación que ha viajado por el mundo entero, un taciturno estudioso de los pingüinos que contesta molesto a las impertinentes preguntas de Herzog ("¿hay pingüinos gay?", "¿los pingüinos se vuelven locos?")...

Como de costumbre, Herzog es el propio narrador de su cinta y el sarcástico observador de todo lo extraordinario y todo lo estúpido que le rodea. Y, de nuevo, el pesimista cineasta no puede más que rendirse ante la evidencia: el fin del mundo no es sólo la Antártida visitada, sino el tiempo que estamos viviendo.


Encuentros en el Fin del Mundo se exhibe hoy en Cinépolis Universidad a las 11:20 y 18:05 y en Cinépolis Paseo Arcos del Bosque a las 11:00 y 17:20.


viernes, 6 de febrero de 2009

Hoy en Ambulante 2009/I


Remontando el Yangtzé (Up the Yangtzé, Canadá, 2007), de Yung Chang. El primer largometraje del canadiense de origen chino Yung Chang es una espléndida docu-ficción (¿o ficción documentalizada?) en la que seguimos el destino de una paupérrima familia que vive en una cabañita hechiza a orillas del río Yangtzé, en Fengdu. Esta familia -papá, mamá, hija mayor adolescente, hijo menor de unos ocho años- tendrán que abandonar muy pronto ese lugar, pues el mayor proyecto hidroeléctrico de la historia, la Presa de las Tres Gargantas, provocará que el nivel del río suba hasta cubrir la casucha que, con todo y lo destartalada que está, le permite a esta familia vivir casi desahogadamente. No tienen dinero, es cierto, pero cultivan la tierra, tienen sus animalitos, comen bastante bien y, sobre todo, no pagan renta. Pero esto se acabó: el padre tendrá que buscar trabajo en algún lado para sobrevivir, se irán a vivir a un sitio en la ciudad y la hija mayor, Yu Shui, que quiere estudiar la preparatoria, tendrá que renunciar por lo pronto a este sueño para trabajar en uno de los varios cruceros turísticos que remontan el Yangtzé, desde la municipalidad de Chongqing hasta el final de la presa misma.

Chang sigue los esfuerzos no sólo de Yu Shui -bautizada como Cindy en el crucero, para que los turistas puedan pronunciar su nombre- sino, también, del insoportable jovencito Bo Yu Chen -bautizado "gringamente" como Jerry-, un clasemediero citadino que entra a trabajar como guía, barman y hasta "artista", pues es uno de los muchachos que mejor habla el inglés. Chang muestra estos dos casos extremos, el de "Cindy" y el de "Jerry", para mostrar las reacciones encontradas antes las aceleradas transformaciones de la sociedad china contemporánea: la muchachita de extracción humilde que representa, hasta cierto punto, el futuro de su familia, frente al egocéntrico hijo único que se siente como pez en el agua ante las posibilidades que le presenta esa "nueva China" que le permite ganar, en un solo día, ¡30 dólares!, un sueldo que ninguno de sus padres puede soñar.

Chang acompaña, pues, a Yu y Bo remontando el Yangtzé y, en el camino, su propia voz narradora y la cámara de Shi Qin Wang se detiene para revisar los poblados que serán o han sido inundados por la detención del enorme río, la reacción resignada o aguerrida de algunos de los tres millones de desplazados y las imágenes cambiantes de una China que no se puede quedar quieta. Una China que se mueve y aplasta todo a su alrededor. Una China que da oportunidades pero también acorrala. Una China que ofrece un futuro esperanzador pero, también, ominoso.


Remontando el Yangtzé se exhibe hoy en Cinépolis Universidad a las 15:50 horas.

jueves, 5 de febrero de 2009

El cine que no vimos/IX


Nunca estrenada formalmente en México, Al Otro Lado (México-EU, 2005), la opera prima de la chilanga de origen sinaloense y viviendo en Nueva York Natalia Almada, ha sido programada, en los últimos años, en varios festivales extranjeros y nacionales –Guadalajara, Morelia, FICCO, Miami, Tribeca- y en las salas culturales de rigor pero, como suele suceder con el cine mexicano –y más aún el documental-, la cinta no mereció nunca estreno comercial y, hasta donde sé, ni siquiera ha sido programado en la televisión abierta o de paga.
Es una pena, pues el primer largometraje de Almada –quien acaba de ganar en Sundance 2009 el premio a la Mejor Dirección por su siguiente película documental, El General (2009), acerca de su bisabuelo, el General Plutarco Elías Calles- es un espléndido acercamiento al fenómeno del narco-corrido en particular y la narco-cultura en general que permea, de forma naturalmente perversa, en el imaginario sinaloense. Y es que como dijera el joven ensayista Adrián López Ortiz (Ensayo de una Provocación, Ed. DIFOCUR, 2007): “si en el norte el narcotráfico es subcultura, en Sinaloa, aunque a muchos les ofenda, es cultura”.
En efecto: Almada, sin juzgar, sin moralina, con simpatía por los protagonistas y los testigos de su historia, se acerca a la vida y los sueños de Magdiel, un joven pescador de La Reforma, Sinaloa, aprendiz de compositor de narco-corridos, que desea irse “al otro lado” del título, a esos “yunaites” mexicanizados en donde Chalino Sánchez es leyenda, Jenni Rivera es una diosa y las odas al narcotráficos son vistas como el equivalente del “gangsta rap” afroamericano.
El documental tiene sus mejores momentos en la decodificación de la subcultura -¿o cultura, como afirma López Ortiz?- del narcotráfico. Literatos como Elmer Mendoza, investigadores en el tema como Luis Astorga, músicos emblemáticos como Los Tigres del Norte nos presentan su visión del narcotraficante, de su estilo de vida, su estilo de muerte y su creciente leyenda. Tratan de racionalizar, sin moralizar, el fenómeno, alternando lo inevitable –Malverde, qué remedio- con lo más o menos novedoso, como el hecho de que el narco-corrido es una genuina expresión de identidad de los sinaloenses-americanos de segunda o tercera generación, que apenas pueden farfullar en español, pero que aprenden fonéticamente los éxitos del asesinado Chalino Sánchez.
La cinta, sin embargo, abarca demasiado: todo lo que se refiere al fenómeno musical del narco-corrido está plenamente justificado. Sin embargo, cuando Almada y su experimentado fotógrafo Chuy Chávez cruzan la frontera para ser testigo de la caza de ilegales por parte de la patrulla fronteriza o entrevistan a los desafortunados detenidos con sus sueños hechos añicos, la película cambia de rumbo. Estas escenas son desgarradoras pero, creo, pertenecen a un filme distinto. Un defecto menor, en todo caso, en un magnífico documental que merece mejor suerte. Vamos: merece ser visto masivamente.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Como Gustéis


En su noveno largometraje como director, Kenneth Branagh ha vuelto al redil shakespeariano. Después de su debut con la espectacular Enrique V (1989) –acaso no sólo su mejor adaptación shakespeariana sino, también, su mejor película-, el cineasta nacido en el norte de Irlanda dirigió la comedia de enredos Mucho Ruido y Pocas Nueces (1993), la vilipendiada tragedia Hamlet (1996), el discutido musical Pacto de Amor (2000) y, ahora, la comedia filosófica/amorosa/travesti Como Gustéis (As You Like It, EU-GB, 2006), ambientada excéntricamente en el Japón de fines del siglo XIX.
El porqué Branagh –autor él mismo de la adaptación fílmica- eligió mover esta artificiosa trama de enredos amorosos a una ficticia zona japonesa en la que dominan unos aristócratas ingleses parece un mero capricho. Los escenarios son preciosos, los vestuarios nipones llamativos, pero no hay otra justificación discernible para no respetar el escenario original shakespearino. La obra teatral ubicaba la historia en una turbulenta corte aparentemente francesa, rodeada por el idílico bosque de Ardén. Ahí, somos testigos del tormentoso enfrentamiento de dos pares de hermanos pero, también, de su reconciliación final y del encuentro de todos con el imbatible amor.
Así, el afable Duque Mayor (Brian Blessed) es derrocado por su violento hermano menor Frederick (Blessed again), quien destierra al legítimo dueño del ducado al bosque de Ardén, a donde lo siguen un puñado de fieles, entre ellos el melancólico filósofo Jacques (Kevin Kline). Al mismo tiempo, una disputa por la herencia del padre muerto enfrenta a otros dos hermanos, el envidioso Oliver (Adrian Lester), y su impetuoso hermano menor Orlando (David Oyelowo), quien también huirá hacia Ardén cuando se entere que Oliver quiere matarlo. Finalmente, a ese escenario pastoral llegarán la hija del Duque Mayor, Rosalinda (Bryce Dallas Howard), y su prima, la hija del Duque Frederick, Celia (Romola Garai), quienes para huir de la ira del usurpador, disfrazan sus identidades: Rosalinda se vestirá de hombre, mientras Celia se transformará en una rústica campesina. Ahí, entre malentendidos y enredos, todos encontrarán el amor, la paz y la reconciliación consigo mismos.
Como Gustéis es una de las comedias más populares y más montadas de Shakespeare. Ha sido también adaptada al cine y a la televisión en, por lo menos, una decena de ocasiones. No he visto, por desgracia, ninguna otra versión fílmica aunque, por su reparto, se antoja revisar la de 1936 –con Laurence Olivier como Orlando- y los telefilmes de 1963 y 1978, con Vanessa Redgrave y Helen Mirren, respectivamente, en el papel de la ingeniosa travesti Rosalinda.
Esta versión caprichosamente ajaponesada se sostiene por el propio texto de Shakespeare y por el muy profesional reparto de actores británicos y estadounidenses, aunque el manejo visual de la cinta por parte de Branagh es todo menos audaz. Incluso, hay por ahí alguna escena –cuando Orlando es atacado por un león- que está muy mal resuelta. Con todo, no puedo decir que la película me haya molestado (ni modo: volverán a acusarme de conformista por estos cibernéticos lares) y menos aún cuando puedo escuchar el célebre monólogo shakespeariano sobre las siete etapas de la vida interpretado por un impecable Kevin Kline:

All the world's a stage,

And all the men and women merely players:

They have their exits and their entrances;

And one man in his time plays many parts,

His acts being seven ages. At first the infant,

Mewling and puking in the nurse's arms.

And then the whining school-boy, with his satchel

And shining morning face, creeping like snail

Unwillingly to school. And then the lover,

Sighing like furnace, with a woeful ballad

Made to his mistress' eyebrow. Then a soldier,

Full of strange oaths and bearded like the pard,

Jealous in honour, sudden and quick in quarrel,

Seeking the bubble reputation

Even in the cannon's mouth. And then the justice,

In fair round belly with good capon lined,

With eyes severe and beard of formal cut,

Full of wise saws and modern instances;

And so he plays his part. The sixth age shifts

Into the lean and slipper'd pantaloon,

With spectacles on nose and pouch on side,

His youthful hose, well saved, a world too wide

For his shrunk shank; and his big manly voice,

Turning again toward childish treble, pipes

And whistles in his sound. Last scene of all,

That ends this strange eventful history,

Is second childishness and mere oblivion,

Sans teeth, sans eyes, sans taste, sans everything.

martes, 3 de febrero de 2009

El cliché que yo ya vi.../XLII


Christian Guisa, un lector habitual de este blog, propone:


El café americano apesta: Siempre que en alguna película sale un personaje francés y éste prueba un cafe hecho en Estados Unidos, el francés de marras (aunque, en realidad, puede ser casi cualquier personaje europeo) procede a escupirlo o, cuando menos, a proferir alguna barbaridad en contra de tal porquería que no le llega ni a los talones al buenísimo y delicioso café de su país. Esto lo podemos observar en Godzilla cuando Jean Reno prueba el café norteamericano (de hecho hace muecas y gestos dos veces) y me parece que el detective francés de El Transportador 2 hace lo mismo cuando visita los Estados Unidos...

domingo, 1 de febrero de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LXX

CARTELERA AL 30 DE ENERO


Sólo un Sueño (Revolutionary Road, EU-GB, 2008), de Sam Mendes. Este sólido melodrama matrimonial viene a ser la ¿Quién Teme a Virginia Woolf? (Nichols, 1966) para la generación Titanic (Cameron, 1997). Una producción impecable, una dirección fluida y controlada por parte de Mendes, otro trabajo notable de Winslet, acaso la mejor interpretación hasta el momento de parte de Leonardo DiCaprio y un hipnotizante y ascendente Michael Shannon como el lúcido/enloquecido catalizador del drama. Eso sí: el tema es realmente depresivo. Mi reseña en REFORMA.


Sí Señor (Yes Man, EU, 2008), de Peyton Reed. Una inocua y palomera comedia en donde un negativo Jim Carrey se promete a sí mismo cambiar de vida y decirle sí a todo. Hay algunos momentos divertidos, Zooey Deschanel está encantadora, pero no hay mucho más. Carrey y sus dengues están envejeciendo. Mi reseña en REFORMA.


Como Gustéis (As You Like It, EU-GB, 2006), de Kenneth Branagh. Aunque en Estados Unidos esta nueva cinta shakespeariana de Branagh se estrenó en la pantalla chica, en realidad el filme merecía mejor trato. Estamos, como de costumbre tratándose del cineasta y actor inglés, ante un montaje fílmico lucidor y un reparto intachable. Además, esta pieza shakespeariana tiene su encanto: filosofía, humor, amor y un poco de travestismo.