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martes, 31 de marzo de 2009

¿Tú le crees a los cineastas? ¡Yo tampoco!.../III (¿y a las actrices?)


¿Por qué Simón del Desierto (1965) se quedó en 45 minutos, en formato de mediometraje? Buñuel dijo alguna vez que el productor, Gustavo Alatriste, simplemente se quedó sin dinero. Otra versión es que Alatriste pensó a Simón del Desierto como parte de una cinta de dos o tres partes, cada una de ellas dirigida por un cineasta distinto. El problema es que Alatriste no convenció a nadie más y, al final de cuentas, la película terminó así, en escuetos tres cuartos de hora. En la reciente edición de Simón del Desierto de Criterion, surge una versión un tanto cuanto distinta, narrada en uno de los extras del DVD, por la mismísima Silvia Pinal. En el número más reciente de Sight and Sound (abril, 2009), Tim Lucas relata la versión de la señora Pinal de la siguiente manera:


"Buñuel always said that it ran out of funding, but here Pinal takes the blame, explaining that she had become enamoured of the 1963 Mastroianni/Loren anthology Yesterday, Today and Tomorrow, and had proposed to her husband and Buñuel that they collaborate on an omnibus of their own. Buñuel agreed, but suggested they find two other important directors to helm the other segments. His first choices, sly devil, were Fellini and Jules Dassin, who both loved the idea but preferred to work with their wives, Giulietta Masina and Melina Mercouri -as he must have known they would. Obviously amused, Buñuel suggested to Pinal that he drop out, so that her husband could direct her segment. Intending the project to be her showcase, and offended by Buñuel's lack of support, Pinal pulled the plug on the movie. The story not only has the ring of truth, it has the ring of Buñuel".

lunes, 30 de marzo de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LXXVIII

CARTELERA COMERCIAL AL 27 DE MARZO


Gran Torino (Ídem, EU, 2008), de Clint Eastwood. La despedida de Eastwood como actor es una soberbia comedia de costumbres disfrazada de fábula moral sobre la violencia (y viceversa), centrada en un anciano viudo (Clint) que vive rodeado de orientales a los que desprecia. Al final de cuentas, el viejo hosco aprenderá a convivir con ellos, a respetarlos, a ser parte, incluso, de su comunidad. Suena cursi, chantajista, facilón. En manos del clasicista Eastwood, es todo lo contrario. Sólo el propio Eastwood podía dinamitar con tal contundencia su propio mito de Harry "el Sucio". Mi reseña, en REFORMA.


Tú Me Matas (You Kill Me, EU-Canadá, 2007), de John Dahl. El octavo largometraje de Dahl marca el regreso de este buen veterano del neo-noir de los 80/90 (Morir Dos Veces/1989, Intriga en el Rojo Oeste/1992, La Última Seducción/1994) a sus fórmulas bien probadas. Un matón alcohólico de origen polaco (Ben Kingsley) que vive y trabaja en Buffalo, es enviado por su tío/patrón (Philip Baker Hall) a que se desintoxique en el otro extremo del país, en San Francisco, en donde el sicario entrará a Alcohólicos Anónimos, hará una que otra amistad, encontrará el amor con una reaparecida Téa Leoni y se pondrá en forma para volver a la chamba. Pero... ¿podrá hacerla? Si esta comedia de humor negro funciona las más de las veces, esto se debe, especialmente, a la actuación de Kingsley y a la muy particular química que surge entre él y la publicista televisiva que encarna con el brío de siempre la señora Leoni.

domingo, 29 de marzo de 2009

En Brujas


Con En Brujas (In Bruges, EU-GB-Alemania, 2007), el dramaturgo vuelto cineasta Martin McDonagh fue nominado al Oscar 2009 en la terna de Mejor Guión Original. Hay que decir que McDonagh no es un extraño a la estatuilla, pues la obtuvo en 2006 en la categoría del Mejor Cortometraje de Acción Viva por Six Shooter (2004), un corto de 27 minutos protagonizado por Brendan Gleeson.

Y, por cierto, Gleeson, el voluminoso actor irlandés que aparece en Six Shooter es, también, uno de los protagonistas de En Brujas. El otro es su paisano dublinés Colin Farrell. Los dos encarnan, respectivamente, a Ken y Ray, dos matones irlandeses que son enviados por su irascible jefe inglés, Henry (Ralph Fiennes), a pasar unos días en la Brujas del título, la ciudad belga que es, según dicen en la cinta, el sitio mejor conservado de Europa. Llena de edificios góticos, atravesada por oscuros canales, con leyendas de la sangre de Cristo en cualquier esquina, Brujas es el último lugar en donde se ocultarían dos verbosos matones de raigambre tarantinesca.

Ray no soporta la historia ni la ciudad, aunque luego sabremos que esto se debe menos a Brujas que a algo que no lo deja, literalmente, vivir en paz. En contraste, el paternal Ken toma sus anteojos, su guía turística y toma los callejos, los puentes, los canales y las iglesias de Brujas por asalto. En la placidez medieval de esa ciudad belga Ken ha encontrado un remanso de tranquilidad… hasta que el hechizo se rompa cuando Henry le informe por qué razón se encuentran los dos sicarios en Brujas.

En el filme se tiran tantos disparos como se escuchan divertidos diálogos repletos de exabruptos, se derrama tanta sangre como se reflexiona sobre la culpa, la redención y el castigo, temas católicos por antonomasia. Siempre políticamente incorrecta –al parecer, esto es marca de fábrica del McDonagh dramaturgo-, la trama entrelaza la relación personal entre los dos matones y la de ellos con su iracundo jefe híper-profesional Henry, con una serie de gags verbales y visuales acerca del racismo, los enanos, el anti-americanismo y hasta los gordos que no entienden que no deben subir escaleras de caracol si no quieren morir de un ataque cardiaco.

sábado, 28 de marzo de 2009

Críticos y crítica/IV

FOTOGRAFÍA DE DAVID EISENBERG
ARTE DIGITAL DE JOSÉ LUIS SANTANA


En más de una ocasión nos hemos encontrado en mesas, fiestas, cenas, festivales. Aquí está lo que piensa de la crítica de cine en nuestro país Gustavo García. Publicado en Milenio Diario el pasado 14 de marzo.

viernes, 27 de marzo de 2009

Guadalajara 2009/Ganadores


Hace unas horas se dieron a conocer los ganadores de Guadalajara 2009. La información, de Notimex y como sigue:


Guadalajara, Jal., 27 Mar. (Notimex).- Con absoluta unanimidad, los integrantes del jurado en las diferentes categorías eligieron a los ganadores del Premio Mayahuel, en el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, que concluye este viernes.
El Premio Mayahuel a la Mejor Película Iberoamericana consiste en 20 mil dólares, otorgado por la distribuidora Latinofusión; así como el Premio Especial del jurado, Mejor Opera Prima, Mejor Guión, Actor, Actriz, Fotografía, el reconocimiento económico es de 10 mil dólares cada uno.
El jurado decidió en la categoría Largometraje Iberoamericano de Ficción dar la mención especial por sonido a Vasco Pimentel, de la película "Aquele querido mes de agosto" (Portugal); y a Alex Catalán por la Mejor Fotografía en "Camino" (España).
Mejor Actriz a Magaly Solier por "La teta asustada" (España); Mejor Actor, a Andrés Parra, por su trabajo en "La pasión de Gabriel" (Colombia); Mejor Guión a Juan Carlos Rubio, por "Retorno a Hansala" (España); Opera Prima, a Gerardo Naranjo por "Voy a explotar" (México).
Mejor Director a Chus Gutiérrez, por "Retorno a Hansala" (España); Premio Especial del Jurado a "Aquele querido mes de agosto" (Portugal) y a la película "La teta asustada", de la directora Claudia Llosa (Perú/España).
Para Largometraje Mexicano de Ficción, el jurado eligió a Tobías Ponce para el premio de Mejor Fotografía de la película "Voy a explotar"; Mejor Actriz, a Teresa Ruiz por "Viaje redondo"; Mejor Actor, a Patricio Castillo de "Crónicas chilangas"; Mejor Guión a la película "Crónicas chilangas".
La Opera Prima se la llevó "Crónicas chilangas"; Mejor Director, Alberto Cortés por "Corazón del tiempo"; y Mejor Película, "Viaje redondo".
Para las categorías de Largometraje Documental Iberoamericano y Largometraje Documental Mexicano, el Premio Mayahuel consiste en 10 mil dólares para cada ganador o su equivalente en moneda nacional otorgado por la distribuidora Latinofusión.
En Largometraje Documental Iberoamericano el jurado decide otorgar premio a "Unidad 25", del director Alejo Hoijman (Argentina/España); y en Largometraje Documental Mexicano, premian por unanimidad a "El viaje del cometa", de Ivonne Fuentes y "Los que se quedan", de Carlos Hagerman y Juan Carlos Rulfo.
En la categoría de Cortometraje Mexicano, el premio de dos mil dólares fue para "El tío Facundo", de Alejandro Cachoúa, por su excelente trabajo de guión, fotografía, diseño de arte, producción, ya que según el jurado es una obra cinematográfica "muy respetable para el espectador".
En Cortometraje Iberoamericano se lo llevó "Kari Norte", del director Marcelo Martinessi (Paraguay), premio de dos mil dólares o el equivalente en moneda nacional para el director de la película.
El jurado de la Sección Infantil "Espectadores del futuro" concede su premio a "Valentino y el clan del can", del director David Bisbano (Perú), porque la película trata del valor de la amistad y que puedes lograr tus sueños con esfuerzo y dedicación.


Hasta aquí el fin del boletín de Notimex. Las decisiones me dejaron de a cuatro. Pero, bueno, los jurados no tienen que darle gusto a nadie. Tal vez sólo a ellos mismos. Una duda, nada más: ¿Voy a Explotar como Mejor Opera Prima Iberoamericana? ¡Se trata del tercer largometraje de Naranjo!

Para completar la información, el Premio del Público recayó en La Oveja Negra mientras el galardón Guerrero de la prensa nacional e internacional fue para Voy a Explotar. Nadie me lo pregunta pero lo digo: yo voté por La Oveja Negra. Otra elección que pierdo.

jueves, 26 de marzo de 2009

Guadalajara 2009/Día siete


Epílogo (México, 2009), cortometraje de 16 minutos de Carlos Correa, tiene la ventaja de contar como protagonista a Don Germán Robles y nada más. Un vendedor de libros de viejo (Don Germán) tiene que adaptarse a una nueva después de que el dueño cierra la librería donde él había trabajado durante decenas de años. Un desperdicio de presencia actoral.


El Regalo (México, 2008), corto de 5 minutos de Stuart Escobedo Altman, no es mucho mejor. Es un mal chistorete sobre un trío de migrantes que quieren cruzar la frontera y para ello idean una "piñata de troya" con el fin de engañar a los crédulos gringos. Se...


No creo que haya mucha competencia para darle el Mayahuel por Mejor Actor a Damián Alcázar por su carismático comandante corrupto de Bala Mordida (México, 2009), dirigida por Diego Muñoz Vega. La cinta es, en el mejor sentido del término extenuante: estamos ante un infinito e inevitable remolino de corruptelas en algún sector policial de la Ciudad de México, en donde el jefe (Alcázar) y sus achichincles (Miguel Rodarte, Dagoberto Gama, Gustavo Sánchez Parra) compiten a ver quién se clava más lana. La cinta tiene un inicio relativamente flojo, pero su segunda hora es un laberinto de transas, crímenes, engaños y corrupciones, que uno agradece cuando la cinta termina. Alcázar encarna con fuerza, convencimiento y determinación, un auténtico monstruo muy mexicano. Digno rival del Harvey Keitel de Bad Lieutenant (Ferrara, 1992). Habrá que escribir más de esta película cuando se estrene comercialmente.


De la que no hay mucho qué decir es del churrazo fuera de concurso Euforia (México, 2009), tercer largometraje de Alfonso Corona. O, bueno, sí hay de qué escribir, pues la cantidad de tonterías y barbaridades que anoté en mi libreta llenaron un par de hojas. Pero no tengo tiempo: esperemos cuando se estrene. Sólo basta señalar que la trama está centrada en un rockero fracasado (Humberto Zurita) que se quedó estancado en los 60 y que se encuentra con una jovencita (Ana Serradilla) que le hará, supuestamente, cambiar su vida. Una primera incongruencia: se supone que Zurita fue el vocalista de una banda rockera sesentera influida por The Doors y The Rolling Stones, pero el personaje tiene 46 años de edad. O sea, nació en 1963. ¿Qué, la banda era de pre-escolares? La película es tan torpe y pretenciosa que termina en la rampante autoparodia.


En contraste, Rehje (México, 2009), largometraje documental de Anaïs Huerta y Raúl Cuesta, trata de forma seria y comedida la historia de una mujer mazahua, Antonia, que ha vivido trabajando los últimos 40 años en la Ciudad de México. Cierto fin de semana Antonia regresa a su comunidad en el Estado de México para constatar las dificiles condiciones en las que viven su hermano, su madre, su tía, en especial por la sequía (rehje en mazahua) que está asolando la región. Se agradece que el filme dure poco más de una hora, porque se trata de una obra más bien elemental, por más que haya sido realizada, uno entiende, con las mejores intenciones del mundo.


Algo similar se puede apuntar sobre El Viaje del Cometa (México, 2009), primer largometraje documental de Ivonne Fuentes Mendoza. En 86 minutos, la cineasta nos muestra los heroicos afanes de un par de maestros jubilados -él, de ascendencia zapoteca- por llevar la divulgación de la astronomía a las poblaciones más modestas de la Baja California y Sonora a través de un camioncito bautizado, precisamente, como El Cometa. Un aplauso a esa extraordinaria labor educativa. Lo malo es que el filme no es particularmente interesante.


En cuanto al corto español de 20 minutos Hace Tiempo Pasó un Forastero (España, 2008), del prolífico cortometrajista José Carrasco, tiene la ventaja de un consistente juego narrativo entre pasado y presente que se juntan, confunden y fusionan. En un pueblito español, un par de policías platican sobre un hecho que acaba de suceder hace poco (¿o hace mucho?): después de que un tipo humillara brutalmente a su pequeño hijo en la plaza del pueblo, un desconocido llega para poner las cosas en orden. La película está realizad con seguridad por Carrasco, quien ha dirigido la friolera de nueve cortos desde 2005.


La mejor cinta de esta lista -y una de las mejores del festival- fue La Nana (Chile, 2009), segundo largometraje de Sebastián Silva. Este filme, que participa en la sección competitiva iberoamericana, muestra la inabarcable complejidad humana/afectiva/emocional que se desarrolla en el seno de una familia acomodada que tiene a la nana del título, Raquel (Catalina Saavedra), como un miembro más de la propia familia. Raquel tiene 20 años viviendo con sus patrones, ha criado a los cuatro hijos de ellos, pero no es ninguna perita en dulce. Introvertida, terca, dificil, vengativa, pero también generosa, trabajadora, sacrificada... La relación entre ella, la familia para la que trabaja y vive, y las respectivas criadas que llegan a ayudarle a Raquel con el quehacer, serán el centro dramático de esta brillante e inteligente película. Como he visto muy poco de la sección iberoamericana, no podría augurar nada, pero no creo que La Nana se regrese a Chile con las manos vacías.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Guadalajara 2009/Día seis


Tema similar, resultados muy distintos. El Ciruelo (Mexico, 2008), largometraje documental de Emiliano Altuna y Carlos Rossini, trata de las repercusiones que tiene la construcción de una presa -en concreto, "El Cajón"- en los habitantes de El Ciruelo, Nayarit, quienes tienen que abandonar sus casas y terrenos que están a punto de ser inundados. De algo parecido trata la docu-ficción Remontando el Yangtzé (Chang, 2007), acerca de la construcción de la monumental Presa de las Tres Gargantas. Por desgracia, aquí se acaban las comparaciones entre estos dos filmes: la cinta de Altuna y Rossini no pasa de ser un correcto acercamiento a los testimonios de los habitantes de ese pueblito que con molestia y resignación han dejado todo su patrimonio, su memoria y sus muertitos, para irse a vivir a los cerros, pues la planicie ha sido inundada. Una película pequeña, modesta, sin mayores ambiciones ni mayores logros.

De todas formas es abismalmente mejor que Autonomía Zapatista: Otro Mundo es Posible (México, 2008), de Juan E. García Gutiérrez. Estamos ante una suerte de mezcla de informe de gobierno de los MAREZ (Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas) con vídeo institucional del EZLN. Fechas y datos bien conocidos, voces de los varios comandantes y de cierto célebre subcomandante, testimonios de las bases de apoyo y afirmaciones maravillosas como esta: "en las comunidades sigue habiendo violaciones a los Derechos Humanos, pero no en los municipios autónomos". Órale: como en Suiza. Abrumado por ese paraíso terrenal, me salí a la mitad de la película. Mi segundo walkout de Guadalajara 2009.

Cuando tuve tentación de salirme de El Quinto Mandamiento (México, 2009) ya era demasiado tarde: la película -presentada fuera de concurso- estaba finalizando. El segundo largometraje de Rafa Lara (La Milagrosa, 2008) tiene un prólogo sensacional y una factura artesanalmente correcta. Por lo demás, abundan los clichés: secuencia de créditos a la Saw (Wan, 2004), un asesino serial suelto con obsesiones bíblicas a lo Se7en (Fincher, 1995), un policía obsesivo y alcohólico en su persecución, una heroína que se salva de ser asesinada porque es seriecita y recatada, etcétera. El asesino (efectivo Guillermo Iván) es producto de la estricta educación religiosa de su fanática madre reprimida (Angélica Aragón) y de la violación de un sacerdote pederasta (Ernesto Gómez Cruz, impecable). Por lo mismo, no sólo merece la conmiseración del cineasta/guionista Lara sino que termina convertido, en una torcida vuelta de tuerca ética, en una especie de crístico vengador/redentor al que habría, casi casi, que aplaudir, aunque en el camino haya matado a doce muchachas que ni la debían ni la temían. Quien les manda -lo dice el forense- llevar "vestimenta sexy o provocativa".

El Enemigo (Venezuela, 2008), de Luis Alberto Lamata, es una de las pocas cintas iberoamericanas en concurso que he visto. Y, sin ser nada del otro mundo, resultó mejor que buena parte de la ficción mexicana que he revisado. En las primeras escenas de esta película, la aplicada estudiante de Derecho Elisa (Daniela Alvarado) defiende frente a sus compañeros de clase la idea de que la pena de muerte no sólo es inútil sino que va contra la dignidad humana. “En una guerra moral”, dice Elisa, “si actúas como el enemigo, eres el enemigo”.

Sobre una didáctica obra de teatro acerca de la violencia, la venganza, la culpa y la redención, Lamata entrega un filme compulsivamente visible, por más que algunas actuaciones no sean tan convincentes y su factura no pase de un funcionalismo apenas discreto. Al final de cuentas, la película le pertenece a Lourdes Varela y a Elva Escobar, las madres de una muchacha y un muchacho, respectivamente, que son víctimas de la violencia y la venganza. El monólogo de Escobar (“¿Qué soy yo si no soy madre?”) es genuinamente electrizante.

El que aburre, con todo y que apenas dura 14 minutos, es el cortometraje Mujer Atrapada en Habitación con Tormenta (México, 2008), de Ianis Guerrero. Un escritor agonizante se refugia en su ficción, en su imaginación, mientras muere entre intensos dolores. Pretensión y vacuidad.

Y, por fin, llegó la que podría ser la ganadora del Mayahuel en la floja sección mexicana de ficción: Oveja Negra (2009), opera prima de Humberto Hinojosa Ozcariz. El joven cineasta debutante Hinojosa conoce bien y usa mejor los personajes y las situaciones del cine populachero clásico mexicano y logra adaptarlos a la perfección al México de hoy: un rancho ovejero en algún lugar del norte del país, el huérfano recogido por el rudo patrón y criado por el sacerdote del lugar, la rivalidad inevitable del huérfano con el abusivo hijo del patrón, el amigo chistoso y respondón (ecos de Mantequilla), el padre regañón y picaresco (ecos de Carlos Orellana)... La historia, sencilla pero no mal tramada, gira alrededor del citado huérfano, un hosco y resentido muchacho que, hastiado de tantos malos tratos, decide vengarse. Volveremos a ella, in extenso, cuando se estrene comercialmente.


Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LXXVII

CARTELERA AL 20 DE MARZO


No sólo de pan o festivales vive el hombre. El fin de semana pasado se estrenaron algunas películas en la cartelera comercial. Como sigue:

En Brujas (In Bruges, EU-GB, 2008), de Martin McDonagh. La opera prima del dramaturgo inglés Martin McDonagh es una violenta comedia de pareja/dispareja a ritmo de thriller en la que dos matones (Colin Farrell y Brendan Gleeson) son enviados a la ciudad belga de Brujas como una especie de castigo por haberla regado en cierto trabajito. Aunque, en realidad, van a otra cosa muy diferente. Y allá serán alcanzados por su implacable jefe Ralph Fiennes. En cuanto salga de Guadalajara, la reseña. Ya está escrita, de hecho.

El Casamiento de Raquel (Rachel Getting Married, EU, 2008), de Jonathan Demme. Con una clara influencia del maestro Altman, el versátil Demme acomete aquí una comedia melodramática sobre las dinámicas emocionales que vive una familia cuya una de las hijas (Rosemarie DeWitt) se va a casar. A la boda llega la hermana y oveja negra de la familia (Anne Hathaway), una adicta que acaba de salir de la clínica de rehabilitación. La película es como una auténtica boda familiar: uno está feliz mientras está en la pachanga, pero más feliz cuando termina. Mi reseña, en REFORMA.

La Soledad (España, 2007), de Jaime Rosales. Sobre esta cinta ya escribí in extenso aquí. También hay una mini-reseña mía en REFORMA.

martes, 24 de marzo de 2009

Guadalajara 2009/Día cinco


La mejor película mexicana de ficción que he visto hasta el momento ha sido exhibida fuera de concurso. Se trata de la multipremiada Los Bastardos (México-Francia-EU, 2008), segundo largometraje de Amat Escalante (Sangre, 2005). Dos trabajadores migrantes mexicanos en Los Ángeles chambean en lo que sea: haciendo hoyos, limpiando terrenos, colocando cimientos... Después de hacer un trabajito a 10 dólares la hora, pasan a otro que, seguramente, les dará más dinero. No quiero decir más sobre la cinta: baste decir que la estudiada morosidad de la primera parte se compensa con la intensidad y relampagueante violencia de la segunda. A primera vista, un mero ejercicio de estilo hanekeniano. En realidad, mucho más que eso.

Ya en el terreno del concurso, en la sección documental, vi la única película que podría quitarle el Mayahuel a Los que se Quedan (Rulfo y Hagerman, 2008). Se trata de Los Herederos (México, 2008), segundo largometraje de Eugenio Polgovsky (Trópico de Cáncer, 2004). Sin narración en off, sin letreros explicativos, sin moralina ni chantaje, sin denuncia ni militancia, Polgovsky muestra, a lo largo de 90 minutos, lo que hacen varios niños que trabajan en los campos, en las montañas, en los llanos, en los valles, de Sinaloa, Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Puebla, Nayarit... Al ver lo que hacen estos escuincles desde que amanece hasta que cae el Sol(recogen tomate, pepino o chile, se levantan en la madrugada a darle de comer a los animales, se abren un dedo al trabajar con un afilado cuchillo, cortan caña a machetazo limpio...), me pregunto: ¿cuánto de lo que hacen esos niños podríamos soportar nosotros, los clasemedieros que estamos sentados frente a la pantalla de cine? Y, al final, esos mismos niños todavía tienen energía para jugar, en un camino pedregoso, a las guerritas con sus perjudidas camisetas convertidas en látigo.

Frente a una obra como la de Polgovsky, el cortometraje de 12 minutos Ana Glamour (México, 2008), sobre una prostituta que regresa al circo en donde fue criada para vengarse, parece más inútil de lo que realmente es. Ni como ejercicio de estilo de algo -de lo que sea- funciona.

En contraste, Caja Negra (México, 2008), opera prima de Ariel Gordon, funciona muy bien en sus primeros minutos, cuando vemos el cadáver de un desconocido yacer en la cama de un hospital. El narrador irónico y ominiscente (voz en off de Fernando Becerril) nos cuenta rápidamente su historia y lo que vemos en pantalla, a través de la animación de In My House Animation y las fotosecuencias del propio Ariel Gordon, provoca entusiasmo: ¿estaremos, finalmente, ante la gran película mexicana de ficción de Guadalajara 2009? No, no lo creo. Después de ese largo pero brillante prólogo, la cinta pierde terreno, por más que la premisa -un organizador de cierta asociación secreta (¿el Yunque?) prepara a un padre de familia desahuaciado para que asesine a cierto excandidato presidencial un 2 de julio de 2007- no deja de ser interesante. Aunque debo decir que en esta apreciación estuve solo: a la salida del cine, en el típico cafecito con varios de mis colegas, a todos les gustó en mayor o en menor grado. Total: no sería la primera vez que el equivocado soy yo.

En la que sí hubo consenso fue en esa aburrición pretenciosa que es El Árbol (México, 2009), opera prima de Carlos Serrano Azcona, protegido de -nada menos- Carlos Reygadas y Jaime Rosales. En alguna ciudad de España, seguimos a un tipo separado cuya mujer no le deja ver a sus hijos. No culpo a la nunca vista esposa: el tipo pierde el empleo, se droga a plena luz del día, duerme en la calle, toma alcohol en una banca hasta que se queda jetón... La cámara lo sigue durante interminables tracking-shots hasta que termina en un puente, queriendo terminar con su miseria -y la de nosotros, de pasada. Un cura le grita: "¡Qué vas a hacer desgracio!". Una colegialas aparecen de la nada. El cura les ordena cantar para que el tipo no salte. Uno desea que las niñas se revienten con la Macarena o el Aserejé, aunque sea para despertar al respetable, pero se sueltan con otra cosa, en latin. Pantalla a negros. Fin. Bendito sea Dios.

lunes, 23 de marzo de 2009

Guadalajara 2009/Día cuatro


El General (México-EU, 2009), segundo largometraje documental de la cineasta de origen sinaloense Natalia Almada (Al Otro Lado, 2006), terminó siendo una leve decepción. Por su notable opera prima y por el tema que este documental trata, yo esperaba mucho más del filme. No está nada mal y nunca deja de ser interesante, pero queda la sensación que Almada no pudo nunca hacer embonar el análisis de la figura familiar e histórica del General Plutarco Elías Calles -bisabuelo de la señorita Almada- con el México del presente. La puerta de entrada al filme son una serie de audios que grabó la abuela de Almada e hija de Calles, Alicia, en junio de 1978. La idea de la mujer, fallecida en 1989, era escribir una biografía personal de su padre, algo que nunca hizo. Veinte años después, su nieta escucha los testimonios de esa muy articulada señora que puede ser elusiva y vaga cuando le conviene. La voz narrativa de Almada contrapuntea los audios de Doña Alicia, mientras en la pantalla vemos imágenes públicas y privadas del General Calles, el político y el hombre de familia. Al mismo tiempo, la cineasta entrevista a gente común sobre su situación, su forma de vida, sus trabajos, sus tradiciones. En algún momento, Natalia Almada se pregunta, con diáfana sinceridad, si su bisabuelo fue uno de esos "parásitos" -o sea uno de esos políticos- que todo mexicano bien nacido odia a muerte. Se agradece la voluntad personal de sacudir dudas familiares en público, el buen humor a flor de piel durante toda la cinta y el irrebatible ingenio del montaje. Sin embargo, insisto, la impresión es que Almada no quiso -o no pudo- penetrar más en la personalidad de su bisabuelo. Pero, bueno, no debe ser fácil ser bisnieta de uno de los creadores del sistema político mexicano.

En 1956 (México, 2008), corto de 20 minutos de Joseph Hensami, un detective privado sigue a una bellísima mujer por órdenes de su celoso marido. El título señala la fecha en la que está ambientada esta historia que le debe demasiado a esa obrita maestra de Wong Kar-wai The Follow (2001). La película está correctamente realizada y la producción, para tratarse de un cortometraje, es impecable.

Otro cortito razonablemente bien hecho pero también inocultablemente derivativo es Buenas Intenciones (México, 2008), de Iván Lomelí. El cortometraje de 18 minutos está dividido -y numerado- en doce segmentos que muestran el torbellino en el que se mete un pobre muchacho cuando acepta tomar la pistola inservible de un amigo. Su mala suerte parece cósmica y el desenlace nos remite al memorable corto anticlerical Barbacoa de Chivo de la cinta colectiva Cero y Van Cuatro (2004).

Lo mejor del día llegó, contra todos mis pronósticos, con Crónicas Chilangas (México, 2008), opera prima de Carlos Enderle. La película tiene un inicio flojo y no carece de una que otra laguna lógica pero, hasta el momento, es la mejor y más redonda cinta mexicana de ficción que he visto. Estamos ante una ágil película de género -mezcla de thriller y comedia urbana- que cruza los destinos de un joven delincuente paranoico que cree en los extraterrestre, una gordaza fanática de la pornografía y un anciano jubilado con una hipoteca imposible de pagar y una hija enferma postrada en la cama. El fallido auto-secuestro de un junior hará que todos estos personajes se encuentren, con resultados más o menos previsibles pero, eso sí, nunca aburridos. Para decirlo de otra forma: si hubiera pagado 60 pesos por ver esta película, no me hubiera sentido estafado. El debutante Enderle sabe contar historias y lo hace de forma genuinamente divertida. Usted dirá que no exigo mucho, pero ya sabe: este su blog conformista y de confianza.

En cuanto a Marea de Arena (México-Argentina, 2008), tardío segundo largometraje del exdirector del Centro de Capacitación Cinematográfica Gustavo Montiel, sólo un par de cosas. Aunque se nota que tasajearon la película -su edición es, por lo menos, errática-, la puesta en imágenes es, en contraste, muy buena. Por desgracia, no hay otra cosa positiva que decir de la cinta: la trama tarda muchísimo en iniciar y cuando empieza a desarrollarse, no logra capturar el mínimo interés, ni siquiera cuando empiezan a aparecer cadáveres (nomás dos, en realidad), acaso con la noble intención de despertar al respetable. La histora está centrada en un obsesivo fotógrafo argentino que vive en las costas de la Patagonia. El tipo se acaba de separar de su bella mujer mexicana y hará todo lo posible para que ella no lo abandone ni se lleve a su adorado hijito. Ajummm.

No me dormí, pero podría haberlo hecho. Me refiero a Venado (México, 2008), largometraje documental de Pablo Fulgueira sobre un grupo de chamanes huicholes que recorren miles de kilómetros en el centro de México. Los indígenas (brujos, cantadores, curanderos) caminan, bromean, recogen peyote y siguen una fiesta que parece interminable. Fuera del retrato etnográfico, que en sí mismo puede ser valioso para los estudiantes de antropología, no parece haber otra intención en la película del señor Fulgueira. Cuando había transcurrido la mitad de la cinta, decidí salirme. Mi primer -y espero que único- walkout del Festival.

domingo, 22 de marzo de 2009

Guadalajara 2009/Día tres


En el prólogo del cortometraje de 20 minutos de Sombras del Cielo (México, 2008), de Victor Velázquez, vemos el sueño dorado de algunos: Don Jorge Ayala Blanco saca de un buró un arma cubierta de púas y se apunta hacia su sien. El arma no tiene balas, así que la fantasía de los detractores de JAB se va al caño: tenemos Ayala Blanco para rato. Antes del numerito del arma, Don Jorge había disparado a un enorme ave negra que, al caer, se transforma en mujer. La mujer/cuervo, completamente desnuda es "adoptada" por un tipo solitario y luego por una prostituta, que la ve como la hija (¿o como la amante?) que nunca tuvo. El corto fantástico está correctamente realizado y la puesta en imágenes es muy cuidadosa. Nada más.

No hay tanto cuidado en Amor en Fin (México, 2008), disparejísimo segundo largometraje de Salvador Aguirre (De Ida y Vuelta/2000). Estamos ante tres historias de amor el fin de semana antes de las traumáticas elecciones presidenciales del 2006. Por lo mismo, a lo largo de la cinta, Aguirre nos agobia con los spots del Presidente del Empleo, con la campaña del miedo del Consejo Coordinador Empresarial, con los afiches de Andrés Manuel por todas partes y su voz inundando la pantalla, con las banderas del PAN que son cargadas por algunos de los personajes y hasta con la meliflua voz corleonesca de Roberto Madrazo... Digamos que todo lo anterior tiene sentido: se trata, se supone, de una elección crucial en la historia del país, pero los mexicanos de esta película están interesados en cualquier cosa menos en la política y sus candidatos. Eso sí: también es el fin de semana de la derrota mexicana ante Argentina en el Mundial del 2006 y el sentimiento de fracaso lo comparten, por igual, pobres y ricos.

La cinta, decía, tiene en su centro tres historias de amor: la de una frustrada ama de casa (reaparecida Amalia de Barraza) con su vecino músico y alcohólico (Juan Carlos Barreto); la de una jovencita (Lilia Mendoza) que vende jugos a la salida del metro con un muchachito que pertenece a un grupo de vendedores ambulantes contrarios a los de la familia de ella; y un polígono sexual en el que participan un ñaca-ñaquesco publicista panista (Daniel Giménez Cacho, impecable como de costumbre), su mujer española (Sophie Gómez), un arribista empleado (Luis Ernesto Franco) y la novia de este último (Paola Núñez, sobreactuando su papel de femme-fatale). En ese fin de semana hay, pues, de todo: guerras entre vendedores ambulantes priístas y perredistas (¿o eran perredistas y perredistas?) por las calles de la ciudad de México, el descubrimiento de un embarazo y un previsible aborto, el cierre de campaña del PAN, el amarre de la elección del 2 de julio (Giménez Cacho le confía a todos que ya está decidida la Presidencia, porque este país "nunca cambia") y, en medio de todo ello, una historia de amor al estilo Romeo y Julieta, otra historia de amor al estilo Un Día Muy Especial (Scola, 1977) y un perversote ménage-à-quatre que terminará en distintas formas de humillación para las dos parejas. Una cinta esquemática y obvia, sin duda alguna, pero realizada con cierto oficio que se agradece.

En cuanto al corto de 13 minutos Se Jodió la Navidad (México, 2009), de Carlos Lian, un boxeador (Jorge "el Travieso" Arce, nada menos) que acaba de ganar el campeonato mundial, llega a su casa en pleno 24 de diciembre para celebrar su triunfo... ¿o no? El ejercicio es simpático y párele de contar.

En contraste, en El Último Golpe (México, 2008), cortometraje de 12 minutos de Leopoldo Aguilar Guerrero, la ejecución técnica de la trama es notable. En un solo plano de secuencia, dos sicarios -uno de origen cubano, otro sinaloense- platican enmedio de la nada mientra uno se fuma un cigarrillo y otro se toma una cerveza. La trama es previsible y está telegrafiada desde el inicio, pero el plano secuencia está realizado a la perfección y los dos actores (Guillermo Esquivias y Daniel González) interpretan con justicia sus personajes respectivos.

Los actores son el problema menor de Otro Tipo de Música (México, 2008), opera prima del tapatío José Gutiérrez Razura. El asunto es que la historia que cuenta no es particularmente interesante: el destino de dos parejas, una joven, una madura, se entrecruzan en el Guadalajara contemporáneo. Un exrestaurantero metido a escritor trata de encontrar a una cantante olvidada mientras la mujer con la que vive -él, no la cantante, but of course- quiere comprar una casa, establecerse, casarse... Un vecino de esta mujer, un joven universitario a punto de egresar, se encuentra con una jovencita espontánea y mitómana que desea irse a Canadá. El muchacho parece interesado tanto en la muchacha como en la mujer, mientras el otro tipo busca a la susodicha cantante, que resultará una doña briaga de pésimos modales. Si el filme tiene una virtud es su modestia, su medianía... Y ni siquiera en esto funciona por completo.

El protagonista del documental El Informe Toledo (México, 2008), de Albino Álvarez G, es, a su modo, también bastante modesto. Aunque a veces también es contradictorio. E inarticulado. Pero muy sincero. Y ferozmente autocrítico. Se trata, por supuesto, del gran artista plástico juchiteco Francisco Toledo. En 85 minutos, Álvarez nos entrega un fascinante retrato del pintor, grabador, artesano, escultor, pero también de la figura pública: el militante, el organizador, el político, el declarante... El pretexto es la serie de grabados de monos que Toledo realizó basándose en el cuento de Franz Kafka Un Informe para una Academia, en la que un mono que aprendió a convivir, hablar e interactuar con humanos, se presenta frente a una Academia para explicar su vida. El filme incluye varias entrevistas con críticos, historiadores, amigos, colegas e intelectuales -para variar, no falta Monsiváis: ¿qué sería del documental mexicano sin Monsi?- y, por supuesto, una serie de confesiones/reflexiones de Toledo sobre sí mismo, su obra, su encuentro con Tamayo, sus posiciones políticas y hasta su (dizque) holgazanería. La cinta incluye espléndidas animaciones basadas en la obra de Toledo, realizadas por Álvaro Verduzco y Raúl Luna.

Al final del día llegó el primer gran largometraje mexicano de Guadalajara 2009. Y, para variar, se trata de otro documental: Los que se Quedan (México, 2008), tercer largo del infalible Juan Carlos Rulfo (Del Olvido al No Me Acuerdo/1999, En el Hoyo/2006), esta vez codirigiendo con Carlos Hagerman. Estamos ante un conmovedor pero nunca chantajista retrato de las huellas emocionales de la migración hacia los Estados Unidos. Los dos Carlos recorren parte de México, de Puebla a Yucatán, de Zacatecas a Chiapas, de Michoacán a Jalisco, y, gracias a ellos, conocemos cómo viven, cómo ríen, cómo sufren, cómo sueñan, cómo lloran, un puñado de mexicanos que tiene gente -hermanos, maridos, hijos, padres- en el otro lado. Rulfo y Hagerman recogen los testimonios de los que se quedaron aquí, de los que estuvieron allá pero se regresaron, de los que nunca se han ido, de los que van para allá a encontarse con su ser querido. Como de costumbre en Rulfo, el virtuosismo formal de la puesta en imágenes y su imaginativo montaje (¡esa secuencia con la música de la danza de los viejitos!) no se pelean con esa visión profundamente humana que tiene el cineasta de las personas que entrevista. No tengo la menor idea de que cómo sea Rulfo en su vida personal, pero en su cine se muestra como el más generoso de los cineastas mexicanos contemporáneos. Una obra mayor que, hasta donde he visto, no tiene mayor competencia en la sección competitiva documental. He aquí a la probable ganadora.

sábado, 21 de marzo de 2009

Guadalajara 2009/Día dos


El día dos en Guadalajara 2009 empezó con el mejor cine que vi durante toda la jornada. Se trata del cortometraje animado cuadro por cuadro con marionetas Jaulas (México, 2009), de Juan José Medina. En cinco minutos de duración, el artista plástico y ocasional cineasta Medina narra la surreal historia de un anciano que lleva prisioneras, en las pequeñas jaulas del título, a media docena de cabezas aladas que los créditos finales identifican como querubines. Una circunstancia fortuita hará que uno de estos seres escape, lo que provocará que las relaciones de poder cambien por completo. La historia es dificil de olvidar y sólo podría haberse realizado en forma animada. La técnica, por cierto, es impresionante. No he visto la mayoría de los cortos mexicanos pero no creo que haya algo mejor.

No lo es, en todo caso, el siguiente corto que vi, Nebraska (México, 2009), de Adrián Ortiz Maciel. En 30 minutos vemos un recalentado rulfiano decentemente realizado y no mal tramado, pero nada más. En un solitario pueblo polvoriento, una madre espera paciente el regreso del hijo pródigo que se fue a trabajar al otro lado, a la Nebraska del título. El muchacho regresará, sólo para develar algunos misterios (un embarazo, una desaparición) y para hacer más fuertes los lazos entre él, su callado hermano y su dura madre enteca.

Finalmente, el plato fuerte de la mañana: Corazón del Tiempo (México-España, 2008), quinto largometraje de Alberto Cortés quien, aunque es mejor conocido por sus historias de amores y desamores urbanos (Amor a la Vuelta de la Esquina/1985, Ciudad de Ciegos/1991), tiene una larguísima y prolífica trayectoria documental en el terreno del corto y mediometraje. Por lo mismo, Corazón del Tiempo no es una película tan atípica como podría parecer en un inicio.

Ubicada en la selva lacandona, en el municipio autónomo zapatista de Esperanza de San Pedro, la trama escrita por el propio cineasta y Hermann Bellinghausen, nos muestra las tribulaciones de la joven indígena Sonia (guapa Rocío Barrios) que, a punto de casarse con un buen muchacho del lugar, se enamora de un soldado zapatista. El problema es que la familia del novio de Sonia ya dio la dote -una vaca perjuiciosa- y que el soldado empieza a relajar sus obligaciones y su disciplina por ir a noviar con la muchacha.

La cinta me provocó reacciones encontradas. Por un lado, compré sin objeciones el lirismo puro, ingenuo, juguetón, de la historia amorosa de los dos muchachos. La música que escuchamos, por ejemplo, comenta y subraya la acción de una forma tan clásica y directa que nomás falta que alguien se suelte bailando y cantando, como en una película musical. Por el otro, sin embargo, el amateurismo de los actores -todos ellos son no profesionales- hace que el filme sea muy disparejo. Mientras que la señorita Barrios domina sin problemas la pantalla, muchos de los que la rodean no cumplen tan bien con ese cometido. No ayuda tampoco que algunos de los diálogos sean demasiado didácticos. Y una última objeción: Sonia no está de acuerdo con las tradiciones, desafía a sus mayores al romper el compromiso matrimonial y tampoco parece dispuesta a correr la misma suerte de su adorado miliciano zapatista, pues si se quiere casar con él tiene que seguirlo, como lo dictan las reglas de la lucha armada. Es decir, debe ir tras él, cual María Félix chiapaneca detrás de su Pedro Armendáriz zapatista. La bronca es que toda la sana rebeldía de Sonia acaba aquí: desafía las pedorras tradiciones añejas de su pueblo pero, al final, dobla las manos y se va de miliciana. Dicho de otra manera: Sonia cambia unas tradiciones por otras. La rebeldía, pues, tiene límites.

Y hablando de límites. El relativo fracaso del documental El Milagro del Papa (México, 2009), primer largometraje de José Luis Valle, puede atribuirse a que el cineasta y sus colaboradores no trazaron los límites debidos para acercarse a un tema realmente interesante. En 1990, en su visita a Zacatecas, Juan Pablo II beso la frente y tocó la cabeza de un niño enfermo de leucemia. El escuincle, milagrosamente, se recuperó, creció y ahora, 20 años después, es un hombrón aniñado, barbado, que vende chorizos y toma cerveza en cantidades industriales. La historia, en sí, es interesante -me recuerda aquel chiste de La Vida de Brian (Jones, 1979) del leproso malagradecido que le reprocha a Jesús que lo curara-, pero Valle se desvía del tema y su mirada transmite un insoportable aire de superioridad. Es claro, por lo que vemos en pantalla, que el caso del niño salvado no fue más que una mezcla de fervor religioso y oportunismo eclesiástico/político/económico. Pero no creo que sea de buen gusto burlarse de la fe y la simpleza de la gente. Y lo dice alguien que no es creyente ni cree en milagros.

Tenía que ser casi un milagro, por cierto, que La Teta Asustada (España-Perú, 2009), segundo largometraje de Claudia Llosa, fuera mejor que su notable opera prima Madeinusa (2006). Y no, el milagro no ocurrió. De todas formas, el filme ganador del Oso de Oro y el FIPRESCI en Berlín 2009 es un dolido y lírico acercamiento a las cicatrices de la guerra, la violencia, el oprobio. Fausta (Magaly Solier, la inolvidable Madeiunsa) nació de una madre que sufrió de "teta asustada". Es decir, como la señora fue violada en la época de la guerra sucia contra Sendero Luminoso, le transmitió el miedo a su hija a través de la leche materna. Fausta ha heredado ese mal y ha tomado medidas extremas para no ser violada, como su recién fallecida mamacita. El único refugio de Fausta es el canto: sólo a través de él puede huir, aplacar el dolor, encontrar consuelo.

En Viaje Redondo (México, 2009), tercer largometraje de Gerardo Tort (De la Calle/2001, La Guerrilla y la Esperanza/2005), sus dos protagonistas buscan también consuelo. O para ser precisos, buscan a un hombre. Y eso es lo que encuentran al final. Una naca cultora de belleza (Teresa Ruiz) y una artista plástica pirrurris (espléndida Cassandra Cianguerotti) se encuentran en la carretera rumbo a Saltillo, se confrontan, se unen, se desunen, se solidarizan, se dicen mentiras, se dicen verdades, se insultan, lloran, ríen, se desnudan (yommie)... El guión fue escrito por Marina Stavenhagen y Beatriz -hermana de María- Novaro, especialista en visibles road-movies femeninas. Y eso es, nada más, Viaje Redondo. Aunque eso de visible, la verdad, está a debate: la cinta fue exhibida en formato digital y se ve realmente muy mal. Chafa, para decirlo elegantemente.

La que se ve muy bien es Rabioso Sol, Rabioso Cielo (México, 2009), la muy discutida -¡y sin ser vista!- nueva película de Julián Hernández (Mil Nubes de Paz.../2003, El Cielo Dividido/2006). Hernández y sus colaboradores parecen incapaces de producir una imagen fea o malhechota: hay stills de esta cinta que podrían estar colgados en una galería (¡la mujer desnuda de perfil, con su imagen reflejada en el espejo!) y hay escenas que están ejecutadas con un desarmante virtuosismo (la vista, en top-shot, de la salida de entre los escombros de uno de los personajes). Pero, por lo demás, el filme aburre y en serio: durante las primeras dos horas de la cinta -su duración total es de 191 minutos-, varios homosexuales se encuentran y fornican, o se ven y fornican, o van al cine y fornican, o van al baño y fornican... Ah, y los que no fornican, se masturban. No tengo nada en contra de la fornicación -de hecho, debería estar prohibida para que fuera más popular- ni contra la masturbación -un hobbie como cualquier otro, diría Woody Allen-, pero como tema fílmico el asunto cansa si no vemos casi nada más durante más de tres horas.

Llegado el momento, los dos personajes centrales, Ryo y Kieri, se unen, provocando el enojo de un barbón sin nombre que secuestra a Ryo y se lo lleva a un escenario desértico y rocoso. A rescatar a su amado irá Kieri, apoyado por una bruja/diosa/ángel que, de hecho, en una de las secuencias iniciales de la película, ya le había anunciado a Ryo, después de una cópula pasada por lluvia, que algo importante le iba a suceder: "El amor será tu guía", le aconseja. La última hora de Rabioso Sol, Rabioso Cielo, se instala en terrenos alegóricos: el barbón carga a Ryo, vuela con él hacia las profundidades de una cueva y luego desaparece en una fogata, mientras Kieri sale de los escombros cenizos y cubierto con una suerte de escamas pedregosas. Al final, parece que todo fue un sueño del alguien (¿del barbón, de Kieri, que tienen la insana costumbre de meter la cabeza en un lavabo lleno de agua?), pero no es así: el logrado encuentro amoroso entre Ryo y Kieri forma parte del infinito duelo entre el bien y el mal, entra la vida y la muerte, entre el amor y el desamor, como sugiere el encuadre final.

En cierto momento, la bruja/diosa/ángel le dice a Kieri y luego a Ryo: "no tengas miedo, no estás solo". La realidad es que sí se quedaron casi solos. O nos quedamos, mejor dicho. A la función de público a la que asistí, cuando se prendieron las luces, la sala de cine estaba semivacía.

viernes, 20 de marzo de 2009

Guadalajara 2009/Día uno


Buena idea la de los organizadores de Guadalajara 2009: en las funciones de prensa, antes del largometraje en competencia, se exhibe un corto también de la sección competitiva. Así por lo menos los cortometrajes son vistos por alguien más que los cineastas, sus amigos, sus parientes y los jurados. A bote, pronto, unos apuntes:

En La Casa Invita (México, 2009), cortito de apenas 4 minutos de Misael García Rubio de Ycaza, una pareja de novios cena unos sabrosos y cebosos taquitos. El muchacho descubre el dedo de una mujer en uno de sus tacos, pero la consecuencia de ello es mucho peor... ¿o mejor? Un decente aunque previsible ejercicio de humor negro.

El largometraje que siguió, Voy a Explotar (México, 2008), tercer largometraje de Gerardo Naranjo (Malachance/2004, notable Drama/Mex/2006) es una especie de homenaje/saqueo godardiano en clave de historia de amor juvenil. Una pareja de adolescentes inadaptados -él fantasea en matar a todos sus maestros, ella desafía a quien se le ponga enfrente- huyen para esconderse... ¡en la azotea de la casa de él! Como desde el inicio aparecen no una sino varias armas, ya sabemos que en algún momento una de ellas se disparará y ocurrirá la fatal e inevitable tragedia. En lo personal, la cinta me perdió hacia la mitad: llegó un momento en que dejó de interesarme la suerte de ese par de chamacos destinados a arruinarse la vida nomás porque sí. Algo anda mal, de hecho, cuando el personaje más interesante de la película es el papá del muchacho, un descarado y corrupto político panista interpretado por Daniel Giménez Cacho.

Pero si Voy a Explotar fue una decepción, no sabía todavía lo que me esperaba: Naco es Chido (México, 2008) segundo largometraje de Sergio Arau, un falso -pero verdaderamente tedioso- documental sobre la reaparición de Botellita de Jerez. En efecto, Arau hace, qué originalidad, una película dentro de otra película: una productora convence a los casi sexagenarios "botellos" -el Uyuyuy, el Mastuerzo y el Cucurrucucú Paloma- que se reúnan y toquen juntos de nuevo en un concierto llamado "El Arrejunte". Las vicisitudes de la reunión, el compló que se organiza en contra de ellos -con participación internacional de Bin Laden y Bush, y nacional de Fox y Salinas- y un selecto grupo de cabezas parlantes (músicos, críticos, intelectuales et al) completan esta puntada que debió haber sido graciosa si hubiera durado 20 minutos. Con hora y media de relajo, imágenes pinchísimas y sonido sucio e inaudible, la película terminó convertida en una suerte de tortura. Eso sí: entre el desmadre, las canciones y los muchos albures, escuché de los "botellos" una frase célebre ("Dios no existe pero cómo estorba") y uno de más descriptivos insultos que he oído ("Nalgas de burro de planchar arrinconado").

El corto que acompañó a Naco es Chido fue Tío Facundo (México, 2008), de Alejandro Cochúa, de 27 minutos de duración, basado en el cuento homónimo de Isidoro Blaistein. Filmada en Cuba, he aquí la historia de cómo la sorpresiva llegada del tío Facundo del título acaba con el equilibrio de toda una familia. Con una espléndida banda sonora, un buen cuadro de actores y un perverso y provocador giro final, el filme se muestra como un logrado ejercicio -otro más- de humor negro.

El mejor largometraje de la jornada -de jornada, en todo caso- fue uno que ni siquiera tenía pensado ver. Traté de conseguir boleto para Reforma 18: Las Trampas del Poder (2009), documental mexicano de Néstor Sampieri, pero en la sala de prensa no tenían entradas para esa cinta. Sí tenían para El Diario de Agustín (Chile, 2008), que trata más o menos el mismo tema de Reforma 18...: la relación de la prensa con el poder político. La cinta de Sampieri está centrada en el cobarde golpe de mano echeverrista contra Excélsior, mientras que en El Diario... el tema es los perversos lazos de complicidad que trazó Agustín Edwards Eastman, el dueño del diario El Mercurio, con el régimen pinochetista. El Mercurio, el periódico más influyente y antiguo de Chile -de hecho, el más antiguo en lengua castellana- se convirtió, por convicción e interés de Edwards, no sólo en el adversario político de Allende -algo que, en todo caso, tenía todo el derecho de hacer- sino en un ariete antidemocrático para derrocar al gobierno legítimo. Más aún: cuando la Junta Militar tomó el poder con Pinochet a la cabeza, el diario no sólo se hizo de la vista gorda con las violaciones a los derechos humanos sino que, incluso, llegó a participar en montajes y propaganda creada por el gobierno, sea para negar las desapariciones políticas, sea para despretigiar a cualquier crítico del régimen criminal de Pinochet. En 2008, el Colegio de Periodistas de Chile pidió perdón al pueblo de ese país por los periodistas que fungieron como personeros de la dictadura durante los 17 años que ésta duró. El Mercurio, nos informa un nota final en la película, ha permanecido, hasta la fecha, en silencio. ¿Cuándo, en México, pedirán perdón esos medios y esos periodistas que no han hecho más que servir al amo en funciones? 

El Diario de Agustín tiene una posición, la argumenta y la defiende. Es cine militante, en el mejor sentido de la palabra. También lo es, aunque trata de parecer algo diferente, Chevolution (México, 2008), de Trisha Ziff, un documental que analiza el origen, evolución y desarrollo de la célebre foto del Che Guevara tomada por Alberto Korda en 1960. El filme nos muestra, con entrevistas, testimonios, fotos y películas de la época, las trayectorias paralelas del fotógrafo de moda convertido en fotógrafo del régimen castrista y la del médico argentino que devino guerrillero y que, después, se transformó en icono revolucionario, símbolo pop y playera bara-bara (llévela, llévela). Ziff le da voz a historiadores, fotógrafos, artistas, a la hija de Korda, al inevitable amigo de Guevara y hasta a Antonio Banderas y a Gael García (¿?) que aparecen ahí quién sabe por qué (bueno, Gael hizo del Che en Diarios de Motocicleta: ha de ser por eso). Lo más interesante de la cinta tiene que ver con la foto misma, cómo se tomó, su significado y su paradójica apropiación por el más ramplón consumismo capitalista. Y aunque Ziff le da espacio a alguno que otro detractor del Che (un articuladísimo muchacho cubano-americano, un iracundo viejito que tilda a Guevara de asesino), la verdad es que no hay duda alguna que la cineasta está con el Che hasta la muerte... digo, hasta la muelte, chico.

La Soledad


Un año después de haber sido presentada en el FICCO 2008 y de haber ganado tres estatuillas del Goya 2008 –Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor Revelación-, se exhibe comercialmente en la Ciudad de México La Soledad (España, 2007), segundo largometraje del catalán Jaime Rosales (Las Horas del Día, 2003).

A un año de distancia, no es difícil ver por qué se impuso en los Goya esta obra de Rosales al sólido pero derivativo filme de horror El Orfanato (Bayona, 2007): a diferencia de la película producida por Guillermo del Toro, en La Soledad es posible notar una voz distintiva y discutible. Rosales es un cineasta que toma riesgos y que es fiel a ellos hasta las últimas consecuencias narrativas/estilísticas. Acaso el resultado no sea perfecto, pero no queda muy lejos de serlo.

Dividida en cuatro episodios y un epílogo, la trama escrita por el propio cineasta en colaboración con Enric Rufas, muestra la historia de dos mujeres de distinta edad que llevan vidas paralelas en el Madrid contemporáneo. Antonia (espléndida Petra Martínez) es una viuda de edad madura que, aunque goza de la compañía de un hombre amable que ve por ella, tiene que lidiar con los egoísmos, problemas y preocupaciones que le provocan sus tres hijas. Por su parte, la joven madre divorciada Adela (Sonia Almarcha) deja su pueblito provinciano para llegar a Madrid con su hijito de 13 meses. Adela comparte un amplio e iluminado piso con la hija menor de Antonia, Inés (Miriam Correa) y este será el único punto concreto en el que se unirán estas dos historias que se van desarrollando simultáneamente.

Sin embargo, aunque puede resultar arbitrario el lazo que une las dos vías narrativas de la cinta, el consistente tono emocional del filme y su estudiada puesta en imágenes justifican sin mayor problema la arriesgada propuesta de Rosales. Durante buena parte de la película la pantalla se divide por la mitad y vemos la misma escena desde dos distintos encuadres, desde dos diferentes perspectivas. La elección de Rosales se antoja artificiosa –un poco al estilo de la tragicomedia romántica Conversando con la Otra (Canosa, 2005)- pero poco a poco uno se va dando cuenta que tiene una razón de ser.

De esta manera, en pocas ocasiones hay más de un personaje en el mismo encuadre, nunca se usa el tradicional campo/contracampo y cuando dos personajes conversan uno de ellos aparece hablando de frente en una parte de la pantalla, mientras en la otra mitad el otro personaje contesta, de perfil. La desorientación que provoca Rosales en el espectador es el mismo que viven las criaturas dramáticas de esta cinta, que pueden sobrevivir al cáncer o a un atentado terrorista sólo para seguir trabajando, sonriendo, acaso hasta bromeando… pero drenadas de toda fuerza de vida.

jueves, 19 de marzo de 2009

Guadalajara 2009: Tercera Toma


Ya me voy a Guadalajara. A partir de mañana, la cobertura de todo lo que pueda ver, dándole preferencia al cine mexicano, de ficción y documental. No llego a la ceremonia inaugural por cuestiones de horario aunque, para ser francos, no tiene mucho sentido ver una cinta que, de todas formas, se va a exhibir en 700 copias al día siguiente. Me refiero, por supuesto, a Otra Película de Huevos y un Pollo (2009), la secuela de ese taquillazo -142 millones de pesos, nada menos- llamado Una Película de Huevos (2006), de Rodolfo y Gabriel Rivapalacio.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Confesiones Verdaderas/XXIII


"Todo mundo cambia todo el tiempo. Yo espero haber cambiado. Si hubiera hecho ahora Obsesión Mortal/Play Misty for Me de seguro la hubiera arruinado porque yo tenía una mente distinta, con menos experiencia... Siempre me ha intrigado que gente como Wilder o Capra dejaron de dirigir a una edad tan temprana... Creo que estos años pueden ser los mejores de tu vida... siempre y cuando sigas cambiando. El mundo cambia continuamente y tú tienes que cambiar con él. Es cierto que hay cosas que no puedes hacer porque no tienes la misma energía de cuando tenías 20 años, pero hay otras cosas para las que tienes más energía ahora que antes" (Sight and Sound, septiembre 2008, p. 15).


Clint Eastwood, 79 años. Wilder se retiró a la primaveral edad de 75 años. Capra, de plano dejó de dirigir siendo casi un niño: tenía 64.

lunes, 16 de marzo de 2009

Los muchos libros, las muchas películas


En su habitual ensayo mensual en Letras Libres, el maestro Gabriel Zaid escribe sobre los éxitos literarios, la escritura, la fama, el talento... En un fragmento del ensayo, Zaíd apunta lo siguiente:


"Para conservar el apetito (de leer) lo mejor es callar cuando no se tiene nada que decir y dejar de leer a los que nada tienen que decir. Se ahorra mucho tiempo, y se conserva el ánimo de explorar, leyendo o escribiendo. Evitar lo trillado, lo que está bien pero nada más, produce una especie de vacío que despeja el horizonte y como que succiona hacia lo importante. Hay un vacío ruidoso y parlanchín que no deja hablar al silencio, y hay un vacío silencioso que puede desembocar en el milagro".


Si sustituimos (o mejor, agregamos) leer por ver cine, tenemos el mejor de los consejos: deja de ver la obra de cineastas que nada tienen que decir, ahorrar tiempo, conservar ánimo, evitar lo trillado, lo que está bien y nada más. Uno, como crítico de cine, está atado a la cartelera semanal. Hay que sobrellevar el sacrificio por el apostolado que seguimos (ajá) y por el cheque que cobramos. Y cuando se puede sacale la vuelta a lo que no vale la pena, hay que hacerlo. Demasiados libros, demasiadas películas, tan poco tiempo...

domingo, 15 de marzo de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LXXVI

CARTELERA COMERCIAL AL 13 DE MARZO


Sabor a Miel (The Secret Life of the Bees, EU, 2008), de Gina Prince-Bythewood. Otro derivado más del exitoso woman's film Magnolias de Acero (Ross, 1989), con el extra histórico/social de que la trama está ambientada en la Carolina del Sur de 1964, cuando el Presidente Johnson le dio fin, legalmente hablando, a la segregación racial. Por lo demás, las venturas y desventuras de la blanquita quinceañera Dakota Fanning, rodeada de negras de distintas personalidades (Queen Latifah, Jennifer Hudson, Sophie Okonedo, et al.), no pasa de ser una historia que debimos haber visto un domingo por la noche en el Hallmark Entertainment. Mi reseña en REFORMA.


Un Secreto (Un Secret, Francia, 2007), de Claude Miller. El más reciente filme del veterano Miller (Bajo Custodia/1988, Betty Fisher y otras Historias/2001, La Pequeña Lili/2003) está ambientada en tres épocas (los años 80, los 50-60 y los 30-40 del siglo pasado) y centrada en el secreto del título, que irá descubriendo un jovencito acerca de la vida de su papá (Patrick Bruel) y su mamá (despampanante Cécile de France) antes de que él naciera. Un inteligente filme sobre la memoria y la culpa dirigido de forma exquisitamente académica por monsieur Miller.


La Elegida (Elegy, EU, 2008), de Isabel Coixet. Un más que maduro profesor de literatura (Ben Kingsley, muy en su papel) tiene un affaire con una guapa estudiante cubana (Penélope Cruz) 30 años menor que él. Sobre una novela de Philip Roth que -shame on me- no he leído, el sexto largometraje de la catalana Coixet parece, al inicio, un serio ejercicio woodyallenesco (el hombre de letras cínico, mayor, solitario; su amigo/escudero que siempre está a su lado; su amante ocasional no tan juvenil; su jovencita amante/admiradora que espera algún compromiso de parte del viejo lobo) pero, hacia el desenlace, el filme termina siendo fiel a otras obras de la cineasta, como Mi Vida Sin Mí (2003) o La Vida Secreta de las Palabras (2005). A ver si puedo volver a esta película más tarde.


Desierto Adentro (México, 2008), de Rodrigo Plá. Estrenada comercialmente un año después de su exitosa presentación en Guadalajara 2008, Desierto Adentro trae consigo 11 nominaciones al Ariel 2009, sin haber sido tomada en cuenta como Mejor Película ni Plá como Mejor Director. Aunque, la verdad, fuera de los nominados, ¿a quién le interesa? En todo caso, el segundo largometraje de Plá -en realidad, el primero, pero La Zona (2007) se estrenó antes- es un valioso acercamiento al infierno del fanatismo religioso. La trama está ubicada en plena Guerra Cristera y los recursos de producción son de primer nivel. Mi primera impresión, cuando la vi en Guadalajara 2008, aquí.

sábado, 14 de marzo de 2009

Cine en televisión para el sábado 14 de marzo


Pollock (EU, 2000), de Ed Harris. Muy académica pero muy visible biopic sobre Jackson Pollock (1912-1956), el gran pintor expresionista-abstracto, máximo exponente del action painting y creador de la técnica automático-surrealista del dripping. Con una espléndida caracterización del propio Harris y basado en el libro "Jackson Pollock: An American Saga", de White Smith y Naifeh, estamos ante un serio filme biográfico que describe el ascenso al mundo -y al mercado- del arte de "Jack the Dripper", su compleja relación con su comprensiva esposa también artista Lee Krasner (la oscareada Marcia Gay Harden) y su difícil combate con el alcohol. Es de hacer notar la meticulosa investigación para realizar la cinta, así como la actuación de Harris, quien entrega una hipnótica y extenuante interpretación física. No sólo se parece a Pollock sino que pinta con el mismo brío, con la misma fiereza, con la misma intensidad.

Cinemax oeste, sábado 14, 19:55 horas.

viernes, 13 de marzo de 2009

Guadalajara 2009: Segunda Toma


He aquí la lista de las cintas mexicanas en competencia en Guadalajara 2009, que inicia la próxima semana. A partir del próximo viernes, la cobertura más completa posible. Hasta que el cuerpo y la paciencia aguanten:



Amor en un Fin, de Salvador Aguirre.

El Árbol, de Carlos Serrano Azcona.

Bala Mordida, de Carlos Muñoz.

Caja Negra, de Ariel Gordon.

Corazón del Tiempo, de Alberto Cortés.

Crónicas Chilangas, de Carlos Enderle.

Marea de Arena, de Gustavo Montiel Pagés.

Naco es Chido, de Sergio Arau.

Otro Tipo de Música, de José Gutiérrez Razura.

Oveja Negra, de Humberto Hinojosa Oscariz.

Rabioso Sol, Rabioso Cielo, de Julián Hernández.

La Última y Nos Vamos, de Eva López-Sánchez.

Viaje Redondo, de Gerardo Tort.

Voy a Explotar, de Gerardo Naranjo.

jueves, 12 de marzo de 2009

A los maestros, con cariño/XIX

FOTOGRAFÍA DE DAVID EISENBERG
ARTE DIGITAL: JOSÉ LUIS SANTANA


Para hacer eficaz, el discurso personal del crítico debe sacrificarse entre paréntesis, darse como algo implícito en el acto mismo de ver, y hundirse como un filo en el objeto de conocimiento, pero jamás dejar de ponerse en duda ni de cuestionarse a sí mismo sobre la marcha, hasta lo contradictorio y la autocorrección. Y por otra parte, debe reconocer que ningún discurso personal excluye a los demás, y que hay tantas posibilidades de críticas particulares como películas y críticos existen. El discurso de la crítica fílmica como espacio baldío e inagotable: ¿qué es lo propio de este filme?, ¿qué lo hace ser él mismo y no otro?...

El discurso de la crítica fílmica sólo cobra vigencia cuando se desborda dentro de los márgenes de su objeto de conocimiento, cuando hurga e ilumina los pliegues de otros discursos formales en evolución y metamorfosis constantes: el haz de los discursos cinematográficos permitidos aquí y ahora, a los que formula y atraviesa más acá de toda mitología.


Fragmentos de la introducción de Falaces Fenómenos Fílmicos: Algunos Discursos Cinematográficos a Fines de los 70 (Ed. Posada, 1988), de Jorge Ayala Blanco. Buen libro, aunque prefiero, de lejos, A Salto de Imágenes, el mejor libro de Ayala Blanco sobre cine internacional que ha escrito hasta el momento.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Para acabar con la crisis...

... necesitamos un gobierno serio que gaste el dinero responsablemente y en cosas importantes. Como, por ejemplo, en una actividad tan ingeniosa y trascendente como la que se retrata aquí.

martes, 10 de marzo de 2009

El cine que no vimos/XII


Nunca exhibida comercialmente en México, Wandâfuru Raifu (Japón, 1998), segundo largometraje de ficción de Hirokazu Koreeda (opera prima programada en la televisión cultural mexicana Maborosi/1995, obra maestra recién revisada en el FICCO 2009 Caminando Aún/2008), fue distribuida en Occidente con el título en inglés de After Life. Con ese nombre se encuentra en un modesto DVD de Región 1 (sonido estéreo, widescreen) que no ofrece mayores extras a no ser el trailer original y una interesante "declaración del director", que puede ser leída a través del menú del disco. Con ese nombre, After Life, también ha sido programada en la televisión cultural mexicana, en concreto, en el Canal 22 de CONACULTA.

En la citada "declaración del director" que puede leerse en el DVD, Koreeda confiesa que el origen de esta película surgió de dos vías encontradas: el recuerdo de su abuelo, que sufrió de Alzheimer en la última etapa de su vida; y del clásico de Lubitsch Heaven Can Wait (1943), en el que un recién fallecido Don Ameche tiene que convencer al mismísimo Satanás (Laird Cregar) de que merece entrar al infierno, un lugar que, le han dicho, es más recomendable que el aburrido cielo.

En Wandâfuru Raifu el escenario no es el infierno, sino el limbo. Y para Koreeda -autor también del guión- el limbo japonés está en un viejo edificio que pudo haber sido una escuela pública. Ahí, todas las semanas, llegan varias decenas de personas que han perdido la vida, van a una ventanilla, dicen su nombre y las mandan a una sala de espera. Unos minutos después, cada uno de ellos será asignado a un(a) entrevistador(a), cuya responsabilidad es que el recién llegado/fallecido elija un recuerdo con el que pueda irse de ahí. Cuando finalmente lo hacen -y tienen sólo una semana para hacerlo-, un equipo de entusiastas cineastas amateurs se encargará de plasmar ese recuerdo en celuloide. Después del rodaje, toda la memoria de los muertos se borrará. Y lo único que podrán llevarse a ese otro sitio -nunca se dice qué sitio es- será ese recuerdo convertido en película íntima, personal, pero confesada a estos pacientes y chambeadores burócratas.

Koreeda centra la trama en uno de estos trabajadores del limbo, Takashi Mochizuki (Arata), que tiene dificultades con un viejo ejecutivo, Ichiro Watanabe (Takethoshi Naito), que no puede elegir ningún recuerdo importante de su vida porque, afirma, su existencia no tuvo nada de extraordinario. Mochizuki es ayudado por una joven asistente, Shiori (Erika Oda), quien es obvio que siente algo más que admiración por su concentrado jefe inmediato.

Koreeda -un competente documentalista televisivo antes de pasar a la ficción- alterna capciosamente varios tipos de entrevistas con los "recién fallecidos": algunos de ellos son actores que interpretan profesionalmente sus respectivos personajes; otros son, en contraste, gente común y corriente que aceptó participar en la película con la premisa de contar frente a cámara qué recuerdo les gustaría guardar para toda la eternidad. Así, la ficción pensada por Koreeda -especialmente la referente a la "aburrida" vida de Watanabe y su matrimonio- se intercala con los deseos, pensamientos y recuerdos de personas "normales", que hablan de su infancia, de su vida matrimonial o de las hojas amarillentas de algún bosque perdido en la memoria.

Los recuerdos re-construidos por esta troupe de burócratas y cineastas son, en el mejor sentido del término, francamente naïves: exentas de sofisticación y esnobismos, las mini-películas en la que se recrean la realidad recordada son pequeños filmes hechos con tres pesos (bueno: tres yenes), llenos de ingenuidad, humor y amor. En el limbo japonés siempre falta presupuesto, pero la falta de recursos se suple con talento y entrega.

Por supuesto, Wandâfuru Raifu es, antes que nada y después de todo, una gozosa metáfora de la magia del cine y sus posibilidades. Por eso, al final, cuando el propio entrevistador Mochizuki elija su recuerdo -el castigo por no decidirse es trabajar de burócrata-, retomará no sólo una experiencia clave vivida en la tierra sino, también, la experiencia de cinco décadas en ese grisáceo limbo japonés. Sólo ahí, recogiendo y recreando los recuerdos de los demás, Mochizuki pudo saber que su vida no fue en vano. Que su vida fue valiosa. Como lo es, nos dice Koreeda, la de todos nosotros.

lunes, 9 de marzo de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../LXXV

CARTELERA AL 6 DE MARZO


A Él No Le Gustas Tanto (He's Just Not That Into You), de Ken Kwapis. Como lo apunté en mi reseña del REFORMA, yo pagaría por ver a Scarlett Johansson aunque no hiciera más que leer el próximo informe de Calderón. Y por ver de cerca la sonrisa de Drew Barrymore. Y por recoger las lágrimas de Jennifer Connelly. Pero ni la presencia de estas tres mujeres y lo que mejor saben hacer (ser sexy, ser simpática, simplemente sufrir) salvan a esta chick-flick de la ignominia. Se supone que la película está basada en un libro de consejos femeninos que vendió varios millones de ejemplares. Shame on them. Mi reseña en REFORMA.

Milk, un Hombre, una Revolución, una Esperanza (Milk, EU, 2008), de Gus van Sant. Escribí sobre ella este viernes aquí mismo y ese mismo día publiqué otra reseña en REFORMA. Básicamente, estamos ante una convencional biopic impecablemente interpretada por Sean Penn y muy imaginativamente visualizada por Gus van Sant. Una pregunta para la trivia: ¿hay otra cinta de van Sant que tenga un protagonista más viejo que el casi cincuentón Harvey Milk?

sábado, 7 de marzo de 2009

Backyard: El Traspatio


Es una pena lo que ha pasado con Backyard: El Traspatio (México, 2009), el más reciente largometraje del joven veterano Carlos Carrera (La Mujer de Benjamín/1991, Sin Remitente/1995, El Crimen del Padre Amaro/2002). Aunque la película presume no pocos méritos –una historia interesante, una dirección fluida, un reparto competente- y con todo y su inusual lanzamiento en 328 pantallas, la realidad es que, al momento de escribir estas líneas y después de dos semanas de exhibición nacional, la cinta se encuentra en el lugar once de la taquilla mexicana. Al parecer, las muertas de Juárez no es un tema suficientemente llamativo para el cinéfilo mexicano promedio.
Es una pena, insisto, porque Backyard es una buena pieza de género: un sólido thriller político/policial construido sobre un guión desesperanzado/desesperanzador escrito por Sabina Berman. Estamos en Juárez, a mediados de los años 90, cuando cientos de mujeres asesinadas aparecen por todas partes y las teorías van y vienen: hay uno o varios serial-killers sueltos, los crímenes se deben a un red de tráfico de órganos, son los subproductos de una banda que realiza películas snuff, son el resultado de perversos ritos satánicos…
La ruda policía judicial Blanca Bravo (Ana de la Reguera, cumplidora) es enviada desde la capital del estado a tratar de poner orden en el caos: el asunto, por supuesto, resultará imposible. Si México no es, en su totalidad, un Estado fallido, por lo menos eso parece en la Ciudad Juárez retratada por Carrera –y en la Ciudad Juárez de la realidad contemporánea- y, por eso mismo, al final, no quedará otra salida más que optar por la frustración convertida en venganza, por la ejecución disfrazada de relampagueante juicio y condena expedita. La solución de Tropa de Élite (Padilha, 2008). La solución de Batman, el Caballero de la Noche (Nolan, 2008). Y luego del desahogo, la huída, pues de todas formas el país no tiene remedio.
Backyard nos muestra las diferentes explicaciones sobre los imparables feminicidios de Ciudad Juárez a través de una trama que va enlazando varias historias: la captura de un violento ciudadano egipcio (Sayed Badreya) que es acusado de cometer e instigar varios de los asesinatos; la de un prominente empresario fronterizo (Jimmy Smits) que cruza de El Paso a Ciudad Juárez a secuestrar y matar muchachitas a discreción, protegido por la propia policía juarense; y la de una indígena chiapaneca, Juanita (Ázur Zagada, inolvidable en la teleserie Capadocia, inolvidable también aquí), quien llega a trabajar a la maquila para terminar siendo ultimada por un patético macho cariñoso (Iván Cortés) transformado en brutal asesino por mero despecho viril. De alguna manera, estas tres líneas narrativas –todas ellas seguidas por la sabuesa Blanca Bravo- resumen las causas de las muertes, que pueden terminar en una sola: si en la tierra de machos bravíos, la vida no vale nada, la vida de las mujeres vale aun menos que nada.
Carrera dirige con su acostumbrada fluidez, bien apoyado ahora por el gran documentalista mexicano Everardo González (La Canción del Pulque/2003, Los Ladrones Viejos/2008) que, fungiendo como una suerte de director de la segunda unidad, logra algunas tomas notables en el verdadero Ciudad Juárez: el de las maquilas y el "progreso", el de los cholos y los barrios, el del horrible centro histórico, el de la línea fronteriza, el de sus antros y cantinas… Estas imágenes aparecen en los créditos finales de la cinta al lado de los números crecientes de feminicidos en Chihuahua, el Estado de México, Chiapas, Veracruz, Tabasco y, también, en otros países. Las cifras espantan pero, como bien señaló José Felipe Coria en El Financiero (lunes 2 de marzo de 2008), esta denuncia, por más cierta que pueda resultar, provoca que la propia película pierda contundencia: si en todas partes matan mujeres, ¿por qué es tan especial lo que sucede en Juárez?
De alguna forma, ese epílogo termina saboteando la feroz denuncia política bien construida en el guión de Berman a través del retrato del gobernador panista, mocho y broncote (Don Francisco Barrio, por supuesto, aunque nunca aparezca su nombre), que puede pegar gritos destemplados a sus subalternos pero luego doblará la cerviz ante los poderosos dueños de las maquilas. Son ellos, al final de cuentas, los que realmente importan, mientras que los ciudadanos que salen a la calle a protestar siempre serán una minoría alborotadora, a la que habrá que despreciar, con la mano en la cintura, desde el balcón de Palacio de Gobierno. "Después de todo, la mayoría silenciosa es la que nos debe interesar", dice pragmáticamente el Señor Gobernador. Y a esa mayoría no le interesan las muertas de Juárez. Está muy tranquila, viendo el fut y las telenovelas.

viernes, 6 de marzo de 2009

Milk


Sin duda, Milk, un Hombre, una Revolución, una Esperanza (Milk, EU, 2008), es la película más convencional que ha dirigido el cineasta indie/hollywoodense Gus van Sant desde el amable melodrama de crecimiento juvenil Descubriendo a Forrester (2000). No hay nada en la oscareada trama escrita por Dustin Lance Black que se desvíe de cualquier biopic tradicional con héroe admirable en ristre. Es decir, somos testigos del despertar de nuestro héroe, de su terca y decidida lucha, de su apoteósico triunfo y de su fatalista martirio, que hasta él mismo esperaba.
El biografiado ejemplar es Harvey Milk, el primer ciudadano gay salido del closet que fue electo como funcionario público en Estados Unidos, en concreto, como uno de los “supervisores” –el equivalente del regidor de nuestros ayuntamientos mexicanos- de la ciudad de San Francisco. La lucha de Milk por los derechos civiles de los homosexuales lo convertiría, inevitablemente, en una figura nacional, enfrentada a “los valores familiares cristianos” que representaba, en los años 70, la cantante y activista religiosa Anita Bryant.
El previsiblemente oscareado Sean Penn nos entrega un Harvey Milk humoroso y desafiante (“Camaradas degenerados”, les dice a un grupo de homosexuales que lo escuchan; “Olvidé los zapatos de tacones altos en la casa”, les aclara a unos rudos trabajadores muy machotes), diabólicamente pragmático (no tiene problemas en negociar intercambios de favores con el sindicato de camioneros, amenaza al alcalde con retirarle el apoyo de la comunidad gay) e incapaz de quedarse quieto, pues bajar las banderas y regresar al clóset ya no es una opción, por más que su actividad pública sea una afrenta para algunos (“un gay con poder: eso da miedo”).
Es cierto, insisto, que van Sant no se desvía un ápice del género fílmico-biográfico. Sin embargo, en su puesta en imágenes, el director de Elefante (2003) demuestra su bien conocido anticonvencionalismo visual, sea montando algún insólito encuadre (la imagen, reflejada en un silbato, de un homosexual asesinado), sea editando expertamente la película (escenas reales documentales se fusionan a la perfección con la narrativa fílmica), sea optando por algunos tics estilísticos setenteros (la pantalla múltiple en la que vemos la frenética actividad de los activistas gays). Sólo así el homenaje al inconforme Milk puede estar completo.

jueves, 5 de marzo de 2009

Coraline y la Puerta Secreta


No estoy muy seguro, la verdad sea dicha, que Coraline y la Puerta Secreta (Coraline, EU, 2009), cuarto largometraje de Henry Selick (El Extraño Mundo de Jack/1993, Jim y el Durazno Gigante/1996, Monkey Bone/2001), sea una película para niños. Aunque, pensándolo bien, a lo mejor sí lo es: resulta perfecta para asustar chilpayates con la consabida moraleja de: “ten cuidado con lo que deseas, porque se te puede cumplir”. O mejor aún: “no te quejes de que tu papá o tu mamá estamos siempre ocupados y de que no te pelamos nunca, porque puede haber algo peor que eso: unos padres que realmente se interesen en ti hasta el punto de querer tu alma… y tus ojos, de pasadita”.
Sobre una novela infantil que Neil Gaiman le escribió a su hija como forma de pedirle perdón por descuidarla tanto –la historia la cuenta inmejorablemente el Duende Callejero aquí, y acá puede leerse su propia reseña sobre la película-, Coraline y la Puerta Secreta es una siniestra fábula infantil animada en stop-motion y en tercera dimensión –primer filme animado cuadro por cuadro con estas características-, que narra la historia de la Coraline Jones del título (voz de Dakota Fanning en inglés, de Ximena Sariñana en español), una niña de once años que, como ninguno de sus dos padres escritores le pone atención, decide seguir a unos ratones y traspasar una pequeña puerta secreta hacia un mundo tan perfecto que parece spot político del PAN.
Digamos que en el mundo real Coraline es la niña nueva del barrio que llega a vivir en una vieja casa de las afueras, con un papá y una mamá ocupadísimos, una comida improvisada ni siquiera ingerible, unos vecinos ancianos casi ga-ga y un niño hiperactivo en bicicleta, acompañado por un gato negro. A través de la susodicha puerta secreta, Coraline deja atrás toda la grisura, todo lo plano, todo lo feo, de su mundo real, y entra a un universo paralelo colorido, espectacular, asombroso, en el que sus papás le dan toda la atención, en donde el molesto niño bicicletero no habla nada, en donde la comida es perfecta, en donde los postres son abundantes, en donde su cuarto está adornado y en donde hasta un par de viejas acróbatas pueden transformarse en las guapísimas y espectaculares cirqueras que alguna vez fueron.
La tercera dimensión alcanza su máximo esplendor en algunas de estas secuencias: en la agotadora aparición de maravillas en el jardín paralelo, en el número circense de las dos viejas/jóvenes hermanas volando por los aires, en el extraordinario acto en el que decenas de entrenados ratones hacen imposibles piruetas frente a nuestros ojos. Si no estamos ante el mejor uso de la tercera dimensión en la historia del cine, estamos ante algo muy cercano a ello: Selick, sus animadores y sus técnicos de 3D no pretenden nunca asustarnos o asombrarnos con los trucos baratos de siempre (objetos que sale de la pantalla, explosiones que parecen rodearnos, elementos naturales que podemos casi tocarlos). Su apuesta es usar la 3D como forma de darle mayor profundidad dramática a lo que vemos: por eso, la tercera dimensión tiene especial importancia cuando Coraline está en el mundo paralelo y siente el mismo asombro que sentimos nosotros, en nuestra butaca. Sólo a través de la 3D, pues, se le hace justicia a lo maravilloso y a lo siniestro de ese mundo ideado por Gaiman y visualizado por Selick.
En ese mundo alternativo, con su “otro papá” y su “otra mamá”; en ese universo, en donde todo es perfecto, todo es brillante, todo es reluciente; en ese sitio, al que se llega a través de una suerte de cordón umbilical, Coraline aprenderá que todo tiene su precio. Y lo peor: para no pagar ese precio, hay que pagar otro. A eso se le llama crecer.