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sábado, 31 de octubre de 2009

Rosetta


Acaso nunca antes en la historia del cine se ha mostrado la cantidad de trabajo que hay que hacer cuando no se tiene trabajo. Después de que es echada a la fuerza de su trabajo temporal en una fábrica de alguna ciudad belga, la adolescente siempre en movimiento Rosetta (debutante Emilie Dequenne, Mejor Actriz en Cannes 1999) regresa a su pinchurrienta casa rodante para lidar con su alcohólica y emputecida madre (Anne Yernaux), quien es capaz de hacer una felación por un bote de cerveza. Antes o después, la incansable Rosetta cruza cual perro callejero una autopista, se cambia sus zapatos por unas botas de plástico para cruzar el fangoso bosque por el que vive, revisa sus múltiples trampas colocadas a la orilla de un verdoso lago para ver si algún pez mordió el anzuelo, negocia con una mujer el precio por una ropa de segunda mano que repara su mamá cuando no está borracha, va a alguna oficina gubernamental para pedir inútilmente su seguro de desempleo, entra infructuosamente a cualquier lado a pedir chamba...

Tengo la impresión que el cuarto largometraje de los hermanos Luc y Jean-Pierre Dardenne, Rosetta (Ídem, Francia-Bélgica, 1999), es aún más pertinente hoy, en medio de esta crisis global que padecemos, que cuando se exhibió en Cannes hace una década, cuando arrasó con varios de los premios mas importantes -Mejor Actriz, Mención Especial del Jurado Ecuménico, la misma Palma de Oro a la Mejor Película- ante el escándalo de un sector de la crítica, que apuntaba que tenían más méritos otras cintas que estaban en competencia, en especial Todo sobre Mi Madre (Almódovar, 1999) o Una Historia Sencilla (Lynch, 1999).

Es fácil entender el origen de aquella lejana polémica: mientras las sólidas obras maduras de Almodóvar y Lynch nos ofrecen un discurso fílmico mucho más redondo y estructurado, Rosetta se muestra como una impresionista crónica sucia y desgarradora en constante tiempo presente. No es perfecta ni parece buscar la perfección: no hay tiempo ni ganas de florituras estilísticas porque Rosetta misma no tiene tiempo ni de pensar: si se distrae un momento, no sobrevive. La búsqueda de un "verdadero trabajo" por parte de la voluntariosa muchachita es la búsqueda de su lugar en el mundo. Por eso mismo, llegado el momento, Rosetta estará dispuesta a casi todo -a dejar morir a alguien, a traicionar a la única persona que ha sido amable con ella- por tener esa chamba que le dará una posición en el mundo, una forma de vida. La que sea.

Los Dardenne trabajan aquí con una estrategia visual y narrativa diferente a la de su anterior película, La Promesa (1996): no hay aquí profusión de elipsis cortantes sino, al contrario, una acumulación de hechos y rutinas que, al inicio, parece invitarnos al tedio pero que, poco a poco, insidiosamente, nos ubica en la desesperación, en el ahogo, de la protagonista. La cámara en mano de Alain Marcoen no deja un instante sola a Rosetta -de hecho, podría apostar que no hay un solo minuto de los 94 que dura la cinta en el que ella no aparezca en el encuadre-, así que seguimos los afanes de esta jovencita no tanto como testigos sino como mudos participantes y hasta cómplices de sus decisiones. Por lo mismo, el abrupto desenlace abierto apenas si alivia la tensión: ¿puede salir Rosetta del hoyo económico/social/existencial/moral en el que se encuentra? Quiero pensar que sí, por ella. Quiero pensar que sí, por todas ellas.

jueves, 29 de octubre de 2009

Filmin



A través de un correo electrónico enviado por Joan Sala, uno de sus webmasters, me entero de la existencia de Filmin, un sitio web español dedicado a la difusión del cine, en el más amplio sentido del término. Filmin no sólo ofrece las noticias o los espacios comunitarios de rigor, sino que también permite ver legalmente películas españolas -y de otras nacionalidades- a través del propio sitio web. De hecho, el día de mañana se presentará el estreno mundial en la red de Estigmas, un filme español que compite en el Festival de Valladolid y que ya tiene fecha de estreno en Francia, a inicios de 2010. El director de la cinta, Adán Aliaga, ha decidido estrenar su filme primero en internet ya que, dice aquí, no ha contado con las oportunidades de exhibirlo en las salas de cine españolas. Más aún: para las primeras mil personas que deseen ver Estigmas, la cinta será completamente gratuita, a partir del primer minuto del día 30 de octubre (tiempo de España, supongo).
Aunque sé que en este blog hay lectores que le hacen el feo a ver el cine en casa -incluso en DVD, no se diga en streaming-, la realidad es que poner a disposición del público, legalmente hablando, unas películas que de otra manera nadie va a ver, me parece no sólo una decisión económicamente plausible sino de básico sentido común. Que se vea cine en el cine, pero también en DVD, en video-on-demand, en descargas legales en la red, en streaming, pero que se vea... Ora que si lo que queremos es hacer cine, pero que nadie se entere, pues en México tenemos mucha experiencia en ello.

miércoles, 28 de octubre de 2009

La Promesa


Ante la inminente exhibición en México, en la 51 Muestra Internacional de Cine, de El Silencio de Lorna (2008), el más reciente largometraje de los hermanos Dardenne, no es mala idea volver a revisar y reseñar ¡por vez primera! -ni modo: los críticos estamos atados a la cartelera comercial- las cintas que hemos visto de este par de cineastas belgas. Por desgracia, un servidor desconoce por completo la amplia obra documental de Luc y Jean Pierre Dardenne, iniciada hace más de 30 años y tampoco he visto sus dos primeras cintas de ficción, Falsch (1987) y Je Pense à Vous (1992) que, hasta donde recuerdo, permanecen inéditas en nuestro país.

De hecho, la primera película de los Dardenne reconocida más allá de las fronteras belgas, La Promesa (La Promesse, Bélgica-Francia-Luxemburgo, 1996), tampoco fue exhibida comercialmente en México, pero sí ha sido programada en el circuito cineclubero y exhibida en la televisión cultural. No la he visto en DVD de Región 4 pero sí está disponible en formato casero en un disco importado de Región 1.

Ganadora por partida doble en Valladolid 1996 (Espiga de Oro a Mejor Película y ganadora también del FIPRESCI), La Promesa se refiere a precisamente al juramento que hace, pasmado, un adolescente de 15 años, Igor (Jérémie Rénier, futuro protagonista de otra obra mayor de los Dardennes, El Niño/2005), cuando ve morir a un trabajador ilegal frente a sus ojos. El hombre, Amidou (Rasmane Ouedraogo), es de Burkina Fasso y permanece en la ciudad industrial belga de Antwerp haciendo trabajos de construcción para Roger (Olivier Gourmet, emblemático actor de los Dardenne en el futuro), el padre de Igor.

Antes del accidente mortal, que dará pie al desarrollo del centro moral/argumental del filme, somos testigos de la fluida relación paterno-filial entre Roger e Igor. No hay una madre a la vista, así que Igor es algo más que un hijo para el rechoncho y anteojudo Roger, pues el despierto muchacho es una suerte de asistente/aprendiz de los negocios sucios del padre.

Igor no va a la escuela, pero ha burlado la ley que lo obliga a hacerlo, pues dizque trabaja, como aprendiz, en un taller mecánico. Esta chamba, por supuesto, no le interesa: le roba la bolsa a una clienta cuando ésta se descuida y no pone la mínima atención a las enseñanzas de su patrón/maestro, pues lo que realmente le importa sucede cuando sale del trabajo. A partir de este momento, por las tardes, Igor funge como capataz de la docena de trabajadores ilegales (africanos, rumanos, orientales) a los que acomoda por aquí y por allá, en distintas construcciones. Roger tiene todo planeado: recibe a los inmigrantes ilegales, los hace deudores impagables de un cuchitril al que llama alojamiento y, cuando ya no los necesita, él mismo arregla todo para que sean detenidos y deportados por la policía. Igor, testigo, aprendiz y asistente de la forma de vida de su padre, absorbe todo sin chistar: no hay evidencia alguna que estas tareas representen algo dificil para él, ni física ni anímica ni moralmente. Todo cambia cuando, en una inspección laboral imprevista, Amidou muere accidentalmente. Agonizando, el hombre le hace prometer a Igor que él va a cuidar a su esposa Assita (Assita Ouedraogo) y a su hijito de brazos, a los que acaba de traer ilegalmente desde Burkina Fasso. En el resto de la película, lo que veremos es el dificil despertar moral de Igor.

No sé, insisto, cómo sea el cine documental de los Dardenne, pero en este, su tercer largometraje -y el primero con el que fueron reconocidos internacionalmente-, hay una virtuosa depuración de las técnicas del cinéma-verité documentales, aplicadas a una ficción que se siente inmediata, directa, sin afeites. Pero no nos engañemos. La Promesa es, por supuesto, una sagaz construcción ilusoria: aunque los escenarios son reales, lo que vemos es una historia ficticia interpretada por actores bien entrenados.

La puesta en imágenes de los Dardenne tiene una intencionalidad moral implícita no sólo en su historia, escrita por ellos mismos, sino en el montaje: no vemos nunca, por ejemplo, confrontaciones chantajistas o choros interminables sobre las decisiones que piensan tomar los personajes. El estilo de montaje de los Dardenne (edición de Marie Hélène Dozo) es ascético al extremo: sus elipsis se hacen a través del corte directo, de tal modo que lo que vemos siempre es la decisión tomada y las consecuencias que provoca.

Para dar un solo ejemplo: cuando el jefe/maestro del taller mecánico le dice a Igor que si se va de nuevo antes de tiempo lo va a tener que correr, no vemos la respuesta del muchacho. La siguiente imagen, tomada con toda naturalidad/neutralidad, es la de Igor manejando su motocicleta. Esta misma estrategia narrativa es usada por los Dardenne en otras muchas ocasiones (en la propia muerte de Amidou, que sucede fuera de cuadro), incluyendo el devastador final, en el que la elipsis se hace a través no del corte sino de la elección del encuadre.

En el cine de los los Dardenne no hay soluciones fáciles y los resultados están muy lejos del happy-end hollywoodense. Por eso, el final en puntos suspensivos es casi obligatorio. Actuar conforme a conciencia nunca es sencillo y las consecuencias son impredecibles.

martes, 27 de octubre de 2009

¿Tú le crees a los cineastas? ¡Yo tampoco!.../VII


"Me parece totalmente extraña la idea de la autobiografía a través del arte. Nunca lo he hecho en mis películas y espero continuar así. Si hay algo autobiográfico en mi cine es el retrato de mi alma o, en todo caso, de la cultura en la que me he desarrollado, de mis lecturas, de mi pensamiento. En cuanto a mi vida privada, a nadie le interesa y nunca ha sido la base para mi inspiración...

...El cine no es todavía un arte: quiere convertirse en ello, pero aún está lejos de serlo. Algunos dicen que está muriendo pero yo creo que, al contrario, todavía no ha nacido. Al cine le falta todavía aprender mucho de la pintura...

... ¿Se ha preguntado por qué tan pocos cineastas saben dibujar? Aprender dibujo requiere una gran suma de trabajo y una gran voluntad... Tengo la impresión que el cine es el refugio de los perezosos...

Cuando uno entra al cine, uno paga no sólo lo que cuesta el boleto, sino se paga en horas de vida. En el momento en el que uno entra a la sala de cine y decide quedarse a ver una película, uno invertirá hora y media o dos horas de su tiempo. Es un tiempo que se irá de manera irremediable. Ese tiempo nadie te lo regresará. No hay mayor responsabilidad para un cineasta que hacerle perder dos horas de su vida a una persona...

La duración de una película es un asunto moral..."


Alexander Sokurov. Fragmentos de una extensa entrevista otorgada a Cahiers du Cinema, no. 521, febrero de 1998. La libérrima traducción es del regenteador de este blog.

domingo, 25 de octubre de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CVIII


Niño Fidencio... de Roma a Espinazo (México, 2008), de Juan Farré. Ya, en serio, ¿por qué mejor el cine mexicano renuncia a la ficción y se dedica de lleno al documental? No es que todo el cine documental nacional sea extraordinario, pero su promedio de bateo frente al cine de ficción no se compara. Y para muestra, este magnífico botón, Mención Honorífica en Guadalajara 2008. Escribí esto cuando la vi en Guadalajara 2008 y hace unas horas lo desarrollé de una manera un poco más amplia aquí mismo.

9 (Ídem, EU, 2009), de Shane Acker. La opera prima de Acker extiende la idea visual que contenía su corto homónimo de 2005 nominado al Oscar. Visualmente, es una maravilla -por lo mismo, no es raro encontrarse con el nombre de Tim Burton en la producción-, pero la historia es demasiado seria y solemne. Algo de humor no le hubiera caído nada mal. Mi reseña en REFORMA.

Toy Story
(Ídem, EU, 1995), de John Lasseter. La tentación era muy grande para resistirla. Por supuesto, me sé de memoria Toy Story que, acaso, sigue siendo el mejor filme animado de Pixar, pero una cosa es verla una y otra vez en la tele y otra cosa es ver a Woody, Buzz y compañía en pantalla grande... ¡y en maravillosa 3-D! (¡Y al doble del precio normal!). En fin... Es obvio que la 3-D es aquí irrelevante lo que, de alguna manera, se agradece. Al final de cuentas, Toy Story no necesita de la estereoscopía para seguir siendo una de las más notables buddy-movies de la historia del cine. Y, por lo mismo, la tercera dimensión es usada aquí de forma harto discreta y no le estorba a una historia a la que, casi 15 años después, no le duele nada.

sábado, 24 de octubre de 2009

Niño Fidencio... de Roma a Espinazo


Niño Fidencio... de Roma a Espinazo (México, 2008), primer largometraje documental de Juan Farré, se acerca al fascinante fenómeno religioso-social del fidencismo, a través de un formato irreprochablemente clásico -cabezas parlantes, testimonios de especialistas y testigos, reconstrucciones dramáticas, recopilación de imágenes, entrevistas a los fieles-, aderezado por algunas audacias estilísticas, como el uso de la animación para subrayar algún momento clave en la obra y hechos del celebérrimo "Niño Fidencio" (1898-1938), el "santo niño" fundador de su propia religión, el hombre que extraía tumores con un pedazo de vidrio y que operaba cataratas con navajas de rasurar, el que trató exitosamente al mismísimo Plutarco Elías Calles, el ser especial que fue elegido (¿pero por quién?) para llevar solaz espiritual a todos los rechazados, a todos los diferentes, a todos los jodidos, pues "si los ricos van a Roma, los demás, van a Espinazo".
Farré ha viajado, pues, a Espinazo -en el municipio de Mina, Nueva León- a presenciar el estado actual de este culto religioso de raigambre norteña nacido hace siete décadas, en los albores del sistema político nacional que seguimos padeciendo. Farré toma testimonios de alguien que lo antecedió en el tema -el cineasta Nicolás Echevarría, director de Niño Fidencio, el Taumaturgo de Espinazo (1980)-, así como de historiadores, novelistas, sociológos, antropólogos y hasta de los competidores de la autonombrada Iglesia Fidencista -es decir, de los jerarcas católicos de la región- para entregarnos un inagotable palimpsesto en el cual un dicho es corroborado por otro, un testimonio es profundizado por otro más, esta idea es rebatida y confrontada por esta otra, y hasta la misma figura del biografiado se pone en entredicho: ¿era gordo, flaco, güero, prieto, cambia de color?
Nacido con un síndrome que le impidió el desarrollo de sus órganos sexuales -de ahí su voz infantil y la leyenda de que era físicamente un niño-, Fidencio se muestra como una figura misteriosa, elusiva, dificil de asir: sus "milagros" son legión, quesque tenía el poder de la clarividencia y Farré no pone en duda nada de esto. El cineasta no ironiza: más bien, respeta. Muestra los testimonios de los salvados por la fe fidencista -incluyendo el de un Presidente Municipal dizque curado de epilepsia- pero también se sigue de largo hasta ver las innumerables divisiones entre los seguidores del "niño santo": los evangelistas del "Niño Fidencio" , los católicos devotos que han elegido a Fidencio como un santo más, los "cajitas" -es decir, los discípulos que tienen el poder de curar- que forman parte del culto y los "cajitas" que se han independizado...
El culto, es obvio, es genuinamente popular, está enraizado y cumple una función que, con toda lucidez, el propio Obispo de Saltillo, Don Raúl Vera, señala: si la Iglesia Católica cierra sus puertas y no le sirve a los fieles, otras iglesias lo harán. Así, Fidencio, 70 años después de su muerte predicha por él mismo, se ha convertido en un mesías postmoderno y postindustrial que recoge en su seno a todos los que no pueden, en el más amplio de los sentidos, entrar a Roma: los pobres, los gays, los transexuales, los más enfermos... Para todos ellos está Espinazo.

viernes, 23 de octubre de 2009

Séptimo Festival Internacional de Cine Judío/I


Ora sí qué cosas pasan Cuando los Hijos se Van (Bustillo Oro, 1941). La afluente pareja matrimonial formada por el dramaturgo misántropo Leonardo (Óscar Martínez, Mejor Actor en San Sebastián 2008) y la ama de casa exasperada Martha (Cecilia Roth) se tambalea cuando la última de sus hijas, Julia (Inés Efrón, el hermafrodita de XXY/Puenzo/2007), se casa y se va a vivir a Israel con su marido escritor Ianib (Ron Richter). De improviso, los dos cincuentones bonaerenses se encuentran, pues, con El Nido Vacío (Argentina-España-Francia-Italia, 2008). Leonardo está bloqueado, no puede escribir más, se obsesiona por una preciosa ortodoncista (Eugenia Capizzano) que le atiende por las tardes en su consultorio y comparte sus ideas con un neurólogo (Arturo Goetz) especialista en la memoria. Por su parte, Martha se matricula en la facultad de sociología, llena el departamento de estudiantes e invita una noche y otra también a sus amigos que llenan de humo de tabaco todas las habitaciones, para consternación del acorralado Leonardo, que no sabe muy bien qué quiere su mujer y, probablemente, tampoco le interesa mucho.

El séptimo largometraje del cineasta argentino-judío Daniel Burman -mejor conocido en México por su espléndida comedia paterno/filial El Abrazo Partido (2004)- puede ser visto como su 8 1/2 (Fellini, 1963) particular. Y es que lo que le interesa a Burman es el bloqueo creativo de su escritor, no la belleza de la idealizada dentista ni, mucho menos, los afanes académicos de Martha, la madura mujer que parece haber encontrado su segundo aire. El centro de la atención del filme, pues, es Leonardo y su ego-trip por sus fantasías eróticas-intelectuales-laborales-familiares-paternales... Otro creador viéndose el ombligo a través de su alter-ego, sin duda, pero si el asunto dista mucho de ser original, por lo menos éstá bien realizado.

Las acciones se suceden de una forma un tanto cuanto arbitraria -tal como se usa la música de fondo, que pasa caprichosamente del jazz al bossa nova o al Bolero de Ravel-, pero Burman no pierde nunca el paso: la elegante cámara de Hugo Colace (Mejor Fotografía en San Sebastián 2008) y el eficaz montaje de Alejandro Brodersohn sostienen el ritmo narrativo con tal gracia y ligereza que, incluso, cuando la cinta se desliza momentánemente hacia un cine musical/surreal, este hecho no rompe el discurso del filme sino que, por el contrario, lo acentúa, lo subraya. Al final -¿o era al principio?- el escritor querrá contar su historia para ver cómo le salió. Nada mal, diría yo. Nada mal.

El Nido Vacío se exhibe mañana sábado a las 22 horas en Cinépolis Interlomas. El resto de los horarios y sedes, aquí.

De chile, de dulce y de manteca...


El fin de semana con mayor cantidad de estrenos en el año (once) y con una variedad nada desdeñable: dos cintas nacionales -una de ellas, de lo mejor del año-, el re-estreno de un clásico de la animación, dos secuelas de cine de horror, una meritoria película apocalíptica animada, un documental-concierto, la arrinconada película de arte y los churros de rigor. La cantidad apabulla, pero la calidad sufre. Menos mal que ya viene el Séptimo Festival Internacional de Cine Judío y la 51 Muestra Internacional de Cine.

jueves, 22 de octubre de 2009

Ecos de una escena/I


Hace unos días volví a ver, por enésima ocasión, A la Hora Señalada (Zinnemann, 1952), el western clásico en el que el recién casado marshall Will Kane (Gary Cooper) es abandonado por todos -sus ayudantes, su mujer (Grace Kelly), el pueblo entero al que ha defendido durante tanto años- en vista de que un antiguo enemigo de Kane arribará al pueblo a cobrar su venganza.

Hacia el final, hay una escena re-descubierta por mí que tiene una resonancia nueva: Kane visita a un avejentado sheriff retirado, el hombre por cuya admiración él mismo se convirtió en agente de la ley. El viejo no puede ayudarlo: está postrado en una silla y, además, es artrítico. "Debiste haberte ido", le dice el hombre a Kane, "no vale la pena". Pero Kane tiene que cumplir con una obligación casi kantiana: tiene que seguir con su deber, independientmente de sus inclinaciones, sus miedos, sus dudas, sus temores.

Muchos años después, en Sin Lugar para los Débiles (2007), hay una escena similar hacia el devastador desenlace abierto de esa obra maestra de los hermanos Coen. El sheriff Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones) va a hablar con otro viejo postrado en otra silla. El anciano (espléndido Barry Corbin), rodeado de gatos, le dice algo muy similar a lo que le aconsejan a Will Kane en A la Hora Señalada: "you can't stop what's coming, it ain't all waiting on you. That's vanity".

Por supuesto, el sheriff Kane no hará caso de ese consejo, pero ya sabemos que está encarnado por Gary Cooper y no falta decir más. En contraste, el sheriff Bell de Tommy Lee Jones vive en otro tiempo y en otro Hollywood. No puede darse lujos heroicos: "That's vanity".

martes, 20 de octubre de 2009

Festival Cinema Europa 2009/IV y último



Es Dificil Ser Amable (Tesko je biti fin, Bosnia Herzegovina-Serbia-GB-Eslovenia-Alemania, 2007), en efecto. Cuando una ciudad -Sarajevo- y sus habitantes han pasado por lo que han pasado, es muy dificil encoger los hombros, dejar pasar, sonreír, dar la mejor cara. Eso lo aprende en carne propia el taxista cuarentón Fudo (Sasa Petrovic) quien además de manejar su ruinoso carrito por las calles de Sarajevo, tiene tratos con una banda de ladrones a la que da algunos "tips": ese cliente tiene lana, ese otro vive en una ciudad de dinero, aquél es un especulador al que vale la pena vaciarle la casa.

Su mujer, Azra (Daria Lorenci), ha perdido la paciencia. Así que la cuando Fudo vuelve a llegar al departamento bañado en sangre y con el carro destruido por una transa que salió mal, la mujer toma al pequeño hijo de ambos y decide irse de la casa. El hombre, que adora al bebé y que ama genuinamente a Azra, decide cambiar finalmente: le pide prestado diez mil euros a su Shylock de cabecera (Emir Hadzihafizbegovic), compra una elegante vagoneta Renault a la que convierte en taxi y se promete a sí mismo no volver a romper la ley. De aquí en adelante, a portarse bien. Por su hijo, por su mujer, por él mismo. Pronto descubrirá que eso de ser decente en una sociedad que castiga precisamente eso -la decencia- tiene su costo.

El segundo largometraje de Srdjan Vuletic -opera prima desconocida en México- es una agradable fábula moral sobre un tipo común y corriente que busca, contra viento y marea, su redención personal. Fudo es luchón, amable, determinado y adora a su hijito, pero tampoco es un santo: tiene un pasado oscuro, es capaz de cobrarle a una estudiante la dejada con cuerpomático y no deja de sentirse superior por ser el primer taxista en Sarajevo que tiene una vagoneta Renault habilitada como transporte para turistas. Tampoco es ingenuo: sabe el costo que va a tener que pagar por negarse a hacer las trácalas de siempre, pero está a dispuesto a afrontar ese problema y otros más. Sin embargo, una revelación inesperada lo pondrá a prueba en definitiva.

Vuletic es un cineasta funcional que dirige los pormenores de la trama sin florituras estilísticas de ninguna especie. Da la impresión que quiere acercarse a una especie de realismo cotidiano a la Mike Leigh aunque, por supuesto, le falta la acidez corrosiva y la lucidez del director británico. De todas manera, en los encuadres de la cámara de Slobodan Trninic no faltan los escenarios derruidos, los edificios carraqueados, las paredes carcomidas, que dejan ver no sólo el paso del tiempo, sino el paso de la sangre, la destrucción, la muerte, el rencor. No se necesita más que ver el escenario de ese Sarajevo herido para entender que la decisión final que toma Fudo tiene una dimensión humana y moral extraordinaria.

Es Dificil Ser Amable se exhibe hoy martes y mañana miércoles en la Cineteca Nacional.

El cliché que yo ya vi/LV


Joel Meza, medio kinky (¿o kinky y medio?), propone:

¿Dónde dejé mi Kama Sutra?: Cuando se quiere mostrar qué tan malo o perverso es un personaje, se buscará acomodar una escena, aunque no venga al caso, donde el malo (pero de veras MALO) coloque a su víctima boca abajo contra una cama o ya de perdida una mesa y proceda a saciar sus bajos instintos, mientras la cámara muestra, invariablemente, dos imágenes: 1) la cara de la víctima, que puede ir del desconcierto hasta el sufrimiento y 2) la cara del malo, siempre con una mirada de desquiciado. ¿Ejemplos?: Desde Lawrence de Arabia (justificado) hasta 24 Cuadros de Terror (injustificado), pasando por El Príncipe de las Mareas (justificado... más o menos), Secretaria (justificado), Mallrats (justificado sólo por el diálogo de Ben Affleck) y The Midnight Meat Train (por supuesto que injustificado).

lunes, 19 de octubre de 2009

Silencio en el Lago


Deberían haber escuchado a la computadora automotriz de voz femenina que, insistentemente, les advertía: "en la primera oportunidad, dé la vuelta en U". Pero no: la joven pareja de novios formada por la bonita profesora de pre-escolar Jenny (Kelly Reilly) y su atractivo pretendiente Steve (ascendente Michael Fassbender, recién visto en Bastardos sin Gloria/Tarantino/2009 en el papel del heroico crítico de cine especialista en Pabst) no hacen caso. La parejita ha salido de Londres para ir a pasar un fin de semana idílico a las orillas de un remoto lago en un algún lugar del norte inglés, así que la artificial voz del GPS no los hará cambiar de opinión. Es más: Steve ha elegido ese apartado sitio para entregarle el anillo de compromiso a la sonriente Jenny, a quien hemos visto en la primera escena de Silencio en el Lago (Eden Lake, GB-Islas Caimán, 2008), jugar a las escondidas con unos peques de kínder.

En poco tiempo, Jenny tendrá que esconderse otra vez, pero ahora de unos niños más creciditos: de una bandita de media docena de bullies adolescentes comandada por el violento/violentado Brett (Jack O'Connell, espléndido), que empezará molestando a los tortolitos de Jenny y Steve en las orillas del susodicho lago con la música a todo volumen, una perra brava tan ladradora como cagona y una serie de comentarios imprudentes y ofensivos. Jenny y Steve tratan de guardar compostura: ellos son adultos, son citadinos, tienen una profesión, están a punto de comprometerse... No pueden dejar que media docena de escuincles les echen a perder el fin de semana. Pero, por supuesto, el fin de semana está perdido: las travesuras subirán de tono y muy pronto el correcto Steve y la amable Jenny tendrán que tomar una posición al respecto. Den espacio, por favor, a estos nuevos Perros de Paja (Peckinpah, 1971) que están viviendo su propia Amarga Pesadilla (Boorman, 1972).

El thriller ejecutado por el debutante James Watkins funciona como mecanismo de relojería. No faltan algún desliz menor (el típico "¡buuuu!" cuando Steve asusta a Jenny a inicio del filme ) y otro mayor (la estúpida invasión de Steve a la casa de Brett) pero, en general, todo el asunto parece provenir de una realidad genuina y reconocible: la violencia como forma única de comunicación comprensible, la pertenencia al grupo como una regla imposible de romper, la inconciencia juvenil que se va escalando sin que nadie pueda detenerla... El discurso que puede leerse a través del guión escrito también por el director Watkins es bastante obvio -la violencia juvenil se ha generado en la casa de cada uno de ellos, entre la indiferencia y los golpes-, pero no hay oportunidad para ningún choro explicativo y/o redentor. Steve y Jenny tendrá que correr por sus vidas y, en determinado momento, elegir si deben matar o morir.

En esto último los noviecitos santos y yuppies se parecen mucho al grupo de camaradas de Amarga Pesadilla o al anteojudo matemático de Perros de Pajas: llegado el momento, tendrán que demostrar que tras ese disfraz de civilización se esconde otro lobo hobbesiano dispuesto a no dejar que lo atropellen más. Sin embargo, creo que la conclusión de la película de Watkins es un tanto diferente a la de los clásicos setenteros citados: aquellos filmes fueron desatadas y pesimistas fantasías paranoicas que, al final de cuentas, aceptaban -o, de plano, ensalzaban- la propia violencia como algo natural, consustancial, en el hombre. En Silencio en el Lago podemos llegar a un dictum similar, sólo que el desenlace es aún, propongo, más aterrador: la imagen final de Brett, el líder bully adolescente, el sociópata no en potencia sino en activo, causa escalofríos. Vemos a Brett frente al espejo, probándose los ray-ban que fueron de Steve. El muchacho se quita y se pone los anteojos, se acomoda el cabello, mira sin expresión definida hacia el espejo. No hay sonrisa demoniaca ni expresión ñaca-ñaquesca alguna: es sólo un adolescente mirando su imagen y, en ese instante, acaso olvidando todo lo que ha sucedido en el día. Después de todo, sus papás se van a hacer cargo de todo. Como lo han hecho siempre.

domingo, 18 de octubre de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CVII

"Sí, sí, fírmele aquí donde dice que usted cree que Calderón es lo máximo...
Sí... Ándele... Ahí mero".



Rabioso Sol, Rabioso Cielo (México, 2009), de Julián Hernández. Hace varios meses, cuando se presentó en Guadalajara 2009 el tercer largometraje de Hernández, un servidor anotó lo siguiente, lo que mereció hasta el generoso comentario del siempre amable Julián. Sin embargo, la película exhibida en marzo es ahora otra en octubre: mientras en la Cineteca Nacional se está presentando la versión original y festivalera de 191 minutos, en seis salas capitalinas se ha programado una nueva edición con una hora menos. Habra que verla de nuevo, ¿no?Justificar a ambos lados

Sector 9 (District 9, Nueva Zelanda-Sudáfrica-EU, 2009), de Neill Blomkamp. La opera prima de Blomkamp -basada en la premisa de su propio corto Alive in Joburg (2005)- es una ingeniosa y energética película de ciencia ficción que obliga a la inevitable lectura socio-política. Unos lamentables extraterrestres -alienados, pobres, desconcertados- llegan a los cielos de Sudáfrica y a los humanitarios organizadores del próximo Mundial no se les ocurre otra cosa que confinarlos en el sector 9 del título: una especie de nuevo apartheid, pero más jodido. Eso sí, la estructura de la película no es lo consistente que uno desearía. Mi reseña en REFORMA.

Silencio en el Lago (Eden Lake, GB-Islas Caimanes, 2008), de James Watkins. En buena medida, Perros de Paja (Peckinpah, 1971) para la nueva generación: una pareja de novios citadinos se van de fin de semana al Lago Edén del título original, en donde serán acosados por una bandita de violentos y repelentes adolescentes. La película logra articular un discurso social bastante obvio pero efectivo y la imagen final es genuinamente aterradora. Volveré a esta cinta mañana.

sábado, 17 de octubre de 2009

Festival Cinema Europa 2009/III


Opio, Diario de una Mujer Poseída (Ópium: Egy elmebeteg nö naplója, Hungría-Alemania-Estados Unidos, 2007), cuarto largometraje del cineasta húngaro desconocido en México János Szász, tuvo una exitosa corrida festivalera durante el 2007 y 2008 -ganó un premio por allí y otro por allá-, pero conmigo sólo se ganó el más franco tedio. Eso sí, la cinta se ve muy bien -la opaca fotografía en tonos amarillentos de Tibor Máthé es extraordinaria- y las dos actuaciones protagónicas son de llamar la atención por la fiereza y compromiso con la que encarnan a sus respectivos personajes.
Estamos en Hungría, en 1913. A un experimental hospital psiquiátrico manejado por un racionalista y positivista médico, llega el morfinómano Dr. Brenner (el actor danés internacionalizado Ulrich Thomsen), quien lleva una maniática numeralia en su diario: cuántos miligramos de morfina se inyecta al día, cuántas coronas ha ganado hasta el momento, cuántas se ha gastado, cuántos coitos ha tenido... Una de sus pacientes, la intensa y pálida Gizella (Kisti Stubo) escribe más compulsivamente aún: en decenas de cuadernos arrumbados en su celda, la mujer, recluida en ese hospital desde hace más de diez años, narra en sus diarios de qué manera es poseída y amenazada por un demonio que la lleva a masturbarse con el lápiz con el que frenéticamente escribe. La fascinación de Brenner por Gizella es inmediata: él mismo es un escritor que pasa por un bloqueo creativo y no puede sentir más que admiración por el prolífico trabajo de su paciente. Si a eso le agregamos que Brenner se encama con todo lo que se mueva y que Gizella es lo mejorcito que hay por ahí... ya usted se imagina lo que pasará.
Los elegantes encuadres de Máthé, las notables actuaciones de la pareja protagónica y la morbosa recreación de la práctica psiquiátrica de la época (¿de verdad existieron todos esos aparatos?: no lo dudo un instante) logra que el espectador se quede fijo, expectante, frente a la pantalla, pero llega un momento en el que el tedio termina ganando la partida. La monotonía de todo el asunto -las confesiones de Brenner, los diarios de Gizella, los encuentros de médico y paciente- se rompe de vez en cuando con alguna escena que coquetea con el hard-core, pero ni aún así logré despertarme del todo. Mea culpa.

Opio... se exhibe hoy sábado y mañana domingo en la Cineteca Nacional.

viernes, 16 de octubre de 2009

9

Si existieran en el cine comercial los extrañados -por mí, por lo menos- programas dobles, creo que la perfecta pieza de acompañamiento de Sector 9 (Blomkamp, 2009), que se estrena el día de hoy, sería 9 (Acker, 2009) que, supuestamente, se estrenará la próxima semana. Además de que comparten un escenario alterno/retro futurista similar, las dos películas surgieron de sendos cortometrajes y las dos fueron apadrinadas por cineastas influyentes y poderosos: Sector 9 por Peter Jackson y 9 por Tim Burton. Por lo pronto, el cortometraje original 9 (2005) esta aquí:

jueves, 15 de octubre de 2009

Un fin de año muy mexicano


Hace unos días, César Huerta de El Universal anotaba que en lo que resta del año -una decena de semanas- se estrenarán por lo menos unas quince películas nacionales, entre ellas Rabioso Sol, Rabioso Cielo (Hernández, 2009) -que se exhibe mañana, no sé si en la misma versión de Guadalajara 2009 o en una editada- y Los que se Quedan (2009), de Rulfo y Hagerman, programada para fines de este mes. Ya tendremos oportunidad de escribir de ellas y de otras más, como la meritoria comedia populachera Conozca la Cabeza de Juan Pérez (Portes, 2008), disfrutada en Guadalajara 2008.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Festival Cinema Europa 2009/II


En su opera prima, Zift (Ídem, Bulgaria, 2008), el director búlgaro Javor Gardev demuestra que conoce al dedillo sus clásicos. En este derivativo pero compulsivamente visible neo-noir ha tomado prestada la premisa del envenenado condenado a morir de Con las Horas Contadas (Maté, 1950), el expresidiario traicionado por su exmujer de Sin Alma y sin Ley (Siodmak, 1949) y hasta la celebérrima escena en la que Rita Hayworth baila y canta sensualmente en Gilda (Ch. Vidor, 1946), y los ha trasladado, en un riguroso blanco y negro de alto contraste -fotografía del veterano Emil Hristow- a la Sofía comunista de los años 60.
Lev "la palomilla" (estoico Zahary Baharov) abandona la cárcel después de un par de décadas de estar preso, acusado de un crimen que no cometió cuando él, su mujer fatal Ada "la mantis" (Tanya Ilieva) y su compinche "el babosa" (Vladimir Penev), se metieron a una casa a robar un preciado y precioso diamante. No termina de pisar la banqueta fuera de la prisión cuando Lev es llevado a la fuerza a un húmedo sótano en donde "el babosa", convertido en un poderoso apparatchik, lo tortura para que confiese en dónde quedó el diamante del robo. Lev logra escaparse para ir en busca de la femme-fatale Ada, madre del hijo muerto que no conoció y ahora transformada en una castigadora prostituta/cantante de altos vuelos. Pero esa búsqueda está condenada de antemano: "el babosa" ha envenenado a Lev y sólo le dará el antídoto respectivo si le señala el sitio en donde ha guardado el citado McGuffin hitchcockiano.
Todos los elementos del film-noir clásico están ahí: voz en off esclarecedora/escamoteadora de principio a fin, misoginia entomológica nada embozada, escenas carcelarias en donde nuestro héroe aprenderá la filosofía de la supervivencia a través de la enseñanza de un viejo preso endurecido (Mihail Mutafov), complejo pero bien resuelto entramado narrativo que disemina sus flash-backs con precisión, prólogo verboso tarantinesco-escatológico que define uno de los significados del título de la cinta (zift es un chicle negro y duro, un pegamento con el que se une el asfalto y una forma de llamar también a la mierda) que también servirá como fatalista epílogo, y una controladísima puesta en imágenes con un maniático manejo del encuadre y de los movimientos de cámara, sean todoabarcadores travellings paralelos o delicados dollys que se acercan o alejan de los personajes.
Gardev ha realizado un notable ejercicio de estilo: el mejor neo-noir que he visto en varios años. Veamos que dirige a continuación y ánimas que llegue a México su siguiente película.

Zift se exhibe hoy miércoles y mañana jueves en la Cineteca Nacional.

martes, 13 de octubre de 2009

El cliché que yo ya vi/LIV


Joel Meza propone:

Si las cosas que valen la pena fueran fáciles, cualquiera las copiaría: En las películas, cuando se necesita copiar un archivo o un programa importante en una computadora, siempre aparecerá en la pantalla una gráfica que muestra el lentísimo avance de la copia (ver variante para la transferencia de fondos en El cliché que yo ya ví/LI). Si el archivo en cuestión no es importante, la copia se realizará instantáneamente. Como corolario, estas gráficas de avance de copia fueron diseñadas por la misma compañía que fabrica los contadores regresivos de las bombas que se usan en el cine: el proceso de transferencia del archivo siempre terminará justo en el último segundo necesario para que el héroe pueda terminar de copiar esa base de datos o el vital (o bien, destructivo) programa se active, antes de que lo atrapen los dueños de la computadora (o la Cía. de Luz y Fuerza del Centro le corte la luz...). Ver el espécimen más reciente en Identidad Sustituta, con Bruce Willis esperando pacientemente a que termine el cliché.

lunes, 12 de octubre de 2009

¿Tú le crees a los cineastas? ¡Yo tampoco!.../VI


"Yo no puedo escribir para actores. Si pudiera, eso significaría que conozco al personaje. Yo escribo personajes que no conozco y luego le pido a los actores que me ayuden a crearlos. Con otra actriz (que no hubiera sido Catherine Deneuve) el personaje de Junon tendría que haber sido muy diferente...
Lo que le interesa (a Catherine Deneuve) en un papel es lo que ella llama crueldad. No estoy muy seguro si estoy de acuerdo; yo creo que lo que a ella le interesa es el poder del escándalo, el poder de la subversión... Ella nunca echó a perder el personaje de Junon con su actuación. Sólo volteó a mirar alrededor y dijo: 'ok, esto es lo que necesito dar a la película'. Ella no elige trabajar en una cinta por amor a la actuación, aunque es una extraordinaria actriz".

Arnaud Desplechin sobre Catherine Deneuve -a quien dirigió en esa extenuante obra mayor que es Secretos en Familia (A Conte de Noël, Francia, 2008)-, en entrevista con Kieron Corless en Sight and Sound, febrero de 2009. La libérrima traducción es mía.

domingo, 11 de octubre de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CVI


Este fin de semana ha sido el de los playoffs de Grandes Ligas y el de Bastardos sin Gloria (Inglorious Basterds, EU-Alemania, 2009), así que no he visto nada más de la cartelera comecial -aunque sí otras cintas que en la semana reseñaré.
En cuanto a la más reciente cinta de Tarantino se refiere, creo que se trata de su filme más logrado desde Jackie Brown (1997), que sigo considerando su mejor película hasta el momento. Bastardos sin Gloria tiene una secuencia inicial hitchcockiana-leonesca que es de lo mejor que ha hecho Tarantino en toda su carrera y la película brilla cada vez que aparece Christoph Waltz en escena en su papel de encantador y siniestro "cazador de judíos". Publiqué la reseña de la película en el Primera Fila de REFORMA el viernes pasado, pero creo que volveré a ella de nuevo, en un texto más extenso, próximamente.

sábado, 10 de octubre de 2009

Alive in Joburg

Aquí está el cortometraje de seis minutos Alive in Joburg (Sudáfrica, 2005), de Neill Blomkamp, que sirvió de inspiración para Sector 9 (District 9, Nueva Zelanda-Sudáfrica-EU, 2009), a estrenarse próximamente en México.

viernes, 9 de octubre de 2009

El cine que no vimos/XVII


Hace casi dos años, en Guadalajara 2008, se homenajeó a Brian de Palma con la programación, en una función de gala, de Redacted (EU-Canadá, 2007), que se había estrenado, de manera limitada, en noviembre de 2007 en Estados Unidos. Yo decidí no ir a verla porque pensé que no tardaba en exhibirse comercialmente y mejor opté por revisar alguna película mexicana o latinoamericana, que para eso sirve, de hecho, el Festival de Guadalajara.

Bueno, eso sucedió en marzo de 2008 y ahora, hurgando en un botadero, me encuentro que Redacted ya está disponible en un DVD de Región 4 con el nombre de Irak: Crímenes de Guerra. En realidad, yo vi Redacted, el largometraje número 28 de De Palma, hace mucho tiempo, en el respectivo DVD de Región 1 y había guardado esta reseña para el momento del estreno comercial que, es evidente, ya no sucedió en México.

Redacted ha sido vista como una inevitable pieza de acompañamiento de Pecados de Guerra (1989), el melodrama bélico que De Palma realizara sobre Vietnam con Sean Penn y Michael J. Fox en los papeles principales. Debo confesar que hace mucho tiempo que no veo Pecados de Guerra y que, cuando la vi en el momento del estreno, no me causó la mejor de las impresiones. No puedo sostener ahora el juicio negativo que en ese momento escribí sobre la cinta porque en estos más de 20 años que llevo escribiendo sobre cine, he descubierto, además del agua tibia, que no sólo uno cambia con el tiempo, sino también lo hacen las películas que uno ve, los libros que uno lee…

En todo caso, el recuerdo que guardo de Pecados de Guerra es bastante negativo, todo lo contrario a esta nueva cinta de expiación/crítica bélica realizada por De Palma, por más que la conclusión sea idéntica: la guerra es mala e injusta, se cometen crímenes horrendos, los soldados van al matadero y si no son víctimas se convierten en verdugos... Lo que ha cambiado, es por supuesto, el escenario –estamos ahora en Irak, no en Vietnam- y, sobre todo, el estilo.

Si Pecados de Guerra es un melodrama liberal antibélico en el sentido más convencional del término, Redacted es un arriesgado palimpsesto de imágenes que, unidas por un omnisciente narrador fílmico, nos muestran los horrores, las injusticias, los crímenes, las cicatrices, que deja la guerra en un puñado de soldados (nada) inocentes. Basado en un atroz caso sucedido cerca de Bagdad en marzo de 2006 –una niña iraquí de 14 años fue violada y luego asesinada, junto con toda su familia, por un pelotón de soldados americanos-, el guión escrito por el propio De Palma usa las más diversas fuentes de imágenes (re-creadas por él mismo) para narrarnos de qué manera sucedieron los acontecimientos, el antes, el durante, el después, el para siempre, de ese horrendo crimen.

Estamos ante una treintena de secuencias que provienen de por lo menos una decena de fuentes distintas: la camarita de vídeo de un soldado latino que sueña en ser director de cine (Izzy Díaz), los fragmentos de un preciosista documental francés sobre la guerra, los vídeos subidos a Internet por una secta islámica fundamentalista, las imágenes (¿y también sonidos?) captadas por una cámara de seguridad en la base militar estadounidense, la grabación en vídeo de los interrogatorios a los acusados del múltiple asesinato, el reportaje televisivo in situ de alguna cadena árabe, la plática entre un padre en Estados Unidos y su hijo en Irak a través de la computadora, los varios vídeos subidos a youtube y sitios similares, y hasta un testimonio lloriqueante grabado por teléfono celular, pues en Redacted no hay nada que no pueda ser visto/tomado/estudiado/codificado/decodificado por las innumerables cámaras que nos rodean y a las que podemos acceder al prender la televisión, el teléfono, la computadora. Al final, este interesante ejercicio formalista de narración cinemato-video-gráfica culmina en la realidad pura: las fotos verdaderas, auténticas, de los civiles muertos en Irak. Niños, ancianos, mujeres, quemados, mutilados, asesinados… El juego formalista se cierra, pues, abruptamente con el auténtico horror de la guerra.

jueves, 8 de octubre de 2009

Festival Cinema Europa 2009/I



Maria Larsson (Maria Heiskanen) tiene una vida dificil pero más o menos común. Vive en Malmo, Suecia, en 1907: tiene una casa modesta pero habitable, cuatro hijos de variados tamaños y talentos, y un hombrón fuerte, alegre, arrollador, como marido. Sigfrid (Mikael Persbrandt) se llama. El tipo es muy trabajador y adora a sus hijos, pero no deja de tomar sus tragos de más un día sí y otro también, cintarea de vez a cuando a alguno de los niños porque "a nadie le hace daño unos golpes" y, bueno, a veces se revuelca con una que otra mesera que se le atraviesa en el bar. Sigfrid no es un monstruo: más bien es un bruto que no tiene conciencia clara que lo es. Puede ser capaz de la caballerosidad más encantadora y de la violencia más terrorífica. Pero Maria no le tiene miedo. Es más: es probable que Sigfrid sea el único hombre que ella ha amado de verdad. ¿O será que no es más que una enfermiza costumbre imposible de hacer a un lado?

La complejidad emocional que destila el matrimonio de Maria y Sigfrid es parte fundamental del éxito de Los Momentos Imborrables de Maria Larsson (Maria Larssons eviga ögonblick, Suecia-Dinamarca-Noruega-Finlandia-Alemania, 2008), décimo-quinto largometraje del veteranísimo cineasta sueco casi olvidado Jan Troell. Sobre un argumento escrito por la esposa del cineasta, Agneta Ulfsäter Troell, basada en la vida de la abuela de ella, una trabajadora y correosa mujer de inicios del siglo pasado, Troell hace una fascinante crónica no sólo de ese matrimonio en constante turbulencia sino de la vida misma en la Suecia de inicios del siglo pasado: costumbres familiares dificil de desafiar, guerras que se atraviesan, ideologías políticas que sacuden, estratificaciones sociales que se dan por sentado.

En ese escenario tan asfixiante como dinámico -y con siete hijos: en el transcurso de la cinta la mujer pare otros tres, uno de ellos con polio-, Maria descubre una frágil puerta de escape. O, mejor dicho, una ventana llena de luz: arrumbada en un cajón, Maria encuentra una preciosa cámara Contessa que había ganado años atrás en una rifa y quiere vendérsela al amable fotógrafo Pedersen (Jesper Christensen). El hombre la anima a que la use antes de deshacerse de ella. Así, la mujer empieza tomando la foto de sus hijos, continúa con la imagen de una niña ahogada en un lago congelado, sigue con el encuentro de los tres reyes nórdicos -cuya fotografía es publicada en el periódico- hasta abrir su propio estudio de fotografía en la casa, ante la consternación de su machote marido que un día está a punto de cortarle la gargante y el día siguiente la lleva a bailar con toda la familia en el más idílico día de campo imaginable.

En Los Momentos Imborrables de Maria Larsson la magia de la fotografía ocupa el centro dramático y visual del filme, por lo cual la cámara manejada por el propio director Troel -en colaboración con Mischa Gavrjusjov- nos ofrece no sólo una impecable puesta en imágenes de corte clasicista sino también algunos momentos fílmico-fotográficos realmente imborrables, como esa toma en la que perdemos de vista a una traumatizada niña que avanza, caminando, entre la inmensidad inabarcable del hielo y de la nieve. No está la cámara de Maria para verla, para atraparla, para salvarla, pero sí para capturarla horas después, tendida en el féretro, "más bonita que nunca". Así la ve Maria y así la vemos todos.

Los Momentos Imborrables de Maria Larsson se exhibe mañana viernes 9 de octubre en la Cineteca Nacional, en una sola función, a las seis de la tarde. Con esta cinta inicia el ciclo Festival Cinema Europa 2009, que aquí seguiremos en la medida de nuestras posibilidades. La programación completa del ciclo, aquí.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Diabólica Tentación


Varios escribieron por ahí que Diabólica Tentación (Jennifer's Body, EU, 2009) tenía todos los elementos para convertirse en una película de culto. Mi malsana curiosidad y un par de horas libres (como si no tuviera una pila de DVDs sin revisar) me hizo ir a ver el tercer largometraje de Karyn Kusama (meritoria opera prima Girlfight/2000, churrazo Aeon Flux/2005) con guión de la desnudista vuelta escritora de cine (y además oscareada) Diablo Cody.
El guión de Cody contiene, de hecho, lo más interesante de la cinta, aunque nada de ello sea muy original que digamos. En un pueblito gringo bastante macuarro, la Jennifer del título (Megan Fox), la chica más sexy -y más perra y más zorra- de la high-school, tiene una amistad que parece indisoluble con la anteojuda nerd Needy (Amanda Seyfried, efectiva). Entre las dos hay algo más que la simple camaradería femenina: de alguna forma están conectadas cual hermanas gemelas o, si se quiere, como amantes lésbicas apenas reprimidas.Cuando una banda de rock llegue a tocar al pueblito de marras, los miembros del grupo secuestrarán a Jennifer para ofrecerla como sacrificio a Satanás y así ganar fama y fortuna. El asunto es que la sacrificada debe ser virgen y Jennifer no lo es de ninguna parte (como ella lo dice gráficamente en una escena), por lo que el rito satánico se echa a perder y la despampanante muchacha se convierte en un demoniaco ser que necesita comerse apetitosos hombres para sobrevivir.
El subtexto está bien resuelto en el guión: la devoradora sexual de jovencitos Jennifer se convertirá, por obra y gracia de esa posesión satánica, en una devoradora real de los cuerpos de esos desafortunados muchachos, que caerán rendidos ante el cuerpazo de la mujer, quien los lleva a algún lugar apartado para asesinarlos y comérselos. Así, la única persona que podrá detener a Jennifer será su amiga/hermana/amante Needy, una adolescente cuyas hormonas están también en revolución y que se convertirá en una loba feroz cuando Jennifer le quiera bajar a su noviecito santo Chip (Johnny Simmons). Como diríamos en la secundaria: ¡pleito de viejas!
Kusama dirige de manera funcional todo el asunto y logra un par de secuencias interesantes -el asesinato del jugador de futbol americano en un entorno de perverso cuento de hadas, con todo y animalitos del bosque esperando a que él sea devorado; la sabrosa escena lésbica entre Jennifer y Needy que deja más clara aún la relación de las dos muchachas-, pero eso de llamar a esta palomera película de adolescentes jariosas como una posible cult-movie me parece una exageración. Aunque, la verdad, ¿qué sé yo?: soy refractario a mucho de lo que llaman cine de culto. La mayoría me aburre.

lunes, 5 de octubre de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CV


El Expreso de Medianoche (Transsiberian, EU-Alemania-España-Lituania, 2008), de Brad Anderson. El más reciente largometraje del buen artesano Anderson (inédita en México Session 9/2001, El Maquinista/2004 y varios episodios de The Wire, The Shield y otras teleseries de calidad) es un thriller con más de una deuda al inevitable Alfred Hitchcock. La cinta inicia como una versión corregida y aumentada de La Dama Desaparece (Hitchcock, 1938) pero termina con la ambiguedad moral de Sabotaje (Hitchcock, 1936). El reparto masculino es intachable (Ben Kingsley, Woody Harrelson, Eduardo Noriega), pero el centro dramático e interpretativo de la cinta le pertenece a Emily Mortimer, mejor que nunca. Mi reseña en REFORMA.


La Transmisión (The Signal, EU, 2007), de David Bruckner, Jacob Gentry y Dan Bush. Una suerte de omnibus-film que inicia dirigiendo Bruckner, continúa Gentry y termina Bush. La cinta es dispareja, como toda cinta de episodios tiene que ser: el primero, de Bruckner, es espléndido; el segundo, de Gentry, no lo es tanto; el tercero, de Bush, es redundante. La transmisión del título provoca que los habitantes de una ciudad gringa llamada Terminus se dediquen a matar al primero que se encuentran. Una película derivativa del mundo apocalíptico de George A. Romero pero bastante visible, especialmente en su primer segmento. Mi reseña, escrita hace un par de días, aquí.


Diabólica Tentación (Jennifer's Body, EU, 2009), de Karyn Kusama. Ok, ok. Supongo que debería darme vergüenza por tomarme el tiempo de ver a Megan Fox como devoradora de adolescentes en lugar de reseñar, por ejemplo, la última parte de La Condición Humana, que todavía tengo pendiente. Pero, bueno, no tengo vergüenza. Mi disculpa es que un colega escribió que Diabólica Tentación era una posible cult-movie, algo que también leí en alguna reseña publicada en el país del norte. Y, la verdad, me ganó la curiosidad: ¿realmente hay algo más que el cuerpazo de Miss Fox en esta película de hormonales adolescentes depredadoras? Pues sí, hay algo más, pero muy poco, para ser francos. Ya volveré sobre la cinta en la semana.

Debate precioso... y ocioso.

El productor precioso


José Reveles escribe en El Financiero el día de hoy:

"Todavía no nace y ya la quieren matar. El escándalo que no generó al ser publicada la novela de Gabriel García Márquez, hace un lustro, ahora se le quiere endilgar a la película que se filmará en México basada en Memoria de mis putas tristes, a cargo de un respetadísimo y laureado cineasta danés: Henning Carlsen.

Las cosas llegan al extremo de que hoy la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe presentaría una denuncia formal ante la PGR por lo que su dirigente, la maestra Teresa Ulloa, estima que es apología del delito, de la prostitución infantil y corrupción de menores.

Los acusados serían nada menos que el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, el gobernador de Puebla Mario Marín Torres y las empresas Femsa y Televisa, que aportaron recursos financieros para el filme, que se proyecta en locaciones de Puebla y Veracruz...

El codirector de la película, Ricardo del Río, estimó que es absurdo estigmatizar a Memoria de mis putas tristes como apología o glorificación de la pedofilia. Con esa lógica, a cientos de filmes se les puede etiquetar como "apologías": El Padrino, de crimen organizado; Mujer bonita, de prostitución, etcétera."

Por su parte, en su columna de hoy, en El Universal, Lydia Cacho le echa más leña a la hoguera, trayendo a colación el caso Polanski. La periodista termina con una pregunta: "¿tienen o no escritores y artistas una responsabilidad moral por lo reflejado en sus obras y por como se utilicen?". La pregunta es válida y la respuesta... obvia.

domingo, 4 de octubre de 2009

Confesiones Verdaderas/XXV


"I could never have imagined that print film reviewing would be dying. It's unfathomable to me. I don't like reading film criticism on a laptop. I like holding it in my hand… It seems to me from reading a lot of the film criticism that came out of Cannes this year that the few print critics that are left writing are so busy combating these Internet bozos that there's a new formalism, a new self-seriousness among remaining critics, to prove they're professionals. Even some of the younger critics who are still writing in print—well, they're not that young—are coming across like young fogies. There are some good online critics, but then there's these fanboy types: "Ooh, this sucks balls."…

Even though I quit school when I was in junior high, I'm an academic at heart, and my study is cinema. I've been writing a movie review book over the years, and I'm not in any hurry to finish it. I started writing the book because it wasn't enough that I was just seeing movies—they were being lost to the atmosphere. It's like my whole life I'm studying for a professorship in cinema, and the day I die is the day I graduate…"

Quentin Tarantino, lector y escritor de crítica de cine, en entrevista con Ella Taylor. La entrevista completa, acá.

sábado, 3 de octubre de 2009

La Transmisión


La Transmisión (The Signal, EU, 2007) es una película inevitablemente dispareja. Dividida en tres episodios de poco más de 30 minutos y cada uno de esos segmentos dirigido por un cineasta diferente, la cinta lleva su inconsistencia narrativa no sólo como una carta de presentación: es su misma razón de ser. No podía ser de otra manera: la primer parte de la cinta es dirigida por David Bruckner quien, como si estuvieran participando en cierto juego surrealista, le cede la silla a Jacob Gentry para que continúe la historia y éste, luego, le pasará la estafeta a Dan Bush para que dirija el último tercio. Bajo estas circunstancias, La Transmisión tenía casi la obligación de ser dispareja.

Escrito por los propios tres cineastas, el filme es una meritoria puesta al día de las apocalípticas películas de zombies de Romero. En una ciudad americana llamada Terminus -en realidad, Atlanta-, a la gente le agarra la "loquera" de matar a quien se le ponga enfrente. El origen de esta plaga de asesinatos se debe a la señal del título en inglés, una transmisión -como lo dice el título en español- que llega a los cerebros de los habitantes de Terminus a través de la radio, el teléfono, la televisión... Nadie sabe de dónde viene, ni quién la envía -tampoco hay una explicación exhaustiva sobre qué hace caminar a los zombies en La Noche de los Muertos Vivientes (Romero, 1968)- pero las consecuencias son evidentes. Un ejemplo: el vecino de al lado toma sus tijeras para podar, toca las puertas de cada departamento del piso y corta la garganta a quien le abre.

En realidad, pareciera que el violento marido fumigador Lewis (AJ Bowen) no necesita de la señal de marras para sospechar que su mujercita Mya (Anessa Ramsey) lo está engañando, así que cuando llega muy tarde a la casa y no puede sostener la mirada cuando él le pregunta qué estaba haciendo, el instinto asesino de Lewis brota al instante (¿ahí estuvo siempre?) y le destroza la cabeza a batazos a uno de sus invitados nomás porque sí (Transmisión I: Loco de Amor). En la segunda parte (Transmisión II: El Monstruo Celoso), Lewis, que ha capturado al amante de su mujer, Ben (Justin Welborn), llega al clasemediero hogar de una pareja que ha vivido sus propias dificultades -nada grave: la mujer acaba de matar al marido- y ahí conoce también al diligente Clark (Scott Poythress), quien en la escena más delirante de la película conversará con la cabeza decapitada de una de sus víctimas. Cuando llegamos al episodio final (Transmisión III: Escape de Terminus), casi todas las buenas ideas se han agotado, por lo que uno suspira de alivio cuando el sangriento ménage-à-trois entre Mya, Ben y Lewis finalmente se resuelve... más o menos.

La Transmisión carece de las propuestas socio-alegóricas del mejor cine de Romero pero, por lo menos en su primer segmento y en partes del segundo y el tercero, Bruckner, Gentry y Bush, logran dotar de una más que estimable vitalidad narrativa a cada una de las partes de la cinta de las que son responsables. Así, en Transmisión I, la mejor de las tres, Bruckner no toma prisioneros con una bien calculada puesta en imágenes en donde la violencia se sucede de forma tan imprevista como natural: la locura asesina cunde, los cadáveres caen, la sangre brota por todos lados, y los personajes actúan como en una especie de mal sueño del que es imposible despertar. El tono es muy distinto en Transmisión II: el delirio asesino se funde con un humor negro y absurdo digno de Monty Python, así que parece completamente normal aplastarle la cabeza a alguien con un tanque de fumigador sólo porque "venía a ti". Para cuando llegamos a Transmisión III, ya nada puede sorprendernos y el gore más desatado empieza a resultar monótono.

Filmada digitalmente con actores desconocidos y un bajísimo presupuesto (supuestamente sólo 50 mil dólares), La Señal es una modesta, derivativa pero bien ejecutada película de horror que, por lo menos en sus primeros 30-40 minutos, entusiasma de manera genuina. Es bien conocido lo que vemos, sin duda, pero parece fresco por el vigor de la puesta en imágenes. Al final, por desgracia, la frescura se pierde y empieza a oler un poquito a podrido... Será tanto cadáver regado.