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lunes, 30 de noviembre de 2009

Está dentro de ti


Está dentro de ti (Splinter, EU, 2008), opera prima del especialista en efectos visuales y diseñador de secuencia de créditos Toby Wilkins, es una palomera B-movie de horror que toma prestada una par de premisas dignas de George A. Romero (el de La Noche de los Muertos Vivientes/1968, sí, pero también el del episodio de la planta extraterrestre que ataca a Stephen King en Macabras Historias de Horror/1982) y que no hace otra cosa más que re-crearlas eficazmente, con una buena dosis de moronga regada, una amputación en primer plano y la partición en dos de una celosa pero despistada agente de la ley.

El nerd biológo y estudiante de doctorado Seth (Paulo Costanzo) y su guapota y atlética novia Polly (Jill Wagner) se van a acampar a algún aislado bosque para celebrar su aniversario. Las cosas no sólo van a salir mal -serán secuestrados por una pareja de malandrines: el recién escapado de prisión Dennis (Shea Whigham) y su novia drogadicta Lacey (Rachel Kerbs)- sino que se pondrán peor: una especie de hongo parasitario atacará a las dos parejas, dejándolas encerradas en el Oxxo de una gasolinería abandonada.

El "splinter" del título en inglés -que no sabremos nunca de dónde viene: acaso es producto de una investigación que salió mal- invade el torrente sanguíneo, mata a su receptor y, con las espinas que van creciendo dentro del cuerpo muerto, lo convierte en una suerte de zombie desarticulado. En el encierro, el balance de poder cambiará drásticamente: el brutal delincuente Dennis, con todo y su fusca bien cargada, no podrá hacer nada contra el monstruo informe. El doctorante anteojudo Seth, con sus amplios conocimientos de biología, será quien tome ahora la batuta.

Wilkins se muestra como un eficiente artesano: las escenas gore están muy bien resueltas, el reparto es muy competente y la historia, con todo y lo derivativa que resulta, respeta la lógica y el sentido común. Los personajes piensan, toman decisiones, se equivocan, aciertan... Ninguno de ellos es particularmente imbécil y todos resultan lo suficientemente interesantes como para que nos preocupemos por ellos, mientras comemos nuestras palomitas y esquivamos los chorros de sangre y vísceras que salen de pantalla. Pura diversión.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXIII


Amantes (Two Lovers, EU, 2008), de James Gray. Basada vagamente en el relato Noches Blancas, de Fedor Dostoievski y, sobre todo, en la notable adaptación fílmica que realizara Luchino Visconti de ese mismo texto (Noches Blancas, 1957), el cuarto largometraje del neoyorkino Gray pareciera, a primera vista, un brusco cambio de registro en su filmografía. No lo creo así: esta historia sobre un frágil joven judío-neoyorkino (Joaquin Phoenix) partido entre su obsesión por una inestable vecina (Gwyneth Paltrow) y el seguro amor de una agradable muchacha judía (Vinessa Shaw) tiene mucho en común con los oscuros dramas criminales/policiales que han sido la especialidad de Gray. Mi reseña en REFORMA pero volveré a escribir de ella -y de Noches Blancas- en estos días.

Morenita, el Escándalo (México, 2008), de Alan Jonsson Gavica. Ya escribí lo que tenía que escribir hace unos días, específicamente, aquí.

Segunda Muestra de Cine Español/II y último


En Paisito (España-Uruguay-Argentina, 2008), el más reciente largometraje de la veterana egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica Ana Díez (mediometraje documental ganador del Ariel Eva Luz Cruz, Pena Máxima/1985 en codirección con Dana Rotberg, documental hispano-cubano Galíndez/2002), la cineasta nacida en Navarra ha decidido transitar por una ruta harto conocida en los dos lados del Atlántico: el del melodrama político-familiar-histórico que trata de conciliar el traumático pasado (franquista/pinochetista/dictatorial, you name it) con el dificil presente más o menos democrático en el que nadie quiere recordar nada. El nombre de Carlos Saura y su obra maestra La Prima Angélica (Saura, 1974) viene a la mente de inmediato -incluso en el desenlace de Paisito, en donde se hace un guiño directo a aquella amarga alegoría política del franquismo-, pero no es un mérito menor el hecho de que el filme de la señora Díez no desmerezca tanto cuando se hacen las inevitables comparaciones.
España, tiempo presente. El futbolista uruguayo treintón Xavi (Nicolás Pauls) llega a jugar al Osasuna como último paso de su ya decaída carrera deportiva. Ahí se encuentra con su antigua vecina e imposible amor infantil, Rosana (María Botto), quien muchos años antes salió del "paisito" (entiéndase Uruguay), huyendo de una tragedia que unió y separó a los dos cuando apenas tenían 11 años de edad. A lo largo de un fin de semana de encuentros, comidas, cogidas y discusiones, Xavi y Rosana tratarán, infructuosamente, de quedar en buenos términos con su pasado, con ellos mismos, con lo que son, con lo que no pueden olvidar.
Los flashbacks subjetivos/objetivos de la cinta, ubicados en el Montevideo de 1973, son por fortuna la parte central de la trama. Y digo que "por fortuna" pues, en realidad, los adultos Rosana y Xavi nunca llegan a ser tan interesantes como sus contrapartes infantiles o la familia que los rodea. En esos largos viajes al pasado, veremos las tensiones políticas crecientes entre la despótica milicia uruguaya y el movimiento radical izquierdista de los tupamaros, que llevaría al Uruguay al golpe militar, a la guerra sucia y a una dictadura igual de atrabiliaria -aunque acaso más discreta- que sus vecinas del resto de América del Sur. Todos estos acontecimientos los vemos a través de los niños Rosana y Xavi: la primera, hija del jefe de la policía Roberto Severgnini (Mauricio Dayulo); el segundo, hijo de Manuel (Emilio Gutiérrez Caba), un emigrado español y antiguo republicano.
El asunto puede parece esquemático pero es dramáticamente mucho más complejo: Roberto es un policía, sí, pero tiene conciencia. No se siente agusto con la militarización de su país ni se traga el simplón discurso anticomunista de sus jefes. Manuel, por su parte, huyó de la Guerra Civil española en su juventud y, aunque su corazón late hacia la izquierda, no está dispuesto a comprometerse con lo que está sucediendo ni quiere arriesgar a su familia. De alguna forma, los dos páter-familias no quieren tomar bando en la división que se avecina pero, de cualquier forma, pagarán la consecuencia de ello. Más aún: el costo lo seguirán pagando, muchos años después, sus hijos.
Díez plantea una historia conocida, pero la ejecución de la misma no tiene tache. Es cierto, la cinta no posee la elegancia de otras obras que manejan de forma similar la estructura retrospectiva -a bote pronto, recuerdo Cadena Perpetua (Ripsten, 1978) y la recientemente descubierta por mí Noches Blancas (Visconti, 1957)-, pero la dirección de Díez es tan funcional como limpia y el reparto es, sin excepción, uniformemente competente. Acaso haya que lamentar lo explicítamente melodramáticos que resultan algunos diálogos de los Xavi y Rosana del presente ("Yo odio estos labios que te besaron", por ejemplo), pero esta deficiencia se compensa, con creces, con esa crónica oscura y tensa del Montevideo de 1973.

Paisito se exhibe hoy domingo en la sala 10 de Cinépolis Universidad, a las 13:30 y 19:40 horas.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Segunda Muestra de Cine Español/I


A partir de ayer viernes y hasta el próximo jueves 3 de diciembre, se estará presentando en la Ciudad de México la Segunda Muestra de Cine Español, conformada por un puñado de películas provenientes de la Madre Patria -qué cursi se lee esto, me cae- y/o latinoamericanas pero co-producidas con dinero español, como es el caso de La Teta Asustada (España-Perú, 2009) , que se exhibe hoy en Cinépolis Diana a las 15:30 horas. Mi primera impresión de La Teta Asustada, cuando la vi en Guadalajara 2009 esta aquí y la programación y sedes de la Segunda Muestra del Cine Español, acá. Espero poder reseñar un par de cintas más, por lo menos.

viernes, 27 de noviembre de 2009

El evangelio de la década... según Time Out/IV


El Time Out londinense acaba de hacer pública su lista de las 101 películas de la década. El top-ten en orden de preferencia aquí abajito y la lista completa, acá.

1. Deseando Amar (Huayang Nianhua, Hong Kong-Francia, 2000), de Kar-wai Wong.

2. Observador Oculto (Caché, Francia-Austria-Alemania-Italia, EU, 2005), de Michael Haneke.

3. El Viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, Japón, 2001), de Hayao Miyazaki.

4. Petróleo Sangriento (There Will Be Blood, EU, 2007), de Paul Thomas Anderson.

5. La Vida de los Otros (Das Leben der Anderen, Alemania, 2006), de Florian Henckel von Donnersmarck.

6. El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, EU-Canadá, 2007), de Andrew Dominik.

7. Hable con Ella (España, 2002), de Pedro Almodóvar.

8. Lejos del Cielo (Far from Heaven, EU-Francia, 2002), de Todd Haynes.

9. Sin Lugar para los Débiles (No Country for Old Men, EU, 2007), de los hermanos Coen.

10. Diez (Ten, Francia-Irán-EU, 2002), de Abbas Kiarostami.

Morenita, el Escándalo


Después de haber ganado el Colón de Plata a la Mejor Dirección en Huelva 2008, llega finalmente a las salas comerciales de todo el país Morenita, el Escándalo (México, 2008), opera prima de Alan Jonsson Gavica.

El tapatío Jonsson Gavica ha elegido debutar en grande: a su película se le notan los recursos de producción, sus elementos técnicos son por lo menos aptos –dicho de otra manera: la película se ve y se escucha bien- y el reparto secundario, comandado por Don Ignacio López Tarso, es más que respetable. Sin embargo, el thriller –porque a este género pertenece Morenita…- es, en el mejor de los casos, muy elemental. Incluso se antoja que el montaje fue realizado de forma apresurada porque el manejo de los tiempos y las situaciones argumentales no es exactamente el mejor.

La historia, firmada por el propio cineasta y Annabel Oakes, está centrada en el robo de la morenita del título, nada menos que la imagen sagrada de la Virgen del Tepeyac, por parte de Mateo (Horacio García Rojas), el empobrecido nieto del encargado de seguridad de la Basílica, un anciano exmilitar encarnado por López Tarso. El robo del ayate guadalupano es el último recurso que encuentra Mateo para salvar su vida, la de su mujer (Maya Zapata) y la de su propio abuelo, amenazadas por el malévolo narcotraficante “el Pinto” (Everardo Arzate), quien ha hecho responsable de la pérdida de un cargamento millonario de cocaína a Mateo y a las decenas de palomas mensajeras que el muchacho había entrenado para que cruzaran la línea, llevando en sus patas el preciado contrabando de estupefacientes.

La trama es absurda pero, tratándose de un thriller, esto no es necesariamente un defecto -Hitchcock hizo películas con historias aún más increíbles. El asunto es que la narrativa visual del debutante Jonsson Gavica resulta muy abrupta para poder atrapar al espectador. Los acontecimientos se suceden con demasiada rapidez y así es imposible construir cualquier tipo de suspenso.

Sólo para dar un ejemplo de la deficiente construcción dramática de la cinta: al inicio vemos que López Tarso es operado de gravedad en una escena, a la siguiente lo vemos caminar con andadera y segundos después aparece tan campante que podría correr los cien metros planos. Es obvio que aquí –como en otros momentos del filme- se perdió en la sala de edición (o tal vez ni siquiera se filmó) una buena cantidad de pietaje que le habría dado una mínima consistencia dramática a la película.

De hecho, el propio López Tarso, cándidamente, señaló los problemas de la cinta en una entrevista otorgada hace varios meses a Claudia Peralta, en el diario sinaloense Noroeste. Según Peralta, “López Tarso quedó satisfecho con su intervención en Morenita”, aunque le cortaron “una escena que para él era fundamental en su personaje”. En esa misma entrevista, Peralta cita las palabras de López Tarso: “No había visto la película hasta anoche… me llevé la sorpresa… es para solucionar el problema del tiempo… la película se entiende de todos modos, aunque era una escena fundamental” (Noroeste, 14/3/2009).

Sí, Don Ignacio, la película se entiende. Pero, bueno, uno espera algo más que eso. En todo caso, debo apuntar que Morenita... no es, ni de lejos, la peor cinta mexicana que he visto en el año. Aunque supongo que esto tampoco es un gran elogio.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../CXII


Pues con varios días de retraso, damos cuenta de los estrenos que vi el fin de semana pasado, como sigue:

Milagros Prohibidos (No Do, España, 2008), de Elio Quiroga. Meritorio filme de fantasmas en el que se mezclan las típicas neurosis maternales (la madre es encarnada por la inolvidable Ana Torrent) con siniestros complots franquistas/católicos. No es nada del otro mundo y el guión es muy irregular, pero la ejecución de Quiroga es más que competente. Volveremos a esta película en unos días más.

Está dentro de Ti (Splinter, EU, 2008), de Toby Wilkins. Un parásito de origen desconocido infecta a dos parejas (una formada por malandrines, otra por un matrimonio yuppie) que se encuentran en medio de la nada en Estados Unidos. El bicho de marras mata a sus víctimas y se apodera de ellas a través de una suerte de espinas que crecen, como dice el título en español, dentro de las personas. Un palomazo que podría haber aparecido en la original Macabras Historias de Horror (1982) de Romero. También volveremos a ella más tarde (prometer no empobrece...).

El Mejor Lugar del Mundo (Away We Go, GB=EU, 2009), de Sam Mendes. Realizada cuando Mendes se encontraba haciendo la postproducción de la infinitamente superior Sólo un Sueño (2008), esta road=movie matrimonial se ve favorecida por su buen reparto secundario, un par de viñetas cómicas y... nada más. La historia es la de un matrimonio treintón (los comediantes John Krasinski y Maya Rudolph) que toma la carretera para viajar por varias ciudades de norteamérica con el fin de decidir en donde criar al hijo que van a tener en unos cuantos meses. Yo sé que para varios lectores esto será un anatema, pero el asunto es que estos dos personajes no me podrían haber interesado menos. Y ese desenlace: francamente banal. Eso sí, la fotografía de Ellen Kuras es notable, en especial en el uso de los planos medios, ejemplares en su elegancia y su balance. Mi reseña en REFORMA.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

El evangelio de la década... según Mauricio González Lara/IV


Mauricio González Lara es una de las figuras ineludibles de la red en México. Uno de los tres animadores del espléndido sitio cinécdoque -que sigue vigente: ¿ya leyeron el texto sobre Anticristo, de von Trier?-, hace tiempo tiene su propio espacio, Perdido en el Siglo, en donde publica de cine, de música, de obsesiones, de azotes, de entrevistas, de periodismo, de política, además de escribir en Deep y ser uno de los especialistas en México en Responsabilidad Social Empresarial, con todo y libro publicado.

En todo caso, entre tanto que hacer, Mauricio ya se dio tiempo de proponer su propia lista de las 50 mejores cintas de la década. En primer lugar, Mulholland Drive: Sueños, Misterios y Secretos. El resto de la lista, aquí.

51 Muestra Internacional de Cine/VIII y último


¿Qué quiere demostrar el versátil cineasta británico Michael Winterbottom? Según mis cuentas, en sus 20 años de carrera, ha hecho casi de todo –incluyendo musicales, un western y una cinta de ciencia-ficción-, por lo que, para llenar el expediente, creo que lo único que le falta es dirigir algo para Pixar y alguna película de fantasmas. O, mejor dicho, le faltaba, porque Génova (Genova, GB-Islas Caimán, 2008), es precisamente eso: un melodrama familiar contenido en un intrigante filme de fantasmas...

La reseña completa de Génova se publica hoy en REFORMA.

Génova se exhibe hoy en la Cineteca Nacional, a las 11 y a las 18 horas.

martes, 24 de noviembre de 2009

El evangelio de la década... según Nick Schager/III


El cinecrítico de Slant Magazine y otros muchos sitios más, Nick Schager, ha dado a conocer su top-ten de la década en Time Out New York, en orden de preferencia y como sigue:

1. El Nuevo Mundo (The New World, EU-GB, 2005), de Terrence Malick.

2. Mullholland Drive: Sueños, Misterios y Secretos (Mullholland Dr., EU-Francia, 2001), de David Lynch.

3. Zodiaco (Zodiac, EU, 2007), de David Fincher.

4. Petróleo Sangriento (There Will Be Blood, EU, 2007), de Paul Thomas Anderson.

5. Un Oscuro Deseo (Trouble Every Day, Francia-Alemania-Japón, 2001), de Claire Denis.

6. Deseando Amor (Fa yeung nin wa, Hong Kong-Francia, 2000), de Kar-wai Wong.

7. Zui hao de shi guang (Francia-Taiwán, 2005), de Hsiao-hsie Hou.

8. Mujer Fatal (Femme Fatale, Francia-Alemania-EU, 2002), de Brian De Palma.

9. Los Excéntricos Tenenbaums (The Royal Tenenbaums, EU, 2001), de Wes Anderson.

10. Crónica de un Asesino en Serie (Salinui chueok, Corea del Sur, 2003), de Joon-ho Bong.

51 Muestra Internacional de Cine/VII


Al adaptar a la pantalla grande la novela Desgracia (Ed. Mondadori), del Premio Nobel 2003 J. M. Coetzee, la pareja matrimonial formada por el actor vuelto cineasta Steve Jacobs y su productora/guionista Ana Maria Monticelli, enfrentó un reto descomunal: traducir la complejidad dramática y moral del libro al lenguaje visual del cine que, por fuerza, resulta ser más prosaico.
El resultado, contra todo pronóstico, es muy satisfactorio, pues Desgracia (Disgrace, Sudáfrica-Australia, 2008), la película, transita por el mismo camino del texto de Coetzee: una ruta difícil que no ofrece atajos salvadores a sus personajes ni a los espectadores.
Estamos en Ciudad del Cabo, en la Sudáfrica del post-apartheid. El cincuentón profesor de poesía David Lurie (John Malkovich, en un papel que parece haber sido escrito para él) es obligado a renunciar a su plaza en la Universidad después de que se hiciera público su affaire sexual con una joven estudiante negra (Antoinette Engel)...

La reseña completa de Desgracia se publica hoy en la sección cultural de REFORMA.

Desgracia
se exhibe hoy en la Cineteca Nacional.

lunes, 23 de noviembre de 2009

El evangelio de la década... según el Festival de Toronto/II


Toronto, uno de los festivales fílmicos más amplios y eclécticos del orbe, ha interrogado a más de 60 críticos, historiadores, curadores y directores de otros festivales de cine acerca de cuáles son las mejores películas de la década. La lista completa, acá, y el muy elitista y festivalero top-ten, aquí abajito y en orden de preferencia de los 60-y-tantos individuos que contestaron la encuesta:

1. Sang sattawat (Weerasethakul, Tailandia, 2006).

2. Shijie (Jia, Hong Kong-China-Japón-Francia, 2004).

3. Sanxia haoren (Jia, China, 2006).

4. Buen Trabajo (Denis, Francia, 1999).

5. Deseando Amor (Wong, Hong Kong-China, 2001).

6. Sud pralad (Weerasethakul, France-Tailandia-Alemania-Italia, 2004).

7. La Muerte del Señor Lazarescu (Puiu, Rumania) y Werckmeister Harmóniák (Tarr, Hungría, 2000).

8. Elogio de Amor (Godard, Suiza-Francia, 2001).

9. Cuatro Meses, Tres Semanas y Dos Días (Mungiu, Rumania, 2007).

10. Luz Silenciosa (Carlos Reygadas, Mexico-Francia-Holanda, 2007).

51 Muestra Internacional de Cine/VI


Cuando hemos llegado a los primeros 30 minutos de 35 Tragos de Ron (35 rhums, Francia-Alemania, 2008), el más reciente largometraje de Claire Denis (No Tengo Sueño/1994/, Buen Trabajo/1999), ya no puede caber una sola duda: un lacónico padre viudo, una amorosa hija veinteañera, la cercanía del retiro laboral por parte del hombre, la posibilidad del amor por parte de la muchacha…
Todo esto ya lo hemos visto antes, en otro contexto, en otro país, en otro idioma: me refiero a la obra mayor de Yasujiro Ozu El Fin de la Primavera (1949). Las similitudes dramáticas están ahí: son historias idénticas. No es casualidad.
Sin embargo, este conmovedor filme de Denis, sin duda el más accesible que ha dirigido en toda su carrera, es mucho más que un mero remake del clásico de Ozu...

La reseña completa de 35 Tragos de Ron ha sido publicada el día de hoy en la sección cultural de REFORMA.

35 Tragos de Ron
se exhibe hoy en la Cineteca Nacional.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Acoso del Más Allá


Marnie Watson (Famke Janssen) acaba de ser liberada de la cárcel para cumplir el resto de su condena (un año nada más) en arresto domiciliario. Marnie ha sido enviada a vivir en la escena del crimen: el caseron de dos plantas y sótano incluido en el que mató, en defensa propia, a su abusivo marido golpeador, el cuico de mal carácter Mike (Michael Paré). La única condición para no perder el privilegio del arresto domiciliario es no cruzar el límite de 100 pies reglamentarios, algo que la policía se dará cuenta de inmediato, pues Marnie lleva un brazalete localizador en el tobillo. El compañero de Mike, el también cuico Shanks (Bobby Cannavale), espera pacientemente que Marnie cometa el primer error para cobrárselo caro. Aunque Shanks no tendría por qué molestarse: en cuanto la viuda de motu propio llega a su casa, empezará a recibir la fantasmal visita de Mike, que no ha olvidado la costumbre de golpear a su mujer una y otra y otra y otra y otra vez... El asunto es que si la primera vez nadie le hizo caso a Marnie porque Mike era policía, ahora que el tipejo es un fantasma y ella no puede huir de él, tendrá Marnie, de nuevo, que tomar cartas en el asunto.
Acoso del Más Allá (100 Feet, EU, 2008), cuarto largometraje del guionista y ocasional cineasta Eric Red (director de Cuerpos Malditos/1991, guiones de Hitcher, Asesino de la Carretera/Harmon/1986 y Cuando Cae la Oscuridad/Bigelow/1987, entre muchos otros), es un palomero filme de horror fantasmal que parece, a ratos, poco más que un derivado muy menor de la notable cinta ochentera El Ente (Furie, 1981).
La película, que no mereció estreno comercial en el país del norte, se ve enormemente beneficiada por la presencia de la señora Janssen, que le da una enorme verosimilitud a su personaje -es decir, le creemos que pudo matar a su marido primero y que puede liberarse de su ojete fantasma después-, mientras el director Red logra una espléndida secuencia de horror cuando Mike toma venganza del juvenil amante de Marnie, dejándolo como santocristo, bañado en sangre. Sin embargo, la realidad es que la película no da para mucho más que eso: un mero entretenimiento genérico no particularmente brillante.
Tengo la sensación que la cinta podría haber sido mucho mejor después de una edición más rigurosa y un guión más cuidado. Por un lado, habría que eliminar alguna subtrama inútil -sí, Mike es un policía corrupto, tiene miles de dólares escondidos en la casa pero, ¿y?: la cinta no hace nada con esta información- y, también, se tendría que justificar de una manera más clara la eliminación final de Mike que, la verdad, está sacada de la manga. Pero, bueno, ya caí en ese feo vicio de la crítica de cine: no contentarse con señalar deficiencias, vicios o errores sino apuntar lo que debería haber hecho el director. Cortar aquí, agregar allá... Genio y figura.
En todo caso, tengo que aceptar que la subtrama del dinero que encuentra Marnie debajo del piso de su casa, sirve para una de las mejores escenas (involuntarias) de la película. Así, Marnie toma el dinero y llama a un sacerdote católico para donar toda esa lana demoniaca y malhabida a la iglesia del barrio. ¿Y de pasada, ya que está por aquí, no podría el señor cura bendecir la casa y exorcisar al fantasma golpeador? No, no, dice el valiente sacerdote. No puede hacer eso. Sale despavorido de la casa; eso sí, sin olvidar la maleta llena de dinero. Hasta parece obispo mexicano recibiendo su narcolimosnota.

sábado, 21 de noviembre de 2009

51 Muestra Internacional de Cine/V


Los primeros minutos de Gigante (Uruguay-Argentina-Alemania-España, 2009), multipremiada opera prima del bonaerense avecindado en Montevideo Adrián Biniez, nos ubican en un estilo visual minimalista que, de tanto repetirse en todas partes, ha empezado a convertirse en un cliché tan identificable como, digamos, la infaltables explosiones en cualquier filme de acción hollywoodense.

Durante esa primera parte de la cinta, Biniez y su cinefotógrafo Arauco Hernández Holz usan la cámara fija, los encuadres funcionales, las tomas en planos medios y generales. El estilo es apto para el tema: estamos siguiendo la rutina diaria de “Jarita” (Horacio Camandule), un hombrón de cuerpo y rostro intimidantes que trabaja como guardia de seguridad en un supermercado de Montevideo. El tipo completa el gasto chambeando de sacaborrachos en un bar rockero/metalero de mala muerte, aunque es obvio, desde el inicio, que “Jarita” no mata una mosca: se hace de la vista gorda cuando una doñita se embolsa unos fideos, alguien le da un golpe en la cabeza cuando se descuida y un compañero de trabajo lo toma de punching-bag nomás de diversión...


La reseña completa de Gigante se publica hoy en la sección cultural de Reforma.

Gigante se exhibe hoy en la Cineteca Nacional a las11 y 18:15 horas.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El evangelio de la década según... A. O. Scott/I


Empieza la avalancha de listas de lo mejor del cine de la primera década del siglo. (Sí, ya sé, en sentido estricto la década inició en 2001 y terminará en 2010 pero, bueno, las convenciones son las convenciones). Y la primera lista digna de mostrarse es la del cinecrítico del New York Times, A. O. Scott. Se trata de nueve programas dobles y una película de seis horas: 19 filmes en total. Unas cuantas películas de esta lista aparecerán en la mía, en enero de 2010.


1. Wall-E (Stanton, 2008) e Inteligencia Artificial (Spielberg, 2001).

2. Yi-Yi (Yang, 2000) y Shijie (Jia, 2004).

3. Golpes del Destino (Eastwood, 2004) y Cartas desde Iwo Jima (Eastwood, 2006).

4. 4 Meses, 3 Semanas y 2 Días (Mungiu, 2007) y El Niño (Hermanos Dardenne, 2005).

5. El Laberinto del Fauno (Del Toro, 2006) y Where the Wild Things Are (Jonze, 2009).

6. La Meglio Giuventú (Giordana, 2003).

7. Darwin's Nightmare (Sauper, 2004) y Iraq in Fragments (Longley, 2006).

8. Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos (Gondry, 2004) y Hable con Ella (Almodóvar, 2002).

9. La Hora 25 (Lee, 2002) y When the Leeves Broke (Lee, 2006).

10. Muerte a la Media Noche (Altman, 2001) y Moolaade (Sembène, 2004).


La lista completa con sus comentarios, aquí.

Pídala Cantando/XII


Un lector de este blog me pidió, vía Twitter, la reseña de Femme Fatale que, en su momento, fue vilipendiada por la crítica gringa y alabada por su similar francesa. A mí, en lo particular, me gustó mucho y así se puede constatar en esta reseña publicada hace siete años, y como sigue:

Reflexiones postmodernas sobre las características propias del relato fílmico sobran y al pasto en los últimos años. Iniciando con las ingeniosas deconstrucciones genéricas de los hermanos Coen y Tarantino de finales de los 80 y principios de los 90, los últimos 15 años han sido un constante rizar el rizo del relato cinematográfico hollywoodense: narraciones construidas a partir de la mente de alguien con doble personalidad (El Club de la Pelea; Fincher, 1999), de cierto personaje que se escapa con nosotros a un mundo de fantasía (Bailando en la Oscuridad; von Trier, 2002), de alguien con esquizofrenia (Una Mente Brillante; Howard, 2001) o, de plano, filmes-provocación que buscan dinamitar toda narrativa clásica desde el interior de la misma y sin contemplaciones (la genial Mullholland Drive; Lynch, 2001).

De esta estirpe forma parte Mujer Fatal (Femme Fatale, EU-Francia-Alemania, 02), el más reciente thriller hitchcockiano dirigido por Brian de Palma, sin duda su más redondo filme desde el drama gangsteril Atrapado por su Pasado (1993). La trama, escrita por el propio De Palma, es una irresistible fusión de temas extraídos de la obra de Hitchcock (el voyeurismo y la obsesión romántica, específicamente) con una premisa filosófica buñueliana por excelencia, hecha explícita en Tristana (1970): frente a un camino que se bifurca, ¿qué pasaría si, en lugar de caminar por la calle de la izquierda, caminas por la de la derecha? O, dicho de otra manera, ¿cómo cambia tu vida cada pequeña decisión que tomas?

El filme de De Palma inicia en la noche de apertura en el Festival de Cannes, con el cineasta Regis Wernier pisando la alfombra roja del brazo de una suculenta mujer llamada Verónica (Rie Rasmussen), quien va caminando casi desnuda, apenas cubierta sus pechos con un brassiere de oro y diamantes en forma de serpiente. En el interior del baño, su amante, la no menos despampanante Laure (Rebecca Romijn-Stamos,), la espera para hacerle el amor frente a nosotros, mientras uno de los cómplices de Laure sustituye el preciado sostén (usted sabe, la pícara de Verónica se lo quitó) por una vil copia de metal y cristalitos. Como podría esperarse, el asunto sale mal, hay balazos, heridos, corretizas y una casualidad digna del mejor Hitchcock: Laure es confundida con una tal Lily, una pobre mujer que acaba de perder un hijo y que piensa quitarse la vida. Así, Laure tendrá la oportunidad de ocultar su verdadera identidad, salvar el pellejo y quedarse con el susodicho brassiere que, como en todo filme hitchcockiano que se precie de serlo, no es más que un simple McGuffin que, al rato, todo mundo olvida. La historia se complica aún más cuando, años después, entra en escena un paparazzi (Antonio Banderas), quien le toma una foto inesperada a Laure/Lily, descubriendo su identidad escondida.

Mujer Fatal, como de costumbre en la obra de De Palma, está lleno de referencias a la obra del Mago del Suspenso (en específico a Vértigo/1958), pero esta vez el relato logra integrarlas a la perfección en una película que resulta, en partes iguales, un brillante thriller con sexo, violencia y emoción bien dosificados; una meditación sobre el destino individual y las casualidades que rigen la vida; y un aviesa (¿traviesa?) deconstrucción genérica que monta con un impresionante cuidado una complicada trama de engaños y traiciones para, después, de un plumazo, iniciar todo de nuevo, desde una perspectiva diferente, cual perverso juego narrativo de inspiración buñueliana.

En el aspecto formal, De Palma se muestra tan efectivo (y adecuadamente efectista) como siempre. A la irresistible secuencia inicial (con dos bellísimas mujeres haciendo el amor, sinuosos movimientos de cámara, acción paralela en tres lugares distintos y un envolvente leit-motif musical extraído del Bolero de Ravel adaptado por Ryuchi Sakamoto) le sigue el brillante desarrollo de una historia tan increíble y arbitraria que solo bajo las expertas manos de alguien como De Palma puede funcionar. El filme, de hecho, necesita verse por lo menos un par de veces, pues ya descubierto el “truco” narrativo de De Palma, el filme se nos muestra en todo su esplendor, en los más pequeños detalles visuales y sonoros que, después, resultan ser los más importantes.

Para ser honestos, da gusto encontrarse a un De Palma que, cruzando los 60 años de edad y por lo menos en este filme, ha podido reinventarse sin traicionar su estilo ni sus obsesiones. Esperemos que este sea el primer paso en la recuperación de un cineasta que nos entregó algunos de los mejores thrillers hollywoodenses de inicios de los 80: Vestida para Matar (1980), Estallido (1981), Doble de Cuerpo (1984)… y, ahora, Mujer Fatal.

jueves, 19 de noviembre de 2009

[REC] 2


En [REC] 2 (España, 2009), tercer largometraje a cuatro manos de los especialistas en cine de horror Jaume Balagueró y Paco Plaza (después de OT: la Película/2002 y la exitosísima [REC]/2007), los cineastas españoles han optado por una secuela que no es un mero remake con más efectos especiales ni una exacta continuación de los acontecimientos vistos en la primera parte, sino una suerte de replanteamiento argumental no carente de ingenio.

La película inicia unos minutos después del fin de la primera parte. No hay tiempo para recordar nada: quien vaya a ver [REC] 2 debe tener presente de lo que trataba la cinta original, pues los cineastas/guionistas cuentan con eso. Así pues, estamos en Barcelona, en las afueras del edificio de departamentos infectado, cuando un pequeño grupo de agentes especiales con armas de alto poder y pequeñas cámaras de video en sus cascos, escoltan a un tal Dr. Owen (Jonathan Mellor) al interior del inmueble, con el fin de tomar unas muestras de saliva y de sangre. Ya adentro, después de que el desastre se vuelva a desatar –usted sabe, cuando los zombies rabiosos empiecen a correr y a morder al primero que encuentren, incluyendo a los propios agentes-, Owen descubrirá su verdadera identidad, que tiene que ver con la nueva vuelta de tuerca de la historia.

Si el gimmick de la cámara “real” y subjetiva no era exactamente muy original que digamos en la primera [REC], aquí lo es menos. Tampoco ya hay demasiadas sorpresas, más allá de esa novedad argumental que no comentaré y la re-aparición de algún personaje de la primera parte. Eso sí: hay secuencias de horror bien logradas, aunque la cámara temblorosa y tambaleante con la que vemos la acción se pasa de confusa. Está bien que no se muestre claramente todo lo que sucede, pero tendría, por lo menos, que sugerir algo. Lo malo es que en ocasiones la imagen no transmite nada y el sonido se vuelve un maremagnum de gritos, jadeos, insultos y palabras entrecortadas. No hay quien entienda un carajo.

Tampoco agrega nada el hecho que, hacia la mitad de la cinta, nos demos cuenta que, además de Owen y los policías, hay tres adolescentes con otra camarita en el mismo edificio. Al final de cuenta, da lo mismo ver las acciones a través de las cámaras de los agentes que a través del aparato de los inconcientes muchachos que se meten al edificio a grabar “algo emocionante”. Y no sólo no agrega nada a la película, sino que alarga la historia innecesariamente, pues de repente tenemos que ver ooootra vez las mismas escenas, sólo que ahora desde el punto de vista de estos tres chamacos metiches.

Al final, con un guiño a Aliens (Cameron, 1986), el filme termina con una imagen genuinamente perturbadora y con la clara alusión que habrá una tercera parte. Qué remedio.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El cliché que yo ya vi.../LVI


Joel Meza, que quiso cooperar para que Ronald Emmerich se compre un nuevo yate, propone:

"¡Te salvaste, mano!": En las películas de acción, cuando el malo cae por un precipicio siempre se muestra su caída, generalmente hasta el momento en que se estampa en el suelo. En cambio, cuando es el héroe el que pierde el piso, nunca vemos cuál fue su suerte y por si fuera poco, sus amigos en pantalla siempre lo creerán irremediablemente muerto... hasta que, por supuesto, de la nada aparezca la proverbial y temblorosa mano que se aferra al borde del precipicio, seguida de la otra mano y finalmente, por supuesto, el héroe completito, sano y salvo, entre risas y abrazos de quienes ya se veían cafeteándolo. Tres ejemplos rápidos: Indy ciscando a su papá en La Ultima Cruzada; Kirk niño en Star Trek y esta semana John Cusack se agrega al selecto grupo mientras el mundo se acaba en 2012.

martes, 17 de noviembre de 2009

El Estudiante


Soy el primero en creer que la variedad de voces y la pluralidad de propuestas cinematográficas son un bien en sí mismo. Si hay un tímido regreso al cine popular/populachero de otras épocas (Oveja Negra/Hinojosa Oscariz/2009, Conozca la Cabeza de Juan Pérez/Portes/2008, por dar un par de ejemplos), si ha habido una serie de intentos más o menos (in)dignos por ganar una parte de la taquilla nacional a través de la copia de fórmulas fílmicas probadas en Hollywood (Recién Cazado/Bueno/2009, Paradas Continuas/Loza/2009), si hay lugar hasta para un cine militante de izquierdas y prozapatista (Corazón del Tiempo/Cortés/2009), no veo por qué habría que arrugar la nariz frente a cintas como El Estudiante (México, 2009) que, a su modo, también expresa una militancia ideológica clara, pelea limpiamente por un pedazo de pastel de la taquilla mexicana y desea encajar en un tipo de cine que fue muy popular hace varias décadas en México: el melodrama regaña-jóvenes de los años 50/60 del siglo pasado.

En efecto, la opera prima de Roberto Girault, El Estudiante, es una película orgullosamente conservadora, anti-abortista, pro-abstinencia sexual, además de cursi, sentimental y chantajista. No está mal realizada –o, por lo menos, no está mucho peor que la media de lo que queda del cine postindustrial mexicano-, pero tampoco brilla de manera particular: acaso lo más logrado de su muy elemental gramática fílmica sea la escena en la que escuchamos a un par de viejos recordar cómo era el galanteo en su época mientras vemos cómo es ahora, en la actualidad, entre los jóvenes mexicanos de hoy.

La trama, a estas alturas, es bien conocida, pues Girault ha podido abrir innumerables puertas en medios de comunicación y universidades para dar entrevistas y conferencias. Qué bueno que así sea, por cierto. Bien por él y por su entusiasmo por hacer cine. Pero, decíamos, la trama es conocida y harto previsible: el anciano setentón Chano (Jorge Lavat) decide matricularse en la Universidad de Guanajuato para estudiar literatura y, de pasada, darle sabias lecciones de vida a esa Juventud Desenfrenada (Díaz Morales, 1956) que cuando no se mete drogas, fornica con el maestro y hasta, ¡horror de horrores!, quiere hacer el amor antes de casarse. Don Jorge Lavat será, pues, una suerte de versión masculina de Libertad Lamarque que le dará lecciones de (Pro)Vida a quien se deje, se molestará cuando los muchachos no traten a sus novias como damas decimonónicas y les aconsejará como apropiarse de El Quijote de la Mancha para cierto montaje teatral que, al inicio, parece muy importante pero que, al final, resultará que no lo es tanto, pues todo mundo se olvida de él.

Lo del montaje teatral quijotesco nunca mostrado es el menor de los problemas: las inconsistencias en la trama y en la construcción de los personajes son legión. Lavat encarna a un hombre de 70 años, pero tiene un par de hijas que parecen nietas. Está bien que no use las palabras “chido” o “rola” pero, ¿de verdad no las conoce? ¿En qué parte de México ha vivido en los últimos 70 años? En cuanto a los estudiantes en los que influye el generoso Chano: ¿no tienen familia? Si exceptuamos a la mamá del chavo drogadicto, nadie más aparece en el entorno de estos idealizados jóvenes universitarios que aprenderán a enamorarse a ritmo de los boleros de Agustín Lara.

Las buenas intenciones de Girault no están nunca en duda, sus edificantes mensajes moralistas tampoco y si ese es el México que él quiere ver, está en todo su derecho. No me voy a quejar de su México provincial idealizado: después de todo, Alberto Cortés en Corazón del Tiempo ha hecho algo muy similar, sólo que con signo ideológico contrario y en territorio zapatista.

El problema de El Estudiante radica en su realización muy apenitas y en la ausencia de toda complejidad dramática. Si un servidor se quedó hasta el final, fue por disciplina y porque, si iba a escribir una reseña, tenía que ver la cinta completa. Es lo menos que podía hacer.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXI


El Secreto de la Sirenita (Gake no ue no ponyo, Japón, 2008), de Hayao Miyazaki. El más reciente largometraje del maestro Miyazaki tiene bien puesto su intachable mensaje ideológico y presume alguna de las secuencias más bellas de toda su filmografía, pero, de cualquier forma, estamos ante una obra muy menor por parte del cineasta japonés, sobre todo si la comparamos con obras más arriesgadas como Nausicaä (1984) o La Princesa Mononoke (1997). Mi reseña en REFORMA.

Acoso del Más Allá (100 Feet, EU, 2008), de Eric Red. Famke Janssen es dejada en arresto domiciliario por un año después de haber matado en defensa propia a su abusador marido cuico. El asunto es que el arresto de marras tiene que ser en su propia casa y su mariachi golpeador sigue ahí, en forma de fantasma chocarrero. La película tiene buenos momentos y Janssen encarna de forma convincente a su acorralada viuda por motu propio, pero el asunto no pasa de ser un mero palomazo genérico. De todas formas, es probable que vuelva a esta película en la semana.

Los Abrazos Rotos (España, 2009), de Pedro Almodóvar. Para todo completista almodovariano -como quien esto escribe-, el más reciente largometraje del cineasta manchego es más que una obligación: es una especie de rito cinefílico al que hay que acudir sin excusa de ninguna especie. Pero con todo y la admiración que profeso por el cine de Don Pedro, la realidad es que estamos ante una obra muy menor, digresiva y reiterativa en el peor sentido de esas dos palabras. Mi reseña, in extenso, aquí.