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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Fotogramas 2009

"¡Pásele a los fotogramas del año!"



Se termina el año y, como ya lo hemos hecho antes, he aquí un puñado de imágenes, escenas, secuencias, sonidos, presencias que se quedaron en la memoria personal. Algunos provienen de grandes películas. Otros, no tanto. Pero todos se grabaron en mi memoria.

**El rostro descompuesto de KaDee Strickland cuando su maniática pareja criminal no la puede estrangular “como se debe” en Desaparecidas (Lau, 2007).

**Jamal como guía de turistas en el Taj-Mahal en Quisiera Ser Millonario (Boyle, 2008). Ah, y la banda sonora de la película, claro.

**La sencilla, clasicista y conmovedora partitura que escribió Clint Eastwood para su propia película: El Sustituto (Eastwood, 2008).

**John Cusack fumándose un cigarrillo con su hija de doce años (Shélan O’Keefe) en Una Muerte Inesperada (Strouse, 2007).

**La secuencia de la toma de Santa Clara en Che, el Argentino (Soderbergh, 2008).

**La escena del desayuno después de la pelea, la imagen final de la película, el juicio devastador de Michael Shannon y la presencia de él mismo en una de las mejores películas del año: Sólo un Sueño (Mendes, 2008).

**Rebeca Hall. Nomás porque sí. En Frost/Nixon (Howard, 2008). Pero podría ser en cualquier película.

**Frank Langella como Nixon en Frost/Nixon: encarna a un dinosaurio herido pero de todas formas sumamente peligroso.

**Colin Farrell en En Brujas (McDonagh, 2008).

**La imagen del pingüino suicida en Encuentros en el Fin del Mundo (Herzog, 2007).

**La secuencia de los ratones circenses en Coraline y la Puerta Secreta (Selick, 2009).

**El irresoluble laberinto cósmico-temporal creado por Nacho Vigalondo en Los Cronocrímenes (2007).

**La conquista de James Franco por Sean Penn en el metro neoyorkino en Milk (van Sant, 2008).

**La conversación entre Viola Davis y Meryl Streep en La Duda (Shanley, 2008).

**El viejo guardia de seguridad dándole dinero a Wendy en Wendy y Lucy (Reichardt, 2008).

**La escena de la alberca en Déjame Entrar (Alfredsen, 2008), por supuesto. Cómo olvidarla.

**Anne Hathaway y Debra Winger en El Casamiento de Raquel (Demme, 2008).

**Despampanante Cécile de France en Un Secreto (Miller, 2007).

**Pasquale ve por la televisión a Scarlett Johansson llevar el vestido que él diseñó en Gomorra (Garrone, 2008).

**El prólogo de Duplicidad (Gilroy, 2009), en el que Paul Giamatti y Tom Wilkinson se pelean en ralentí.

**Las presentaciones estelares de los monstruos, acompañados de los gritos histéricos de una secretaria en Monstruos vs. Aliens (Letterman y Vernon, 2009). Ah, y la relación de BOB con una gelatina en la misma película.

**El papá, en mandil, en la cocina de su distante hijo, en Las Flores del Cerezo (Dörrie, 2008).

**Bill Pullman en Vigilancia Extrema (Lynch, 2008).

**El plano-secuencia en la guarida de la Mara Salvatrucha en Sin Nombre (Fukunaga, 2009).

**El baile del protagonista en el pasillo del hospital en Cenizas de la Luz (Majidi, 2005).

**Sigourney Weaver en Reconstruyendo Mi Vida (Auburn, 2007).

**La secuencia del matrimonio en Up (Docter y Petersen, 2009): acaso los mejores minutos de cine puro de todo el año.

**La confesión de un hombre frente al sacerdote Werner Herzog en la por demás insoportable Míster Lonely (Korine, 2007).

**La presencia de Ronit Elkabetz en La Visita de la Banda (Kolirin, 2007).

**Zachary Quinto en Star Trek (Abrams, 2009).

**Sally Hawkins en La Dulce Vida (Leigh, 2008). El monólogo final de Eddie Marsan en esta misma cinta.

**La falsa película porno Star Whores en Hagamos una Porno (Smith, 2009). Brandon Routh como amante gay de Justin Long en esta misma película.

**La secuencia inicial con los 26 perros corriendo por las calles de Tel-Aviv, en Vals con Bashir (Folman, 2008).

**La niña protagonista de La Culpa la Tiene Fidel (Gavras, 2006).

**La muerte de “Baby Face” Nelson en medio de una lluvia de balas en Enemigos Públicos (Mann, 2009).

**La imagen final, con la mamá postiza meciendo a su bebé, de Instinto Siniestro (Bustillo y Maury, 2007).

**Fernando Luján en Cosas Insignificantes (Martínez Crowther, 2008).

**Mike Tyson cantando una de Phil Collins (“In the Air Tonight”) en ¿Qué Pasó Ayer? (Phillips, 2009).

**El poseído bailando en el aire de Arrástrame al Infierno (Raimi, 2009).

**La niña Bertille Noël-Bruneau de La Niña y el Zorrito (Jacquet, 2007).

**José María Yazpik en Sólo Quiero Caminar (Díaz Yañez, 2008).

**Nueva York a Escena (Kauffman, 2008)… Toda la película, de hecho. Fallida, quebrada, fascinante.

**La escena en la que Emmanuel Mouret y Virginie Ledoyen se desvisten: el foreplay más cortés y educado que he visto en toda mi vida. En Bésame, por Favor (Mouret, 2007).

**La mirada insoportablemente desafiante de Esmeralda y, luego, su reseña de La República, de Platón, en La Clase (Cantet, 2008).

**Jen Murray, impresionante, en Dorothy Mills: el Exorcismo (Merlet, 2008).

**Christoph Waltz, el descubrimiento actoral del año, en Bastardos sin Gloria (Tarantino, 2009). Y, por supuesto, la magistral secuencia inicial.

**”Usted tiene la obligación de atenderme”, dice el humano infectado en un changarro de comida rápida en donde le niegan el servicio. En Sector 9 (Blomkamp, 2009), claro está.

**El delincuente juvenil Brett mirándose al espejo en el desenlace de Silencio en el Lago (Watkins, 2008).

**Silverio Palacios, al ver llegar a Wanda Seux: “¡ya llegó la pizza!”. Si sólo en ese mismo tono desenfadado hubiera estado toda esa fallida comedia llamada Paradas Continuas (Loza, 2009).

**Maggie Gyllenhaal en El Mejor Lugar del Mundo (Mendes, 2009).

**La escena del bar a ritmo de “Siboney” en 35 Tragos de Ron (Denis, 2008).

**El trabajo de cámara de Arnau Valls Colomer en Parque Vía (Rivero, 2008).

**Juliette Binoche quitándose la ropa a ritmo de “Quién Será”, en la versión de Rosemary Clooney, en París (Klapisch, 2007).

**Las clases de lenguaje viril en la peluquería en Gran Torino (Eastwood, 2008).

**El caballo alienígena en llamas en Avatar (Cameron, 2009). Stephen Lang, robándose esta misma película en cada aparición que hace.

**La banda sonora de Buenas Costumbres (Elliott, 2008). Y Colin Firth, por supuesto.

**La secuencia de la fiesta en Los que se Quedan (Rulfo y Hagerman, 2008). Otro momento de cine puro.


Y acá, los cuatro minutos más emocionantes/emocionados de cine puro del 2009


El evangelio de la década y del 2009... según Anne Thompson/XI y XIX


Acaso la mejor columnista de la industria hollywoodense, Anne Thompson es más una periodista cinematográfica que una crítica de cine, propiamente dicha. Sin embargo, su top-ten de la década y el de este año que termina es más interesante que varios de los que he publicado aquí. Sus elecciones son audaces: la mejor película de la década, para ella, es el memorable melodrama histórico-familiar La Meglio Giuventù (2003), de Marco Tulio Giordana. Y la mejor cinta del año, Chi Bi Xia (2009), de John Woo. La lista completa de la señora Thompson, aquí.

El evangelio del 2009...según Mauricio González Lara/XVIII


Mauricio González Lara ha publicado en su blog, Perdido en el Siglo, su top-15 del año, que encabeza esa obra maestra de la desesperanza matrimonial, cotidiana, que es Sólo un Sueño (2008), de Sam Mendes. Su lista completa, con todo y comentarios, aquí.

martes, 29 de diciembre de 2009

El evangelio del 2009... según Film Comment/XVII


Todavía no está a la venta el número de enero-febrero de 2010 de Film Comment, en donde se publicará, con detalles, el top-20 del 2009, según los colaboradores de esa inevitable revista de cine. Sin embargo, en el blog de The Film Society of Lincoln Center se adelantaron y publicaron la susodicha lista, sin detalles ni comentarios. Para variar, el top-20 está encabezado por The Hurt Locker, de Kathryn Bigelow (¿será la ex de James Cameron la primera directora en ganar el Oscar?). La lista completa de Film Comment, aquí.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXVII


El Limonero (Etz Limon, Israel-Alemania-Francia, 2008), de Eran Riklis. El más reciente largometraje de Riklis es un melodrama femenino envuelto en una trama política... ¿o es al revés? Mi comentario, cuando la exhibieron en el pasado Foro de la Cineteca, esta aquí, y mi reseña en REFORMA.

Actividad Paranormal (Paranormal Activity, EU, 2007), de Oren Peli. Acaso el fenómeno taquillero del año -costó 15 mil dólares y lleva recaudada más de cine millones de billetes verdes-, la opera prima de Peli es un triunfo de la publicidad viral más que del cine, propiamente dicho. Mi reseña in extenso, en la semana.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Cuéntamela otra vez.../VII

Memorándum para los que se atrevan a hacer un remake de una película de Alfred Hitchcock: para no hacer el ridículo, elijan alguna que sea de las cintas más flojas y/o escasamente conocidas del Mago del Suspenso y consíganse un reparto a toda prueba. No les tiene que ir tan mal.
Por lo menos eso fue lo que hizo el reaparecido cineasta australiano Stephan Elliott con Buenas Costumbres (Easy Virtue, GB-Canadá, 2008), nueva versión del casi desconocido melodrama Easy Virtue (GB, 1927), realizado por Hitchcock para el famoso productor Michael Balcon.
A esas alturas, en 1927, Hitchcock ya empezaba a ser reconocido por el público y la crítica de su tiempo (ya había realizado su primera obra mayor, El Enemigo de las Rubias/1926 e inmediatamente después de Easy Virtue dirigiría la magistral El Ring/1927), pero es obvio que al entonces joven cineasta le faltaba todavía unos cuantos años, con la llegada del cine sonoro, para que su nombre se impusiera en el imaginario popular como el maestro del thriller. De hecho, basta revisar la obra silente hitchcockiana para darse cuenta de la variedad de géneros en los que trabajó el director británico antes de especializarse en el .manejo del suspenso y en el thriller mismo.

Easy Virtue no tiene buena fama. De todos los libros que tengo de Hitchcock -el canónico del recientemente fallecido Robin Wood, el de Donad Spoto, el de Sterrit, el de Harris y Lasky, el de Philip Kemp y hasta en el de Guillermo de Toro- en ninguno se le dedica más que unas cuantas líneas al filme y algunos, de hecho, ni siquiera lo mencionan. El mismo Hitchcock, aparentemente, tampoco lo tenía en buena estima.
Sin embargo, una revisión cuidadosa y desprejuiciada del quinto largometraje hitchcockiano -disponible en DVD de Región 1 y legalmente en la red- desmiente todas las objeciones antes descritas: estamos ante un melodrama muy convencional, sin duda alguna, pero visualmente fascinante y hasta sofisticado, como bien lo señala Spoto, uno de los pocos historiadores y críticos que le han dedicado aunque sea un párrafo a esta cinta.
La trama, basada en una obra teatral de Noel Coward, está centrada en Larita Filton (la guapa rubia Isabel Jeans), una joven mujer divorciada que arrastra un pasado de escándalo: un pintor enamorado de ella, después de herir a su alcohólico marido con un arma de fuego, termina suicidándose. Ella es llevada a juicio, pero es encontrada inocente de todos los cargos. Para huir de la bataola mediática, Larita se va de vacaciones al sur de Francia, donde conoce al joven millonario John Whittaker (Robin Irvine), de quien genuinamente se enamora y con quien accede a casarse. De regreso a Londres, a la estirada mansión de los Whittaker, el pasado tormentoso de Larita saldrá a colación, lo que le hará la vida imposible entre esa aristocrática familia. Y más aún porque su joven marido no tiene el mínimo carácter para enfrentarse a su dominante madre (imponente Violet Farebrother).
Aunque se trata de un melodrama femenino típico -de alguna manera, un precursor de lo que muchos años después Molly Haskell llamaría el woman's film-, algunos de los elementos asociados al cine de Hitchcok hacen su aparición: el personaje central acusado injustamente de algo que no cometió y que es, en este caso, la emblemática mujer rubia hitchcockiana; la castrante madre dominadora que vuelve inútiles o enfermos a sus hijos; y, especialmente, un estilo visual y narrativo ágil, tan elegante como funcional, que sería la indeleble marca de fábrica del cineasta.
Habría que mencionar, por ejemplo, la manera en la que inicia y termina la cinta -con la imagen de la blanca peluca del juez-, el audaz uso de las elipsis, el papel que juegan ciertos objetos -una botella, una carta- en las transiciones narrativas y, por supuesto, la graciosa escena de la telefonista que escucha la declaración de amor de John a Larita. Como lo haría posteriormente en innumerables ocasiones -este detalle lo menciona acertadamente Guillermo Del Toro en las líneas que le dedica al filme en su muy meritorio libro-, este recurso de enterarnos de lo que sucede a través de los gestos de los personajes y hasta los de una tercera persona, sin sonido de ninguna especie -o, en este caso, sin ningún intertítulo- es uno de los elementos visuales/preferidos del Mago del Suspenso, que siempre que podía eliminaba los diálogos para que las imágenes hablaran por sí solas.
La versión de Easy Virtue de 2008 -estrenada hace un par de semanas en nuestro país con el título de Buenas Costumbres- retoma la trama central, pero el tono usado por el director Elliott no podría haber sido más diferente. Y que bueno que así sea.

En esta ocasión, la cinta inicia con el amor a primera vista de John Whittaker (el adecuadamente blando Ben Barnes) por Larita (suculenta Jessica Biel), una audaz americana viuda que gusta de correr autos. Estamos también en la riviera francesa, en los rugientes años veinte, en la inmediata postguerra y antes de la Gran Depresión, así que todo mundo ríe, baila, bebe y canta... menos en la casa familiar de los Whittaker, por supuesto, regida por la histérica mano de hierro de Kristin Scott-Thomas, perfecta como la dominadora señora de la casa. El marido es el coronel retirado Colin Firth -otra inspirada elección: pocos actores como él para transmitir la tolerancia apenas embozada ante la estupidez-, quien será -como en la versión de Hitchcock- el único apoyo que encontrará Larita en el hogar venido a menos de los Whittaker.
Aunque hay algunos cambios en la trama -Larita no es divorciada, sino viuda y sospechosa de haber asesinado a su marido-, el corazón de la historia es básicamente el mismo: una recién llegada es vista como una amenaza arribista por una familia de snobs, incapaces de ver más allá de sus prejuicios. Lo que resulta notable en esta adaptación de Elliott es el ligero tono que le imprime a todo el asunto, casi como si tratara de una comedia de enredos con vocación de cine musical. De hecho, además del impecable trabajo de todo el reparto y de la inventiva puesta en imágenes dirigida por Elliott, resulta igual de atractivo la banda sonora, conformada por una serie de canciones que van comentando de manera gozosa/irónica/mordaz lo que vemos en pantalla. Se trata de un grupo de canciones orgullosamente anacrónicas -las piezas provienen de una época posterior a la mostrada en la cinta, como la clásica Let's Misbehave, de Cole Porter- pero elegidas con buen gusto y, algunas de ellas, interpretadas por el propio reparto o el equipo de producción, incluyendo al propio director Elliott (de hecho, el magnífico album de la película se puede escuchar -bueno, fragmentos de él- en este mismo sitio, en la columna derecha de este blog).
Pero ya alabé antes la dirección de Elliott, a la que califiqué de inventiva. En efecto, con la ayuda de la cámara de Martin Kenzie y la edición de Sue Blainey, el cineasta autraliano logra no sólo algunas extraordinarias secuencias -por ejemplo, el prólogo, que pasa del newsreel silente al estilizado cartel de época- sinto, también, innumerables encuadres ingeniosos que nos dicen más de los personajes que los propios diálogos escritos por el propio director Elliott y Sheridan Jobbins.
Acaso el único reproche que creo necesario hacerle a este buen filme del reaparecido Elliott -responsable de la comedia Las Aventuras de Priscilla, la Reina del Desierto (1994) y el subvalorado thriller de espionaje Obsesión/Eye of Beholder (1999)- es el incongruente desenlace, que traiciona no la obra de Coward ni la adaptación de Hitchcock, sino el carácter de Larita y del coronel Whittaker. Ese derrape final impide que Buenas Costumbres sea la obra mayor que pudo ser... aunque sigue siendo, de todas maneras, muy disfrutable.

sábado, 26 de diciembre de 2009

El evangelio del 2009... según J. Hoberman/XVI


Aunque el primer lugar en la lista del influyente cinecrítico del Village Voice, J. Hoberman, es redundante -sí, otra vez The Hurt Locker-, la novedad es el número cuatro -Voy a Explotar (2008), de Gerardo Naranjo-, la número 10 -Chi Bi Xia (2009), del reaparecido John Woo- y su polémica elección de Bastardos sin Gloria sobre Un Hombre Serio. El asunto no es que haya elegido a Tarantino sobre los hermanos Coen -cada quien sus preferencias-, sino la explicación que dio, calificando a Un Hombre Serio como "nazi-porn". El apelativo provocó una serie de reproches de parte de varios de sus colegas (Schager, Ebert, Tobias...) en la blogósfera y en twitterlandia. La polémica lista completa de Hoberman, aquí.

viernes, 25 de diciembre de 2009

El evangelio de la década y del 2009... según Robert Koehler/X y XV


El consenso crítico en el país del norte parece estar establecido. Si la película del año no es The Hurt Locker, entonces es L'Heure d'Êté. Por eso es refrescante el top-ten del año -y más aún el de la década- de Robert Koehler, el muy profesional cinecrítico del Variety que, me consta, por lo menos en Guadalajara, no hace otra cosa que ver películas, una detrás de la otra, siempre a tiempo, siempre con su libretita de mano. Primero, su top-ten de la década. Luego, el del año. Otros apuntes de Koehler, aquí.


De la década:

1. No Quarto da Vanda (Portugal-Alemania-Suiza-Italia, 2000), de Pedro Costa.
2. La Libertad (Argentina, 2001), de Lisandro Alonso.
3. Sang Sattawat (Tailandia-Francia-Austria, 2006), de Apichatpong Weerasethakul. Mi reseña aquí.
4. En la Ciudad de Sylvia (In the City of Sylvia, España-Francia, 2007), de José Luis Guerín.
Mi reseña aquí.
5. L'Intrus (Francia, 2004), de Claire Denis.
6. Zhantai (China-Hong Kong-Japón-Francia, 2000), de Zhang-ke Jia.
7. Ren Xia Yao (Corea del Sur-Francia-Japón-China-2002, de Zhang-ke Jia.
8. La Muerte del Señor Lazarescu (Moartea domnului Lazarescu, Rumania, 2005), de Cristi Puiu. Mi reseña, aquí.
9. Los Angeles Plays Itself (EU, 2003), de Thom Andersen.
10. Juventude em Marcha (Portugal-Francia-Suiza, 2004), de Pedro Costa.


Del 2009:
1. Politist, adj. (Rumania, 2009), de Corneliu Porumboiu.
2. El cant dels ocells (España, 2008), de Albert Serra.
3. Tulpan (Rusia-Alemania-Polonia-Suiza-Kazajastán, 2008), de Sergei Dvortsevoy.
4. Revanche (Austria, 2008), de Götz Spielmann.
5. El Divo (Il Divo, Italia-Francia, 2008), de Paolo Sorrentino. Mi reseña en REFORMA.
6. El Fantástico Señor Zorro (Fantastic Mr. Fox, EU-GB, 2009, de Wes Anderson.
7. Caminando Aún (Aruitemo Aruitemo, Japón, 2008), de Hirokazu Koreeda. Mi reseña en REFORMA.
8. The Feature (EU, 2008), de Michel Auder y Andrew Neel.
9. 35 Tragos de Ron (35 rhums, Francia-Alemania, 2008), de Claire Denis. Mi reseña en REFORMA.
10. Sector 9 (District 9, EU-Nueva Zelanda, 2009), de Neill Blomkamp. Mi reseña en REFORMA.

jueves, 24 de diciembre de 2009

El evangelio del 2009... según Peter Travers/XIV


El top-ten del cinecrítico de Rolling Stone, Peter Travers, tiene varias sorpresas. La principal, su mejor filme del año que no es The Hurt Locker (Bigelow, 2009) ni L'Heure d'Êté (Assayas, 2008), sino Precious: Based on the Novel "Push" by Sapphire Precious, de Lee Daniels, cinta que ha causado bastante controversia en el país del norte. La lista completa de Travers, con sus comentarios, aquí.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El evangelio del 2009...según David Edelstein/XIII


El cinecrítico David Edelsten, del New York Magazine, dio a conocer la semana pasada su lista de lo mejor -o, más bien, lo más influyente- de la década. Aquí está, con comentarios, su top-ten del año, que encabeza la más reciente cinta del excinecrítico vuelto cineasta Olivier Assayas, L'Heure d'Êté (2008), que se programó en el FICCO 2009 y que esperamos (¿sentados?) verla exhibida comercialmente en México en el 2010. Y si no, ya está el DVD por ahí.

El evangelio del 2009... según Village Voice/XII


Casi cien cinecríticos respondieron a la acostumbrada encuesta anual del Village Voice sobre lo mejor del año. Aquí abajo el top-ten y acá los resultados completos.

1. The Hur Locker (EU, 2009), de Kathryn Bigelow.

2. L'Heure d'Êté (Francia, 2008), de Olivier Assayas.

3. Un Hombre Serio (A Serious Man, EU-GB-Francia, 2009), de los hermanos Coen.

4. Bastardos sin Gloria (Inglourious Basterds, Alemania-EU, 2009), de Quentin Tarantino.

5. 35 Tragos de Ron (35 Rhums, Francia-Alemania, 2008), de Claire Denis.

6. La Mujer sin Cabeza (España-Argentina-Francia-Italia, 2008), de Lucrecia Martel.

7. Politist, adj. (Rumania, 2009), de Corneliu Porumboiu

8. El Fantástico Sr. Zorro (Fantastic Mr. Fox, EU-GB, 2009), de Wes Anderson.

9. Amantes (Two Lovers, EU, 2008), de James Gray.

10. Up, una Aventura de Altura (Up, EU, 2009), de Pete Docter y Bob Petersen.

martes, 22 de diciembre de 2009

Avatar


El cinecrítico J. Hoberman, del semanario neoyorkino Village Voice lo ha definido mejor que nadie: Avatar (Ídem, EU-GB, 2009), el octavo largometraje del “rey del mundo” James Cameron, es, “sin lugar a dudas, el mejor western de caballería realizado en tercera dimensión… Lástima que el modelo de este western haya sido Danza con Lobos (Costner, 1990)”.

En efecto, la trama escrita por el propio Cameron no es más que un mero recalentado de aquel ñoño western noventero en el que un soldado enviado a la frontera en donde viven los otros, los diferentes, termina siendo conquistado por esos “primitivos” que hablan otro lenguaje y que adoran la naturaleza, con la cual tienen una relación más que física, espiritual.

Estamos en la luna Pandora, en el año 2154. El exmarine parapléjico Jake Sully (Sam Worthington) es llamado a colaborar en un exclusivo proyecto científico-corporativo-militar: su misión es infiltrarse entre los miembros de la tribu de los Na’vi, una raza de humanoides de color azul y tres metros de altura, quienes viven en un edénico bosque repleto de bestias y plantas de fantasía. Cada quien tiene sus propios objetivos: los científicos, coordinados por la Dra. Augustine (Sigourney Weaver), están investigando qué relación especial tienen los Na’vi con la naturaleza que les rodea; los malvados capitalistas, dirigidos por un espléndido Giovanni Ribisi, quieren un mineral valiosísimo que se encuentra en los territorios de los Na’vi; y los militares, comandados por el coronel Quaritch (Stephen Lang, imponente)… bueno, los militares nomás quieren echar bala y matar todo lo que se mueva, como es su añeja costumbre.

La estrategia diseñada para la infiltración es el corazón visual y dramático de la película: Sully es colocado en una cápsula especial y, a través de ella, su mente es conectada con su “avatar”, un Na’vi “hechizo” indistinguible de los demás. De esa manera, con la forma física de cualquier Na’vi, pero con el habla, el pensamiento y los sentimientos de un ser humano, Sully está en condiciones de convivir con esa tribu que vive en un enorme árbol, que doma criaturas voladoras y que se conecta con todos los seres vivientes de Pandora a través de unas terminaciones nerviosas que se encuentran en la punta de su larga cabellera. Por supuesto, en la medida que Sully empieza a conocer a los Na’vi , especialmente a la princesa heredera Neytiri (Zoe Saldana actuando a través de la tecnología de captura de movimientos), su misión de agente-doble (o triple) se irá al caño, pues el mundo “ensoñado” en el que vive mientras está encerrado en la cápsula es más rico, más vívido, más placentero, que el mundo “real” en el que es un parapléjico atado a su silla de ruedas, sirviendo de peón en los intereses de los demás.

La trama, insisto, es muy elemental y harto derivativa: además de la ya mencionada Danza con Lobos, hay guiños a varios westerns revisionistas (El Ocaso de los Cheyennes/Ford/1964, por ejemplo) y un alud de referencias nada veladas a la participación militar estadounidense más reciente (“¿Qué quiere esta gente?”, dice desesperado el cínico corporativo Ribisi, “¡les hemos dado carreteras y escuelas y no cooperan!”, refiriéndose a los Na’vi, aunque podría estar hablando de los ingratos afganos o iraquíes). El discurso político del filme (antiimperialista, anticorporativo, antiutilitarista) es intachable aunque proviniendo del belicoso Cameron, de la casa Fox y de Hollywood mismo, el asunto resulta por lo menos gracioso: he aquí un filme que se estrenó simultáneamente en cada conjunto de cines de planeta pero que, eso sí, reniega del imperialismo gringo; he aquí un filme que propone que no importa el dinero sino el amor, pero que fue realizado con 300 millones de billetes verdes; he aquí un filme que abraza la idea de que lo primitivo y lo natural es valioso, pero la envoltura tecnológica del mensaje, incluyendo la 3-D, es lo que en realidad le puede interesar al espectador más escéptico, incluyendo a quien esto escribe.

Es en este último punto en donde Avatar me conquistó. La primera hora, en la presentación del escenario contrastante –la base militar americana y la selva virgen de los Na’vi-, Cameron juega con la tecnología que tiene a la mano como un auténtico maestro. Es evidente que la historia es casi irrelevante y que podría haber sido reducida a la mitad del tiempo. Sin embargo, hubiera sido un crimen visual hacerlo: la tercera dimensión envuelve tanto en los espacios interiores de la base –los hologramas que salen de la pantalla, curvándose- como en el interior de la selva misma, cuando uno siente que está caminando al lado de Sully, haciendo un lado la vegetación que aparece frente a nuestros ojos.

En su segunda parte –Avatar dura cerca de tres horas-, el filme se estaciona peligrosamente, acaso porque el asalto visual del inicio ha perdido mucho de su impacto y porque la trama del conquistador conquistado es previsible a leguas.

En la última sección, sin embargo, Avatar se recupera y con creces: la batalla monumental –por tierra, aire y fuego- entre los Na’vi y los mercenarios americanos quita genuinamente el aliento. Como buen cineasta de acción, Cameron conoce de qué manera montar los distintos escenarios y las diferentes batallas sin perder un instante a los personajes claves: Sully, Neytiri, el padre de ella Eytukan (Wes Studi), el guerrero Tsu’Tey (Laz Alonso), el diríase invencible coronel Quaritch, la marine con conciencia Trudy (Michelle Rodríguez)… En esa última media hora, Avatar justifica todos los halagos que se han escrito en el país del norte sobre ella, aunque su aparición en algunas listas de lo mejor del año me parece francamente exagerado.

En el epílogo, Sully despertará en su nueva vida, en su nueva forma, en su nueva carne… Ser un simple ser humano no es suficiente para él. Ni para James Cameron, por supuesto.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Mis problemas con Joe

Me acerqué al cine de Apichatpong Weerasethakul a mediados de la década, cuando en toda revista seria de cine que caía en mis manos -Cahiers du Cinèma, Sight and Sound, Film Comment, you name it- no aparecían más que encendidos elogios para el cuarto largometraje del cineasta tailandés, Sud Pralad (Tailandia-Francia-Alemania-Italia, 2004), conocido internacionalmente como Tropical Malady. La cinta ganó el Premio del Jurado en Cannes 2004 y apareció en buena parte de las listas de lo mejor del año.

Con su siguiente filme, Sang Sattawat (Tailandia-Francia-Austria, 2006), distribuido en todo el mundo como Syndromes and a Century, sucedió algo similar: la cinta concursó en Venecia 2006, fue alabada por buena parte de la crítica internacional, apareció en varios top-tens del año y, más aún, en uno que otro top-ten de esta década que termina, como que el que está aquí.

El asunto es -y aquí va mi confesión urbi et orbi- que no me puedo conectar con el cine de Weerasethakul. Es decir, aprecio la estructura narrativa bifucarda/especular de sus cintas, admiro su controladísima puesta en imágenes y más aún su riquísima banda sonora (el cine del tailandés hay que verlo y, además, escucharlo), pero sus historias, de plano, no me interesan. No me emocionan. No siento ninguna conexión emocional con lo que muestra. Pero, insisto, es mi problema, no el de Weerasethakul -o, mejor dicho, de Joe, pues así pide el cineasta tailandés que lo llamen cada vez que da una conferencia de prensa en algún festival fílmico occidental, por aquello de su impronunciable apellido.

La primera hora de Sud Pralad es la que mejor justifica los halagos al cine de Joe. El soldado Keng (Banlop Lomnoi) conoce en la selva al iletrado campesino Tong (Sakda Kaewbuadee), con quien siente una clara atracción amorosa. Tong se deja y no se deja querer: acepta que Keng lo manosee en el cine, pero responde a su enamorado con juegos más que con pasión. No queda muy claro si Tong es un inocente o un perverso: se encoge de hombros cuando lee una declaración de amor de Keng y sonríe con cada avance que da Tong pero, llegado el momento, el inasible jovencito desaparecerá en la noche, dejando con un palmo de narices a Keng.

La segunda parte de Sud Pralad no tiene una relación directa con la trama gay antes descrita... por lo menos no en apariencia. Un soldado perdido en la selva, aparentemente el mismo Keng, se enfrenta a un chamán (¿Tong?) que puede convertirse en cualquier cosa. El brujo, transformado en tigre, acosa al soldado quien, hacia el final, luego de recibir los consejos de un mandril parlante, ha decidido entregarse al chamán.

La conexión entre los dos segmentos es, en realidad, bastante evidente: en los dos hay una búsqueda sensual por el otro y una resistencia de ese otro -sutil, en la historia de la pareja de muchachos; violenta, en el caso del soldado perdido en la selva- a entregarse. Se trata de un par de relatos que funcionan como reflejos especulares uno del otro: del terreno más o menos convencional del cine romántico gay pasamos a un terreno mucho más (pretendidamente) poético y significativamente más sensual. En su segunda parte, Sud Pralad exige que el espectador no despegue los ojos de la pantalla: la selva tailandesa, en toda su inabarcable sensualidad visual y sonora, apabulla.

Sang Sattawat, el quinto largometraje de Joe, es un filme mucho más controlado y, por lo mismo, menos apantallante. Al igual que en Sud..., otra vez tenemos una trama que se bifurca y se repite, ahora con mucha mayor claridad.

En la primera parte, ubicada en un pequeño hospital rural, la joven doctora Tei (Nantarat Sawaddikul) entrevista al médico recién llegado, el exmilitar Nohng (Jaruchai Iamaram), al mismo tiempo que rechaza los avances amorosos del joven campesino Toa (Nu Nimsomboon) y atiende a un anciano monje budista (Sin Kaewpakpin) que le pide medicamento controlado para dárselo a otros monjes y a la gente que vive en su comunidad. En otro lugar del hospital, un joven monje, Sakda (Sakda Kaewbuadee, el misterioso campesino Tong de Sud Pralad), quien siempre quiso ser un DJ, entabla amistad con el dentista que lo atiende, Ple (Arkanae Cherkam), quien compone y canta su propia música cuando no está en el hospital. Entre los dos parece haber una conexión, pero como en Sud Pralad, Sakda Kaewbuadee desaparece en la noche sin seguir a su nuevo amigo (¿o enamorado?).

En la segunda parte, estamos en otro hospital, pero éste es moderno, citadino, con unos ventanales enormes e imponentes, desde donde se puede ver todo Bangkok. Sin embargo, los personajes son los mismos y los diálogos son muy similares. Cambian algunas circunstancias y no son los mismos encuadres, pero de nuevo Tei entrevista a Nohng, es espiada por su enamorado Toa, el anciano monje es ahora atendido por otro médico pero vuelve a pedir los medicamentos controlados sin receta, el joven monje Sakda entra a atenderse con un dentista...

Después de plantear la variación de la misma historia, la segunda parte de Sang Sattawat se separa finalmente de la primera: conocemos a la prometida de Nohng, que quiere que su novio cambie de trabajo y vemos a otros personajes aparecer y cobrar importancia, entre ellos un jovencito envenenado con CO2.

Nuevamente las dos mitades tienen que ser unidas por el espectador: las variaciones son mínimas entre las dos partes, pero en las dos aparece, entre los personajes, el mismo sentido de pérdida y búsqueda del amor. Si en lo personal me gustó mucho menos Sang Sattawat que Sud Pralad esto se debe, acaso, a que el ingrediente exótico del primer filme ha sido expurgado por completo: frente a nosotros están varias parejas comunes y corrientes que se sienten perdidas por no recibir o no poder expresar amor.

Joe ha dicho (Sight and Sound, octubre 2007, p. 47) que Sang Sattawat está basada en y dedicada a su papá y su mamá (ambos médicos) y que muchas de las viñetas que conforman la cinta provienen de sus propios recuerdos infantiles y de conversaciones con sus padres. Que se trata de su cinta más querida. La más personal. No lo dudo: tan personal que resulta frustrantemente críptica. Igual hay que anotar que Sang... fue realizada con el fin de celebrar el 250 aniversario de Mozart. Eso sí, la conexión entre la música de Mozart y la historia de estos médicos se los dejo de tarea.

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