jueves, 28 de enero de 2010

Invictus


Hacia la mitad de Invictus (Ídem, EU, 2009), el más reciente largometraje del infalible (casi) octogenario Clint Eastwood, uno de los devotos guardaespaldas negros del Presidente Nelson Mandela (Morgan Freeman, con otra nominación al Oscar en la bolsa) le dice a su compañero blanco/afrikáner que el admirado Primer Mandatario de Sudáfrica no es un santo. Que es un hombre y tiene problemas y debilidades como cualquier otro.

Por supuesto, esto es cierto de Mandela y de cualquier otro ser humano, por más admirable que nos resulte. Sin embargo, al ver Invictus, un melodrama deportivo que funciona como capcioso discurso sociopolítico (y viceversa), uno tiene que llegar a la conclusión que si alguien ha llegado a rozar la santidad en las últimas tres o cuatro décadas es, precisamente, Nelson Mandela (1918-), incansable luchador contra el criminal apartheid, prisionero en la Isla de Robben durante 27 años ininterrumpidos y primer presidente negro de Sudáfrica de 1994 a 1999. Vamos, si alguien merece una hagiografía con todas las de la ley ése es precisamente “Madiba” y eso es lo que nos entrega Eastwood en Invictus, su trigésimo largometraje.

Por supuesto, Eastwood es un cineasta bastante inteligente como para conformarse con el olor a santidad. No han transcurrido muchos minutos en el filme cuando nos damos cuenta que el Mandela encarnado por Freeman tiene, en efecto, una estatura moral inexpugnable pero, también, es un auténtico animal político. Sus decisiones están basadas no sólo en la convicción moral sino en el cálculo político casi maquiavélico y en una buena dosis de orgullo personal/racial. El Mandela de Invictus puede parecer casi un santo, pero dista mucho de ser aburrido.

El filme inicia con la liberación de Mandela, el 11 de febrero de 1990. Cuatro años después, “Madiba” –así lo llaman sus devotos colaboradores- llega a la presidencia de Sudáfrica con un reto descomunal que no es solamente económico. El asunto es más complejo: se trata de asegurar la viabilidad de la nación. Es decir, que los oprimidos negros recién liberados de su yugo y los opresores blancos ahora amenazados por la mayoría negra puedan convivir juntos. Hay desconfianza y franco pavor por parte de los afrikáners; hay deseos de retribución y hasta revancha por parte de los negros. La construcción política/simbólica de Sudáfrica resultará, pues, la prioridad de Mandela, quien encuentra en el Mundial de Rugby 1995 –del cual Sudáfrica es el anfitrión- la oportunidad perfecta para hacer que blancos y negros compartan por fin el mismo imaginario. La apuesta de Mandela es arriesgada: apoyar con toda su fuerza moral al equipo nacional, los Springbroks, símbolo de los afrikáners y del apartheid, para lograr la confianza de los blancos, mientras convence a los negros que es hora de olvidar agravios y apoyar a un equipo que debe ser de todos, sin distingos de color.

Eastwood dirige con su acostumbrada maestría. Su estilo es mostrar, no subrayar: se permite una sola escena en la cual el lirismo simbólico se impone. Me refiero a la imagen de Mandela, solo en su oficina, garrapateando unas líneas que le dará al capitán de los Springbroks, Francois Pineaar (Mat Damon, cumplidor), mientras la luz que proviene de una de las ventanas baña su cabeza. Se trata de un halo de luz que rodea a Mandela, como si estuviéramos en algún arcaico melodrama griffithiano. Por lo demás, Eastwood es el cineasta hollywoodense clásico por excelencia: es digno de admiración e imitación. Su estilo es funcional, no llama la atención sobre sí mismo y les profesa un enorme respeto a sus actores. Nunca los sacrifica en aras de un apantallante movimiento de cámara o de un montaje mareador.

Si la cinta se quedó a un grado de estar al lado de sus obras maestras –Los Imperdonables (1992), Un Mundo Perfecto (1993), Los Puentes de Madison (1995), Río Místico (2003)- esto se debe, en mi opinión, a unos cuantos deslices: el par de canciones sacarinosas que se escuchan en la banda sonora y al exagerado uso del ralentí en la secuencia final, cuando los Springbroks se enfrentan a los All Blacks neozelandeses en el juego por el Campeonato Mundial. En este mismo sentido, he leído por ahí que Eastwood no dirige de la manera más acertada los encuentros de rugby. La verdad, debo confesar que soy un completo ignorante: a mí me parecieron juegos muy emocionantes aunque, eso sí, no le entendí ni madres.

22 comentarios:

unperdidoenelsiglo dijo...

Concuerdo totalmente. Sólo apuntaría que, si bien hay una mirada de admiración constante, Eastwood visualiza a Mandela como un hombre de familia fallido,que ha perdido a sus seres queridos por el sacrificio que implica su labor política o incluso por fallas personales que nunca conocemos,pero sí intuímos. En ese sentido,las tomas de Mandela solo en su recámara mientras escuchamos un pianito jazzero lo emparentan con el entrenador de Million Dollar Baby o el viejo de Gran Torino. Más al respecto en esta increíble entrevista de GQ, quizá la mejor que le hayan hecho a Clint en tiempos recientes: http://www.gq.com/entertainment/men-of-the-year/2009/badass/clint-eastwood-legend-invictus-director
salu2 a to2

Joel Meza dijo...

Pos acá siguen pudiendo más Alvin y las ardillitas, que Eastwood. No se estrenó. Espero que este fin de semana la tengan para verla, leerte y comentar.

Anónimo dijo...

Además del uso del ralentí, no me convención del todo la escena de la visita de los Springbroks a la cárcel en la que estuvo Mandela. En concreto, cuando Pienaar "vió" a Mandela sentado en la celda o picando piedra. Pensé: "¿es necesario estos recursos à la Ron Howard ("Una mente brillante", "El Código Da Vinci"), en un director de su categoría". Aunque el manejo de Eastwwod fue más discreto que lo que acostumbra hacer Howard y que tuvo un objetivo emotivo, me pareció un sustituto imperfecto para comunicar los sentimientos de los personajes sin usar diálogos.

Por otra parte, en Invistus están temas recurrentes en Eastwood: personajes que se reinventan ante las circunstancias cambiantes, el perdón, etc, pero ahora llevado al plano de la definición de un país. Creo que esto no sólo permite volver complejo al personaje de Mandela, sino al de Pienaar y el (des)conjunto del pueblo sudafricano. Sólo me queda preguntarme como hubiera funcionado la película si en el guión se hubieran referenciado más otras aspectos de Mandela: su pasado violento (100% eastwoodniano), su difícil relación con su familia y algunos (raros) arranques públicos de resentimiento hacia sus captores (como cuando le dieron el premio Nobel).

Por cierto, hace como un año leí el libro de John Carlin. Creo que debemos agradecerle a Eastwood su sobriedad para ahorrarnos algunos momentos de profundo "sentimentalismo", que en manos de otros pudieron ser explotados de manera muy chocante.

Saludos,

Jorge

Tyler dijo...

este fin sin falta la veo...

Diezmartinez dijo...

Mauro: Sí, claro. De hecho, borré de último minuto una línea que se refería al "ojo alegre" de "Madiba". Se intuye que la fidelidad no era exactamente lo suyo. Se trata de un hombre admirable incluso por eso: por sus fallas tan mezquinamente humanas.

Jorge: También algo se intuye de lo que dices en las razones que da Mandela para ser generosos con los blancos. Se trata no sólo de ser coherentes ni de ser maquiavélicos: hay de orgullo personal/racial que menciono en el texto. Sucede cuando dice: "si nos portamos con ellos así, estaremos confirmando lo que piensan de nosotros... Sorprendámoslos". Hay mucho de orgullo y también de resentimiento embozado en ello.
Saludos.

Joel Meza dijo...

Sólo quiero comentar de una vez que hace años supe que algún día Morgan Freeman sería Mandela en una película. Era cuestión de tiempo.

unperdidoenelsiglo dijo...

Va recortado de nuevo ellink a la entrevista de Clint: http://bit.ly/8J2M7q

Anónimo dijo...

Al margen: El actual capitán de la selección sudafricana de fútbol también se apellida Pienaar. ¿Cuál será el equivalente en rugby de La Selección de Todos? ¿Japón?

Juan Carlos Romero dijo...

De pronto, al ver el twitter de Diezmartínez me encontré la frase "Ah, y que nadie ose gustarle Invictus. De una vez: que no mame".
Por Dios, que pensé que no eras tú... ¿Por qué ese arrebato?

Diezmartinez dijo...

Jajajajaaja... Sí, tiendo a ser demasiado correcto. Cosas de mi educación a la antigüita y clasemediera. La explicación es muy larga pero la resumo: digamos que tiene que ver con algo que se escribió de mí en el twitter. Algo como: "No mames, ya estás como Diezmartínez y su adoración por W. Allen" (cito de memoria). Como sirvo de ejemplo para que alguien no mame, pues por eso digo: que no mamen si siguen mi admiración por Allen y, en este caso, por Eastwood.

Paxton Hernandez dijo...

Lo que escribí era exactamente: "No mames, ya estás como Diezmartinez y su VACOTA SAGRADA, el Woody Allen".

Fe de ratas.

Diezmartinez dijo...

Completada la explicación...

Joel Meza dijo...

Tengo un amigo que a esa provocación/petición/orden siempre contesta: no me limites.

Joel Meza dijo...

Oye Ernesto, en vista de que eso es lo que tuiteas (como no le entro a esas cosas, me entero apenas por lo que dice Juan Carlos), supongo que un día de éstos te aventarás aquí en el blog un artículo plagado de chingados y pendejos... estaría suave que al menos por una vez todos los comentaristas nos soltáramos en ese tono. Ya después volveríamos a esa corrección que nos caracteriza...
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Hombre, sería una especie de Deconstructing Harry, en versión Diezmartínez.

Diezmartinez dijo...

Joel: Bueno, que mame el susodicho, pues. Y esa es otra obra maestra de Allen que hay ver y ver y volver a ver. La estructura narrativa de la cinta, como de muñecas rusas, es inagotable. Y el gag de Robin Williams fuera de foco es de lo mejor de toda la carrera de Allen. Lucidez pura.

PS. Perdón. Ni sé por qué me gusta el cine de Allen.

Joel Meza dijo...

Ah, mira: yo solté lo de la analogía con Deconstructing Harry por el asunto de que "si ustedes dicen que soy un monstruo, un degenerado, pos guárdenme ésta (por así decirlo)", pero mira, hablando de mamadas y gags, también vino al caso.
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Chin, creo que me está fallando gacho el subconsciente. Leí rápidamente tu comentario y tuve que frenarme y volver a leer con detenimiento: donde pusiste "Lucidez" juro que leí, la primera vez, "Lucía Méndez".
Perdón por el resbalón y si hay niños cerca, por favor naveguen a la página de Elmo o Pocoyo.

Tyler dijo...

sería como 'Deconstructing Diezmartinez'?

Joel Meza dijo...

Obviamente, no podía dejar de comentar que, al menos, tu educación clasemediera a la antigüita no te impide soltar joyitas del albur velado como "La explicación es muy larga pero la resumo"...
(O tal vez es al revés: mi educación a la antigüita y clasemediera es la que me empuja a ver -y oir- esos albureros moros en la costa por donde voltee. En fin.)

Diezmartinez dijo...

Tyler: Sí, bueno. No estaría mal hacer la escena de la negraza aquella, con todo y las instrucciones tan precisas que tiene que hacer. Instrucciones que no repetiré porque a veces entra a leer el blog mi hija.

Diezmartinez dijo...

Joel: Oh, pues... Soy incapaz de tales sofisticaciones albureras... En serio...

Joel Meza dijo...

Joel al servicio de la comunidad. Pásele, pásele a Joel vs. Los Monstruos.

El Duende Callejero dijo...

Hey... Pero si mi estimado ya comenzó. En su escrito publicado sobre esta película sí quedó ese "no le entendí ni madres." ¿Podrá, esa frase, equipararse al "Frankly, my dear, I don't give a damn¨?

Oh yes... "I think this is the beginning of a beautiful friendship."

Y hablando de eso, supieron del "amigo" que para hacerla de lustrado (no me faltó la "i"), puso en un cartel anunciando la película Casablanca con un "White House" entre paréntesis...

Sólo en un video-debate podría pasar eso... Claro.