viernes, 29 de enero de 2010

Los Últimos Héroes de la Península


Finalmente, después de casi dos años de haberse presentado en Guadalajara 2008, llega a las pantallas comerciales defeñas Los Últimos Héroes de la Península (México, 2008), opera prima documental del egresado del CUEC José Manuel Cravioto.

Basado en un reportaje de la reportera de la revista Proceso Beatriz Pereyra ("La pelea de hoy", Proceso 1540), el documental de 97 minutos de duración trata de un fenómeno que parece extraño pero que no lo es tanto en México: en los años 70 este país tuvo cinco campeones mundiales de boxeo que vivían no sólo en el mismo estado –Yucatán- sino en la misma ciudad: Mérida. Cuatro de ellos aún viven –Miguel Canto, Juan Herrera, Guty Espadas, Freddy Castillo- y uno ya falleció –Lupe Madera. Cravioto va a Mérida, habla con todos ellos, con sus familias, sus expromotores y hasta con su manejador, el articuladísimo Don “Cholain” Rivero, que parece cualquier cosa -intelectual, escritor, periodista, bibliotecario- menos un regenteador de boxeadores.

Los Últimos Héroes de la Península es un poco largo, en mi opinión, y también algo repetitivo: todas las historias inician igual –los boxeadores salen desde abajo, desde la nada- y terminan igual –los peleadores viven sin dinero, engañados, sobreviviendo a duras penas. Pero, de todas maneras, la cinta se sostiene no sólo por la fascinante crónica de las glorias y miserias de esos grandes campeones (los trece episodios de Guty Espadas contra el panameño Alfonso López, la defensa de su campeonato por parte de Juan Herrera con todo y su hombro dislocado, la chamba de taxista de Juan Herrera, las posibles transas del manejador de Miguel Canto) sino por el extraordinario trabajo de edición, realizado por el propio cineasta en colaboración con el director Ernesto Contreras (Párpados Azules, 2007). Además, las imágenes documentales de las peleas (sobre todo la de Espadas y Alfonso López) son de alarido.

PS. Qué remedio: la primera película mexicana decente estrenada en el 2010 es un documental. Ya no es sorpresa.

9 comentarios:

Joel Meza dijo...

Y empiezan mis berrinches porque otra que no voy a ver acá en el rancho.

Paxton Hernandez dijo...

Esto fue lo que me provocó esta película cuando la ví en Morelia 2008: ZzzzzzZZZzzzzzzz.

Empieza bien pero aún así, qué hueva.

Diezmartinez dijo...

La segunda parte es muy repetitiva, en efecto. Pero creo que los personajes y el documental se sostienen. El montaje de Contreras ayuda mucho a mantener el interés al ir avanzando de manera paralela la trayectoria de los cinco campeones. Y, bueno, el box me gusta. Ni modo.

Joel Meza dijo...

Por cierto, ¿cómo está la de Luna sobre Chávez? Hace rato la tienen en el bb pero no la he rentado.
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Hace unos veinte años ví en el cable The Greatest y recuerdo que entre todo el melodrama, lo mejor por mucho era el metraje con las peleas reales de Clay/Alí. De alarido, como dices.

Anónimo dijo...

Estoy muy interesado en la peli: soy de Mérida y Miguel Canto me dio clases de box (uno seis meses por el 2002).

Recuerdo que en el gimnasio donde iba daba clases dos días a la semana, cuando no tocaba capoeira o alguna clase de kick boxing con música. Cuando a mí me toco, la clase era muy fresa/relajada y sólo fuimos como tres pupilos constantes.

Recuerdo mucho la impresión que tuve de Canto: después de sus años de grandeza y juventud quedaba un hombre que vivía muy modestamente, dueño de una tienda de abarrotes y un vocho ya viejito.

Bueno, creo que hoy me lanzo a la cineteca.

Saludos,

Jorge

Anónimo dijo...

Ah, y disculpen el uso del blog para poner mis recuerdos mamilas.

Prometo limitar mis autorreferencias.

Diezmartinez dijo...

Jorge: Ya lo dijo otra persona por aquí, aunque con otras intenciones: "no me limites". Entonces, no te limites. Interesante tu recuerdo.

Paxton Hernandez dijo...

Mérida rulea. Qué bonita ciudad y qué bonita gente.

:)

Gratos recuerdos.

Anónimo dijo...

Más fácil -y cercano- ir a ver los heroes de la peninsula y amor en fin al festival de guadalajara que en su corrida comercial aqui en el DF. Que poca!
leo