viernes, 29 de enero de 2010

Revisando a Melville/I


Le Silence de la Mer (Francia, 1947), opera prima de Jean-Pierre Melville (1917-1973), es una precoz obra mayor que marcaría algunas tendencias del cine que realizaría posteriormente el insoslayable director parisino. El filme, hecho en condiciones precarias y dándole la espalda a la industria fílmica francesa de la posguerra, dejaría una influencia notable en la obra de la generación cinematográfica que precede a Melville, especialmente en el cine de Truffaut y Godard.

Melville, veterano de la Segunda Guerra Mundial, pensó en hacer Le Silence de la Mer desde que estaba en la Resistencia. El filme está basado en el relato homónimo escrito por Vercors, un texto que fue publicado en la clandestinidad, en plena ocupación alemana. La trama, adaptada fielmente por el propio Melville, está centrada en la relación de un teniente alemán con sus caseros a la fuerza: un sereno anciano francés y su bella sobrina, una jovencita seria, silenciosa, estoica.

El oficial alemán Werner von Ebrennac (Howard Vernon) dirige un destacamento que se encuentra en 1941 en algún lugar de la campiña francesa. Un viejo francés sin-nombre (Jean-Marie Robain) no puede evitar que el teniente von Ebrennac tome una de las habitaciones vacías de su acogedor y viejo caserón pero, como indeclinable patriota que es, ha decidido no hablarle al invasor. Su sobrina (Nicole Stéphane) piensa igual. Así, el militar de mediana edad, de rostro digno, ojos vivaces y cojera apenas perceptible, llega a su "pensión" cada noche, le habla respetuosamente a sus silenciosos caseros y, sin esperar respuesta alguna, empieza a hablar en voz alta, a veces dirigéndose a ellos, a veces dirigiéndose a sí mismo. La ocupación es mala, acepta, pero de ese hecho terrible podría salir algo positivo: el "matrimonio" entre la fuerza alemana y el espíritu francés. Alemania necesita de Francia y el país de Goethe tiene que ser paciente y ganarse palmo a palmo, poco a poco, con respeto y admiración, a la Francia de Racine, de Voltaire, de Victor Hugo, de Molière...

El oficial germano dista mucho de ser un atrabiliario guerrero. Al contrario: el tipo es un humanista. Un idealista. Un músico. Un compositor que busca crear una melodía genuinamente humana -Bach es "inhumano", en el mejor sentido del término, afirma. Los monólogos del teniente von Ebrennac se van sucediendo noche tras noche. Del imperturbable viejo francés no logra una palabra. Cuando mucho, alguna mirada de soslayo. De la joven mujer, ni siquiera eso: mientras el tipo da su cátedra nocturna de literatura o de música, mientras confiesa su admiración por la inagotable Francia, mientras se abre emocionalmente recreando algunos recuerdos juveniles y amorosos, la muchacha fija su mirada, tercamente, en el tejido que está haciendo.

Sin embargo, sin querer, contra sus propias voluntades, el anciano francés y su bella sobrina de ojos claros, empieza a ser atraídos por el entusiasmo y la sinceridad del alemán. El tipo no puede estar mintiendo. De verdad quiere a Francia, de verdad lamenta la ocupación, de verdad desea que esa tragedia termine rápidamente para que Alemania y Francia puedan unirse y cambiar la faz de Europa. Es evidente, también, que el teniente alemán, al ver insistentemente a la muchacha, está deseando otro tipo de unión menos abstracta, menos metafórica. El hombre empieza a conquistar a sus caseros. Y, por supuesto, nos empieza a conquistar a nosotros. Pero, el sueño del teniente von Ebrennac será solamente eso: un sueño. Un viaje realizado a París lo despertará violentamente.

Le Silence de la Mer fue realizado por Melville fuera de la industria fílmica y su sindicato. Como el joven cineasta no tenía antecedentes ni influencias de ningún tipo, le fue negada su entrada al sindicato, por lo que se lanzó a realizar la cinta con un equipo "no profesional", en la propia casa del escritor del relato, Vercors, y con la invaluable colaboración de quien se convertiría en uno de los más grandes cinefotógrafos de su generación, Henri Decaë. Le Silence de la Mer, el libro, era considerado un texto casi sagrado por la Resistencia, así que Vercors accedió a que fuera adaptado a la pantalla grande con la condición de que el filme fuera juzgado por varios miembros prominentes de la Resistencia. Una restricción más para Melville: a los aprietos profesionales, sindicales y económicos, había que sumar la sombra vigilante del autor del texto original.

El resultado final no muestra ninguno de estos problemas. En efecto, la película permanece fiel a la estructura narrativa del texto y los monólogos del oficial germano, hasta donde entiendo, pasaron directamente de la página del libro a la pantalla grande, pero el tratamiento visual de Melville y su fotógrafo Decaë es estricta y puramente cinematográfico. Quien diga que Le Silence de la Mer es teatro (o, peor aún, radio) filmado, no sabe de cine.

Los diálogos son prácticamente inexistentes. La voz en off del anciano francés abre la cinta, ubicándonos en el contexto histórico/geográfico de la trama. Cuando aparece el teniente alemán en la puerta de su hogar, es también el viejo observador quien describe sus sentimientos y los de su sobrina ante el invasor. La única voz que se escucha es la del propio militar germano en sus fascinantes y apasionadas peroratas sobre la naturaleza, el invierno, la música de Bach, la literatura francesa, el mito de "La Bella y la Bestia", o la nueva Europa que nacerá después que finalice el horror de la guerra. Del viejo y de la muchacha sólo escucharemos, de hecho, un par de líneas: "entre, por favor", del anciano, cuando finalmente da su anuencia para que el militar entre a la sala; y el trágico y doloroso "adiós" que musita la muchacha, en primer plano, ante la partida del alemán.

Lo mejor de La Silence de la Mer está confinado en las cuatro paredes de esa pequeña sala en la que el viejo y la jovencita comparten el calor de la chimenea con su idealista invasor. La puesta en imágenes de Melville es la de alguien que conoce y domina, intuitivamente, el arte del encuadro fílmico. La primera imagen del teniente von Ebrennac, en el quicio de la puerta, iluminado en contrapicada, parece la de un siniestro ser que ha venido a destruir todo lo que se encuentra a su alrededor. Cuando parece evidente que no es así, que el hombre es un romántico abjura de la violencia, la cámara de Decaë y el montaje de Melville-Decaë nos muestra la relación visual del alemán con sus reticentes caseros. Cada objeto del encuadre tiene un papel que jugar: los muebles apretujados, el fuego de la chimenea siempre encendido, los libros en los estantes, el tejido de la mujer, la pipa del anciano... La cámara no se mueve mucho: el montaje de los planos generales de la habitación con los primeros planos de los tres personajes se suceden magistralmente mientras escuchamos la voz exaltada del militar o las reflexiones en off del anciano.

Melville dijo alguna vez que al privilegiar la palabra y darle la misma importancia que la imagen, estaba en busca de un equivalente fílmico de la ópera. Los monólogos del alemán y las reflexiones del anciano están acompañados de una puesta en imágenes cuidadosamente preparada: contrapicados wellesianos que dejan ver el techo real de la locación, impresionista uso de la iluminación al aislar las manos de la mujer mientras teje frenéticamente al lado de la chimenea, juego de espejos a través del cual el oficial ve al anciano en su cuartel general, fuego regenerador que rodea el rostro emocionado de von Ebrennac al compartir sus sueños de una nueva Europa...

La película no carece de problemas. La música original de Edgar Bischoff interfiere demasiado con la trama, especialmente al inicio de la cinta, y la escena final, en la cual von Ebrennac confiesa a sus caseros que sus sueños han sido destruidos, es algo repetitiva y roza el mal melodrama. Pero, vamos, estamos ante la obra de un debutante de poco más de 30 años de edad. Muy poco tiempo después haría su primera obra maestra irrebatible. Le Silence de la Mer se quedó a un tris de serlo.

17 comentarios:

El Duende Callejero dijo...

Ah Melville, ese "verdadero" genio por siempre olvidado. En efecto, esta película ya anuncia las obras mayores que han de venir en las próximas décadas. Aunque esta película, visualmente, no se aparta mucho de su posterior propuesta, dramáticamente sí que lo es. Se nota su "aprendizaje" del "realismo poético", así como su interés por distanciarse de ese "preciosismo". Esta tendencia le acompañaría hasta esa polémica película llamada: Les Enfants Terribles. Y digo polémica pues ya sabemos, hasta ahora nadie se pone de acuerdo sobre quién es el verdadero autor de esa película: Cocteau o él. Gracias por esta reseña del "mejor director del mundo" en mi mundo, claro. Y a esperar lo que sigue... Que ya me imagino qué es...

Joel Meza dijo...

Uh, pos sigo sin haber visto nada de Melville, a menos que se a Moby Dick, por supuesto (JA, JA...)
Supongo que va para mi ciclo ¡Me muero bichi! que estoy por arrancar, con los respectivos reportes en el blog, como lo anuncié en Twitter.
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A ver, ambos dos: ya abrí mi cuenta y hasta ahorita no le veo mayor beneficio que el del correo electrónico, del cual ya tengo uno muy bueno en gmail. No aseguro continuar por mucho tiempo...

Diezmartinez dijo...

Sí, bueno, seguirá Les Enfants Terribles. Digo, son trece filmes nada más. Es relativamente fácil volver a ver todo Melville.

Diezmartinez dijo...

Bueno, de hecho, el apellido Melville se lo puso el cineasta por el autor de Moby Dick. En cuanto al Twitter... Pues es una suerte de mini-blog (aunque puede funcionar como correo electrónico público, claro está) y es entretenido si tienes en tu cuenta a gente como Aurelio Asiain, Roger Ebert, A. O. Scott y otros más. Y uno se entera de chismes. Claro que esto último no creo que te interese: eso del chisme no es lo tuyo... Se...

El Duende Callejero dijo...

Joel Meza ya tiene Twitter y yo lo sigo y él me sigue. Y bueno, sólo es "divertido" si se "sigue" gente. Es casi como comentar en Los blogs, pero hasta de la torta de huevo que se come. Sí, es como eso más que como correo.

El Duende Callejero dijo...

Volviéndolo a leer, mi estimado, me surge una pregunta sobre su conclusión:

"... estamos ante la obra de un debutante de poco más de 30 años de edad. Muy poco tiempo después haría su primera obra maestra irrebatible. Le Silence de la Mer se quedó a un tris de serlo."

La problemática que presentó esta película y que le acompañó con Le Enfants (otra vez el autor del texto adaptado sobre él, pero a diferencia de esta primera vez, aquel no lo dejó ni a sol ni sombra y hasta le peleó su autoría), se dice que lo obligó a re-evaluar su futuro. Y bueno, de ahí que esa etapa primera que trataba sobre la Francia de la Guerra o de la post-Guerra, más personal y real quedó en el olvido en pos de una carrera decantada por la mitificación de esas figuras ramplonas a veces llamadas "gangsters"... Pero el problema de Melville es que sus películas, comercialmente hablando, eran, entonces, unos ladrillotes. Por tanto, siempre opacado por otros cineastas más "espectaculares" (recuerdo lo que aconteció con su Bob El Jugador y con Rififi o con el mismo Carterista), y de ahí su "corta carrera cinematográfica"... 13 películas, cada una con su problemática producción a cuestas, son pocas, definitivamente...

¿Pero qué hubiera pasado si en lugar de migrar al film noir, se hubiera quedado, contra viento y marea, en esta sintonía? Si lo sucedido con Le Enfants no hubiera pesado tanto... ¿Cómo evaluaríamos esta película?

Creo que no "es una obra maestra temprana", pues Melville se conoce por "otras historias". Nada más. Y esa es una lástima. Sí.

Diezmartinez dijo...

Digamos qe el azote patriótico/melodramático del teniente, al final, me pareción un tanto cuanto redundante. Por lo demás, se trata de un extraordinario debut: realizado con unos cuantos francos, fuera de los sindicatos y con un equipo de inexpertos. Y sí, su cine se conoce por otra temática, aunque la historia de la Resistencia volvería a la obra de Melville después, como usted sabe muy bien, mi estimado. Ahora, esta cinta en particular marcó varios caminos posteriores: el de Godard, el de Truffaut (en menor medida) y hasta el de Bresson, que nunca discutió a Bazin cuando éste aseguró que Diario de Un Cura de Aldea le debía mucho a Le Silence de la Mer. Pero Bresson es un genio y Melville un director de películas de mafiosos. Y conste: yo también creo que Bresson es grande. Pero Melville, a pesar de ser un director de fim-noirs, también lo es. Mejor dicho: lo es porque es un director de film-noirs.

El Duende Callejero dijo...

Pues sí regresó a la resistencia... Y en sí, sus "mafiosos" parecieran ser parte de una "resistencia"... Pero tal parece que ese "regreso" sólo fue un sacarse la espina pues ya era conocido, ya se hablaba de él... Debía decir algo más sobre ese periodo que tanto lo marcó.

Esperamos ya esa segunda revisión, pues.

unperdidoenelsiglo dijo...

Esperamos con ansias las reviews de Le Doulos, El círculo rojo, Samurai y Bob le Flambeur. Por cierto, ahora que recordé a los Coen con un hombre serio, va una observación: La influencia temática y simbólica de Le Doulos sobre Millers crossing, de los Coen, es inmensa.Nunca he visto que los Coen lo comenten, pero ahora que estás revisando a Melville, checa eso: el amigo que finge la traición para salvar alamigo, la fijación con los sombreros y hasta una que otra imagen,en verdad, Millers crossing podría ser un homenaje a Le Doulos.Es algo que se evidencia si viste primero Millers antes que Le Doulos. Salu2!

Diezmartinez dijo...

Sí, seguiré con Melville. Y es lo interesante de las revisadas periódicas de los maestros: te encuentras con cosas que no te acordabas o que ni siquiera habías visto la primera vez. Pero también te encuentras con decepciones: volví a ver Katzelmacher, de Fassbinder. A ver si escribo algo sobre ella en la semana.

Anónimo dijo...

Ups, pues no conocía a este director. Espero ponerle remedio pronto.

Saludos,

Jorge

El Duende Callejero dijo...

Revisando la videoteca descubro que sólo me faltan cinco de sus películas, mismas que he visto a veces en los canales culturales o en cineclubs hace años. Los asteriscos son las películas que me faltan, y aquí listo su filmografía, por si a alguno le interesa.

1949: Le Silence de la mer *
1950: Les Enfants terribles
1953: Quand tu liras cette lettre *
1955: Bob le flambeur
1959: Deux hommes dans Manhattan *
1961: Léon Morin, prêtre *
1962: Le Doulos
1963: L’Aîné des Ferchaux *
1966: Le Deuxième Souffle (quizá mi favorita)
1967: Le Samouraï
1969: L' Armée des ombres
1970: Le Cercle rouge (la vi en cine de niño y jamás se me ha olvidado)
1972: Un flic

Ahora bien, sería fascinante un ejercicio: ver, al hijo, primero Journal d'un curé de campagne de Bresson (O sease, la del Cura de Rancho de 1951), luego pasar a Léon Morin, prêtre de Melville y acabar con Nattvardsgästerna (o Luz blanca de 1962) de Bergman. Jo... Algo extraño deberá pasar en nuestra psique, seguro.*

Anónimo dijo...

Buena lista.
Por ciento, veo que mañana la Cineteca proyecta Les Enfants terribles. Voy a hacer un esfuerzo sobrehumano para darme una vuelta.
Saludos,
Jorge

Anónimo dijo...

Hola, a pesar de que no me gusta el genero la vi dos veces a Le silence de la mer. Pero aun sigo sin enternder el final. Alguien me puede explicar? lo del geranio en la ventana.. sera lo que yo supongo, no quiero parecer mal pensado..
Ivan.

Diezmartinez dijo...

Para ser francos, no recuerdo exactamente esa imagen... Pero, ¿cuál es tu hipótesis, Iván?

Anónimo dijo...

La mujer, la madre del chiquillo, ponia una maceta de geranios en la ventana cando estaba en sus "asuntos", y al final se repite...
Mi hipotesis, mas bien lo q yo interprete, es que se prostituida. ¿es eso?
(Aclaro que ambas veces la pelicula la vi por cable y los subtitulos salian entrecortados, igualmente mucho dialogo no tiene por lo que la trama se entiende)
Ivan.

El Duende Callejero dijo...

Iván: la película de la que hablas es Le Silence de la Mer versión 2004, película francesa para la televisión a cargo de Pierre Boutron y que aquí en México estrenaron en las salas. Tanto esta como la de Melville, que es de la que escriben aquí, están basadas en el mismo cuento largo o novela corta de Vercors, que por cierto, luego de la versión de Melville ha sido adaptado en varias ocasiones: la primera en 1946, la de Melville en 1949, otra en 1954, una más en 1962, otra en 1980, de nuevo en 1993 y finalmente la del 2004, con el geranio al final y que es a la que haces referencia.

Por otra parte, es interesante decir que de todas, la de Melville es la única que fue para cine. El resto fueron directamente para televisión.