lunes, 15 de febrero de 2010

Ambulante 2010/III


Food Inc. (EU, 2008), nominada al Oscar 2010 como Mejor Película Documental, se exhibe hoy en Ambulante 2010. La opera prima en pantalla grande del documentalista televisivo Robert Kenner es un lúcido filme que nos muestra que lo que comemos, en su enorme mayoría, no es otra cosa más que maíz en sus múltiples formas (refresco, carne de res, pollo, pescado, jugos, conservadores…), que ingerimos sólo aquello que producen unas cuantas compañías en el mundo y que la comida rápida hace mucho daño, por más que sea, en efecto, muy barata. Nada novedoso, dirá usted, y tendrá razón. Mucho de lo que se muestra en el documental de Kenner ya lo sabíamos o lo intuíamos. Pero no hace daño recordarlo.

Kenner tiene tres personajes centrales en su bien informado filme documental. Los dos primeros son muy conocidos por los defensores de la comida orgánica: Eric Schlosser y Michael Pollan, periodistas, investigadores y activistas que han documentado hasta la saciedad los abusos de las corporaciones alimenticias, los peligros de la comida chatarra y la crueldad con la que se montan las granjas avícolas o los rastros a lo largo y ancho de la unión americana.

El tercer personaje es el más interesante de todos: se llama Joel Salatin y es un granjero de Virginia que cría sus vacas y mata sus pollos a la antigüita, como lo hacía mi abuela. El tipo, articulado y seguro de sí mismo, parece hermano intelectual de nuestro admirado Gabriel Zaid: apuesta por trabajar en pequeño, artesanalmente, ve a los grandes negocios como una amenaza y sueña con vender la mejor comida del mundo, no las más grandes cantidades de comida del mundo. Nada de “piensa en grande”. Más bien, “piensa mejor”.

En otros momentos, Kenner nos lleva a un callejón sin salida: Monsanto, Tyson y otras compañías similares son tan poderosas y están en todas partes, que es imposible enfrentarse a ellas. Los órganos reguladores del gobierno, que deberían vigilarlas, son dirigidas por exempleados y sus abogados están dispuestos a demandar porque sí, aunque sepan que no tienen la razón, pues saben que nadie puede sostener los elevados costos legales que supondría llevar una disputa judicial durante mucho tiempo. Lo importante es mandar el mensaje, dejar en claro la amenaza.

Sin embargo, hay luz al final del túnel: el activismo de una madre de familia cuyo hijito de tres años murió por una hamburguesa contaminada con una cepa resistente y evolucionada de E. Coli podría terminar en una ley más exigente con las compañías procesadoras de alimentos. Y hay otra esperanza más: si bien es cierto que buena parte de la culpa del lamentable estado de la industria alimenticia se debe al capitalismo salvaje, también es cierto que el mismo capitalismo ofrece la solución: el poder de quien consume, la información del comprador. En este sentido, Kenner se nos presenta como el típico documentalista liberal: basta que el ciudadano ordinario se mueva para que las instituciones mejoren; basta informarse y votar con nuestra cartera para que las compañías entiendan que con nosotros no se juega. Así, nos demuestra Kenner, la malévola Wall-Mart empezó a vender productos orgánicos: no porque pensara que con eso ayuda al ambiente y a la mejor alimentación de su clientela, sino por el simple hecho de que esa rama de la economía ha crecido un 20% en los últimos años. Si ellos no empezaban a vender ese tipo de productos, otros le habrían ganado el negocio. Dicho de otra manera: al demonio no hay manera de ganarle, a menos que usemos sus mismos trucos.

Kenner dirige un documental atractivo en más de un sentido: por la información que nos presenta, por sus muy articuladas y emotivas cabezas parlantes que participan, y por la muy entretenida pues en imágenes, bien apoyada por una irónica banda sonora de Mark Adler. Y recuerde que todo cambio inicia con nosotros: empecemos averiguando qué demonios comemos.

Food Inc., se exhibe hoy en Cinepolis Universidad a las 19:55 horas.

1 comentario:

Josafat M. dijo...

Excelente y frustrante documental .Es curioso cómo la inclinación hacia los alimentos orgánicos es un regreso a cero, adonde empezaron las cosas: cultivos sin aditivos; el problema es que si bien estamos llegando a como una vez fue con alimentos "puros" el costo es el triple de lo que valía en ese entonces, en otras palabras, nos chingan por todos lados.