miércoles, 17 de febrero de 2010

Ambulante 2010/IV


Al final de Videocracy (Ídem, Suecia-Dinamarca-GB-Finlandia, EU, 2009), del documentalista italiano radicado en Suecia Erik Gandini, el poderoso agente y productor televisivo Lele Mora, afirma, desde la seguridad más irrebatible, que la televisión es "una caja mágica". Nada de "caja idiota", como dicen que alguna vez dijo Monsiváis. La caja televisiva en Italia tiene magia. Más aún: tiene poder. Mejor dicho: es el poder.

El documental de Gandini, que se presenta dentro de Ambulante 2010, nos presenta un deprimente escenario que no puede ser, por desgracia, nada extraño para el mexicano promedio. El filme es una crónica impresionista del estado actual de la bota italiana, dominada/enajenada a través de la caja de marras, sea mágica, sea idiota. Por supuesto, es inevitable que aparezca el nombre y la figura de Silvio Berlusconi, el empresario mediático y político demagogo que, directa o indirectamente, domina el 90% de la televisión italiana. Sin embargo, Berlusconi no es en realidad el protagonista. O, en todo caso, lo es pero a través de interpósitas personas.

Los virgilios que guían a Gandini por la "videocracia" italiana son tres personajes emblemáticos: el primero es un pobrediablesco joven, Ricardo, que sueña en convertirse en una celebridad televisiva y para ello ha entrenado durante ocho años karate, al mismo tiempo que ha perfeccionado su imitación de Ricky Martin. ¿Su objetivo?: ser algo completamente nuevo. Una especie de Van Damme que canta y baila como Ricky Martin.

El segundo personaje es amigo personal de Berlusconi, el productor televisivo ya mencionado Lele Mora, un abierto admirador de Mussolini, que con una candidez impresionante (¿o de plano cinismo?) muestra su estivo de vida y presume su poder inexpugnable, mientras nos presenta a sus "amigos" jóvenes y musculosos con los que comparte cierto fin de semana en una exclusiva villa del Mediterráneo.

Pero tal vez el personaje más fascinante y, al mismo tiempo, repelente, de esta galería del horror sea Fabrizio Corona, un paparazzo que se autodescribe como "un moderno Robin Hood": descubre las imperfecciones y los escándalos de los famosos para que la gente común sepa de sus errores y sus vicios. Pero no nos hagamos ilusiones: este dizque Robin Hood es un extorsionador de siete suelas. Toma fotos comprometedoras que luego vende a sus víctimas/clientes: si le pagan lo suficiente, no las da a conocer. Aunque el resultado puede ser otro: en alguna ocasión Corona tomó una imagen de una hija de Berlusconi. El "presidente de la televisión y el presidente de Italia" -como lo llama continuamente el mismo cineasta Gandini, narrador del filme- le compró la foto a Corona, pero para publicarla en las propias revistas amarillistas de Berlusconi. Si a la hija se le puede sacar dinero, hay que hacerlo.

El retrato de la sociedad italiana contemporánea es deprimente porque, vamos, no se necesita mucha sesera para entender que no estamos lejos de esa torcida versión de una democracia pervertida por la tevé. ¿No estamos lejos?: probablemente estemos peor. Si en Italia el 80% de los ciudadanos obtienen toda su información de la idiota televisión dominada por Berlusconi, ¿qué porcentaje hay en México? ¿90 %?

El sueño guajiro del patético "Van Damme italiano" -que se pelea con su mamá frente a cámara, quien le reprocha que todavía no tenga novia- no es el único: muchísimas jovencitas de buen ver no desean otra cosa que ser una "velina", es decir, una animadora en programas televisivos, de esas que aparecen con poca ropa y bailando como expertas teiboleras. No tienen que decir una palabra, no tienen que ser inteligentes, no tienen que ser talentosas. Nomás ser guapotas, moverse bien y, en una de esas, se casan con un futbolista o, de perdida, forman parte del gabinete de Berlusconi, como la despampanante Mara Carfagna, que de "velina" pasó a ser Ministra de Igualdad en el gobierno italiano.

En el fondo aparece siempre, por supuesto, Berlusconi. Comenté antes que "el Presidente" no es el protagonista pero, en realidad, claro que lo es: a través del montaje de Johan Söderberg, queda claro que hay un continuum entre la imagen televisiva y la figura pública de Berlusconi: la gente aplaude en los talk-shows imbéciles ("La novia perfecta", por ejemplo) es la misma que aplaude a Berlusconi en sus actividades como Primer Ministro. Berlusconi es el host de Italia, el entretenedor de todo el país. Ante él no hay más que bailar sensualmente, como lo hacen las decenas de aprendices de "velinas", dispuestas a despojarse de su ropa a la primera provocación. Un país desnudo. Un país en cueros. Hablo de Italia, no de México.


Videocracy se exhibe hoy, a las 22:10 horas, en Cinépolis Diana.

2 comentarios:

Joel Meza dijo...

¿Dicen que Monsivais dijo lo de "la caja idiota"? Yo siempre he pensado que era un apodo y lugar común que nos llegó de fuera (EUA o Inglaterra, tal vez).
Sobre Italia y México, alguna vez me dijo un amigo, que se casó con una alemana, que por aquellos lares se encontró con la noción de que los italianos son la sociedad más corrupta del mundo... y que los mexicanos somos sus mejores aprendices.

Tyler dijo...

fuera de Italia misma, todos los demás europeos no se explican como es que ese país funciona

jo

y eso que no conocen México...