jueves, 8 de abril de 2010

¿Qué hora es allá?


A fines del año pasado e inicios de éste, cuando proliferaron las listas de Lo Mejor de la Década, en algunas de ellas apareció ¿Qué Hora es Allá? (Ni neibian jidian, Taiwán-Francia-Italia, 2001), el quinto largometraje del taiwanés Miang-ling Tsai (El Río/1997, El Agujero/1998). Y aunque recordaba que la cinta me había parecido valiosa en el momento de su exhibición en México -pero no tanto para considerarla en mi lista personal de las favoritas de la década-, cuando me la encontré perdida en un botadero decidí volver a revisarla. En una de esas, pensé, podía matizar mi primera apreciación.

No sucedió así: la película me siguió gustando mucho, el estilo minimalista de Tsai me sigue pareciendo genuinamente hipnótico, pero reafirmé la lectura que hice de esta película hace ya casi una década, cuando la programaron en el Foro de la Cineteca de 2003. En ¿Qué Hora es Allá? Tsai mostraba signos no de un temprano agotamiento, pero sí de una repetición que denotaba, acaso, demasiada satisfacción, demasiada comodidad. A estas alturas, pues, Tsai ya había entrado por la puerta grande en el circuito festivalero y parecía que no estaba muy dispuesto a moverse de la formulita que le había hecho ganar el León de Oro en Venecia, el Gran Premio en Sitges, el FIPRESCI en Cannes y el Oso de Plata en Berlín, entre muchos otros reconocimientos más.

De alguna manera, podemos ver ¿Qué Hora es Allá? como una pieza de acompañamiento menor de, esa sí, su obra maestra El Río. Estamos prácticamente con el mismo reparto y con un estilo visual idéntico: la única variación es que en esta cinta la opresión vital a la que se enfrentan los personajes es un poco más ligera. Un poco nada más.

Taipei, tiempo presente. El joven Hsiao-Kang (Kang-Sheng Li) vende relojes de pulso en la calle. A su puesto llega Shiang-Chyi (Shiang-Chyi Chen), quien quiere comprarle un reloj que tiene un doble huso horario, pues la muchacha está a punto de irse a vivir a París y desea un reloj que le muestre la hora de Taipei y la parisina. El problema es que el codiciado reloj es usado: fue del padre recién fallecido de Hsiao-Kang y, le advierte el muchacho a Shiang-Chyi, ella no quiere llevar un objeto que viene de un sitio en donde todavía ronda el duelo. La jovencita no es supersticiosa: compra el reloj y viaja a la Ciudad Luz.

A partir de entonces, la narrativa se bifurca: Hsiao-Kang está en Taipei mientras Shiang-Chyi vive en París. Los dos se sienten solos -por más que el muchacho comparta el departamento con su madre viuda-, los dos viven alienados, los dos buscan en el sexo ocasional el mínimo escape a su situación. En este sentido, como sucedía en El Río, el sexo es desesperanzador, sea heterosexual (Hsiao-Kang con una prostituta), homosexual (Shiang-Chyi con otra muchacha china que encuentra en París) o de "auto-servicio" (la escena de la masturbación de la madre de Hsiao-Kang, obsesionada por la re-encarnación de su marido en otro sitio muy alejado, en un huso horario muy diferente). Sin embargo, hay algo de esperanza, como parece indicar la escena final cuando un personaje inesperado aparece para hacer una buena acción.

Puedo estar equivocado, pero al revisar ¿Qué Hora es Allá? conté apenas un par de primeros planos en toda la cinta y ni un solo close-up. Podría jurar, además, que en los 111 minutos de duración de la película, hay menos de 200 cortes en total. Incluso la primera toma, en estricta cámara fija, se alarga más de tres minutos. Sin embargo, el ritmo sintético de Tsai es el adecuado para la historia escrita por él mismo y Pi-Ying Yang: no podía haber sido realizada de otra manera. Tsai nos pide que veamos con cuidado, con calma. No hay prisa alguna en su cine. ¿Y por qué habría de haberla? El amor por lo que se han ido -como lo señala la dedicatoria que aparece al final de la película- no conoce de prisas.

5 comentarios:

Guillermo dijo...

Un director muy vilipendiado pero a mí me parece que esta es una gran película. No faltó algún pendejo que lo comparó con Reygadas pero la neta nada que ver.

Diezmartinez dijo...

Sí, creo que son animales diferentes. Reygadas está en el camino, creo, de convertirse en un gran cineasta. Luz Silenciosa es notable. Pero Tsian tiene El Río, El Agujero, esta película incluso, con todo y su autoplagio descarado.

suavecito dijo...

Carlos Regadas esta en el camino...si, pero en el camino que ya recorrieron otros cineastas. Para cuando salió Japón (2002), Tsai Ming-liang ya tenía una década filmando... y filmando BIEN. "Rebels of the Neon God" es del 92 y la aquí reseñada del 2001.

Regadas es de esa generación mexicana del copy & paste, esa generación que le apuestan al "a este director no lo conocen en mi rancho = tons me lo chingo"... cada vez mejor? pos si no es por la foto de "luz silenciosa"... digo... al menos yo no veo un autor, un estilo, una marca... que se yo... bueno si veo estilos, pero pos son de otros :)

Diezmartinez dijo...

Suavecito: Eres duro con Reygadas. Aunque es cierto lo que mencionas: en Luz Silenciosa la influencia de Dreyer es enorme. Sin embargo, no todos los grandes cineastas tienen que ser originales (esta es una discusión que alguna vez tuvimos por aquí y en el espléndido blog cinécdoque, si mal no recuerdo) pero sí manejarse bien en ese terreno que han elegido. En ese sentido, creo que Reygadas logró una obra mayor con Luz Silenciosa. Pero sí, me gusta más el cine de Tsai, especialmente El Río.

Joel Meza dijo...

No ser originales pero sí manejarse bien en ese sentido. En las listas de lo mejor de la década pasada vimos un excelente ejemplo: Spielberg personificando a Hitchcock con Minority Report.