miércoles, 11 de agosto de 2010

El cine que no vimos/XXVIII


Entros los miembros de la ya legendaria "Quinta Generación" de cineastas chinos -llamada así porque fue la quinta generación que se graduó de la Academia Fílmica de Beijing después de su reapertura en 1978-, Tian Zhuangzhuang es mucho menos reconocido que sus contrapartes Zhang Yimou o Chen Kaige. No podía ser de otra manera: Zhang se domesticó a tal grado que se ha convertido en el favorito de la gerontocracia china (hay que recordar que hasta dirigió la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos) y Chen, después de los problemas que enfrentó con la censura por su obra maestra Adiós, Mi Concubina (1993), optó por un perfil más bajo y menos confrontativo, lo que, provocó, acaso, que su cine haya perdido mucho de su vigor.
El caso de Tian es diferente. Aunque su obra no siempre ha tenido problemas con la censura china, la realidad es que su cine es menos "digerible" que el de Chen y, sobre todo, que el de Zhang, tan cercano a las claves narrativas occidentales y hollywoodenses. Por ello, las películas de Tian -con la relativa excepción de El Papalote Azul (1993), su obra más conocida y más problemática dentro de China- son, en gran medida, desconocidas para el público cinéfilo occidental. Y más lo es su tercer largometraje, Dao ma zei (China, 1986), nunca exhibido comercialmente en México, aunque disponible en formato casero con el título en inglés de Horse Thief.
La película tiene un famosísimo admirador. Hace una década, a inicios del siglo, el cinecrítico Roger Ebert invitó a Martin Scorsese a su programa de televisión para discutir su top-4 del cine de los 90. El cineasta italo-americano eligió, para sorpresa de muchos, precisamente Dao ma zei como su filme favorito de esa década, aclarando que, bueno, estaba haciendo un poco de trampa porque la cinta fue realizada en los 80, pero él la había visto apenas hace poco, en los años 90.
Aparentemente, se podría tratar de un mero capricho scorsesiano: ¿qué tiene que ver una contemplativa película china, filmada en el Tibet, con actores no profesionales, ambientada en 1923, con la obra urbana, violenta, contemporánea, de Martin Scorsese? En realidad, tiene que ver y mucho. Cuando uno termina de ver Dao ma zei, se entiende la obsesión de Scorsese por esta cinta. Tian y Scorsese resultan ser hermanos gemelos, si no en la forma de su cine, sí en el fondo.
Norbu (Rigzin Tseshang), el ladrón de caballos del título en inglés, es desterrado del clan tibetano del que forma parte debido precisamente a sus actividades delictivas que son vistas como una forma de sacrilegio inaceptable. Así, pues, Norbu tiene que cargar con su esposa Dolma (Jiji Dan) y su pequeño hijo Tashi (Jamco Jayang) y vivir una vida de duro nomadismo por las montañas tibetanas: un día trabajar aquí, otro día allá, hacer esto, hacer lo otro, separado de su clan, de sus amigos, de su templo. Cuando Tashi muere, Norbu entiende que ha sido castigado por su comportamiento y, también, que tiene sacrificarse, redimirse, para salvar a su mujer y al segundo hijo que ella espera.
El corazón de Dao ma zei está dividido en dos: en la impresionante belleza visual de los paisajes tibetanos y en la alucinante secuencia en la que una población entera lleva a cabo una macabra danza panteísta con el fin de "expulsar la muerte" de ese pueblo maldito. El estilo narrativo de Tian es el más cercano al del cine tradicional, clásico, de Oriente: planos alejados alternados con breves acercamientos claves, personajes que se mueven en una imensidad que los empequeñece, la naturaleza no como telón de fondo sino como parte central del sentido de la trama, cámara no inmóvil pero siempre tranquila.
No es en la forma en la que Dao ma zei se conecta con la obra de Scorsese: es en fondo, en los dilemas de su protagonista, en la sociedad tribal y cerrada que retrata. Cual personaje emblemático scorsesiano, Norbu es un hombre religioso, de familia, que no se entiende a sí mismo si no forma parte del clan. Por eso, cuando sea expulsado, su tarea será ganarse el regreso -o ganarlo para su mujer y su hijo- a costa de su propio sacrificio.
Uno de Nosotros
fue el título que en España llevó Buenos Muchachos (Goodfellas). Uno de Nosotros pudo haberse llamado, en español, Dao ma zei.

4 comentarios:

Josafat M. dijo...

O chance le gusta mucho por ser fan del neorrealismo italiano.

Diezmartinez dijo...

Sí, en parte también por eso, sin duda.

Guillermo dijo...

Pues será el sereno, pero para mí este director captura como nadie el estilo de las novelas clásicas chinas. Qué Zhang Yimou ni qué nada. ¿Te gustó Springtime in a Small Town? A ver si la metes al blog.

Diezmartinez dijo...

Por ahí la tengo... La película, me refiero. Pero nunca escribí la reseña. Un pendiente más.