viernes, 12 de noviembre de 2010

Festival de Cine 4 +1/II


Cuando Treeless Mountain (EU-Corea del Sur, 2008) se exhibió en Estados Unidos hace casi dos años, J. Hoberman apuntó capciosamente en The Village Voice que, cuando una cinta tiene como protagonistas a dos niñas tan pequeñas, es inevitable que el filme transite, de alguna manera, por el terreno del cine documental. Después de todo, ¿cómo dirigir la actuación de dos niñas de esa edad si no es colocando la cámara tras ellas todo el tiempo, apostando por captar algo mágico que, como cineasta, no puedes planear?
El segundo largometraje de la directora sudcoreana educada en Estados Unidos So Yong Kim (opera prima In Between Days/2006, no conocida por mí) es un melodrama infantil que mantiene a buena distancia todo exceso lacrimógeno chantajista. Las dos niñitas de 6 y 5 años Jin y Bin (Hee-yeon Kim y Song-hee Kim, sin parentesco entre ellas) son dejadas por su mamá (Soo-ah Lee) con su gruñona cuñada pobretona (Mi-hyang Kim) mientras la llorosa mujer busca a su marido que algún día salió por los cigarros y no volvió. Las muchachitas pasan el tiempo vagando por el nuevo barrio, jugando con algún vecinito que tiene síndrome de Down, vendiendo chapulines tostados a diez centavos la bolsa, mientras la tía se toma sus alipuses y les da unos billetes para que compren comida y no la estén molestando. La tía no es una villana ni nada por el estilo: es una mujer solitaria y alcohólica que no está preparada para educar a dos escuinclas que no son suyas. Al final de cuentas, la tía llevará a las dos niñas a la granja de los abuelos, lejos de la ciudad, en donde Jin y Bin empezarán a adaptarse a su ooootra nueva vida.
En rigor estricto, en Treeless Mountain pasan muy pocas cosas. No hay tragedias irresolubles ni revelaciones de último minuto. Los niñitas, como sucede en la realidad, muestran una asombrosa capacidad de adaptación/regeneración. Cuando les queda claro que su madre las ha botado -les ha prometido que regresará cuando se llene un cochinito que tienen como alcancia: ellas lo llenan y la mujer no aparece-, no faltan las lágrimas y los berrinches, pero casi de inmediato aprenderán a sobrevivir. No les queda de otra.
Kim y su cinefotógrafa Anne Misawa mantienen la cámara muy cerca de las niñas y reproducen, también, el mundo exactamente como lo ven ellas. Esto les permite transmitir una genuina intimidad y, también, captar algunos momentos extraordinarios que no pudieron haber sido planeados, como la escena clave en la que Jin le pide a la abuela (Park Boon Tak) que le compre unos zapatos de invierno para, de inmediato, ver los propios zapatos rotos de la anciana. El rostro de la niña muestra el lento entendimiento de la realidad que le rodea: ella le pide zapatos nuevos a una pobre vieja que no puede comprarse ni siquiera unas chanclas. Luego, sigue el gesto que anuncia el inicio de la maduración emocional de Jin.
Kim dirige sin aspavientos melodramáticos y sin caer en la moda del minimalismo extremo. Acaso el único guiño estilístico sea la contínua aparición de los planos-pausa a la Ozu, cuando pasamos de una escena a otra. Pero incluso este desliz termina justificándose por la belleza de las imágenes y por el sentimiento que transmite: la vida sigue y seguirá. Hay que adaptarse a ella.

Treeless Mountain se exhibe hoy a las 20 horas en la Cineteca Nacional.

3 comentarios:

Champy dijo...

Ey!!!!

Nada que ver, pero que padre que se jodió el Negro en tu encuesta verdad?

JEJEJE

Lo bueno es que no lo odeo!

2046

Joel Meza dijo...

¿Totoro en la vida real?

Diezmartinez dijo...

Joel: Pero sin Totoro...

Champy: Pues era previsible, creo.