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miércoles, 30 de junio de 2010

Retrospectiva Michael Haneke/II y último


El día de hoy se exhibe en la Cineteca Nacional y dentro de la Retrospectiva Michael Haneke, la discutida Juegos Divertidos y el próximo domingo 4 de julio el remake americanizado Juegos Sádicos que, tomando en cuenta la fecha electoral, parece torcidamente pertinente. Un texto en el que se hace el análisis comparativo de los dos filme, está aquí.

martes, 29 de junio de 2010

Cuéntamela otra vez/XIII


Hace varias semanas se estrenó en la cartelera comercial mexicana Pesadilla en la Calle Elm (2010), remake del clásico gore-film ochentero Pesadilla en la Calle del Infierno (A Nightmare on Elm Streer, EU, 1984). Tenía toda la intención de revisar el refrito, protagonizado por el buen actor Jackie Earle Haley en el papel del inmortal pedófilo y asesino de infantes Freddy Krueger, pero una lectura rápida de lo que escribió la crítica estadounidense sobre la cinta en metacritic.com me quitó todas las ganas de gastarme mi dinerito. Una calificación general de 35 sobre 100 y ni una sola reseña positiva de alguien que yo respete –si exceptuamos la de Richard Corliss, de la revista Time- me hizo decidir que mejor volvería a ver la película original y dejaría la malograda copia para dentro de un año, cuando la programen en la tele.

Pesadilla en la Calle del Infierno, sexto largometraje de Wes Craven, significó la consagración industrial definitiva del cineasta nacido en Cleveland, quien a partir de esta cinta se volvería una de las figuras inevitables del cine de horror contemporáneo. Es cierto que antes había dirigido la fantasía revanchista La Última Calle a la Izquierda (1972) y la más perturbadora aún La Colina Tiene Ojos (1977), pero Pesadilla…, con su freudiano mundo de sueños, violencia, sexo y muerte, se convertiría en un clásico instantáneo que merecería –es un decir- una serie de secuelas lamentables que convirtieron al protagonista criminal, el pedófilo cara-chamuscada Freddy Krueger, en una figura más chistosona que amenazante.

En todo caso, la original Pesadilla en la Calle del Infierno conserva intacta su fuerza subversiva. La adolescente Nancy Thompson (Heather Langekamp) es acosada en sus pesadillas por un extraño personaje con dedos-de-tijera. Su novio Glen (jovencísimo Johnny Depp), su mejor amiga Tina (Amanda Wyss) y el novio de ésta, Rod (Jsu Garcia), comparten más o menos los mismos sueños. Muy pronto, mediante la confesión de su alcohólica madre Marge (Ronee Blakley), Nancy descubrirá la verdad sobre ese personaje siniestro de sus pesadillas: se trata de Freddy Krueger (Robert Englund), un pedófilo asesino que fue ultimado por un grupo de respetables padres de familia de la comunidad. Varios años han pasado de esto y, al parecer, Freddy ha regresado para tomar venganza en los hijos de quienes lo mataron. Así, atacándolos desde el subconsciente de estos muchachos, desde sus sueños lúbricos, desde sus deseos sexuales, Krueger no ofrece reposo alguno. Dormir plácidamente significa la muerte inmediata.

El conteo de víctimas de Krueger no es muy alto para los estándares contemporáneos, pero la forma en la que ejecuta a cada una de ellas es cada vez más espantosa, hasta llegar a la memorable orgía sangrienta en la que muere el noviecito santo de Nancy, el blandísimo Glen. Krueger, por supuesto, no se contenta sino con el plato fuerte: la heroica Nancy, quien será la única que tendrá las agallas para resistir las burlas, los juegos y el sadismo del pedófilo asesino.

El horror propuesto por Craven en esta cinta está lleno de imágenes sexuales perturbadoras, desde el teléfono que se convierte en depravada lengua besucona, hasta esa cama que se transforma en una descomunal abertura vaginal y en una enorme fuente de sangre, pasando por ese inesperado menage-a-trois en el que interviene Krueger para dejar su recuerdito en el cuerpo mutilado de la adolescente jariosa Tina.

La influencia de Craven en el cine de horror que vendría no se discute. Lo malo es que nada de lo que siguió le llegó a los talones de esta Pesadilla en la Calle del Infierno. Sólo él mismo, varios años después, lo igualaría, aunque desde una perspectiva un tanto diferente. Me refiero a Scream (1996), por supuesto.

domingo, 27 de junio de 2010

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXXXIII


La Chica de Mis Sueños (Youth in Revolt, EU, 2009), de Miguel Arteta. Una agradable comedia indie que queda corta en casi todo lo que se propone... y lo peor es que tampoco se propone mucho. Sin embargo, no hay duda que aguanta el palomazo. Michael Cera se consolida como el más reciente y confiable nerd del cine juvenil americano de los últimos años. Eso sí, quién sabe qué pasará con él cuando se haga viejo. Mi reseña, próximamente en el blog. Supongo.

Celda 211 (Españ-Francia, 2009), de Daniel Monzón. Vigoroso filme carcelario que arrasó en los Goya 2010 y que ya reseñé en este mismo espacio y aquí mismo. Acaso lo mejor de la semana.

La Maldición 3 (The Grudge 3, EU-Japón, 2009), de Toby Wilkins. La tercera parte americana de la saga fantasmal iniciada por Takashi Shimizu en Japón hace una década vuelve a sus orígenes: el cine estrenado en formato casero. Los dos primeros filmes Ju-On de Shimizu se distribuyeron en el mercado de vídeo en Japón en el año 2000 pero fue tal su éxito que el cineasta volvió a hacer las mismas películas para la pantalla grande en Ju-On y su secuela (ambas de 2003). Luego, el propio Shimizu hizo los remakes americanos respectivos, La Maldición (2004) y su posterior secuela (2006). En esta tercera parte Shimizu hizo mutis y le pasó la silla de dirección al prometedor Wilkins (Está dentro de ti/2008) que, fuera de agregarle más sangre y violencia a los procedimientos, no hace maldita la cosa. Curiosamente, La Maldición 3 se estrenó en formato casero en Estados Unidos pero aquí, en México, la podemos disfrutar -ajá- en pantalla grande. Mi reseña en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado.

viernes, 25 de junio de 2010

Retrospectiva Michael Haneke/I


A partir de hoy y hasta el próximo 4 de julio, la Cineteca Nacional ha programado una retrospectiva del cineasta austriaco Michael Haneke. Aquí, en el blog, hemos escrito de varias de sus cintas, así que si se decide este fin de semana, puede ver hoy viernes El Séptimo Continente, mañana sábado El Vídeo de Benny y el próximo domingo 71 Fragmentos de una Cronología del Azar y, por supuesto, leer mis respectivas reseñas aquí, acá y más acá. La programación completa de la retrospectiva, aquí.

jueves, 24 de junio de 2010

Toy Story 3


“Estoy esperando ansiosamente a @Diezmartinez y
y su crítica-reverencia a Pixar y todas sus creaciones;
espero que en esta ocasión no se incendie”.
eljack13 en Twitter



Me informa mi hija que se encontró con un grupo en Facebook llamado “¡Quítate, niño, he estado esperando Toy Story 3 por once años!”. Para ser francos, es una lástima que yo no me haya topado con ese grupo virtual, porque bien pude haber formado parte de él. Es más: yo pude haberlo fundado. Y no sólo yo: tengo la sensación que la enorme mayoría de los que estábamos en el cine el fin de semana pasado podían haber hecho lo mismo. Exceptuando los inevitables escuincles –qué remedio: supongo que no sería prudente prohibir la entrada de los niños a las películas de Pixar-, la mayoría de los asistentes éramos personas que pasábamos, por mucho, las dos décadas de vida. Es decir, los más ansiosos por ver Toy Story 3 (Ídem, Eu, 2010) no eran los niños de 5 a 10 años, sino sus hermanos mayores veinteañeros o, de plano, los papás.

Difícilmente esto es una novedad. Desde la década pasada, buena parte del cine animado estadounidense –y no sólo el de Pixar- está dirigido no sólo a los niños sino también a sus padres. Es más: creo que bien podría defenderse la idea que las más logradas películas animadas de Hollywood desde Toy Story (Lasseter, 1995) presumen un discurso adulto –esto escrito en el más amplio sentido del término- que no tiene empacho de tocar temas tan aparentemente poco infantiles como la muerte, el olvido, la vejez, la frustración o las neurosis. Toy Story 3 (Ídem, EU, 2010), el casi seguro punto final de la trilogía de Woody, Buzz y amigos, no es la excepción.

Ubicada unos diez años después del fin de la segunda película, Andy ya ha dejado, por supuesto, de ser un niño y hace tiempo que no pela a ninguno de sus viejos juguetes. De hecho, está a punto de irse a la universidad, por lo que tiene que dejar su cuarto para que su hermanita Molly –que ya también dejó de jugar con su Barbie- la ocupe. Andy no sabe qué hacer con sus “amigos fieles” Woody, Buzz, Jessie, Rex y compañía. ¿Echarlos a la basura?: ¡nunca! En todo caso, piensa mandarlos al ático y, eso sí, llevarse a Woody a la universidad. Una confusión, sin embargo, hace que todos los juguetes terminen donados a la guardería Sunnyside, una suerte de lugar de retiro para todos los juguetes olvidados. Sin embargo, muy pronto se descubrirá que el administrador de ese supuesto paraíso, el oso Lotso, es en realidad un desalmado carcelero en la mejor/peor tradición de las películas de prisión, por lo que Woody tendrá que planear El Gran Escape (Surges, 1963) para salvar a sus amigos y subrayar su leyenda, La Leyenda del Indomable (Rosenberg, 1967).

La gran diferencia entre el mejor cine de Pixar y, digamos, la saga Shrek de Dreamworks salta de inmediato: aquí las citas culteranas/cinefílicas –como las ya mencionadas o el discreto cameo del Totoro de Miyazaki- se hacen de pasada, sin presumirlas demasiado. Al final de cuentas, a Pixar le importa mucho menos los saqueos cinematográficos pusmodernos y mucho más emocionar genuinamente a su público. Es decir, a Pixar le interesa lo que cuenta, cómo lo hace y el destino de sus personajes, más que apantallar con los más nuevos chunches tecnológicos o jugar al check-list pseudo-tarantinesco de las citas citables. Vaya, los cineastas de Pixar son unos maestros a la antigüita: sólo quieren contarnos un cuento.

Y el director de Toy Story 3, Lee Unkrich (quien antes había codirigido Toy Story 2/1999, Monster, Inc./2001 y Buscando a Nemo/2003) es, por supuesto, un maestro más en el equipo. Logra hilvanar, sin mayor problema, las emocionantes escenas de acción del escape carcelario -¡ese horrendo chango vigilante!-, con el desternillante roller-gag del Ken metrosexual -¿es el modelaje de Ken al ritmo de “Le Freak” la más graciosa escena de la trilogía?-, con el cotorro doble cambio de personalidad de Buzz con todo y baile a lo Gypsy Kings, con el espléndido flashback que explica el origen del resentimiento de Lotso, con la impresionante secuencia del basurero y con la quieta, serena, devastadora escena final, que hizo llorar a mi hija y, ni modo, también a mí.

En esa eficazmente chantajista escena final, Andy presenta y se despide de cada uno de los juguetes que han formado parte de su vida. Lo hace frente a nosotros, así que no hay manera de voltear a otra parte: aquí está el señor Cara-de-Papa y su esposa, aquí están los tres extraterrestres verdes de un solo ojo, aquí está el villanesco cerdo alcancía, aquí el feroz T-Rex, aquí la indomable vaquerita Jessie… En la medida que avanza la escena, el nudo en la garganta se hace más grande.

¿Ya no habrá, entonces, más Buzz, más Woody? Por supuesto que no: Pixar sabe que la fuerza dramática de sus películas radica en eso: en recordarnos que si bien es cierto que la felicidad existe, ésta es acompañada siempre por la vejez, la separación e, incluso, la muerte. Por eso mismo Toy Story 3 es la cinta con mayor cantidad de gags visuales y verbales de la trilogía: había que balancear las lágrimas con las risas. Mejor dicho, con las carcajadas.

miércoles, 23 de junio de 2010

Revisando a Chaplin/XXII

El siguiente two-reeler que dirigió, escribió y protagonizó Charles Chaplin para la Mutual después de El Conde (1916) es uno de mis favoritos de esta época: The Pawnshop (1916), conocida en español como Charlot Prestamista y, también, como El Usurero. En esta cinta de dos rollos y poco más de 20 minutos de duración, Charlot es un empleado impuntual, peleonero y relajiento que trabaja -es un decir- en una casa de empeño. Cuando no se la pasa dándose de patadas con su compañero/rival de chamba (John Rand) en la parte trasera del changarro, atiende a los desafortunados clientes en el mostrador.
Aquí aparece una de las escenas más famosas del Chaplin en su etapa Mutual: Charlot recibe un reloj despertador que lo trae a empeñar un cliente bigotón (la víctima habitual Albert Austin) y pasa de inmediato a revisarlo. O, mejor dicho, a "auscultarlo". No: más bien, a "operarlo". El resultado es, por supuesto, hilarante. Y cuando Austin trata de reclamar algo, le va peor.
Chaplin también presume un virtuoso manejo del slapsitck: se balancea peligrosamente en una escalera, usa esta misma escalera para "atrapar" a su rival y hace ejercicios con una "suave" galletita cocinada por Edna Purviance... El desenlace de The Pawnshop tiene ecos de uno similar en The New Janitor (1914), un one-reeler que Chaplin dirigió para la Keystone y que ya reseñé aquí. En esta cinta, como en The Pawnshop, Charlot termina como convertido en héroe, aunque uno nunca esté muy seguro de la bondad de sus intenciones. El filme, aquí abajo:


martes, 22 de junio de 2010

El evangelio del cine mexicano según Monsiváis


En la edición especial no. 100 de la Revista Somos (16 de julio de 1994), 25 historiadores y cinecríticos eligieron sus 25 cintas mexicanas favoritas. La lista de Carlos Monsiváis (un tanto en desorden, aclara) fue esta:

1. Los Olvidados

2. El Ángel Exterminador

3. Vámonos con Pancho Villa

4. Nazarín

5. El Compadre Mendoza

6. Enamorada


7. Río Escondido


8. Flor Silvestre

9. El Rey del Barrio

10. Ahí Está el Detalle


11. Memorias de un Mexicano


12. Cuatro contra el Mundo

13. Campeón sin Corona


14. Doña Perfecta

15. La Diosa Arrodillada

16. La Fórmula Secreta

17. Cadena Perpetua

18. Canoa

19. Los Fernández de Peralvillo


20. El Cumpleaños del Perro

21. Nosotros los Pobres

22. Ustedes los Ricos


23. Víctimas del Pecado

24. La Soldadera

25. El Lugar sin Límites

lunes, 21 de junio de 2010

Revisando a Chaplin/XXI

Después de meses de una larga pausa, volvemos a la serie en la que revisamos la obra de Chaplin. Como sigue:

El Conde (The Count, EU, 1916), filme número 40 dirigido por Chaplin y quinto dirigido para la Mutual -de un total de 12 que haría para esa compañía- no es de lo mejor que realizaría durante su "época Mutual" -los años 1916 y 1917- pero aún así ofrece aspectos interesantes. La ejecución de la trama tiene elementos de sus etapas anteriores -en la Essanay y, especialmente en la Keystone- pero, también, ofrece visos de lo que hará Charlot en el futuro. Esto último es lo fascinante de volver al primer Chaplin: descubrir de qué forma iba creando rutinas que muchos años después, en sus largometrajes, perfeccionaría. En este two-reel (es decir, filme de 20 minutos), vemos a Charlot bailar con Edna Purviance de una manera muy similar a la que lo hará en su obra mayor Tiempos Modernos (1936).
La trama es apenas funcional: después de quemar varias piezas de ropa con una plancha caliente, el aprendiz de sastre Charlot es corrido a patadas por su malhumorado jefe (el monumental Eric Campbell, antagonista favorito del propio Chaplin, quien lo contrató para que trabajara con él en la Mutual). Patrón y exempleado coinciden en una fiesta popof en la que el sastre se quiere hacer pasar por el conde del título, pero Charlot -quien está en esa casa porque ha ido a gorrearle comida a la criada- le gana el jalón y es él quien suplanta al susodicho conde. Los enredos no se hacen esperar y menos aún las groserías de Charlot entre los estirados miembros de la "alta sociedad": se mete la servilleta para comer en la bolsa, no sabe cómo llegarle al spaguetti y se intenta robar toda la vajilla de plata.
Como de costumbre en el Charlot de estos años, su personaje es un transa de siete suelas que no tiene fidelidad más que a sí mismo y a sus necesidades más apremiantes: la comida, la bebida, las muchachas guapas (en este caso, la ricachona encarnada por Miss Purviance). Y, como siempre, al llegar la policía Charlot hará la graciosa huida. Hasta su nueva aventura.

La cinta, aquí abajo:

 

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXXXII


Toy Story 3 (Ídem, EU, 2010), de Lee Unkrich. La tercera y última parte de las aventuras de Woody, Buzz y compañía no desmerece en lo absoluto con las dos primeras entregas. ¿Estamos ante la más grande trilogía fílmica de todos los tiempos? Digo, después de todo, El Padrino Parte III no es comparable a los otros dos filmes coppolianos. Mientras escribo la reseña, déjeme advertirle que para lo único que sirven los lentes de 3-D es para ocultar las de Caín que uno suelta hacia el final. La reseña, el próximo jueves.

Kick-Ass, un Superhéroe sin Superpoderes (Kick-Ass, EU-GB, 2010), de Matthew Vaughn. Un adolescente preparatoriano cuyo único súper-poder es ser invisible para todas las chicas de la escuela, decide convertirse en el Kick-Ass del título, un súper-héroe dispuesto a rescatar gatitos y a dejarse navajear por los malandrines. El problema es que el trabajo de súper-héroe ya está tomado: por el expolicía Big Daddy (hilarante Nicolas Cage, imitando al Batman televisivo de los 60) y su rubita hija de 11 años, Hit Girl (Chloe Moretz), quien resulta una mini-Uma Thurman nomás que mucho más letal. En la segunda parte de la cinta, Kick-Ass me perdió: llegó un momento que las matanzas desatadas por la mocosa preadolescente dejaron de ser graciosas. Eso sí: hay citas cinefílicas hasta pa' tirar pa'arriba, empezando por Leone y terminando con Tarantino. Mi reseña, en el Primera Fila del Reforma del pasado viernes.

Ámame o Muérete (Killers, EU, 2010), de Robert Luketic. Una mujer (Katherine Heigl) descubre que su perfecto marido (Ashton Kutcher) trabajó como letal asesino al servicio de la CIA. Ooootra película más de matrimonios amenazados por la peligrosa chamba de uno o de los dos cónyuges. Parece mentira que este bodriazo haya sido dirigido por Luketic, el responsable de la ingeniosa comedia postfeminista Legalmente Rubia (2001). Mi reseña en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

domingo, 20 de junio de 2010

A los maestros con cariño/XXII

Imagen tomada del blog de mother/monkey collective



Que la hagiografía de Carlos Monsiváis -por lo demás, bastante merecida- la hagan en otras partes. Yo quiero recordar a Monsiváis como el fundador, en 1961, del seminal grupo Nuevo Cine -al lado de José de la Colina, Rafael Corkidi, Salvador Elizondo, Jomi García Ascot y Emilio García Riera, entre otros-; como miembro del consejo de redacción de la revista del mismo nombre, la primera de su tipo en México; como editor del legendario suplemento La Cultura en México de Siempre a partir de 1972 y durante más de una década; como el solidario editor que, cuando le exigieron que corriera a Jorge Ayala Blanco de ese suplemento, en su lugar le subió el salario... Para acabar pronto, como uno de los miembros más distinguidos de la primera generación de cinéfilos/cinecríticos de este país. Aquí, una muestra de su pluma cinecrítica, publicada en La Cultura en México el 13 de septiembre de 1973:

"Durante una década se supuso que el almacenamiento de La Rosa Blanca de Roberto Gavaldón se debía a presiones políticas ('ofendía a los Estados Unidos'). Al distribuirse ahora, las sospechas sobre su exclusión han recaído sobre misteriosos factores personales o sobre un (imposible e impensable) censor revanchista guiado únicamente por razones estéticas. La Rosa Blanca es, sólo, una melancólica comedia de las equivocaciones. Todo se confunde: la xenofobia con el nacionalismo económico, las declaraciones del lopezmateísmo con las reivindicaciones del cardenismo, el desclasamiento servil del peón de hacienda con la radicalización campesina y -lo más imperdonable- el trabajo de Roberto Gavaldón con el de un director de cine".

sábado, 19 de junio de 2010

Carlos Monsiváis (1938-2010)

Carlos Monsiváis como el Santa Claus borracho en Los Caifanes
Fotos tomadas de fancine

viernes, 18 de junio de 2010

Abel


Se ha escrito por ahí que Abel (México, 2010), segundo largometraje -aunque primero de ficción- del actor, productor y ocasional cineasta Diego Luna es toda una sorpresa. En realidad, no debería serlo tanto. Con todo y sus limitaciones -muchas de ellas debido a su decisión de no tomar sana distancia de su biografiado-, el documental J. C. Chávez (2007) no era, para nada, el desastre que algunos escribieron. No lo fue para mí, en todo caso.

Y menos lo es Abel, una modesta pero inteligente comedia melodramática sobre una disfuncional familia norteña -de Aguascalientes, para ser precisos- que, a falta de una sólida figura paterna, termina teniendo dos.

El Abel del título (Christopher Ruiz-Esparza), un niño catatónico de nueve años de edad, sale del hospital psiquiátrico en donde estuvo internado un buen tiempo para regresar a la casa materna, en donde Cecilia (Karina Gidi) batalla para sacar adelante, ella sola, al resto de la familia, pues su marido la abandonó para irse "al gabacho" dos años atrás. El escuincle permanece mudo varios días hasta que, inexplicablemente, acaso por empacharse de ver tantas cintas mexicanas en De Película -especialmente el clásico No Desearás la Mujer de Tu Hijo (Rodríguez, 1950)-, termina sustituyendo a la ausente figura paterna, comportándose con su hermana mayor Selene (Geraldine Alejandra) y su hermanito menor Paul (Gerardo Ruiz-Esparza, hermano verdadero del joven actor), como una especie de Cruz Treviño Martínez de la Garza en pequeño. Incluso a la desconcertada mamá le regala un anillo, le ordena de manera terminante que le sirva el desayuno y, como él es el señor de la casa, se las ingenia para arreglar el depósito de agua del excusado.

Ya que Abel habla y se comporta "normalmente" por primera vez en mucho tiempo, todo mundo accede a llevarle la corriente: Paul le enseña la tarea para que se la revise, Selene recibe una justa reprimenda porque en sus cuentas los ochos parecen seises y cuando cuando llega a "la visita" Clemente (Gabino Rodríguez), el veinteañero novio de Selene, el galán es interrogado por Abel, como todo buen padre de familia lo haría con el pretendiente de su hija ("¿Y usted a qué se dedica, joven?").

Este precario equilibrio se rompe cuando, de improviso, regresa Anselmo (efectivo José María Yazpik), el auténtico y muy bigotudo páter-familia, sólo para descubrir que ha sido suplantado por un enanete de mirada firme y hablar golpeado. Lo que sigue se mueve en el filo de la navaja, entre la comedia del absurdo y un melodrama con un astuto poder de observación : Anselmo no toma demasiado bien el extraño comportamiento de su hijo Abel, pero tampoco puede hacer gran cosa para evitarlo, pues ha perdido su derecho de piso ante una familia que no lo reconoce. O, mejor dicho, que lo conoce, ahora, mucho mejor.

Luna hace lo que tiene que hacer: se dedica a cuidar a sus actores -y, como casi todo director/actor, eso es lo que mejor sabe hacer- y su narrativa visual fluye sin llamar la atención sobre sí misma, de forma tan sencilla como segura. La música, esa sí -partitura de Alejandro Castaños y supervisión de la ubicua Lynn Fainchtein-, es particularmente memorable, comentando/ambientando ese precario juego entre lo gracioso, lo terrible, lo enfermo y lo "normal" que vemos en pantalla.

Lo escribí con respecto a J. C. Chávez y lo repito ahora: no sé por qué a tanta gente le cae mal el señor Luna y, la verdad, me es indiferente saberlo. Lo cierto es que como cineasta merece, en serio, nuestra atención. ¿Es tan dificil aceptar eso?

Cine mexicano en línea


Desde hace rato, en este espacio y en otros más, hemos dicho y escrito que el cine mexicano debe distribuirse por todos los medios posibles. iReel.com, una compañía británica que ofrece ver películas en línea -legalmente y mediante un módico pago, por supuesto- ha puesto a disposición de los cinéfilos de todo el mundo un pequeño grupo de películas mexicanas clásicas provenientes del catálogo del productor Felipe Mier. Las primeras cintas disponibles están aquí y entre ellas destacan, además de algunos filmes con Cantinflas y Tin-Tan, un par de curiosidades que, debo confesar, no he visto: Celos (1935) y El Capitán Aventurero (1938), ambas de Arcady Boytler.

De Celos, García Riera escribió en La Guía del Cine Mexicano (Ed. Patria, 1984) lo siguiente: "Tremebundo melodrama sobre un doctor eminente (Fernando Soler) que enloquece de celos al creer que su esposa (la española Vilma Vidal) lo traiciona con un discípulo de él (el debutante Arturo de Córdova, de origen yucateco). La película parece un antecedente de Él, de Buñuel, e incluye algunas escenas de verdad delirantes, entre ellas unas muy curiosas en un manicomio".

Omar Cid, responsable de que estas cintas estén disponible en la red para ser revisadas y descubiertas, me informa que hay más películas que estarán muy pronto en el iReel.com, listas para ser rentadas y vistas en streaming. Deseo, de verdad, que esto resulte negocio para todos los involucrados y que muy pronto podamos ver ahí no sólo filmes mexicanos clásicos, sino películas nacionales contemporáneas: cortometrajes, largometrajes, documentales, cine de ficción, películas estudiantiles del CUEC o del CCC, cintas indepedientes... Vamos, hombre, en algún lugar debe poderse ver cine mexicano.

jueves, 17 de junio de 2010

El cliché que yo ya vi/LXI


Joel Meza, desatendiendo antipatrióticamente el fut, propone el siguiente cliché:

"Uno como quiera, pero los niños...": En las películas de guerra, el personaje central conocerá a un niño que le servirá de ancla con "su vida real" fuera de la guerra. Eventualmente, el niño será sacrificado de una u otra forma, haciéndole saber al protagonista que lo que lo rodea es la vida real. Algunos ejemplos: The Hurt Locker, Enemy at the Gates y, hombre, hasta Tropic Thunder.

martes, 15 de junio de 2010

La Última Estación


El veterano cineasta americano Michael Hoffman ha sido, a lo largo de sus dos décadas de carrera cinematográfica, no muy consistente que digamos. Aunque reconozco que no he visto todas sus películas, sí he revisado las suficientes como para no hacerme demasiadas ilusiones cuando aparece un nuevo filme dirigido por él.

Hoffman ha realizado lo mismo correctas cintas de época -Restauración (1995)- que blandos vehículos de lucimiento de estrellas hollywoodenses -Un Día Muy Especial (1996)- que muy menores adaptaciones literarias -Sueño de una Noche de Verano (1999). De hecho, su mejor filme hasta la fecha era, creo yo, el espléndido melodrama docente/juvenil Lección de Honor (2002) con Kevin Kline como el recto profesor de historia clásica en un elitista colegio privado. Y digo que esa era, en pasado, su mejor cinta porque La Última Estación (The Last Station, GB-Alemania-Rusia, 2009) ha llegado para ocupar ese lugar: el décimoprimer largometraje de Hoffman es lo más cerca que ha estado el cineasta hawaiano en dirigir una obra mayor.

Estamos en Rusia, en 1910, en las vastas propiedades del conde Lev Tolstoi (Christopher Plummer terrenal), en donde vive, discute, propone y sueña su utopia neo-cristiana de igualdad, celibato y resistencia pacífica. Su esposa, la ingobernable condesa Sofya Andreyevna (soberbia Helen Mirren, quien debió haber ganado el Oscar), está harta de tanta admiración perruna de parte de los seguidores de su marido. Ella mejor que nadie sabe quién fue y qué hacía "su gallo" en su rozagante juventud: sus puterías, sus infidelidades, su voraz pasión sexual/sensual por la vida entera. Pero el "representante" e "hijo espiritual" de Tolstoi, Vladimir Chertkov (Paul Giamatti) quiere al anciano "Cristo" para él y su movimiento tostoiano, así que envía a las idílicas propiedades del conde al idealista jovencito Valentín Bulgakov (James McAvoy cumplidor) para que le sirva de secretario/espía. Es evidente para Chertkov que la operática condesa Sofya es la enemiga a vencer y, al principio, eso cree también el propio Bulgakov. Muy pronto se dará cuenta que no es así y menos cuando en la comuna proto-hippie en la que vive el tímido muchacho comparte ideales -y otras cositas más- con una bellísima rusa de no malos bigotes llamada Masha (sexy Kerry Condon).

Realizada con una sobriedad y competencia estilística de primer nivel y con un reparto en el que no hay una sola nota falsa, La Última Estación aparece ante nuestros ojos como fascinante cinta biográfico-histórica sobre el último Tostoi, tan idealista como contradictorio, tan admirable como desesperante; y, al mismo tiempo, como una capciosa parábola cristiana a través de la cual vemos como el siempre dudoso, siempre terrenal conde Tolstoi es secuestrado emocionalmente por su mejor/peor seguidor -el insoportable Chertkov- para construir con él una religión que poco tiene que ver con el auténtico Tolstoi, ese anciano vital, putañero, alegre y generoso que siente por cada poro de su piel, que huele cada aroma del bosque, que cacarea orgullosamente en la cama de su anciana gallina indomable.

Hoffman ha realizado, sin duda, su película más redonda y de mayor trascendencia, pues pocos discursos pueden ser más pertinentes que recordarnos que el amor por el prójimo, así, en general, es una tontería. Hay que amar al prójimo que tenemos a un lado, con nombre y apellido. O, en este caso, amar a la prójima. Por ejemplo, a la Masha de Kerry Condon. O a la condesa Sofya de Helen Mirren.

lunes, 14 de junio de 2010

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXXXI


Naco es Chido (México, 2009), de Sergio Arau. Ya escribí aquí y acá lo que tenía que escribir de este fallido falso documental. No tiene sentido seguirle echando sal a la herida.

Entre Hermanos (Brothers, EU, 2009), de Jim Sheridan. Aun con el fatal miscasting de Tobey Maguire, este remake del intenso melodrama postbélico y familiar Verdades Ocultas (Bier, 2004) se sostiene por sí mismo. Un texto comparativo de las dos cintas, aquí, y mi reseña en el Primera Fila del viernes pasado en Reforma.

La Última Estación (The Last Station, GB-Alemania-Rusia, 2009), de Michael Hoffman. Espléndida biopic sobre los últimos días de Leon Tolstoy (Christopher Plummer), cual turbulenta y contradictoria parábola cristiana. El reparto es extraordinario y hay un par de escenas antológicas entre Plummer y Helen Mirren, quien encarna a la indomable y aristocrática esposa de Tolstoy, la condesa Sophia. Después de haber visto la película, dan ganas de volver a leer La Guerra y la Paz. Bueno, bueno: La Muerte de Ivan Illich, por lo menos. Mi reseña, en este mismo espacio próximamente.

domingo, 13 de junio de 2010

El cine que no vimos/XXIII


Cuando regresé de Guadalajara 2010, me prometí empezar a revisar al cineasta filipino Brillante Mendoza que, para efectos prácticos, permanece completamente desconocido en México. Su cine se ha visto, acaso, en algunos cineclubes y en los respectivos discos de importación pero, fuera de esas excepciones, Mendoza sigue inédito en nuestro país.
La promesa de la que escribí en el párrafo anterior se debió a que en Guadalajara vi Kinatay (2008) -como lo reseñé aquí- y quedé tan impresionado por la cinta que decidí darle una oportunidad a este nuevo genio -o farsante, dicen algunos- de la cinematografía mundial. Así que este fin de semana futbolero vi, arrebiatadas (así dicen en el rancho), varias cintas de Mendoza. Acaso la mejor de todas resultó ser Kaleldo (2006), su segundo largometraje, un melodrama familiar/femenino con una estructura muy convencional, pero una ejecución fresca y vigorosa, y un discurso tan intrigante como contradictorio.
Kaleldo está ubicada en la provincia filipina de Guagua e inicia con la calurosa boda de Grace (Juliana Palermo), la hija menor de Rudy (Johnny Delgado), un viejo artesano viudo que ha criado a sus hijas con amor pero también con rigor y hasta con violencia. Grace se ha casado con Conrad (Lauren Novero), un muchacho de una familia mucho más rica y prominente, que ve con nariz respingada las rústicas costumbres de sus nuevos parientes políticos. Después de hacer la caótica crónica de la boda y de presentarnos a las otras hijas de Rudy, la estoica y sufrida lesbiana Jesusa (Cherry Pie Picache) y la guapa malcasada Lourdes (Angel Aquino), Mendoza y su coargumentista Boots Agbayani Pastor dividirán la trama en tres episodios -"Viento", "Fuego" y "Agua"-, centrados en cada una de las hijas.
En el primero, veremos la dificil adaptación de Grace a su vida de casada/arrimada con una familia que la ve como poco menos que una molestia necesaria. En "Fuego", seremos testigos de la infidelidad de Lourdes, quien se siente abandonada por su apocado marido Andy (Allan Paule). Y, finalmente, en el tercer segmento del filme, la lesbiana hija mayor, Jesusa, sacrificará el amor que siente por su joven pareja Weng (Criselda Velks), ya que Lourdes ni su papá ven con buenos ojos esa relación.
Hay una contagiosa vitalidad en este acercamiento a esta clasemediera familia filipina. El costumbrismo turístico cede ante un interés que se siente genuino en los personajes y en sus dilemas. La última parte, la centrada en Jesusa es de lejos la mejor y, también, la más problemática.
Durante buena parte del filme hemos visto como el egoísta páter-familia Rudy maneja a sus hijas a su antojo: pone sus condiciones, grita, sermonea y hasta golpea cuando cree necesario. Es una suerte de señor Cataño (cf. Una Familia de Tantas/Galindo/1948) sólo que sin la personalidad de Fernando Soler. Y, sin embargo, queda claro también que, independientemente de esa violencia verbal y/o emocional, al lado de ese maltrato abusivo, también hay un amor imposible de doblegar. Un amor del viejo enfermo hacia sus hijas y de ellas -especialmente de la despreciada Jesusa- hacia él.
Por eso, el desenlace deja ese encontrado sabor de boca: Mendoza nos lo vende como una especie de idílico final feliz pero, de verdad, ¿Jesusa será feliz al haber renunciado a todo lo que quería, a todo lo que amaba? ¿Y para qué?: ¿para serle fiel al recuerdo de su padre y llevarlo como una indeleble cicatriz en el alma?

sábado, 12 de junio de 2010

Cuéntamela otra vez/XII


En Verdades Ocultas (Brødre, Dinamarca-GB-Sueca-Noruega, 2004), octavo largometraje de Susanne Bier, un seguro y sólido páter-familia es sustituido por quien menos se lo imaginaba. Esta misma historia volvería a ser contada, con sus respectivas variaciones, en su siguiente cinta, Después de la Boda (2006), y en su desgarrador debut hollywoodense Lo que Perdimos en el Camino (2007).

Aquí, en Verdades Ocultas, ya liberada de las reglas dogmáticas de Von Trier, la danesa Bier nos presenta un intenso y estilizado melodrama postbélico en el que el veterano de Afganistán Michael (Ulrich Thomsen) regresa a su casa en Copenhagen y ve que su hermano menor expresidiario Jannik (Nikolaj Lie Kaas) ha entrado en razón y se ha convertido en el responsable papá sustituto de sus hijos y, acaso, en el nuevo marido de su esposa (Connie Nielsen). Sin embargo, el problema verdadero es otro: Michael carga con la culpa de algo que fue obligado a hacer en Afganistán y eso es, precisamente, lo que corroe su vida.

Pero, bueno, si Bier ha usado la misma premisa varias veces, no tiene sentido quejarse porque Hollywood haya realizado el remake respectivo. Se trata, por supuesto, de Entre Hermanos (Brothers, EU, 2009), séptimo largometraje de Jim Sheridan.

Tobey Maguire encarna a la perfección el papel que interpretara Thomsen en la cinta original danesa. El exPeter Parker es Sam, papá de dos encantadoras niñitas y marido de la bellísima Grace (Natalie Portman). En las primeras escenas de la película, le creemos a Maguire como ese joven capitán del ejército americano por su seriedad, su nobleza, su rectitud.
Por otra parte, Jake Gyllenhaal interpreta el papel de Kass. El exDonnie Darko es Tommy, el fracasado hermano expresidiario de Sam, libre bajo palabra, relajiento, desobligado y rebelde. Gyllenhaal se ha especializado en interpretar este tipo de personajes sin rumbo y, para variar, aquí lo sigue haciendo muy bien.

Los problemas en el filme de Sheridan surgen, sin embargo, en la medida que avanza la trama, cuando los dos protagonistas, Sam y Tommy, cambian de posición en la familia. Gyllenhaal hace la transición sin mayor problema: su resentido Tommy se convierte en el cálido hombre de familia que necesitan Grace y las niñas. En contraste, Maguire no puede con el paquete: desaparecido en Afganistán, su Sam será rescatado in extremis para regresar inesperadamente a una familia que ya lo daba por muerto.

Maguire, un actor con un rango interpretativo muy limitado, no convence como el violento capitán traumatizado por una atrocidad cometida en la guerra. Sí, es cierto, pela chicos ojotes, le dan ataques de histeria, asedia paranoicamente a su mujer, les gritonea a sus hijitas pero, por lo menos desde mi perspectiva, nunca me pareció que Sam representaba un peligro de verdad para su familia.

El miscasting de Maguire es un problema serio, sin duda, pero no seré yo quien condene esta película por ello. El filme tiene mucho más a su favor: Sheridan mantiene el interés en el drama vivido y sufrido por sus personajes, la cámara de Frederick Elmes captura tanto la idílica cotidianidad pueblerina como los vastos paisajes desérticos afganos y, más allá de Maguire, el resto del reparto cumple y con creces.

De hecho, como Isabelle, la hijita mayor de Maguire, la actriz de diez años Bailee Madison merece especial atención. Su dolor y sus berrinches son tan genuinos que dan ganas de meterse a la pantalla para abrazarla o darle una cintariza, lo que se le ocurra primero.

viernes, 11 de junio de 2010

Your Movie Sucks! (con perdón de Roger Ebert)/XVII


Presentada en Guadalajara 2009, vuelve a las pantallas pero ahora en corrida comercial Naco es Chido (México, 2009), segundo largometraje de Sergio Arau. Sobre este lamentable filme sin gracia ya escribí hace rato por acá, cuando lo vi en Guadalajara, así que no escribiré más que este falso documental sobre "el arrejunte" de los Botellita de Jerez es más tedioso que relajiento, y mucho menos ingenioso que lo que pretende.

No tengo nada en contra de la música de los Botellita, la neta. Y, a lo mejor, esta cinta en un formato de reportaje de 15 ó 20 minutos, hubiera sido genial. Pero 90 minutos de duración... Por favor, es un exceso.

jueves, 10 de junio de 2010

Pídala Cantando/XIX


Para Josafat Moraila


Hace no-sé-cuántos meses, el lector de este blog Josafat Moraila me pasó el DVD de una cinta japonesa que, me dijo, no sabía cómo definir. Se trata de Survive Sytle 5+ (Japón, 2004), primer largometraje -y hasta el momento, único- del director de comerciales vuelto cineasta Gen Sekiguchi. Prometí revisarlo y hacer la reseña respectiva. Aquí está, pues: tarde, pero seguro.

Es fácil compartir el desconcierto de Moraila: Survive Style 5+ es una comedia surreal-pop con referencias kubrickianas, guiños a Guy Ritchie y deudas con el cine de la yakuza y con el de los entrañables melodramas familiares a la Ozu.

La trama -escrita por el también debutante Taku Tada- enlaza cinco historias que van avanzando simultáneamente. Molesta porque su amante hipnotista Aoyama (Hiroshi Abe, el futuro hijo resentido de Caminando Aún/Koreeda/2008) se burla de ella porque le apestan los sobacos y porque produce comerciales horrendos, la mercadóloga Yoko (Kyôko Koizumi) lo manda asesinar y para ello contrata a un profesional matón inglés (Vinnie Jones, muy en su papel) que se pasa la mitad de la película preguntando a quien se le atraviesa: "¿cuál es tu función en la vida?". El matarife en cuestión es contratado también por un sufrido marido (el ubicuoTanadobu Asano) para que se escabeche a su correosa mujercita (Reika Hashimoto), quien ha sido asesinada en incontables ocasiones (estrangulada, partida en pedazos, quemada...) aunque siempre encuentra la forma de regresar con vida a seguir alimentando y golpeando a su marido. El asesinato de Aoyama en medio de su acto hipnotista ocasiona una tragedia a cierta familia clasemediera que había asistido al teatro esa noche, pues el señor Kobayashi (Ittoku Kishibe, extraordinario) había sido "convertido" en pollo a través de la hipnosis. Así, al morir Aoyama, no hay nadie que lo regrese a su estado anterior. Y, finalmente, un par de jóvenes ladrones -que entran a la casa de Kobayashi y que se encuentran con Vinnie Jones en un baño de vapor- encuentran que la amistad que se profesan no es exactamente amistad, sino algo distinto, que no se pueden explicar.

Entonces, el gangster inglés salido de un guión rechazado de Guy Ritchie viaja a Japón para matar a un bocón hipnotista que cita Kubrick ("Redrum, redrum") y que deja convertido en ave a un sufrido ejecutivo cuya familia tendrá que lidiar con ese problema, como si se tratara de un viejo melodrama a la Ozu. El mismo matón será el catalizador para que dos historias de amor se consuman finalmente: la del marido que busca matar a su mujer, y la de los dos ladrones que se aceptan a sí mismo como son, con todo lo que sienten uno por el otro.

La inventiva visual de Sekiguchi no conoce descanso: de la violenta puesta en imágenes de esa especie de surreal La Guerra de los Roses (DeVito, 1989), pasamos a la serena y conmovedora historia de una familia que tiene que enfrentar el problema de un padre "enfermo" y de ahí a un sublime relato de amor juvenil gay y de ahí a los interludios creativos de Yoko, quien se imagina los comerciales más absurdos posibles a partir de cualquier detalle de su vacía vida cotidiana.

La película no carece de problemas: hay una que otra inconsistencia inexplicable -el filme inicia con una voz en off que luego es abandonada- y la duración de 120 minutos es excesiva para la cantidad de extravagancias que presenciamos. Sin embargo, estamos de todas formas ante un debut notable que, curiosamente, se ha quedado, hasta el momento en eso. ¿Será que a Sekiguchi y a Tada se le acabaron las ideas, de tantas que usaron en su primer largometraje?

martes, 8 de junio de 2010

Kubrick, Dios y Spielberg (en ese orden)


Cartón de Miguel Bayón publicado en slashfilm.com




Brett Ratner, en cierta entrevista reciente, cuenta un chiste acerca de Kubrick y Spielberg. El rescate del chistorete, gracias a Josafat Moraila:


Steven Spielberg dies and goes to heaven, and St. Peter says, “Oh, Mr Spielberg, we’re so happy you’re here. God has a very important assignment for you; we need you to make a movie. You can have your choice of anyone you want. Shakespeare can write the script; Michelangelo can paint the set; Mozart can write the music.” Spielberg says, “What would be my compensation?”
St. Peter says, “You can meet anyone you want.” Spielberg says, “I want to meet Stanley Kubrick. I was such a big fan, I never got to meet him, and I made A.I. because of my admiration for his work.” St. Peter says, “Unfortunately, no one gets to meet Stanley Kubrick.” As he says that, in the distance, Stanley Kubrick rides past on a bicycle. Steven says, “Whadya mean? That’s Stanley right there! On the bike!” St. Peter says, “No, that’s God pretending to be Stanley Kubrick.”


lunes, 7 de junio de 2010

Mexacríticos reloaded


Pues Mexacritic ha cambiado de piel. Según mis cuentas, este sería el tercer lanzamiento de este espacio en la blogósfera, una esquina cinéfila creada por el estudiante mexicoamericano de artes visuales y especialista en música Carlos Reyes -ojo: ya no anoté el adjetivo jovencísimo para que no haya reclamos- y luego continuado por el arquitecto tapatío recién graduado Aldo Álvarez Tostado. Esperemos que este relanzamiento implique un mayor movimiento por parte de todos los que hemos participado en ese blog. Mexacriticos, el blog, está aquí.

Pídala Cantando/XVIII


Un lector de este blog, José Candás, me pidió que publicara la reseña de Inteligencia Artificial porque, cito de memoria, fui uno de los pocos masoquistas a los que les gustó esa cinta. En efecto, Inteligencia Artificial me entusiasmó tanto que, al hacer mi lista de lo mejor de la década, estuve a punto de anotarla. Al final, quedó Sentencia Previa en lugar de Inteligencia..., pero eso se debe, qué remedio, a mi invencible inclinación hitchcockiana.

En todo caso, aquí va la reseña de Inteligencia Artificial, tal y como fue publicada en el diario REFORMA en el momento del estreno. ¿La volvería a escribir igual?: seguramente que no, pero he querido respetar a ese crítico de cine de hace casi diez años.



“Va a pasar lo mismo que con 2001;
algunas personas van a odiar la película.
No importa”.
Jan Harlan, amigo, cuñado
y productor de Stanley Kubrick,
refiriéndose a Inteligencia Artificial.

“Una película de Steven Spielberg, una producción de Stanley Kubrick”. Para que los créditos iniciales de Inteligencia Artificial (AI, Artificial Intelligence, EU, 2001) llevaran este increíble título tuvieron que pasar casi 20 años y ocurrir muchas cosas –incluyendo la muerte de Kubrick. Después de dirigir Cara de Guerra, Kubrick tenía dos proyectos: adaptar el relato de ciencia ficción “Supertoys Last All Summer Long”, de Brian Aldiss, y hacer un filme sobre el holocausto judío. El primer proyecto lo pospuso debido a que todavía no existía la tecnología necesaria para hacerlo. El segundo llegó hasta la escritura del guión, pero Kubrick terminó desechándolo, pues nunca pudo aterrizar la idea de cómo hacer un filme sobre la muerte de 6 millones de personas. En su lugar, el cineasta decidió dirigir Ojos Bien Cerrados.

Mientras planeaba esta última cinta, Kubrick le planteó a su amigo telefónico Steven Spielberg que él hiciera la adaptación del cuento de science-fiction alegando que la historia estaba más cercana a su sensibilidad. Así pues, Inteligencia Artificial representa un Encuentro Cercano entre Dos Grandes Tipos: el frío, pesimista y cínico Kubrick junto al generoso, bienintencionado e infantiloide Spielberg. El resultado es el siguiente.

En un futuro cercano, los polos se han derretido, muchas urbes han perecido inundadas y la economía mundial se sostiene gracias a la ayuda de los “mechas”, robots inteligentes que causan en el ser humano la misma dependencia y desconfianza que sentimos frente a nuestra PC. Un científico, el Profesor Hobby (William Hurt), pretende dar un paso más allá: crear un robot que pueda genuinamente amar a los seres humanos. El prototipo se construye: es un niño llamado David (extraordinario Haley Joel Osment) que es dado en custodia a una pareja, Monica y Henry Swinton (Frances O’Connor y Sam Robards), quienes tienen a su verdadero hijo criogenizado, pues sufre de una enfermedad incurable. Después de un periodo en donde Monica se adapta con dificultad a su robot infantil, ella decide finalmente programarlo para que el “niño” sienta amor por ella. Desgraciadamente para David, el hijo real de los Swinton se cura y después de una serie de malos entendidos y accidentes, la pareja decide abandonar al pequeño robot a su suerte. David, quien conoce la historia del muñeco Pinocho, convertido por un Hada en un niño de verdad, decide, junto con su sexi Pepe Grillo, un robot programado para el placer femenino llamado Gigolo Joe (Jude Law), ir a buscar a la susodicha Hada para que lo convierta en un niño “real”.

Inteligencia Artificial es un cuento infantil, un cuento de hadas con héroes, villanos, dificultades varias, un hada madrina, bondadosos “padrinos” y un final (aparentemente) feliz. Sin embargo, como todo gran cuento de hadas que se precie de serlo, estamos ante un relato profundamente perverso. Si a ello le agregamos algunos detalles satírico-dramáticos que parecen provenir directamente del fantasma de Kubrick (¡ese oso de peluche parlante!), entonces el filme de Spielberg es todo menos una simple “feel-good movie”.

Al inicio del filme, alguien inquiere a Hobby, diciéndole que construir un robot que ame de verdad a su dueño, implica una responsabilidad enorme, pues el ser humano tendría que amar también a su criatura. Tema antiguo, ya tratado en Frankenstein y, si se piensa, un tema universal, porque ¿cómo obligar a alguien a que ame a otra persona? Por ello, la premisa de IA es tan perturbadora: al programar a David para que solamente pueda amar, Spielberg/Kubrick nos presentan a una humanidad fatua, vacía, irresponsable y perversa, una humanidad que construye sus sueños para luego aplastarlos cuando ya no le convienen. Por lo mismo, el desenlace se eleva muy por encima de la lectura más ingenua que algunos seguramente le darán: no estamos, señores, ante un final feliz, con David logrando por fin el amor de mamá. Estamos ante la culminación cruelmente irónica de una inútil obsesión (¡tan kubrickiana!) cumplida por un niño-robot con la ayuda de unos personajes que, desde la distancia, desde muy arriba (¿desde donde está Kubrick?), han construido un mundo más inteligente y más artificial que en el que ha vivido David.

Visualmente, la película recuerda en su diseño general a Kubrick (los autos, los fríos espacios interiores, la zona de tolerancia) pero la fotografía es Spielberg en estado puro, con el consabido uso de luces brillantes como fondo, al estilo de Encuentros Cercanos... o ET. El diseño de producción de Rick Carter es, por otra parte, impresionante (el circo anti-robots, la ciudad de Nueva York sumergida) y la música del sempiterno colaborador spielbergiano John Williams es, acaso, la más sobria de toda su carrera.

Inteligencia Artificial es un filme abierto a múltiples interpretaciones, el más ambiguo que ha hecho Spieberg en toda su carrera. Incluso su final dará para que corran ríos de tinta, acusando al dueño de Dreamworks de haber caído en un desenlace pueril e infantiloide. Difiero de ello. En ese falsamente beatífico final, se esconden sentimientos encontrados que dejan al filme y sus propuestas dramáticas rumiando sin descanso en nuestra mente. Es cierto: Spielberg no ha hecho su filme más perfecto, pero sí el más valiente y fascinante.

domingo, 6 de junio de 2010

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXXX


Pues ora sí que no sé casi nada. La única película visible en la cartelera comercial de esta semana es Comida, S.A., que ya había reseñado cuando se presentó hace algunos meses en Ambulante. 2010. Si no ha visto este espléndido filme militante-documental, ahora es tiempo de hacerlo. Del resto de la cartelera comercial, ni hablar. Mi reseña de Comida, S.A., en el Primera Fila del viernes pasado de Reforma.

viernes, 4 de junio de 2010

Tercer Festival de Cine en Derechos Humanos/IV y último


El Tercer Festival de Cine en Derechos Humanos terminó ayer con la premiación del convencional pero honesto filme documental Voces del Subterráneo (2010), de Boris Goldenblank. Cuando vi esta cinta en Guadalajara 2010, escribí lo siguiente:


(La película está centrada en)... los 65 mineros muertos en Pasta de Conchos, en febrero de 2006. Lo malo es que la película no trasciende más allá de lo que, por desgracia, sabemos: que la compañía Minera México no invirtió en seguridad para sus trabajadores -sale más barato pagar multas y si alguien se muere se le entierra y ya-, que el gobierno de Fox fue cómplice al hacerse pendejo en el mejor/peor estilo de su "¿Y yo por qué?" y que la pérdida de esos 65 hombres dejó una huella imborrable en las madres, esposas, padres, hermanos, que aún hoy luchan por conseguir los cuerpos de sus familiares para darles cristiana sepultura.
El momento cumbre del filme llega al final, cuando una llorosa mamá le dice al retrato de su hijo: "Ya no te voy a llorar en un rincón". Y ustedes saben de lo que es capaz una mujer mexicana -y madre por añadidura- cuando se decide hacer algo.

Voces del Subterráneo está programada en el festival de cine Distrital y será exhibida el próximo domingo en Lumiere Reforma a las 21 horas.

Distrital/IV y último


Vista en Guadalajara 2009 -fue la última cinta que vi, aunque no escribí de ella por cuestiones de tiempo-, Líbano (Lebanon, Israel-Francia-GB, 2009) regresa a las salas mexicanas, pero ahora en Distrital, esperemos que como mero preámbulo a su estreno comercial en todo el país -ya sé, ya sé, pero se vale soñar, qué caray.
Ganadora del Leon de Oro en Venecia 2009, la opera prima de ficción del casi cuarentón Samuel Maoz, es una intensa y claustrofóbica cinta bélica cuya acción ocurre, casi en toda la hora y media de duración de la película, en el interior de un chirriante, caluroso, asfixiante, tanque de guerra. De hecho, cuando la cámara se digna ver hacia el exterior, lo hace precisamente sólo a través de los ojos de los personajes que ven a través de la mira del tanque. Lo que ven ellos es lo que vemos nosotros y no es nada agradable: destrucción, violencia, caos y muertos. Muchos muertos: cadáveres, cadáveres y más cadáveres.
El interior, filmado por Giora Bejach, no es más alentador: se trata de una interminable sucesión de primeros planos en la que no vemos más que rostros deformados por el miedo, el horror, la ira, el desconcierto. El tanque, además, parece tener vida propia: los sonidos del aparato no cesan, el aceite gotea continuamente, el vapor sale de todos los rincones... A ratos parece que estamos en un filme de horror y no en uno de guerra. ¿O será que la guerra es el único, auténtico, horror?
La cinta inicia el 6 de junio de 1982, el primer día de la guerra en Líbano. En el tanque de marras van cuatro soldados con nula experiencia bélica: el comandante Assi, el conductor Yigal, el disparador Schmulik y el renegado Hertzel. Ninguno de los cuatro sabe bien a bien lo que tienen que hacer, las órdenes recibidas por el radio son oscuras y las milicias falangistas que, se supone, están del lado suyo, muy pronto queda evidente que no podía interesarle menos la suerte de esos atemorizados veinteañeros que fungen como víctimas pero también -y eso Maoz lo deja muy claro- como victimarios.
Maoz, veterano de esa guerra precisamente, ha realizado un filme bélico impresionante. En él no hay heroicidad de ningún tipo porque es claro que nadie puede reclamar el papel de héroe en el interior de un temible monstruo de hierro como en el que avanzan los cuatro soldados. Pero aunque estuvieran afuera: la guerra es la misma, el horror es igual y la muerte los cubre a todos.

Líbano se exhibe hoy viernes a las 20:30 en la Cineteca Nacional

jueves, 3 de junio de 2010

Distrital/III


Día intensito en Distrital, en cuanto a cine mexicano se refiere. Dentro de la sección "Perspectivas de Cine Mexicano, a las 13:30 horas se exhibe en Cinemark Reforma 222 Rabioso Sol, Rabioso Cielo (mi reseña, cuando la vi en Guadalajara, 2009, está aquí) y a las 15:00 horas, en Lumiere Reforma y en la sección "Meridianos", el extraordinario documental Perdida -que ya alabamos por acá. A las 17 horas, dos funciones paralelas: en Cinemark Reforma, la relajienta comedia Conozca la Cabeza de Juan Pérez, que comenté por aquí, mientras que en Cinemark Pedregal se exhibe el meritorio melodrama romántico (casi) musical Corazón del Tiempo, que con todo y los peros que le encontré, reseñé positivamente por acá.

Finalmente, en Cinemark Reforma, a las 19:30 está programada Las Buenas Hierbas, en la sección "Cine Mexicano Contemporáneo". Las Buenas Hierbas me pareció casi insoportable, como lo anoté por aquí, aunque a mucha gente en Guadalajara 2010 -incluyendo al jurado- pensó todo lo contrario. Usted vaya a verla y luego me cuenta.

miércoles, 2 de junio de 2010

Pídala Cantando/XVII


Un lector me pide, para un proyecto personal académico, una lista de grandes balaceras en la historia del cine. No tienen que ser enfrentamientos: pueden ser ejecuciones -como la de la foto, de Sonny Corleone- o, ¿por qué no?, hasta duelos, como el final de El Bueno, el Malo y el Feo. Rumiando la pregunta durante varios días, he llegado a un top-ten personal de grandes balaceras/ejecuciones/enfrentamientos fílmicos, en estricto desorden y como sigue:

1. El asesinato de Sonny Corleone en El Padrino.
2. La secuencia inicial del asalto al banco en La Pandilla Salvaje.
3. El asesinato cometido por una sombra con el que inicia Scarface -la de Hawks, claro.
4. El duelo triangular en el desenlace de El Bueno, el Malo y el Feo.
5. La escena de las escalinatas en Los Intocables.
6. El asesinato por la espalda de Sáyago en Tiempo de Morir de Ripstein.
8. La secuencia final en Taxi Driver.
9. La balacera en la cabaña de Enemigo Público.
10. La escena de la cantina en Los Imperdonables.

Y usted, ¿qué balaceras fílmicas recuerda?

martes, 1 de junio de 2010

Distrital/II


Un padre de familia de mediana edad y su esposa conservan aislados dentro de su casa a sus tres hijos, a quienes han educado no sólo para que teman el mundo exterior sino para tener una visión completamente absurda, distorsianada, de lo que sucede fuera de las bardas de su enorme mansión. En este universo creado/paralelo, los gatos son animales feroces que devoran a los seres humanos, los aviones que cruzan por los aires tienen el tamaño de un juguete, la palabra coño es sinónimo de lámpara, un zombie es una florecita amarilla y Frank Sinatra no sólo es el abuelo fallecido sino que su clásico "Fly Me to the Moon" es, en la libérrima traducción del tiránico padre, una oda al hogar y a la familia.
Diente de Perro (Kynodontas, Grecia, 2009), tercer largometraje de Yorgos Lanthinos, es una afortunada mezcla de La Aldea (Shyamalan, 2004) con nuestra propia cinta basada-en-un-caso-real El Castillo de la Pureza (Ripstein, 1973), sólo que cruzado por un impávido humor absurdo que no toma prisioneros. Hay, también, otra diferencia fundamental: mientras que en la película de Shyamalan estamos ante una parábola de la creación de un mundo artificial con el objetivo de protegerse de los peligros del exterior, y mientras en el filme ripsteniano la sordidez alarmesca de la historia no daba más que para criticar el autoritarismo familiar mexicano, en Diente de Perro la cinta no empuja al espectador a ningún tipo de lectura preconcebida. Desdramatizada al máximo, con tomas largas y escasos movimientos de cámara, con un encuadre fijo que desafía la normalidad visual/narrativa clásica, Diente de Perro bien puede entenderse como una alegoría política antiautoritaria, una sátira de la educación familiar o, simplemente, como ha asegurado de forma provocadora el propio cineasta, no es más que una puesta al absurdo de las dinámicas internas de la familia griega contemporánea, en las que los hijos creciditos veinteañeros/treintañeros ni-ni (ni estudian ni trabajan, ni pitchan ni cachan ni dejan batear) siguen viviendo en el nido familiar hasta que el cuerpo -de los papás- aguante.
Sin embargo, que la película demanda una interpretación más profunda que la que el propio director afirma, es obvio: ninguno de los personajes tiene un nombre propio, no hay contextualización social alguna y ni siquiera queda claro en qué época se lleva a cabo la acción (por los aparatos electrónicos, parece que en los 80, aunque en algún momento el padre habla por un teléfono celular de, cuando menos, fines de los 90). Así, el papá -que trabaja como gerente de una enorme fábrica- es solamente el arquetípico Padre (Christos Stergioglou), hay una Madre (Michelle Valley) que se excita viendo felaciones en VHS y están los creciditos "niños" veinteañeros: la Hija Mayor (Aggeliki Papoulia), la Hija Menor (Mary Tsoni) y el Hijo (Christos Passalis).
Por supuesto, llegado el momento y cuando la cantidad de elementos extraños, irritantes y absurdos han llegado al extremo -la familia entera en cuatro patas ladrando para asustar a los temibles gatos, cierta fiesta familiar en la que la hija mayor hace un numerito dancístico-, se acercará el esperado clímax con la búsqueda de la libertad de uno de los tres hijos. Pero, fiel a la tradición de este tipo de películas, la irritación seguirá hasta el último instante, en el último fotograma, en el último segundo.

Diente de Perro se exhibe hoy martes a las 15:30 horas en Cinemark Reforma 222, el próximo jueves en el mismo Cinemark las 15 horas y, finalmente, el próximo domingo a las 18 horas en la Cineteca Nacional.