domingo, 30 de enero de 2011

El cliché que yo ya vi/LXXII


Abraham Sánchez Espinoza a quien, como se puede constatar en el siguiente texto, no se le da esto de los clichés, propone:

Empelotados: Hay distintos tipos de despelote en el cine, desde aquel donde un personaje entra a un cuarto para encontrarse a otro teniendo sexo, hasta aquel donde encuentran al susodicho jalándole el pescuezo al ganso, ahogando al pollo o como diría Niurka, en términos menos vulgares, "haciéndose el amor solito".

De hecho ambos clichés se encuentran en Jerry McGuire 2, mejor conocida como De Amor y otras Adicciones (Love and Other Drugs). Pero el cliché del despelote que nos ocupa a continuación es uno distinto, pues para que se cumpla se deben seguir las reglas de manera inversa, pues aquí en vez de que el personaje entre a ver el despelote, el susodicho es el que debe entrar al lugar y quitarse la ropa (usualmente buscando algo de diversión sexual con otro personaje), sin darse cuenta de que hay un tercero que mira incrédulo como queda el otro en bolas frente a sus ojos.El éxito del cliché depende en buen parte de la reacción de sorpresa de todos los involucrados, especialmente de aquel que observa el despelote.

Un buen ejemplo ocurre en Amor a Distancia (Going the distance), donde Justin Long y Drew Barrymore entran a hacer lo suyo en la mesa de la cocina de la casa de su hermana. De pronto, la hermana enciende la luz, encontrándose a Drew desnuda junto a su novio, del cual vemos su no bronceado trasero. Para complementar la escena, la toma nos muestra al esposo de la hermana, quien todo el tiempo se había encontrado comiendo muy quitado de la pena observando el show. El éxito radica en el contraste que da una genial Christina Applegate, cuyo rostro pasa de la sorpresa a la incredulidad, y su marido, quien sólo atina a responder como un niño asustado que, como todo sucedió tan rápido no supo ni dónde esconderse.

Un ejemplo medianamente exitoso sucede en Enamorándome de Mi Ex (It's Complicated) donde, mientras Meryl Streep tiene una cita cibernética con Steve Martin, ella va al tocador. De pronto, entra su ex-marido, un bonachón Alec Baldwin, quien se quita la ropa y se coloca en bolas en la cama buscando sexo con su ex-mujer, sin percatarse de que Martin puede ver todo desde la webcam. Cuando llega Streep de vuelta surge la reacción de sorpresa en cadena: primero de ella, luego de Martin detrás del computador y finalmente de Baldwin, para luego rematar con Martin de nueva cuenta, quien pone una cara de repulsión por la cual nos enteramos que observa un acercamiento a las bolas de Baldwin a través de la pantalla.

Un mal ejemplo luce en la mencionada Jerry McGuire 2, donde a lo largo de una secuencia a manera de videoclip musical al ritmo de A Well Respected Man de The Kinks, vemos a Jake Gyllenhaal escalando posiciones como ejecutivo de ventas farmaceútico mientras se merienda una y otra vez a la guapa de Anne Hathaway en un frenesí de sexo sin control. Al finalizar la secuencia musical, Anne llega a casa de Jake buscando más acción, demostrándole que no trae nada puesto al quitarse el abrigo, sin percatarse que en el sofá de la sala se encuentra el hermano de Jake, quien para disimular la sorpresa y la exitación de ver sin ropa a la novia de su hermano, clama que no vio nada porque no trae puestos sus lentes.

Funciona tan bien en la primera cinta, que el cliché es usado en por lo menos tres secuencias más, haciéndolo una cosa relevante de la trama sin perder su lado cómico. En la segunda, más o menos funciona debido a la simpatía de los tres actores y a que el cliché es un mero pretexto para entregarnos un gag cómico más dentro de una cinta llena de gags. Y en la última, el cliché no funciona porque es un mero pretexto para ver en pelotas a Hathaway, quien parece reirse más de lo mal que les quedó la escena que de la situación embarazosa que acaba de ocurrir, aunque quizás, si nos hubieran puesto a los Hitters en vez de a los Kinks, la cosa cambiaría.

Como dato curioso, en las tres películas el cliché puede verse en sus respectivos avances y los tres aparecen justo hacia el fnal del trailer, lo cual también es cliché. Y favor de no confundirlo con su primo-hermano, el cliché donde te agarran desnudo mientras te estás bañando, visto también recientemente en El Cuarto de los Muertos (La chambre des morts), donde es mero pretexto para ver sin ropa a la guapa de Mélanie Laurent. Pero con semejantes chicas guapas, ¿quién se está quejando? Al menos yo no puedo hacerlo, porque quejarse de desnudos injustificados en el cine también es cliché y la verdad que esto de los clichés a mi ciertamente como que no se me da.

7 comentarios:

Tyler dijo...

En esa de amor a distancia con Drew Barrymore, ese gag es de antología y lo único que paga el boleto, recuerdo que hasta lloré de la risa

La cara del marido jajajaja

y la cara de Cristina Manzanapuerta no tiene progenitora tampoco

jajaja

y la manita en el trasero "bronceado" fue un chiste extraido directamente de Friends.

muy buen cliché

Tyler dijo...

Hablando de clichés Ernesto,

cual es la diferencia entre un cliché como tal y una regla de género

por ejemplo, podríamos decir que en todo western siempre va haber el pistolero bueno y valiente y el pistolero malote malote y pensar que es un cliché, pero en realidad tal vez sea una regla de ese género, no?

Diezmartinez dijo...

Tyler: Sí, claro. Muchos de los convencionalismos genéricos pueden ser entendidos como clichés. Aunque los clichés a veces aparecen sin justificación alguna, gratuitamente.

rojasconbotas dijo...

Ampliando el tema de los clichés. Este aparece como tal, cuando se recurre a el sin justificacion alguna y sin aportarle nada nuevo, ni a a la historia ni a los personajes.

Joel Meza dijo...

Un buen uso de la primera variante de este cliché, descrita por Abraham es en A Fish Called Wanda, donde John Cleese se prepara para echarse al plato a Jamie Lee Curtis en un departamento prestado, haciendo un hilarante streap tease al son de lenguas extrañas. Queda en pelotas, con su propio calzón cubriéndole la cara, ajeno a la familia dueña que llega a su casa para encontrarse con semejante huésped...

Hay una mexicana, que en este momento no recuerdo su nombre, donde el protagonista desea con vehemencia a una vecina que es pintora y cuando por fin está a punto de ponerle el cuerno (según él) con ella a su esposa, resulta que la pintora le ha preparado la "sorpresa" de haber invitado a toda la familia del tipo a ver su obra. Al pobre señor no le queda otra que cubrirse las partes blandas con lo más a la mano: ¡una maceta con un pequeño cactus!
Tampoco recuerdo en este momento si el actor es Mauricio Garcés o Enrique Rambal, aunque me inclino por el segundo. Imagínense nomás su cara...

Joel Meza dijo...

Y, sí: buena la disertación de Abraham sobre el cliché. Imagínate si no se le diera...

Abraham dijo...

Según yo, cada género tiene sus propios clichés, algunos son inevitables, otros no.

Va un ejemplo: En una comedia romántica sólo hay dos maneras de terminar la historia, eso es una regla inevitable. La primera opción es que la pareja supere sus diferencias y terminen juntos, lo cual es el final más común y por lo tanto, un cliché. La otra opción es que no terminen juntos, lo cual no es cliché pues eso no suele suceder, pero el escritor está bastante limitado, pues sólo hay dos posibles finales y uno de ellos es cliché. ¿Me explico?.

Un buen escritor, sabe aplicar y jugar con esos clichés inevitables, pues son parte de las reglas. Ocurre lo mismo en los westerns (y en casi cualquier género que involucre acción), casi siempre habrá dos bandos: los buenos y los malos. Eso, más que una regla, es una forma de establecer el conflicto de la película, pues si el escritor lo quisiera, los personajes podrían ser moralmente más ambiguos. Lo que es cliché es que el malo sea un malo maloso, de esos con cara de pocos amigos que no tiene piedad, o bien, que uno de los protagonistas esté tuerto, manco o lo que es lo mismo, tunco. Nada obliga al escritor a que sea así, pero al ser un recurso usado hasta el cansansio, termina convirtiéndose en cliché.

Si volvemos a la comedia romántica y consideramos que el final feliz más que un cliché es parte de las reglas, un ejemplo de verdadero cliché es que la cinta termine con el protagonista corriendo hacia el aeropuerto, tratando de alcanzar a su pareja para pedirle que no se vaya. El final feliz es una opción casi inevitable pues sólo hay de dos sopas, pero volvemos a lo mismo, nada obliga al escritor a usar específicamente esa escena del aeropuerto y sin embargo ocurre. Y como ha ocurrido tantas veces, algunas con justificación y otras sin ella, la escena se ha convertido en un cliché.