lunes, 30 de mayo de 2011

Distrital 2011/II



Si hay una razón que justifica la existencia de Distrital 2011, es la programación de películas como El Eje (The Arbor, GB, 2010), opera prima cinematográfica de la artista plástica y videoasta Clio Barnard. La personalidad experimental/alternativa de Distrital convierte a El Eje, de hecho, en el filme típico del festival en el mejor sentido del término -para el peor sentido de este mismo término, véase la anacrónica excentricidad Finisterrae (Caballero, 2010).
El Eje es una fascinante mixtura (de ficción,  realidad e instalación artística) que funciona como un sesudo e informativo documental sobre una artista, su entorno, su familia y su obra. La protagonista es Andrea Dunbar (1961-1990), la precoz dramaturga inglesa que escribió su primera obra semiautobiográfica, "The Arbor", a los 15 años de edad, pieza que sería montada, con gran éxito de crítica y público en 1980. En esa década, la última de su vida, Dunbar escribiría dos obras más, "Rita, Sue and Bob Too!" -que ella misma adaptaría al cine para un filme homónimo dirigido por Alan Clarke en 1986- y "Shirley", escrita también en 1986. En 1990, Dunbar se colapsó en el baño del pub al que acostumbraba ir a diario a tomarse sus alcoholes. El diagnóstico fue una hemorragia cerebral. No tenía aún 30 años.
Al inicio de El Eje se nos aclara cuál será la estrategia narrativa-visual del filme, proveniente del mundo del teatro verbatim y de las instalaciones artísticas: lo que vemos es a un grupo de actores re-crear una serie de entrevistas con los familiares sobrevivientes de Dunbar -las hermanas, un hermano y los tres hijos (dos mujeres y un hombre) que tuvo Dunbar de tres hombres diferentes-, así como con el director teatral que trabajó con ella y con un par de vecinos que jugarían una parte fundamental en la vida de Lorraine, la hija mayor de Dunbar, pues serían los padres adoptivos de la niña después de que Andrea muriera. 
Así pues, en lugar de las clásicas cabezas parlantes que hablan frente a cámara, lo que escuchamos son las voces de las personas reales, aunque las palabras salen de las bocas -en perfecta fonomímica- de un grupo de actores que, además, recrean de una manera no siempre muy realista lo que los entrevistados están diciendo. Esta original corriente de narrativa elusiva/documental es interrumpida por imágenes televisivas de archivo en las que la familia de Dunbar y ella misma, sonriente, hablan a la cámara. Y aún hay más: la cereza en el pastel es el vital montaje callejero de la obra original "The Arbor", cuyos fragmentos son interpretados por otro grupo de actores en la misma zona -Bradford, West Yorkshire- y en la misma calle -Brafferton Arbor- en la que Dunbar vivió, creció y murió. Un documental recreado y re-creado de distintas y contrastantes fuentes.
Poco a poco una segunda historia va emergiendo en El Eje: no sólo se trata de entender el contexto social/familiar/cultural en el que se desarrolló la malograda Dunbar, sino en seguir la vida de los tres hijos que tuvo ella con tres hombres distintos, en especial la trágica vida de Lorraine, la hija mayor de Andrea. Producto de una relación con un paquistaní que acostumbraba golpear a su madre -que tampoco estaba manca ni era una perita en almíbar, habría que aclarar-, Lorraine fue desarrollándose con un creciente e inextinguible resentimiento hacia su madre que, según dice de viva voz a través del bello rostro de la actriz Manjinder Virk, alguna vez la escuchó decir que debía haberla abortado.
Lorraine terminará convertida, de hecho, en la protagonista de El Eje: ella vivió, de verdad, un auténtico infierno, peor que el más jodido de los personajes creados por su alcohólica mamá dramaturga. Adicta desde muy pequeña a la mariguana, luego al crack y después a la heroína; prostituida para sostener sus vicios; con un par de hijos que el Estado le arrebató y otro más que dejó morir o que murió bajo su cuidado; con dos estancias más o menos largas en la cárcel; Lorraine es el resultado vivo, maltrecho, dañado, real, de un entorno que Andrea Dunbar, su madre, convirtió en fascinante representación artística autobiográfica. Pero para Lorraine esto no es ficción, esto no es arte: es su realidad, su pasado, su dolor. Es su vida: y apenas está aprendiendo a lidiar con ella. 

El Eje se exhibe hoy lunes en la Cineteca Nacional a las 17:30 horas. 

4 comentarios:

Joel Meza dijo...

Ah jijuela. No recuerdo haber visto o saber de una propuesta como ésta antes. Lo más parecido, acaso, una vez que ví al Loco Valdez en la tele, se paró a su vez junto a una tele en el estudio, le cambió de canal a las noticias y se puso a hacer fonomímica al vuelo.

A ver si la encuentro alguna vez.

Diezmartinez dijo...

Es un recurso que se ha usado en teatro y en instalaciones (la propia cineasta debutante lo hizo en una instalación). Pero por lo menos en cine no recuerdo haber visto algo así.

CLNY dijo...

Para mí, ella reinventa el documental, lo lleva a otro nivel con suma originalidad. No entendí mucho, un acento bastante difícil de comprender, pero no podía dejarla me atrapó enseguida. Qué bueno que la viste, en mi top 10. Saludos

Diezmartinez dijo...

CLNY: Sí, el acento es complicado. Puro Yorkshire.