sábado, 7 de mayo de 2011

Jorge Ayala Blanco



Conocí a Jorge Ayala Blanco a través de Emilio García Riera... Ok, esto suena raro, pero no lo es. A fines de los setenta, cuando tenía unos 12 ó 13 años, me topé, en alguna biblioteca pública, con la formidable Historia Documental del Cine Mexicano de García Riera -la de los tomos grandes, de pasta gruesa, de color blanco- y en ella, citado profusamente, aparecía una y otra vez, La Aventura del Cine Mexicano, escrito por un tal Ayala Blanco.Con el paso del tiempo, conseguí La Aventura... -y luego La Búsqueda... y después La Condición... y todos los demás libros sobre cine nacional e internacional que ha escrito Ayala Blanco- y lo devoré con la misma fruición que lo había hecho con los nueve (¿o eran más?) tomos de García Riera. Esto viene a cuento porque hoy, finalmente, se hace justicia a la trayectoria más rabiosamente independiente que haya conocido la crítica de cine en México: dentro de unas horas, en la ceremonia del Ariel 2011, se le entregará la Medalla Salvador Toscano a Ayala Blanco, por su contribución "a la historia y al progreso del cine nacional".
Las vueltas de la vida. La medalla Salvador Toscano se la da la Cineteca Nacional que, en algún tiempo, no vio ni escuchó a Ayala Blanco -eran los tiempos de "la guerra de críticos", cuya resabios siguen aún encendidos- y, además, se trata del mismo premio que se le otorgó, en 1996, a Emilio García Riera, y en 1998, a Tomás Pérez Turrent, rivales irreconciliables, en más de un sentido, de Don Jorge. Con todo, más allá de las razones o sinrazones de ese histórico pleito que dividió durante muchos años a la crítica de cine en este país, es bueno ver cómo Ayala Blanco recibe ese reconocimiento que se le había negado, injustamente, durante tanto tiempo.
Pero, más allá del homenaje, los aplausos, el diploma y el cheque, ¿qué tal terminar el homenaje a Ayala Blanco con el anuncio de la publicación de la "i" y la "j" del cine mexicano, los libros que siguen durmiendo el sueño de los justos? ¿Y qué pasó con la Cartelera Digitalizada 1912-1989, que hace más de un año sigue esperando sin salir a la venta? ¿Y los otros libros de cine internacional? Estoy seguro que Don Jorge, además de los aplausos, agradecería más aún ver que sus libros salieran de la imprenta. Sus lectores, por cierto, lo agradeceríamos más aún.
Por lo pronto, esta es una noche para aplaudir largo y tendido a Jorge Ayala Blanco. Por su lucidez, su profesionalismo, su terquedad casi hawksiana. Y también -quien escribe esto puede dar constancia de ello- por su enorme generosidad y apertura. Hace más de 20 años un jovencito que empezaba a escribir crítica fílmica se acercó a él en la Alianza Francesa para platicar de cine y Don Jorge inició una conversación que ha continuado, intermitentemente, desde ese entonces. Felicitaciones a él y a nosotros, por tener la oportunidad de leerlo, semana tras semana.

12 comentarios:

marichuy dijo...

Me uno a la felicitación. Merecido reconocimiento. Lo recuerdo una noche en Canal 22 hablando, apenas unas horas después de conocerse la muerte de Bergman y tiempo después lo mismo, tras el deceso de Antonioni. Su memoria es prodigiosa, su conocimiento del cine asombroso. Me sorprendió, gratamente, que contrario a su estilo tan seguro y mordaz en la crítica escrita, en televisión, ese gran conocedor de cine, pareciese un hombre casi tímido.

Con él pasa algo extraño pues aun cuando no siempre se esté de acuerdo con sus críticas, leerlo es un goce. Goce a veces culposo, como cuando leí su reseña de Biutiful. Su estilo inconfundible, imitado, nunca igualado.

Saludos.

Diezmartinez dijo...

Marichuy: Lo has dicho bien. Imitado, nunca igualado. Mal imitado, por cierto.

alonso ruvalcaba dijo...

el principio de tu texto está pocamadre.

alonso ruvalcaba dijo...

(claro que no me estaba quejando de lo demás. sólo que eso en particular me cayó rebién.)

Anónimo dijo...

Más que merecido el homenaje. No solo leía sus libros, sino también sus participaciones en Nitrato de Plata o Intolerancia. Más de un crítico de cine ha de estar verde de coraje porque se le entregó este premio. Ni modo, la vida pone todo en su lugar.

Max

Diezmartinez dijo...

Alonso: Además, es cierto. Digo, así conocí a Ayala Blanco. Eran una maravilla esos viejos tomos. Los nuevos no son tan ricos. Y, bueno, los pleitos de ellos fueron sus pleitos (o lo siguen siendo), no los de nosotros.

Max: Y uno que otro cineasta también. Dicen por ahí que un par de cineastas veteranos habían amenazado en hacer algún show. Pero no lo hicieron. Lo que es una lástima. Digo, por el espéctaculo.

Champy dijo...

A poco de veras este reconocimiento pudo sucitar enconos???

Creo que pocas veces tan merecido...

Algun consejo para esos falsos imitadores?

2046

Diezmartinez dijo...

Champy: Yo no vi la ceremonia, pero un buen amigo que estaba ahí, en Bellas Artes, me dijo que había un silencio incómodo cuando le dieron la medalla Toscano a JAB. Y tengo una versión -no confirmada, por eso no digo nombres- que hubo un par de cineastas veteranos que amenazaron con hacer un gesto teatral por el premio que le dieron a Don Jorge. No pasó de ahí, de la amenaza.
¿Consejos a los imitadores?: que intenten buscar su propia voz. Cuesta trabajo, pero se logra escribiendo, no imitando.

Diezmartinez dijo...

En Facebook, José Torres ha escrito la crónica de la mala broma JAB: "Apareció en el escenario Jesús Ochoa cantando la parte final de las famosas coplas de Dos Tipos de Cuidado de Ismael Rodríguez, señalando claramente hacía el lugar donde el Maestro había salido. A la letra las coplas dicen: "Cierto alacrán de carroña un colmenar visitaba, para ver si la ponzoña con la miel se le quitaba. Como no se da lo bueno para placer del malvado, con la miel y su veneno hoy anda el pobre purgado. Que lo entienda, quien lo entienda, si es que lo sabe entender, y si acaso no lo entiende hay que obligarlo a entender...". Entonces, del otro lado, apareció un actor, caracterizado como Ayala Blanco contestando: "Te consta que no soy tonto, como tú, lo has presumido...". Ochoa respondía: "Tonto no sí entrometido, por el hambre de amistades..." El actor caracterizado: "El hambre siempre la calmo con el manjar del amigo..." Ochoa: "Mendigo es si no mendigo el que habla de sus amigos..." Finalmente el actor caracterizado como Ayala Blanco (quien instantes antes había sido homenajeado por La Cineteca Nacional, La Fundación, Toscano, La UNAM, y la propia Academia), caía acribillado a manos del "flamante" maestro de ceremonias, Jesús Ochoa".
Fino el chiste, no es.

Joel Meza dijo...

Fino el chiste, no es. Pero chiste al fin.
Pior, supongo, el que pa' las chinches veinte películas que se hacen y dos que se estrenan cada año, todos ellos no se den cuenta de que tanta gracia hacen unos haciendo sus películas, como los otros escribiendo acerca de e inspirados por ellas. ¿Cómo era que les dices (te dices)? Ah, sí: locos.
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Lamento profundamente no ser lector de JAB y debo enmendar ese error lo antes posible.
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Y hoy que es día de las madres, con eso que dices sobre imitar, me acuerdo cuando mi jefecita leyó una de mis primeras reseñas publicadas. Terminó, me dijo: "pos quieres escribir como Diezmartínez", hizo el periódico a un lado y siguió tomando su café. Gracias, mamá...

Diezmartinez dijo...

Joel: Te recomiendo que empieces con La Aventura del Cine Mexicano. Sigue siendo lo mejor de él. Y que busques A Salto de Imágenes, de los 80. Sobre el cine ochentero que, de seguro, recordarás mejor que el de ahora.

Y tienes razón: más allá del (mal) chiste, la realidad es que el espectáculo mismo (la entrega del Ariel) y el cine mexicano como tal no le interesa a (casi) nadie. Por desgracia. Ahí está el detalle... O ése es el chiste, pues.

leopoldolaborde dijo...

Para mí, es el siempre insaciable placer de su existencia. Un hombre con el que aprendo no sólo del Cine. Con quien río a carcajada suelta, de quien devoro su saber, de quien sólo escucho y escucho...

Como cineasta, no sólo impulsó mi incipiente carrera, si no que hizo conocerme y reconocerme en mi materia de expresión (el Cine, para mí, es un acto del subconsciente; el Maestro me hace descubrir el lado consciente que en mí, siempre duerme).

Gracias, querido Maestro. Y felicidades. ¡Nos seguiremos riendo...!

--Leopoldo Laborde.