martes, 31 de mayo de 2011

Pídala cantando/XXXIV



En twitter, @discopirata -así es hace llamar, a mí que me esculquen- me preguntó si tenía algo escrito de El Bebé de Mâcon. En efecto, algo escribí y publiqué cuando se exhibió en México, hace casi 20 años. ¿Sostengo todo lo que escribí? No lo sé: desde entonces, creo que no he vuelto a ver, completa, El Bebé de Mâcon. En todo caso, lo que sí sostengo es que esto fue lo que escribí y que en ese momento Greenaway me entusiasmaba mucho. Ni modo: demándenme.

  El Bebé de Mâcon (The Baby of Mâcon, GB-Holanda-Francia-Alemania, 1993), octavo largometraje de Peter Greenaway, es la segunda parte de una trilogía de época titulada "Usos y abusos", que inició con Los Libros de Próspero (1991). El Bebé de Mâcon es un filme genuinamente insoportable, un bofetón a las buenas conciencias en donde quiera que se encuentren, una blasfemia por partida doble (o triple o cuádruple) que lo mismo ataca los abusos religiosos, los usos narrativos del cine actual, los abusos visuales de un cine hipertecnologizado pero vacío y los usos de la fe utilizada como arma y como fuente de poder.


Siglo XVII, ciudad inglesa de Mâcon. De una horrenda y nunca vista anciana nace un bellísimo niño (Nils Dorando) que es tomado inmediatamente como santo por la población y, luego, usufructuado desvergonzadamente por la arpiesca hermana virgen del infante (Julia Ormond). Claro que la iglesia no se quedará tranquila ante esta invasión de poderes y en el choque entre el Obispo (Philip Stone) y su hijo (Ralph Fiennes antes de La Lista de Schindler/Spielberg/1993) por un lado, y la Hermana Virgen por el otro, veremos transitar frente a nuestra mirada (y a través de la cámara magistral de Sacha Vierny, nada menos) crímenes, sacrificios, violaciones tumultuarias, infanticidios, y demás linduras..



La blasfemia religiosa. Provocador hasta el tuétano, Greenaway retrata a la Hermana Virgen como una voraz y alevosa usurpadora de santidad, como una ambiciosa arpía en busca de poder, como una usurera de la fe y la religión. La contraparte, la iglesia oficial, no queda bien parada tampoco.  


La blasfemia narrativa. Narrada la cinta en varios niveles paralelos, lo que estamos viendo es una representación teatral de la historia contada, los entretelones de la misma obra dramática con todo y las grillas entre los actores, la invasión de la ficción por la "realidad" (¿pero qué es la realidad en un filme de Greenaway?) al ser violada de verdad la actriz que interpreta a la Hermana Virgen y, por supuesto, una película que pasa del escenario teatral al cinematográfico y viceversa hasta perderse en un inagotable laberinto narrativo. 


La blasfemia visual. En un cine plano y chato como el contemporáneo, las búsquedas y los hallazgos del cine de Greenaway cortan el aliento. Decorados y vestuarios que son personajes antes que escenografía, todo-abarcadora y suntuosa cámara de Vierny al estilo de El Cocinero, el Ladrón, su Esposa y su Amante (Greenaway, 1989), colores envolventes que reclaman una lectura más deudora de las artes plásticas que del teatro o el cine... Un cine irritante, casi insoportable, pero dificil de ignorar. 

21 comentarios:

discopirata dijo...

Para los que se quedaron clavados con la metáfora teatral de Von Trier.

optimistic dijo...

Creo que Greenaway entusiasmaba a muchos, incluido su servidor.
Si bien su cine no aguanta muy bien los años, en los 90´s sobretodo era contestatario, beligerante, de un modo que entusiasmaba, pues se creía estar viviendo una verdadera revolución cinematográfica.
Triste realidad, el emperador estaba desnudo, pero... algo de todo ese sentir se extraña. Von Trier no logra vendernos su chachara con la fuerza que lo hacia Greenaway.
A mi, la que me sigue gustando es la de pillow book... no creo que sea la mejor pero que buena escena de los palos que se echaba el mcgreggor con mmm vivian hu? si la memoria no me falla... o que no? hasta la musiquita estaba llegadora.

Diezmartinez dijo...

Optimistic: Yo he vuelto a ver La Panza de un Arquitecto, su cinta más convencional. Es la que se sostiene mejor, creo yo, en el tiempo. Y El Cocinero, el Ladrón, su Esposa y su Amante... El Bebé de Macon hace rato que no la veo. Pero sí, Greenaway está perdido. Ya no hace cine.

Discopirata: Servido y saludos.

Joel Meza dijo...

El Contrato del Dibujante y El Libro de Cabecera son las que me gustan más, de lo que le he visto a Greenaway. Esta no la he visto pero yo creo que, como dices, ya no me llama tanto la atención buscar sus películas.
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Por otro lado, curioso contraste de esta reseña de esa época y como escribes ahora. A quién me recuerda...

Joel Meza dijo...

Por cierto, creo que tampoco me llama mucho la atención en este momento todo ese cine contemporáneo con propuestas "chocantes" (von Trier, por ejemplo). Encuentro que me la paso viendo más películas "viejas" de vaqueros que otra cosa.

optimistic dijo...

Joel: sin ofender, pero... será cuestión de edá? yo a Greenaway lo vi entre mis 19-22 años. Muy en lo personal, pero estaba mucho más impresionable. Varios "chocantes" a diferencia de antes, ya nomás me dan curiosidad... muy probablemente, con el tiempo ni eso me provoquen.

Ernesto: vi la del cocinero hace poco. Si bien de la mitad para adelante como que se me cae la pelicula, ah que buen arranque. Hay unas ches tomas que no se si sirvan mucho narrativamente, pero chingao... que bonitas le quedan. Aún en estos años de tanto fx, apendejan... creo que eso podría justificar el atarugamiento masivo de hace años.

alonso ruvalcaba dijo...

greenaway era un chingón. o mejor dicho: esas películas de greenaway eran –y siguen siendo– una chingonería. había encuadres atareadísimos, emocionantes; había provocación y un erotismo francamente excitante; había un delirio de grandeza imparable pero también el ojo suficiente para apoyarlo. algunas imágenes de draughtman's, de la panza, del cocinero son, simplemente, inigualables.

lo último que vi de greenaway fue last supper y, como por tres segundos, me sentí en 1990.

ya luego se me pasó.

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tu prosa: ¿qué onda? a mí también me recordó a alguien... no sé a quién.

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y el último: mâcon no está en francia?

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abrazo!

Diezmartinez dijo...

Joel: Es evidente... Como que leía mucho a Ayala Blanco, sospecho. Lo sigo leyendo, claro. Pero ahora escribo diferente. Para mí descargo, señor juez, ese texto es de hace casi 20 años. Antes de entrar al Reforma, por cierto.

Optimistic: Hay tomas impresionantes que siguen siendo impresionantes en la obra de Greenaway.

Alonso: Claro, es Francia. Eso pasa por desenterrar burradas escritas hace casi dos décadas. Shame-on-me. Y, bueno, la influencia es clara, como le comentaba a Joel. Ni modo: así escribía de vez en cuando en aquellos tiempos. Ya no escribo así. No sé si peor o mejor. Pero no así.

Joel Meza dijo...

Optimistic, pos ha de ser (la edá). Yo a Greenaway lo ví ya cerca de mis 30 y me entusiasmó mucho. Pero ni siquiera recordando ese entusiasmo se me antoja ahora.
Y leyendo rápidamente a lo que se ha dedicado en la última década, sólo puedo pensar en si el foco del refrigerador se queda prendido o se apaga cuando cerramos la puerta...
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Ernesto, lo bueno es que veinte años después tenemos Google Maps.

marichuy dijo...

Nomás vine de mirona porque te leí en twitter que habías cambiado el color de la platilla. Y ya. Este film no lo conozco, así que cerraré mi boquita.

Buena noche, Ernesto.

Diezmartinez dijo...

Joel: Se... Pero hace 20 años teníamos mapas.

Marichuy: Buenas noches.

Tyler dijo...

Ernesto esta bien que dijiste que ibas a remozar el blog pero no pensé que también ibas a cambiar tu estilo de escribir!

jo

saludos

Diezmartinez dijo...

Tyler: Se... No vuelvo a publicar nada de inicios de los 90...

Tyler dijo...

je

no, si hazlo, está padre ver la evolución.

El Duende Callejero dijo...

O Greenaway, where art thou?

Sergei dijo...

En alguna parte lei una entrevista de Greenaway en la que el decia que sus cintas estaban mas alejadas del mismo concepto del cine y mas apegadas al teatro y a la plastica.
esto fue en los 90s y mi nunca me apantallo ni entusiasmo al grado que muchos cinefilos y criticos aunque el cocinero me habia gustado siempre me parecia el concepto de Greenaway mas experimental y lo que pasa con las propuestas tan vanguardistas o dizque novedosas es que envejecen mal y pierden esa frescura.
coincido con Joel sigo viendo mas Westerns y Clasicas , esas seguiran siendo interesantes por siempre.
Saludos

Diezmartinez dijo...

Sergei: En efecto, con sus excepciones (el surrealismo, el expresionismo) las vanguardias cinematográficas envejecen muy mal. No hay nada más antiguo que la novedad de hace un año.

Tyler dijo...

yo también prefiero un western de Ford, una comedia alborotada de Hawks, un filme negro de Wilder o un Hitchcock de Hitchcock que esas ondas mafufas de ahora...

y eso que soy un "chaval" (jajaja)

Guillermo dijo...

Por algún motivo que no logro precisar muy bien, ésta es precisamente mi favorita de Verdelejos. Y yo creo que es así porque en esta cinta se derrumba la mayor falacia de Pedro: por un lado dice que lo suyo es "imagistic cinema" (Greenaway, 1999), libre de las restricciones que impone ser "slave to text" (op. cit.), mientras que precisamente lo màs fascinante de sus pelìculas es còmo el autor juega y retoza con el texto como pocos lo hacen.

Guillermo dijo...

Por cierto, Earnest, tendrás entre tus curiosidades alguna opinión de ocho mujeres y media.

Diezmartinez dijo...

Guillermo: Greenaway siempre ha sido una fuente inagotable de contradicciones. Eso que tanto despreciabla sigue siendo su mejor cine. Sí vi 8 Mujeres y Media pero no tengo nada escrito de ella. La de Ozon -sin la media- también la vi. Y la prefiero, por cierto.