miércoles, 14 de septiembre de 2011

Retrospectiva Masahiro Shinoda/I



El japonés Masahiro Shinoda es un cineasta casi desconocido en nuestro país. Contemporáneo del mucho más escandaloso y provocador (y, por ello, acaso más famoso) Nagisa Oshima, Shinoda trabajó en sus primeros años en la misma casa Sochiku en donde hizo sus primeras armas Oshima. En esta misma compañía Shinoda trabajó como asistente de Ozu, de quien aprendió su meticuloso cuidado con el encuadre, algo que se nota a leguas en Asesinato (Asentsu, Japón, 1964), su décimo largometraje y, para algunos, su obra maestra definitiva.
Estamos en el Japón de 1853, cuando el milenario aislamiento del archipiélago se rompe cuando llega a las costas niponas una poderosa armada americana que los japoneses no pueden expulsar. En esos turbulentos años hay una división entre las élites: mientras los partidarios del emperador desean expulsar a los estadounidenses, la mucho más pragmática aristocracia busca abrirse al mundo. El protagonista de esta compleja, absorbente y fascinante cinta de ambientación histórica ("jidai-geki", como llaman en Japón a esta fórmula) es un rebelde ronin, Hachiro Kiyokawa (Tetsurô Tanba), quien es condenado a muerte por el asesinato de un policía. El calculador Lord Matsudaira (Eiji Okada), con la autorización del maquiavélico Primer Ministro Itakura (Eitarô Ozawa), indulta al samurái con la condición de que jure fidelidad al shogunato y que organice un ejército de mercenarios para aplastar le inminente rebelión de los partidarios imperialistas. Matsudaira no es ningún ingenuo y sabe que el carismático Kiyokawa no es de confiar, pues siempre ha sido fiel al Imperio, pero de todas formas cree que es mejor tenerlo de su lado, bajo la vigilancia cercana del maestro del sable Sasaki (Isao Kimura).
Una y otra vez, quienes hablan de Kiyokawa dicen que es un hombre misterioso y, en efecto, prácticamente hasta el final, en cierta escena clave filmada en una sola toma de más de 3 minutos, sabemos quién es Kiyokawa y con quién está, si con el Emperador o con el shogunato. La estructura narrativa del filme ayuda a construir este misterio: la cinta avanza a través de una interminable sucesión de flash-backs, algunos de ellos lo suficientemente audaces como para no tener el "cierre" acostumbrado. Me explico: por ejemplo, el samurái A le cuenta al samurái B lo que le sucedió en Kyoto, cuando se encontró ahí con Kiyokawa. Así, inicia el largo episodio retrospectivo pero cuando éste finaliza, ya no están platicando estos dos ronins sino que B está hora platicando con el samurái C, con quien continúa otra historia distinta sobre Kiyokawa. El círculo retrospectivo no se cierra convencionalmente, sino que sigue en otra parte.
La puesta en imágenes en blanco y negro de Shinoda, con ayuda de su cinefotógrafo de confianza Masao Kosugi, es tan admirable como el entarimado narrativo: el cineasta usa lo mismo la marca de fábrica del cine clásico a la Ozu -me refiero al tatami-shot en las conversaciones en interiores- que la toma sostenida durante varios minutos, el freeze-frame para detener la narrativa visual y en off, la cámara tambaleante subjetiva o el cambio de foco, con la seguridad y elegancia de los grandes maestros. A estas alturas del juego, con una decena de cintas en su haber, Shinoda está no sólo a la altura de sus contemporáneos como Oshima sino a la de los maestros que tanto admiraba, como Ozu o Mizoguchi. Por eso mismo, merece igual respeto.

Asesinato se exhibió ayer en la Cineteca Nacional, dentro de una retrospectiva dedicada a Shinoda y se exhibirá el próximo sábado a las 19 horas.

2 comentarios:

Carl Zand dijo...

Sí, un autor prácticamente desconocido. Vale mucho la pena rescatar Kawaita Hana (Pale Flower), disponible en Criterion y Chinmoku (Silence), disponible en pal. La primera un Drama Yakuza Noir y la última, una palícula basada en la novela del mismo nombre de Shusaku Endo, adaptado por él junto con el director. Esta última, también, es el nuevo proyecto de Scorsese, con Gael, Benicio Del Toro y Daniel Day-Lewis como los jesuitas en el Japón en el siglo XVII.

Diezmartinez dijo...

De la primera, ya escribí. De la segunda, a ver si la veo. Y más porque, en efecto, por lo que se ve, parece el proyecto perfecto para Scorsese.