jueves, 27 de octubre de 2011

Festival 4 + 1 (2011)/II



Curling (Ídem, Canadá, 2010), quinto largometraje del canadiense Denis Côté -anteriores cintas desconocidas por un servidor-, lleva el nombre del "deporte más aburrido del mundo", según dijo en alguna entrevista el propio realizador. El deporte de marras -olímpico, además- consiste en empujar un enorme objeto semicilíndrico en el hielo, ayudando a que se deslice y alcance a llegar a cierto sitio. Por supuesto, se trata de un deporte de invierno, por lo que es natural que en el pueblito anónimo canadiense en el que está ambientado este filme no parece haber otra cosa más emocionante que jugar precisamente curling -o su pariente cercano, los bolos. 
El por qué es usado este deporte como nombre de la película queda a interpretración, como prácticamente todo el sentido del filme, un opaco relato en el que un hosco y solitario padre de familia, Jean Francois Sauvageau (Emmanuel Bilodeau), mantiene a su hija Julyvonne (Philomène Bilodeau, hija verdadera del actor) alejada lo más posible de la sociedad. Al inicio, pareciera que estamos ante otra derivación del caso de Alarma El Castillo de la Pureza (Ripstein, 1973) o su excéntrica re-elaboración Diente de Perro (Lanthimos, 2009), pero no, para nada: la historia de enclaustramiento emocional de padre e hija es mucho más vaga, más elusiva, más elíptica y, también, qué remedio, más inerte.
El tipo, que trabaja haciendo la limpieza y el mantenimiento de un boliche y un motel, tiene ojos tristes, es tímido y, en el fondo es un buenazo. No tiene a su hija encerrada en un calabozo ni lleva a cabo rutinas extravagantes con ella; sin embargo, no permite que la niña vaya a la escuela ni deja que salga a ninguna parte sin su supervisión. Padre e hija viven en una pequeña casa en las afueras de un pueblito en algún lugar de Québec y en su horizonte sólo se ve nieve, nieve y más nieve. 
Las razones para este aislamiento se dejan entrever en la medida que avanza la cinta, pero no son suficientes para explicar la situación. Menos aún cuando la seria Julyvonne encuentra media docena de cadáveres congelados en el campo y el propio Jean-Francois encuentra el cuerpo ensangretado de un niño de la comunidad que ha sido declarado desaparecido. A pesar de esto, no hay en Curling atisbos de thriller, no hay suspenso de ninguna especie, no hay sugerencias de que algo siniestro esté pasando. 
Côté es un cineasta en pleno dominio de sus facultades -el manejo del encuadre es impecable- y Bilodeau senior realiza una notable interpretación que sugiere una compleja vida interna de su personaje, pero el guión escrito por el propio cineasta sabotea toda posibilidad de drama. Eso sí: debo confesar que nunca perdí el interés en la película, a pesar de que ésta no termina sino que, simplemente se interrumpe. Así nomás.
Previsiblemente, la cinta ha viajado por innumerables festivales y con toda justicia, ganó los premios de Mejor Director y Mejor Actor en Locarno 2010. Con un mejor guión, sin embargo, sospecho que este filme habría viajado y aterrizado en otras partes, más allá del cerrado circuito festivalero. Pero sospecho que eso no le interesa en lo más mínimo a Monsieur Côté.

Curling se exhibe hoy en la Cineteca Nacional a las 14:30 horas.

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