domingo, 16 de octubre de 2011

Morelia 2011/I


Ya estamos en Morelia 2011. Novena edición del festival, primera vez que vengo. "Shame-on-you", dirá el lector pero, en mi descargo, diré que no habia venido a este festival por razones de quereres. Me explico: al principio, confieso, simple y llanamente que no quise venir. Luego, cuando sí quise hacerlo, el equipo de prensa anterior me dijo que gracias pero que no, que estaban mejor que sin mí -lo cual, parafraseando a Groucho Marx, no puedo reprocharlo: yo tampoco quisiera estar en lugar que acepte a gente como yo. Por fortuna, en este 2011 los astros se conjuntaron -además, hubo cambios en el equipo de prensa y conocí a Rossana Barro-, por lo que yo quise venir y la gente del festival quiso que yo viniera. Y por eso ya estoy aquí. Empezamos.
Después de una ceremonia demasiado larga, vimos finalmente Una Vida Mejor (A Better Life, EU, 2011), de Chris Weitz, una cinta ideal para la inaguración de cualquier festival de cine que se realice en México y, especialmente, en Morelia, Michoacán, tierra de migrantes. 
Estamos ante un melodra paterno-filial sentimental y chantajista que, por lo mismo, funciona bastante bien las más de las veces. Carlos (Demián Bichir) es un padre soltero que vive en Los Ángeles trabajando ilegalmente como jardinero. Solo y su alma, ha criado a su hijo adolescente Luis (José Julián), a quien quiere ver en un mejor barrio, en una mejor escuela, viviendo una mejor vida. Por lo mismo, Carlos le compra su camioneta a su encajoso patrón/compadre Blasco (Joaquín Cossío, siguiendo la costumbre de robarse cada escena en la que aparece) y empieza a trabajar por su cuenta. Pero, melodrama obliga, shit happens...
Guardando las distancias, Una Vida Mejor es Ladrón de Camionetas, con secuencias de más -todo el segmento del rodeo bien se pudo haber ahorrado- y una dirección de actores deficiente -Bichir está espléndido, el joven José Julián no tanto- pero, tengo que aceptarlo, también con algunos otros momentos genuinamente logrados -la conversación climática de Carlos con su hijo, por ejemplo- y una frase final de una fuerza innegable: "Vamos a casa". Claro que sí: porque la casa es donde viven los que uno ama.

4 comentarios:

Guillermo dijo...

¿Te les quedaste viendo feo o les robabas su torta en el recreo?

Joel Meza dijo...

Michoacán, en efecto, tierra de migrantes. Cuando viví allá en mi infancia, TODOS mis compañeros de la escuela tenían algún hermano mayor, al papá o a un tío en "Ël Norte".

Joel Meza dijo...

(Se me hace que le dí "enter" antes de terminar...)
A'i te comes unas corundas por mí.
Y aguas con la cocoa.

Diezmartinez dijo...

Guillermo: Pues a lo mejor lo primero.