domingo, 16 de octubre de 2011

Morelia 2011/II



Mi segundo día en Morelia 2011 inició con Los Últimos Cristeros (México-Holanda, 2011), tercer largometraje de Matías Meyer (Wadley/2008, El Calambre/2009, desconocidas por mí). El hijo del gran historiador de la cristiada Jean Meyer dirige una cinta visualmente impecable pero dramáticamente tan austera que me resultó imposible involucrarme con ella.
La trama -es un decir- sigue los ires y venires de un pequeñísimo grupo de cristeros que apenas si sobreviven en los llanos de Jalisco. La cámara de Gerardo Barroso Alcalá los sigue caminando, ocultándose, comiéndose un conejo, cantando algún corrido y, desde la butaca, un servidor bosteza. Meyer hijo trabaja la fórmula Hubert Bals Fund -es decir, en el slow movie tan en boga- y lo hace razonablemente bien. El problema -o mi problema, en todo caso- es que este cliché minimalista y austero de tomas largas y preciositas estampas cinefotográficas ya me cansó hace rato. Eso sí: en algún momento del filme, recuperé la fe en Cristo Rey. Le recé con toda la vehemencia de la que soy capaz para que ya se acabara.
A continuación, corrí a una función de cortos de ficción en competencia. El primero que vi, Eskimal (México, 2011, 9 minutos), dirigido por Homero Ramírez Tena, es un corto de animación cuadro-por-cuadro usando marionetas. El mensaje es tan loable como ingenuo: un esquimal y su mascota Morsa ven como su mundo glaciar está a punto de colapasarse por el calentamiento global. El segundo corto del grupo, Vendaval  (México, 2011, 12 minutos), de Jesús Torres Torres, es un mal ejercicio de estilo en el que un prostituto de postín sufre mucho porque vende caro su amor aventurero (2 mil pesos por "servicio completo") aunque, al final del día, le pide a su amada que lo abrace y que le diga que lo quiere. Me cae que sufre mucho.
Con una Nota (México, 2010, 18 minutos), de Jordi Mariscal, es mucho mejor. Un niño violinista usa su instrumento como un arma contra la tragedia y contra la muerte. De lo mejor que vi en el día. Más redondo resultó aún En Aguas Quietas (México, 2011, 14 minutos), de Astrid Rondero, sobre la relación lésbica entre una mujer aún joven que regresa al pueblo y una adolescente que huye de ese mismo lugar. Hay un manejo notable de la sensualidad en este corto, algo nada común en el cine mexicano contemporáneo. La escena del baile entre las dos protagonistas mientras se escucha como telón de fondo "Enamorada", cantada por Toña la Negra, es la mejor pieza de cine que vi en todo el día.
Cenizas (México-España-Francia-2011, 14 minutos), de Ernesto Martínez Bucio, trata sobre el cumplimiento de la última voluntad de una mujer, que le ha pedido a su hija que esparza sus cenizas en algún lugar del océano. La muchacha se resiste a hacerlo, por más que la presencia de su madre fallecida aparece para darle fuerzas y, de pasada, regañarle por fumar tanto y tener otro tipo de cenizas en su boca. El final es lo mejor del corto. Ya no pude ver La Otra Emma (México, 2011, 20 minutos), de Jhasua A. Camarena, porque corrí para la función de Amigos por Accidente (The Runway, Irlanda-Luxemburo, 2010), opera prima de Ian Power, una agradable, ligera y sencilla comedia familiar/infantil en la que Paco (simpático Jamie Kierans), un niño huérfano de padre pero con mamá guapa (Kerry Condon), adopta a un extraño, Ernesto Córdova (Damián Bichir), que cae literalmente del cielo en cierto pequeño y alejado pueblo irlandés. 
El extraño de marras es un piloto colombiano que tiene ciertos secretos, pero el pueblo entero, empujado por la creativa traducción español-inglés que hace Paco de todo lo que dice Cordova, termina ayudándolo para que su avión vuelva a volar. El asunto se deja ver con agrado por su buen reparto y sus dosis de buen humor. Un cine industrial inocuo si usted quiere, pero nunca inicuo. Algo que el cine mexicano industrial -o lo que sobrevive de él- debería aprender. Vi muchas cosas más en este día, pero continúo mañana. Hay que descansar.

3 comentarios:

J Luis Rivera dijo...

Totalmente de acuerdo con lo que dices del cine Mexicano al hablar de The Runway. A veces me pregunto como pelean porque las salas pongan mucho cine mexicano si el cine mexicano producido no es atractivo para el gran público y muchas veces parecen las chaquetas mentales del "autor".

Abraham dijo...

Bueno, también siendo más justos, el cine industrial mexicano ha estado en estado zombie desde los 70's, con alguno que otro intento de resurrección con cada ola del nuevo nuevo cine mexicano y desde entonces es la misma discusión, quesque no se piensa en el público. O como la moribunda Academia de Cine Mexicano que nunca se muere.

Aunque también habrá que decir que en un fin de semana con 5 estrenos mexicanos (por ahí le faltó esta semana Lokas, que es chileno-mexicana y anda en Cinemanía)ni tan moribunda, la producción goza de excelente salud. Estoy de acuerdo en su punto, falta calidad aunque sea en un mero producto de entretenimiento. El problema es que la propia gente que hace cine nunca está de acuerdo, asi no se puede hacer industria.

Yo insisto en que en complejos con 15 salas debería haber espacio para más cine, no sólo cine mexicano. Pero en esta ciudad siempre hay algo que ver, uno no puede quejarse en ese aspecto.

Hablando de las cintas esa del Calambre no se antojó verla y la de Los Cristeros no suena muy alentadora para iniciarse con el director.

De los cortos Eskimal tiene una bonita mezcla de stop-motion con animación digital, pero la historia es más propia para un cineminuto del once o del canal veintidos para entretener un rato a los niños. Cenizas es bonito, por momentos confuso, pero bonito.

Y sobre de Runway, es Demián Bichir, un tipo talentoso que por alguna razón su nombre se ha ido diluyendo, es como la contracara de la carrera de Damián Alcázar, se antoja verla.

Diezmartinez dijo...

J Luis: El dueño de Cinépolis lo decía en el festival y lo decía bien: la película no funciona y antes de cualquier cosa le echan la culpa al exhibidor, no al guión, a la producción o al propio cineasta. Sí, falta autocrítica.

Abraham: The Runway es una cinta infantil/juvenil decente y visible. Lástima que esos adjetivos no se puedan colgar tan fácilmente al cine industrial mexicano -o lo que queda de él.