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lunes, 31 de enero de 2011

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CLXIV


El Cisne Negro (Black Swan, EU, 2010), de Darren Aronofsky. La primera sorpresa del año. Para mí, quiero decir. No esperaba gran cosa de Aronofsky -no me impresionó mucho El Luchador (2008) y vomité sobre La Fuente de la Vida (2006)-, pero este melodrama femenino de horror me ganó en su última, desatada e histérica sección. Aunque este tipo de excesos no le han gustado a otros, como al buen Alonso Ruvalcaba. Mi crítica, en la semana, aquí en el blog.

Fish Tank: Vive, Ama y Da todo lo que Tienes (Fish Tank, GB-Holanda, 2009), de Andrea Arnold. Un melodrama de crecimiento juvenil/femenino mucho más complejo de lo que parece al inicio. La protagonista, Katie Jarvis, está extraordinaria. Resulta obligatorio revisar la opera prima de Arnold, Red Road (2006), que permanece inédita en México. Mi crítica, en el Primera Fila del viernes pasado.

Por Ella (Pour Elle, Francia-España, 2008), de Fred Cavayé. Por azares del destino -y de nuestras dilectas distribuidoras- vimos en México el decente remake Los Próximos Tres Días (Haggis, 2010) antes que la cinta original, este entretenido thriller francés que sólo es mejor que el refrito americano en el hecho de que Diane Kruger es mucho más guapa que Elizabeth Banks. Hace algunas semanas, en Reforma, publiqué una crítica comparativa entre el filme galo y el remake gringo. Aguantan el palomazo cualquiera de los dos.

domingo, 30 de enero de 2011

El cliché que yo ya vi/LXXII


Abraham Sánchez Espinoza a quien, como se puede constatar en el siguiente texto, no se le da esto de los clichés, propone:

Empelotados: Hay distintos tipos de despelote en el cine, desde aquel donde un personaje entra a un cuarto para encontrarse a otro teniendo sexo, hasta aquel donde encuentran al susodicho jalándole el pescuezo al ganso, ahogando al pollo o como diría Niurka, en términos menos vulgares, "haciéndose el amor solito".

De hecho ambos clichés se encuentran en Jerry McGuire 2, mejor conocida como De Amor y otras Adicciones (Love and Other Drugs). Pero el cliché del despelote que nos ocupa a continuación es uno distinto, pues para que se cumpla se deben seguir las reglas de manera inversa, pues aquí en vez de que el personaje entre a ver el despelote, el susodicho es el que debe entrar al lugar y quitarse la ropa (usualmente buscando algo de diversión sexual con otro personaje), sin darse cuenta de que hay un tercero que mira incrédulo como queda el otro en bolas frente a sus ojos.El éxito del cliché depende en buen parte de la reacción de sorpresa de todos los involucrados, especialmente de aquel que observa el despelote.

Un buen ejemplo ocurre en Amor a Distancia (Going the distance), donde Justin Long y Drew Barrymore entran a hacer lo suyo en la mesa de la cocina de la casa de su hermana. De pronto, la hermana enciende la luz, encontrándose a Drew desnuda junto a su novio, del cual vemos su no bronceado trasero. Para complementar la escena, la toma nos muestra al esposo de la hermana, quien todo el tiempo se había encontrado comiendo muy quitado de la pena observando el show. El éxito radica en el contraste que da una genial Christina Applegate, cuyo rostro pasa de la sorpresa a la incredulidad, y su marido, quien sólo atina a responder como un niño asustado que, como todo sucedió tan rápido no supo ni dónde esconderse.

Un ejemplo medianamente exitoso sucede en Enamorándome de Mi Ex (It's Complicated) donde, mientras Meryl Streep tiene una cita cibernética con Steve Martin, ella va al tocador. De pronto, entra su ex-marido, un bonachón Alec Baldwin, quien se quita la ropa y se coloca en bolas en la cama buscando sexo con su ex-mujer, sin percatarse de que Martin puede ver todo desde la webcam. Cuando llega Streep de vuelta surge la reacción de sorpresa en cadena: primero de ella, luego de Martin detrás del computador y finalmente de Baldwin, para luego rematar con Martin de nueva cuenta, quien pone una cara de repulsión por la cual nos enteramos que observa un acercamiento a las bolas de Baldwin a través de la pantalla.

Un mal ejemplo luce en la mencionada Jerry McGuire 2, donde a lo largo de una secuencia a manera de videoclip musical al ritmo de A Well Respected Man de The Kinks, vemos a Jake Gyllenhaal escalando posiciones como ejecutivo de ventas farmaceútico mientras se merienda una y otra vez a la guapa de Anne Hathaway en un frenesí de sexo sin control. Al finalizar la secuencia musical, Anne llega a casa de Jake buscando más acción, demostrándole que no trae nada puesto al quitarse el abrigo, sin percatarse que en el sofá de la sala se encuentra el hermano de Jake, quien para disimular la sorpresa y la exitación de ver sin ropa a la novia de su hermano, clama que no vio nada porque no trae puestos sus lentes.

Funciona tan bien en la primera cinta, que el cliché es usado en por lo menos tres secuencias más, haciéndolo una cosa relevante de la trama sin perder su lado cómico. En la segunda, más o menos funciona debido a la simpatía de los tres actores y a que el cliché es un mero pretexto para entregarnos un gag cómico más dentro de una cinta llena de gags. Y en la última, el cliché no funciona porque es un mero pretexto para ver en pelotas a Hathaway, quien parece reirse más de lo mal que les quedó la escena que de la situación embarazosa que acaba de ocurrir, aunque quizás, si nos hubieran puesto a los Hitters en vez de a los Kinks, la cosa cambiaría.

Como dato curioso, en las tres películas el cliché puede verse en sus respectivos avances y los tres aparecen justo hacia el fnal del trailer, lo cual también es cliché. Y favor de no confundirlo con su primo-hermano, el cliché donde te agarran desnudo mientras te estás bañando, visto también recientemente en El Cuarto de los Muertos (La chambre des morts), donde es mero pretexto para ver sin ropa a la guapa de Mélanie Laurent. Pero con semejantes chicas guapas, ¿quién se está quejando? Al menos yo no puedo hacerlo, porque quejarse de desnudos injustificados en el cine también es cliché y la verdad que esto de los clichés a mi ciertamente como que no se me da.

sábado, 29 de enero de 2011

El cliché que yo ya vi/LXXI

"-¡Vamos por más clichés!"



Después de ver El Avispón Verde, Joel Meza propone ¡dos clichés dos! por el precio de uno:

¿Dónde quedó la bolita? En las películas, cuando un objeto es deseado por buenos y malos, siempre habrá una escena donde dicho tesoro es colocado o escondido en un recipiente que, hasta ese momento, era único en la pantalla. Cuando los personajes vuelven a ver, el recipiente se ha multiplicado interminablemente de modo que la escena se convierte en una carrera de locos para ver quién adivina primero dónde quedó... la bolita. A falta de mayor imaginación por parte de Seth Rogen, el cliché no podía faltar en: la memoria USB con forma de sushi, sobre un montacarga, desaparece entre decenas de éstos en El Avispón Verde. No que nos importe, la verdad. Bien usado, el cliché produce risas, ansiedad y hasta detiene el espectáculo. Ver Los Cazadores del Arca Perdida, donde Indy pierde de vista a Marion dentro de un gran cesto de mimbre, a manos de los nazis en El Cairo.

¡Pero si no es sábado! En las películas, siempre que una pelea ocurre junto a una alberca, podemos estar seguros que los rijosos terminarán cayendo en el agua, aún si tienen que caminar varios metros para acercarse a ella o, peor aún, tienen que salir de una habitación, atravesar una ventana, lanzarse uno contra el otro y ¡lotería! precipitarse a la alberca, justo como "El Avispón Verde" y Kato en, dónde más, la poco imaginativa El Avispón Verde.

viernes, 28 de enero de 2011

El Amor de Mi Vida


En El Amor de Mi Vida (Bright Star, GB-Australia-Francia, 2009), la cineasta neozelandesa Jane Campion sigue en los terrenos mejor conocidos y dominados por ella: en el cine de época y con un fuerte personaje femenino en el centro de la trama.

Con un guión escrito por la propia Campion basado en la vida del gran poeta inglés John Keats (1795-1821), he aquí la trágica historia de amor nunca consumada entre la voluntariosa jovencita Fanny Brawne (Abbie Cornish) y el veinteañero poeta romántico Keats (Ben Wishaw).

Miss Brawne dista mucho de ser el prototipo de la bella y pasiva musa: la muchacha diseña su propia ropa, conversa de cualquier tema con suficiente prestancia intelectual y su ingenio verbal empata con una mirada y una sonrisa aun más letales.

Honestamente, no sé si este retrato se acerca a cómo fue la verdadera Fanny Brawne, pero si el filme de Campion es la mitad de fiel a la personalidad de ella, uno entiende –y comparte- el amor de Keats por esa mujer.

La historia se desarrolla en Hamstead Heath, a las afueras de Londres, en 1818. Ahí, Fanny y su familia conocieron a Keats porque compartían la renta de una enorme casa con Mr. Brown (Paul Schneider), el insoportable amigo/protector del poeta. Es decir, Keats se enamoró, literalmente, de la chica de “al lado”.

Más allá de la impecable ambientación de época, El Amor de Mi Vida aparece como un logrado ejercicio de traducción fílmica de la poesía de Keats. Algunas imágenes se quedan en la memoria, como los propios versos del poeta: la habitación de Fanny convertida en un santuario de mariposas, Keats acostado sobre la copa de un frondoso árbol, la pareja caminando por un florido tapiz natural, Fanny vestida de luto y murmurando las palabras de Keats que fueron escritas para ella y, por añadidura, para todos nosotros…

jueves, 27 de enero de 2011

Homenaje a Chabrol/VIII


Estrenada comercialmente en México, esto fue lo que escribí, en su momento, de La Comedia del Poder, antepenúltimo largometraje de Monsieur Chabrol:

¿Alguien puede presumir haber visto todo Chabrol? En casi medio siglo de carrera, el patriarca de la Nueva Ola francesa ha dirigido casi setenta películas entre largometrajes, episodios para cintas colectivas y uno que otro telefilme. Su ritmo de realización es frenético pero, por lo menos, sus cintas siguen llegando a este país, así que no hay pretexto para no seguirle la pista.

Su más reciente obra, La Comedia del Poder (L’Ivresse du Pouvoir, Francia-Alemania, 2006), es un Chabrol especialmente ligero, aunque este adjetivo, aclaro, no debe leerse como un signo de debilidad. La ligereza que Chabrol demuestra aquí –tanto en su negativa a profundizar en la compleja trama/McGuffin como en la limpieza ejemplar de su puesta en imágenes- es la misma que demostraba el último Hitchcock: proverbial maestría narrativa, finísimo sentido del humor, descripción precisa de sus personajes en unos cuantos trazos.

Como el viejo Hitch, el viejo Chabrol sabe que no tiene que demostrar nada pero, de todas formas, se da el lujo de apantallarnos con un espléndido plano secuencia inicial de tres minutos en el que seguimos a uno de los protagonistas de la cinta desde su exclusiva oficina, desde la cual domina París, hasta la entrada del edificio en donde ese (no tan) poderoso ejecutivo será detenido, esposado y humillado, para llevarlo frente a una (no tan) poderosa jueza que lo acusará de fraude, abuso de confianza y malversación de fondos públicos.

Basado en el famoso “caso Elf” –un escándalo monumental que puso al descubierto los malos manejos en una compañía petrolera estatal francesa-, Chabrol se interesa poco en las transas salinescas/foxistas/bejaranianas a través de las cuales unos pocos se llenan los bolsillos con lana ajena, y mucho en la descripción psicológica de la fiscal de hierro Killman (Isabelle Huppert), una mujer dura, implacable, que sabe cómo sobajar a cada pez gordo que cae en su red. Una suerte de puritana de la rectitud y el trabajo –aunque con ello se lleve de corbata a su aplastado marido-, Killman descubrirá, no obstante, que su poder, por más “puro” que sea, es limitado. Que el poder de ella y el de su acusado principal no dejan de ser una comedia. Aunque, la verdad, no provoca risa recordarlo.

La Comedia del Poder se exhibe hoy en la Cineteca Nacional a las 18:15 y a las 20:30 horas.

miércoles, 26 de enero de 2011

Homenaje a Chabrol/VII


Es inevitable trazar vasos comunicantes entre la vasta obra de Claude Chabrol y la no menos prolífica de Alfred Hitchcock. De hecho, el propio Chabrol no era ajeno a este tipo de estudios comparativos, como algunas de sus entrevistas lo hacen notar. En el caso de La Dama de Honor (La demoiselle d'honneur, Francia-Alemania-Italia, 2004), las influencias hitchcockianas son inocultables.
Aunque, para ser justos, habría que apuntar que este filme de Chabrol está basado en la novela The Bridesmaid, de la escritora inglesa Ruth Rendell. Y si el guión, escrito por el propio cineasta en colaboración con Pierre Leccia, se parece demasiado a la premisa de Pacto Siniestro (Hitchcock, 1951), habría que pensar, en todo caso, que Rendell fue la que, en su libro, homenajeó a Patricia Highsmith y su clásica novela criminal Extraños en el Tren (1950), que sirvió de base, precisamente, para Pacto Siniestro. A este polígono de influencias -Highsmith: Rendell, Hitchcock: Chabrol- habría que apuntar otro más: el destructivo amour-fou de estirpe surrealista/buñueliana.
La trama está centrada en la obsesión sexual/pasional que surge entre el joven contratista Philippe (Benoît Magimel) y la prima de su cuñado, la desequilibrada Senta (Laura Smet). No terminaban de cruzar palabra en la boda de la hermana de Philippe, cuando a través de la mirada los dos ya se habían dicho todo. Para Philippe, Senta es una imprevisible caja de sorpresas: apasionada, mitómana, extravagante, peligrosa, impredecible. Cuando ella le plantea algunas pruebas absolutas de amor -entre ellas, cometer un asesinato-, él le sigue el juego, de la misma forma que le cree -o dice creerle- que fue extra en una película de Woody Allen o que viajó por medio mundo. Total, seguirle la corriente a una mujer tan fascinante no le hace daño a nadie... ¿o sí?
Los ecos de Extraños en el Tren -el intercambio de asesinatos- y de La Soga (1948) -el crimen como una prueba de superioridad- son evidentes en La Dama de Honor, todo ello aderezado por la pasión indomable, autodestructiva, que empuja a Philippe en dirección de Senta. Ella no puede evitar hacer lo que hace y él no puede evitar amarla. Hasta el final. Hasta el último momento.

La Dama de Honor se exhibe hoy miércoles en la Cineteca Nacional a las 18:15 y a las 20:30 horas.

martes, 25 de enero de 2011

¡México, México, México...!


No se hagan... Así andan ahorita festejando alrededor del Ángel la nominación al Oscar de Biutiful.

Homenaje a Chabrol/VI


Exhibida en su momento, en el Séptimo Tour de Cine Francés y luego estrenada comercialmente, La Flor del Mal está programada hoy en la Cineteca Nacional dentro del Homenaje a Chabrol. Al momento del estreno, escribí lo siguiente de esta cinta:

Exhibida un solo día hace unos meses, dentro del Séptimo Tour de Cine Francés, ha vuelto a la ciudad en corrida normal el más reciente largometraje del maestro Claude Chabrol, La Flor del Mal (La Fleur du Mal, Francia, 2003). Chabrol, de 73 primaveras y quien ha dirigido poco más de 50 filmes en 45 años de carrera cinematográfica, es una garantía de cine inteligente, interesante y compulsivamente visible.

Estamos en Burdeos, época presente, en la casa de la opulenta familia Charpin-Vasseur. Francois (Benoît Magimel), un joven abogado, llega de Chicago a visitar el hogar familiar. Es obvio que no se lleva muy bien con su insoportable padre, Gérard (Bernard Le Coq), y más obvio aun es que tiene una relación semi-incestuosa con su hermanastra ¡y prima hermana! Michèle (Mélanie Doutey). Francois llega en mal momento: su madrastra (y tía) Anne (Nathalie Baye) se ha lanzado a la alcaldía ante el disgusto nada disimulado de Gérard. En plena campaña, aparece un folleto anónimo en donde salen a colación todos los cadáveres escondidos en el clóset: la misteriosa muerte de los cónyuges de Anne y Gérard (que propició el matrimonio de los dos concuños y que los niños, primos hermanos, se convirtieran en hermanastros), el colaboracionismo nazi del patriarca de la familia que acaso fue quien entregó a los alemanes a su propio hijo que estaba en la Resistencia, y la muerte del mismo patriarca tal vez en manos de su hija Micheline que, ya convertida en una cálida y generosa viejecita en el presente (la tía Line, encarnada por Suzanne Flon), ve cómo la vieja historia familiar vuelve a repetirse con otros protagonistas.

Es admirable el trabajo de Chabrol detrás de las cámaras. La sencillez extrema con la que dirige la foto de Eduardo Serra es ejemplar. Un tilt-down o un paneo en el momento preciso y con los actores en el lugar exacto del encuadre, resultan golpes maestros estilísticos: nada de freeze-frame o ralenti, nada de colores deslavados, cero claroscuros elegantes, nada de edición MTV-esca. Es reconfortante ver un cine aparentemente tan sencillo como el de Chabrol ejecutado con tal seguridad y donaire. El maestro francés no tiene que demostrarle a nadie que domina el lenguaje fílmico: basta ver cómo realiza la puesta en imágenes de los flash-backs sonoros de la tía Line para recordar la manera en la que dirigían los grandes maestros del cine. Me refiero a gente como Ford, Hawks, Lang o el admirado (para Chabrol y para todo el mundo) Hitchcock.

Habría que anotar que, a diferencia de buena parte de la obra de Chabrol, La Flor del Mal tiene algunos elementos no tan típicos en la vasta filmografía del cineasta francés: un momento de regocijante humor negro y una esclarecedora secuencia en donde Chabrol nos muestra que la decepción política no es exclusiva de los mexicanos. Mal de muchos…

La Flor del Mal se exhibe hoy martes a las 18:15 y a las 20:30 horas.

lunes, 24 de enero de 2011

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CLXIII


El Amor de Mi Vida (Bright Star, GB-Australia-Francia, 2009), de Jane Campion. Sólido filme romántico -en el más amplio sentido del término- que nos entrega la crónica de la trágica historia de amor entre el malogrado poeta John Keats y su musa Fanny Brawne. Más de esta cinta, esta misma semana en este blog.

Déjame Entrar (Let Me In, EU-GB, 2010), de Matt Reeves. Contra todos los pronósticos -bueno, por lo menos en contra del mío-, esta cinta es una inteligente apropiación de la novela original más que un remake del filme sueco homónimo de 2008. Volveré a este filme en los próximos días.

El Avispón Verde (The Green Hornet, EU, 2011), de Michel Gondry. Más una bromance movie que una película de súper-héroes, esta cinta le pertenece a su coguionista y actor principal Seth Rogen y no tanto a su imaginativo director Michel Gondry que, por lo visto en pantalla, no hizo más que prestar su nombre y recibir un cheque. La película aguanta el palomazo mientras no llega la interminable secuencia final dizque de acción. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

domingo, 23 de enero de 2011

Homenaje a Chabrol/V


Un año después de la modesta En el Corazón de la Mentira (1999), el incansable Chabrol nos entregó la primera obra mayor de la década: Gracias por el Chocolate (Merci pour le Chocolat, Francia-Suiza, 2000), su largometraje número 48, un fascinante ejercicio hitchcockiano de crimen, buenos modales y perversidad congénita.
Al igual que en varias obras maestras del Mago del Suspenso, en Gracias por el Chocolate abundan los dobles: hay dos muchachos -hombre y mujer- que probablemente han sido criados en las familias equivocadas, hay dos mujeres maduras de fuerte personalidad, hay dos accidentes automovilísticos que ocurren en la misma carretera, hay dos matrimonios de la misma pareja... Y al igual que en el cine de Hitchcock, el manejo de la cámara -en este caso, de Renato Berta- es magistral: filmada en buena parte en interiores y a través de planos cercanos, los encuadres nos muestran sutilmente las tensiones que existen entre los personajes, sus temores, sus sospechas, su maldad, su inocencia.
Otro detalle más, igualmente hitchockiano: la casualidad, el azar puro, que echa a andar la acción. Estamos en Lausana, Suiza. Una plática imprudente de sobremesa le informa a la joven pianista Jeanne Pollet (Anna Mouglalis) que, acaso, en el hospital en el que nació hace 18 años, la intercambiaron de familia y puede ser que su padre sea el genial pianista especialista en Liszt, André Polonski (Jacques Dutronc). Jeanne, presa de la curiosidad, decide visitar a su probable padre, lo que no le causa mucha gracia al hijo de André, Guillaume (Rudolph Pauly), quien cree que la muchacha tiene otras intenciones. Pronto queda claro que no es así y André, fascinado por el talento natural de la muchacha, decide prepararla para convertirla en una mejor pianista. La mujer de André y madrastra de Guillaume, Mika (impresionante Isabelle Huppert), observa todo con interés y sin aparente preocupación. Mika es la mujer más amable del mundo: dueña de un emporio chocolatero, impecablemente vestida, con los más refinados modales y con la sonrisa a flor de labio, la mujer es prácticamente perfecta. Pero hay algo que llama la atención en Mika -es decir, en la actuación de Huppert-: cuando sonríe, los ojos permanece fijos, duros, distantes. La voz es dulce pero la mirada es de hiel. Esta mujer oculta algo. Y muy pronto nos daremos cuenta de qué se trata.
La Mika de Huppert/Chabrol es, para variar, otro monstruo. Sólo que, a diferencia, por ejemplo, de la espanta-cigüeñas de Un Asunto de Mujeres (1998), Mika es muy conciente de quién es y qué hace, aunque ni ella misma sepa por qué. Tiene una necesidad de hacer el mal para luego ser la primera en ofrecerse en hacer el bien. La fórmula es perfecta y ella también lo es. Por eso, cuando algo le sale mal, el rostro devastado de Mika, en la toma final de más de 3 minutos, lo dice todo. Ya nadie le va a creer nada.

Gracias por el Chocolate se exhibe hoy domingo a las 18:15 y 20:30 horas en la Cineteca Nacional.

sábado, 22 de enero de 2011

Homenaje a Chabrol/IV


Pocos días después de que murió Claude Chabrol, el historiador, crítico y enciclopedista fílmico David Thomson publicó un texto sobre el prolífico cineasta galo en el que afirma que, en el peor de los casos, el cine de Chabrol podía caer en la rutina. En efecto: si bien es cierto que el director de Los Primos no hacía una obra maestra cada año (pero, ¿algún cineasta lo hace?), también es cierto que nunca entregaba un filme que careciera por completo de interés.
Este es el caso de En el Corazón de la Mentira (Au Coeur de Mensonge, Francia, 1999), que hoy se exhibe en la Cineteca Nacional. No se trata, ni de lejos, de lo mejor de Chabrol, pero tampoco es una basura. Cuando se exhibió en México, dentro del 4to. Tour de Cine Francés, escribí lo siguiente de esta cinta:
Como es común en Chabrol, la trama gira sobre un terrible crimen cometido en un pequeño pueblo francés. Una niña de 10 años es violada y asesinada y el primer sospechoso resulta ser un taciturno pintor fracasado, René (Jacques Gamblin), quien le daba clases de dibujo a la víctima. René está casado con Vivienne (una de las actrices favoritas de Chabrol, Sandrine Bonnaire), quien es asediada por la “celebridad” que vive en el pueblo, un pedante periodista y conductor televisivo llamado Desmot (Antoine de Caunes).
Como es habitual en el universo chabroliano, nadie es inocente y todos son culpables de algo. Y como siempre, lo importante no es tanto conocer la identidad del culpable, sino acercarnos a las tortuosas vidas de estos personajes atrapados, como el título lo dice, “en el corazón de mentira".
Chabrol siempre ha sido un director práctico y en este filme su limpieza narrativa es llevada al extremo. Los actores se mueven cómodamente en el encuadre y la cámara los sigue con movimientos sencillos y funcionales. El reparto hace su trabajo como se debe (en especial Gamblin y Bonnaire) y la producción cumple con todos los estándares de un cine industrial de calidad. El problema es que todo esto lo hemos visto antes (y mejor) en otros filmes de Chabrol. De hecho, da la impresión que el guión –escrito por el propio cineasta y Odile Baroki— necesitaba un tratamiento que le quitara el exceso de diálogos y que hiciera más compacta la trama. En todo caso, estamos ante un filme interesante pero muy menor en el contexto de la filmografía chabroliana. Pero no seamos tan exigentes: ni siquiera Chabrol puede hacer puras obras maestras.

En el Corazón de la Mentira se exhibe hoy sábado en la Cineteca Nacional, a las 18:15 y 20:30 horas.