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lunes, 28 de febrero de 2011

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CLXVIII

 -"¡Ya suéntenme, chingao! ¡No vuelvo a ser anfitrión del Oscar, lo prometo!"


Fin de semana de óscares y, por lo mismo, poco cine en cartelera. De hecho, lo único visible fue 127 Horas (127 Hours, GB-EU, 2010), el más reciente largometraje de Danny Boyle. Como lo escribí en Primera Fila, esta energética/energizada historia de sobrevivencia es, en realidad, una crónica de la sobrevivencia del filme mismo, bien interpretado por James Franco que, por desgracia, ayer domingo hizo el gran oso de su aún joven carrera como aburrido anfitrión del Oscar 2011. Por cierto, en lo personal, la Academia bien pudo haberse ahorrado la nominación -y el triunfo, claro- de Tom Hooper y debieron haber nominado como Mejor Director a Boyle. Mi crítica de 127 Horas en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

sábado, 26 de febrero de 2011

Oscar 2011


Mis predicciones para el Oscar 2011 ya fueron publicadas en el Primera Fila de Reforma, pero van de nuevo: El Discurso del Rey (Mejor Película), David Fincher (Mejor Director), Natalie Portman (Mejor Actriz), Colin Firth (Mejor Actor), In a Better World (Mejor Película en Idioma Extranjero) y agrego otros más: Christian Bale (Mejor Actor Secundario), Helena Bonham Carter (Mejor Actriz Secundaria), Roger Dekins (Mejor Fotografía por Temple de Acero), Lisa Chodolenko y Stuart Blumberg (Mejor Guión Original por Los Chicos Están Bien) y Aaron Sorkin (Mejor Guión Adaptado por Red Social). Ah, y claro, Toy Story 3 por Mejor Película Animada... que es como predecir que también saldrá el Sol mañana domingo. 
En todo caso, más allá de cuántas predicciones acierto -y, la verdad, desearía equivocarme en varias de ellas-, esta entrada es para listar, en orden de preferencia, las diez nominadas al Oscar 2011 a Mejor Película. A favor de los electores de la academia, habrá que señalar que, a diferencia del año pasado, creo que no hay ninguna película impresentable como lo fueron en 2010 Precious: Esperanza de Vida y Un Sueño Posible. Vamos, lo peor que podemos decir de El Luchador o El Discurso del Rey es que son filmes convencionales espléndidamente actuados. Lo cual, por cierto, no podemos afirmar de Precious o Un Sueño Posible.
Va, pues, la lista en mi orden muy particular de preferencia:

1. Toy Story 3. Mi crítica, aquí.

2. El Origen. Mi crítica, aquí.

3. Temple de Acero. Mi crítica en Reforma.

4. Los Chicos Están Bien. Mi crítica en Reforma el viernes próximo.

5. El Cisne Negro. Mi crítica, aquí.

6. Red Social. Mi crítica, en Reforma.

7. 127 Horas. Mi crítica, en Reforma.

8.Winter's Bone. Mi crítica, cuando se estrene, en Reforma o aquí.

9. El Discurso del Rey. Mi crítica, en Reforma.

10. El Luchador. Mi crítica, en Reforma.

FICUNAM 2011/II


Dice la leyenda que en el funeral de Ernst Lubitsch, un devastado Billy Wilder comentó: "Nos hemos quedado sin Lubitsch". "Peor", contestó William Wyler, "nos hemos quedado sin nuevas películas de Lubistch". Recordé esta celebérrima anécdota al terminar de ver, emocionado, El Ilusionista (L'Illusioniste, Francia-GB, 2010), segúndo largometraje animado de Sylvain Chomet (Las Trillizas de Belleville, 2003), filme que acaba de ganar el César 2011 a Mejor Largometraje Animado. Y es que cuando murió Jacques Tati nos quedamos sin más películas de él... hasta que llegó monsieur Chomet al quite.
Basado en un guión original de Jacques Tati que el propio actor/cineasta declinó realizar, Chomet ha conjurado en El Ilusionista no sólo al espíritu de Tati -quien aparece como el protagonista animado del filme- sino a otros dos grandes maestros clásicos, primos hermanos de temperamento del cineasta francés fallecido en 1982. Me refiero a Buster Keaton y a su peculiar arquitectura del gag visual, y al último Yasujiro Ozu y a su renunciación conservadora de la era moderna. Agregue a este cocktail la virtuosa animación de monsieur Chomet, que mezcla la anacrónica animación dibujada con algunos elementos digitales, y tenemos frente a nosotros una de las mejores películas del año y, acaso, la mejor cinta que se exhibirá en el FICUNAM 2011.
Tatischeff -nombre real de Jacques Tati- es el avejentado ilusionista del título, un solitario mago francés cuya mejor época ya pasó: presenta sus actos frente a auditorios semivacíos, con gente semidormida, con un conejo perpetuamente malhumorado. Él pertenece a una época del music-hall que ya ha finalizado, pero no se ha dado cuenta: estamos en 1959 y el rock ha invadido la cultura popular, como lo señala la irritante y ubicua presencia de "The Britoons", un cuarteto de juveniles rockeros que es la Némesis no sólo de Tatischeff sino de todo lo que él representa. Al ser invitado por un borrachales escocés a presentar su acto ilusionista en una alejada isla de las costas de Escocia, Tatischeff conoce a una muchachita, Alice, quien decide acompañarlo cuando el larguilucho mago regresa a Edinburgo. La relación entre los dos, de reluctante padre y tímida hija, será el centro dramático, emocional, de la segunda parte del filme.
Chomet ha tomado el guión original de cineasta fallecido -facilitado por Sophie, la hija del director de Las Vacaciones de Monsieur Hulot/1953)- y ha reproducido perfectamente tanto la arquitectura del gag a lo Tati -siempre provocado por coincidencias casi cósmicas: la mancha del automóvil lavada oportunamente por la lluvia, el hilarante malentendido causado por el aire que hacer creer a Tatischeff que Alice ha cocinado a su rebelde conejo mordelón-, así como la magia cómica keatoniana, tan influyente en la obra de monsieur Tati -¡ese gag de las luces del auto convertidas en un par de motociclistas!
Pero Chomet no se ha quedado sólo en el homenaje/saqueo de la comicidad emblemática de Tati: a lo largo del filme, y especialmente en su desenlace, se decanta una íntima tristeza reaccionaria -diría el poeta- que es muy de Tati pero, también, muy del gran Yasujiro Ozu. Tatischeff -como los papás avejentados de las últimas cintas del cineasta nipón- debe sacrificarse por su hija adoptada, como último acto de lucidez existencial. Más aún: el viejo ilusionista liberará a su desconcertado conejo y se negará, incluso, a realizar un último acto de magia, porque, ha dejado dicho en una carta, "los magos no existen". Pero nosotros sabemos que sí existen: uno de ellos se llama Sylvain Chomet.

El Ilusionista se exhibe hoy sábado, a las 12:30 horas, en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario. 

viernes, 25 de febrero de 2011

FICUNAM 2011/I


Desde ayer inició en la Ciudad de México la primera emisión del Festival Internacional de Cine de la UNAM que, más allá de su sección competitiva -un albur, como en casi todo festival de cine-, su plato fuerte estará en las secciones paralelas -se exhibirán algunas películas que difícilmente se verán en estreno comercial en México- y en la retrospectiva completa -cortometrajes inlcuidos- de Apichatpong Weerasethakul, uno de los cineastas favoritos de los festivales fílmicos mundiales en la última década.
Ya lo escribí hace tiempo en este mismo blog acerca de mi relación con el cine de Weerasethakul -o Joe, como le gusta que le digan-, pero lo repito, faltaba más: su cine, ni modo, no termina de convencerme. O, si usted quiere, no logro conectarme con su obra. Aunque, por supuesto, esto es culpa mía y no de Joe: después de todo, el tailandés ya tiene una repisa de premios internacionales que avalan la adoración que muchos siente por él. Por mi parte, debo confesar que el único filme que justifica esa veneración que algunos sienten por su cine es, en mi opinión, Sud Pralad (2004) -programada en el FICUNAM con el nombre de Malestar Tropical-, una cinta cuyos juegos especulares/narrativos me han parecido los más logrados de toda su obra.
En contraste, su película más insoportable -insisto: desde mi perspectiva- es su opera prima Objeto Misterioso al Mediodía (Dokfa nai meuman, Tailandia, 2000). El primer largometraje de un Joe de 30 años de edad -cinta auspiciada por el Fondo Hubert Bals del Festival de Rotterdam- es uno de esos filmes que, contados, suenan fascinantes. Vistos, resultan una plasta.
Realizado en 16 mm. y en blanco y negro, Objeto Misterioso... inicia con una toma extendida de 4 minutos de duración, desde el interior de un automóvil. Joe y su reducido equipo de filmación salen de Bangkok a hacer su película. Que se trata de un cuento, lo sabemos desde el inicio -una leyenda nos anuncia "Érase una vez..."-; lo que no sabemos es de qué tratará, cómo sigue y de qué manera finalizará.
La primera escena de este viaje fuera de Bangkok en busca de una película,es la confesión llorosa de una vendedora ambulante, quien frente a la cámara relata cómo su padre la vendió a su tío por 17 mil baths. No termina de limpiarse el rostro la doñita, cuando alguien fuera de cuadro -Joe mismo, al parecer- le pregunta si no tiene alguna otra historia, "de verdad o de mentiras", que quiera contar. La mujer, desconcertada, piensa un momento y se suelta: pues resulta que érase una vez una maestra llamada Dogfahr, que cuida de un niño lisiado que no puede salir a la calle y entonces...
Así, el relato iniciado por la señora es continuado después por un grupo de pueblerinos -quienes hasta hacen su propia representación musical amateur- y después el cuento lo sigue una anciana que entre risa y risa se echa un alipús, y luego lo continúa una pareja de muchachitas sordomudas y le sigue un grupo de escolares relajientos y... Bueno, usted entiende: el chiste es que la premisa creada por la mujer es continuada por una serie de personajes comunes y corrientes del interior de Tailandia. Así, el documental se fusiona con la ficción: el guión -por llamarlo de alguna manera- es creado por todas estas personas, y en pantalla vemos la película que ellos han escrito, literalmente, sobre la marcha.
Joe declaró en su momento que este experimento nace de una evidente veta surrealista: el conocido juego creativo "cadáver exquisito", a través del cual André Breton y Tristan Tzara, entre otros, se daban a la tarea de escribir textos colectivos, improvisados. Después de haber visto el filme, me viene a la memoria, más que el genio de los surrealistas/dadaístas, cierto ejercicio preparatoriano en el cual un maestro de literatura les deja leer a sus alumnos, digamos, "Casa Tomada", de Cortázar, y les pide luego que imaginen otro final para montarlo en una obrita de teatro. Los resultados suelen ser eso: ejercicios escolares y nada más. Y eso me parece a mí Objeto Misterioso al Mediodía.
Al principio, acepto que el filme resulta prometedor: el melodrama femenino del inicio -una maestra sacrificada que trabaja con un niño lisiado y que, además, tiene un anciano padre enfermo- se transforma en un filme fantástico -una piedra que sale de entre las piernas de la maestra se convierte en un niño- que luego cambia hacia la ciencia ficción -aparecen extraterrestres y toda la cosa- hasta que, hacia el final, unos niños gritones traen a colación a un brujo que se convierte en tigre (¿o era un tigre que se convierte en brujo?: a estas alturas ya me valía madres) y así, hasta agotar la paciencia de quien esto escribe. Lo que podría haber resultado, en forma de cortometraje,un encantador juego de creación fílmica colectiva, se convierte en un insoportable espectáculo amateur cuando, hacia la hora de duración, un grupo de aldeanos hacen una representación teatral de la historia que han inventado. Es evidente que ellos, Joe y todos los que los rodean, se están divirtiendo de lo lindo. Bien por ellos. Porque de este lado, un servidor se aburrió como nunca.

Objeto Misterioso al Mediodía se exhibe hoy viernes a las 13:30 horas en la FES Acatlán.

jueves, 24 de febrero de 2011

Cyrus



Los pendientes se acumulan. No termino de revisar la cartelera cuando ya tengo encima el material de Ambulante 2011, la retrospectiva de "Joe" en el FICUNAM 2011, un fin de semana de Oscares y, en un mes, Guadalajara. Pero, bueno, hay que ir cumpliendo hasta donde se pueda. Por lo mismo, permítanme rescatar una cinta de la que no escribí cuando se estrenó, hace ya unos meses.
Me refiero a Cyrus (Ídem, EU, 2010), el tercer largometraje de los hermanos Jay y Mark Duplass, quienes se hicieron de cierto nombre en el cine festivalero/independiente americano con sus dos anteriores cintas, The Puffy Chair (2005) y Baghead (2008), nunca estrenadas comercialmente en México y, hasta donde entiendo, incluso inéditas en el mercado de vídeo nacional.
Los Duplass son representantes de un movimiento -¿o lo tendríamos que llamar fórmula?- conocido como “mumblecore”, nacido a mediados de la década pasada y caracterizado por la realización de películas con bajo presupuesto, actores desconocidos, guiones improvisados, y cuyas sencillísimas tramas están centradas en veinteañeros más o menos alienados, no exitosos y poco articulados –de ahí el término “mumble”: balbuceo.
No he visto las anteriores películas de los Duplass pero Cyrus, su primer filme industrial propiamente dicho, sigue el formato de cualquier “mumblecore-movie”, con todo y que fue producida por Ridley y Tony Scott, que se ve un presupuesto decente y que está interpretada por un cuarteto de actores famosos, de prestigio y nominados al Oscar. Dicho de otra manera, aunque los Duplass contaron con muchos más recursos en su tercer largometraje, su estilo visual/narrativo no ha cambiado gran cosa.
El Cyrus del título es Jonah Hill, un obeso joven de 21 años que vive con su aún guapa mamá(cita), Molly (Marisa Tomei), quien no ha tenido una relación con ningún hombre desde el nacimiento del susodicho ni-ni. Entra al escenario el patético, fracasado y deprimido cuarentón John (John C. Reilly), que no ha podido recuperarse de su divorcio de la comprensiva Jamie (Catherine Keener), que sigue siendo su jefa y, para rizar el rizo, su mejor amiga y confidente.
La trama es mínima y predecible –el recién llegado John romperá la rutina familiar dominada por el manipulador Cyrus-, pero los Duplass mantienen el interés tanto por su puesta en imágenes falsamente documental –cámara inquieta, uso constante del zoom, foco que se pierde y se ajusta continuamente- como por el trío de actores protagónicos, que logran transmitir las fallas y mezquindades de sus personajes sin perder su humanidad.
El guión -¿qué tan improvisado?- de los propios Duplass se mueve entre los atisbos de una comedia masculina de la fórmula Apatow –la aparición de Hill y del propio Reilly apuntan hacia ello- y de un drama familiar y de pareja un poco más sofisticado. De hecho, aunque el desenlace puede parecer un forzado final feliz, la realidad es que, en sentido estricto, los Duplass no garantizan en ningún momento que la paz y la tranquilidad reinarán en las vidas de John, Molly y Cyrus.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Guadalajara 2011/Día cero



Va la lista de la competencia oficial de Guadalajara 2011, recién liberada y recién recibida:

Sección Oficial Largometraje Mexicano de Ficción
1)      Al acecho del leopardo, de Enrique Rentería
2)      Aquí entre nos, de Patricia Martínez de Velasco
3)      Años después, de Laura Gardós
4)      Asalto al cine, de Iria Gómez Concheiro
5)      Burros, de Odín Salazar
6)      Entre la noche y el día, de Bernardo Arellano
7)      Flor de fango, de Guillermo González Montes
8)      El efecto tequila, de León Serment
9)      Los inadaptados, de Jorge Ramírez Suárez
10)   Lluvia de luna, de Marysa Sistach
11)   El premio, de Paula Markovitch
12)   Reacciones adversas, de David Michan
13)   Travesía del desierto, de Mauricio Wallerstein
14)   Abolición de la propiedad, de Jesús Magaña

Sección Oficial Largometraje Iberoamericano de Ficción
1)    Afinidades, Cuba, de Vladimir Cruz y Jorge Perugorría
2)    En 80 días, 80 egunean, España, de Jon Garaño y José María Goenaga
3)    Chico que miente, Venezuela, de Marité Ugas
4)    Amador, España, de Fernando León de Aranoa
5)    América, Puerto Rico, de Sonia Fritz
6)    Jean Gentil, República Dominicana, de  Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas
7)    La lección de pintura, Chile, de Pablo Perelman
8)    El dedo, Argentina, de Sergio Teubal
9)    18 comidas, España, de Jorge Coira
10) También la lluvia, España, de Iciar Bollaín
11) El mural, Argentina, de Héctor Olivera
12) Post mortem, Chile, de Pablo Larraín
13) La vigilia, Perú, de Augusto Tamayo 

Sección Oficial Largometraje Documental Mexicano
1)    O.56%, de Lorenzo Hagerman
2)    Agnus Dei-Cordero de Dios, de Alejandra Sánchez Cordero
3)    Aquí sobre la tierra, de Mauricio Bidault
4)    Ch´ulel, de Jorge Creuheras Orozco
5)    Cielo abierto, de Everardo González
6)    Ciudad rural, de Roberto Canales
7)    Circo, de Aarón Schock
8)    Dosis personal, de Mario Mandujano
9)    El lugar más pequeño, de Tatiana Huezo
10) Mosca, de Bulmaro Osornio
11) Morir de pie, de Jacaranda Correa
12) La ruta del conejo rojo, de Carlo Montaño Arámbula
13) El secreto de Candita, de Kenya Márquez
14) Fogonero del delirio, de Gustavo Domínguez

Sección Oficial Documental Iberoamericano
1)    Huellas y memoria de Jorge Prelorán, Argentina, de Fermín Rivera
2)    Sofía cumple 100 años, Argentina, de Hernán Belón
3)    Soi Cumbio, Argentina, de Andrea Yannino
4)    Al final de la escapada, España, de Albert Solé
5)    Newen Mapuche, Chile, de Elena Varela López
6)    Nostalgia de la luz, Chile, de Patricio Guzmán
7)    Leche y fierro, Brasil, de Claudia Priscilla
8)    Paquita y todo lo demás, España, de David Moncasi
9)    El problema, testimonio del pueblo saharaui, España, de Jordi Ferrer y Pablo Vidal
10) Sin ti contigo, Venezuela, de Tuki Jencquel
11) El misterio de las lagunas, Venezuela, de Atahualpa Lichy
12) Tres Chinchineros, Chile, de Roberto Riveros
13) El casamiento, Uruguay, de Aldo Garay
14) O samba que mora en mí, Brasil, de Georgia Guerra-Peixe

Ambulante 2011/IV y último


Filmada a lo largo de varios meses de 2009 y con una estructura narrativa y una intimidad que parecen más del cine de ficción que del (supuestamente) más objetivo cine documental, Armadillo (Ídem, Dinamarca, 2010), opera prima de Janus Metz, es la perfecta pieza de acompañamiento del Oscar 2010 a Mejor Película, el drama bélico Zona de Miedo (Bigelow, 2008).
Sobre una idea original de Mark Boal y con la impresionante/emocionante fotografía de Lars Skree, Armadillo es una intensa inmersión en las realidades de la guerra. De cualquier guerra, podría uno pensar, aunque en este caso la fecha y el escenario están claramente indicados: sur de Afganistán, de febrero a agosto de 2009. Y he escrito "realidades", así, en plural, porque lo que han hecho aquí Metz y su equipo de trabajo es hacer la crónica impresionista, directa, de las rutinas, los peligros, los miedos y hasta los gozos de los protagonistas de la guerra. O, en todo caso, de esta guerra: un puñado de soldados daneses que han sido enviados, por medio año, a la base militar "Armadillo", en la provincia afgana de Helmand, a combatir a los talibanes.
El aburrimiento de una guerra luchada contra un enemigo que no tiene un rostro preciso -los talibanes podrían ser cualquier civil que cruza saludos con los soldados- es paliada por las llamadas a casa, por el consumo colectivo de cine porno, por las conversaciones casuales con los demás soldados... Cuando la acción inicia, cuando los disparon se dirigen hacia ellos, cuando alguien es herido, cuando otro más es alcanzado por una mina, la adrenalina de los jóvenes daneses se desparrama por su cuerpo y por las imágenes del filme. 
El propio Metz y su cinefotógrafo Skree, usando diversas cámaras digitales -algunas de ellas colocadas en los cascos de los propios soldados- acompañan al silencioso Mads, al extrovertido Daniel, al líder del pelotón Rasmus, al médico de rasgos orientales Kim, en sus patrullajes fuera de "Armadillo", donde encuentran la desconfianza de los civiles y el fuego del enemigo.
Usted dirá que los que vemos en pantalla ya lo hemos visto antes, en la ya mencionada Zona de Miedo, para no ir tan lejos en el tiempo. El asunto es que aquí no estamos viendo ninguna ficción, por más realista que parezca, sino la guerra misma: las cámaras caen, se tambalean, miran para todas partes, nerviosas. Y cuando el tiroteo ha finalizado, atestigua el proceder de las víctimas -media docena de cadáveres de talibanes que son tratados de forma nada comedida, el rostro desconcertado de un soldado danés herido en la refriega- y de los victimarios -los soldados festejando ruidosamente haber eliminado a sus atacantes, la conversación entre dos soldados en la que uno confiesa que ya quiere volver al combate.
Sin soslayar los horrores de la guerra misma -los abusos contra las propiedades de los civiles afganos, la llorosa confesión de cierto encargado de un mortero que mató por error a una niña- y sin glorificar el heroísmo y/o machismo de las fuerzas militares danesas -que también eliminan enemigos a distancia, con sus oficiales sentados cómodamente en sus sillas-, Armadillo muestra la cotidianeidad de la guerra y el lento pero inevitable contagio que provoca el combate entre los soldados daneses. Por eso, al final, no extraña enterarse que muchos de los jovencitos que hemos visto en pantalla -que, además, fueron a Afganistán como voluntarios- han decidido volver al ejército después de sus 6 meses de prueba. Sólo alguno ha decidido alejarse de la guerra y trabajar como electricista: todos los demás van a volver -o ya volvieron- en 2011, incluyendo el líder del pelotón Rasmus, que aparece luego con la mirada perdida cuando es recibido por su familia en el aeropuerto. Como dijera el legendario "Jamaicón": él nomás no se halla. El olor a muerte lo ha inoculado, la emoción y la adrenalina lo ha hecho adicto. A Rasmus, a Mads, a todos.

Armadillo se exhibirá hoy en Cinépolis Perisur, a las 22:30 horas.

martes, 22 de febrero de 2011

¿Y con qué se come?/VII


Hace unos días, el lector transterrado Josafat Moraila me envió un largo correo que plantea varias preguntas sobre el cine documental, tan de moda en el blog en los últimos días -por Ambulante 2011, por Presunto Culpable. A continuación, una versión reducida y editada de las preguntas de Josafat y, luego, mi respuesta y reflexiones:

"Usted apreció mucho la primer parte de Zeitgeist, la que habla sobre la religión pero, en realidad, todo el documental está hecho con recortes y pegostes de imágenes fotográficas encontradas en internet o videos ya existentes, ¿qué diferencia hay entonces entre un libro con la misma información?, ¿dónde queda lo visual, lo que hace al cine al fin, sin importar su género? Por otro lado existen documentales visualmente bien hechos: ¿hacer un documental visualmente bello sería demasiado, algo inútil? También está el caso de Los que se quedan, filme del cual los dos somos very fond of it pero ¿no será acaso por sus personajes documentados y no meramente por una investigación periodística? Por último, ya que menciono el periodismo, qué hay de los trabajos periodísticos para la televisión, ¿eso sería considerado cine? ¿o acaso estoy cometiendo el error de ponerle la etiqueta de cine cuando simplemente es documental a secas?".

Como dijera el viejo Jack, vamos por partes. El cine documental es cine, valga la perogrullada. De hecho, es el primer cine existente -los otros dos son, en orden de aparición, el cine de ficción con sus respectivos géneros, y el cine de animación, con todas sus distintas técnicas y géneros. El cine documental también tiene géneros propios: el documental etnográfico, el documental-ensayo, el documental militante, el documental de la vida animal, el documental deportivo y un largo etcétera.
En Zeitgeist -un documental-ensayo entretenido aunque de contenido más que discutible-, en efecto, se echa mano de fotos, imágenes, animaciones y material videográfico/cinematográfico, pero esto no demerita, necesariamente, al documental. Hay grandes cineastas que han hecho toda su obra precisamente con el manejo preciso de este material: véase la fascinante obra documental/intelectual de Adan Curtis (The Century of Self/2004, The Trap/2007), la deportiva e histórica de Ken Burns (Baseball/1994) o la del oscareado este año Kevin Browlown (Hollywood/1980), quienes hicieron de la edición de material fotográfico/visual -además de las cabezas parlantes- todo un arte.
Un documental visualmente bello, sin narración, que deje a las imágenes y sonidos hablar por sí mismo también es válido. Aquí podríamos dar muchos ejemplos, pero baste mencionar la reciente y notable Sweetgrass (Barbash y Castaing-Taylor) que, por cierto, se está exhibiendo dentro del Ambulante 2011.
Y por último, cuando un documental se acerca a una persona o a un grupo de ellas para retratar lo que hacen, lo que piensan, lo que sueñan, lo que sufren, por supuesto que el éxito del documental depende de ese grupo de personas/personajes elegidos. Everardo González encontró sus diamantes en bruto en Los Ladrones Viejos (2007), tal como Juan Carlos Rulfo se topó con las familias de Los que Se Quedan (2009). Pero cuidado: no hay que caer en la ingenuidad de creer que González o Rulfo no hicieron nada más que interrogar a sus personajes y ya. Detrás de este tipo de cine hay una investigación exhustiva, una búsqueda de personajes, los propios interrogatorios, la edición de los mismos, la puesta en imágenes, la musicalización... En cierto sentido, lo que ha hecho Rulfo es seguir los pasos, valga la distancia, de Flaherty en Nanook el Esquimal (1922): se acerca a las personas-personajes, se confunde entre ellas y construye una narrativa visual/emocional depurada pero, también, re-creada. Y vuelvo al inicio: el cine documental es, antes que nada, cine. Y todos los ejemplos aquí anotados -incluyendo la obra de Curtis, Brownlown o Burns- es cine. Gran cine, de hecho.

lunes, 21 de febrero de 2011

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CLXVII



Flores en el Desierto (México, 2009), de José Állvarez. Visto en Guadalajara 2010, este documental cuenta con la experta cámara de Fernanda Romandía y del también cineasta Pedro González Rubio, hay un cuidadoso trabajo sonoro de Sergio Díaz y la trama, que sigue a los huicholes en sus centenarias costumbres ancestrales, se sacude las obviedades del peor cine etnográfico. La realización de Álvarez es impecable. 

Presunto Culpable (México, 200), de Geoffrey Smith y Roberto Hernández. La mejor película mexicana desde Los que Se Quedan(Rulfo, 2008), a su vez la mejor cinta nacional desde Los Ladrones Viejos (González, 2007) que a su vez... Ok, ok, ya me di a entender: el mejor cine mexicano de la última década está en el documental y Presunto Culpable es de lo mejor de los últimos dos años, al lado de la aún inédita Perdida (García Besné, 2010). Ya escribí largo y tendido de Presunto Culpable el viernes pasado en este blog. 

El Discurso del Rey (The King's Speech, EU-GB-Australia, 2010), de Tom Hooper.Una bien hechecita biopic histórica que destaca por un reparto de lujo que no tiene un solo tache -a no ser la sobreactuación desmedida de Timothy Spall en el papel de Churchill. El filme ganará el Oscar 2011, qué remedio.  Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

Hot Tub: Solteros en el Tiempo (Hot Tub Time Mache, EU, 2010), de Steve Pink. Un refrito de Volver al Futuro (Zemeckis, 1985) para cuarentones. Un trío de amigos fracasados viajan a sus tiempos preparatorianos, en 1986, a través de un jacuzzi mágico. Repleto de referencias ochenteras -con todo y cameos claves de Chevy Chase y Crispin Glover- supongo que esta cinta califica como mi placer culpable del año. Ya, pues, demándenme.

domingo, 20 de febrero de 2011

Ambulante 2011/III


Mientras tuve la columna Cine en TV en el suplemento Primera Fila de Reforma, insistí que se colocara al final del texto mi correo electrónico, de tal forma de tener un medio para que mis hipotéticos lectores pudieran contactarme directamente. Así inició una serie de largas conversaciones cinefílicas que, por lo menos algunas de ellas, continúan hasta el día de hoy. En algunos casos, de hecho, el correo electrónico se ha convertido en gente con nombre, apellido, rostro, voz... En todos los casos, sin excepción, conocer lectores ha sido siempre una gratísima experiencia.
Por ese tiempo -hace unos diez años-, recibí varios correos electrónicos de un lector al que llamaré "A". Esta persona, amable y entusiasta, me llenaba de preguntas y también de elogios francamente desproporcionados. Vamos, nomás faltaba que "A" dijera que yo era mejor que David Bordwell y Andrew Sarris juntos. Casi al mismo tiempo, otro lector, al que llamaré "B", me escribía con tanta asiduidad como "A". "B" era mucho más exigente y poco amable: casi todos los correos eran para decirme agriamente que no estaba de acuerdo conmigo, para reclamarme cualquier nimiedad o para exigirme que le contestara algo y, además, que lo hiciera rapidito. Durante varias semanas, los correos elogiosos de "A" y los cada vez más agresivos de "B" se fueron sucediendo hasta que pasó algo extraño: el mensaje semanal del buenazo "A" me llegó firmado por el maloso "B". ¡Había sido la víctima de un ocioso cuya diversión era tener una doble (¿o múltiple?) personalidad en la red, y todo ello antes de Facebook y twitter! Por supuesto, cuando le contesté a "A/B", señalándole que había metido la pata y que se había confundido de personalidades, ya no volvió a contactarme... a menos que sea una de los comentadores de este blog, sólo que ahora con otra personalidad diferente... Ñaca-ñaca...
No me pude quitar de la cabeza esta anécdota personal al ver Catfish (Ídem, EU, 2010), opera prima documental dirigida a cuatro manos por Henry Joost y Ariel Schulman. Como bien ha señalado el cinecrítico Sam Davies en Sight and Sound (enero 2011, pp. 61-62), la auténtica "película del Facebook" no es la notable Red Social (Fincher, 2010) -así como El Ciudadano Kane (Welles, 1941) no trataba de cómo administrar un periódico- sino Catfish, este pequeño documental sobre una serie de relaciones nacidas a partir de internet. Para ser más específicos, a partir de Facebook.
Como es imposible profundizar en el documental sin dar a conocer los elementos sorpresivos del mismo, baste señalar que la cinta inicia cuando nuestro protagonista, el fotógrafo neoyorkino de 24 años Nev Schulman, es contactado por Abby, una niña de 8 años de edad que, por e-mail, le envía unos bellísimos cuadros basados en algunas fotos que Schulman había publicado en la prensa de Nueva York. A través del correo electrónico y luego por teléfono y poco después por Facebook, un entusiasmado Schulman entra en contacto con la madre de Abby, la atractiva Angela; y con la hermana mayor de la niña, Megan, una despampanante jovencita de 19 años. Las tres mujeres son parte de una gran familia que vive en Ishpeming, Michigan, donde Abby es una especie de celebridad local: la niña pinta hermosos cuadros a los que les puede faltar algo de técnica pero en los que demuestra un genuino talento en ciernes. Poco a poco, Nev se interesa más en esta familia, especialmente en Megan, con quien empieza a hablar por teléfono constantemente, además de mandar y recibir infinidad de mensajes de texto -al final, se nos informa que en este periodo Megan y Nev intercambiaron más de 1,500 mensajes.
Nev comparte trabajo y habitaciones con su hermano mayor Ariel y un amigo de éste, Henry Joost, los dos aprendices de cineastas, quienes convencen a Nev que Abby, sus pinturas, la manera en la que lo contactó, su atractiva familia, pueden ser un buen tema para un documental. Más todavía, uno sospecha, cuando es evidente que Nev empieza a sentir algo más que mera curiosidad por Megan, esta guapa jovencita de 19 años cuyas fotos en Facebook dan la imagen de una mujer alegre, abierta, segura de sí misma. Llegado el momento, Nev, Ariel y Henry volarán hasta Michigan a conocer a estas mujeres. A estas alturas del juego, ya se imaginará usted que nada es lo que (a)parece... en Facebook.
Catfish funciona como una interesante reflexión no sólo sobre el nuevo mundo virtual en el que muchos vivimos una buena parte de nuestra vida -¿cuánto tiempo paso frente a la pantalla escribiendo en este blog y/o baboseando en el twitter?- sino sobre la inasible y fascinante naturaleza humana de siempre. Lo que encuentran los cineastas en Michigan es algo más triste de lo que podíamos esperar y es aquí cuando la misma película empieza a morderse la cola peligrosamente: ¿no estaremos viendo, al final de cuentas, un mero ejercicio de explotación de frustraciones y soledades?
Eso sí, como filme, Catfish funciona. En este sentido, hay que sumarle puntos al montajista Zachary Stuart-Pointer, quien es el encargado -hay que suponer que con la dirección de Schulman y Joost- de dotar de humor, suspenso y un indudable pathos a lo que vemos en pantalla... Aunque, a ver: ¿escribí "indudable"? Ya no lo sé: En este mundo traidor/nada es verdad o mentira/todo es según el perfil/de Facebook que tú miras.

Catfish se exhibe hoy domingo en Cinépolis Universidad a las 15:30 horas.

sábado, 19 de febrero de 2011

El cliché que yo ya vi/LXXIV

Rodrigo Prieto, no muy ídem
(foto tomada de homocinefilus.com)




Joel Meza propone el siguiente cliché -o más bien, la siguiente regla:

Regla antinopal del cineasta mexicano: Para ser buen cineasta en México o por lo menos un cienasta exitoso, hay que tener un apellido raro o, de perdida ,ser güero. Antes de ser acusado de racista o simplemente de idiota, permítaseme intentar demostrar la regla con una pequeña lista: Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Luis Mandoki, Arturo Ripstein, Alejandro González Iñárritu, Carlos Reygadas, Fernando Eimbcke, Patricia Riggen, Fernando Sariñana, Alex Philips Jr., Emmanuel Lubeski, Rodrigo Prieto...
OK, no están todos los que son, pero no veo a ningún Sánchez o Pérez. Y con la salvedad de dos o tres (y si Rodrigo Prieto, a quien nunca he visto, no le hace honor a su apelativo), todos pudieron ser en su momento angelitos de pastorela, como se acostumbra hacer con chamacos de bucles pelos de elote.
En consecuencia, el examen de admisión de las escuelas de cine nacionales debería incluir las preguntas: 1. ¿Su nombre es fácil de escribir y pronunciar? Si sí: 2. ¿Sabe lo que significa L'Oréal Excellence 02 Rubio Ultra Claro Dorado?

viernes, 18 de febrero de 2011

Presunto Culpable


Finalmente, después de haber ganado premios en Morelia 2009 y en Guadalajara 2010, ha llegado a las pantallas nacionales Presunto Culpable (México, 2009), documental dirigido a cuatro manos por Roberto Hernández y Geoffrey Smith. Como ya lo he escrito antes por estos rumbos, lo mejor del cine mexicano de la década pasada está en el cine documental y, ante la evidencia de lo que vi en Guadalajara 2010 -Presunto Culpable, Perdida (García Besné, 2010) y Vuelve a la Vida (Hagerman, 2010)- es probable que la tendencia continúe en esta nueva década.
Me resulta chocante escribirlo, pero lo voy a hacer de todas formas: Presunto Culpable es uno de los filmes más pertinentes que se hayan realizado en el México de hoy, en el México de siempre. Sin embargo, también es necesario apuntar una advertencia: la necesidad de una película como la dirigida por Hernandez y Smith no significa que, además, la cinta no tenga valores estrictamente cinematográficos. Más allá de la puesta al desnudo del sistema judicial mexicano, Presunto Culpable vale por sí mismo, por ser un notable filme documental, por la forma en la que el filme está construido, por provocar en el espectador una auténtica emoción, un genuino suspenso.
Hernández y Smith -su opera prima en el caso del primer, segundo largometraje en el caso del segundo- se dieron a la tarea de filmar de principio a fin el segundo juicio en contra de Toño Zúñiga, un joven comerciante de Iztapalapa y rapero de vocación, que es acusado de un asesinato y condenado a 20 años de cárcel. El matrimonio de abogados formado por el codirector Roberto Hernández y Layda Negrete (investigadora del CIDE) logran que el primer juicio condenatorio de Zúñiga se declare inválido -resultó que el abogado defensor era "pidata"- y también logran el permiso para grabar en vídeo la reposición de todo el juicio, además de entrar al Reclusorio Oriente en donde se encuentra Zúñiga para ver cómo (sobre)vive allá adentro.
La cinta apabulla no por los datos o estadísticas que nos entrega (93% de los detenidos nunca ve un juez, 93% de los detenidos nunca vieron una orden de aprehensión, 92% de las condenas se logran sin que haya evidencia física de por medio, 95% de las sentencias son condenatorias, 78% de los presos son alimentados por la familia, etcétera) sino porque nos muestra, de manera simple, directa, funcional, cómo se realiza un juicio penal en nuestro país. Llega un momento que el filme resulta de verdad desesperante: uno quisiera poder entrar a la pantalla y sacudir al juez, a la representante del Ministerio Público (-"Quiero que me explique por qué me está acusando", -"Porque es mi chamba"), a los judiciales abusivos, al testigo evidentemente mentiroso..
Menos mal que el caso de Zúñiga llamó la atención de Hernandez y Negrete, menos mal que Geoffrey Smith se unió al proyecto, menos mal que Hernández contó con la edición de Felipe Gómez y menos mal, también, que el propio Zúñiga contaba con sus propios momentos de escape cada vez que su situación empeoraba. Vamos, si el tipo no hubiera contado con el break-dance que practicaba frenéticamente, es probable que Zúñiga no habría sobrevivido emocionalmente a su viacrucis, pues "bailar es no estar en la cárcel".
Lo más terrible es que a través de Presunto Culpable entendemos que lo peor de todo no es la cárcel en sí misma, sino el asfixiante laberinto del sistema judicial mexicano, en el cual el expediente no se cuestiona por más que esté lleno de inconsistencias: no vale que la prueba de radiozonato haya salido negativa, no importa que el testigo haya mencionado a Zúñiga hasta su tercera declaración, vale un sorbete que no haya habido descripción física del culpable del asesinato del que es acusado Zúñiga, no se toman en cuenta las nuevas evidencias en la reposición del juicio... Presunto Culpable presenta un infierno judicial que ni Terry Gilliam podría haber soñado en su mejor/peor pesadilla. Por eso mismo, la información final no puede entenderse como una cruel paradoja sino, apenas, como la constatación de una realidad que sería risible si no fuera trágica: el juez que condenó a Zúñiga copiando literalmente la primera sentencia sigue en su sitio, el comandante de la policía que detuvo a Zúñiga sin pruebas ha sido ascendido, el abogado "pidata" sigue ejerciendo sin que nadie lo haya molestado... No cabe duda: en el infierno, las cosas no cambian tan fácilmente.

jueves, 17 de febrero de 2011

Nanook el Esquimal


Aprovechando que Ambulante 2011 va viento en popa, la Cineteca Nacional -que, de hecho, es una de las sedes del festival itinerante de documentales- ha programado este mes de febrero un miniciclo titulado "Historia del Cine Documental" y precisamente el día de hoy exhibirá, a las 20 horas y en la sala 5, la legendaria Nanook el Esquimal (Nanook of the North, EU-Francia, 1922), opera prima del patriarca del cine documental Robert Flaherty.
Aunque no el primer largometraje documental en la historia del cine, Nanook el Esquimal es, sin lugar a dudas, la primera obra maestra del documental, una de las tres grandes avenidas fílmicas existentes -las otras son, but of course, el cine de animación y, claro está, el cine de ficción.
Nanook... surgió, en parte, como una extensión natural de la propia vida de Flaherty pero también a partir de la mera casualidad. Hijo de un audaz minero de origen irlandés, Flaherty trabajó varios años en compañías mineras americanas y canadienses como prospector -o sea, "buscador" de minerales- y así llegó, en 1910, a los terrenos que una década más tarde filmaría en Nanook...: el noreste de Canadá, la bahía Hudson, las desconocidas -y prácticamente vírgenes- islas Belcher, la enorme península de Ungava. De 1910 a 1914 exploró estos territorios para la compañía minera con la que trabajaba, compartiendo la vida con los habitantes de esa región, los esquimales, a los que empezó a conocer y apreciar.
En 1913, en una de sus muchas exploraciones, el dueño de la compañía le sugirió a Flaherty que se llevara una de esos "aparatos nuevos" con él -es decir, una cámara de cine- para completar visualmente el concienzudo diario que Flaherty escribía de manera cotidiana. Para 1915 Flaherty había filmado unos 70 mil pies con imágenes de los habitantes de esos territorios en su vida cotidiana -cazando, construyendo iglús, haciendo sus artesanías- y aunque logró editar y mostrar mucho de este material, el propio Flaherty terminó desechándolo por "amateur". Sin embargo, así nació la idea de hacer un filme documental sobre la vida de los esquimales, plan que no pudo llevarse a cabo hasta varios años.
Para 1920, Flaherty estaba listo: no sólo llevaba consigo suficiente película y varias cámaras sino, también, el equipo para revelar y editar el filme sobre la marcha: su idea era mostrar lo que iba realizando a los propios esquimales para que ellos supieran qué estaban haciendo y de esta manera participaran de manera conciente. Es decir, con todo y que Flaherty siempre tuvo una idea rousseauniana del "hombre primitivo", siempre los vio como iguales a los que había que tratar con respeto.
Nanook el Esquimal sigue quitando el aliento 90 años después de su realización y sigue planteando las mismas preguntas de siempre sobre la naturaleza del cine documental y del cine a secas. Como es bien sabido, Nanook... no muestra una realidad tomada casualmente por la cámara de cine sino una realidad cuidadosamente reconstruida y, hasta cierto punto, (re)inventada para esa misma cámara. Flaherty, por ejemplo, eligió entre una docena de esquimales a quien sería el protagonista de su filme, el Nanook del título ("Oso" en esquimal), un alegre hombrón que, efectivamente, era famoso en la zona por ser un gran cazador de osos polares. Sin embargo, desde el inicio, Flaherty le dejó claro las necesidades dramáticas a su protagonista. Así, por ejemplo, la ropa con la que aparece Nanook en el filme no era la que él usaba normalmente: para esa época, los años 20 del siglo pasado, los esquimales vestían con ropas occidentales, por lo que Flaherty le pidió a Nanook que no llevara puesta ropa "de hombre blanco" sino vestimenta tradicional hecha con pieles de animales.
Hay también otros elementos fáciles de identificar como falsificaciones necesarias: el proceso por el cual Nanook, su mujer Nyla y sus hijitos hacen un iglú enmedio de la inmensidad de los hielos canadienses es completamente real -vamos, es hielo de verdad y el iglú fue hecho, en efecto, en una hora, como nos dicen los intertítulos- pero, después, las escenas del interior del iglú fueron filmadas en otro iglú mucho más grande y, además, abierto del techo para poder dejar pasar la luz.
Más aún: la emocionante caza de una enorme morsa de dos toneladas de peso es verídica -así como lo vemos en pantalla, así sucedió-, pero la cacería de una foca, que se encontraba abajo de una gruesa capa de hielo, está montada. La foca es real y sí la cazaron, pero en otro sitio: cuando vemos a Nanook y a los demás luchando por sacar del hielo a la enorme foca muerta, lo que estamos viendo, en realidad, es una notable actuación... O, si se quiere, una notable recreación de la realidad... que es exactamente lo que hacen los grandes actores.
Por supuesto, la línea entre la realidad y la recreación de la realidad está completamente borrada y Flaherty, habrá que decirlo, nunca intentó ocultar sus técnicas de filmación ni de franca dirección de sus personajes/actores lo que, en cierto momento, le atrajo el rechazo de algunos teóricos que alegaban que lo que él hacía no era, en realidad, cine documental, sino un tipo distinto de ficción.
Vieja discusión que, a estas alturas del juego, está superada: Flaherty hacía cine documental y etnográfico con el fin de capturar la auténtica esencia -"el auténtico espíritu", decía él- de las personas con las que vivía -a Nanook lo siguió durante un año entero- y si en el camino tenía que distorsionar un poquito acá y otro poquito allá, ¿qué importancia tenía? A lo mejor Nanook no había cazado esa foca en ese momento, pero había cazado otras más, muchas más, cuando la cámara estaba apagada. Menos mal que Flaherty estaba por ahí para re-crear esos momentos, para re-inventar esas aventuras... ¿No se trata de esto el cine, insisto? ¿El cine a secas?

Nanook el Esquimal se exhibe hoy, a las 20 horas, en la Cineteca Nacional.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Ambulante 2011/II


Por lo visto en una escena clave del espléndido filme sueco Det enda Rationella (Bergmark, 2009) -revisado en el pasado FICCM 2011- y, ahora, por el sorprendentemente conmovedor documental Vapor de Vida (Miesten Vouro, Finlandia, 2010), los escandinavos adoran los baños de vapor. Especialmente los finlandeses: construyen sus saunas en sus propias casas, en cabañas enmedio del bosque, en autos descompuestos, en cabinas telefónicas, en tiendas de campaña... El sauna, propone Vapor de Vida, es el auténtico sitio de socialización del hombre finlandés, no el café de la esquina ni el bar de la colonia. Sólo ahí, desnudo, con alguna toalla encima -o incluso sin toalla alguna-, el finlandés típico se atreve a hablar con su camarada, su compañero de trabajo, su recién conocido.
Por lo dicho por la veintena de finlandeses que hablan largo y tendido en los 82 minutos de Vapor de Vida, esto de confesar sus miedos, secretos y temores, esto de chillar por ese problema familiar no resuelto, esa frustración finalmente articulada entre sorbos de cerveza, no es algo que se vea bien en Finlandia, por lo menos si un hombre lo hace en público. El finlandés tradicional es alguien de poquísimas palabras, siempre silencioso, estoico frente al dolor, con un sentido del humor keatoniano (o sea, Kaurismäki parece que no ha inventado gran cosa). Así pues, como un finlandés típico no acostumbra "abrirse" emocionalmente frente a los otros, el único lugar que le queda para desahogarse es el baño de vapor, en donde todos los hombres que aparecen en el segundo largometraje de Jonaas Berghäll y Mika Hotakainen hablan y hablan y hablan, no para escuchar su propia voz, sino para hacerse oir por otros.
Así, uno recuerda los golpes que padrastro le daba cuando era niño, otro más llora porque su propia hija fue criada como hija adoptiva por los padres de él y tiene prohibido decírselo a la muchacha, aquel rudo hombrón confiesa impávido su vida como delincuente y drogadicto hasta que dice haber encontrado su paraíso existencial ("Antes vivía con los bolsillos vacíos... Sigo con los bolsillos vacíos, pero ahora tengo una familia"), éste comparte la foto de su hijita que trae en el télefono, aquel orgulloso anciano presume que ha cumplido felizmente 18 años en su segundo matrimonio ("Ella cocina y me ha enseñado a lavar"), este joven hombre divorciado llora de frustración al contarle a un camarada que su exmujer no lo deja ver a su hijita, un anciano ferrocarrilero jubilado se estremece al recordar un accidente que no pudo evitar, otro gordazo presume su amistad con un oso inmenso que se pasea peligrosamente al lado de él y un grupo de Santas .como salidos de alguna comedia de Kaurismäki- se quitan sus trajes rojos, abren unas cervezas y, ya desnudos, comparten anécdotas de los niños y las familias para quienes trabajan.
Por supuesto, en un filme de esta naturaleza, centrado en los testimonios de estos hombres desnudos de cuerpo completamente "normal" -o sea, con panza cervecera, cueros colgando y rostros ajados por el tiempo-, el producto no deja de ser disparejo: algunos monólogos/diálogos son más interesantes que otros, pero también es cierto que no hay impostación a la vista. Lo que vemos en pantalla es un grupo de seres humanos comunes y corrientes que hablan porque necesitan hacerlo, porque "es bueno hablar", porque "la soledad es lo peor", porque no todo puede ser resuelto con la razón, como lo dice el devastado padre de familia que perdió a su hija: "todo mundo te prepara aquí para que te comportes en público, pero cuando pierdes a tu niña, ¿qué racionalidad hay en ello?, ¿qué debes hacer frente a una tragedia de ese tipo?".
Vapor de Vida, segundo largometraje documental de Berghäll y Hotakainen -antes ya habían dirigido, juntos, otro filme documental- está contrapunteado por las tomas de los escenarios naturales y citadinos finlandeses: calles agitadamente transitadas, chimeneas que expulsan humos espesos, grandes bosques llenos de árboles, campos que brillan con un imposible verdor... Los directores nos remiten, inevitablemente, tanto a los planos pausa de Ozu como a la visión animista del mundo según Mizoguchi: mientras estos hombres desnudos, encerrados en el vapor, cerveza en mano, lloran, ríen, gritan, la vida, allá afuera, sigue. Y ahí afuera, al final, todos ellos se unirán en un solo canto. Ya no están solos.
Claro que no: desde el otro extremo del mundo -aunque no desde un sauna- un servidor les dice: ¡salud!

Vapor de Vida se exhibe hoy miércoles en Cinépolis Perisur a las 17:30 horas.