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viernes, 30 de septiembre de 2011

En corto, es mexicano/VIII

El lector de este blog, Sergio Tello, de quien ya había publicado un cortometraje zombiesco en este blog, concursa ahora en el proyecto The ABCs of Death -en donde participan cineastas como Nacho Vigalondo o Jorge Michel Grau- con su corto "T is for Tamales". El proyecto es el siguiente: a cada cineasta se le encargó una letra del abecedario para que, a partir de ella, realizara un segmento de horror. La letra T quedó abierta para el público y Tello -codirigiendo con Lex Ortega- han realizado "T is for Tamales". Honestamente, el corto me provocó unas leves arcadas. Y esto, por supuesto, es un elogio. 
Ah, por cierto, luego de ver el corto, pasen a este sitio a votar por el filme de Tello-Ortega. En esta primera etapa, se trata de reunir la mayor cantidad de votos... Ahora que lo pienso, ¿no habrá disponible algún mapache disponible, dispuesto a rellenar una que otra urna? El corto, aquí abajito:



Cuarto aniversario



Interrumpimos este blog para dar la siguiente información importante: no queriendo la cosa, pero ya llegamos al cuarto aniversario de Vértigo, con 1639 entradas escritas y más de 360 mil visitantes -o, mejor dicho, "clicks", que no es lo mismo. El buen deseo en este aniversario es completar por lo menos otras 1639 entradas más. Por lo menos. Y ya: volvemos a la programación de siempre.  

DOCSDF 2011/I



El día de ayer se inauguró el Sexto Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DOCSDF 2011) y hoy viernes inician las funciones en casi una decena de sedes. Aquí daremos cuenta de una buena cantidad de filmes que hemos podido ver y, sin más preámbulos, iniciamos.
Ch'ulel/Esencia (México, 2011), compitiendo en la Sección Oficial de Mejor Documental Mexicano, se presenta en los créditos como "una película de Cinema Estudio". Interesante: no es la cinta "de fulanito", sino de un equipo formado por el director Jorge Creuheras Orozco, los cinefotógrafos Rodrigo López Joseph y Juan Pablo Rojas Guerrero -quien además es el responsable del montaje- y el músico y diseñador de sonido Pedro Martínez-Negrete Schultz. Hay que recordar estos nombres porque, más allá de mis reproches a la cinta, el trabajo técnico que se muestra en Ch'ulel -su música, su sonido, su trabajo de cámara, su edición- merece todos los halagos posibles.
Ch'ulel muestra, en sus 70 minutos de duración, no más que una serie de escenarios, personas y acciones, sin voz en off informativa de ninguna especie, sin contextualización alguna. Filmada a lo largo y ancho de Chiapas -la lista de locaciones del final es enorme: Zinacantán, Chapultenango, Najá, Lacanjá, San Juan Chamula, Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal las Casas, Simojovel, Chipas de Corzo y muchos otros lugares más-, el equipo dirigido por Crehueras toma imágenes y captura sonidos de/en los paisajes en los que niños, mujeres, jóvenes, ancianos, persisten en su vida cotidiana, en el campo y en la ciudad, tranquila y ajetreada. Unas mujeres pelan unos pollos, otras fabrican ollas, un hombre trabaja artesanalmente la madera, aquellos laboran en un aserradero, esta doñita hace tortillas en un comal y, luego, pasamos a un mercado repleto de personas, de colores, de intercambio de miradas y dinero, vemos las calles de Tuxtla Gutiérrez desde los aires y desde un taxi que serpentea en el asfalto, asistimos a una celebración de Semana Santa (¿San Juan Chamula?) en la que el sincretismo -máscaras de Blue Demon, Coca Cola como ofrenda, música indígena, Virgen de Guadalupe- domina y, por supuesto, somos partícipes de una fiesta en la que, al ritmo de la música de Pedro Martínez-Negrete, la gente, la cámara y el montaje bailan desaforados.
Técnicamente la cinta es irreprochable y presume segmentos extraordinarios -el concierto conformado por el montaje de varios individuos trabajando con la madera, la colorida secuencia del mercado- y uno que otro hallazgo visual/moral -la imagen de la anciana mendiga buscando botes en la basura al fondo mientras vemos unos turistas europeos o americanos que se atraviesan en el encuadre-, pero también es cierto que a Creuheras y a su equipo se le pasa la mano con las tomas abiertas de escenarios naturales, de tal forma que a ratos parece que estamos viendo algún comercial cervecero o un promocional de las bellezas naturales del estado de Chiapas pagado por el gobierno o algún grupo turístico -no por nada uno de los coproductores es el Grupo Aeropuertario del Sureste, de hecho.
Alguien dirá que me contradigo -alabo el filme por su belleza pero también le reprocho eso mismo-, pero supongo que mi sempiterna inclinación por un cine más claramente narrativo, evita que me entusiasme más por Ch'ulel que, de todas formas, merece la revisión cinéfila y en pantalla grande.
Menos interesante me resultó Lecciones para Zafirah (México, 2011), exhibida también en la sección de Mejor Documental Mexicano y dirigida a cuatro manos por el matrimonio formado por Carolina Rivas y Daoud Sarhandi. Dividido en seis segmentos con nombres bíblicos -"El Diluvio", "El Arca", "Los Migrantes Salen del Arca", "La Cacería", "Los Efectos del Diluvio" y El Gesto de Ofrecer"-, se trata de un proyecto personalísimo, familiar: Rivas -que aparece continuamente en el encuadre y funge como narradora en off, a la manera de Michael Moore- y Sarhandi -que además de codirigir es el encargado de la cámara y el montaje- han hecho esta película para darle las lecciones del título a Zafirah, su pequeña hija que está viendo las mismas imágenes que nosotros, sentada frente a la pantalla de una computadora, con su mamá cineasta por un lado.
El tema son los migrantes centroamericanos y quienes los ayudan a sobrevivir cuando pasan por nuestro territorio: me refiero a personas de la estatura moral del famoso Padre Alejandro Solalinde -fundador del "Albergue Hermanos en el Camino"- y de otras personas menos conocidas, como Norma Romero -de la asociación veracruzana "Las Mujeres de la Patrona"- u Olga Sánchez -del "Albergue Jesús el Buen Pastor". Cuando Lecciones para Zafirah permanece con estas personas y con los migrantes a los que atienden, la película mantiene el interés. Sin embargo, Rivas cae en la tentación no sólo de la militancia -que es lo de menos- sino en el protagonismo, cuando se erige, por ejemplo, en movilizadora de conciencias en un mitin improvisado en un hospital de Tapachula. Antes, esta misma inclinación militante provoca que Rivas muestre un evento -un supuesto abuso policial- que no termina en nada.
Aclaro: no tengo nada en contra de los documentalistas que se colocan frente a la cámara como los protagonistas del filme que ellos mismos están haciendo, pero Rivas lo hace de manera sentenciosa, sin el relajo ni el humor de, digamos, un Michael Moore o un Morgan Spurlock. Usted dirá que el tema de los migrantes y los abusos que sufren no es asuntos para tomarlo a broma, pero yo diría que tampoco era necesaria esta solemnidad literalmente bíblica. Eso sí: Solalinde, Romero y Sánchez emocionan, electrizan: con ellos en pantalla uno recupera, aunque sea fugazmente, la fe en el ser humano.
Una fe que luego se pierde rápidamente al ver Agnus Dei: Cordero de Dios (México-Francia, 2010), de Alejandra Sánchez, también en la sección oficial de documental mexicano y ganadora de una mención especial en Guadalajara 2011, en donde pude ver esta película a inicios del año.
El filme nos muestra el caso del abuso sexual cometido por el sacerdote Carlos López Valdez al niño de once años Jesús Colín. Jesús ya es un adulto, está casado, tiene una niña, pero quiere buscar a López Valdez para encararlo. Lo necesita, dice él, para empezar a sanar una parte extremadamente dañada de él mismo. Lo necesita para empezar a vivir de otra manera.
Formalmente hablando, Agnus Dei es más que notable; como denuncia, es más que pertinente; como retrato de la posición institucional de la iglesia católica frente a la pederastia, interesante... Pero también está el retrato del propio Jesús Colín, quien  accedió a contar todo frente a cámara, a describir todo, a mostrar todo -incluyendo ciertas fotos que, la verdad, no sé si deben mostrarse- y, en este sentido, me pregunto sobre la validez ética de la secuencia final de la película. ¿Era necesario mostrar esas fotos? ¿Se tenía que llevar tan lejos la escena climática en la que Jesús encuentra finalmente a López Valdez? En lo personal, creo que no.

Ch'ulel se exhibe hoy a las 17:45 en el Cine Lido; Lecciones para Zafirah, a las 19:45, también en el Cine Lido y Agnus Dei: Cordero de Dios, a las 21:30, en la sala 1 de Lumiere Reforma. 

jueves, 29 de septiembre de 2011

Ripsteinómetro



Arturo Ripstein ha dado mucho de qué hablar este día por su berrinche, urbi et orbi, que puede ser leído, completo, aquí. Que San Sebastián es un festival subnormal, que la presidenta del jurado Frances McDormand -que no le dio ningún premio a la cinta de Ripstein Las Razones del Corazón (2011)- es una actriz que nunca ha salido de Pennsylvania y que no sabe leer subtítulos, que Alex de la Iglesia -otro miembro del jurado- se vengó de él porque antes le había ganado en otro festival, que Guillermo Arriaga es un megalómano y que es su enemigo personal... En fin. Lo cierto es que para compensar algo esta retahíla de exabruptos y recordar que alguna vez Ripstein fue el mejor cineasta de este país -por ahí, a fines de los 70-, he aquí mi top-5 del cine de Don Arturo, en orden de preferencia:

1. Cadena Perpetua (México, 1979): el infierno de todos conocido, la corrupción que todo lo pudre, el noir más lúcido en la historia del cine mexicano y una favorita personal del cine a secas.

2. El Lugar sin Límites (México, 1978): la historia de una seducción imposible de eludir; si no ha visto a la "Manuela" bailar "La Leyenda del Beso", no ha visto nada. 

3. Tiempo de Morir (México, 1965): seguramente la mejor película basada en algo escrito por Gabriel García Márquez y uno de los más logrados westerns nacionales. 

4. Mentiras Piadosas (México, 1989): la más asfixiante y laberíntica de las cintas de Ripstein; la mejor de su etapa Garcíadiego.

5. Profundo Carmesí (México-Francia-España, 1996): aunque no del todo lograda, la intensidad criminal/pasional de algunas escenas es genuinamente perturbadora. 

11a. Semana de Cine Nórdico



Desde el viernes pasado la Cineteca Nacional ha estado presentando su tradicional semana de cine nórdico, la décimo-primera en la cuenta de un ciclo que ya se volvió tradición. Por razones ajenas a mi voluntad no he podido darle el seguimiento que quisiera, pero finalmente pude tomar algún tiempo para revisar una de las cintas programadas, Simple Simon (I rymden finns inga, Suecia, 2010), primer largometraje de Andreas Öhman, filme que fue enviado por Suecia a competir por la nominación de Mejor Película en Idioma Extranjero en el Oscar 2011. Simple Simon pasó el primer filtro -fue una de las nueve cintas finalistas- pero no llegó a la terna oficial de cinco en la que sí estuvo Biutiful (González Iñárritu, 2010) y en la que ganó el filme a punto de estrenarse en México En un Mundo Mejor (Bier, 2010). 
Así pues, Simple Simon no llegó al Oscar pero esta amable comedia romántica con discapacidad mental podría merecer un remake hollywoodense con, digamos, Joseph Gordon Levitt y Mila Kunis (que conste en actas: lo dije yo primero). El Simon del título es un muchacho que apenas acaba de salir de su adolescencia y que sufre del Síndrome de Asperger, una discapacidad mental permanente similar al autismo aunque con mejores capacidades de socialización. Simon (Bill Skarsgard, hijo del gran Stellan, hermano del ascendente Alexander) tiene un hermano mayor, de 23 años, Sam (Martin Wallström), quien ha tomado la responsabilidad de cuidarlo y ver por él, pues los padres de ambos ya están agotados. Simon se siente más a gusto con Sam y él es genuinamente devoto de su hermano menor, pero la novia de Sam, Frida (Sofie Hamilton), no resiste más las extravagancias de Simon -los interrumpe cuando hacen el amor, entra al baño cuando ella está en la regadera, ve siempre la misma película (2001: Odisea del Espacio/Kubrick/1968)- y abandona el departamento, dejando solos a los dos hermanos. Viendo la depresión de Sam, el lógico Simon -que odia cualquier forma que no sea el círculo y que todo lo ve en forma de teoremas- decide buscar a la novia perfecta de su hermano, así que se lanza a interrogar a cuanta muchacha se encuentra en la calle con un cuestionario formado por 13 preguntas -claro: número primo tenía que ser.
Aunque la cinta sigue la fórmula de la comedia romántica clásica y el buen humor campea de principio a fin, también es cierto que el guión escrito por el propio cineasta en colaboración con Jonathan Sjöberg logra transmitir, aunque sea de manera bastante amable y simpática, las insalvables dificultades que enfrenta cualquier individuo con Asperger y, también, el constante estrés de la familia que tiene que hacerse cargo y cuidar de él. No es fácil entender para Simon lo que sucede a su alrededor -su voz en off nos explica cómo los "normales" lo confunden continuamente-, pero tampoco resulta sencillo para todos quienes lo rodean lidiar con él. De todas formas, el asunto nunca llega demasiado lejos en este terreno: no estamos ante un serio drama sobre la vida de un discapacitado mental sino una generosa comedia que le desea lo mejor a todos los personajes que aparecen en ella. Por eso mismo y por el eficaz reparto sin tacha, por la dinámica puesta en imágenes de Öhman y hasta por la brevísima duración de apenas 80 minutos, Simple Simon termina resultando un noble y ligero encanto. 

Simple Simon se exhibe hoy en la Cineteca a las 16:30 y 20:30 horas. 

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Miss Bala



Miss Bala (México, 2011), cuarto largometraje de Gerardo Naranjo (no vista por mí Malanchance/2004, interesante Drama/Mex/2006, fallida Voy a Explotar/2008, segmento neorulfiano ni fu ni fa en la cinta colectiva Revolución/2010), es la primera película importante, temática y estilísticamente hablando, del cineasta de origen sinaloense. Es, también, la cinta más redonda que se ha realizado en el país, hasta el momento, sobre el caos moral que ha provocado el narcotráfico desde que Felipe Calderón se vistió de militar y anunció que lanzaba una guerra contra los narcos.
Sin didactismos facilones de ninguna especie -a no ser la información final que aparece en la pantalla, que bien pudieron haber obviado-, he aquí a la morenaza de piel canela Laura Guerrero (Stephanie Sigman -para la trivia beisbolera, hija de Lee Sigman), un mero objeto de cambio/uso/reuso en manos de un siempre tranquilo pero amenazante narco, Lino Valdez (Noé Guerrero), quien le cumple el sueño dorado a su "canelita" -ser coronada Miss Baja California- mediante el módico pago de unos cuantos favores: ser el correo para dejar un auto con la cajuela llena de "regalitos" frente al consulado americano, pasar por la frontera una buena cantidad de dinero con la que se pagará a algún informante de la DEA, servir de suculenta nalgui-carnada para el comandante de la zona militar respectiva, fungir como chivo expiatorio cuando Lino y/o el gobierno -da lo mismo- lo decidan y así hasta el final, en alguna calle polvorienta de Tijuana, en donde termina abandonada, esposada, de espaldas a la cámara, esperando seguramente que alguien más decida qué hacer con este pasivo-objeto-del-deseo.
Más allá de la innegable pericia técnica que muestra Naranjo en su puesta en imágenes -la cámara de Mátyás Eldérly se mueve con ejemplar fluidez en las toma largas en las que está editada la cinta; el uso constante del cambio de foco nos exige atención a todo lo que aparece dentro del encuadre-, la elección de un ritmo de montaje claramente sintético -¿cuál será el promedio de duración por toma, 10-15 segundos?- le sirve al cineasta para intentar ordenar el caos que vemos, una vorágine de acción en la que lo único seguro es el poder corruptor del narco. Por lo mismo, el guión escrito por Naranjo y Mauricio Katz no se toma la molestia de explicar nada, por más que cualquier mexicano bien informado pueda entender algunos guiños más que obvios en los nombres de los personajes y en algunos giros argumentales. No estamos, pues, ante una puntillosa crónica informativa del narco y de sus inasibles meandros -como era Gomorrah, el libro de Roberto Saviano- sino ante una versión nacional del impulso narrativo de la otra Gomorrah (2008), la cinematográfica, dirigida por Matteo Garrone. Como en esa cinta italiana, en Miss Bala la cámara no se puede dar el lujo de descansar porque la muerte acecha dentro y fuera del encuadre. Y cuando esto sucede, no hay tiempo para entender nada. Sólo hay tiempo para correr... si es que se puede.

Post-scriptum: Me dice Kyzza Terrazas, amigo de Naranjo y cineasta por derecho propio, que Naranjo no nació en Sinaloa, como dice mi texto, sino en Salamanca Guanajuato. No crea usted que yo inventé el origen de Naranjo; lo leí en esta nota de El Universal. En todo caso, están hechas las aclaraciones y una disculpa... ¿a Naranjo?, ¿a ustedes?, ¿a Sinaloa?

martes, 27 de septiembre de 2011

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXCVIII



La Pivellina (Ídem, Italia-Austria, 2009), de Tizza Covi y Rainer Frimmel. Alguna vez leí un texto del veteranísimo Stanley Kauffman en el que decía que cada película de ficción podía verse, también, como un documental sobre los actores que trabajan en ella. Cuando uno de los personajes centrales es una niña de 2 ó 3 años (Asia Crippa) que es recogida por unos cirqueros, el sentido del documental es más claro. ¿Cómo hicieron Covi y Frimmel para hacer actuar a una niña de esa edad? ¿Cómo lograron transmitir algo cercano a una genuina interacción con el resto de los actores? No cabe duda que la cosecha neorrealista nunca se acaba. A ver si tengo tiempo de volver a esta cinta en la semana.

Los Inadaptados (México, 2011), de Jorge Ramírez Suárez, Javier Colinas, Sergio Tovar Velarde y Marco Polo Constandse. Ya escribí de esta cinta hace unos días y fue suficiente. No hay que hacer leña del árbol caído -aunque, por lo que leí por ahí, no tan caído: ganó algunos billetes en este fin de semana. En el podcast de Reforma hablé de ella.

Tetro (Ídem, EU-Italia-Argentina-España, 2009), de Francis Ford Coppola. Ya publiqué mi crítica hace unos días aquí mismo. A mí, la verdad, me duele ver la ridiculez en la que ha caído el director de El Padrino (1972).

Mis Tardes con Margueritte (La Tête en Friche, Francia, 2010), de Jean Becker. Una amable película-de-papá (dirías los venerables nuevaoleros) que se vuelve más que visible por su pareja protagónica, con un Gérard Depardieu muy contenido y una Gisèle Casadesus nada sentimental. Mi crítica en el Primera Fila de Reforma del viernes pasado. 

Delirios Siniestros (Hierro, España, 2009), de Gabe Ibáñez. Otro thriller en el que no sabemos si la protagonista (Elena Anaya, muy en su papel) está viendo realmente lo que nosotros vemos o se lo está imaginando. No está mal realizada, pero ya chole con la fórmula. Además, la puesta en imágenes es muy tramposa, con su caprichoso manejo de la cámara subjetiva/objetiva. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.


lunes, 26 de septiembre de 2011

El cliché que yo ya vi/LXXXVII



Abraham Sánchez Espinoza (@Buster_Chaplin en twitter) propone el cliché:

Sympathy for the Devil: I went down to the crossroad, fell down on my knees. En el clímax de Crossroads, Ralph 'Karate Kid' Macchio debe librar un duelo con el guitarrista del demonio, interpretado por el virtuoso Steve Vai. El duelo toma lugar en el cruce de caminos donde cuenta la leyenda que el cantante Robert Johnson vendió su alma al diablo para convertirse en uno de los primeros virtuosos del blues, por lo que el ganador del duelo determinará si Macchio puede regresar del infierno (que no es sino un bar de mala muerte) con su alma intacta y de paso salvar a su amigo Willie Brown que, como cuenta la canción de Johnson, es testigo de que en esa encrucijada uno puede canjear su alma por fama y fortuna.

No es casualidad que el duelo termine con un solo mano a mano en el estilo de metal neoclásico emulando uno de los caprichos de Paganini, pues éste, considerado como el primer músico de heavy metal por algunos, fue un famoso violinista cuya leyenda también contaba que había vendido su alma al diablo con tal de ser capaz de tocar más de 800 notas por minuto. No mencionaremos al ganador, pero éste es un buen ejemplo de que el demonio tiene simpatía por el rock , el metal y sus derivados. La escena se repetiría con menos gracia pero con más humor años más tarde en Tenacious D: The Pick of Destiny, con Satanás rockeando para reclamar el alma de Jack Black y su fiel amigo Kyle Gass.

Es una circunstancia que se presta muy bien para películas con cierta temática religiosa, lo cual nos lleva a Angel Caído (imagine algo así como el Señor de los Anillos protagonizado por Harry Potter), donde un séfiro llamado Liut es seducido por una suculenta mujer demonio, quien lo invita a una fiesta donde por supuesto que habrá un grupo de headbangers que azotan la cabeza al ritmo del heavy metal interpretado por un grupo de demonios en una escena que terminará con la mujer demonio encamada con el séfiro, ella tratando de robarle a él los secretos de la espada que conduce al reino de los cielos.

Nuevamente el reino de los demonios como un antro de mala muerte en medio de un sótano medieval con música estruendosa, pues si Iron Maiden cantaba que 666 es el número de la bestia, el rock es la música del diablo. Algunas madres anticuadas son fervientes creyentes de este cliché. Quizá por ello éste nunca había sido mejor ejemplificado como en Poema de Salvación, donde un niño al cual su madre le enseña a tocar música religiosa, es seducido por el demonio mismo para tocar nü-metal latino (imagine algo asi como la versión argentina del grupo Resorte). La histérica madre pide a gritos que su hijo deje de escuchar y tocar esa música del diablo, pues lo llevará a la perdición. Lo extraordinario del caso viene cuando el joven músico de plano le mienta la madre a su propia progenitora y le compone una canción llamada “Madre”, donde básicamente le dice a su mamá que deje de estar chingando. Sónicamente la canción es una joya, pero en el contexto de la película resulta bastante perturbadora, pues la cinta se basa en la vida del cantante Pablo Olivares, por lo que la mentada es o fue completamente real y contundente.

Dicha cinta también termina en un duelo Ángel vs Demonio, pues luego de que Pablo sea secuestrado mientras da un concierto en México (¿donde más?), el diablo lucha por reclamar el alma de Pablo mientras el Ángel lucha por rescatarla de las llamas del infierno en un montaje paralelo a través del cual vemos la batalla entre estos dos ángeles mientras los secuestradores ven si se escabechan o no a Pablito al tiempo que vemos a su santa madre orando en Argentina para que su hijo regrese al redil, oséase al cristianismo. Ya sea que usted imite a Pablo y le valga lo que opine su mamá o que le entre con fervor religioso a la onda cristiana y crea que el rock es música del diablo, el cliché seguirá dando de que hablar en el cine. Yo mientras tanto le sugiero que comparta algún otro ejemplo de este cliché y azote la cabeza al ritmo de su disco preferido de heavy metal, eso si, sin mentar madres.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Tetro




“Somos una familia”, son las últimas líneas pronunciadas en Tetro (Ídem, EU-Italia-Argentina-España, 2009), el más reciente largometraje estrenado comercialmente en México del genio fílmico hollywoodense de los años 70 Francis Ford Coppola (El Padrino y secuela/1972 y 1974, La Conversación/1974, Apocalipsis/1979), quien volvió a dirigir esta cinta después de una especie de autoexilio cinematográfico que duró una década.
Coppola declaró hace poco que sus tiempos de cineasta bajo contrato  terminaron. Lo que hará a partir de ahora, dijo, serán proyectos caprichosamente personales. En vista de sus últimas películas -la fantasía filosófica Youth without Youth (2007) y el operático melodrama Tetro-, es evidente que Coppola habla en serio.
Las tensiones y resentimientos en el interior de una familia llena de talento artístico está en el centro de Tetro y en la propia vida de Coppola, quien tuvo un padre y un tío que fueron conductores/compositores musicales (Carmine y Anton Coppola), tiene una hermana actriz (Talia Shire), sobrinos actores (Nicolas Cage, Jason Schwatzman) e hijos cineastas (Roman y Sofía). Coppola ha dicho que esta película tiene elementos autobiográficos, aunque también aclaró que el monstruoso patriarca ególatra que encarna aquí Klaus Maria Brandauer no tiene nada que ver con su amoroso padre.
En todo caso, en Tetro, el egoísta papá músico ha alejado a sus hijos de él: el intenso escritor Angelo (Vincent Gallo) y el adolescente aventurero Bennie (Alden Ehrenreich), quienes se encuentran en Buenos Aires. Angelo vive ahí, ocultándose de su familia y tratando de olvidar su traumático pasado, que incluye un oscuro secreto que se revelará en el telenovelero desenlace.
Lo mejor de este irregular melodrama familiar es su puesta en imágenes. A través de la virtuosa cámara de Miahi Malaimare Jr., Coppola nos entrega un bellísimo filme en blanco y negro de alto contraste, con ocasionales flashbacks o fantasías vívidamente coloridas, al estilo de los  Powell y Pressburger de Los Cuentos de Hoffman (1951), película a la que Coppola cita/homenajea de forma directa. También es notable el manejo del encuadre en el anchísimo formato de 2.35:1: espejos, sombras y manchas de luz aparecen en un fascinante ejercicio visual cuya historia termina derrumbándose en el ridículo. El filme termina instalado en tal nivel de injustificado melodramatismo ramplón que uno quiere creer que todo lo que estamos viendo es una parodia. Pero no: Coppola, insisto, ha hablado en serio. Con una seriedad de pena ajena. 

viernes, 23 de septiembre de 2011

Los Inadaptados



Vista en Guadalajara 2011 donde ganó el Premio del Público, hoy viernes llega a las pantallas nacionales Los Inadaptados (México, 2011), filme formado por cuatro segmentos dirigidos por Jorge Ramírez Suárez, Javier Colinas, Marco Polo Constandse y Sergio Tovar Velarde. El lugar común dice que este tipo de cintas colectivas tienden a ser disparejas, pero aquí no es el caso: Los Inadaptados es consistentemente fallida. Eso sí: no hay altibajos en el nivel de producción porque aunque cada director trabajó su segmento, el equipo detrás de las cámaras fue el mismo: todos compartieron director de fotografía, director de arte y hasta compositores.
A no ser el segmento ("El Casco", dirigido por Javier Colinas) en el que Paola Nuñez lleva a comer a su casa a su dizque novio Luis Arrieta que es dizque estrella de cine porno, los otros restantes son inverosímiles -un clasista yuppie toma conciencia de los demás y de sí mismo al quedarse atorado en un elevador con una sirvienta embarazada (segmento "El Elevador", de Jorge Ramírez Suárez)-, resultan comedias muy apenitas que no dan ni para un sketch decente -un solitario nerd se liga por internet a su propia mamá (segmento "El Chat", de Sergio Tovar Velarde- o de plano son historia (literalmente) muy antigua -unos viejitos sacan juventud de su pasado y planean un asalto bancario para matar el aburrimiento (segmento "El Robo", dirigido por Marco Polo Constandse).
Como ya anoté arriba, el segmento de Nuñez/Arrieta dirigido por Javier Colinas es el único que, por lo menos como divertimento, vale el palomazo. De hecho, "El Casco" podía haber sido la raíz de una agradable comedia romántica: los protagonistas son simpáticos y los diálogos, en la escena de la comida familiar, son ingeniosos. Pero, la verdad, son muy pocos minutos que valen la pena en este largometraje para gastar tiempo, dinero y esfuerzo en revisarlo. Aunque, también para ser justos, la cinta ganó, repito, el premio del público en Guadalajara 2011. Y el público de Guadalajara no puede estar equivocado... ¿o sí?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Confesiones Verdaderas/XXXVII



"Los actores tienen una especie de vacío en el interior. Si no ¿por qué necesitan vivir la vida de otros? Creo que los actores saben que tienen una personalidad débil, que son grises, que son planos, y necesitan disfrazarse para parecer encantadores, inteligentes, misteriosos. Les falta madurez...
Cuando Fellini necesita que alguien interprete a un personaje que no es maduro ni serio, me llama a mí... Me gusta el mundo de Fellini y lo entiendo muy bien, lo que nos ahorra tiempo. No tiene que explicarme nada, a no ser algunos pequeños gestos. Además, somos amigos y siempre se trabaja mejor con amigos...
El director es el auténtico creador de la película. El actor es sólo un instrumento... El director te entiende mejor de lo que tú te entiendes a ti mismo y por eso te puede usar tan bien...
En Italia la gente simpatiza con los personajes que he hecho... Soy un poco pasivo -a diferencia de Gassman, que es mucho más agresivo- y por eso tengo tan buena química con Sophia Loren. Ella y yo nos complementamos, como Laurel y Hardy. Sophia es inteligente, bella y tiene un gran sentido del humor. Cuando hacemos alguna película juntos, ella es la que actúa, yo nomás reacciono".

Marcello Mastroianni en una entrevista en Film Comment, abril de 1983.

martes, 20 de septiembre de 2011

Retrospectiva Masahiro Shinoda/III



Considerada dentro de Japón como su obra maestra -en lo personal prefiero, de lejos, Asesinato (1964)- y ganadora de los prestigiados premios Kinema Junpo a Mejor Película, Mejor Actriz, Mejor Dirección de Arte y Mejor Director, Doble Suicidio (Shinjû: Ten no amijima, Japón, 1969), décimo-quinto largometraje del maestro Masahiro Shinoda, está basada fielmente en una obra tradicional de marionetas o bunraku escrita por el inevitable Monzaemon Chikamatsu, cuyas obras han sido adaptadas una docena de veces a la pantalla grande, de forma memorable por Mizoguchi en Los Amantes Crucificados (1954) y por Shinoda en esta arriesgada/modernizada relectura cinematográfica.
La cinta inicia con la troupe de kurokos -es decir, los manejadores de marionetas que aparecen vestidos de negro dentro en el escenario manipulando los muñecos-, preparándose para la obra.  Mientras esto sucede, la voz en off de alguien -se supone que es de Shinoda- habla con una tal señorita Tomioka acerca de las dudas que tiene sobre la escena del suicidio, las locaciones adecuadas, los diálogos y hasta el estilo de filmación. Es decir, de inmediato queda claro el distanciamiento modernista: lo que estamos viendo es una película sobre una obra bunraku. A continuación, vemos los créditos y, luego, ya en el Japón del siglo XVIII, los cadáveres de un hombre y una mujer que descansan bajo un puente, siendo cuidados/observados por los silenciosos kurokos, quienes seguirán apareciendo a lo largo de la cinta. Por supuesto, las acciones no serán ejecutadas por marionetas, sino por actores de carne y hueso; en este sentido, los kurokos aparecerán en toda la película, ayudando a los personajes acercándoles una espada o abriendo un cajón, fungiendo como testigos mudos de los acontecimientos y, en cierto momento, comentando lo que vemos en pantalla. La tentación es comparar a los kurokos con el coro griego clásico, aunque me queda la sensación que su papel en esta cinta es un poco más complejo.
La trama, como es costumbre en las obras de Chikamatzu, está anegada en el fatalismo. Los personajes están condenados de antemano, atrapados por su sentido del honor, por el deber hacia los demás -y hacia la propia comunidad- y por la ausencia de dinero, que hace imposible cumplir los sueños de cada quien. El título de la película y la imagen inicial de los cuerpos no deja lugar a dudas: los amantes malditos de este filme, el modesto comerciante de papel Jihei (Kichiemon Nakamura) y la atractiva geisha Koharu (Shima Iwashita, ya entonces esposa de Shinoda), saben -y nosotros con ellos- que no pueden escapar de su destino. Hay otra víctima: la fiel y sufrida esposa de Jihei, Osan (Iwashita de nuevo, en una actuación completamente diferente a la de Koharu), que no puede evitar ser parte de la desgracia que cae sobre su familia, su esposo, sus hijos, ella misma.
Aunque ante ojos occidentales esta cinta de Shinoda puede, acaso, desconcertar -¿está usted acostumbrado a ver muchas bunrakus y, además, sin marionetas?- y su fatalismo puede resultar asfixiante, la controladísima puesta en imágenes de Shinoda y su cinefotógrafo Toishiro Narushima atrapa de principio a fin. Filmada en sólo 20 tomas -algunas de ellas con 5 ó 6 minutos de duración-, Shinoda privilegia las tomas de conjunto, con la cámara movil y personajes nunca hiératicos de tal forma que cuando aparece algún close-up -por ejemplo, el rostro lloroso de Jihei, descubierto por Osan- el impacto dramático es devastador. En algunos momentos, por el intrincado manejo de la cámara, Shinoda nos remite a Mizoguchi -otro de sus maestros más admirados- aunque, a diferencia del director de Ugetsu Monogatari (1953), Shinoda no tiene empacho en usar recursos narrativos y visuales más arriegados -el ralenti, el freeze-frame- que rompen con el tema y la puesta en imágenes clasicista. Sin olvidar, claro, el recurso ya mencionado de mostrar a los kurokos de principio a fin que, por supuesto, es mucho más que una subversión del bunraku: se trata de subrayar cómo estos personajes son manipulados por fuezas sociales/económicas/culturales que no pueden ni quieren enfrentar. El fatalismo de Chikamatsu encontró a uno de sus mejores traductores en el pesimista y desencantado Shinoda.

Doble Suicidio se exhibe hoy a las 17 horas en la Cineteca Nacional.

lunes, 19 de septiembre de 2011

35 Tragos de Ron




Cuando hemos llegado a los primeros 30 minutos de 35 Tragos de Ron (35 rhums, Francia-Alemania, 2008), el más reciente largometraje de Claire Denis (No Tengo Sueño/1994/, Buen Trabajo/1999), ya no puede caber una sola duda: un lacónico padre viudo, una amorosa hija veinteañera, la cercanía del retiro laboral por parte del hombre, la posibilidad del amor por parte de la muchacha…
            Todo esto ya lo hemos visto antes, en otro contexto, en otro país, en otro idioma: me refiero a la obra mayor de Yasujiro Ozu El Fin de la Primavera (1949). Las similitudes dramáticas están ahí: son historias idénticas. No es casualidad.
            Sin embargo, este conmovedor filme de Denis, sin duda el más accesible que ha dirigido en toda su carrera, es mucho más que un mero remake del clásico de Ozu. La cineasta, en colaboración con su guionista de cabecera Jean-Pol Fargeau, se ha apropiado genuinamente de la trama de Ozu, acaso porque es una historia universal, repetida y conocida en todos lados, en todas partes.
            Lo que les sucede al cincuentón conductor del metro Lionel (Alex Descas) y a su despierta hija Josephine (Mati Diop) no es nada extraordinario. La vida va a cambiar para los dos y no hay tragedia alguna en ello. No hay por qué llorar: mejor hay que tomarse 35 tragos para celebrar el inicio de esto, el fin de aquello.
            Lo notable en el filme de Denis radica en la forma: la sensual cámara en manos de la sempiterna colaboradora de Denis, Agnès Godard; el terso y fluido montaje de Guy Lecorne; el perfecto casting del veterano Descas y la debutante Diop, quienes logran transmitir una auténtica química paterno-filial. La maestría de Denis y su equipo queda demostrada en la maravillosa escena del bar cuando, a ritmo de “Siboney” cantado por Harry Belafonte, somos testigos de los cambios que están viviendo los personajes. Una mirada, un beso, un baile y no hay necesidad de agregar nada más: la vida encuentra su propia ruta.
            Otro elemento a notar: la trama de 35 Tragos de Ron está ambientada entre la comunidad afro-franco-caribeña de París: otro rostro del hexágono francés que no conocíamos y que nos es mostrado por Denis con una sencillez abrumadora. La sencillez de la que sólo son capaces los grandes maestros


35 Tragos de Ron se exhibe hoy en la Cineteca Nacional a las 18:30 horas. 

domingo, 18 de septiembre de 2011

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CXCVII


La verdad, decidí saber poco. Por encargo, vi Amigos con Beneficios (Friends with Benefits, EU, 2011), de Will Gluck, que, a pesar de que en su última media hora se derrumba en el convencionalismo -lo que se le perdona- y el chantaje sentimental -lo que no se perdona-, de todas formas resultó ser un agradable palomazo por el carisma y la simpatía de sus protagonistas, Justin Timberlake y Mila Kunis. De Timberlake sabía de lo que era capaz, pero Kunis me sorprendió. ¿Puede ser esta cinta la que la convierta en la nueva estrella juvenil romántica hollywoodense? Lo mejor de todo es que Kunis transmite la idea de que es una mujer aguda, pensante, inteligente. Eso la hace ser mucho más sexy. Mi crítica en el Primera Fila del Reforma del viernes pasado.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Loco y Estúpido Amor



Cal (Steve Carell) sigue amando a su esposa Emily (Julianne Moore), aunque ésta lo abandonó por un compañero de trabajo, un tal David Lindhagen (Kevin Bacon en cameo extendido). El hijo adolescente de Cal y Emily, Robbie (Jonah Bobo), tiene sus propios problemas románticos: no puede vivir sin su larguirucha babysitter de 17 años Jessica (Analeigh Tipton) que, para cerrar el círculo, está enamorada del abandonado Cal.
                Así pues, la frustración amorosa pasa de un lugar a otro como en versión americanizada del clásico La Ronda (Opüls, 1950), aunque la premisa central de Loco y Estúpido Amor (Crazy, Stupid, Love, EU, 2011) pertenece, más bien, a la venerable tradición de la remarriage comedy hollywoodense de los años 30.
Curiosamente, los mejores momentos cómicos del filme no le pertenecen a la pareja matrimonial de Carell/Moore –ella es una gran actriz, pero está negada para la comedia-, sino a la pareja viril que forman Carell y el infalible Ryan Gosling, quien interpreta aquí a Jacob, un atractivo y exitoso conquistador de mujeres que toma como proyecto personal al deprimido Cal. Basta un cambio de ropa, un buen corte de cabello y una actitud diferente, y muy pronto el apacible amo-de-casa separado irá encamando mujer tras mujer, bajo la mirada aprobatoria de su vacio Cyrano particular quien, a su vez, cambiará su vida cuando se tope con la joven abogada en ciernes Hannah (Emma Stone, un descubrimiento para mí).
                Loco y Estúpido Amor avanza, tropieza, se derrumba, se levanta y vuelve a caer en varias ocasiones en sus casi dos horas de duración. Tiene momentos fallidos  –el  episodio de slapstick que ocurre hacia el desenlace- y oportunidades perdidas -el mal uso que se hace de la siempre bienvenida Marisa Tomei-,  pero también es cierto que el guión escrito por Dan Fogelman no carece de buenas decisiones. Incluso, por más previsible que resulte el desenlace, debo confesar que no me esperaba cierta vuelta de tuerca que sucede hacia la última parte de la cinta, revelación que cambia la posición de poder entre Cal y Jacob irremediablemente.
                Así pues, el segundo largometraje dirigido por Glenn Ficarra y John Requa (arriesgada pero muy menor comedia gay Una Pareja Dispareja/2009) tiene sus mejores momentos no en sus contados episodios slapstick que se terminan saliendo de control, sino en la capciosa descripción del éthos de sus dos personajes centrales, el cuarentón aplastado Cal y el soltero despreocupado Jacob.
En este sentido, es imposible dejar de subrayar el impecable trabajo del consolidado Ryan Gosling: he aquí un actor profundamente honesto, incapaz de juzgar a su personaje o de interpretarlo a la distancia. El Jacob de Gosling no es una figura paródica: el tipo se cree –y es- el sueño de toda muchacha que no duda un segundo es llevárselo a la cama, con todo y su estómago de lavadero “fotoshopeado”. No es que el tipo sea vacío, sino que ha elegido ser así, para no ser lastimado. Por lo mismo, cuando el personaje cambia hacia el final del filme, le terminamos creyendo, aunque -sospecho- sea más por la actuación de Gosling que por el guión.