jueves, 19 de enero de 2012

Caballo de Guerra



Se puede señalar, con razón, las deudas que Caballo de Guerra (War Horse, EU, 2011), el más reciente largometraje de Steven Spielberg, tiene con el John Ford de Qué Verde Era Mi Valle (1941) -la visión idílica de Devon, en donde se ubica inicialmente la acción-, con el Frank Capra de ¡Qué Bella es la Vida! (1946) -el contagioso populismo de la escena de la subasta del cuaco reencontrado- y, arriesgándose a la herejía, con el Robert Breson de Al Azar Baltazar (1966) -por el papel protagónico del caballo del título.
Sin embargo, creo que no hay ir tan lejos en el tiempo ni, mucho menos, traer a colación al venerable Monsieur Bresson, quien habitó y habita en un mundo fílmico muy diferente al de Spielberg. Y es que si Caballo de Guerra merece compararse con la obra de algún maestro del cine, ¿para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?: el largometraje número 26 de Spielberg no es un pastiche fordiano/capriano/bressoniano sino una obra profundamente personal del propio cineasta, que abreva de algunos de los temas que siempre le han interesado. 
Más aún: la puesta en imágenes a través de la virtuosa cámara de Janusz Kaminski -con todo y esos contrapicados con los cielos bellísimos al fondo-, el montaje clásico de Michael Kahn repleto de hallazgos cómicos/melodramáticos -la solicitud a gritos de otras pinzas y el corte a una decena de ellas aterrizando en el fango, el plano medio del abuelo correoso y el corte a un primer plano de la nieta con una lágrima oportunísima cayendo por la mejilla- o cierta mágica transición de escenario -el tejido que se transforma, disolvencia de por medio, en un campo arado- nos remite al Spielberg de siempre, desde la obra mayor Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (1977) hasta la agotadora Las Aventuras de Tintin (2011) pasando por la tan atacada en su tiempo El Color Púrpura (1985).
Caballo de Guerra está basado en una novela juvenil homónima de Michael Mopurgo -adaptada también como pieza teatral de marionetas-, centrada en la vida de un valiente cuaco que nace en Devon, Inglaterra, y que termina siendo "enrolado" en la caballería de Su Majestad en la Primera Guerra Mundial. Hasta donde entiendo, el libro está narrado por el propio equino llamado Joey, recurso al que renuncia Spielberg para mostrar las vicisitudes del caballo de marras desde afuera, solicitando nuestra complicidad no sólo con el sufrimiento del cuadrúpedo, sino de los humanos quienes lo rodean: el granjero adolescente que lo cría y educa (Jeremy Irvine), el decente capitán inglés que lo usa en cierta batalla (Tom Hiddleston con apostura de héroe de matiné de los años 30/40), el par de soldados adolescentes desertores del ejército alemán (David Kross y Leonhard Carow), el anciano belga (gran Niels Arestrup) que sabe demasiado bien que no puede proteger a su frágil nietecita mandona (Celine Buckens), y así hasta regresar, nuevamente, a las manos de su dueño, en el mejor estilo del más efectivamente chantajista/lacrimógeno/populista Spielberg.
Como se trata de una cinta familiar -adjetivo que, para algunos, es sinónimo de bostezo-, Spielberg no subraya la crueldad de la guerra en general ni la estupidez de esta confusa Gran Guerra en particular, pero tampoco la esconde ni minimiza. A través de una elipsis clásica -Joey cabalgando sin su jinete-, se nos da a entender a quién han alcanzado las balas del enemigo; con una elegante encuadre -en plano general alejado y las aspas de un molino dando vueltas- se nos muestra/escamotea un terrible fusilamiento que de todas formas no queremos ver; con un mero intercambio de palabras nos enteramos de la muerte inevitable de otro personaje, porque "la guerra se lo lleva todo". 
No todo, en realidad: en buena parte del cine de Spielberg siempre quedará espacio para la reconciliación, sea entre las clases sociales -el jovencito ricachón que podrá tener mucha lana pero demostrará ser noble con su plebeyo compañero de armas-, sea en el seno de la familia -el encuentro spielbergiano entre el padre alcohólico (Peter Mullan) y el hijo que ha regresado de la guerra-, sea en la infernal Tierra de Nadie, cuando un soldado británico y otro soldado alemán, saliendo de sus respectivas trincheras, arriesgan su vida para liberar al atrapado Joey mientras intercambian miradas, bromas y saludos, en la mejor escena del filme. 
En el cine de Spielberg, pues, todavía hay esperanza, todavía hay decencia, todavía hay humanidad. No sé, la verdad, por qué le molesta tanto a algunas personas esto. No todas las películas pueden -ni deben- ser dirigidas por Haneke o von Trier. Digo.

14 comentarios:

adayin dijo...

Jajajaja, por Haneke o Von Trier, jajajaja.... Que buen texto y que buen remate. No he podido verla, pero siendo de Spielberg, esta en mi lista para ser la proxima.

No entiendo porque de pronto hay tanto rechazo al cine de Spielberg. Ora resulta que todos nacieron viendo a Ford o a Peckinpah... Y si el año pasado crucificaron a Abrams por copiar a Spielberg con Super 8, ahora a Spielberg por copiarse a él mismo... pffffff.... Que abran sus corazones, caray (jajaja)

Joel Meza dijo...

Hablando de eso, ¿tendrás algo sobre El Imperio del Sol? recuerdo que la recepción generalizada fue similar a lo que comentas. Hubo un tiempo, cuando estaba en la universidad, en que la veía cada tres, cuatro meses. No la he vuelto a ver en unos quince, veinte años, por cierto.

Joel Meza dijo...

Ah, acá no se estrenó. ¿Vendrá con pocas copias?

Tyler dijo...

Ni dios que lo quiera Ernesto

Imagínate un mundo dirigido unicamente por Von Trier,

guacatelas...

Tyler dijo...

Que gran reseña Ernesto

andas arrancando el año super inspirado!

Carl Zand dijo...

Esto es lo que dice Terry Gilliam sobre el cine de Spielberg:

http://biblioklept.org/2011/03/25/terry-gilliam-explains-why-steven-spielberg-sucks-and-stanley-kubrick-rules/

Yo, en lo personal creo que el cine de Spielberg es genial. Crecí con él, así como crecí con el de Scorsese o el de Lynch. Sólo son mundos diferentes ¿qué hayd e malo en tener una pizca de esperanza? Más aún en estos tiempos que no llevan dirección alguna, com dice la canción de Dylan. Recuerden que es el mismo hombre que nos dió Minority Report y Munich. Ellos están conscientes, los directores, de sus capacidades, de moverse en terrenos oscuros o en paraísos soleados. Es una especie de Michael Curtiz o Frank Capra, ¿en dónde está el problema? Salud.

Alemán dijo...

Von Trier no, pero el mundo éste si está dirigido por Haneke ¿no?

Agustín T. Galván dijo...

'tonces, el problema de Spielberg actual es el Spielberg del pasado, que contrario a lo que no se crea, sí dista algo ¿no?

Fui a ver esa cansina cosa llamada Tin Tin. No puedo decir que me gustara, tampoco que me disgustara. De hecho ya comencé a olvidarla y si no se hace su segunda parte cantada, no creo que suspire o me ruborice. Si War Horse está por el estilo, comprendo el 'snub' que está teniendo su persona de la siguiente forma:

Spielberg hizo un cine que logró aglutinar toda una tradición narrativa de un cine grandilocuente, siempre bien cuidado, siempre bien equilibrado, con motivos conocidísimos: que si la familia fragmentada, que si los personajes infantiles tomados de forma horizontal y no vertical, que si hace o no storyboards con actores, que si en la noche pasa una estrellita fugaz. Nada nuevo, cierto, pero todo tan bien usado que invitaba a no cantar referencias...

Pero había algo más. Cada cinta era una exploración de mundos que siempre cambiaban, pero siempre sobre un eje: el desamparo y la esperanza. Del revés al american way of life de Jaws y Close Encounters, al cuento de los huérfanos en busca de hogar de ET, AI y hasta llega con la de la Terminal. El asunto es ¿Y ahora?

Spielberg lleva tres cintas colgado de eso: ¿Y ahora? Indiana Jones es una oruga, Tin Tin un empacho y esta... ¿Qué es? Hasta el buen narrador a veces necesita descansar un poco y salir y conocer nuevas personas. A fin de cuentas, lo que contará sale de ahí y no de la cinefilia casi narcisista.

Champy dijo...

Oraleeee!

Eso quiere decir que si crees en los rayitos de esperanza?

2046

Tyler dijo...

¡peliculón!

Sergei dijo...

Excelente escrito Ernesto y que bueno que mencionas esa pose de algunos Cinefilos en contra del maestro Spielberg siempre te agradecere que me hayas abierto los ojos en cuanto a su cine como Spieberg no hay dos.
saludos

Diezmartinez dijo...

Adayin: Hay muchos cinéfilos que dicen que no les gusta ser manipulados. Supongo que tampoco les gusta Hitchcock.

Joel: No lo recuerdo. Supongo que sí, pero si tengo algo escrito estará en papel. Para el caso, ni vale la pena buscarlo. Mejor hay que volver a verla. Hace mucho que no la veo. Fácil, igual, unos 15 ó 20 años.

Tyler: Bueno, la banda sonora de ese mundo, si es como la de Breaking the Waves, no estaría tan mal.

Zand: Así es. Debe haber distintos cineastas. Pero, supongo, que se vale aborrecer a Spielberg por las razones correctas -digamos, su optimismo, sus finales felices, su oda a la familia- pero no por ser un cineasta torpe.

Alemán: Oh, sí. Creo que sí.

Agustín: Vela y luego platicamos. Pero sí, de acuerdo, Spielberg se ha repetido demasiadas veces. Como Allen, por cierto. En ese sentido, tiendo a soportar mejor las repeticiones allenianas. Cuestión de gustos, acaso.

Champy: En los de Spielberg, en los de Spielberg...

Sergei: Un gran cineasta. Pero no es el único, por fortuna.

Agustín T. Galván dijo...

De hecho no tengo problemas con verla (aunque no la estrenan, y eso ya es síntoma, supongo, teniendo en cuentas que acá en el rancho al Tin Tin lo mandaron al bote a las dos semanas, por ello apenas y pude verla, pero a esa segunda semana solo era una función y en 3D, mientras que el Gato con Botas seguía rifando sin lío). Digamos que es solo pensar porqué de pronto a Spielberg le mientan que sus películas le salgan tan Spielberg...

(Por cierto... Tengo problema con los cuacos en películas. Desde el Corcel Negro me pasa eso. Y yo aplaudo al caballo muerto en la Historia sin Fin ).

Diezmartinez dijo...

Agustín: A propósito de caballos, ¿si te gustan las películas con Sarah Jessica Parker, no? ¿Entonces?