jueves, 23 de febrero de 2012

Ambulante 2012/XI y último



Nunca estrenada comercialmente en México, aunque exhibida en una retrospectiva documental de Werner Herzog hace un año en la Cineteca Nacional, la extravagancia titulada Mundo Remoto, Salvaje y Azul (The Wild Blue Yonder, GB-Alemania-Francia-2005) ha sido rescatada y programada en Ambulante 2012. Y qué bueno que así haya sido.
Mundo Remoto... es, en efecto, re-moto. Pero dirigiendo Werner Herzog y con Brad Dourif como protagonista y único actor de esta "fantasía de ciencia ficción" apoyada por la "sensibilidad poética" de la NASA, ¿podíamos realmente esperar otra cosa?
Herzog retoma la estrategia de montaje documental del británico Adam Curtis. Si exceptuamos los maravillosos monólogos locochones de Brad Dourif, toda la cinta está formada por imágenes de archivo o filmadas por alguien más -pietaje tomado en el transbordador espacial STS 34 por los propios astronautas, imágenes submarinas bajo el hielo captadas por el explorador Henry Kaiser-, además de los excéntricos testimonios de matemáticos y astronautas que hablan de fórmulas y teorías initelegibles. 
La trama de este falso documental realizado con imágenes verdaderas está centrada en el testimonio de un alien que llegó de Andrómeda (Dourif, but of course) que, a través de diez episodios bien delimitados por sendos intertítulos, nos cuenta cómo llegó a la Tierra, qué pasó con su planeta (el "mundo remoto, salvaje y azul" del título en español), las distintas interacciones que han tenido los extraterrestres con nosotros -habla de Roswell, por supuesto- y muestra su indignación por el hecho de que el ser humano haya viajado a su lejano planeta y que no haya aprendido la lección. Así como aquel lejano lugar azul quedó despoblado y destruido, ese es el camino que ha seguido (o seguirá o siguió) la Tierra, tan manoseada por esa plaga llamada ser humano.
"Los aliens somos patéticos", dice en algún momento de su perorata el extraterrestre encarnado por Brad Dourif. Pero muy divertidos, agregaría yo. Por lo menos cuando son interpretados por un desatado Dourif que resulta hilarante cuando se suelta divagando loqueras -por ejemplo, sobre el primer pecado cometido por el hombre: la domesticación del puerco- o cuando detalla al derrota que tuvo su propia civilización, que quería construir la comunidad ideal -un gigantesco "mall", nada menos-, lo que terminó en un rotundo fracaso: "todavía nos queda mercancía sin vender", confiesa el desafortunado alien compungido.
La cinta dista de ser la más lograda de Herzog: a pesar de su corta duración de 81 minutos, se extiende en demasía en las tomas tanto del espacio como de las profundidades del mar -estas últimas pasan como la filmación de la llegada y exploración del "mundo remoto salvaje y azul" - pero no nos alcanza a exasperar -o por lo menos, no mucho- porque el cineasta sabe terminar cuando es necesario hacerlo: cuando esta extravagancia de "ciencia ficción y fantasía" se está quedando sin gas.

Mundo Remoto Salvaje y Azul se exhibe hoy jueves en el Teatro Carlos Lazo a las 12 horas. 

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