jueves, 23 de febrero de 2012

FICUNAM 2012/I



Va la pregunta retórica de la semana: ¿es posible revitalizar el llamado cine de papá, es decir, el cine de época basado en obras literarias clásicas? Ante la evidencia de Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, GB, 2011), tercer largometraje de Andrea Arnold (inédita en México Red Road/2003, Fish Tank/2006), hay que responder que sí.
El reto no era sencillo. No sólo porque se trata de una de las novelas inglesas más importantes del siglo XIX sino porque la historia de sus adaptaciones cinematográficas está llena de grandes nombres: la clásica de William Wyler de 1939 con un magnético Laurence Olivier como Heathcliff, la dispareja versión buñueliana de 1954 con un memorable monólogo de amour-fou y un violento desenlace a escopetazo limpio, además de otra revisión -no vista por mí- filmada por Jacques Rivette en 1985. Hay, por supuesto, muchas otras adaptaciones: una de 1992 con Juliette Binoche y Ralph Fiennes -que sí vi pero de la cual he olvidado todo-, un reciente filme televisivo con el ascendente Tom Hardy como Heathcliff y hasta alguna telenovela mexicana de la cual no recuerdo su nombre.
Sin haber visto la película de Rivette, creo que la nueva versión realizada por la señora Arnold y su cinefotógrafo Robbie Ryan -quien mereció la Osella de Oro en Venecia 2011 por este trabajo- merece, por derecho propio, ser colocada al lado de las adaptaciones dirigidas por Wyler y Buñuel. Por supuesto, es imposible olvidar la cinta de Wyler, con la oscareada fotografía del gran Gregg Toland y la intensidad interpretativa de Olivier; y menos aún la tambaleante lectura de Luis Buñuel, quien logró vencer sus problemas de reparto a través de una visión febril de la pasión que consume a los amantes malditos. El éxito de Arnold radica, de hecho, en deshacerse de esta tradición, sin dejar de ser fiel al espíritu de la única novela de la poeta Emily Brontë.
La puesta en imágenes tiene poco qué ver con el académico cine-de-papá. La cámara siempre en mano, siempre en movimiento de Robbie Ryan, permanece muy cerca del cuerpo, las manos, el rostro de sus actores. En muchas ocasiones, la cercanía con las acciones y la brusquedad del movimiento hace que se pierda el foco. Los diálogos son escasos, en especial en la primera hora de la cinta: sabemos del interés que sienten mutuamente Heathcliff y Catherine (los jovencitos Solomon Glave y Shannon Beer respectivamente) por sus miradas, por sus juegos, por esa lucha en el barro que termina entre sonrisas y jadeos. 
La puesta en imágenes de Arnold carece de música de cualquier especie -sólo en la secuencia de créditos finales se escucha la canción "The Enemy", del grupo de folk-rock Mumford and Sons-, pero el sonido del viento es un personaje central de la cinta. Buscando capturar la esencia profundamente romántica de la novela, ambientada en los páramos del norte de Inglaterra, el viento no deja de ulular, la lluvia no deja de caer, la tierra  lodosa se pega a la piel de los personajes y todos ellos se ven obligados a sobrevivir en esas condiciones dificiles en las que la muerte llega en cualquier momento, acompañada del arribo de una nueva vida. En este contexto, no son extrañas las continuas digresiones casi buñuelianas en las que vemos insectos caminar entre la hierba o volar de un lugar a otro. La naturaleza sirve, al final de cuentas, como una extensión de los propios personajes y sus pasiones. 
La adaptación firmada por la propia cineasta en colaboración con Olivia Hetreed permanece fiel, en líneas generales, a la novela de Brontë, con un cambio clave y significativo: el Heathcliff imaginado por Arnold es un joven afrocaribeño que, aparentemente, nació esclavo. El dueño de Wuthering Heights, la remota granjita decandente donde ocurre casi toda la acción, lleva a Heathcliff a vivir con él y con sus hijos, la imprevisible Catherine y el violento y racista Hindley (Lee Shaw cual proto-skinhead), quien trata de "nigger" a su hermano adoptivo. Heathcliff, por su parte, indomable y montaraz, contesta a estos insultos con un "fuck-off, you cunts!", línea que bien pudo haber pronunciado la irreprimible protagonista juvenil de Fish Tank. Sin embargo, más allá de la rudeza (¿anacrónica?) del lenguaje, lo que llama la atención es la elección de convertir a Heathcliff en negro. Arnold ha dicho que la idea surgió leyendo con cuidado la novela: que en Cumbres Borrascosas, el libro, Brontë describe a Heathcliff como "un gitano de piel oscura", de tal manera que, además de la diferencia de clases que aleja a los dos enamorados, Arnold agrega un elemento adicional: la raza.
La cinta tiene sus mejores momentos cuando seguimos a Heathcliff y Catherine como adolescentes. Arnold logra transmitir el deseo carnal, el resentimiento, la exaltación, la alegría, la tristeza, de sus dos jóvenes apasionados. La segunda parte del filme, cuando Heathcliff regresa por venganza y por amor a Wuthering Heights, tiene un tono más oscuro pero ya sabemos por qué. Heathcliff y Catherine están condenados de antemano y lo saben. No tienen otra salida. No la han tenido nunca. 

Cumbres Borrascosas se exhibe hoy a las 19 horas en la sala Miguel Covarrubias.

3 comentarios:

Joel Meza dijo...

Uf, yo no he visto ninguna y la única que alguna vez tuve a la mano en su estreno es con Binoche y Fiennes. De ella, no dudaría en verla pero Fiennes no me parece que pueda despertar pasiones, al menos no en la pantalla.
Espero ver esta nueva.

J Luis Rivera dijo...

Me llama demasiado la atención.

Saludos!

Diezmartinez dijo...

Joel: Y checa las clásicas, la de Wyler y la de Buñuel.