sábado, 3 de marzo de 2012

Guadalajara 2012/Día uno



Mi primer día en Guadalajara 2012 inició mal pero no se preocupe: luego, se puso peor. Todo el Mundo Tiene a Alguien Menos Yo (México, 2011), opera prima del egresado del CUEC Raúl Fuentes, es una suerte de re-elaboración de Apuntes al Natural (el segmento scorsesiano de Historias de Nueva York/Scorsese-Allen-Coppola/1989) pero con lesbianas.
Una misántropa editora de unos 30 años de edad se enamora de una jovencita preparatoriana a la que atosiga/ama/cela con una vehemencia digna de mejor causa. Los minutos iniciales del filme son los mejores, cuando vemos a nuestras protagonistas fajar en el cine, besarse en el auto, revolcarse en la cama, destramparse en un bar. Hay sexualidad, sensualidad, vitalidad, a manos llenas. Luego, poco a poco vemos que todo se va al carajo por la diferencia de edades, por la diferencia de gustos, por la diferencia de cómo ve la vida cada una de ellas. Todo esto lo hemos visto en infinidad de ocasiones en las películas de Woody Allen, con personajes igual de insoportables pero mucho más interesantes y, además, graciosos.
Eso sí, como suele suceder en las obras producidas por el CUEC, a la película no le duele nada en su puesta en imágenes. La fotografía en blanco y negro de Jerónimo Rodríguez es muy elegante, con sus tomas fijas y extendidas, sus escasos movimientos de cámara y su buen uso del close-up. Y, sí, las dos actrices (Naian Daeva y Andrea Portal) están muy bien en sus respectivos papeles.
Nada de eso podemos encontrar en La Cama (México, 2012), el más reciente largometraje del veterano Raúl Montero (El Costo de la Vida/1989, Hoy No Circula/1993, Cilantro y Perejil/1998). Si en Todo el Mundo Tiene a Alguien Menos Yo, el guión del propio Raúl Fuentes nos remitía a cierto mediometraje scorsesiano, esta película de Montero nos recuerda, nada menos, que a La Ronde (Ophüls, 1950) -digo, con perdón de Herr Ophüls, por supuesto.
El guión del propio Montero y Lucía Carreras -¡guionista de la sólida Año Bisiesto/Rowe/2010, directora de la meritoria Nos Vemos, Papá/2011!- tiene como narrador/conductor  de esta historia a un Jesús Ochoa en su gustado papel de Jesús Ochoa. Él irá comentando los cuatro segmentos que veremos a continuación, todos ellos relacionados entre sí, todos ellas con un objeto central cómico/dramático/romántico: la cama del título. Así, veremos las tribulaciones de un recién divorciado que quiere dormir en su cama él solito; la historia de un par de noviecitos santos que están preparándose para su primera vez en la cama de ella; un matrimonio maduro que, con todo y la meno/andro/pausia amenazante, saca juventud de su pasado para seguir revolcándose en la cama; y, finalmente, una doñita sesentona contrata a un prostituto de postín para que le cumpla en una cama por la que han pasado "actrices, senadoras y una que otra diputada". El humor es ramplón, la música estorbosa, las sobreactuaciones de pena ajena, la película un suplicio. Esta cinta es, sospecho, lo peor que veré en Guadalajara 2012. Eso espero, por lo menos. 
En este contexto, la sencilla, opaca, pero efectiva Abrir Puertas y Ventanas (Argentina, 2011), opera prima de Milagros Mumenthaler, ganadora en Locarno 2011 y Mar de Plata 2011, representó un auténtico oasis. La minimalista película -otra muestra más del slow cinema tan en boga- trata de la manera en la que tres jovencísimas hermanas lidian con la muerte de su abuela quien, se entiende, era su mamá/papá/protectora. 
Poco sucede en un filme más preocupado en transmitir un estado de ánimo que en hacer un análisis profundo de sus personajes y sus crisis. Y ese estado de ánimo -entre la confusión, la melancolía, el enojo- está bien realizado a través de una efectiva e inteligente puesta en imágenes, con la foto de Martín Frías yla dirección de arte de Sebastián Orgambide.
Lo mejor de la jornada, sin embargo, vendría al final: con más de un año de retraso y no en estreno comercial, sino como cinta de inauguración y homenaje al invitado especial Mike Leigh, se exhibió Toda una Vida (Another Year, GB, 2010). El décimo largometraje de Leigh es, para variar, un sólido melodrama social en el que una madura pareja londinense, bien avenida, con buen trabajo y una felicidad a toda prueba, Tom y Gerry (Jim Broadbent y Ruth Sheen), navegan/soportan/ayudan a una pléyade de amigos y familiares solitarios, deprimidos y alcohólicos.
La galería de desesperados llega a ser genuinamente desesperante: la paciente clínicamente deprimida e insomne (Imelda Staunton) que "del uno al diez" de infelicidad tiene uno, el amigo borrachales y torpón (Peter Wight) que no sabe por qué se ha quedado solo, el hermano recientemente viudo (David Bradley) que apenas puede pronunciar un par de palabras y, especialmente, la lastimosa Mary (Lesley Manville), la joya de la corona de la depresión, la soledad y el alcoholismo, desesperada por encontrar a alguien -quien sea, como sea y hasta por donde sea, como diría Resortes.
En la medida que avanza la cinta, Toda una Vida se vuelve cada vez más dificil de ver, especialmente cuando llegamos a la comida final con una Mary mendigando un poco de atención de los felices y ya no tan comprensivos Tom y Gerri. ¿Por qué esta pareja es feliz mientras que casi todos a su alrededor se hunden en la soledad y en la desesperación? ¿Pura suerte de haber encontrado a la pareja ideal? ¿Capacidad de ver la vida de distinta manera? ¿Mantenerse siempre ocupados? ¿Estar contentos con lo que hacen? Supongo que algo habrá de todo eso.
Eso sí, al confrontar la felicidad de Tom y Gerri con la infelicidad de todos los demás, Leigh ha dirigido una de sus películas más crueles. Pero, también, acaso una de sus más lúcidas.

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