domingo, 4 de marzo de 2012

Guadalajara 2012/Intermedio



Sólo unas líneas, antes de iniciar la jornada de hoy: el problema de los boletos en Centro Magno. Más bien, el problema de que no hay boletos en Centro Magno. O, bueno, sí hay, pero hay que pagar por ellos. Dicho de otra manera: si uno es crítico de cine no puede ver los documentales en competencia sin soltar la marmaja.
El asunto, por lo que entiendo, tiene dos vertientes. Una, económica; la otra, de organización. Y es que como no hay funciones de prensa para el cine documental, nacional o iberoamericano, si alguien quiere ver alguna de estas cintas tiene que ir a Centro Magno y pagar por el boleto como cualquier hijo de vecino. No hay de otra. En años anteriores, había una cantidad más o menos razonables de boletos para la prensa especializada que viene a Guadalajara a ver cine, y el año pasado, en Cinemark, bastaba enseñar el gafete para que te dejaran entrar sin mayor problema a cualquier sala. (Increíble pero cierto: extraño las cavernas de Cinemark).
Al parecer, el problema es que Cinépolis quiere dinero -se entiende: está en el negocio del cine, no en el de la beneficiencia- y el Festival, también se entiende, no tiene el suficiente dinero para pagarle sus boletos a los críticos de cine que quieren -queremos- hacer el trabajo. Eso se solucionaría si todas las cintas en competencia tuvieran funciones de prensa, pero eso no sucede desde hace años: sólo la ficción merece este tipo de atenciones.
Total, gastar unos docientos o trecientos pesos más del presupuesto personal no nos va a llevar a la ruina -yo ahora me pasaré toda la tarde en Centro Magno y compraré cada uno de mis boletos-, pero sí es necesario hacer notar la molestia de la prensa internacional. Cuando me estaba registrando en el hotel, Robert Koehler me reconoció, me saludó, me hizo un resumen a mil por hora de que lo que había visto y empezó a señalarme la incongruencia de que no había funciones de prensa para el documental y, que por lo mismo, había que apoquinar con unos pesos. Ayer mismo vi cómo una colega italiana -su primer festival de Guadalajara para ella- trataba infructuosamente de entrar a una sala de cine con su gafete de prensa. Ternurita. Y ayer mismo, también, en twitter, el colega argentino Roger Koza apuntaba la enorme molestia y frustración de una buena parte de la crítica que había viajado miles de kilómetros para ver cine sin poder verlo. 
Ok, el problema ahí está: es económico y eso se soluciona con lana. Como nunca hay suficiente, habrá que solucionarlo con organización: que haya funciones de prensa del documental que, en el caso del cine mexicano, es lo mejor de su producción desde hace una década. Y ya, dejemos de quejarnos y vayamos a ver cine. Y a pagar por él. Total: más se perdió en la guerra.

3 comentarios:

Abraham dijo...

Habrá que decir que sucede lo mismo en muchos otros festivales en México. Y si, es algo que se solucionaría fácilmente con funciones de prensa y guardando algunos lugares para la misma en las funciones abiertas a todo público. Como público, se entiende que no puedes dejar entrar a 30 críticos de cine a la misma sala. No tanto por el negocio, sino porque le estas quitando lugar a alguien que no sea prensa y que también pudo haber viajado cientos de kilómetros para ir al festival sin los "privilegios" del gafete. Va un ejemplo, en FICCMEXICO hace un año había algunas funciones con 50 o más acreditados, algo ridículo y molesto.¿Y para el público? Ya no hay lugares. Como prensa, debería ser entendible que no te dejen entrar sabiendo que no hay lugares disponibles y/o que los lugares apartados ya han sido ocupados, algunos no lo entienden. Absurdo si los boletos para público no se agotaron y hay lugar en sala que no te dejen entrar con gafete. Y es deber de los organizadores aclarar cuantos lugares para prensa hay disponibles, asi uno sabe las reglas del juego y puede organizarse para llegar temprano o comprar su boleto con anticipación si uno prevee sala llena. Creo que como público entiendo esa percepción que suele tenerse de la prensa de espectáculos/cultural como esa bola de gorrones que no quiere pagar boleto. Existe también esa percepción de que a la prensa le gusta quejarse o hacer berrinche esté o no justificado. En funciones con alta demanda de boletos, entendible que no vas a complacer ni a prensa ni a público. Como prensa, entiendo esa molestia de que no te faciliten hacer tu trabajo. Y por sentido común, entiendo el deber de los organizadores para atender las necesidades del público y de la prensa. El año pasado, quesque por Cinemark, que querían Cinépolis. Este año, que porque les dieron Cinépolis, ¿quién los entiende?. Lo interesante aquí también es esa percepción en México de que Cinépolis es mejor cuando muchas veces son las cadenas más pequeñas como Lumiere y Cinemark las que suelen anteponer el cine al negocio, algo que habría que aplaudirles. Si el FICCO desapareció cuando Cinemex cambió de dueño, fue justamente porque no era negocio. Me agrada su texto, en una de esas sirve a que los organizadores solucionen el problema. Eso si, el año que viene también habrá quejas, como todos los años.

Joel Meza dijo...

Bueno, unos dos o tres tequilas menos a cambio de los documentales.
Lo malo por el lado de los organizadores es que no avisaron, supongo y por eso los berrinches de tus colegas extranjeros.
Bueno, aquí siguiendo tus peripecias tapatías, con un excelente clima, una carne asada y unas Chupacabras.
A'i te echas unas Minervas por mí.
Salud, Ernesto.

Diezmartinez dijo...

Abraham: Por eso hay funciones de prensa y de público. A las segundas, no va prensa y si va, tiene sólo unos cuantos asientos apartados (muy pocos, de hecho). Así fue en Guadalajara antes, durante buen tiempo.
El problema no es pagar -no mi problema, en todo caso: me compré dos cinebonos a 120 pesos para ver cuatro películas- sino el hecho de que no programar funciones de prensa cuando las mismas salas en la Expo estaban subutilizadas. Ese fue el asunto.
Muchos colegas extranjeros hicieron el berrinche pero pagaron; otros más decidieron boicotear esas funciones y no ir si no tenían entrada libre; en otros casos la misma distribuidora compró los boletos para la prensa (ese fue el caso de Cuates de Australia, de Everardo González). En fin: demasiado relajo cuando se podría haber resulto con una programación más precisa.