lunes, 20 de agosto de 2012

11a. Semana del Cine Alemán/II




Ganadora del Oso de Plata a la Mejor Dirección en Berlín 2012, Barbara (Ídem, Alemania, 2012), sexto largometraje del consistente y consolidado Christian Petzold (Fantasmas/2005, Yella/2007), es uno de los platos fuertes de la 11a. Semana de Cine Alemán, que sigue presentándose en estos días en las sedes alternas de la Cineteca Nacional. 
Ubicada en la Alemania comunista en 1980 -en la radio se escuchan las proezas olímpicas de los atletas germano-orientales en Moscú 80-, la cinta inicia cuando una imperturbable doctora proveniente de Berlín, Barbara Wolff (Nina Hoss en su quinta colaboración con Petzold), llega a algún indeterminado pueblito del norte de la Alemania Democrática, muy cerca del mar. Muy pronto nos daremos cuenta que Barbara está sufriendo una suerte de deportación interior: como ha solicitado su permiso para trabajar fuera del paraíso comunista, el régimen la ha castigado enviándola a ese hospital provinciano, dirigido por el amable médico André Reiser (Ronald Zehrfeld) quien, aparentemente, también está sufriendo un castigo por cierta falla profesional cometida tres años antes.
Petzold -como lo ha demostrado en sus anteriores cintas- es un maestro del detalle. Aunque el centro del filme es el dilema moral/existencia que enfrentará Barbara hacia la final de la película -resolución que, por cierto, no deja de ser bastante previsible-, el ojo de Petzold y de su cinefotógrafo Hans Fromm se muestran más interesados en ver/analizar/aprehender el ecosistema de sospecha permanente en el que se mueven la protagonista y el resto de los personajes. 
Así, Barbara se muestra distante no por un aire de superioridad capitalina, sino porque sabe que no puede confiar en nadie, ni siquiera en el afable Dr. Reiser, que tanto sabe y se interesa en ella. La sospecha, pues, domina en todas las relaciones sociales, por lo que hay que fijarse si alguien lo ve a uno en el camión, hay que hablar solo cuando sea preciso y no hay que dejar que nadie entre a tu departamento, por más que diga que es un afinador de piano que viene a hacerte un favor.
Sin embargo, en lo personal, lo más interesante de la dirección de Petzold no está en este verosímil cuadro del miedo y la paranoia, sino en la forma en el cineasta alemán, a través de sus espléndidos actores, retrata el trabajo en ese pequeño hospital provinciano y la indudable vocación que une a Barbara y André. Y es que si los dos empiezan a interesarse uno en el otro es, antes que nada, por un respeto a su mutuo profesionalismo: de hecho, en la primera escena que Barbara ve a a André en acción, es testigo de la manera en la que él trata de distraer a un niño para que la maniobra que tiene que hacer no le cause tanto dolor. André es un buen médico, como lo es la propia Barbara, quien con un par de preguntas -y un cruce de miradas con su jefe- hace el diagnóstico certero a una jovencita enferma de meningitis. (Es curioso, por cierto, cómo ciertas cinematografías -la estadounidense, en primer sitio, pero también la británica y, en este caso, la alemana- se preocupan por retratar la forma en que la gente hace su trabajo, el lenguaje que comparten dos personas que tienen la misma vocación, el compromiso que sienten por hacer bien lo que tienen que hacer. No es muy común este tipo de filmes en nuestro país y, en general, en América Latina).
El desenlace de la película -emocionante, sin duda alguna- no deja ser, en cierto sentido, anticlimático. Después de haber visto a Barbara en su trabajo, sabemos que, al final, hará lo correcto. No puede hacer otra cosa, aunque quisiera. 

Barbara se exhibe hoy en Cinépolis Perisur a las 16:20 y 20:40 horas.

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